«Juan Carlos I de Borbón descubrió después de la muerte de Franco, que más que de «inmunidad» de lo que iba a gozar era de «impunidad»

Gregorio Morán es un prolífico escritor y periodista, que porta un gran número de libros a sus espaldas. Su interpretación sobre la historia de estas últimas cuatro décadas ha estado siempre situada a contrapelo de la hagiografía política dominante. Ello lo ha dejado patente de forma muy clara en libros como «El cura y los mandarines», «Miseria y grandeza del Partido Comunista de España» o «El precio de la transición», Les presentamos ahora el resumen de una entrevista sobre la situación política que esta atravesando el país.

Gregorio Morán es un escritor y periodista autor de un número considerable de libros, la mayoría de ellos relacionados con temas relacionados con la etapa posfranquista. Entre los títulos de su autoría podemos encontrar: «Adolfo Suárez: Ambición y destino», «El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados. Cultura y política en España», «Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985», «El precio de la transición, «El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo»…

El ex rey Juan Carlos I ha sido uno de los personajes cuestionados por Morán en su producción periodístico literaria, en una época en la que las editoriales solían poner serios inconvenientes tratamiento de los temas que entrarán en colisión con la imagen que se quería proporcionar de la monarquía y de su titular.

Uno de los libros de Morán que se vio afectado por esta «travesía en el desierto» fue el titulado «El fraude de la Transición», publicado en 1991, y que la Casa editora que lo públicó – Planeta – suprimió varios párrafos. Luego la editorial Akal lo publicaría íntegramente, en el año 2016.

Hace unos días, Gregorio Morán fue entrevistado por Juan Candano, de la La Marea, a propósito de la situación política por la que está atravesando el país. De esa entrevista, recogemos los párrafos que nos han parecido más significativos.

En relación con el origen del fortunón que se le atribuye al monarca, cuyo cálculo se sitúa en por encima de los 2 mil millones de euros, Gregorio Morán precisa que sus orígenes sólo pueden ser exclusivamente dos.

«La fortuna de un rey o viene de los pagos del Estado, que evidentemente no dan para ser multimillonario, o viene del cobro de comisiones. Esa obsesión de máquina tragaperras que tuvo Juan Carlos I desde el inicio de su reinado…

Sus partidarios decían: “Es que pasó una infancia con muchas necesidades”. Los españoles que vivimos aquella época sabemos lo que era vivir con necesidades y no creo que ese fuera el caso de Juan Carlos I. Cuando muere Franco y llega al trono en 1975, la máquina tragaperras se convierte en un depósito económico. Hablemos primero del famoso manco, Prado y Colón de Carbajal, un personaje cuyo papel es decisivo en la búsqueda de dinero para el rey y para sí mismo. Y si no que se lo pregunten a su hijo, que creo que está muy bien colocado. Luego vinieron Javier de la Rosa y el inefable Mario Conde. Lo de Mario Conde tenía algo de espectáculo ridículo que la prensa nunca se atrevió a tocar. Por un lado su majestad y por el otro el financiero. Todo lo que se movía lo podían comprar».

Morán cree que después de la muerte de Franco, Juan Carlos I descubre todo un blindado chaquetón metálico, a prueba de todo, que les permite hacer y deshacer a su gusto.
«En Juan Carlos hay un descubrimiento a la muerte de Franco, que es: yo más que inmune, soy impune. Ese descubrimiento de la impunidad ya la tenía el Caudillo, que había ganado una guerra. La impunidad del rey fue absoluta. Si le faltaba un barco, se acercaba a la costa, decía “necesito un barco” y aparecían siempre 20 señores, los mismos, por cierto, que ayudaron a forrarse al clan Pujol, y le decían: “No se preocupe, Majestad”. En los negocios tú das dinero a costa de que también lo recibas. Aquí nadie se pregunta qué se llevaron las empresas que se beneficiaron de ese negocio del AVE a La Meca. ¿O vieron cómo pasaban los millones delante de su nariz y no dijeron nada?

Morán estima que, en efecto, en aquella impunidad real los medios de comunicación tuvieron mucho que ver. Pero no sólo entonces. En la actualidad continúan teniéndola en casi la misma medida:
«Complicidad con el emérito en su momento, el silencio que sigue a su desaparición, complicidad con Pedro Sánchez y con el Gobierno… Que un tipo como Iván Redondo sea el que controle los medios es una singularidad que no se da ni en el mundo de Trump. Los Marhuenda, Inda… son basura. A esto nos ha llevado el tertulianismo. Además, ahora nadie quiere escribir. Tengo amigos que tienen escuelas de periodismo y dicen que sus alumnos lo que quieren es salir en la tele y ser tertulianos. A lo mejor es que nuestro oficio es algo que pertenece al siglo XIX».

Y prosigue:

» Y lo de Pedro Sánchez es de un cinismo tremendo. A su lado, Cánovas parece un senador romano. A Sánchez nadie le pregunta nada, puede hacer las entrevistas que quiera y da la impresión de que es Iván Redondo quien le hace las preguntas para quedar bien. Es como aquel inefable Fernández de Asís, entrevistador en la televisión única del franquismo, que decía: “Como bien dice usted, señor ministro…”. Estas cosas están volviendo. A mí esto me toca dos veces. Me tocó Fernández de Asís y ahora con estos sucedáneos».

Una manifestación de que la complicidad de los medios con el monarca emérito continúa en vigor, es que este sigue siendo presentado como el hombre que trajo la democracia a España y que frenó a los golpistas el 23-F. Pero Gregorio Morán tiene sobre aquellos acontecimientos, sin embargo, una visión diametralmente opuesta:

«En el 23-F Juan Carlos I fue el bombero pirómano; él agitó el ambiente crispado de los militares antes del golpe. Fue un aprendiz de brujo. Se metió en un lío del que sabía que podía salir trasquilado. Echó marcha atrás a última hora. Eso se ve claro con el papel de Armada, al que no dejan hablar sobre lo que hizo Juan Carlos I antes del golpe. Todo esto ocupa unas cuantas páginas en mi libro sobre Adolfo Suárez.

Sobre el papel desempeñado por el periódico El País, tanto durante la transición como en el posterior proceso de consolidación de la Monarquía, Morán opina que:

«El País es un periódico institucional. No diría yo gubernamental, pero sí institucional. Y además, como no había otra cosa y era el menos malo de los periódicos existentes, hizo que una ‘izquierda’, digámoslo entre comillas, que había perdido el norte, el sur, el este y el oeste, se confiara en el intelectual colectivo en el que se transformó «El País «.

Ahora que Juan Luis Cebrián escribe artículos ciceronianos sobre la decencia, hay que recordar que se rompen muchas cosas en el periodismo español en el momento en el que el periódico serio, el intelectual colectivo, publica la famosa conversación telefónica pirata de Txiki Benegas criticando a Felipe González, de la que nunca supimos la procedencia, pero era de sospechar. En el momento en el que un periódico hace una jugada tan sucia y tan interesada como aquella, se desenmascara y ya no queda nada. Pero la gente es muy ferviente con los suyos. Aunque pierda, son del Betis».

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/28764/juan-carlos-i-de-borbon-descubrio-despues-de-la-muerte-de-franco-que-mas-que-de-inmunidad-de-lo-que-iba-a-gozar-era-de-impunidad