El imperialismo ‘woke’: masacrando con diversidad e inclusividad

Tita Barahona

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El ‘wokismo’, postura que han adoptado las elites de poder pretendidamente progresistas a nivel mundial, es un arma de manipulación masiva cuyo objetivo es lavar la cara a la podredumbre capitalista e imperialista, de modo que los ingenuos e incautos crean ver en ella el paradigma de la igualdad y el respeto a los derechos humanos.

El imperialismo woke sería -si tomamos la fórmula de Lenin– la fase superior del capitalismo woke, del que dimos algunas pinceladas el pasado mes de diciembre en este medio: ese intento de las clases dirigentes y la industria cultural (Hollywood, la Academia, Silicon Velley, grandes corporaciones…), por mostrar lo comprometidos que están con la lucha contra el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia… y ocultar con ello la lucha de clases.

El «wokismo» se ha convertido en una especie de religión entre la progresía mundial, con su lista de pecados mortales. Uno muy grave es hablar de clases o de la unidad de la clase trabajadora. Y tiene castigo. Lo supo en mayo del año pasado un profesor emérito estadounidense, negro y marxista, cuya charla en Zoom fue interrumpida porque osó sostener que la desigualdad económica, la brutalidad policial y el encarcelamiento masivo afectan también a los pobres blancos -hecho que se comprueba con acudir a las estadísticas.

Más recientemente, el periodista estadounidense, residente en México, Alex Rubinstein, nos ha puesto al día de cómo en Estados Unidos -centro difusor del «wokismo» junto al Reino Unidoel catálogo woke se ha ampliado considerablemente con la nueva administración Biden, esa que ha sido tan celebrada en España y otros lugares por el trampantojo de izquierda que pisa las moquetas de los parlamentos.

El imperialismo woke sería la derivación del concepto de “intervención humanitaria” que puso en boga la OTAN, durante el mandato de Obama, para denominar sus acciones criminales en Yugoslavia y otras partes del mundo.

Las palabras mágicas de la tribu woke son “diversidad” e “inclusividad” -y algunas asociadas como “transversalidad”. Hace bien poco que la OTAN ponía en Twitter un vídeo con el lema “la diversidad es nuestra fuerza”. Si por diversidad se refiriera la Organización a la variedad de países que ha bombardeado y destrozado, sin duda, la frase sería acertada.

Sin embargo, lo que la OTAN quiere significar y mostrar con el dicho lema es que forman una familia grande y feliz, compuesta de blancos, negros, mujeres, hombres, con moño, sin moño, de diversas nacionalidades y “from every walk of life” -eufemismo equivalente a algo así como “de toda condición social”-, que nos invita a “abrazar sus diferencias”.

El eslogan “la diversidad es nuestra fuerza” es copia literal del usado por Joe Biden y Kamala Harris durante su campaña electoral, que también ha sido adoptado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA); aunque quien parece hacer más uso de él es el nuevo Secretario de Estado, Anthony Blinken. Estas han sido algunas de sus palabras:

La diversidad y la inclusión nos hace más fuertes, más listos, más creativos y más innovadores. Y nuestra diversidad nos da una significativa ventaja competitiva en el escenario mundial (…) La diversidad hace más fuerte a cualquier organización -y para el Departamento de Estado es su misión crítica (…) Hemos invertido en diversidad e inclusión para tener una fuerza laboral diplomática que refleje la diversidad de nuestro país”.

Blinken está tan enamorado del término “diversidad”, que ha creado un cargo especial en su departamento llamado “Oficial Jefe de Diversidad e Inclusión”.

El portavoz del Pentágono, John Kirby ha escrito un artículo que comienza con la siguiente frase: “El ejército de Estados Unidos es el más grande que el mundo nunca ha visto precisamente por su diversidad”.

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Más adelante señala que el actual Secretario de Defensa, Lloyd Austin, hombre negro cuyo nombramiento celebró la prensa corporativa por haber roto el “techo de mando”, había dicho que la “experiencia vivida” de una fuerza de combate diversa es un factor que pesa en “nuestra toma de decisiones”. Quizás sea por eso que Austin ha recibido con alegría la decisión de alargar la misión de la OTAN en Irak, ampliando el número de efectivos de los 500 a los “4.000 o 5.000”, según Reuters. Los iraquíes seguirán ocupados militarmente, pero esta vez con el “abrazo de la diferencia”.

La misma CIA, por boca de su «directora para el talento», Sheronda Dorsey, está decidida a “aumentar la diversidad racial, cultural, de discapacidad, orientación sexual y de género, de modo que su fuerza laboral refleje realmente a América”.

Según el Wall Street Journal, que reproduce la cita de Dorsey: “Hoy el ‘lifting’ facial de la CIA coincide con una nueva administración presidencial. John Brennan, cuya dirección terminó en 2017, dice que la administración Biden ha enviado ‘una muy contundente señal sobre la diversidad’ con sus nombramientos para la Inteligencia, incluyendo a la primera mujer que dirige la Inteligencia Nacional, Avril Haines”.

Y en esta caravana identitario-diversa, no podía faltar una transexual (o «transgénero»). Por eso, para la Secretaría de Salud, Biden ha propuesto a Rachel Levine, pediatra que ha servido en el Departamento de Salud del Estado de Pensilvania desde 2017, cuyo historial -como el de todos los aquí nombrados- contiene algunos puntos negros que dejamos para otra ocasión.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha creado también una “oficina de diversidad” en dicha Cámara. Hace años ayudó a la CIA, precisamente bajo el mando de Brennan y Haines, a tapar las torturas infligidas a los detenidos en las cárceles secretas, por no hablar de lo entusiasmada que se mostró por la invasión de Irak.

En la fiesta de las diversidades y la inclusividad participan también -como no podía ser menos- los satélites financieros de EE.UU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el «Día Internacional de la Mujer», esta última institución, que practica la coacción económica como arma de guerra no convencional, organizó un debate con la Secretaria del Tesoro de Biden, Janet Yellen, titulado “The Age of Womenomics” (que vendría a ser «La Era de la Mujereconomía»).

En este evento, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, se congratuló de la cantidad nunca vista de mujeres en puestos clave financieros, citando, aparte de a la propia Yellen, a Chrystia Freeland en Canada; su predecesora, Christine Lagarde, ahora en el Banco Central Europeo; Ngozi Okonjo-Iweala en la Organización de Comercio Mundial; y Odile Renaud-Basso en el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.

Es decir, nos seguirán crujiendo; pero, oiga, ya no será todo señores grises quienes lo hagan, sino que habrá también coloridas señoras en el catálogo opresor.

En Siria, donde EE.UU, la UE, los Estados del Golfo y Turquía llevan 10 años haciendo la guerra a través de “rebeldes moderados” tipo al-Qaeda, también surgió un campeón de las políticas identitarias: la “Revolución de mujeres de Rojava” (las llamadas Unidades de Protección del Pueblo [YPG] kurdas del noreste de Siria), que el medio Vice News calificó como “La Revolución más feminista que el mundo nunca haya conocido”. Sobre la verdadera naturaleza de esta «revolución» kurdo-siria ya tratamos en otro lugar.

Si estas fuerzas kurdas, apoyadas primero por Obama, siguieron obteniendo el respaldo de Trump -por la cosa de “proteger el petróleo”, es decir: robárselo al pueblo sirio-, ahora con Biden las “feministas” y “anarquistas” fuerzas kurdas están volviendo a ser renovado objeto de atención y adoración mediática. Ya hay una nueva película en perspectiva titulada “Stefan Vs ISIS”, que el medio Deadline presenta como la “Historia de un milenial no-binario que se unió a los combatientes kurdos por la libertad”.

Para remarcar la broma macabra y clara afrenta que esto supone para los sirios y las sirias que se han dejado la vida combatiendo al ISIS, la productora de Hillary Clinton y su hija Chelsea está proyectando realizar una serie de TV sobre el mismo tema: “Las Hijas de Kobani: Una Historia de Rebelión, Valentía y Justicia”.

Para concluir: a partir de ahora las fuerzas de la OTAN, la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado de EE.UU, el FMI, las empresas multinacionales, las corporaciones mediáticas y otros brazos del imperialismo del centro capitalista, nos seguirán explotando, manipulando, oprimiendo y matando, pero esta vez con “diversidad” y bombas arcoiris.

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/30086/el-imperialismo-woke-masacrando-con-diversidad-e-inclusividad