El renegado Kautsky

Félix Roque Rivero Abogado

En 1918, el revolucionario Vladimir Ilich Lenin, líder indiscutible de la gran Revolución bolchevique rusa, publicó un folleto en la Editorial Kommunist de Moscú donde analizaba la actuación de Carlos Kautsky en la II Internacional, actuación calificada de vergonzosa, propias de un renegado que había abjurado por completo del marxismo. Kautsky (1854-1938) fue uno de los líderes y teóricos de la socialdemocracia alemana y también muy activo en la II Internacional. En su formación primigenia fue un marxista muy estudioso y conocedor de la obra de Marx y de Engels. En su evolución ideológica, se convirtió en uno de los pilares del centrismo, considerada la variedad más nociva y peligrosa del oportunismo.

Un renegado  es aquel que ha abandonado “voluntariamente su religión o sus creencias”. Renegado es también una persona áspera y maldiciente. Es aquel que habiendo jurado por algún credo, luego reniega de él. Es pasarse de un credo a otro. Es pues, un brinca talanquera. En la acepción leninista, renegado era aquel que abjuraba de sus creencias políticas, más concretamente, del marxismo, para luego asumir posiciones acomodaticias que servían a la derecha reaccionaria zarista y burguesa y dañaban a la naciente revolución socialista nacida el 17 de octubre (7 de noviembre) de 1917. Esto era Kautsky para Lenin, un político que había traicionado los postulados de Carlos Marx. Así lo escribe en el prefacio se su folleto: ”…Kautsky, autoridad suprema de la II Internacional, constituye un ejemplo sumamente típico y claro de cómo el reconocer el marxismo de palabra condujo, de hecho, a transformarlo en ‘struvismo’ o en ‘brentanismo’, es decir, en la doctrina liberal burguesa que admite una lucha de ‘clase’ del proletariado que no sea revolucionaria, lo que ha expresado con especial claridad el publicista ruso Struve y el economista alemán Brentano. Con manifiestos sofismas se castra en el marxismo su alma revolucionaria viva, se reconoce en él todo menos los medios revolucionarios de lucha, la propaganda y la preparación de estos medios, la educación de las masas en este sentido”.

Para 1918, la naciente Unión Soviética estaba en ardua lucha contra el imperio alemán. Las fronteras de Rusia eran acechadas sin dar cuartel y los bolcheviques ideaban planes en procura de una paz duradera que les permitiera organizar el poder recién arrancado del cetro imperial del Zar. Para Lenin, Kautsky, prescindiendo de ideologías, adelantaba tesis conciliadoras con el pensamiento fundamental de los socialchivinistas –el reconocimiento de la defensa de la patria en la guerra contra Alemania– con una concesión diplomática y aparente de izquierda, para luego votar en contra de ella y manifestando su oposición a una salida política favorable a los intereses rusos. Recordaba Lenin que Kautsky, en 1912, había suscrito el Manifiesto de Basilea sobre la utilización revolucionaria de la guerra que se avecinaba para luego desvivirse, justificar y cohonestar el socialchovinismo y, al igual que Plejánov, unirse a la burguesía para mofarse de toda idea de revolución, de toda acción dirigida a una lucha efectivamente revolucionaria.

Para Lenin, la posición del “kautskismo” procuraba hacer de Marx un “adocenado liberal” y no comprender el fondo de la tesis marxista sobre el imperialismo y el concepto de Estado. Para Kautsky, el imperialismo es “un producto del capitalismo industrial altamente desarrollado y consiste en la tendencia de toda nación capitalista industrial a someter o anexionarse cada vez más regiones agrarias sin tener en cuenta la nacionalidad de sus habitantes”. Para Lenin en cambio, “el imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes”. De manera punzante, Lenin acusa a Kautsky de haber renunciado a la revolución de hecho, reconociéndola solo de palabra. Que en su folleto sobre La dictadura del proletariado, Kautsky desvirtúa de modo oportunista la doctrina de Marx sobre el Estado lo que lo convierte sin lugar a dudas en un renegado.

Se mofa Kautsky del pueblo al hablar de “democracia pura”, expresión esta eufemística y cantinflérica que no existe, que está carente de contenido. Para Lenin, la llamada “democracia pura” es un embuste liberal que embauca a los obreros. La historia –sostiene Lenin– conoce de la democracia burguesa que sucede al feudalismo y la democracia proletaria que sustituye a la burguesa. La democracia burguesa que sin dudas constituye un gran avance histórico en comparación con el medioevo, sostiene Lenin, sigue siendo siempre y bajo el capitalismo no puede dejar de serlo, estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres. De todo eso reniega Kautsky (que entes creía en ello), y pasa a “regalarle” cosas agradables a la burguesía, en lugar de criticar de manera científica las condiciones que hacen de la democracia burguesa, una democracia fundamentalmente para los ricos, que desde la mesa lanzan migajas al pueblo pobre. De allí que, sostiene Lenin, Kautsky incurre en un error garrafal y por eso no hace más que rumiar, al pretender sostener la existencia de una línea de igualdad entre explotados y explotadores. Al razonar como marxista que fue, Lenin sostiene que los explotadores transforman el Estado en un instrumento de dominio de su clase, de la clase de los explotadores, sobre los explotados. De allí que en el Estado democrático, mientras haya explotadores que dominen sobre una mayoría de explotados, ese sistema democrático servirá invariablemente a los explotadores. De allí que el Estado de los explotados, el Estado nuevo debe distinguirse por completo de aquel y debe “ser expresión de la democracia de los explotados y el sometimiento de los explotadores”.

Otra de las críticas demoledoras de Lenin a Kautsky está relacionada entorno a la manera como este enfocaba la economía, utilizando frases “altaneras” sobre el materialismo histórico y propugnando la subordinación de los obreros a la burguesía. Kautsky era de la idea de no alterar las condiciones en que los campesinos “acomodados” colocaban los precios a los cereales, aumentándolos, mientras los obreros tenían bajos salarios, todo a cambio de no turbar la tranquilad ni la seguridad de los especuladores de los cereales. La posición del renegado Kautsky, sostiene Lenin, se reduce a que el Estado burgués, que ejerce la dictadura mediante la república democrática, no puede reconocer ante el pueblo, que sirve a la burguesía, no puede decir la verdad y tiene que recurrir a la doblez. En cambio, el Estado del tipo de la Comuna (la concepción marxista) dice clara y horadamente la verdad al pueblo. De allí que a Kautsky aplique aquel refrán de que “la palabra es plata, pero el silencio es oro”. Otros de los temas que analiza Lenin es el referido al proceso legislativo, el paquete de leyes emprendidos por la revolución y, en particular, la ley que derogó la propiedad privada de la tierra, restándole mucho poder a los campesinos ricos que dominaban el campo y mantenían relaciones de producción semifeudales. Era una política legislativa orientada a darle fortaleza y protección al campesinado pobre, propugnando un usufructo igualitario de la tierra. Lo de Kautsky, concluye Lenin, no eran más que discursos melosos, disfrazados de “socialismo” que otros muy parecidos a él, repiten brutalmente, sin ambages ni adornos.

Más de 100 años han transcurrido desde la publicación del folleto de Lenin y los renegados en la política continúan apareciendo de cuando en cuando. Son como el granizo, caen de manera sorpresiva. En la gran Revolución china, apareció con fuerte presencia una llamada “Banda de los cuatro”, liderada por la esposa de Mao. En América Latina, recientemente, en el Ecuador, un renegado llamado Lenin Moreno, le dejó el pelero al correísmo y traicionó los postulados de la Revolución Ciudadana. En Venezuela, recién llegado al poder el comandante Hugo Chávez, un golpe de Estado propiciado por militares de su entorno se encaramaron en una plaza llamada Altamira y de allí bajaron secos. Renegar es una práctica bien diferente a la rectificación crítica, necesaria a todo proceso revolucionario. Es la negación al reimpulso, revisión y rectificación, el golpe de timón al que siempre apeló el comandante Chávez cuando la tormenta amenazaba con llevarse con sus temibles vientos al proceso bolivariano. Lo contrario a ser renegado es mantenerse fiel en lo que se creé, es practicar en lo que se comulga. Es mantenerse firme en el respeto a los principios.

Fuentes:

https://diario-octubre.com/2021/03/11/el-renegado-kautsky/