Libertad para esclavizar: las falacias del eslogan «comunismo o libertad»

Tita Barahona

El lema “Comunismo o Libertad”, que la derechista Isabel Díaz Ayuso ha elegido para su campaña a la reelección como presidenta de la Comunidad de Madrid, contiene dos píldoras de falsedad cuya reiteración persigue que una ciudadanía de escasa formación política las metabolice como una verdad simple de malos y buenos. Para los fines de la propaganda, no hay nada como fabricar un muñeco de madera animado y hacer creer que es un ser vivo.

Según Díaz Ayuso y sus aliados neo-fascistas de Vox, existe un “comunismo” que acecha en los partidos “de izquierdas” contendientes, en este caso: PSOE, Podemos y Más Madrid; es decir: allí donde en realidad no hay absolutamente nada que se aproxime a un ideario, una organización y una práctica comunistas -ni siquiera en el veterano Partido Comunista de España (hoy abducido por Podemos).

Si en la primera mitad del siglo XX, el fantasma del comunismorepresentó una tragedia para la clase capitalista mundial, hoy ese fantasma aparece como farsa, parafraseando al señor Karl Marx.

Esta estrategia de la confusión no es nueva, ni original. Es una copia de la que aplicó en Estados Unidos el ultraderechista Donald Trump durante la última campaña electoral en la que aspiraba a revalidar su mandato. En varias ocasiones le oímos a él o a otros de su bando político decir que sus rivales demócratas son comunistas -¡Ahí es nada!.

Ahora bien, como voz suprema de la ideología ultraliberal (allí llamada “libertariana”), el eco de esta hilarante distorsión de la realidad resuena también en las cavernas de sus vasallos de América Latina y Europa, como vemos en el caso de España y, más concretamente, en su capital, Madrid. Y ello con la ayuda inestimable de las empresas mediáticas -medios de propaganda del capital-, y sus periodistas mercenarios, que se encargan de blanquear y difundir la ideología fascista de partidos como Vox.

No vamos a ahondar en el verdadero carácter de la democracia de los países del centro capitalista, con un sistema bi-partidista -demócratas/republicanos; conservadores/laboristas y otros dúos disfrazados de “derecha” e “izquierda”– que es, en realidad, un sistema de partido único por cuanto unos y otros aplican las mismas políticas económicas con ligeros matices “sociales” necesarios para mantener la ficción de pluralidad; sin negar que dichos matices puedan suponer una gran diferencia a algunas personas o colectivos.

El objetivo de estas breves líneas es desvelar lo que se oculta bajo la palabra “libertad” cuando la pronuncian personajes que se ubican en la derecha y la extrema derecha del espectro político. En España serían el Partido Popular y Vox; aunque el ideario es el mismo en cualquier otro país ya que nos hallamos ante una internacional ultraliberal muy bien organizada y financiada, que bebe de las fuentes teóricas de la llamada Escuela Austriaca de Economía.

Para estos ultraliberales, ya se presenten como conservadores moderados o como abiertamente fascistas, libertad significa “libre mercado”. Para que ese “mercado”, es decir, la economía capitalista, sea “libre”, necesita despojarse de la intervención del Estado. De ahí que aboguen por rebajar o anular completamente los impuestos directos a los empresarios, mientras se mantienen a la clase trabajadora; y que el Estado no redistribuya esa riqueza en forma de servicios a la sociedad (sanidad, educación, transportes, prestaciones por desempleo, discapacidad, pensiones, residencias…).

En la jerga de los políticos ultraliberales, cuyos partidos encabezan hombres y mujeres salidos de los Business Schools, que son dueños o altos ejecutivos de grandes empresas y bancos, libertad significa no sólo explotar al máximo a la clase trabajadora acabando con las leyes que regulan las relaciones laborales y con todo derecho laboral (vacaciones pagadas, días de asuntos propios, permisos de maternidad, pensiones…), sino también robarle a esa misma clase todo lo que le pertenece colectivamente. Este robo se consuma, en primer lugar, privatizando los servicios referidos.

Así estamos viendo cómo en la Comunidad de Madrid y otros lugares, la sanidad está dejando de ser un derecho universal para convertirse en nicho de negocio para beneficio privado. Lo mismo con otros servicios y derechos, como las pensiones de jubilación. La libertad que pregonan los ultra-liberales es la capacidad de convertirlo todo en mercancía -la vivienda, el agua, la energía… hasta incluso la sangre, los órganos y los propios cuerpos enteros de los seres humanos.

El objetivo ultraliberal es transformar la sociedad en una jungla donde prime la ley del más fuerte. Y, en el capitalismo, basado en la idea del individualismo egoísta, el más fuerte es quien posee más dinero. Por eso repiten constantemente que quienes pasan por dificultades no tienen derecho a pedir ayuda al Estado (a diferencia de los capitalistas, como se ve en los rescates a las empresas y la banca con el dinero de todos).

Lo dijo clarísimo ese alcalde de Colorado, Tim Boyd, cuando al Estado de Texas -paraíso ultraliberal- le sorprendió la última tormenta invernal: a la gente que agonizaba de frío y hambre esperando ayudas, Boyd les llamaba vagos ociosos y les advertía que no tenían ningún derecho a pedir nada al Estado. Lo mismo sostienen los asesores económicos del neo-fascista Vox, para quienes el único cometido de las instituciones estatales debería ser mantener a las fuerzas policiales, la judicatura y el ejército; es decir: los medios para proteger a la clase capitalista de posibles insurrecciones sociales; y no dar “paguitas” a quienes sufren lo peor de las crisis económicas.

Sin embargo, en España -como en muchos otros países- tenemos a estos ultraliberales -sean del PP o de Vox– recibiendo “paguitas” en forma de sustanciosas rentas permanentes que les permiten vivir a costa del Estado, sea porque ocupan cargos políticos, asesorías, fundaciones creadas ad hoc para mantenerlos -como ha sido el caso del presidente de Vox, Santiago Abascal– o sea a través de las subvenciones públicas que reciben las empresas de las que son propietarios o ejecutivos. Esto por nombrar sólo unos pocos canales a través de los cuales chupan de la teta pública que niegan a los más necesitados. En la mayoría de los casos, estamos ante verdaderos parásitos sociales.

Son los que te dicen que, si no puedes pagar la cura de tu enfermedad, te mueras; si no puedes trabajar porque no encuentras empleo, te prostituyas; si no puedes costear el alquiler o compra de una vivienda, duermas debajo de un puente -y si ocupas un piso vacío, te envían a una banda de fascistas para que te saquen a golpes mientras lo graban y difunden por Internet-; o, si llegas a la vejez sin medios de subsistencia, te acojas a la caridad o directamente te suicides. En Estados Unidos, el fenómeno de las «muertes por desesperación« va en constante aumento entre la clase trabajadora blanca. Para los «libertarianos» será culpa suya por no haberse esforzado lo suficiente. .

Hace poco, en el mismo corazón del imperio USA, Meghan McCain, hija del fallecido halcón de guerra John McCain, dijo en un programa de la cadena ABC, que la “excepcionalidad” de ese país consiste en que se basa en la “meritocracia. Este es otro de los tropos de esta ideología de extrema derecha, que basa en el mérito o esfuerzo personal el logro de los medios para llevar una vida desahogada y alcanzar el “éxito”. Claro que, en el caso de la señora McCain y de muchos otros de sus correligionarios de ambos lados del charco, el mérito consiste en ser hija o hijo de… papá o mamá y haber heredado una fortuna.

Por supuesto, el mérito personal sólo podría medirse si todos partiéramos de la misma posición para llegar a la línea de meta, algo que, en la sociedad de clases, es imposible. Esto es precisamente lo que la ideología ultraliberal oculta en esa retórica del esfuerzo personal, el mérito o incluso de la predestinación divina, como creían los padres protestantes fundadores del capitalismo europeo y americano.

Hay diversas definiciones del concepto de “libertad”; pero tomemos simplemente una de carácter funcionalista, que dice que la libertad consiste en la capacidad de elección, que a su vez depende de que haya al menos dos opciones a elegir, sin que una de ellas implique sufrir graves daños, la muerte, el encarcelamiento o venderte como esclavo o esclava.

Lo que oculta el mantra de la “libertad” que vocean los ultraliberales es que, en la sociedad capitalista, esas opciones se restringen cuando se carece de medios materiales. Si, tras comer, vestir y pagar facturas, no resta dinero para unas vacaciones, la libertad no existe porque sólo hay una opción: quedarse en casa. No digamos si ni siquiera hay medios para alimentarse. Ahí las opciones -lo vemos en muchas familias- se limitan a comer tú o dárselo a tus hijos. Cuando hay miseria no hay libertad.

La sociedad capitalista presume de ser “libre”. Sin embargo, día a día vemos cómo esa libertad se recorta para trabajadores, desempleados, pensionistas… o incluso para quien, teniendo medios suficientes, no desea adquirir determinados productos. Pensemos, por ejemplo, en cómo se nos ha obligado a cobrar nuestros salarios a través de cuenta bancaria o a pagar las facturas por el mismo medio. Para las personas que, ejerciendo su libertad, eligen abonar dichas facturas directamente por caja, los bancos ya se ocupan de restringir al máximo los horarios en que pueden hacerlo, cuando no cancelan el servicio totalmente como se está haciendo en la actualidad.

Pensemos también en quienes carecen de un dispositivo electrónico, ya sea ordenador o smartphoneprivilegiado mecanismo de control social-, porque no pueden costearlo o, directamente, eligen no comprarlo. En cualquiera de los casos, tanto las empresas como las administraciones públicas ejercen coerción para que finalmente no tengas más remedio que implantarte la prótesis del smartphone, si no quieres acabar siendo un muerto civil.

Podríamos seguir con muchos más ejemplos que evidencian la falacia del “mundo libre”. Pero lo importante es destacar que, cuando un partido como el de la presidenta de la Comunidad de Madrid te da a elegir entre “comunismo o libertad”, por este último término lo que quiere decir es: “Dejadnos seguir despojándoos de todos los derechos sociales y laborales que habéis conseguido con vuestra lucha, para que podamos extraer más plusvalía de vuestro trabajo y más control sobre vuestras vidas”.

La verdadera libertad consiste en la autodeterminación, pero no individual, sino colectiva. Esa es la que tenemos que ganar los grupos oprimidos y explotados por el capital, para ser dueños de nuestro destino, con organización autónoma, de clase, única forma de librarnos de la esclavitud de su “libertad”.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/30274/libertad-para-esclavizar-las-falacias-del-eslogan-comunismo-o-libertad