Transfugismos varios: ser o no ser, esa es la cuestión

Teresa Galeote Dalama

«La propia racionalidad del ser humano está en peligro con el pensamiento posmoderno»

“Qué tiempos serán los que vivimos que hay que defender lo obvio”.

Bertolt Brecht

El trásfuga político cambia de grupo, pero no renuncia al cargo ni al sueldo. La actitud del tránsfuga altera el equilibrio de fuerzas del grupo político con el que había presentado a las elecciones, a la vez que fortalece al grupo donde se incorpora.

Sí, los trasfuguismos son diversos, porque ahora se ha puesto de moda una fuga que va más lejos de transitar de un espacio político a otro: la fuga de un cuerpo a otro sin medir las consecuencias que conlleva dicha práctica. Por supuesto, hay que respetar la libertad madurada de la persona que necesita transitar de hombre a mujer o viceversa cuando su cuerpo le produzca disforia, cuando ésta sea obstáculo para vivir la vida que se quiere vivir: la ley del 15 de marzo de 2007, da cobijo a dicha necesidad, aunque apenas se hable de ella.

«Como si fuese un producto más de consumo, existe un trasfuguismo inducido por el mercado y apoyado por algunos gobiernos»

Pero lo que se pretende es algo bien distinto de lo expuesto en líneas anteriores. Como si fuese un producto más de consumo, existe un trasfuguismo inducido por el mercado y apoyado por algunos gobiernos. Quieren convertir al ser humano en un producto mágico e inmaterial y para conseguirlo cuentan con un gran aparato de propaganda que facilita el tránsito: eslóganes de todo tipo, actores y actrices de diverso pelaje que hacen papeles de conversos convencidos, que además calumnian e insultan a quienes discrepan de la pretendida barbaridad que se intenta cometer.

¡Ah!, los hilos de la publicidad, el manejo del inconsciente colectivo para dirigir mensajes es inmenso. Edward Bernays, publicista estadounidense y sobrino de Sigmund Freud, lo expuso en su libro, Propaganda: cómo manipular la opinión en democracia. Bernays comprendió la importancia de alimentar los deseos; lo que no dijo es cómo gestionar la frustración cuando no se consigue la felicidad que se anuncia. Aplicando su teoría se logró que la industria del tabaco tuviese grandes beneficios, ya que se consiguió que gran número de mujeres fumasen; otro logro de la publicidad fue que los huevos con beicon se convirtieran en el desayuno preferido de millones de estadounidenses.

Pues sí, el trasfuguismo se ha convertido en el pan de nuestros días porque los que mueven los hilos de la sociedad de consumo han encontrado un nuevo y apetitoso nicho de ganancias, pese a quien pese y caiga quien caiga. Medicamentos de largo recorrido, cuando no de por vida, que causan daños colaterales, inyecciones de hormonas, clínicas de quita y pon. Todo un entramado de intereses económicos y políticos se han puesto en marcha para dar cobertura a un consumo creado para deleite de quienes sacan beneficios.

«Por supuesto, hay que respetar la libertad madurada de la persona que necesita transitar de hombre a mujer o viceversa cuando su cuerpo le produzca disforia, pero lo que se pretende es algo bien distinto»

Ha pasado un tiempo desde que el novelista, Aldous Huxley, escribió su novela distópica Un mundo feliz y, ahora, pretendiendo una nueva y engañosa felicidad, quieren meter al ser humano desde su más tierna infancia en una dinámica perversa. La confusión reinante ya tiene partitura y está orquestada por el poder económico, que cuenta con la potente industria de la publicidad y la suficiente complicidad política para lograrlo. Todo confluye para crear nuevas necesidades, aunque las necesidades vitales de millones de personas están al descubierto.

Y qué decir de la infancia, expuesta a multitud de peligros: hambrunas, epidemias, secuestros, prostitución, robo de órganos; y ahora se pretende una nueva modalidad de violencia. Cuando en España, al igual que en numerosos países, se ha establecido para la mayoría de edad los 18 años, se pretende que niñas o niños puedan cambiar de sexo con tan solo expresar su deseo. Más que un disparate es una barbaridad, pero ahí está esperando la industria del nuevo consumo, aunque se salte La Declaración de los Derechos de la Infancia de 1989, la cual ordena la protección del menor.

Hay que aclarar que la palabra género es algo abstracto e inmaterial a la que la “Ley de diversidad-difusa” pretende dar cobertura jurídica, a través del Ministerio que preside la señora Montero. El género es la entelequia que el patriarcado creó para establecer el rol que hombres y mujeres debían cumplir en sociedad, que la teoría Queer aclamó en El género en disputa, desde los años 90 del pasado siglo. Dicha teoría contribuyó a difundir el ultra-individualismo del neoliberalismo, negando la realidad biológica de la especie humana. Pues bien; la pretendida, “Autodeterminación de género” quiere dar cobertura jurídica a los deseos permitiendo que el carnet de identidad pueda cambiarse a gusto del consumidor: las consecuencias de tal disparate ya se están dando en otros países que aprobaron dicha ley. Decir que en Argentina ya es legal la autodeterminación de género, pero está prohibido el aborto a las mujeres, muestra el disloque de un sistema político y económico que ha perdido el norte.

«Cuentan con un gran aparato de propaganda que facilita el tránsito: eslóganes de todo tipo, actores y actrices de diverso pelaje que hacen papeles de conversos convencidos»

“Qué tiempos serán los que vivimos que hay que defender lo obvio”, dijo Bertolt Brecht hace algún tiempo. Sabemos que el planeta Tierra está habitado por especies de todo tipo sujetas a la biología Macho-Hembra. Así nos reproducimos la especie humana en mitad hombres y mitad mujeres para mantener el equilibrio de la especie. Dicha división es una realidad material, no una construcción social ni un sentimiento, aunque el discurso posmoderno difunda que el sexo sentido es el real y no el que la biología otorga al embrión, ya en el útero de la Madre gestante, (otra realidad que quieren negar introduciendo en la ley “progenitor gestante, progenitor no gestante”).

“Ser o no ser, esa es la cuestión” es la primera frase del soliloquio del personaje Hamlet de la obra de teatro del mismo nombre, príncipe de Dinamarca, escrita por William Shakespeare. La conocida frase representa la pregunta esencial de la experiencia humana, la contradicción que se produce entre el deseo y la realidad.

Sin duda, el único genero que puede atribuirse al ser humano es el “género Tonto”. Ya estaba en uso hace tiempo, pero la extensión y profundidad de la estulticia está desbordando todo pronóstico. El materialismo histórico y la racionalidad del ser humano están en peligro con el pensamiento posmoderno, el cual contiene un fuerte ingrediente de relativismo moral y político.

(*) Teresa Galeote es escritora y articulista.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/28183/transfugismos-varios-ser-o-no-ser-esa-es-la-cuestion-video