Consideraciones sobre la dominación

Josep Cónsola

“Los opresores están separados del foco de la opresión. Este es el secreto y el resorte de la dominación” (1)

Que el Estado es la herramienta de la clase dominante, ya lo explicó Marx hace más de 150 años. Y que para poder cambiar la sociedad es necesario destruir el Estado que la justifica ya lo escribió Lenin y lo pusieron en práctica los bolcheviques y los comunistas chinos, coreanos, cubanos… y lo han intentado varios movimientos revolucionarios a lo largo de la historia. Todos ellos presididos por una característica: la negativa a la sumisión como primera réplica a la dominación.

Pero, ¿Por qué es tan difícil renunciar a la sumisión?

En parte, tal como lo analizó Max Weber, desde el punto de vista sociológico, que: ”La sumisión está condicionada por los muy poderosos motivos del temor y la esperanza” (2), temor ocasionado por el monopolio de la violencia por parte del Estado y la esperanza ocasionada por sus falsas, o no tan falsas promesas.

La responsabilidad de las formaciones revolucionarias va más allá de su capacidad organizativa y de su discurso radical. Una tarea fundamental es precisamente como hacer frente al temor de la violencia institucionalizada y a desnudar las falsas promesas aireadas tanto por los dirigentes políticos y sindicales que viven a la sombra de los presupuestos, como por los asalariados de los medios de comunicación que son los divulgadores tanto del miedo y el pesimismo como de la esperanza y el optimismo engañoso: “Lo peligroso que puede ser un micrófono en manos de un cretino, cuando el tal cretino disfruta de total impunidad” (3).

“Denominamos Herrschaft, a la probabilidad de que, en un grupo determinado de personas, determinadas órdenes o todas las órdenes, encuentren obediencia… En toda auténtica relación de Herrschaft se da una mínima voluntad de obedecer… Pero la dominación sobre un gran número de personas necesita normalmente de un “aparato humano”, un aparato administrativo; es decir, la dominación necesita, en términos generales, que se dé una probabilidad segura de que habrá una acción por parte de personas obedientes, con la intención expresa de ejecutar las instrucciones generales y las órdenes concretas” (4).

No hay duda, a estas alturas, que estamos viviendo un auténtico Herrschaft organizado, como expresa Marcel Gauchet, por quien está escondido detrás el foco de la opresión, es decir detrás de la OMS y otro instituciones supranacionales y llevado a cabo por una red de intermediarios a todos niveles, desde responsables de sanidad, científicos, titulados universitarios, funcionarios públicos, políticos, militares, periodistas, y sobre todo la televisión para asegurar la debida obediencia.

Una televisión que tal como dice Rebeca Quintans: “La pequeña pantalla es el mayor dispensador de valores, interpretaciones y criterios para la conformación de la opinión pública en la sociedad, incluso con más peso específico que el propio Ministerio de Educación y Cultura. En determinados momentos, la televisión tiene más poder disuasivo o de convocatoria que el Ministerio del Interior. No es de extrañar que también se produzcan situaciones en las que este Ministerio utilice los informativos de televisión como prolongación de sí mismo. La cuestión de Estado y la de las cadenas de televisión es coincidente” (5).

Esto lo hemos podido constatar con la llamada pandemia y el papel básicamente de la televisión en cuanto a la campaña de “terror” inicial, a la campaña de “salvación” posterior y el “final feliz” aunque sea con centenares de miles de despedidos en los países ricos, como el nuestro, y millones de muertes de hambre o de carencia de agua en el llamado tercer mundo.

A su lado la prensa, escrita o digital y la radio siguen el mismo camino pues tanto en unos medios como en otros las aparentes informaciones “profesionales” no son otra cosa que unos instrumentos para la dominación pues “El público define las cuestiones a medida que le son señalizadas por los medios de comunicación y estos a medida que le son señalizados por las élites políticas … La censura, es más eficaz cuando no hay que nombrarla, cuando los intereses del que manda, milagrosamente, coinciden con los de “la información”. El periodista resulta entonces, prodigiosamente libre. Y es feliz. Se le otorga, además, el derecho a sentirse poderoso” (6).

Estos mecanismos forman parte de la Dominación, pero esta no tendría el alcance que tiene si a su lado no hubiera un consenso social alrededor del discurso hegemónico en forma de conexión ideológica a pesar del discurso aparentemente “enemistado” con el poder establecido en algunos casos, pero en sintonía total con aspectos parciales llamados “técnicos” o “científicos”, entendidos estos como “neutros” o no políticos en cuanto a su contenido. Hay que tener en cuenta que la dicha ciencia, la concordante con el poder o sus instituciones científicas, no es neutra, está programada, dirigida y financiada por el capital, ya sea este de origen nacional o multinacional y por tanto su objetivo no se aleja de las bases de la acumulación.

Tal como describe Göran Therborn, esta conexión ideológica hace a los sujetos obedientes que, en los momentos actuales incluso se ha dado la paradoja de “pedir” más medidas restrictivas para poder obedecer más. El estado de excepción vivido, y que seguramente se irá repitiendo, nos ha dado la medida de la capacidad de sumisión de la ciudadanía. Si bien es un contrasentido el condenar la población a arresto domiciliario y por otro lado levantar este arresto para ir a producir plusvalía, las formaciones sindicales y políticas podían optar para exigir que si se levanta el arresto para ir a trabajar también se tiene que levantar para ir a pasear, pero ha estado al revés: Se ha pedido que todo el mundo quede sometido a arresto domiciliario. Sin haber cometido ningún delito.

Exponente de ello es el hecho de que dentro de la población que se podría considerar con una actitud semi-crítica, cuando se les exponen los resultados mejores de mortalidad en países donde no se ha aplicado este confinamiento o arresto, el más próximo y de afectación similar, como podría ser el caso de Suecia, la respuesta, es de que, «aquí nosotros no seríamos capaces de comportarnos cómo ellos, somos diferentes y aquí la gente no sería «disciplinada», cerrando el círculo de que la cuestión de fondo del dilema es la disciplina como esencia del comportamiento social. Entonces se les podría responder que el caso de Nicaragua, de cultura de tradición latina, evidenciaría que el dilema no está en el «talante» que se quiere justificar diferente, sino en la sumisión-obediencia.

“La conexión ideológica que vincula la población con un determinado régimen, haciendo de aquella un conjunto de sujetos obedientes, es muy complejo y, presenta grandes variaciones empíricas. Aun así, parece que es posible identificar los principales tipos de mecanismos que por efectos de dominación y obediencia que producen…. En primer lugar los tres modos de interpelación descritos (lo que existe, lo que es bueno y lo que es posible). La segunda dimensión hace referencia a las concepciones del ausente. En ésta los modos de interpelación se paralizan y experimentan una dicotomía según respondan sí o no a la pregunta: ¿Existe una alternativa posible mejor que el régimen actual? El cimiento lógico de este segundo eje reside en que hay una importante diferencia entre la obediencia como necesidad intrínseca y la obediencia basada en consideraciones contingentes” (7).

De esta reflexión de Therborn podemos extraer una hipótesis: ¿De verdad se quiere cambiar la sociedad, o tan solo se quiere estar mejor en la actual a despecho de lo qué pueda estar ocurriendo a pocos kilómetros de nuestra casa o en el resto del mundo? ¿No será que el incumplimiento de la promesa de una vida mejor DENTRO del modelo actual del modo de producción y de relaciones sociales hace levantar las débiles voces de protesta?

Las aportaciones de los defensores de un “marxismo vulgar”, mayormente han estado de cariz reivindicativo en el económico, el “marxismo del movimiento obrero” según definición de Robert Kurz, (8) dejando de lado una infinidad de aspectos relacionados tanto en cuanto a la vida cotidiana como la crítica civilizatoria alrededor de la técnica, la ciencia y el entorno, aceptando los incrementos de productividad en todos los ámbitos de la vida, pidiendo más del mismo. Así paradójicamente, como apuntaba Marx, el proletariado de los países ricos se ha encontrado perdido en un camino esquizofrénico entre lo que se dice y lo que se hace.

“Y así como en la vida privada se distingue entre lo que un Hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en los hechos históricos se tiene que distinguir todavía más entre las frases y las pretensiones de los partidos y su naturaleza real y sus intereses reales, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son” (9).

Del mismo modo podríamos analizar el “proceso independentista”, cuando a pesar de que esta reivindicación hace muchos años que pequeñas organizaciones la han mantenido en su programa político (FNC, PSAN, Terra Lliure, MDT, y recientemente la CUP) quién diseñó, dirigió, organizó y enterró el movimiento -iniciado en un simbólico referéndum en Arenys de Munt el 13 de septiembre de 2009-, han sido los representantes de una parte de la burguesía catalana, aliados con amplios sectores de la pequeña burguesía, enfrentados con el gobierno español por una cuestión presupuestaria y con la promesa que en una Cataluña independiente, todo sería bienestar y riqueza. Aliñado bajo el lema de “España nos roba”. Pero como señala Marx, los partidos que organizaron la protesta soberanista desde las instituciones de la Generalitat (9 de noviembre de 2014 y 1 de octubre de 2017) detrás la fraseología aparentemente radical, se esconde una subordinación a los intereses económicos como lo han demostrado sobradamente cuando han tenido que defender los intereses del capital, tanto en Cataluña como en el Parlamento español. (Desde el Pacto de Toledo que representa el inicio de privatización del sistema de pensiones, hasta la ley de reforma laboral de 2012, o el hecho de que CiU no presentara recurso contra «la ley mordaza» que es la mejor cobertura jurídica de la actuación policial ante las manifestaciones del Proceso y ahora sirve de ley sancionadora para las conductas no disciplinadas ni sumisas ante el estado de excepción). Aun así arrastraron una parte importante de los sectores populares catalanes y formaciones políticas de izquierda en su jaque sobre el Estado español. Jaque que sabían muy bien que no iría más allá de una puesta en escena que no hiciera peligrar sus vínculos con los sectores financieros. El cambio de sede social de La Caixa y Banco Sabadell fuera de Cataluña como adalides de los centenares de empresas que también lo hicieron, -mecanismo fundamental para estrangular la economía catalana-, determinó que no hubiera la anunciada declaración unilateral de independencia.

Cierto es que el Estado español ha utilizado los recursos disponibles para dar un aviso a navegantes con las sentencias judiciales a una docena de personalidades políticas a pesar de no haber llevado a cabo sus promesas en cuanto al ejercicio del derecho a la autodeterminación, lo cual nos tiene que hacer pensar en las palabras de Günter Anders: “Nuestra máxima tendría que ser. Si así tiene que ser, entonces que sea de verdad. Si nos arriesgamos a ser atacados, entonces, por favor intentemos al menos ser castigados por algo que hayamos realizado verdaderamente: por actos reales” (10).

Pero fue más poderosa la sumisión que la revuelta, la cual puso de manifiesto el poder de la dominación. “El Poder solo existe en su ejercicio efectivo… y el deseo de Poder no se puede realizar si no consigue suscitar un eco favorable de su complemento necesario, el deseo de sumisión” (11).

Y, ¿El proletariado catalán? Una parte se mima con esta burguesía nacionalista, y otra parte se siente alejada de la misma, pero muy próxima a la burguesía nacionalista española, en ambos casos a remolque de la ideología de la clase dominante y teniendo en cuenta lo que nos señala Therborn que: “las ideologías no funcionan como ideas o interpelaciones inmateriales. Siempre son producidas, transmitidas y recibidas en situaciones sociales concretas, materialmente circunscritas, y a través de medios y prácticas de comunicación, y su especificidad material pesa sobre la eficacia de la ideología en cuestión” (12).

Podemos pues, empezar a reflexionar sobre el papel que tendría que jugar el contenido ideológico del proletariado tanto en cuanto al ejercicio del derecho a la autodeterminación, al internacionalismo proletario , en la lucha de clases, y en la lucha por el comunismo, aspectos todos ellos, relacionados con la negativa a la sumisión.

“una identidad y un objetivo de clase son esenciales para el desarrollo de las organizaciones clasistas, agentes centrales del cambio social. Y, si no cambian las circunstancias, cuanto más se extienda y practique activamente entre los miembros de la clase dominada esta conciencia de clase, y cuanto más clara y avanzada sea su visión de una alternativa para el futuro, más probable será que una transformación social triunfe y prospere, siempre y cuando se abra verdaderamente una situación revolucionaria” (13).

En definitiva se trataría de lograr o recuperar lo que en otras épocas existió: un orgullo de pertenencia a la clase obrera como clase que es la generadora de la riqueza con su trabajo. Sentimiento legítimo de aprecio de sí misma, por algo realizado, conseguido o realizable en el futuro.

Pero no estamos educados para pensar. Todo el sistema social, educativo, laboral, e incluso emocional, en la sociedad de los fetiches, está dirigido a “hacer”. Frecuentemente, cuando una persona se enfrenta a un problema que lo abruma y desborda, se bloquea, se pone nerviosa e incluso se paraliza. Esto mismo pero aumentado ocurre cuando se pasa miedo. Y es que pensar, cuando no estamos acostumbrados, requiere cierta tranquilidad y sosiego, y el capitalismo ya procura que no tengamos oportunidad de sosiego. Esto ha ocurrido estos últimos meses en los cuales el mensaje del miedo, el terror, el alarmismo, la mentira y la reclusión forzada, no han dejado mucho tiempo para pensar serenamente a que obedecía esta agresión a nivel mundial. Y así la poca o mucha conciencia de clase que se pueda tener se ha visto ahogada por la fuerza de la ideología de la clase dominante. “La matriz material de cualquier ideología se puede analizar en base a su funcionamiento por medio de afirmaciones y sanciones, de forma que las ideologías se hagan efectivas al relacionarse estos dos conceptos. En una práctica de afirmación, si un sujeto actúa de acuerdo con los dictados del discurso ideológico, se produce un resultado positivo para él. Mientras que si se niegan los dictados del discurso ideológico, es sancionado mediante el fracaso, el paro, el encarcelamiento, la muerte o cualquier cosa por el estilo” (14).

Más de 700.000 sanciones llevadas a cabo por las diferentes fuerzas armadas al rescoldo de la Ley de Seguridad Ciudadana, – más personas sancionadas que los supuestos contaminados por la pandemia -, en la cual la palabra de un funcionario armado aunque mienta, tiene más valor legal que la de una civil sincero. Junto al miedo, la sanción económica, la delación de los propios vecinos, la humillación e incluso la aceptación de un cierto sentimiento de culpa si se ponía en entredicho el discurso ideológico: El que no acepte este discurso morirá o será responsable de la muerte otros. Si se acepta el discurso te salvarás y salvarás a otros. Es el momento álgido de la DOMINACIÓN y la correspondiente sumisión.

“Cuando el autor del proyecto no es el propio obrero, sino que el “yo de la enunciación” del proyecto es el amo, el señor, o el capitalista, el drama del desdoblamiento que pasa en la representación del discurso, es el drama de la dominación” (15).

Porque, la dominación va más allá de la explotación, pues ésta se detiene después de haber extraído la plusvalía, pero la dominación penetra hasta los rincones más íntimos al aceptar la posibilidad o la certeza de estar permanentemente vigilados por el “Gran Hermano” y expuestos a ser juzgados públicamente por nuestra acción u omisión. “El Gran Hermano” es un producto de desinformación colectiva tanto en su forma como en su contenido. Se ha planteado como una puesta en escena lúdica de una idea absolutamente terrorífica: Estar permanentemente vigilados para ser juzgados” (16).

Privatizaciones, carencia de inversión pública, carencia de recursos sociales… son los términos utilizados en la suave crítica a las actuaciones gubernamentales. Crítica que si bien es cierta se tiene que definir qué significado damos a “privatizaciones” ¿De qué?, “carencia de inversión pública” ¿En qué?, “carencia de recursos sociales ¿Para qué? La crítica sobre los efectos muchas veces esconde la crítica sobre las causas e incluso una sintonía con ellas, pues solo trata de poner en tela de juicio “la forma de administración” de estos efectos. “Nosotros lo haríamos mejor” es un eslogan que tanto puede ser utilizado por la rancia burguesía nacionalista como por las formaciones que se dicen de izquierdas en un simulacro de ejercicio pedagógico para “enseñar” a los gestores del capital como gestionar mejor el propio capitalismo. Este no es el camino para liberarnos de la dominación sino una puesta en práctica de la cooptación: “La cooptación a través de la democracia hace referencia al proceso en virtud del cual se consigue la lealtad de la clase obrera, es decir, su sumisión y su colaboración en el proceso de su propia dominación” (17).

El concepto explotación es el eje discursivo y reivindicativo por excelencia, pero podemos darnos cuenta que a medida que avanza la reestructuración mundial del capital y su criminal competencia, millones, cientos de millones de personas ya no son “explotadas”, es decir ya no son utilizadas para extraer de ellas plusvalía, sino utilizadas como ejército de reserva o desechos sociales el coste de las cuales, como el reciclaje, es cada vez más elevado y la preocupación del capital es cómo deshacerse de estos “desechos” con el menor coste posible. De aquí que una de las tareas encomendada a los investigadores y “científicos” es como deshacerse de este excedente humano. La propuesta de una invasión química -informática para toda la población mundial en forma de vacunas combinadas con nano- transmisores con capacidad para esterilizar, modificar comportamientos (al estilo del ”Stimociver” de José Manuel Rodríguez Delgado, “científico” español vinculado a la CIA y colaborador del militar “Proyecto Pandora” para modular voces y sonidos en el cerebro de los soldados y más allá las personas comunes en una exaltación del dominio total), o sencillamente matar a los considerados superfluos. “El Orden establecido, produce desechos sociales, como la fabrica sus desechos, y crea espacios cerrados o depósitos donde aislarlos, para que vivan su “muerte social” o el proceso de un nuevo tratamiento con el objetico de recuperarlos para continuar creando valor, si esto todavía fuera posible. Las prisiones, los reformatorios, los manicomios, los asilos y las residencias de ancianos, e incluso los hospitales constituyen una estructura de guetos artificiales para la marginación” (18).

Hay que ir concretando qué sociedad queremos más allá de consideraciones genéricas, que lleve como correlación enfrentar los diversos escenarios en los que se hace patente la dominación: El concepto de educación, el concepto de salud, el concepto de trabajo, el concepto de ocio, el concepto de violencia, el concepto de ecología, y afinando más el concepto de «lealtad»… ya que: “Explotación no implica “per se” resistencia a la explotación. El concepto de explotación en el materialismo histórico hace referencia a la apropiación unilateral del plustrabajo. En otras palabras, el hecho que una categoría de agentes económicos trabaje más de lo necesario para su reproducción y que otros se apoderen de los frutos de este plustrabajo. En lugar de intentar afrontar el problema de la constitución ideológica de los sujetos de las clases en lucha, muchos marxistas recurren a la utilitaria noción de “interés”: “el interés de los explotados es resistirse a la explotación”. Pero los “intereses” no explican nada por sí solos, “Interés” es un concepto normativo que indica el tipo de acción más racional en una situación en la que han sido definidos anteriormente el triunfo y la derrota… Lo que hay que explicar, es como los miembros de la clase social llegan a definir de una forma determinada el mundo y su situación y posibilidades en él” (19).

La situación vivida estos últimos meses ha comportado, aparte de la sumisión, también una serie de iniciativas socio – virtuales con características de ayuda mutua con la buena intención de aportar algo a las personas en situación “vulnerable” o de marginalidad, etc., pero “Si se reflexiona un poco, no hay nada de sorprendente en la tesis de que el espaldarazo a los débiles y a los pobres puede ser una expresión del dominio de los fuertes y de los ricos. Cualquier persona que en alguna ocasión haya tenido de recurrir a la caridad, material o psicológica, habrá sentido en su carne la condescendiente superioridad que la caridad entraña. El orgullo de mostrar una pequeña parte de la propia riqueza y nobleza de sentimientos ha constituido un importante factor en la propagación de las ideologías humanitarias entre las clases dominantes sólidamente establecidas” (20).

Como última consideración de estas reflexiones sobre la dominación, la necesidad de resucitar el eje teoría – práctica en la acción política, basada en las aportaciones de Marx. Un Marx que según Robert Kurz: “Quién fue considerado muerto está más vivo que nunca. En su calidad de teórico activo y crítico, Karl Marx ha sido dado por muerto en más de una ocasión pero siempre ha conseguido escapar de la muerte histórica y teórica. Este hecho es debido a un motivo: la teoría marxista solo puede morir en paz junto con su objeto, o sea, con el modo de producción capitalista” (21).

Notas:

(1) Marcel Gauchet. Boétie, El discurso de la servidumbre voluntaria. pág. 34. Tusquets. 1980

(2) La política como profesión. Max Weber. pág. 90. Espasa 1992

(3) Alfonso Sastre. Los Intelectuales y la utopía. Pág.33. Debate. 2002

(4) Max Weber. Sociologia del Poder. Pág. 59-60. Alianza 2007

(5) (Rebeca Quintans. Gran Hermano, el precio de la dignidad. Pág. 19. Ardi Beltza. 2000

(6) Serge Halimi. Los nuevos perros guardianes. Pág. 25. Txalaparta. 2000

(7) Göran Therborn. Ideologia y poder politico. Pág 74. Siglo XXI. 1980

(8) Robert Kurz. Subjektlose Herrschaft. Zur Aufhebung einer verkürzten Gessellschaftkritk», Revista Krisis, nº 13, 1993.

(9) Karl Marx. El dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte. Pág. 53. Ariel. 1968

(10) Günter Anders. Gewalt, ja oder nein, Eine notwendige Diskussion . Pág. 49. Contratiempos. 2007

(11) Pierre Clastres. Libertad desventura innombrable, en Etienne de la Boétie. Pag. 127. Tusquets. 1980

(12) Göran Therborn. El orden social de las ideologías. Pág. 65. Siglo XXI. 1987

(13) Göran Therborn. La ideologia del poder y el poder de la ideología. Pág. 90. Verso. 1980

(14) Göran Therborn. El materialismo histórico de las ideologías. Pag. 29. Siglo XXI. 1987

(15) I. Férnándes de Castro. Crítica de la modrenidad. Pág. 70. Fontamara. 1983

(16) Rebeca Quintans. Gran Hermano, el precio de la dignidad. Pág. 157. Ardi Beltza. 2000

(17) Göran Therborn. ¿Como domina la clase dominante? Pág. 283. Siglo XXI. 1979

(18) I. Fernández de Castro. Crítica de la modernidad. Pág. 59. Fontamara. 1983

(19) Göran Therborn. La ideologia del Poder y el Poder de la ideología. Pág. 11. Verso. 1980

(20) Göran Therborn. ¿Como domina la clase dominante? Pág. 293. Siglo XXI. 1979

(21) Robert Kurz “Marx Lesen”, Frankfurt am Main, Eichborn, 2001. Pág. 13

Fuentes:

https://agendacomunistavalencia.blogspot.com/2020/08/consideraciones-sobre-la-dominacion.html