Lo que los medios de comunicación no se han atrevido nunca a contarle sobre los talibanes

¿Continúa usted creyendo que las razones de la presencia de Estados Unidos y España en Afganistán estuvo motivada por «razones humanitarias»?

Durante las dos últimas décadas, desde el momento mismo en el que se produjo la invasión estadounidense – y española – de Afganistán, los objetivos que habían movido a los ejércitos de la OTAN a invadir ese inhóspito país estaban plenamente diseñados. En apenas unos párrafos, la publicación belga Dewereldmorgen realiza un resumido balance acerca de lo que había realmente detrás de aquella desproporcionada ocupación militar. Y ese luego, no eran razones «humanitarias»

Cuando se trata de Afganistán, los principales medios de comunicación esconden los hechos más molestos para Occidente. Una vez que lo tienes en cuenta, descubres una historia sobre ese país completamente diferente a la que nos han contado.

1. Alianza de monstruos con yihadistas

La historia comienza en 1979. Afganistán estaba gobernada por un Ejecutivo izquierdas y eso, naturalmente, no complacía a los Estados Unidos. Brzezinski , el famoso consejero del presidente Carter, ingenió un plan para armar y entrenar a los yihadistas de Afganistán, que entonces eran conocidos con el nombre de «mujahedines». El objetivo no era otro que el tratar de crear las condiciones precisas para provocar una invasión soviética y cargar sobre las espaldas de Moscú un escenario similar al ellos habían tenido en Vietnam.

Carter siguió el consejo de Brzezinski proporcionando a los mujaheddines la ayuda necesaria. El plan funcionó. El gobierno de Kabul empezó a tropezar con dificultades y se vio obligado a pedir ayuda al Kremlin. Las empantanadas aguas afganas empujaron a la Unión Soviética a permanecer en ese país de Asia Central durante diez años.

Durante esa década, la CIA invirtió 2 mil millones de dólares en ayuda, armas y apoyo logístico a los muyahidines. Incluso se les suministró los misiles Stinger, con lo que ponían a estos en condiciones de poder derribar aviones y helicópteros soviéticos. El film «Rambo III», de Silverster Stallone, es una versión hollywoodense de esta colaboración.

El panorama parecía estar claro. Mientras las tropas soviéticas permanecieran en Afganistán, el gobierno de Kabul podría resistir los embates muyahidines. Sin embargo, en 1989, Gorbachov decidió poner fin a aquella ayuda militar. Una vez que las tropas soviéticas abandonaron el país, estalló automáticamente la guerra civil. El grupo mejor organizado y más brutal, los talibanes, fue el que finalmente prevaleció en la contienda civil, tomando el poder en 1996.

2. Creación de Al Qaeda

La figura más destacada que surgió durante ese período fue Osama bin Laden. Osama había fundado en 1988 Al Qaeda, un grupo terrorista fundamentalista que se caracterizó por sus actuaciones desmedidamente despiadadas y sanguinarias. A través de Pakistán, bin Laden pudo contar con el apoyo total de Estados Unidos. A cambio de esa ayuda, Al Qaeda proporcionó a los Estados Unidos y a sus aliados occidentales una serie de «servicios».
Por ejemplo. Durante la guerra civil en Yugoslavia (1992-1995), el Pentágono se atrevió a ir aún más allá: envió a miles de combatientes de Al Qaeda a Bosnia para apoyar a los musulmanes en ese territorio. Durante la guerra contra Yugoslavia en 1999, Al Qaeda luchó codo a codo con los terroristas del ELK, que luchaban por la secesión de Kosovo de Yugoslavia, y por la integración en una Gran Albania. Durante aquellas refriegas militares, los aviones de la OTAN se encargaron de cubrir sus acciones desde el aire.

Pero los combatientes de Al Qaeda no sólo estuvieron en Yugoslavia, también hicieron acto de presencia en Chechenia (Rusia), en Xinjiang (China) (los uigures), en Macedonia y en muchos otros países [I].

La colaboración entre la Administración Bush y Osama Bin Laden es descrita en el documental de Michael Moore, «Fahrenheit 9/11»

3. ¡ Es el petroleo estúpido!

Sabido es que existen abundantes y prometedoras reservas de petróleo y gas en las proximidades del Mar Caspio. Pero para poder transportar esa energía a Occidente solo existen tres posibilidades: a través de Rusia, a través de Irán o a través de Afganistán.

Estaba claro que los Estados Unidos no iban a conceder esa posibilidad a los rusos. Y desde la caída del Sha en 1979, Washington había perdido toda su influencia sobre Irán. De manera que solo quedaba una opción: Afganistán.

Ya desde finales de 1994, en plena guerra civil, los Estados Unidos se decidió por apoyar a los talibanes porque en aquel momento eran los tenían las mejores bazas para “estabilizar” el país. Se convirtieron en un factor clave para la construcción del oleoducto. Según la CIA, los talibanes eran considerados “un posible instrumento en el ‘Gran Juego’: la carrera por los recursos energéticos en Asia Central”.

Poco importaba, por cierto, que los talibanes fueran unos virulentos violadores de derechos humanos. Estados Unidos se convirtió en el principal valedor del nuevo régimen antidemocrático. Según lo expresó un diplomático estadounidense de entonces:

«Los talibanes evolucionarían como los saudíes. Y como ocurre con los saudíes, en Afganistán habrá oleoductos, un emir, ningún parlamento y mucha sharia. Podemos convivir perfectamente con eso”.

4. Los talibanes no lo están logrando

Inicialmente, los talibanes lograron un éxito militar tras otro. Pero al final no lograron conquistar todo el país. La esperada estabilización, imprescindible para la construcción del oleoducto, no pudo materializarse. Luego, Estados Unidos cambió su estrategia y se esforzó por lograr la reconciliación de todas las partes en conflicto.

Washington exigió que los talibanes entablaran conversaciones con la «Alianza del Norte» para facilitar la formación de un gobierno de coalición. Las conversaciones, que duraron hasta finales de julio de 2001, fracasaron. Entonces Estados Unidos advirtió a los talibanes que no se detendrían ante su negativa:

“O aceptáis nuestra oferta de una alfombra de oro u os enterraremos bajo una alfombra de bombas”, fue la contundente misiva de los representantes estadounidenses a los talibanes a finales de julio.

Sin embargo, los talibanes no cedieron. Y en octubre comenzaron los bombardeos. Un poco más tarde se pudo saber que los planes de esta operación ya estaban en el escritorio del Presidente Bush dos días antes que se produjeran los sucesos de las Torres gemelas del 11 de septiembre.

En el «Washington Post» del 19 de diciembre de 2000, el profesor Starr escribió que Estados Unidos:

“ha empezado a aliarse silenciosamente con aquellos en el gobierno ruso que están pidiendo una acción militar contra Afganistán y está jugando con la idea de otra incursión para eliminar a Bin Laden”.

A finales de junio de 2001, más de dos meses antes de los ataques a las Torres Gemelas , la revista Indiareacts.com informó que:

«India e Irán otorgarán facilidades a los planes estadounidenses y rusos para una ‘acción militar limitada’ contra los talibanes».

5. EL PRESIDENTE Y SUS OLEODUCTOS

Los ataques del 11 de septiembre constituyeron la excusa perfecta para que Washington invadiera Afganistán y expulsara del poder a los talibanes. De esta manera, los planes para el gasoducto se podrían convertir en una factible realidad.

Gore Vidal, el destacado escritor y columnista estadounidense, lo expresó muy claramente:

La conquista de Afganistán no tuvo nada que ver con Osama Bin Laden. Fue solo un pretexto para reemplazar a los talibanes con un gobierno relativamente estable. Ese gobierno debería permitir que la compañía «Union Oil de California» instalara su oleoducto en beneficio de la junta Cheney-Bush, entre otros…».

Los hechos se encargarían de ratificar las aseveraciones formuladas por Gore Vidal. El 22 de diciembre, Hamed Karzai, una figura de confianza de la CIA que había trabajado como asesor de Unocal, una gran empresa petrolera estadounidense que desde hacía tiempo tenía planes de construir un oleoducto a través de Afganistán, fue convertido en el nuevo primer ministro afgano.

Otro asesor de esta firma, Zalmay Khalilzad, fue nombrado nueve días después enviado especial a Afganistán por el presidente George Bush. Khalilzad había participado en el pasado en conversaciones con funcionarios talibanes sobre la posibilidad de construir gasoductos y oleoductos. Había instado a la administración Clinton a adoptar una línea más indulgente con los talibanes.

Como era debido, ambos caballeros cumplieron a pie juntillas con los deberes que le habían sido asignados por la superioridad . El 30 de mayo de 2002, la BBC informó que Karzai y sus homólogos paquistaníes y turcomanos habían firmado un acuerdo para un oleoducto desde Turkmenistán a una ciudad portuaria en Pakistán, a través de Afganistán.

Unas semanas antes, el «Business Week», comentando la evolución que tenía la región, había escrito:
“Los soldados estadounidenses, la gente de la industria petrolera y los diplomáticos llegaron a conocer este rincón del mundo rápidamente. Es el punto más vulnerable de la Unión Soviética y una región que casi no ha sido pisoteada por los ejércitos occidentales desde los tiempos de Alejandro Magno. Lo que está en juego en la partida que están jugando los estadounidenses en Afganistán es extraordinariamente importante . Lo que están intentando es nada menos que lograr la mayor conquista de una nueva esfera de influencia desde que Estados Unidos se involucró en el Medio Oriente hace cincuenta años «.

La verdad es que las cosas no llegaron a funcionar tal y como habían sido planeadas. Los talibanes fueron derrotados, pero no exterminados. Además, hay que reconocerles que poseían una moral mucho más alta que la del Ejército gubernamental, que apenas pudo resistir gracias a la cobertura aérea de la OTAN y otros apoyos logísticos. Cuando el presidente Biden decidió retirar ese apoyo hace unas semanas, todo se vino abajo estrepitosamente, como si se tratara de un endeble castillo de naipes.

6. Costo y «resultados» de la guerra

La guerra más larga en la historia de Estados Unidos ha costado más de 2.000 millones de dólares , de acuerdo con los cálculos del The New York Times . Eso equivale a 100 mil millones al año. O traducido de otra manera, a casi 20 veces más que todo el presupuesto del gobierno afgano.

Pese a las enormes cantidades de «ayuda», los resultados son espectacularmente negativos. Casi la mitad de la población actual vive en la pobreza. La mortalidad infantil se encuentra entre las más altas del mundo y la esperanza de vida entre las más bajas.

En el período anterior a la guerra, el cultivo de opio había sido erradicado casi por completo. Hoy, Afganistán suministra el 80 por ciento de la heroína del mundo. La guerra se tradujo en 5,5 millones de refugiados . Y es muy probable que ese número aumente ahora dramáticamente.

El costo que ha tenido la ocupación norteamericana de Afganistán ha sido extraordinariamente alto. 47.000 civiles han muerto en los últimos 20 años. En el lado militar murieron 66.000 soldados y policías afganos y 51.000 talibanes . Cerca de 4.000 soldados estadounidenses y 1.100 soldados de otros países de la OTAN murieron en el lado occidental.

Nota:

[i] Chossudovsky M., Guerra y globalización. La verdad detrás del 11 de septiembre de Ontario de 2002; Howard S., “La conexión afgana: extremismo islámico en Asia central”, en National Security Studies Quarterly Volumen VI, núm. 3 (verano de 2000); Rashid A., L’ombre des Taliban, París 2001.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/31173/lo-que-los-medios-de-comunicacion-no-se-han-atrevido-nunca-a-contarle-sobre-los-talibanes