La CIA ‘woke’ y la pseudo-izquierda: el discurso «progre e inclusivo» al descubierto

Tita Barahona

Hasta los criminales son ahora “inclusivos”, “diversos” e “interseccionales”

En enero de este año, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos lanzó una campaña para la recluta de nuevos agentes en la que muestra su compromiso con la “diversidad”. El anuncio de la campaña consiste en una serie de vídeos titulados “Humanos de la CIA”, cada uno dedicado a una “diversidad” de raza, sexo, género, orientación sexual y condición física. Esto demuestra que la elite capitalista y las organizaciones que la sustentan adoptan el lenguaje de la pseudo-izquierda sin problema, porque no le plantea desafío alguno y le es funcional.

La Agencia de espías más criminal del mundo se ha vuelto woke (*) -o, lo que es igual, progre y posmoderna. Lo adelantábamos en un anterior artículo titulado “El imperialismo woke: masacrando con diversidad e inclusividad”.

A comienzos de año, la CIA nos sorprendía con una serie de vídeos, titulada Humanos de la CIA, que fueron publicados originalmente en su canal de YouTube para atraer nuevos agentes. Podríamos describir esta serie como una auténtica pasarela de “diversidades”. Veamos algunos ejemplos:

Un varón blanco gay, bibliotecario en la CIA, nos dice que siempre le había inquietado la idea de no poder hablar de su vida personal en el trabajo; y, añade:

Imaginen mi sorpresa cuando vi la bandera arcoiris en el collar identificativo del director de la CIA”.

Una mujer de aspecto latino, casada y con dos hijos, asegura, mientras conduce orgullosa un coche de alta gama:

He sido capaz de inspirar no sólo a mujeres que aspiraban a formar parte del personal de dirección, sino también a gente que normalmente no se considera cualificada para ser agente de la CIA”.

Otra mujer, en este caso blanca e invidente, aparece con su perro-guía diciendo:

Quiero que la gente con discapacidades sepa que la agencia les contrata”, ya que su objetivo es “crear un ambiente más inclusivo”.

Una afro-americana nos cuenta que “la CIA valora a las personas de distintas procedencias y habilidades”, y que, como aliada de la “gente de color”, su propio jefe en la agencia la anima de tal modo que cada día se siente “más empoderada para hablar”.

Un varón con una larga melena parte de la cual recoge en un moño alto, explica que en la CIA

Todos somos únicos. Y estamos aquí para rendir la responsabilidad y la guía que aseguren que la organización se mantenga prístina”.

Una mujer latina, madre de familia, sale luciendo una camiseta con el símbolo feminista y la palabra “Mija” (apócope de la coloquial expresión latina “mi hija”). Se presenta diciendo que es una “milenial cisgénero” e “interseccional”, y la primera generación de latinas en la Agencia.

Otra mujer afirma que

Es importante tener un personal diverso dentro de la Agencia porque nuestra misión es internacional”.

En efecto, pocos rincones hay en el mundo donde la “prístina” CIA no haya espiado, organizado escuadrones de la muerte, asesinado a líderes políticos, promovido golpes de Estado, establecido centros de tortura o provocado guerras, por citar solo algunas de sus operaciones encubiertas.

La anterior directora de la CIA, Gina Haspel (2018-2021) supervisó, en 2002, las torturas a los detenidos ilegalmente en la cárcel secreta que mantenía la Agencia en Tailandia, y destruyó las pruebas grabadas de dichas torturas cuando alguien sopló lo que estaba pasando. Pero los medios corporativos celebraron que fuese la primera mujer en ocupar cargo tan importante y presentaron su nombramiento como un avance para las mujeres.

Da lo mismo que sean hombres o mujeres, blancos o negros, homosexuales o heterosexuales, para estar dispuestos a cometer o tolerar cualquier atrocidad con tal de servir -como se expresa en alguno de los vídeos- a la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Ser mujer o pertenecer a una minoría étnica o sexual no determina el carácter progresista y mucho menos izquierdista de una persona, grupo u organización, aunque se nos intente convencer de lo contrario.

La organización más criminal del mundo ha optado por modernizar su imagen mediante la apelación a toda persona que no sea varón blanco heterosexual, utilizando el lenguaje que hoy caracteriza a esos partidos supuestamente de izquierdas o progresistas que se alternan en el poder con los de derechas o conservadores: inclusividad, diversidad, interseccionalidad, cisgénero, transgénero, empoderamiento, etc.

Esta campaña woke de la CIA ha sido objeto de burla en las redes sociales. También ha recibido críticas, por un lado, de la pseudo-izquierda que se queja de la cooptación del lenguaje y los símbolos de la lucha de ciertos grupos por su emancipación. Por otro lado, los círculos de la derecha más tradicional creen que la adopción de este lenguaje pseudo-progresista por parte de la CIA implica de algún modo una concesión a los enemigos del imperialismo estadounidense. Así lo expresó en su cuenta de Twitter el ex-director de la CIA, Mike Pompeo:

Esta colección de patriotas de increíble talento que sirven a la CIA es lo que la hace la mejor agencia de espías del mundo -y debemos continuar reclutando a los mejores y más inteligentes. No podemos permitirnos arriesgar nuestra seguridad nacional para contentar a la agenda woke y liberal

Sin embargo, nada hay más lejos de la realidad. Esa agenda woke y liberal (que es como en EE.UU se denomina a la pseudo-izquierda representada por el Partido Demócrata) no plantea ningún desafío o peligro al imperialismo estadounidense y el sistema capitalista que la sustenta. Es más, es parte de esa agenda, como lo demuestra la propia acción del Partido Demócrata que es en poco o nada disimilar, en cuanto a política económica y exterior, a su aparente oponente, el Partido Republicano.

El lenguaje del wokismo, que ha exportado EE.UU a sus países lacayos, se halla ya perfectamente inscrito, aquí en España, en los discursos de un Pedro Sánchez, del PSOE, y más aún en los representantes de las nuevas fuerzas que en principio se definían como “ni de derechas ni de izquierdas”, pero ahora se autoproclaman de “izquierdas”, por conveniencia. Nos referimos a partidos como Unidas Podemos -con sus sucursales autonómicas de distinta denominación- y su rama escindida Más País.

Esta pseudo-izquierda o falsa izquierda, que lo es por haber renunciado a la perspectiva de clase y por ende a la defensa de los intereses de la clase trabajadora, habla mucho de inclusividad, empoderamiento, diversidad…; adopta la neolengua derivada de la teoría queer, utiliza géneros gramaticales nuevos, como elles y otros trucos formales que le dan un barniz progresista e “inclusivo”; mientras en la práctica se pliega a los mandatos que llegan de Washington y Bruselas para seguir machacando a las clases trabajadoras autóctonas y del resto de países, especialmente de los considerados enemigos.

Es lo que tiene el capitalismo woke: a la diversidad rogando y con el mazo dando.

Las oligarquías capitalistas mundiales saben que para mantener bien agarrada la sartén por el mango, necesitan seguir erosionando la conciencia entre la clase trabajadora de que tiene unos intereses comunes opuestos a la clase capitalista, por encima de las nacionalidades y las opresiones -de sexo, raza, etc.- que el propio capitalismo genera y reproduce para prevenir la organización unitaria de la clase trabajadora. Y eso se consigue fragmentándola mediante la operación consistente en convertir esas opresiones en diferencias identitarias opuestas unas a otras y sin conexión con la explotación de clase.

A ese propósito sirve el wokismo cuya plasmación es la llamada “política de las identidades”, una política que en EE.UU está fracasando -como sugiere un estudio de la Universidad de Yale-, pero es necesaria a la pseudo-izquierda para diferenciarse formalmente de la derecha y seguir aplicando políticas neoliberales.

El hecho probado es que la clase trabajadora no tenemos ninguna representación actualmente en las instituciones de gobierno, y que la política de las identidades de la pseudo-izquierda no sólo es compatible con las necesidades del imperialismo estadounidense y sus instituciones como la CIA, sino que es también un arma esencial de la burguesía mundial para mantener la dominación de clase sobre los trabajadores y las trabajadoras.

En España y otros Estados de la Unión Europea, mucho “elles”, mucha “diversidad”, mucha “economía verde” y otros términos bien sonantes, para vendernos el paquete de recortes en derechos sociales y laborales que tienen preparado y que nos devolverá a las condiciones que tenían nuestros antepasados de los siglos XIX y principios del XX.

Eso si la clase trabajadora -la única fuerza verdaderamente revolucionaria- no lo evitamos sacudiéndonos los engaños identitarios de la pseudo-izquierda y las apelaciones al “patriotismo” y la “libertad” de la derecha, arrojándolos a donde pertenecen, el basurero de la historia, y uniéndonos en una organización de clase, independiente e internacionalista.

(*) Woke es el pasado del verbo wake (despertar). Fue en su origen un término de uso entre los afroamericanos que “despertaban” a su discriminación en razón de raza y se disponían a luchar contra ella. El capitalismo en su versión progresista (liberal), se apropió de él, como ha hecho con muchos otros términos surgidos de movimientos sociales anti-capitalistas.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/30613/la-cia-woke-y-la-pseudo-izquierda-el-discurso-progre-e-inclusivo-al-descubierto-video