La implicación británica en el golpe de estado de 1953 en Irán sale a la luz

Eva Lagunero

Silenciada hasta el momento, el documental «Coup 53» no deja lugar a la duda

Después de 60 años, el gobierno de EE.UU finalmente confesó y admitió su papel en el sangriento golpe de estado que en 1953 derrocó al presidente democráticamente electo de Irán, Dr. Mohammed Mossadegh. Ahora el documental «Coup 53 «recoge pruebas de que Gran Bretaña estuvo también involucrada en este episodio.

El golpe de Estado contra Mossadegh se cobró 300 vidas y miles de arrestados por “traición”. El país quedó a merced de la dictadura monárquica del Shah Mohammad Reza Pahlevi, apoyado por EE.UU, durante 25 años.

En 2013, la CIA admitió que 1- sobornó a altos cargos del gobierno; 2- diseminó propaganda difamatoria contra el gobierno de Mossadegh, 3- contrató a las bandas más brutales para armar jaleo en las calles y finalmente 4- orquestó el golpe de estado de 1953 como parte de la política exterior de EE.UU, planeada y aprobada por altos cargos de su gobierno.

Pero Gran Bretaña callaba. Puede que incluso fuese el gobierno británico quien intervino para ocultar una entrevista con un espía del M-16 dispuesto a hablar, llamado Norman Darbyshire. Este fue quien reveló su complicidad y la de su país en el golpe de Irán, en un documental de la BBC de 1985 llamado End of Empire. Pero este testimonio incriminante fue misteriosamente borrado antes de su emisión. No obstante, la transcripción de la entrevista perdida del agente Darbyshire ha aparecido en muchos sitios independientes y se ha vuelto a emitir en este nuevo documental Coup 53. El director, Taghi Amirani, iraní que viajó por todo el mundo buscando nuevos detalles sobre el golpe de Estado que devastó su país, declaró:

Aun cuando ha sido durante décadas un secreto a voces, el gobierno del Reino Unido no ha admitido oficialmente su papel fundamental en el golpe. Dar con la transcripción de Darbyshire ha sido como hallar la pistola todavía humeante. Es un hallazgo histórico”.

Darbyshire fue jefe de la división persa del M-16 con base en Chipre y trabajó en Irán desde 1943 a 1947, y después de nuevo desde 1949 hasta que fue expulsado por Mossadegh en 1952. El motivo de que concediera la entrevista a la BBC parece que fue el de tapar la boca al jactancioso agente de la CIA, Kermit Roosevelt, que quiso ponerse las medallas del golpe. En la entrevista, Darbyshire declaró que, en su opinión, Mossadegh tenía un carácter débil, era un ardiente nacionalista y xenófobo, y que pronto habría sido aplastado por los comunistas si Gran Bretaña no hubiese intervenido.

Darbyshire dijo que, desde el comienzo de su estancia en el país, había estado a las órdenes del Secretario de Exteriores británico para desbancar secretamente a Mossadegh sin decírselo al embajador. Él quería haber dado el golpe antes, pero el jefe del Servicio de Inteligencia Británico, John Sinclair, sabía

tanto sobre Oriente Medio como un crío de diez años y, en cualquier caso, estaba mucho más interesado en el cricket”.

Prosiguió dando detalles de cómo había llevado latas de galletas con “billetes grandes” para pagar los sobornos y que la operación golpista costó en torno a 700.000 libras, suma que conocía porque “él la gastó”. El complot golpista -dijo también- “funcionó”.

Darbyshire aseguró que fue él quien alistó a la hermana del Shah, princesa Ashraf, a la que se halló en París y se le pagó para ir a Teherán a convencer a su hermano de que se pusiera a favor de los golpistas. Más tarde pagaron a las redes del crimen organizado dirigidas por los hermanos Rashidian, quienes -dijo- “se mostraron intrigados por el contacto con los británicos y encantados de tomar el dinero para algo en lo que ellos mismos creían”.

Como muestra el documental, el M-16, en colaboración con la CIA, 1- pusieron propaganda anti-Mossadegh en los medios, 2- reclutaron pandillas para provocar tumultos y corear eslóganes anti-Mossadegh, 3- sobornaron a miembros del parlamento iraní, y 4- asesinaron a figuras claves que se mantuvieron leales a Mossadegh, sobre todo al director de la policía nacional, Mohammed Afshartous. Darbyshire señala en la entrevista que el M-16 no quería matar a Afsharous, sólo secuestrarle. Según él:

Algo falló: [Afshartous] fue secuestrado y metido en una cueva. Los ánimos se caldearon y Afshartous se atrevió a hacer comentarios despectivos sobre el Shah. Estaba custodiado por un joven oficial del ejército que sacó la pistola y le disparó. Nunca fue parte de nuestro plan, pero así fue”.

Sin embargo, esto no explica las claras señales de tortura en el cuerpo, por no decir que los restos fueron tirados a la calle para que los viera todo el mundo -técnica que a menudo se usa para provocar el miedo. La historia del joven oficial es dudosa, sobre todo porque los hombres como Darbyshire son expertos en desinformación. Su trabajo es encubrir los crímenes de sus agencias, denigrar a sus enemigos y tratar de blanquear el relato histórico -incluso tras su muerte, ya que Darbyshire falleció en 1993. Aunque puede que se esté burlando de nosotros póstumamente, Coup 53 es, con todo, un documental excelente por las muchas entrevistas que contiene, no sólo con Darbyshire, sino también con otros operativos de la CIA y el M-16 que hablan abiertamente sobre la gente con la que trataron y las siniestras políticas que pusieron en práctica en Irán.

Sir Peter Ramsbotham, por ejemplo -hombre que más tarde, a comienzos de la década de 1970, sería embajador en Irán– hace reveladoras referencias a cómo los hombres del despacho de Oriente Medio de Su Majestad llamaban “chiflado” o loco a Mossadehg por sus políticas insolentes y la costumbre de conferenciar en pijama al lado de la cama.

Un caso muy parecido es el de los agentes del servicio secreto de Bélgica que llamaban a Patrice Lumumba, primer presidente del Congo tras su independencia, “Satanás” por haber condenado el colonialismo belga y tratar de nacionalizar la riqueza mineral del país. En un documental de la CBC, hecho en los años 90, el coronel Louis Marlière y el ex-jefe de la CIA Lawrence Devlin discuten caballerosamente los diferentes métodos que adoptaron para tratar de asesinar a Lumumba, incluyendo el uso de veneno en la pasta de dientes, y cómo se deshicieron de su cuerpo sumergiéndolo en ácido. Cuando se les preguntó por su reacción ante este asesinato, ocurrido en enero de 1961, Marlière dijo: “de buena nos libramos”, mientras Devlin declaró que había estado muy ocupado y con Lumumba fuera de juego, se había resuelto un enorme problema.

Coup 53 muestra a las claras las condiciones coloniales que existían en Irán antes del golpe, similares a las del Congo y otros países africanos. Los británicos en Irán vivían en el lujo mientras los locales eran tratados como ciudadanos de segunda clase o peor. Un viejo jardinero iraní entrevistado en el documental describe sus traslados desde su choza a los chalets con piscina, que eran anunciados en vídeos promocionales por la Compañía Anglo-Iraní de Petróleo, para reclutar nuevos empelados británicos. Los iraníes que trabajaban para esta empresa no se mezclaban con los británicos, que los llamaban negros. Las tensiones subieron de tono cuando los británicos construyeron un oleoducto hacia Irak, bajo el río Koran, como medio de extraer petróleo para la Real Armada Británica.

Aunque la compañía anglo-iraní tenía derechos para perforar pozos en Irán, el acuerdo era que se pagaba el 16% de las ganancias al país. Cuando se les negó a los iraníes ver los libros de la compañía, el gobierno decidió nacionalizar las refinerías. El propio Darbyshire reconoce que los iraníes “tenían la sensación de que les estaban robando todo el tiempo y con mucha razón tambien, desde 1920 más o menos”.

Tras el decreto de nacionalización de Mossadegh, los británicos intentaron desestabilizar su gobierno saboteando la principal refinería en Abadan y obstruyendo su funcionamiento.

El presidente de EE.UU, Harry S. Truman, entonces mantenía buenas relaciones con Mossadegh, que fue nombrado Hombre del Año por Time Magazine en 1952, y no vio con buenos ojos los intentos británicos de respaldar un golpe de Estado. Sin embargo, cuando a Truman le sucedió el republicano Dwight D. Eisenhower, y la política exterior se puso en manos de John Foster y Allen Dulles, que trabajaba para una de las mayores casas financieras de Wall Street, Sullivan & Cromwell, la suerte política de Mossadegh estaba echada junto a la del pueblo iraní.

Las entrevistas de Coup 53 relatan vivamente los momentos finales del golpe y el heroísmo de quienes intentaron defender al presidente electo. Los parientes de Mossadegh, los antiguos guardaespaldas y los ayudantes testificaron acerca del abatimiento de Mossadegh después del golpe, exacerbado por su prisión en aislamiento y el subsiguiente arresto domiciliario.

A Mossadegh se le recuerda generalmente como líder inteligente y digno que albergaba las mejores intenciones para su pueblo. Contrariamente, los muñidores del golpe, al igual que el coronel Marlière, lo recuerdan como arrogante y pagado de sí mismo, y muestran poco remordimiento por su participación en el siniestro golpe.

Ciertamente, se puede trazar una línea de continuidad entre el golpe de 1953 en Irán y el de 1954 en Guatemala a través de las operaciones de la National Endowment for Democracy (NED) y otras agencias estadounidenses que trabajaron en colaboración con los británicos para derrocar gobiernos nacionalistas de izquierdas que trataban de poner en vigor políticas similares a las del Irán de Mossadegh.

Darbyshire retornó a Irán a comienzos de la décadas de los 60, donde participó en la creación de la policía secreta del Shah, SAVAK, notoria por las torturas y el terrorismo que empleó con la oposición. Su carrera y su legado nos recuerda las desastrosas consecuencias de las operaciones encubiertas y la poca transparencia que preside en los así llamados gobiernos democráticos.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/28727/la-implicacion-britanica-en-el-golpe-de-estado-de-1953-en-iran-sale-a-la-luz