De cómo el carnicero nazi Klaus Barbie ayudó a matar al Che Guevara y a desatar el tráfico mundial de cocaína

Conocido por el tétrico sobrenombre de “Carnicero de Lyon”, el célebre nazi Klaus Barbie pasó la Segunda Guerra Mundial torturando niños y enviando a familias enteras a los campos de exterminio.

Pese a sus brutales crímenes de guerra y de lesa humanidad, consiguió huir a Bolivia con la ayuda de los EEUU y la Iglesia Católica.

Pero cuando el conflicto terminó, el capitán de la Gestapo no se enfrentó a un arresto inmediato y evitó la justicia. En vez de ello, los EEUU le permitieron empezar una nueva vida como espía de la CIA, introduciéndole ilegalmente en Bolivia, donde empezó la caza y asesinato del Che Guevara.

Fue un desastroso error. Una vez en América del Sur, Barbie unió fuerzas con algunos de los capos de la droga más temidos de la región, incluido Pablo Escobar, para comenzar un tráfico global de cocaína actualmente valorado en más de 60.000 millones de libras esterlinas al año.

Barbie llegó incluso a obtener el rango de coronel en el Ejército boliviano, armó el grupo terrorista conocido como “Novios de la Muerte” y utilizó el dinero de la droga para financiar un golpe militar, creando un narco-Estado donde los traficantes de droga podían construir un imperio de la cocaína con impunidad.

Peter McFarren, un periodista estadounidense que localizó a Barbie y lo entrevistó en diversas ocasiones, dice: “Barbie pudo no haber estado físicamente implicado en los envíos de kilos de droga, pero jugó un papel decisivo en el crecimiento del tráfico de cocaína en Bolivia, Perú y Colombia”.

“Fue el enlace entre estos reyes de la cocaína y gobiernos, ejércitos y mercenarios”.

Barbie fue el socio criminal definitivo de los señores de la droga. Probó su carácter despiadado después de ser nombrado líder de la policía secreta de Hitler en Lyon en 1942, cuando tenía 29 años.

Acusado de dar caza a los miembros de la Resistencia francesa, se ganó su mote de “Carnicero” por haber torturado personalmente a hombres, mujeres y niños mediante abusos sexuales, electrocución y rotura de huesos.

Tras la guerra, algunos de los nuevos asociados de Barbie se ganaron una reputación casi idéntica. Entre ellos se encontraba Pablo Escobar, el narcotraficante más rico de la Historia, que amasó una fortuna personal de 30.000 millones de libras esterlinas y mató a miles de colombianos para mantener su imperio.

El Rey de la Cocaína sostuvo un monopolio en la importación de pasta de coca desde Bolivia hasta Colombia. En un punto Escobar llegó a ser responsable hasta del 80% de la cocaína que entraba en los EEUU.

Barbie, casi con toda seguridad, visitó a Escobar en su finca de 5.000 acres, la célebre “Hacienda Nápoles”, que contaba con su propio aeropuerto privado, amén de un zoológico también privado.

Se cree que el sádico nazi, quien tuvo un lucrativo trasfondo como traficante de armas, también suministró armamento al narcotraficante colombiano.

Pero el aliado más cercano de Barbie fue el señor de la guerra boliviano Roberto Suárez Gómez, otro célebre narcotraficante, que inspiró al personaje de Alejandro Sosa en la película de mafiosos “Scarface: El Precio del Poder”.

Aunque no era tan rico como Escobar, cuando su hijo fue capturado por la Policía estadounidense en 1982, Suárez Gómez escribió al entonces presidente Ronald Reagan ofreciéndole pagar personalmente los 2.500 millones de deuda externa que tenía Bolivia en concepto de rescate por su liberación.

Barbie se reunió con regularidad con Suárez Gómez a principios de la década de 1980, actuando como mensajero entre el señor de la droga y sus colegas corruptos del Ejército boliviano a los cuales deseaba sobornar.

McFarren, quien es coautor de una biografía de Barbie titulada “The Devil’s Agent”, dice: “He hablado con gente directamente implicada en esos encuentros, por lo que sabemos que Barbie recibió dinero de Suárez Gómez y del tráfico de cocaína”.

Pero la pareja tenía planes más grandes. Conspiraron para derrocar a todo un gobierno. Las cartas de Barbie revelan su paranoia acerca de una revolución comunista en Bolivia, tras la cual él sería deportado a Francia para enfrentarse a un juicio por crímenes de guerra.

Mientras tanto Suárez Gómez ansiaba libertad para expandir su imperio de la cocaína sin miedo a la persecución. Por lo tanto, planificaron un golpe militar para instalar al general Luis García Meza Tejada como comandante del Ejército y Presidente en 1980, todo ello financiado con dinero de la cocaína.

Durante los siguientes dos años el Gobierno de Bolivia estuvo directamente implicado, y se benefició de ello, en el tráfico de cocaína. Los oficiales corruptos se aseguraban de permitir a los capos de la droga la libertad para perseguir una política de despiadada expansión.

McFarren dice: “Derrocar a un gobierno democrático con dinero procedente del narcotráfico era algo insólito. Sentó un peligroso precedente sobre cómo la democracia puede ser interrumpida por los dólares y el terrorismo de los bandidos traficantes de cocaína”.

“En Colombia y Perú había oficiales gubernamentales y policías militares que fueron parte del tráfico de cocaína. Pero no se me ocurre ningún otro régimen que estuviera completamente en el bolsillo de los traficantes, y Barbie jugó un papel clave en ello”.

Cabe remarcar que Barbie fuese capaz incluso de huir a Bolivia. En la Segunda Guerra Mundial fue el responsable de 14.000 muertes, pero tras la derrota de Alemania fue reclutado por la CIA para combatir el comunismo.

Cuando salió a la luz que Barbie podría enfrentarse a la persecución por sus horribles crímenes de guerra, la CIA solicitó la ayuda del Vaticano para cambiar su nombre por el de “Klaus Altmann”, y huyó a Bolivia en 1951.

Una vez en América del Sur mantuvo un perfil bajo, trabajando como gerente de un aserradero durante 10 años. Pero Barbie encontró una nueva válvula de escape para sus sádicos talentos en la década de 1960, asesorando al Ejército boliviano en técnicas de interrogatorio y tortura.

“Sabemos que estuvo envuelto en diversos casos en los que personas fueron torturadas y asesinadas en Bolivia”, dice McFarren.

También se reportó que ayudó en la caza del Che Guevara orquestada por la CIA en 1967. El argentino jugó un papel clave en la revolución comunista en Cuba, pero ahora se encontraba dirigiendo a un ejército guerrillero en Bolivia.

La posición de poder de Barbie le garantizó la seguridad de no ser extraditado a Francia y estaba dispuesto a todo por preservarla, traicionando sin pensárselo a quien fuese oportuno.

Cuando la hija de su amigo cercano Hans Ertl, quien había estado elaborando propaganda para Hitler, se unió a un grupo guerrillero antinazi, Barbie la denunció y fue capturada y ejecutada.

McFarren dice: “Había gente que encontraba aberrante que Barbie fuera capaz de vivir bien en Bolivia y se convirtiera en una figura pública después de todo lo que hizo. Pero mucha gente era indiferente, pues se ocupó de inventarse una vida alternativa en Bolivia”.

“No era visto como un horrible asesino nazi. Se convirtió en una figura similar a la de un tierno abuelo. Yo mismo le vi en la calle con su mujer, tomando algo en una cafetería local”.

No obstante, Barbie permaneció paranoico con que su pasado se volvería en su contra, tal como McFarren aprendió en 1981 cuando trabajaba como periodista freelance de “The New York Times”.

Mientras investigaba el flujo de dinero del narcotráfico que paraba en el Gobierno boliviano, McFarren localizó a Barbie en su finca de la ciudad de Cochabamba, cerca de los Andes.

Barbie se asomó a su balcón pero, cuando se le solicitó una entrevista, llamó a los patrulleros locales. Al poco tiempo, McFarren se vio encañonado por metralletas.

McFarren dice: “Civiles fuertemente armados rodearon el distrito entero y nos arrestaron. Amenazaron con torturarnos y arrancarnos las uñas. Su principal preocupación era cómo habíamos averiguado dónde vivía Barbie”.

“Tras unas pocas horas de interrogatorio fuimos soltados, pero tuvimos que abandonar el país al día siguiente porque recibimos todo tipo de amenazas de muerte”.

El golpe militar y el arresto de McFarren pusieron a Barbie de vuelta en el mapa. Precisamente lo que tanto había esperado evitar.

Poco tiempo después sería extraditado a Francia, país que le reclamaba por sus crímenes de guerra que le valieron el sobrenombre de “Carnicero de Lyon”.

Tras el colapso de la dictadura militar, Barbie fue extraditado a Francia en 1983 para ser procesado. Por entonces tenía 70 años, y permaneció sin arrepentirse de sus muchos crímenes, declarando: “Cuando me encuentre frente al trono de Dios seré sentenciado como inocente”.

Procesado por 41 crímenes diferentes de lesa humanidad, fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua en julio de 1987. Murió cuatro años más tarde víctima de leucemia y un cáncer de médula.

McFarren dice: “Muchos nazis que escaparon de la justicia desaparecieron, con frecuencia en América del Sur, pero se quedaron fuera de la luz pública. Pero Barbie se convirtió en una figura pública. Esto lo hizo un caso único. Y, pese a ello, fue capaz de vivir con impunidad en Bolivia durante más de 30 años. A ese respecto, EEUU tiene mucho por lo que responder”.

Por Warren Manger para “Daily Mirror”

Fuentes:

De cómo el carnicero nazi Klaus Barbie ayudó a matar al Che Guevara y a desatar el tráfico mundial de cocaína