La obsolescencia programada en el capitalismo

Vicente Roig

Por todos es conocido el fenómeno de la obsolescencia programada, o como dicen las grandes empresas “el ciclo de vida limitado de un producto”. Su existencia está ampliamente reconocida por cualquier economista burgués y se difunde en los medios de comunicación sin ningún tapujo.

Los fabricantes diseñan sus productos buscando de antemano una vida útil corta para que tengas que volver a recurrir al mercado y por lo tanto, al comprar de manera más frecuente, aumenten sus ingresos.

En otras palabras diseñan las cosas para que se rompan antes para multiplicar sus beneficios y tal barbaridad es justificada de diversas maneras. Al fin y al cabo “el capitalismo no es el paraíso en la tierra pero es eficiente, el mejor de los sistemas posibles”.

La obsolescencia programada podemos encontrarla en prácticamente cualquier mercancía. Los dispositivos tecnológicos como impresoras, donde al alcanzar un determinado número de copias se estropea algún componente, teléfonos móviles y portátiles donde al alcanzar un determinado tiempo el software queda totalmente desfasado o no puedes instalar aplicaciones nuevas, videoconsolas que dejan de sacar videojuegos para la generación antigua y sin capacidad de actualizarla, una nevera, lavadora, etc. Así con absolutamente la mayoría de los productos cuya fecha de caducidad esta predeterminada por un ingeniero a cargo de una gran empresa.

Esto quiere decir que no se produce utilizando al máximo las posibilidades tecnológicas y científicas que están al alcance de la sociedad, sino que se produce por debajo de nuestra capacidad para aumentar los beneficios de las grandes empresas. Los científicos a día de hoy en lugar de investigar como hacer que las bombillas duren más, que los motores consuman menos o que los tejidos sean más resistentes, se dedican a lo contrario.

Por supuesto que no tiene ningún sentido para las clases populares, la mayoría de la sociedad no entiende que compremos una lavadora a crédito y que sin haberla acabado de pagar, ya se haya estropeado. Vale que nuestra consola se quede desfasada y nuestro móvil obsoleto. Ahora bien ¿Qué pasa cuando esta misma política es la que guía a los capitalistas de las farmacéuticas? La consecuencia es que las clases populares en los países dependientes de África, Asia y América Latina, y cada vez más en occidente, se mueran a millones por enfermedades perfectamente curables. Es la dinámica de las farmacéuticas en occidente con el VIH o la diabetes donde prefieren investigar tratamientos médicos, que no curas definitivas a las enfermedades, y si la encuentran, ocultarla para no renunciar a los beneficios que les reportan los tratamientos médicos.

Los economistas burgueses ante estas evidencias recurren a normalizarlo en el mejor de los casos “es necesario o las empresas caerían en la quiebra”, ”¿A cuántos obreros les costaría su puesto de trabajo?”, “así es nuestra sociedad de consumo que no se estanca y progresa” en el peor de los casos responsabilizarán al consumidor “¿Cómo si no las empresas podrían ofrecer productos cada año a mejor?”, “el consumidor tiene una conducta de usar y tirar”.

Los economistas burgueses hablan de esta realidad como un mal necesario que surgió en los años 20 en EEUU y que fue condición necesaria para la producción en serie y la sociedad de consumo. Para estos sabihondos economistas para que la sociedad avance y la economía (de su bolsillo y el de sus amigos) crezca es necesario producir de manera ininterrumpida y consumir al mismo ritmo también. La obsolescencia aparece aquí como una necesidad por la vertiginosa producción de las máquinas que producen a un ritmo tan veloz que el consumo debe de ir a la par.

Es entonces cuando las mercancías se abaratan y la población “que consume por encima de sus necesidades se endeuda” y compra por “diversión”. Este argumentario se repite hasta la saciedad porque justifica por una parte que el capitalista produzca productos diseñado para romperse con la finalidad de enriquecerse aún más  y por otra parte responsabilizar a la clase trabajadora del empobrecimiento al que le aboca el empresario.

De esta manera totalmente absurda y patética pretenden hacer creer que es natural, normal y no podría ser de otra manera si no queremos vivir en un mundo de destrucción, ruina y paro masivo pero no consiguen camuflar lo que no es otra cosa que el parasitismo del capitalismo en su fase de descomposición que no avanza, sino que frena las fuerzas productivas. Las experiencias socialistas como Albania y la URSS han demostrado todo lo contrario que sin obsolescencia programada en un sistema socialista no solo no hay un paro masivo sino que no existe.

La teoría de que sin la obsolescencia programada no avanzaría la técnica porque la gente viviría con las mismas cosas durante décadas es absurda. Lo que retrasa la técnica es, por muy reduntante que sea, producir por debajo de las posibilidades técnicas

De igual manera es totalmente absurdo, también cuando se habla de estos temas, la teoría del decrecimiento que se impulsa desde los ámbitos académicos de carácter pseudoprogesistas.  Se hace hincapié especialmente en el aspecto de la sostenibilidad, lo cual es cierto porque el capitalismo es insostenible.

Nos podrá indignar de una manera u otra ver como los países bajo la dominación neocolonial de los imperialistas en África se llenan de residuos como electrodomésticos y otros productos de occidente totalmente prescindibles, pero la obsolescencia programada no implica simplemente que el capitalismo es contaminante e ineficaz, sino que es totalmente superable y que el modo de producción socialista, la economía planificada esta llamado a barrerlo de manera inexorable.

La obsolescencia programada es una consecuencia más del imperialismo, del capitalismo llegado a su última fase. Una evidencia científica más de como las relaciones sociales de producción capitalistas limitan las fuerzas productivas y el desarrollo económico del conjunto de la sociedad.  La obsolescencia programada no sucedía durante el capitalismo premonopolista o en otros modos de producción anteriores con producción mercantil. El artesano feudal no producía las cosas para que se rompieran sino con la máxima calidad posible a su alcance. Así como tampoco sucederá en el socialismo donde el motor y estímulo de la producción no es la obtención de la máxima ganancia para un capitalista sino asegurar cada vez más y en un nivel superior satisfacer las necesidades materiales y culturales del pueblo trabajador.

Fuentes:

La obsolescencia programada en el capitalismo.