«Acero de Madrid», de José Herrera Petere. Testimonio vivo sobre la guerra civil revolucionaria. Así se jugaba la vida la flor del pueblo madrileño

Acero de Madrid

José Herrera Petere

(Guadalajara 1909 – Ginebra 1977)

“Lava de Madrid

Madrid se derramó como un volcán.

La lava roja había subido del subsuelo y se esparcía por los campos.

La lava contenida de siglos, deseosa de sol, de participar en la vida y en la muerte, de abrasar, de quemar todo lo perdido.

Roja, inocente y terrible. A la puerta de todos los sindicatos, de todos los partidos del Frente Popular había colas de centenares de hombres.

Camiones y camiones salían de Madrid como espuma de mar, como claveles rojos, frescos y alegres.

Tomaron Alcalá y Guadalajara, esparcieron el optimismo de Madrid por las carreteras y los campos.

En Madrid se habían formado cinco batallones. El quinto correspondía a los milicianos de las barriadas norte de Madrid, casi en su totalidad procedentes de las M.A.O.C. En las barriadas este y sur se organizaban batallones de la juventud.

En la calle de Francos Rodríguez había un gran local, antigua escuela de los frailes salesianos. Es un enorme solar de arenas amarillas, donde hay una iglesia de ladrillo rojo y tres edificaciones, también de ladrillo, destinadas a escuela y a vivienda de los frailes. Él todo estaba rodeado de una tapia agria y roja.

Allí podían hacer la instrucción y aprender el manejo de las armas los guerreros de los monos azules.

El pueblo vio brillar el primer albor del Ejército Popular de España y se propuso sacar, del solar destartalado, lo que no había hasta entonces: grupos de hombres, encuadrados en compañías disciplinadas, férreas y conscientes, que se enfrentasen eficazmente con las disciplinadas e inconscientes compañías fascistas.

Este verano se había despertado en Madrid una gran sed; no de horchata ni de cerveza: de armas.

No hay más fusiles, camaradas.

¡Toda la noche esperando para esto! Era imposible resistir el estar sin hacer nada.

Unos exclamaban:

¡Vámonos a Alcalá, a Guadalajara, a Zaragoza! Otros:

¡Vamos a Toledo, a Somosierra, a Guadarrama!

Allá, a lo lejos, se elevaban los montes amenazadores…

Ellos no saben el arte de la guerra; ellos no tienen armas. Pero su fuerza moral es inmensa, redonda, inconmovible.

Por la carretera avanzan, temblando ya de frío.

Todos se han venido como estaban: las manos abiertas, las camisas remangadas. Los dientes blancos se estremecen, las manos se restriegan.

De sus bocas salen frases sin importancia, frases sencillas y despreocupadas. Canciones no terminadas, tarareadas en tono zumbón.

El frío es gracioso, la falta de sueño es gracioso, los vaivenes con golpetazos del coche provocan risas, sensación de peligro: el miedo es un motivo más para reaccionar alegremente.

Así iba a jugarse la vida la flor del pueblo madrileño.”

Foto. José Herrera Petere.

Sobre el autor:

Escritor, periodista, poeta y dramaturgo. Antes de comenzar la guerra civil revolucionaria ingresó en el P.C. y en el transcurso de esta se alistó como voluntario en las milicias populares. Su participación activa le llevó a escribir toda una serie de obras que tienen como tema la heroica resistencia antifascista, como: Puente de sangreNiebla de cuernos o Cumbres de Extremadura. Compuso romances y canciones que fueron recogidos en el Romancero General de la Guerra Civil. También tradujo algunos himnos y canciones del Ejército Rojo.

Su gran novela épica Acero de Madrid es un testimonio vivo sobre la guerra civil revolucionaria. Tras la derrota, estuvo en el campo de concentración francés de Saint Cyprien y más tarde se exilió en México.

Fuentes:

«Acero de Madrid», de José Herrera Petere. Testimonio vivo sobre la guerra civil revolucionaria. Así se jugaba la vida la flor del pueblo madrileño.