¿Por qué reaparece en España la figura aterradora de «el anticristo»?

M. RELTI

Un breve repaso histórico por la utilización eclesiástica de la figura de «El Anticristo»

Repentinamente, y de forma tan inesperada como se ha presentado el coronavirus, la derecha histórica española ha empezado a recordarnos la existencia vigilante de «El Anticristo», un personaje bíblico y terrorífico que la Iglesia Católica ha utilizado con una habilidad realmente diabólica… ¿A qué obedece la reaparición de este fenómeno, en plena segunda década del siglo XXI? , se pregunta Máximo Relti, autor de este artículo.

Una buena parte de mi infancia estuvo dramáticamente influida por la figura invisible y misteriosa de «El Anticristo», un enigmático personaje bíblico, acerca de la cual los curas del colegio donde estudiaba nos arengaban de manera inmisericorde en los sermones dominicales o en clases de religión. El Anticristo era un personaje terrible, del no conocíamos su rostro y solo sabíamos que pretendía hacerle daño a la Humanidad y acabar con la Iglesia Católica y sus ministros.

Posiblemente como consecuencia de nuestro propio proceso de descreimiento religioso, así como de las décadas transcurridas desde entonces, el recuerdo de aquel críptico y tenebroso personaje, surgido de los libros sagrados, fue desvaneciéndose poco a poco del catálogo de nuestros recuerdos infantiles.

LA INUSITADA REAPARICIÓN DE «EL ANTICRISTO»

Ha sido justamente en el curso de este fatídico «año del coronavirus» cuando, nuevamente, su recuerdo ha vuelto a resurgir a través de noticias, proclamas, discursos y anécdotas diversas. Es cierto que estas alturas su mención ya no tiene aquel el eco aterrador con el que sacudía a nuestros tímpanos en la década de los 50 del pasado siglo. Durante aquellos años, su sola mención era suficiente para que los niños de entonces nos pusiéramos en posición de «cuerpo a tierra», temerosos de los efectos devastadores de su acciones. No era para menos. El poder telúrico del que disponía «El Anticristo» tenía tal envergadura que lograba congelarnos hasta los mismísimos tuétanos.

Según lo describían los padres de la Iglesia, «El Anticristo» podía ser cualquiera. Era el propio Belcebú el que se encargaba de «reencarnarse» en la persona que estimara más adecuada y conveniente. Recordamos como si fuera hoy, que el cura encargado de nuestro adoctrinamiento religioso nos explicaba, en una de sus pláticas, que «El Anticristo» podía materializarse en el personaje más inesperado. Incluso en la misma persona del Papa. Aquella posibilidad, que entonces nos pareció hasta irreverente, nos dejaba sin escapatoria, desguarnecidos frente a la nada, ya que si el Papa podía resultar ser también «El Anticristo», ¿quién nos iba facilitar un refugio?

LA UTILIZACIÓN DE «EL ANTICRISTO» COMO INSTRUMENTO POLÍTICO DE LOS INTERESES DE LA IGLESIA

La Historia de la Iglesia Católica pone de manifiesto que esta institución religiosa se ha servido de la figura de este diabólico personaje para endilgarle su «reencarnación» a quien más conviniera, según el momento de que se tratara.

En la Edad Media, por ejemplo, la jerarquía eclesiástica le atribuyó a Mahoma, el fundador del Islam, el papel de «El Anticristo». Con ello, no sólo reforzaba el miedo de los creyentes hacía todo lo que oliera a musulmán, sino que también lograba desatar la furia bélica en contra de los sarracenos que ocupaban la Tierra Santa donde habia nacido y vivido Cristo.

Algunos siglos después, ya en la Edad Moderna, fue Martín Lutero el que tuvo que comerse el marrón bíblico de «El Anticristo». Al atribuirle al fundador de esa corriente protestante centroeuropea la categoría de «Maligno», se intentaba conseguir, además de la propagación del miedo entre sus afines, la justificación de la guerra en contra de la Reforma protestante, a la que Roma se oponía con fiereza, así como la propia Corona española.

«EL ANTICRISTO» DURANTE LAS REVOLUCIONES FRANCESA Y BOLCHEVIQUE
Durante la Revolución Francesa, las aviesas habilidades de «El Maligno» recayeron duramente contra los enciclopedistas franceses y sus seguidores revolucionarios, que terminarían acabando no solo con el derecho divino de las Monarquías europeas, sino también con el inmenso poder ejercido por Roma y el aparato burocrático de la Iglesia Católica.

No obstante, el momento apoteósico en el que «El Anticristo» estuvo mejor personificado por la Iglesia fue durante la Revolución bolchevique y en las décadas posteriores. Posiblemente fue José Stalin, con sus grandes bigotes retorcidos y sus rasgados y profundos ojos georgianos, el personaje histórico que de acuerdo con la santurrona estética católica, encajó mejor la imagen de «El Anticristo». Los comunistas empezaron oler desde entonces intensamente a azufre, se comían a los niños crudos, eran partidarios del «amor libre», no se sabe por qué, afectos a la pobreza y a la miseria y, por si fuera poco, se dedicarian a quemar conventos, freír frailes a la parrilla y acabar con la impoluta virginidad de las monjas. Armados con estos tópicos simples, llamativamente vulgares, pero altamente efectivos, no fueron pocos los que, creyéndoselos, se enrolaron en 1936 en una «Cruzada religiosa purificadora» en España, que acabó en la mayor contienda civil en la historia europea que se saldó con la friolera de 1 millón de muertos.

«EL ANTICRISTO» EN EL FRANQUISMO
La leyenda de «El Anticristo» caló muy hondamente en las sociedades occidentales, en especial en las más atrasadas culturalmente. Según contaba hace unos años el ya desaparecido periodista español Haro Teglen, Arias Salgado, Ministro franquista de Información durante la década de los 50 del siglo pasado, le contó personalmente que Stalin se enclaustrada de vez en cuando, en una cueva de Azerbaiyán, para mantener allí conversaciones secretas con «El Anticristo», con la finalidad de que éste le transmitiera las tácticas que debían seguir los comunistas del mundo. Resulta difícil saber cómo el ministro logró hacerse con un secreto de tal envergadura, que incluso la propia Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) desconocía. Quizá se debiera, – calculamos -, al hecho mismo del cargo que desempeñaba: nada menos que Ministro de Información de la dictadura de Franco.

Cabría pensar que el cuento de la «cueva de Azerbaiyán» podría haber sido un simple efecto del aislamiento autárquico que vivía la España de entonces. O, quizá, deberse a la todopoderosa influencia que el llamado nacionalcatolicismo ejercía sobre el conjunto de una sociedad como la española, que sólo avanzada la década de los 60 pudo conectar con el exterior y empezar a levantar cabeza.

LA PERSISTENCIA DE «EL ANTICRISTO» EN LA ESPAÑA DE NUESTROS DÍAS

Eso era al menos lo que creíamos hasta hace unas pocas fechas. Pero no. Hace un par de semanas nos tropezamos de bruces con unas declaraciones formuladas en YouTube por el ex Ministro del Interior del gobierno de Rajoy, Fernández Díaz. Aunque el ex titular ministerial no citaba directamente al «Anticristo», en su descripción mística, podía deducirse que éste se encontraba sutilmente agazapado las teológicas reflexiones de Fernandez. Dijo el ex ministro en su video confidencial que reproducimos esta misma pagina, que en una ocasión, hablando con el Papa Benedicto XVI, este le contó lo que sigue:

«Mire, el diablo quiere destruir a España«, le dijo el Papa al ministro. «Y el Papa me hizo una sumaría tesis de la ideología de la Historia. Me dijo …»el diablo», no me dijo el espíritu del mal, o el diábolo. El diablo sabe los servicios prestados por España a la Iglesia de Cristo. Conoce la misión de España, la evangelización de América, por ejemplo. O el papel de España en la Contrarreforma, en la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado… Todo esto me lo fue diciendo literalmente… El diablo ataca más a los mejores, y por eso ataca especialmente a España, y la que destruir».

No dudamos ni por un instante que la referencia de ex Ministro del Interior Fernández Díaz, en relación con lo que le contó el Papa Benedicto XVI, corresponda con exactitud a lo que le expresó el Papa emérito. Y pensamos así porque el Papa Ratzinger fue miembro activo y militante durante su adolescencia de las Juventudes Hitlerianas, y por el hecho de que su historial biográfico y la ideología que profesa (ver artículo) encajan perfectamente en la «proclama» que se sirvió transmitirle al ex ministro español Fernández Díaz.

Que la figura de «El Anticristo» persevera resistente en la mentalidad de no pocos integrantes de lo más destacado de derecha histórica española, vino a confirmarlo, también, un ilustrativo discurso pronunciado por el Rector magnífico de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza, (ver vídeo). En su discurso ante el claustro de su peculiar Universidad, el Rector Mendoza aseguró que:

«El coronavirus, es fruto de las fuerzas oscuras del mal, del Anticristo y quienes le sirven… Bill Gates, Soros y los planes para controlarnos con un chip… Esclavos y servidores de Satanás«.

¿A qué motivos puede obedecer que en la segunda década del siglo XXI, reaparezca nuevamente el espantajo del «Anticristo»? ¿Se trata tan sólo de elementos residuales del nacional catolicismo que están aprovechando puntuallmente la emergencia de la derecha ultramontana de VOX? ¿ O es, por el contrario, un movimiento más universal, que está respondiendo a las necesidades de una reconfiguración del sistema capitalista mundial? Un tema interesante para la reflexión. Trataremos en próximos artículos dar una respuesta a estos interrogantes.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/27947/por-que-reaparece-en-espana-la-figura-aterradora-de-el-anticristo