La despedida del pueblo soviético de Vladimir Ilich Uliánov, LENIN

Esteban Zúñiga

Funeral de Vladímir Ilich Uliánov, “LENIN”. Su cuerpo aún reposa dónde fue depositado el 27 de Enero de 1924.

 

A las 4 de la tarde del 21 de enero de 1924, hace 97 años, fallecería, en Gorki Léninskiye (URSS)y a los 53 años de edad, el líder de la Revolución Bolchevique y principal dirigente de la URSS, VLADÍMIR ILICH ULIÁNOV, más conocido como LENIN, a causa de un ictus masivo y en una agonía “muy penosa pues la parálisis de los centros nerviosos atacó a los órganos respiratorios” que se prolongaría hasta las 6:50 horas de la mañana. La posterior autopsia revelaría que padecía arterosclerosis cerebrovascular y que sus arterias cerebrales estaban en pésimo estado, a causa de haber sufrido, anteriormente, varios infartos cerebrales.

Por la noche se reuniría el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que dirigiría el siguiente llamamiento al pueblo soviético:

“PARA TODO EL PARTIDO Y PARA TODOS LOS TRABAJADORES:

El 21 de enero terminó la vida del camarada Lenin.

Un hombre que fundó nuestro Partido de acero, que lo construyó año tras año, lo dirigió bajo los golpes del zarismo, lo fue entrenando y templando en una lucha furiosa contra los enemigos de la clase obrera. Bajo su liderazgo, cayeron muertos los bolcheviques que combatieron en 1905. Retirado por la reacción zarista, continuó luchando a la vanguardia de la lucha contra la autocracia, logró exponer y romper la dominación ideológica de los mencheviques y los eseristas. Murieron en la batalla por el liderazgo de nuestro Partido, envueltos en pólvora, la mano poderosa izó la bandera roja de Octubre por todo el país, barrieron la resistencia del enemigo adoptando la disciplina de trabajo de la época zarista.

Murió el fundador de la Internacional Comunista, el líder del comunismo mundial, el amor y el orgullo del proletariado internacional, la bandera de los oprimidos, la cabeza del Estado de los obreros de Rusia.

Desde Marx, nunca antes en la historia ha habido una figura tan gigantesca como nuestro difunto líder, maestro y amigo. Todo lo que está en la clase obrera grande y heróica; valiente, de acero, terco, con voluntad indomable, el odio a la esclavitud y a la opresión, la pasión revolucionaria que mueve las montañas, la fe ilimitada en el poder creador de las masas, el genio de la organización… Todo eso está plasmado en Lenin, cuyo nombre se ha transformado en símbolo de nuevo mundo, de Norte a Sur y de Este a Oeste.

Lenin pudo predecir inmensas fracturas históricas y al mismo tiempo tener en cuenta el uso de cada pequeño detalle. Sabía cuando atacar encarnizadamente y cuando retirarse para preparar una nueva ofensiva. Sabía que no hay fórmulas congeladas. Era un líder nato del ejército proletario, un genio de la clase obrera.

Al tesoro del marxismo, Lenin hizo no pocas contribuciones. La doctrina del poder obrero, la alianza entre obreros y campesinos, la cuestión nacional y colonial y finalmente sus enseñanzas sobre el papel y la naturaleza del Partido. Toda su vida, desde su inicio hasta el último aliento consciente, se la dedicó a la clase obrera. Nunca hubo un hombre tan dedicado a esa causa. Jamás hubo una persona con un sentido de la responsabilidad como el que tuvo él. Su sed de trabajo imparable acabó para siempre con este cuerpo y con la vida de nuestro Ilich.

Pero la muerte física en este caso no supone la muerte. Lenin vive en cada alma de cada militante de nuestro Partido. Cada militante de nuestro Partido es una parte de Lenin. Todo nuestro Partido es la encarnación colectiva de Lenin.

Lenin vive en el corazón de cada trabajador honesto

Lenin vive en el corazón de cada pobre campesino

Lenin vive en los millones de esclavos coloniales

Lenin vive en el odio al leninismo, al comunismo y al bolchevismo por parte de nuestros enemigos.

Se ha ido de nuestro lado para siempre nuestro compañero incomparable. Y seguimos sin miedo. Dejen que nuestros enemigos se alegren de nuestra pérdida. Ellos no saben lo que es nuestro Partido. Creen que nuestro Partido se derrumbará, pero seguirá adelante porque ha sido forjado con el hierro leninista, porque ha sido entrenado en la batalla y por todo lo que Lenin nos enseñó.

Estamos con el pie firme en la tierra, el único país regido por los trabajadores que mira audazmente hacia el futuro. Nos enfrentamos a un combate contra el capital y no hay poder en la tierra capaz de impedir nuestra victoria final. Esta victoria es el mejor homenaje al camarada Lenin, al amigo Ilich.

¡Viva la victoria de nuestro Partido!

¡Viva la clase obrera!».


La dolorosa noticia pronto se extendería por todo el país y por todo el mundo. Tras crearse una comisión funeraria encargada de poner en marcha sus exequias, el 22 de enero M. Kalinin, presidente del Comité Ejecutivo Central, lo anunciaría solemnemente a los delegados al IX Congreso de los Soviets de toda Rusia.

Aunque Lenin no había dejado testamento alguno, su viuda Nadezhda Krúpskaia se opondría a que el cadáver de su marido fuera expuesto al púbico y afirmaría que el deseo de su marido era ser enterrado junto a los cuerpos de su madre y hermano en el cementerio Vólkovskoye de San Petersburgo.

Sin embargo, su cuerpo sería colocado en un ataúd cubierto por una bandera roja y trasladado dos días después a Moscú, a donde llegaría el 23 de enero, siendo llevado por veteranos de la Guerra Civil rusa a la Sala de Columnas de la Casa de los Sindicatos para ser expuesto al pueblo mientras se construía su primer mausoleo. Por espacio de cuatro días, y a pesar de las rigurosas heladas con crudas y bajas temperaturas de hasta menos 30 grados, más de un millón de personas –centenares de miles de obreros y campesinos, soldados rojos y empleados, delegaciones de trabajadores de todos los confines de la vasta Unión Soviética- pasarían, día y noche, por la Sala de Columnas para rendir el último homenaje al gran líder soviético Lenin.

El 26 de enero de 1924 se celebraría, en el Teatro Bolshoi una sesión extraordinaria del IIº Congreso de los Soviets de la URSS consagrada a su memoria. En el Congreso hablarían la esposa de Lenin, N. Kruspskaya, así como J. Stalin, Clara Zetkin y N. Narimanov. En nombe de la fábrica “Krasni Putílovets” habló A. Serguéev; de los campesinos sin partido, A. Krayushkin; del Ejército Rojo, K. Voroshílov; de la juventud, P. Smorodin; y de los hombres de ciencia, el académico S. Odenburg.

El pueblo soviético se despediría de su líder y guía lleno de profundo dolor. El proletariado suspendería todos los trabajos y sus tareas durante 5 minutos. Se pararían los automóviles y los trenes, se interrumpiría el trabajo en las fábricas y de este modo solemne los trabajadores del mundo entero se despidirían de Vladimir Ilich Ulianóv.

A las 4 de la tarde del 27 de enero de 1924, el ataúd, con los restos mortales del camarada Lenin, serían depositados y enterrados en el mausoleo construido especialmente para la ocasión en la Plaza Roja.

Tres días después, aparecería en el periódico “Pravda” del 30 de enero de 1924 una carta de su viuda Nadezhda Krúpskaia en la que agradecía mensajes de condolencia que le habían sido remitidos, y en la que, además, afirmaría dirigiéndose a los líderes soviéticos:

“(…) Tengo que pedirles un favor: no permitan que su duelo por Ilich tome la forma de una reverencia externa por su persona. No le levanten monumentos conmemorativos, no pongan su nombre a los palacios, no celebren actos solemnes en su honor, etc.; cuando él vivió, todo esto le tenía sin cuidado y le fastidiaba. Recuerden que en nuestro país hay todavía mucha pobreza y mucho abandono. Si ustedes desean honrar la memoria de Vladimir Ilich, construyan jardines de infancia, casas, escuelas, librerías, centros médicos, hospitales, hogares para los impedidos, etc., y, sobre todo, pongamos en vigor sus preceptos. (…)».

LENIN, Vladimir Ilich Ulianóv, desde su perseverancia e inquebrantable voluntad, dejaría como legado un cuerpo de ideas revolucionarias que no han perdido vigencia sino que por el contrario se ratifican hoy ante la profunda crisis del capitalismo internacional.

Líder de la clase obrera rusa e internacional, continuador de la obra de Marx y Engels, fundador del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Estado soviético, desempeñaría un papel relevante en la elaboración de la teoría marxista aplicada a la situación histórica de Rusia, teniendo en cuenta las condiciones del país, y en la dirección del movimiento revolucionario internacional de la clase obrera y de todos los trabajadores. Enriquecería el marxismo, desde su sólida formación marxista, dándole sentido a lo que en la teoría revolucionaria se conoce como marxismo leninismo, el instrumento capaz de llevar adelante el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura proletariado y, además, tendría grandes aportaciones al desarrollo de la economía política marxista.

Fuentes:

http://amistadhispanosovietica.blogspot.com/2021/01/la-despedida-del-pueblo-sovietico-de.html