Los niños, héroes ignorados de la gran revolución industrial europea

José Gomez Cerda

Un crudo testimonio de cuáles eran las condiciones en las que trabajaban los esclavos infantiles del siglo XVIII y XIX

José Gómez Cerda, director de la Academia Humanista de Santo Domingo, mantienen este artículo que la historia de los niños trabajadores de la gran revolución industrial europea es conmovedora , y sin embargo, no suficientemente conocida. Diariamente millones de niños se veían obligados a salir a trabajar en condiciones absolutamente infrahumanas. El sistema capitalista aprovecha la debilidad de estos sectores de la población para incrementar sus beneficios. Gómez Cerda describe con toda con esta cuáles eran las condiciones laborales, cuasi esclavistas, en las que trabajaban

En 1802, en Inglaterra, se dictó la primera ley reguladora del trabajo en las fábricas. Desde que se inició la Revolución Industrial, los trabajadores no tenían ningún horario, ni días de descanso, el trabajo era todos los días y para todos los trabajadores, incluyendo los niños y las mujeres.

Los puntos esenciales de esa ley eran los siguientes:

1.- Prescripciones sanitarias: Paredes y techos de los talleres deben revocarse con cal dos veces al año. Deben abrirse orificios para aireación.

Chicos y chicas deben estar separados en los dormitorios y debe tenerse un número suficiente de camas, de modo que no pasen de dos los niños que duermen en la misma cama.

2.- Limitación de la jornada de trabajo: El trabajo de los niños no deberá pasar de las doce horas diarias, incluida la duración de las comidas, entre las seis de la mañana como mínimo, hasta las nueve de la noche como máximo.

3.- Instrucción obligatoria: Todos los niños tienen que aprender a leer, escribir y contar, tomándose el tiempo preciso para ello de las horas laborales. La instrucción religiosa y la asistencia a un oficio eclesiástico se declaran asimismo obligatorias.

Los horarios de los niños trabajadores

Una de las consecuencias más trágicas del liberalismo y el capitalismo ha sido su incapacidad para mantener la familia obrera unificada. Diariamente millones de niños tienen que salir a trabajar en condiciones infrahumanas. El sistema se aprovecha de ésta situación. Aquellos niños que debieran estar educándose en las escuelas, preparándose para el futuro, deben necesariamente que trabajar para ayudar a mantenerse y ayudar sus hogares.

¿Cómo era el horario de los niños?

En 1819 se prohibió, en Inglaterra, el trabajo de los niños menores de 9 años de edad, en la industria textil. En 1832, sindicatos de Nueva Inglaterra, Estados Unidos, criticaron el trabajo infantil, señalando que el trabajo prolongado en fábricas con pocos descansos impedía el desarrollo de los niños.

La Ley Fabril de 1833 estableció un día normal para los niños. Los trabajadores con edades comprendidas entre los 9 y los 13 años no podían trabajar más de nueve horas al día, y aquellos entre las edades de 13 y 18 años podían trabajar un máximo de 12 horas por día. La ley también ordenó 90 minutos para las comidas durante toda la jornada de trabajo.

TESTIMONIOS: «LOS NIÑOS DESHOLLINADORES»

Conozcamos algunos testimonios de esta situación en el siglo XIX, en países ricos, que demuestra lo inhumano del sistema capitalista y del liberalismo económico. En los países desarrollados entonces la mayoría de las chimeneas primitivas eran pequeñas, median menos de un pié cuadrado por dentro.

Esa fue la razón por la que las empresas ofrecían “niños pequeños, para deshollinar chimeneas pequeñas”. Para esto utilizaban niños de 3 y 4 años de edad, entre ellos muchos eran robados.

A veces los niños eran introducidos cuando las chimeneas todavía estaban calientes, muchos sufrían quemaduras mortíferas, otros se perdían dentro de las cañerías y morían asfixiados.

La pérdida de la vida y la tuberculosis eran las consecuencias más corrientes de los “niños deshollinadores”, muchos tenían quemaduras, llagas, infecciones, la falta de cuidados médicos y sanitarios agravaba más la situación.

INFOME DEL «COMITE SADLER». INGLATERRA 1831

En el año 1831, en Inglaterra se conoció el Informe del Comité Sadler, sobre el trabajo de los niñosen ese pais, que en una de sus partes dice, al referirse a esa condición (El trabajo de los niños en las Hilanderías de Algodón):

«Esos niños entran en la fabrica a las 5 o 6 de la mañana y no la abandonan sino entre las 7 ó 8 de la noche, encerrados durante catorce horas en los talleres, en medio de una atmósfera sofocante de 75 a 80 grados Fahrenheit. Sin reposo, salvo a las horas de la comida: a lo sumo una media hora para el desayuno, por la mañana y una hora para el almuerzo.

»Para los niños, las horas de reposo no son regulares: 3 o 4 días por semana, significan solamente un cambio de tarea en lugar de vigilar una máquina en marcha, cuando está en “descanso”, entonces el niño debe limpiar una maquina detenida o recoger desechos de algodón, obligado, mientras trabaja, a comer bocados en medio del polvo.

»No hay asientos; sentarse es contrario al reglamento. Desde 15 horas por día, la jornada de los niños se prolonga más todavía durante los periodos de actividad industrial […]. En ciertas fabricas, los niños trabajan regularmente, desde las 3 y media de la mañana hasta las 9 y media de la noche, en verano; además, dos veces por semana tienen que trabajar toda la noche […]. Los industriales más humanos se contentan con hacerlos trabajar sólo…16 horas. No se logra de los niños un esfuerzo tan prolongado más que por el terror. Cualquiera que sea su cansancio, los niños deben llegar por la mañana a la hora precisa, de lo contrario son cruelmente castigados.

»Un niño que volvía a su casa a las 11 de la noche, debió levantarse a las 2 de la madrugada, por tener el castigo que le esperaba si llegaba tarde al trabajo, y cansado como estaba se arrastró hasta la puerta de la fabrica […]. En ciertos establecimientos, raramente pasa una hora sin oírse los gritos que los golpes arrancan a los niños. A veces los mismos padres pegan a sus hijos para evitar los castigos más brutales, en las fábricas se les golpea con una pesada barra de hierro ( el ‘billyroller’); suele ocurrir también que un niño rendido por el sueño se resbale bajo la maquina y quede mutilado para toda la vida.

»Por la noche, la fatiga se vuelve insoportable y los niños preguntan con frecuencia que hora es, ansiosos de saber cuánto tiempo va a durar su suplicio […]. Un día un niño preguntó a su padre:

– «Papá, ¿qué hora es?» El padre le respondió: «las siete de la tarde», y el niño dijo: «¿Todavía dos horas antes de la nueve? No podré llegar hasta esa hora».

»Con el corazón oprimido los padres tienen que llevar a sus hijos a las fábricas, no pueden hacer otra cosa. Si no hacen trabajar a sus hijos se mueren de hambre. Sólo tienen derecho al socorro público,“ley de los pobres”, los padres que ponen sus hijos a trabajar en las fábricas».

 

INFORME «DOCTOR VILLERME»

Según el Informe de Villarmé, sobre la situación de los niños, en Lyon, Francia, en 1840:

«Niños muy pequeños son ocupados en el torno destinado a los carretes mecánicos de las máquinas de tejer: allí constantemente encorvados, sin movimientos, sin posibilidad de respirar aire puro y libre, contraen irritaciones que se convierten en afecciones de tumores […]. Sus débiles miembros se deforman, y su espina dorsal se desvía. Esos niños se agotan y desde sus primeros años, son los que sueles ser siempre débiles y enfermizos, otros niños son ocupados en hacer girar ruedas que ponen en movimiento largos mecanismos para devanar; la nutrición de los brazos se hacer a expensa de sus piernas y estos pequeños desdichados tienen a menudo los miembros inferiores deformados.

» Niños que permanecen 16 y 17 horas trabajando de pie, en una habitación cerrada, sin cambiar de sitio o de actitud […]. No es un trabajo a destajo, es una tortura: se les aplica este trabajo a niños de 6 a 8 años, mal alimentados, mal vestidos, obligados a recorrer desde las 5 de la mañana, la larga distancia que les separa de los talleres, a la cual se agrega, por la noche, el regreso desde los mismos talleres. La consecuencia de ellos es una mortalidad excesivamente elevada.

»Es preciso ver a esta muchedumbre de niños flacos, desencajados, cubiertos de harapos, que con lluvia y barro van descalzos, llevando en la mano ( y cuando llueve, debajo de su ropa, que por el aceite que ha caído de los telares se ha vuelto impermeable), el pedazo de pan que ha de alimentarles hasta su regreso».

La historia de los niños trabajadores, es conmovedora, que nos hace respetar el sacrificio que hicieran en su dia para que los niños trabajadores de ahora sean tratados como seres humanos… aunque, continue siendo así.

(*) Condensado del articulo José Gómez Cerda es un dominicano, presidente de la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores. Director de la Academia Humanista de Santo Domingo.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/29415/los-ninos-heroes-ignorados-de-la-gran-revolucion-industrial-europea