Capitalismo “woke”: a la diversidad rogando y con el mazo dando

Eva Lagunero

El juego neoliberal de las políticas de identidad (raza, sexo, orientación sexual…) oscurece los temas de clase y pobreza

El capitalismo “woke” es ese intento de las capas altas de la sociedad y la industria cultural (Hollywood, la Academia, Silicon Velley, grandes corporaciones…), por mostrar lo comprometidos que están con la lucha contra el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia… y proponer valores de igualdad, diversidad y multiculturalidad.

Para quienes no estén familiarizados con el término “woke”, de uso común en el mundo anglófono desde hace una década, aclararemos que, según el diccionario de Oxford, hace referencia a una llamada de alerta sobre la discriminación e injusticia racial o social (1).

El capitalismo “woke” es, por tanto, ese intento de las capas superiores de la sociedad y la industria cultural (Hollywood, la Academia, Silicon Velley, grandes corporaciones…), por mostrar lo «comprometidos» que están con la lucha contra el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia… y por proponer valores de igualdad, diversidad y multiculturalidad.

El capitalismo “woke” es el intento de las capas superiores de la sociedad por mostrar lo «comprometidos» que están con la lucha contra el racismo, el sexismo, la homofobia o la transfobia y por proponer valores de igualdad, diversidad y multiculturalidad

En Estados Unidos, a raíz de las masivas movilizaciones por el asesinato policial de George Floyd, el eslogan Black Lives Matter lo han comprado hasta los responsables de que, en realidad, las vidas negras (o blancas o grises para el caso) importen muy poco. Por ejemplo, Door Dash, empresa de reparto de comida, ha prometido donar 500.000 dólares a Black Lives Matter, mientras que en California invierte más de 30 millones en hacer lobby para despojar a los repartidores del derecho a sindicación, salario mínimo y cobertura sanitaria.

Recordemos también que la empresa Nike sacó un poster con la figura de Colin Kaepernick, el jugador de fútbol americano que se arrodilló mientras sonaba el himno nacional en protesta por la brutalidad policial. Pero hay muchos más ejemplos que incluyen a Goldman Sachs, L’Oreal, Wells Fargo y otras grandes corporaciones.

Raza, sexo, orientación sexual, transgenerismo… Las organizaciones anti-capitalistas que asumen el discurso de la diversidad identitaria deberían ser conscientes de que, sin un claro y explícito engranaje de estas discriminaciones en la división fundamental, que es la de clase, la cooptación por las fuerzas del mercado no es sólo fácil sino también provechosa para el capital que las mueve. No es de extrañar que la burguesía no se sienta en absoluto amenazada si estas justas campañas contra el racismo, el sexismo, la homobofia, etc., se quedan en la superficie cosmética y en un mero simbolismo. No es que no toleren la cultura “woke”, es que sacan beneficio de ella.

En EE.UU. el eslogan Black Lives Matter lo han comprado hasta los responsables de que, en realidad, las vidas negras -o blancas o grises- importen muy poco

En Estados Unidos -como señala Andrew King en un reciente artículo-, los dos partidos capitalistas (demócratas y republicanos) y la llamada “clase de mal-líderes negros” (afroamericanos del aparato del partido demócrata) se prestan al juego de la política racial (anti-racismo de pose) para oscurecer los temas de clase y pobreza.

Tras la estrecha victoria de Biden-Harris, un tropel de progresistas “woke” de todos los colores -la mayoría de los que rechazaron las propuestas redistributivas de Sanders– se echaban las manos a la cabeza porque 73 millones de votantesracistas y reaccionarios” (incluidos millones de trabajadores blancos, pero también, mayor porcentaje de trabajadores negros y latinos) no votaron por el demócrata Biden sino por Trump.

Y ¿Por qué -se pregunta King– esperan estos progresistas que las clases trabajadoras rurales voten a Biden, candidato que no ha ofrecido ni una sola propuesta para mejorar las condiciones materiales de vida de estos sectores? Por el contrario, lo que Biden ofreció fue diversidad y capitalismo “woke”. Su eslogan fue “Soy un tipo majo, y no soy racista como Trump.

Es verdad que en las filas de Trump hay elementos del supremacismo blanco y casi-fascistas. Pero también hay millones de gente trabajadora que guardan legítimo resentimiento hacia el establishment demócrata por décadas de políticas neoliberales y descuido de las comunidades campesinas y de clase trabajadora. Mucha gente vota por el lobo en lugar de hacerlo por el lobo con piel de cordero.

Las organizaciones anti-capitalistas que asumen el discurso de la diversidad identitaria deberían ser conscientes de que, sin un claro y explícito engranaje de estas discriminaciones en la división fundamental, que es la de clase, la cooptación por las fuerzas del mercado no es sólo fácil sino también provechosa para el capital que las mueve

A raíz de los disturbios por el asesinato de George Floyd, hemos asistido al aumento de un anti-racismo liberal en los medios, círculos políticos, ONG’s y académicos. Un anti-racismo que disocia justicia racial y justicia económica. Este anti-racismo aguado del Partido Demócrata se ve más atractivo cuando lo pones al lado del puro fanatismo de Trump, lo que se traduce en un falso radicalismo y, en última instancia, en el surgimiento de un “capitalismo woke” que promueven con entusiasmo las elites corporativas desde Jeff Bezos a Joe Biden.

En respuesta a la violencia policial, esta doctrina del anti-racismo liberal la han hecho suya el establishment demócrata, los medios corporativos, los políticos liberales y los académicos, precisamente porque lo que quiere esta ala de la clase dominante es frustrar la posibilidad de que una clase trabajadora interracial ataque los fundamentos económicos del racismo -así como del sexismo y otras discriminaciones para el caso-. Lo que la administración Obama fue para el movimiento contra la guerra, la administración Biden puede muy bien convertirse en el cementerio de un movimiento contra la violencia policial racista.

Como explica Glen Ford en un interesante artículo,

Sólo una campaña basada en la raza les permite [a demócratas y republicanos] eludir cualquier compromiso con temas que afectan a la vida material -sanidad universal, seguridad en el empleo y el ingreso, educación superior pública gratuita- y que amenazan el régimen de austeridad de los dos partidos”.

Mientras que unos alarmantes 140 millones de estadounidenses se hallan en la pobreza o en su límite, según un informe de The Poor People Campaign, ambos partidos capitalistas (y miembros de la clase de mal-líderes negros) juegan intencionadamente a las políticas raciales para oscurecer e ignorar los temas de clase y pobreza. Biden y Harris sacan la carta de la política identitaria y dan pábulo a la narrativa liberal anti-racista simplemente para distinguirse de Trump, que es abiertamente racista, y para dar cobertura al programa demócrata de austeridad, encarcelamiento masivo, guerras sin fin, y políticas a favor de Wall Street. Una guerra contra los pobres más gentil y más diversa, arropada en el Kinte estilo Nancy Pelosy.

A través de su abandono de los pobres y la clase trabajadora, los demócratas prepararon el terreno al Tea Party primero y después a Trump, para que sacara provecho de la desesperación económica de la población. La píldora envenenada del anti-racismo liberal demócrata lo es porque está completamente desconectada de la justicia de clase y lo está intencionadamente.

El capitalismo “woke” nunca será anti-racista, ni aliviará las condiciones de los trabajadores pobres. Grandes segmentos de la clase trabajadora continuarán rechazando la superficialidad de lo políticamente correcto del capitalismo “woke”, y así, el neoliberal Biden podría dejar al país de nuevo en los brazos de otro Trump dentro de cuatro años, a no ser que haya un verdadero movimiento multi-racial contra el capitalismo que transcienda las políticas liberales de la identidad a través de una unidad de clase multi-racial.

(1) Woke es el pasado del verbo wake (despertar). Fue en su origen un término de uso entre los afroamericanos que “despertaban” a su discriminación en razón de raza y se disponían a luchar contra ella. El capitalismo en su versión progresista (liberal), se apropió de él, como ha hecho con muchos otros términos surgidos de movimientos sociales anti-capitalistas.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/29211/capitalismo-woke-a-la-diversidad-rogando-y-con-el-mazo-dando