El Dalai Lama, el nazismo y la CIA

En 1939, una expedición de la SS comandada por Ernst Schäfer (zoólogo alemán) y patrocinada por Himmler (quien sentía gran admiración por el misticismo tibetano) llegó a Lasha. Dentro de los objetivos de la misión estaba la comprobación científica de si los tibetanos eran los arios del norte, pensando sumar aliados en la expansión por oriente y la confrontación con los ingleses en la India.

Un poco de Historia

El Emperador Mongol Kublai Khan fue quién creó e instaló por medio de su ejército al primer “Gran Lama”. Este se auto otorgó el título de “Dalai Lama”, “Gobernante del Tibet”, se apoderó de monasterios que no pertenecían a su secta y destruyó y falsificó escrituras budistas originales que no apoyaban su carácter divino.

El Dalai Lama siguiente “desapareció” y lo mismo sucedió con otros 5 Dalai Lamas cuya condición de Reyes-Dioses no les libró de perecer a manos de sus sacerdotes. Al morir cada Dalai Lama, los monjes (lamas) del “Monasterio Amarillo” designan a su siguiente reencarnación en un niño de corta edad, interpretando una serie de signos con arreglo a su religión. No se trata por tanto de una dinastía de monarcas hereditarios, sino de la máxima magistratura personal de un régimen teocrático.

En el interregno entre la muerte de un Lama y la mayoría de edad del siguiente, el Monasterio ejerce directamente el poder designando a un regente, al tiempo que se ocupa de la educación del futuro jefe.

Ge-dun-grup-pa (?-1474) fue el fundador de la secta budista de los monjes amarillos y del sistema sucesorio de la reencarnación de los lamas.

Sonam Gyatso (III Dalai Lama – 1543-88) fue en realidad el primero que asumió el título de “Dalai” (palabra mongola que significa “Gran Océano”). Al convertir al Jefe Mongol Altan Khan y a toda su tribu, asentó definitivamente la hegemonía de la secta en el Tíbet, extendiendo su influencia sobre Mongolia, China Occidental, Bután y Sikkim.

Ngawang Gyatso (V Dalai Lama – 1617-82) fue el primero en asumir el gobierno temporal del Tíbet además del liderazgo espiritual. Dicho cambio tuvo lugar en 1642, al destronar el Príncipe Mongol Gusri Khan al Rey del Tíbet y titularse él mismo rey. En realidad, Gusri Khan se limitó a ejercer un protectorado militar sobre el Dalai Lama, que era quien gobernaba efectivamente.

Al morir Gusri Khan (1655) el Dalai Lama pasó a controlar el poder en solitario. Fue este V Dalai Lama quien construyó el Palacio de Potala (en Lhasa) desde donde han ejercido el poder sus sucesores hasta el s. XX. Su sucesor Tshangyang Gyatso (VI Dalai Lama – 1683-1707), desbarató el prestigio adquirido por los monjes amarillos con su comportamiento disoluto y mujeriego.

Thupten Gyatso (XIII Dalai Lama – 1876-1933) fue un gobernante despótico cuya torpeza diplomática le enfrentó con las grandes potencias de la zona.

Jugó el acercamiento a Rusia, viéndose atacado por una expedición británica que le obligó a refugiarse en China en 1904. Más tarde, reconciliado con los británicos sufrió el ataque de China y hubo de refugiarse en India en 1910.

Regresó al Tíbet en 1913 aliado ahora con los británicos e intentó emprender una política modernizadora en terrenos como educación o defensa, pero el conservadurismo de los lamas frustró sus intentos de reforma.

Thupten Gyatso al morir identificó a su sucesor en el niño Tendzin Gyatso, XIV y actual Dalai Lama (1939 -…) nacido en una familia pobre de origen tibetano en la Provincia China de Quinghai en 1935.

Tendzin Gyatso fue nombrado Dalai Lama a los 11 años y entabló amistad con Heinrich Harrer (1912 – 2006, Sargento de las SS austríaco) y Heinrich Himler (1900-1945, Jefe de la GESTAPO,  Geheime Staatspolizei, Policia Secreta del Estado).

Lejos de la imagen de la famosa película con Brad Pitt, Heinrich Harrer era un Sargento de las SS cuando conoció al Dalai Lama y se convirtió en su “tutor en el  mundo exterior”.

En 1950 china recobró el Tíbet y Tendzin Gyatso se refugió cerca de la frontera con India; pero al no recibir ayuda exterior pese a su llamamiento a la India de Śrī Pandit Jawāharlāl Nehru y a las Naciones Unidas, hubo de aceptar la tutela comunista, firmando en 1951 un tratado que convertía al Tíbet en Provincia Autónoma de China.

Heinrich Harrer

Heinrich Harrer tenía 21 años cuando entró a formar parte de las SA (Sturmabteilung, Sección de Asalto), una organización Ilegal implicada en atentados y asesinatos, encargada de asegurar el orden en las manifestaciones nazis y destruir las de los partidos adversarios.

En 1936 Heinrich Harrer participó en los Juegos Olímpicos de Berlín en el equipo de esquí austríaco. Dos años después fue pionero en escalar la cara norte del Eiger (cima suiza de los Alpes berneses), hazaña por la que fue llamado por Adolf Hitler.

Tras la anexión de Austria, Heinrich Harrer se convirtió en entrenador del equipo alemán de esquí femenino de descenso y eslalon. Durante la Segunda Guerra Mundial el Tíbet apoyó al Eje Roma-Berlin-Tokio y tuvo relaciones con los dirigentes nazis.

En su obsesiva búsqueda del origen de la “Raza Superior Aria”, la Elite Nazi de las SS, la “Orden Negra”, Heinrich Himmler, Reinhard Tristan, Eugen Heydrich, Karl Hauschoffer, Rudolf Hess y Adolf Hitler mostraron un profundo interés por el “Esoterismo y Ocultismo  Tibetano” y el “Poder Ilimitado de la Jerarquía Tibetana”, ya que consideraban al Tíbet como el lugar sagrado de los sobrevivientes de la Atlántida, y el origen de la “Raza Pura Nórdica”.

En 1939, el Sargento Heinrich Harrer penetró en el Tíbet y se encontró con el Dalai Lama. Escribió en su diario: “Su carne era mucho mas clara que las de los tibetanos e incluso más que la de los aristócratas tibetanos. Por primera vez me encontré solo con un hombre blanco”.

En 1938-1939 la “Ahnenerbe” (o “SS- Ahnenerbe”, “Herencia de los Ancestros”) organizó una expedición a la región del entonces independiente Tíbet, bajo la dirección del biólogo Ernst Schäfer, por órdenes expresas de Heinrich Himmler. La misión consistía en entablar lazos con los misteriosos “habitantes de las cavernas”, pertenecientes al Pueblo de Agartha.

Partieron en abril de 1938, llegando al Tíbet en enero siguiente. El equipo incluía a Bruno Beger, quien estudió los cráneos de unas 400 personas para intentar probar que el Tíbet era el lugar de nacimiento de una raza nórdica. Sus primeras conclusiones fueron que los tibetanos estaban en algún punto entre los mongoles y las razas europeas. Beger era un nazi que –luego- siendo oficial de las SS destacó como sayón en Auschwitz. Otros miembros del equipo eran Edmont Geer y Karl Vinert.

La expedición terminó formalmente en mayo de 1939, en vísperas del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, siendo homenajeados por las autoridades y reconocidos por la propaganda y la prensa.

Ernst Schäfer recibió el “Totenkopfring”, una distinción personal de Heinrich Himmler, siendo promovido a la “Dirección del Instituto de Investigaciones para Asia Interior de la SS- Ahnenerbe” (“Forschungsstätte für Innerasien und Expeditionen im Ahnenerbe der SS”), mientras que Bruno Beger, incorporado a la estructura militar de la SS (Schutzstaffel, Escuadrón de Protección), desempeñó funciones como experto de razas asiáticas durante la Segunda Guerra Mundial.

Un pensamiento que también alentó este viaje fue el recuperar la vieja tradición espiritual emparentada con la práctica del Ocultismo Templario, que se decía aún pervivía en aquellas regiones del Asia Septentrional.

Quizás esta afirmación explicaría por qué los nazis recibieron un documento del “Consejo de Regencia Tibetano”, aceptando a Adolf Hitler como “Jefe de todos los Arios”, y por qué en algunas “Castas Altas de India” el Tercer Reich fue saludado, e inclinadas algunas cabezas ante la presencia de la “svástica”.

Coincidiendo con la salida de los alemanes, en mayo de 1939 alcanzó el Tíbet otra expedición secreta enviada por el Gobierno Imperial Japonés. El amplio material fotográfico sirvió para la realización del film “Geheimnis Tibet” de 1943.

Budista pero no demasiado

Aunque el Budismo prohíbe matar y toda forma de violencia, el Dalai Lama ha apoyado con entusiasmo la Guerra de la OTAN contra Yugoslavia (1999).

En abril de 1999 el Dalai Lama junto con Margaret Thatcher, el antiguo Embajador de Beijing, y el Presidente y Director de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) George H. W. Bush, demandaron al Gobierno Británico la liberación de Augusto Pinochet, ex dictador fascista de Chile.

El Dalai Lama también mantenía relaciones cercanas con Miguel Serrano, Jefe del Partido Socialista Nacional de Chile, un defensor de algo llamado “Hitlerismo Esotérico”.

Como el autor Michael Parenti observa en su trabajo, “Friendly Feudalism: The Tíbet Myth” (“Feudalismo Amistoso: El Mito Tibetano”): “durante los años ‘50 y ‘60, la CIA activamente respaldó la causa tibetana con armas, entrenamiento militar, dinero, apoyo aéreo y toda clase de ayuda”.

La “Sociedad Americana para una Asia Libre” (con base en EUA, una pantalla de la CIA) publicó la causa de la resistencia tibetana, con el hermano mayor del Dalai Lama, Thubtan Norbu, desempeñando un papel activo en el grupo.

El segundo hermano mayor del Dalai Lama, Gyalo Thondup, estableció una operación de inteligencia con la CIA en 1951, la cual fue actualizada luego como una unidad guerrillera entrenada por la CIA cuyos reclutas se lanzaron en paracaídas de regreso al Tíbet.

Según los documentos desclasificados de la inteligencia de los EUA publicados a fines de la década de 1990: “durante la mayor parte de los ‘60, la CIA proveyó al movimiento tibetano exiliado con u$s 1.7 millones al año para operaciones contra China, incluyendo un subsidio anual de u$s 180.000 para el Dalai Lama”.

Con la ayuda de la CIA el Dalai Lama huyó hasta Dharamsala, India, lugar donde ha vivido hasta la actualidad. Hoy en día sigue recibiendo millones de dólares en apoyo, no directamente de la CIA sino del NED, una organización de frente de la CIA fundada por el Congreso de EUA.

El NED ha sido decisivo en cada desestabilización de la “Revolución de Color” apoyada por EUA desde Serbia a Georgia a Ucrania a Myanmar. Sus fondos se usan para apoyar a los medios de oposición y campañas de relaciones públicas globales para popularizar los candidatos favoritos de la oposición.

Allen Weinstein -primer presidente del NED- comentó al Washington Post: “mucho de lo que nosotros (el NED) hacemos hoy fue hecho encubiertamente por la CIA hace 25 años”.

La “Organización de Independencia Pro-Dalai Lama” más destacada de hoy en día es la “Campaña Internacional para el Tíbet” (“ICT”, siglas en inglés), fundada en Washington en 1988.

Desde 1994 el “ICT” ha estado recibiendo fondos del “NED”. En el 2005 el “ICT” otorgó su Premio Anual “Light of Truth” a Carl Gershman, fundador del “NED”. Otros ganadores del premio de la “ICT” han incluido a la “Fundación Alemana Friedrich Naumann” y al Líder Checo Vaclav Havel. La junta directiva de la “ICT” está compuesta por antiguos oficiales del Departamento de Estado de EUA, incluyendo a Gare Smith y Julia Taft.

Entre los proyectos relacionados, el “NED” apoya al periódico “Tibet Times” (el cual sale de la base de exilio del Dalai Lama en Dharamsala, India) y financia el “Centro de Multimedia Tíbet” (que aborda la lucha de “la democracia” en el Tíbet), y el “Centro Tibetano para los Derechos Humanos y Democracia”.

Tibet antes de China

Antes de la llegada de los chinos, la población tibetana se dividía en 9 clases. Los siervos y las mujeres pertenecían a las clases más bajas y eran considerados animales parlantes. Existía mayor desigualdad que en la sociedad europea en la Edad Media y se conocía la rueda, pero estaba prohibida por la religión lamaísta a pesar de que los chinos inventaron la carretilla en el s I aC. (que sólo se utilizó en Europa a partir del s. XIII).

La Teocracia Tibetana prohibió el uso de la rueda porque es uno de los símbolos budistas, la Rueda del Dharma. Había 6.000 monasterios, que eran los centros de poder y de la cultura. Las órdenes monacales constituían latifundios feudales y contaban con enormes palacios, algunos de más de 1000 salas y 14 pisos. El 70% de las tierras pertenecía a los monasterios y el resto a la nobleza (lamas de rango superior). Sólo 626 personas poseían el 93 % de la tierra, la riqueza nacional, y el 70 % de los yaks.

En contraste la gran mayoría de los monjes venían de los siervos campesinos pobres. Estos muchas veces eran robados a sus familias y los monasterios se convertían para ellos en cárceles que no podían abandonar, y donde además de trabajar para los lamas ricos tenían que soportar toda clase de maltratos y torturas, incluyendo los calabozos monacales y violaciones pederastas.

El monje Tashì-Tsering narró que era práctica común en los monasterios que los niños campesinos sufrieran abusos sexuales, y que él mismo fue víctima de repetidas violaciones cuando niño al poco tiempo de ser llevado al monasterio a los 9 años.

La clase alta la formaban cerca del 2% de la población y el 3% eran sus agentes: capataces, administradores de sus fincas y comandantes de sus ejércitos privados. El 80% eran siervos, el 5 % esclavos y el 10 % eran monjes pobres que trabajaban como peones. Los siervos trabajaban durante 16 o 18 horas al día y estaban obligados a entregar a los dueños el 70 % de la cosecha. Pagaban impuestos por casarse, por el nacimiento de cada hijo, por cada muerte en la familia, por plantar un nuevo árbol, por mantener animales domésticos o de corral, por poseer una maceta con flores, por colocar un cencerro sobre un animal, por cantar, bailar, tocar el tambor y la campana, por ir a prisión y por su liberación.

Incluso los mendigos pagaban impuestos. Los que no podían encontrar trabajo pagaban impuestos por no tenerlo, y si viajaban a otra aldea en busca de trabajo, pagaban un impuesto por derecho de tránsito. Cuando la gente no podía pagar, los monasterios le prestaban el dinero con un interés de entre un 20 y un 50%.

Las deudas eran hereditarias. Los deudores que no podían pagar sus compromisos podían ser esclavizados durante todo el tiempo exigido por el monasterio, algunas veces por el resto de sus vidas.

Ni los siervos ni los esclavos recibían educación ni atención sanitaria. La mortalidad infantil era en 1950 del 43% y la esperanza de vida era de 35 años. La viruela afectaba a una tercera parte de la población y en 1925 exterminó a 7000 habitantes de Lhasa. La lepra, la tuberculosis, el bocio, el tétanos, la ceguera, las enfermedades venéreas y las úlceras causaban gran mortalidad.

Las postura oficial de los monjes se oponía al uso de antibióticos. Les decían a los siervos que las enfermedades y la muerte se debían a los pecados y que la única manera de prevenir las enfermedades era rezar y pagar dinero a los monjes.

Habían muy pocas escuelas y no existían ni la electricidad, ni las carreteras. El analfabetismo era del 95%. Desde su nacimiento, los siervos pertenecían a un propietario. Su existencia, su muerte y su matrimonio dependían de la voluntad de su propietario. Podían ser vendidos, comprados, transferidos, propuestos como dote, ofrecidos a título de gracia por otros propietarios de siervos, utilizados para apurar deudas o intercambiados por otros siervos.

Frecuentemente, eran insultados y abatidos o debían afrontar incluso castigos de una destacada violencia: por ejemplo, se les arrancaban los ojos, se les cortaba la lengua o las orejas, las manos o los pies, se les arrancaban los tendones, eran ahogados o echados al vacío desde la cima de un acantilado.

Los siervos no podían usar los mismos asientos, palabras ni utensilios que los dueños. Eran castigados con latigazos si tocaban alguna cosa del propietario.

No podían casarse ni salir de una finca sin permiso del amo. Siervos y mujeres eran considerados animales parlantes que no tenían derecho a mirar a la cara a los amos.

En la Capital del Tibet (Lhasa) era legal comprar y vender niños.

Como las enseñanzas budistas prohíben quitar la vida humana, los monjes solucionaron este pequeño inconveniente torturando a los que infringían su ley, y luego “dejándolos a la merced de Dios” en la noche helada para que murieran.

Heinrich Harrer cuenta lo siguiente: “Se me refirió el ejemplo de un hombre que había robado una lámpara dorada en un templo de Kyirong… Se le cortaron las manos en público y su cuerpo mutilado, pero aún vivo fue envuelto en una piel de de yak mojada. Cuando dejo de sangrar se le tiró por un precipicio”.

La situación de la mujer era peor. La palabra “mujer” (“kimen” en tibetano) significa “nacido inferior”. Los lamas les impedían levantar los ojos más allá de la rodilla de un hombre, y le imponían el voto de silencio y lealtad por vida. A las adúlteras se les cortaba la nariz. Era común quemar a las mujeres por ser “brujas”, a menudo porque practicaban los rituales de la religión bon (antigua religión que las tribus tibetanas practicaban antes de que llegara el Lamaísmo).

Peor aún si cabe era el caso de los esclavos domésticos. Sus descendientes nacían como esclavos y seguían siéndolo toda la vida.

Heinrich Harrer describe una escena dantesca tras una procesión religiosa: “Los monjes desconfían de cualquier cosa que pueda poner en peligro su dominación… cualquiera que ponga en cuestión su poder es castigado”. “Los monjes descargaron a ciegas sus bastones sobre la muchedumbre… vertieron recipientes de pez hirviente sobre la gente que aullaba de dolor; aquí uno con la cara quemada, allí otro gimiendo molido a golpes”. “Los castigos pueden caer sobre la familia del responsable de un delito incluso bastante leve, véase imaginario”.

También en delitos menores como el juego “los monjes son inexorables… más de una vez ha sucedido que alguien muriese tras la flagelación de rigor, la pena habitual”. “Había esposas de todos los tamaños, incluyendo pequeñas para niños, e instrumentos para cortar narices y orejas, y quebrar manos. Para arrancar los ojos, había un gorro especial con dos agujeros que era presionado sobre la cabeza de manera que los ojos aparecían a través de los agujeros y podían ser arrancados con más facilidad. Había instrumentos para cortar las rótulas de las rodillas y los talones, o para cortar los tendones de las piernas. Había hierros de marcar, látigos, e implementos especiales para destripar”.

Para delitos mayores, como a los responsables de las frecuentes revoluciones militares y guerras civiles que caracterizaban la historia del Tíbet antes de la reanexión en 1947 “se les reventaban los ojos con una espada”. Algunos monasterios tenían sus propias prisiones privadas.

Fuentes:

https://arainfo.org/el-dalai-lama-el-nazismo-y-la-cia/