La vacuna contra el fascismo es la acción de masas

JP.

40 años no pasan en balde

La peculiar historia de España durante el siglo XX ha dejado poso. El llamado “fascismo sociológico” es una realidad y supone que amplias capas de la población encuentren “normales” afirmaciones que en otros lugares serían motivo de escándalo. En ese fango se mueve como pez en el agua el fascismo actual, con la organización con nombre de diccionario al frente.

No debe sorprendernos el resurgir del fascismo organizado, más allá de los grupúsculos, cuando la situación social y política se enrarece. El capital utiliza en cada momento la herramienta más adecuada a sus intereses: ahora toca darle de comer a los perros de presa, mañana quizá les quitan el bozal y suelten la correa. El caldo de cultivo para que arraigue está ahí, cocinado a fuego lento durante el franquismo.

Los pilares del fascismo

La fascistización de la sociedad española se sustenta en unos ejes discursivos claros, unos asentados en ese sustrato franquista, otros comunes a la alt right europea y anglosajona. Identificarlos y dar la batalla ideológica es vital para frenar la influencia de este peligroso enemigo entre las masas obreras y populares. Los principales elementos son:

  • Rechazo a la inmigración, señalando a las trabajadoras y trabajadores inmigrantes como chivo expiatorio.

  • Ultranacionalismo español, discurso recentralizador y una receta clara ante las tensiones nacionales periféricas: la represión.

  • Antifeminismo, aderezado con negacionismo de la violencia de género.

  • LGTBIfobia, que, junto a la cuestión de género, refleja la influencia del tradicionalismo católico.

  • Antipolítica, enmascarado con una pátina de “denuncia de la corrupción”.

  • Antisindicalismo, buscando dividir a la clase obrera.

  • Ultraliberalismo económico.

  • Anticomunismo, aplicando la etiqueta “comunista” a un amplísimo espectro de fuerzas sociales y políticas.

La lucha de ayer y de hoy, nuestras principales bazas

40 años con Franco dejaron su impronta, pero la lucha obrera también ha sembrado sus semillas. Si el discurso xenófobo tiene dificultades para calar entre quienes aún recuerdan la emigración española en el siglo XX, los planteamientos antisindicales y anticomunistas se topan con el dique de contención de una historia plagada de resistencia y conquista de derechos con sudor y sangre, y un presente de constancia en la protesta. Si sumamos los avances en igualdad logrados por el movimiento feminista, el trabajo en materia de memoria histórica, etc., vemos como se tejen discursos contrarios a la mentira fascista. Hacer que este mensaje llegue a amplias masas es la tarea principal del antifascismo de hoy, tratando de dotarlo de una coherencia anticapitalista, denunciando tanto a la bestia como a quien esta sirve.

Más acción de masas, más alianzas, más organización

El fascismo avanza si no se le combate. Pero ¿cómo lo hacemos? El trabajo cotidiano en sindicatos, asociaciones, etc. debe estar impregnado de ese discurso antifascista, a veces con la denuncia directa, las más mediante la labor sutil de desmontar sus argumentos en lo concreto, con un antifascismo vinculado a los problemas específicos del día a día de las trabajadoras y trabajadores, y las capas populares.

Tenemos enfrente un movimiento poderoso, con muchos recursos y grandes estrategas. Para tener posibilidades reales de pararles los pies, necesitamos tejer amplias alianzas, unas más estables y otras más coyunturales, con quienes aborrecen el discurso fascista. Alianzas que pueden tomar cuerpo de diversa forma en cada momento y lugar.

Hemos visto como, recientemente, la organización fascista mayoritaria ha logrado victimizarse y visibilizarse mediante la provocación, copando portadas en los medios. Han sabido manejar tiempos, mover piezas y aprovechar complicidades. Frente a tanta eficacia y medios, necesitamos inteligencia táctica al plantear nuestro discurso y nuestras acciones, con más organización y más pedagogía, para que sean entendibles y asumibles por amplios sectores de nuestra clase, y difíciles de manipular y conducir para el enemigo.

No tomemos a la ligera el avance del fascismo, apliquémonos a fondo para pararles los pies con unidad, organización y lucha. Mañana puede ser tarde.

Fuentes:

La vacuna contra el fascismo es la acción de masas