Una «sorpresa» para Vargas Llosa

Elson Concepción Pérez

Recuerdo que Mario Vargas Llosa, cuando el derrumbe del socialismo europeo, fue de los que apostó que «a Cuba le quedaban horas».

Al margen de su reconocida obra literaria, siempre ha sido un agorero del mal para los cubanos y un fiel servidor a los intereses estadounidenses y de la derecha más rancia de Europa.

Ha llevado en paralelo la buena literatura que escribe con su conducta despreciable a la hora de referirse a Cuba y a otras naciones latinoamericanas.

Oriundo de Arequipa, Perú, vivió su infancia entre ese país y la vecina Bolivia. Pero de ambas naciones poco se conoce que haya escrito. Al menos no aparece en sus libros cita alguna de la corrupción que llevó a varios de los mandatarios peruanos a la prisión o que están circulados por delitos de esa naturaleza.

Tampoco ha debutado con uno de sus escritos para la prensa de derecha en España sobre la situación en Bolivia, país que lo acogió en sus años mozos. No sé si el ilustre Vargas Llosa llame golpe de Estado o «rebelión de vándalos» a la represión contra la población boliviana, fundamentalmente indígena, que ya ha dejado más de 35 muertos y cientos de heridos.

Sobre lo que ocurre en Chile, sus apreciaciones han sido desastrosas: «Veíamos en Chile un modelo para salir del subdesarrollo. No podía ser Cuba, ni Venezuela, ni Nicaragua. Era Chile», dijo el escritor, citado por afp.

Tanto la Cepal en sus últimos informes, como economistas y otros especialistas del propio país, se han encargado de ridiculizar a Vargas Llosa, al revelar datos oficiales que confirman todo lo contrario, es decir, que Chile tiene pobreza extrema y una gran desigualdad social, que constituyen elementos catalizadores de las masivas protestas que conmocionan a la nación.

Vargas Llosa, en marzo de 1993, obtuvo la nacionalidad española y, como parte de su trabajo, colabora en el diario El País y con la revista cultural Letras Libres, con ediciones en México y España.

Se le recuerda muy bien cuando,  en 1992, al celebrarse la ii Cumbre Iberoamericana en Madrid, a la que asistió el Comandante en Jefe Fidel Castro, algunos jefes de Estado presentes, insistieron en que Cuba no podría mantenerse luego de la caída del campo socialista europeo y la desintegración de la Unión  Soviética.

La periodista argentina radicada en Cuba, Graciela Ramírez, ha relatado que, entre los asistentes a esa Cumbre, que «cantaban el fin de la historia del socialismo cubano», estaban el argentino Carlos Menem; Violeta Chamorro de Nicaragua; Alfredo Cristiani, de El Salvador, y Alberto Fujimori, de Perú.

Cuenta la colega Graciela que allí, mientras se condenaba a Cuba por persistir en el socialismo, Fidel, con su ética característica y su confianza en la obra que construía, dijo: «Nada es imposible para los que luchan». Y resaltó que Nuestro Héroe Nacional José Martí, hijo de padre y madre españoles, en vísperas del reinicio de la lucha por la independencia, escribió algo que parece concebido para esta reunión: «Cuba no anda de pedigüeña por el mundo: anda de hermana y obra con la autoridad de tal. Al salvarse, salva. Nuestra América no le fallará, porque ella no falla a América».

Esos días –constató la citada periodista–, como lo hizo antes y después, el agente de la cia de origen cubano, Alberto Montaner, encabezaba las voces que apostaban a que la oposición cubana traería la libertad para la Isla. Junto a él estaba Mario Vargas Llosa, conocido por sus declaraciones contra nuestra Isla.

Entre España y Miami, con algunas visitas a su país natal y algún encuentro de «trabajo» con afines en eso de tratar de desacreditar a la Revolución Cubana, anda Vargas Llosa por este mundo.

Seguro llevará con él algunos de sus libros para que recuerden que él es el escritor, aunque parezca más un enviado del mal, que se aferra en compartir tiempo y espacio político con las posturas de un Luis Almagro, secretario general de la oea, un José María Aznar, expresidente del gobierno español, o los que imparten orientaciones –no literarias– desde el Departamento de Estado estadounidense.

Ahora, en una de sus últimas acciones, Vargas Llosa, a través de la televisión de Miami, se empeña en culpar a Cuba y Venezuela con los estallidos sociales en varias naciones latinoamericanas y, respecto a nuestro país, fue capaz de augurar una «sorpresa» equivalente a instigar un levantamiento interno.

Debía saber este señor que para los cubanos que hemos resistido, batallado y vencido durante 60 años de bloqueo y agresiones de Estados Unidos, la «sorpresa» la escribimos todos los días y no precisamente con s, sino con c, de cubanía, constancia, combate, y con otras c que debe imaginarse…

Fuentes:

Una «sorpresa» para Vargas Llosa.