Restauración del Capitalismo en la URSS

Martín Nicolaus

© Liberator Press

Chicago, 1975

[Este texto fue tomado de la versión preparada por el internet en www.marx2mao.com]


Traducción del inglés al español por: @__Agom__, @Intiawki_, Jota. @ratasrabiosas, @apollo1509 y dos usuarios anónimos.


Prefacio

Este estudio apareció primero como unas series de artículos en el semanal de Nueva York, The Guardian, bajo el título, “¿Es la Unión Soviética capitalista?” [“Is the Soviet Union Capitalist?”] La serie completa es reproducida aquí sin alteración aparte de un desglose más lógico en capítulos, como se ve abajo.

El estudio no intenta contestar cada pregunta importante sobre la URSS. La situación de las minorías nacionales, de las mujeres, el estado de la agricultura soviética, la política extranjera de la URSS, y varios otros temas son meramente tocados. La investigación se concentra en los elementos mínimos necesarios de la política económica y suficiente para contestar la pregunta hecha en el título original. ¿Qué clase tiene el poder estatal? ¿Cuáles son las relaciones básicas de producción? Estos son los temas en el que el trabajo está concentrado.

En aproximadamente la primera mitad del estudio (las partes 2-15) la aproximación es cronológica. Las batallas políticas mayores y los cambios económicos en la URSS desde 1917 son bosquejados aquí, con énfasis en el periodo de transición crucial de 1956-65. La segunda parte del estudio aplica un lente de aumento a las relaciones de producción posteriores a 1965, con una atención en especial a la fuerza de trabajo, los medios de producción, la financiación, la planificación y la división del producto social entre las diferentes clases sociales

La tesis general defendida en este trabajo va en contra de la opinión dominante – la opinión de las clases dominantes – tanto en EE. UU y en la URSS. En la última se hizo un crimen contra el Estado diseminar la opinión de que el capitalismo fue restaurado ahí. Los motivos que inclinan a la mayoría de los sovietólogos de EE. UU y otros occidentales a confabularse con la ficción del socialismo soviético es más sutil y diversa. El anti-comunismo, el oportunismo, la ignorancia y la metafísica, todos desempeñan un papel. La suma de los factores es que presentemente sirve los intereses de los círculos dominantes en ambos superpoderes para presentar la relación entre ellos como una entre sistemas sociales diferentes. Como muchas otras proposiciones en las que ambos superpoderes están de acuerdo, la teoría del socialismo soviético a día de hoy está basada en falsedades.

Esta mirada poco común defendida aquí está rivalizando con los círculos del “establecimiento”, no es sólo del autor de lejos. La tesis general de que una restauración capitalista tomó lugar en la URSS es hoy un punto común de acuerdo entre los Marxistas-Leninistas en decenas de países. Este estudio forma parte de la creciente literatura Marxista-Leninista internacional en el tema, una literatura que atestigua a la creciente vitalidad y unidad del movimiento

Mucha gente, al volverse familiarizada por primera vez con el punto de vista Marxista-Leninista, se refiere a la tesis de la restauración capitalista en la URSS como la “Mirada China” o la “Mirada Albanesa.” Esto es correcto en cierto modo, pero es básicamente una concepción equivocada.

Fueron el Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania quienes se levantaron primero, más firmemente, claramente y consistentemente en defensa del Marxismo-Leninismo contra la línea revisionista iniciada por Jruschov. También son ellos quienes hicieron el trabajo pionero en la tesis de la restauración capitalista de la Unión Soviética, liderando el camino para resolver los problemas teóricos más difíciles y formar datos de confianza. Todos los Marxistas-Leninistas reconocen sus contribuciones, pasadas y presentes.

Pero esto no significa que la tesis de la restauración del capitalismo surge principalmente de parte de la experiencia “nacional” China o de Albania, o que no se habría descubierto sin el Partido Chino y Albanés. La tesis está basada en la experiencia internacional – No menos importante la de los trabajadores soviéticos y las nacionalidades oprimidas – y tiene la validez objetiva independiente de sus primeros proponentes. Se ha vuelto, como fue mencionado, la propiedad común de los Marxistas-Leninistas en todo el mundo.

Los lectores también deberían estar conscientes de que no todos los que son etiquetados a menudo como “Maoístas” o “Pro-Chinos” sostienen la mirada de que hubo una restauración del capitalismo en la Unión Soviética. No es poco común encontrar en este período experimentos sobre llevar la chaqueta “China” a la vez que se camina el camino “Ruso”. La posición de los editores del periódico en el que este estudio apareció por primera vez es un caso en punto. Mientras rocían su escrito con las referencias ocasionales al “otro superpoder y el social-imperialismo soviético”, se hicieron cargo de que – en un prefacio encima de cada entrega de la serie de artículos se declarara que ellos no creían que la URSS se había vuelto un país capitalista. De este modo los editores hicieron un negocio enérgico por un tiempo cultivando una imagen prestigiosa “China” a la vez que actuaban como apologistas del social-imperialismo soviético en cada cuestión candente de los asuntos del mundo.

Todo este asunto obtiene una urgencia vital desde los nubarrones de la guerra mundial que se está formando en el horizonte ahora. En muchas partes del mundo, la pregunta sobre si la Unión Soviética es un gran país socialista o si es un superpoder imperialista como EE.UU. Se volvió una cuestión punzante. Uno sólo debe pensar en Angola o traer casos como Checoslovaquia, Bangladesh, y la Isla de Zhenbao; o la violenta represión de Marxistas-Leninistas instigada por los partidos Pro-Moscú de la India, las Filipinas, Portugal y otros países. Todos estos y otros incidentes son sólo los precursores de un conflicto más general el cual, al juzgar la escala de las preparaciones, el social-imperialismo soviético intentará desplazar a su superpoder rival en toda la masa de tierra de Eurasia y sus mares flanqueantes, y desplazar una gran parte de África y Latinoamérica también. Evadir, minimizar o disimular el carácter capitalista de la URSS, y pintar este poder como menos malo, sangriento y reaccionario que el imperialismo de EE. UU, es abandonar el pensamiento científico y enlistarse en los rangos de la ofensiva de otro superpoder.

M.N.
11/75

Nota: Este estudio está dividido en 24 capítulos en vez de 28 entregas de la serie del periódico. Desde la entrega 18, las entregas del periódico a veces empiezan en el medio del capítulo del manuscrito original. En tal caso el periódico insertó algunas líneas de entrada para la continuidad. En otras veces el periódico empezó el comienzo de un nuevo capítulo en el final de un capítulo previo sin indicar un corte. Esta práctica causó naturalmente que algunos lectores perdieran el paso. En la presente edición el material añadido por el periódico, como algunas notas al pié superfluas, son borradas y los capítulos siguen el manuscrito. Por lo demás el texto no está modificado.

TABLA DE CONTENIDOS
1 Introducción
2 Revolución
3 NEP
4 Colectivización
5 Economía Socialista
6 Nuevos Brotes
7 Derecho Burgués
8 Suelo Viejo
9 En el Balance
10 Después de Stalin
11 Golpe de Jruschov
12 Consolidación
13 Expropiación
14 El ‘debate’
15 Ralentización
16 El ‘Nuevo Sistema’
17 Fuerza de Trabajo
18 Medios de Producción (I)
19 Medios de Producción (II)
20 Precios
21 Finanzas
22 Formación de Trusts
23 ¿Quién se beneficia?
24 Conclusión

1 Introducción

La Unión Soviética hoy: ¿Es una amiga o una enemiga? ¿Es socialista o es capitalista? ¿Es un baluarte de la paz o un agresivo poder imperialista?

Pocas diferencias dentro del amplio movimiento contra el imperialismo de EE. UU hoy son tan amplias y profundas como las de esta cuestión. Las diferentes respuestas implican diferentes puntos de vista de la situación mundial, de estrategia y tácticas, de métodos básicos y filosofías. Sea del agrado o no, nadie que sea políticamente activo contra el imperialismo de EE. UU hoy puede evitar para siempre tomar una posición también sobre el carácter y el rol de la URSS contemporánea.

Hoy donde sea que los anti-imperialistas se reúnen en EE.UU., la cuestión de la URSS está destinada a surgir. Sea porque aparezca en un debate abierto o, por acuerdo tácito, no se dice nada sobre esto públicamente, sucede de todos modos.

Hace algunos 20 o 30 años el carácter y el rol de la URSS fue una cuestión ya tratada por la gran mayoría de la gente activa de la izquierda en EE.UU. La mayoría creía que la URSS era un país socialista, que su liderazgo en su mayoría seguía una línea político revolucionaria correcta y que los trabajadores y que los pueblos oprimidos de todos los lados deberían ver esta gran tierra como el faro para su emancipación.

Los que estuvieron abiertamente en desacuerdo – aparte de la burguesía misma – fueron forzados a salir adelante a duras penas con una existencia política en los márgenes o en las grietas del movimiento comunista. A lo largo del año, todos los logros y las victorias de la Unión Soviética habían desacreditado a sus oponentes declarados dentro de las filas de la izquierda. La unidad en la defensa del liderazgo soviético se volvió una fuerza inexpugnable dentro del amplio movimiento contra el imperialismo de EE.UU.

Obviamente esto es muy diferente hoy. El mismo hecho de que hay un debate a larga escala muestra que los campeones de la URSS actual perdieron el enorme prestigio dentro del movimiento anti-imperialista de EE. UU que habían disfrutado una generación atrás. La hegemonía ideológica que fue ganada por la posición pro-soviética se derrumbó.

¿Por qué? ¿Qué fue lo que trajo este decline del prestigio y la influencia de la posición pro-soviética? ¿Por qué es la izquierda, una vez fuertemente unida en esta cuestión, dividida ahora en muchas mentes? La respuesta es que la Unión Soviética no es lo que solía ser.

El registro histórico muestra inequívocamente quién rompió la unidad previa de la izquierda en la defensa de la URSS y lo que supuso. El comienzo contra el prestigio y la influencia de la URSS entre los anti-imperialistas fue alentado no por los Marxistas-Leninistas chinos o albaneses, sino por un líder del Partido Comunista Soviético (PCUS), Nikita S. Jruschov.

En un discurso lleno de gran emoción antes del Congreso 20º del PCUS en febrero de 1956, Jruschov – Previamente registrado por su adulación y sus halagos hacia Stalin – repentinamente desató una andanada de las más extremas e injuriosas acusaciones imaginables contra el liderazgo del hombre que lideró el Partido Soviético por 3 décadas.

Stalin, luego de tres años en su tumba, fue repentinamente amontonado por los epítetos del tipo más pasmoso. Él fue un “tirano”, él había cometido “crímenes más monstruosos que los de los zares,” su “reinado” fue marcado por “sangre y terror”, su liderazgo en la guerra mundial era equivalente a traición, fue un torpe y así. Fue como si el Congreso 20º de un Partido Marxista-Leninista haya sido transformado repentinamente en un rito medieval de exorcismo.

El discurso – El famoso “discurso secreto” – no fue publicado en la prensa soviética ni se hizo disponible por el liderazgo del Partido Soviético a los niveles inferiores de los cuadros del partido. La CIA sin embargo consiguió una copia casi inmediatamente y se la pasó a New York times y a otros periódicos burgueses del mundo. Aquí es de donde la mayoría del movimiento comunista mundial aprendió de ello primero.

La consternación, el caos y las divisiones que fueron las consecuencias de esta bomba dentro del movimiento comunista fueron enormes. Cada partido entró en crisis a la vez. Hubo una oleada por oleada de defecciones, expulsiones y divisiones. El discurso fue un “disparo que fue escuchado alrededor del mundo” que no para de resonar aún a este día.

¿Por qué fue este discurso tan profundamente divisivo? Porque Joseph Stalin no fue una mera figura desocupada y decorativa desocupada como líder del pueblo Soviético. Su actividad entera como líder del partido fue orgánicamente ligada con, y reflejada, los logros y los defectos de un período entero del desarrollo Soviético y en todas las instituciones principales establecidas del país. Dondequiera que estuviese la batalla para establecer las instituciones en el primer lugar, y luego para defenderlas; dondequiera que hubiese una lucha para desarrollarse en este camino o en otro, Stalin estuvo en el grueso de estas, a la cabeza de estas.

Indudablemente Stalin y el partido que lideró hicieron errores, importantes. Para identificar y criticar estos con una precisión quirúrgica, a la vez que recalcando que sus decisiones correctas y sus logros fueron las características principales de su trabajo, podría ser una cosa. Otra cosa muy diferente es lo que hizo Jruschov. Atacar al liderazgo de Stalin en su totalidad como “lleno de errores, distorsiones graves y crímenes monstruosos” fue asaltar no sólo al individuo Stalin, al líder del partido, sino también a las fundaciones esenciales de la sociedad soviética hasta ese momento.

El Estado soviético y el resto de la superestructura, e igualmente la base económica o infraestructura soviética, no se desarrollaron espontáneamente o “cayeron del cielo”. Tenían que ser       establecidas, sobre la base de las condiciones dadas y dentro de los límites de lo que era objetivamente posible por los conscientes, esfuerzos organizados de la clase trabajadora soviética y del campesinado, y más esencialmente de los esfuerzos de su liderazgo, el partido. Cada semejante esfuerzo venía a través de una lucha política dentro de las filas del PCUS mismo, en el que los diferentes líderes planteaban sus diferentes posiciones. Así, por ejemplo, Stalin sostuvo que el socialismo podía ser construido en un solo país; Trotsky sostuvo que no se podía. Stalin sostuvo que el tiempo para la colectivización de la agricultura había venido; Bukharin sostuvo que no había venido. En el tiempo de Jruschov hubo amplias oportunidades de revisar estas batallas y evaluarlas: ¿A quién había probado correcto la historia? ¿A quién había condenado la historia?

Decir, como Jruschov hizo, que los errores de Stalin eran lo principal, fue atacar implícitamente la línea política básica que el PCUS había adoptado en el transcurso de las tres décadas previas. Fue implicar que virtualmente todos los mayores oponentes a quien Stalin había derrotado en todo giro importante de la política soviética habían estado en lo correcto. Era insinuar que los cimientos de la sociedad soviética, como fue construida, estaban básicamente mal.

Estas fueron las implicaciones que inquietaron al movimiento comunista internacional, socavado de su fuerza y su unidad, y marcado por el comienzo del fin de la influencia, política, moral y organizativa de la URSS y sus campeones dentro de las amplias filas de los pueblos que se oponen al imperialismo de EE.UU.

En un sentido casi todo movimiento del liderazgo soviético desde entonces se puede leer como una serie de notas al pie al “discurso secreto,” de Jruschov, como declaraciones y acciones que hicieron explícitamente – aunque siempre bajo la etiqueta “socialista” – las intenciones ocultas del anticipado manifiesto Jruschovista.

En los casi 20 años que han pasado desde esta apertura, el liderazgo del Partido Soviético estuvo empeñado en un proceso verdaderamente panorámico de revisar y transformar. Ninguna piedra importante se dejó sin voltear.

En las cuestiones de teoría básica, el liderazgo soviético había desechado la óptica marxista del Estado como el instrumento represivo de la clase a favor de la óptica del Estado como el órgano representativo de todo el pueblo. Ellos extirparon similarmente el corazón de la teoría Marxista-Leninista del papel de un partido comunista. Tergiversaron la concepción marxista de la transición al socialismo para convertirla en la ilusión de un derrocamiento pacífico de la burguesía. Ellos descartaron el núcleo de la teoría del imperialismo de Lenin a favor del mito ‘irreversible detente’ [término francés] con poderes imperialistas. Esto es sólo para mencionar algunos ejemplos.

En la política extranjera, el comienzo del liderazgo soviético con Jruschov rompió con la solidaridad del bando socialista al formar una alianza con el expansionismo indio contra la China socialista y con la Yugoslavia chauvinista contra la Albania socialista. Impuso condiciones injustificables en su apoyo a estos países fraternales, y abruptamente cortó con ellos cuando insistieron en ser tratados como iguales. Violó la independencia de las democracias de los pueblos de Europa del Este, los ocupó con sus tropas, proclamando que su soberanía era “limitada” y volvió la mayoría de ellos en sus Estados cliente y dependencias. Esto, también, fue meramente el comienzo.

Más importante han sido los cambios instituidos por el nuevo liderazgo soviético en la base económica de la sociedad soviética. Usaron el poder del Estado soviético para nutrir, fortificar y poner al mando los rastros del capitalismo que sobrevivieron en las relaciones de producción, a la vez que rompen los baluartes de las relaciones socialistas dominantes. En sus reformas económicas de una década atrás, ellos erigieron de tomo y lomo la estructura económica capitalista de un tipo de Estado-monopolio capitalista. Es hoy un sistema económico consolidado que conforma todas las características esenciales de los análisis clásicos del imperialismo dados por Lenin.

Para describir, mucho menos para analizar, todas o hasta la gran mayoría de las revisiones teóricas y prácticas llevadas por el liderazgo soviético empezando por Jruschov se requeriría de un volumen muy largo. Los elementos clave son los cambios en la superestructura soviética, especialmente durante los años 50 y la transformación subsecuente de las relaciones económicas, especialmente durante los años 60.

En la lucha del día presente sobre el papel y el carácter de la URSS contemporánea, las lineas trazadas entre los revisionistas soviéticos y los Marxistas-Leninistas constituye el campo de batalla principal. Por su parte el PCUS ha realizado grandes esfuerzos para acusar que la genuina concepción Marxista de la Unión Soviética, que el partido chino y el albanés fueron pioneros en sostener, no equivale a nada más que el Trotskyismo en un nuevo disfraz.

Es una gran ironía que los mismos revisionistas soviéticos, a través del mecanismo del “discursoe secreto” de Jruschov, que estableció la base para la resurrección y el renacimiento del Trotskyismo probablemente más allá de los sueños de su profeta. Es por parte del PCUS mismo que los Trotskystas han atraído y difundido la línea derrotista que su pesimismo original respecto a la imposibilidad de construir el socialismo en un sólo país ha sido reivindicado.

Pero es precisamente por esto que el renacimiento temporal del Trotskysmo que los Marxistas-Leninistas, al explicar su punto de vista sobre la Unión Soviética, deben también trazar una línea bien marcada entre ellos y los Trotskyistas y mostrar cómo, de hecho, los Trotskystas y los revisionistas del PCUS son los que concilian y se cubren entre ellos, no sólo en sus concepciones del mundo actual, pero en su visión del conjunto de la historia soviética también.

Por estas razones el análisis de la URSS contemporánea no puede empezar en 1956, sino que debe remontarse al principio del período soviético.

2 Revolución

Fue el comienzo del período del poder soviético en la URSS – un período que llegó a su fin casi 40 años después con el surgimiento al poder de una nueva burguesía. En orden para ganar una imagen más clara del régimen presente, es útil trazar brevemente algunos de los aspectos clave en el período temprano del desarrollo soviético.

La insurrección de los trabajadores en Moscú y en Petrogrado, el asalto del Palacio de Invierno, el arresto de los ministros del gobierno antiguo y la proclamación de la República Soviética pusieron un fin al dominio de la burguesía y los terratenientes en uno de los países más grandes y populosos del mundo.

El poder estatal fue arrancado de las manos de las viejas clases explotadora. Los propietarios de las fincas casi medievales, junto con los propietarios y los patrocinadores financieros de algunas de las fábricas más modernas del mundo y sus aliados extranjeros fueron privados de un golpe de los servicios del aparato oficial centralizado de Rusia para presionar y sacar los ingresos del pueblo, suprimiendo a las clases explotadoras y luchando guerras de conquista y anexión.

Además, fueron privados en poco tiempo de sus propiedades privadas más importantes. Toda la tierra fue nacionalizada inmediatamente. Los bancos también. La deuda extranjera fue anulada. Las industrias principales fueron las siguientes. Empezando al principio con empresas cuyos dueños cerraron para crear dificultades para los trabajadores y sabotear el nuevo gobierno, la autoridad del Soviet expropió más de 800 firmas entre noviembre de 1917 y febrero del año siguiente.

Por junio del 1918, todas las industrias a grande escala y la minería se volvieron propiedad del Estado junto con las instalaciones principales de transporte y almacenes. Todo el comercio extranjero fue hecho un monopolio del Estado.

Así, en unos pocos de meses los trabajadores tomaron el poder estatal, el nuevo Estado sostuvo el título y las llaves de casi todos los medios de producción principales del país. La cúspide dominante de la vida económica estaba en sus manos. La transferencia más rápida y más grande en la historia de la propiedad de una clase a otra que se había logrado hasta ese momento.

El escritor estadounidense Lincoln Steffens, después de visitar la Rusia Soviética en 1918, volvió diciendo, “He estado en el futuro y funciona.” Esta frase citada a menudo, y remarques similares por otros visitantes en su momento, reflejaron una enorme inspiración que la victoria de la clase obrera soviética irradió. El nuevo poder soviético fue el heraldo de la futura emancipación de todos los pueblos explotados y oprimidos de todos lados. Pero pocos líderes del partido Bolchevique en 1918 estuvieron de acuerdo en el sentido literal con el juicio de Steffen de que “funciona”.

Al contrario. Muy poco “funciona”. En primer lugar, la economía estaba devastada por 4 años de guerras mundiales inter-imperialistas. La industria sufrió de escasez de materias primas. Millones de campesinos en edad-laboral estuvieron en el frente de batalla. Una grave hambruna amenazaba las ciudades.

En segundo lugar, el nuevo Estado soviético había empezado la difícil tarea de transformar sus recientemente adquiridas propiedades para hacerlas trabajar en un sentido socialista. El poder estatal había sido tomado, la transferencia de una empresa de manos privadas a manos estatales era relativamente sin complicaciones un asunto de expedir un decreto de confiscación y tal vez enviar un contingente de trabajadores armados para tomar una posesión física de la planta y el equipamiento, si los trabajadores en el lugar no lo habían hecho ya. Pero continuar o reactivar la producción, y sobre todo transformar las relaciones de producción de capitalistas a relaciones socialistas – era otro asunto.

“Ayer,” Lenin escribió en mayo de 1918, “La mayor tarea del momento era, lo más determinadamente posible, nacionalizar, confiscar, atropellar y aplastar la burguesía, y sofocar el sabotaje. Hoy, sólo un hombre ciego podría fallar para ver que hemos nacionalizado, confiscado, atropellado y aplastado a más de los que tuvimos el tiempo de contar. La diferencia entre la socialización y la simple confiscación es que la confiscación puede ser llevada a cabo sólo con ‘determinación’, sin la habilidad de calcular y distribuir propiamente, mientras que la socialización no puede ser traída sin esta habilidad.”

(Obras Escogidas [Collected Works], Vol. 27, p. 333.)

Si el nuevo poder soviético no podía siquiera controlar cuantas empresas habían sido confiscadas, menos podía hacer un recuento de sus capacidades y necesidades para trazar un plan económico. El Municipio Económico Estatal Central establecido al final de 1917 para este propósito sólo logró el control más superficial de los asuntos económicos. En mayo de 1921, Lenin escribió, “Difícilmente hay todavía evidencia alguna de la operación de un plan económico estatal integrado.” (CW Vol. 32, p. 371.) Sólo el germen de la economía socialista existía.

La clase trabajadora había tomado el poder estatal. Controló posiciones clave en la superestructura política de la sociedad. Pero la tarea gigante de reorganizar la base económica de la sociedad soviética todavía ante ellos. Como Lenin dijo en mayo de 1918, y repitió tres años después, el nombre “Republica Socialista Soviética implica la determinación del poder soviético para alcanzar la transición al socialismo, y no que el nuevo sistema económico es reconocido como el orden socialista.” (CW Vol. 27, p. 335; Vol. 32, p.330)

Tres años de guerra civil y la invasión de 14 Estados imperialistas, determinados a aplastar el poder soviético en su cuna, obligaron al joven Estado a subordinar todas las otras tareas a su supervivencia. La intervención, operando en conjunto con la contrarrevolución armada liderada por los terratenientes y la burguesía derrocada, impusieron aún más terribles sacrificios sobre el pueblo trabajador soviético entre 1918-21. Los ejércitos reaccionarios cortaron los centros urbanos del poder soviético de sus fuentes de combustible, materias primas y, sobre todo, grano. Medidas económicas extraordinarias habían de ser tomadas – labor obligatoria, requisa forzosa de excedentes de grano, racionamiento de emergencia entre otras – que no tuvieron nada en común con un avance pacífico hacia una economía socialista.

Desafiando todas las predicciones de los burgueses del mundo, el Estado soviético sobrevivió el embate. Pero sufrió sorprendentes pérdidas. Los historiadores soviéticos contemporáneos estiman que en 1917 había poco menos de 3 millones de trabajadores de fábrica en la República Soviética. Cerca de 800,000 de ellos lucharon en la guerra civil. Cerca de 180,000 fueron asesinados en la acción. Del 10-15 por ciento de todo el proletariado industrial murió de hambre y epidemias. Como resultado el poder soviético contó sólo 1,7 millones de trabajadores de fábrica en agosto de 1920 cuando el grueso de los ejércitos reaccionarios había sido derrotado.

Más peligroso que las pérdidas físicas sufridas por el proletariado era su degeneración económica como resultado de la parálisis de la industria.

“Debido a nuestras deplorables condiciones actuales,” Lenin escribió en mayo de 1921 “los proletarios están obligados a ganarse el sustento por métodos que no son proletarios y que no están conectados con la industria a larga escala. Están obligados a adquirir bienes con métodos de lucro de la pequeña burguesía sea robando o haciéndolos por sí mismos en una fábrica pública, en orden para cambiarlos por productos agrícolas – y este es el peligro económico principal, arriesgando la existencia del sistema soviético.” (CW Vol. 32, p. 411.)

Así, era extendida y general la ruina de la industria a larga escala, Lenin escribió en octubre de 1921, que el proletariado se había vuelto desclasado, en otras palabras, despojado de su carácter de clase, y había dejado de existir como proletariado. El proletariado es la clase que está comprometida en la producción de valores materiales en la industria a gran escala. Desde que la industria capitalista a larga escala desapareció. Ha figurado a veces en estadísticas, pero no se mantuvo unido económicamente.” (CW Vol. 33, p. 65.)

Tal situación planteaba peligros especiales para el poder soviético, ya que el proletariado era no sólo la única clase trabajadora, pero era la clase dominante también. A menos que la industria reviviese, el poder soviético podría perder su base y ser derrocado. Era en el medio de esta grave emergencia, más peligrosa que la intervención y la guerra civil, que Lenin propuso al partido y al país en los comienzos de 1921 la nueva política económica (NEP).

Cuando los Bolcheviques tomaron el poder por primera vez – Como lo puso Lenin – “Hemos asumido que podríamos proceder directamente al socialismo sin un período preliminar en el que la vieja economía sería adaptada a la economía soviética. Hemos asumido que al introducir la producción estatal y la distribución estatal habíamos establecido un sistema económico de producción y distribución que difiere del previo,” (CW Vol. 33, p. 88.)

Tres años después, la experiencia probó que esto no era posible. El “intento para introducir los principios socialistas de producción y distribución mediante un ‘asalto directo.’ es decir en el modo más corto y directo posible,” había sufrido la derrota.

La NEP significaba un cambio en la estrategia basado en el claro reconocimiento de esta derrota. En vez de una transición inmediata a la economía socialista, Tendría que haber un período transicional bastante largo – tal vez cinco a 10 años según la estimación de Lenin. – durante el cual las bases trabajo para la economía socialista era cuidadosamente preparadas. En vez de un asalto total, habría un período de retirada estratégica, reagrupamiento y consolidación. En vez de golpes sin merced contra los capitalistas, el poder soviético les ofrecería concesiones y fomento dentro de ciertos límites para poner la economía en marcha nuevamente.

El simple hecho, como lo puso Lenin en 1920, es que “había una base económica más firma para el capitalismo en Rusia que para el comunismo.” (CW Vol. 31, p. 516.)

Un 80 por ciento del país eran campesinos, y de estos la mayoría eran pequeños propietarios trabajando en una parcela individual de un modo individualista. Había un gran estrato de pequeños talleres y fabricantes que también se dedicaban a la producción y el intercambio pequeñoburgués. Hasta en los sectores más avanzados de la industria a gran escala – que en Rusia en ese momento estaba más concentrada que en cualquier lugar del mundo – las bases para el socialismo no estaban aún maduras. El proletariado carecía de habilidades organizacionales, culturales y tecnológicas en cantidad suficiente para siquiera usarlas en la vieja base capitalista, mucho menos operarlas en un modo socialista, coordinado y planificado. Hasta un período de “instrucción” – debajo de la tutela de los capitalistas y sus expertos – era requerido en este núcleo del sector estatal de la economía.

El análisis de la Nueva Economía Política de Lenin y las consecuencias en la que fue adoptada da una importante luz a las transformaciones en el modo soviético de producción varias décadas después debajo de Jruschov, Brezhnev y Kosygin. Los dos conjuntos de medidas, como se verá, tienen muchas características cruciales en común, incluyendo el rol dominante dadas las ganancias, la libertad dada a gerentes para participar en intercambios de mercancía y otros. En varios aspectos, el último hasta copió conscientemente del primero y se basó en citas de los discursos de Lenin dadas en el período para darles a su trabajo un manto de legitimidad. Una diferencia crucial, sin embargo, era que Jruschov y sus seguidores retrataron sus políticas como un avance irreversible al comunismo mientras Lenin, en la franqueza y honestidad de un Bolchevique, proclamó abiertamente que la NEP era una retirada temporal al capitalismo de Estado.

3 NEP

Los años de la intervención imperialista y la guerra civil en Rusia, desde 1918 hasta 1921, fueron el bautismo de fuego del nuevo poder soviético.

¿El nuevo Estado consiguió la lealtad de la mayoría de los trabajadores y los campesinos? ¿Era el aparato cohesivo y efectivo? ¿Fueron las políticas de su liderazgo adecuadas para hacer frente a la embestida de todos lados?

En 1921 ya no había muchas dudas. El poder soviético había sobrevivido desafíos que habrían desmoronado a cualquier otro Estado en el mundo hasta ese momento.

“Nosotros, sin duda hemos aprendido de política,” Dijo Lenin en el Octavo Congreso de Soviets de Todas las Rusias en Diciembre de 1920. “Aquí estamos tan firmes como una roca. Pero las cosas están mal en lo concerniente a los asuntos económicos. De ahora en adelante, la menor política será la mejor política.” (Obras Escogidas [Collected Works], Vol. 31, p. 514)

La restauración de la economía arruinada del país se volvió la mayor prioridad política.

Entre las medidas adoptadas a principios de 1921 bajo el nombre de la Nueva Economía Política (NEP) estuvieron las siguientes:

– Restauración de las relaciones comerciales entre ciudad y campo. El sistema de emergencia en tiempos de guerra de requisa militar de grano a los campesinos tuvo que ser detenido. En su lugar Lenin propuso, y el poder soviético adoptó, un “impuesto en especie.” El campesinado no tendría que volver a dar otra vez todo su excedente de grano al Estado, sino sólo una cantidad fijada y conocida de este. Hubo entonces un incentivo material para aumentar la producción de comida. El campesino se quedaría con una porción del excedente de grano para intercambiar de forma regular en el mercado los productos de la industria.

– Restauración del comercio al por menor. El poder soviético retuvo el monopolio estatal del comercio de grano a nivel mayorista y mantuvo el control del comercio mayorista en la mayoría de productos de la industria a gran escala operando en la escala nacional. Pero el comercio privado al por menor, y el comercio al por mayor limitado en una escala regional y local, fueron legalizados devuelta. Los comerciantes privados fueron alentados a operar.

– Restauración de las industrias privadas pequeñas y medianas, trabajando sobre la base capitalista bajo una supervisión estatal laxa.

– Una apertura limitada de la economía soviética a las inversiones extranjeras, al ofrecer concesiones sobre una base altamente rentable para los inversores en extracción de materia prima y de industria.

– Reorganización de las industrias nacionalizadas a larga escala de mercado de masas, colocando estas, también, en gran medida en una base capitalista bajo la supervisión directa y el control del Estado proletario.

De todas estas medidas, la última fue la más drástica y audaz. Para las industrias estatales a gran escala trabajar para el mercado de consumo masivo se hizo – casi tanto como la industria pesada de construcción de maquinaria – el pilar principal de la economía del Estado soviético. Este es el bastión socialista en el que las nuevas relaciones socialistas de producción se iban a afianzar en primer lugar, y desde donde iban a avanzar al resto de la economía.

Como Lenin lo planteó en mayo de 1921, “los bienes manufacturados hechos por fábricas socialistas e intercambiados por alimentos producidos por campesinos no son mercancias en el sentido político-económico de la palabra, en cualquier caso, no sólo no son mercancías, no son más mercancías, dejaron de existir como mercancías.” (CW Vol. 32, p. 384). En otras palabras, en este sector – y sólo en este – las relaciones capitalistas de producción, basadas (como Marx analizó en el Capital) en la producción de mercancías, fueron suprimidas y las nuevas relaciones socialistas estaban surgiendo.

Sin embargo, aquí también se requirió una retirada parcial.  Alrededor de noviembre del mismo año, el intercambio directo (trueque) de bienes manufacturados por comida se había desglosado. La conexión entre ciudad y campo se había vuelto altamente capitalista devuelta, con “compra y venta ordinaria” por dinero y ganancias monetarias restauradas en su lugar. (CW Vol. 33, p. 96)

Como en estas relaciones entre la industria estatal y la agricultura privada, también era requerida una retirada en la estructura interna de la industria estatal. Como Lenin lo planteó en su “Draft Theses on the Role and Functions of the Trade Unions Under the New Economic Policy” (diciembre de 1921 a enero de 1922): “Un mercado y capitalismo libre, están ambos sometidos al control estatal, están ahora siendo permitidos y se están desarrollándose; por otra parte, las empresas estatales se están colocando en una base lucrativa, en otras palabras, están en efecto siendo largamente reorganizadas en líneas comerciales y capitalistas. Él repite: “Ahora con el libre mercado permitido y desarrollándose, las empresas del Estado podrán en gran medida ser puestos en una base capitalista y comercial.” (CW, Vol. 42, PP. 375-376)

En detalle, esta reorganización significa que cada empresa estatal (con la excepción hecha para la industria pesada) se debe “pagar a su manera y mostrar beneficios.” (Ibid., p. 376) Significó que “es absolutamente esencial que toda la autoridad en las fábricas sea concentrada en las manos de la gerencia. La gerencia de la fábrica, usualmente se basaba en el principio de la responsabilidad de un hombre, debe tener la autoridad independiente para fijar y pagar  los salarios y también distribuir raciones, ropas de trabajo y otros suministros; debe disfrutar de la máxima libertad para maniobrar, ejercer un control estricto del suceso actual logrado incrementando la producción, en hacer que la fábrica pague a su manera y muestre beneficios y seleccionar cuidadosamente el personal administrativo más talentoso y capaz, etc.” (Ibid., p. 379, ver también Vol. 33, pp. 184- 196.)

Para darles un incentivo material, además, los directores de las fábricas y los fideicomisos [trusts] eran pagados sobre una base de comisión parcial, para que sus ingresos fueran más dependientes en la rentabilidad de sus empresas. Había experimentos también atando los salarios de los trabajadores con la rentabilidad de la empresa.

Todo esto y más, será mostrado, hizo su aparición nuevamente 40 años después en una nueva forma.

Pero lo que es notable mirando atrás en este giro de la política soviética – que fue trazado sólo brevemente aquí – es la absoluta y completa franqueza con la que Lenin lo anticipó y lo caracterizó. “La libertad para intercambiar significa la libertad para el capitalismo. Lo decimos abiertamente y enfatizamos. No lo ocultamos en lo más mínimo. Las cosas deberían irían muy difíciles para nosotros si intentásemos ocultarlo.” (CW, Vol. 32, P. 490)

Unos 40 años después, en un contexto histórico totalmente diferente, cuando un el liderazgo de un partido soviético totalmente diferente emprendió una restauración mucho más profunda de la libertad de comerciar,” y una reorganización de las empresas estatales mucho más profunda” sobre una base comercial capitalista,” esta franqueza se fue, reemplazada por una hipocresía aplastante y sofocante.

La claridad y franqueza de Lenin sobre el significado de la NEP testifica que el hecho de que, a través de esta limitada y temporal restauración del capitalismo en la URSS, el proletariado permaneció como la clase dominante. El capitalismo de Estado que la NEP adoptó temporalmente no era el capitalismo de Estado que se encontraba en los textos económicos burgueses in en el que la burguesía poseedora del poder económico subordina colectivamente al Estado y a la propiedad estatal a sus intereses. Al contrario, el poder político proletario subordinó a la burguesía a sus intereses. Sin importar qué tan grande era la libertad dada a la burguesía en asuntos económicos, el poder proletario siempre mantuvo las riendas en sus propias manos y las aflojaba o apretaba de acuerdo a sus propias normas políticas y económicas.

El período de la NEP de la historia soviética compuso 3 amplias fases: La retirada en la dirección del capitalismo, la consolidación y la nueva ofensiva hacia el socialismo. Todas las tres fases, y no sólo la retirada, formaron parte del diseño de la NEP. Tomada en su conjunto, la NEP fue la política de transformar la base económica capitalista (y hasta pre-capitalista) de la URSS en una base socialista; era la política de preparar “la base económica para los logros políticos del Estado soviético” (CW, Vol. 33, p. 73); era la política de transición durante el período cuando “el capitalismo había sido destruido pero el socialismo todavía no había sido construido.” (CW, Vol. 30, p. 513) Como Lenin dijo en uno de sus últimos discursos, en noviembre de 1922, “La Rusia de la NEP se transformará en la Rusia socialista.” (CW, Vol. 33, p. 443)

Fue Lenin mismo, en marzo de 1922, quien llamó un alto a la “retirada” que fue la primera fase de la NEP.  Les correspondió a sus sucesores decidir cómo consolidarse, y cuándo y cómo pasar a la ofensiva general contra los elementos capitalistas.

En todos sus aspectos la parte más fácil de la batalla durante la segunda y la tercera fase de la NEP fue la eliminación de los comerciantes privados y de los pequeños productores de la escena. Desde mediados de la década de 1920 en adelante, la participación del comercio total del país en manos de empresas privadas decayó, mientras que la participación del Estado se aumentó. Para 1932, los odiados comerciantes privados, quienes eran llamados los “NEPmen”, estaban casi desaparecidos. En industria manufacturera, donde estaba empleada aproximadamente una octava parte de los trabajadores del país por empresas privadas, la cuota privada había sido reducida en 1932 a menos de 1 por ciento. (Véase los reportes periódicos del Comité Estatal de Planificación, presentados en los congresos del partido por Stalin, [Obras Completas, Vol. 12 y 13] y el trabajo moderno revisionista “Outline History of the Soviet Working Class by Y. S. Borisova et. al., Moscú 1973.)

La liquidación gradual de inversiones extranjeras y de arrendamientos presentó pocos problemas, ya que estos nunca ascendieron a una proporción significativa de producción. Pocos capitalistas aceptaron la oferta de Lenin de invertir en el Estado proletario.

Más difícil y prolongado fue el esfuerzo para revertir las medidas capitalistas introducidas en el sector industrial estatal durante la primera fase de la NEP. La necesidad dictaba el progreso: los gerentes de los fideicomisos industriales estatales usaron rápidamente su libertad para elevar los precios más allá del punto donde las masas campesinas y obreras podían permitirse pagar. En 1923 y 1924, el Estado tomó medidas energéticas contra sus fideicomisos, imponiendo primero un rígido control crediticio y luego controles de precios que limitaron severamente la libertad de acción de las gerencias. En la primavera de 1924, el primer comienzo serio fue hecho para diseñar un plan económico exhaustivo a largo plazo para todas las ramas de la industria nacionalizada; mientras tanto el principio de la planificación socialista hizo un avance gradual fragmentado, con un criterio de rama por rama. (Véase E. H. Carr, The Interregnum, Pelican Books 1969.) En 1927, Stalin pudo reportar que el Estado ahora “tiene toda posibilidad de dirigir la industria nacionalizada de forma planificada, como una empresa industrial individual,” (Obras Completas, Vol. 10, p. 309); y en 1929, las relaciones capitalistas en el sector estatal habían sido suprimidas hasta ahora que esta posibilidad, con la adopción del primer plan quinquenal, empezó – por lo menos aproximadamente – por primera vez una realidad.

La batalla más difícil de todas, durante la tercera fase final de la NEP, no fue sin embargo en la industria sino fue en la agricultura. La restauración del libre mercado durante la primera fase de la NEP había llevado, como era su intención, a revivir la producción agrícola – y a la lucha de clases. En vez de sufrir hambrunas como antes, el Estado soviético en 1922 había podido exportar grano, y había una mejora saludable en la situación alimentaria. Pero el resurgimiento de la producción agrícola significaba el resurgimiento de las relaciones capitalistas de agricultura: una concentración creciente de tenencias de tierra, de excedentes de grano, de capital en las manos de los campesinos más ricos (kulaks), un empobrecimiento creciente de los campesinos más pobres y de los trabajadores sin tierra, quienes fueron forzados a huir a las ciudades donde agravaron el problema del desempleo. Por 1928 y 1929, después de una sucesión de buenas cosechas, los kulaks habían crecido lo suficientemente fuertes (pensaban ellos) para contrariar al Estado soviético. Ellos se negaron a pagar el impuesto al grano, se negaron a vender grano excepto a precios demasiado caros y en varias áreas se involucraron en sabotaje abierto y en rebeliones armadas. Las cooperativas agrícolas que habían comenzado, siguiendo las directrices de Lenin, se habían vuelto como la NEP, en gran parte una carta muerta.

Esta nueva emergencia confrontó al Estado soviético una vez más con el espectro de la hambruna y la guerra civil.

4 Colectivización

En la década de 1920 el proletariado industrial soviético todavía era una isla – aunque en crecimiento – en un vasto mar campesino.

Mientras en las industrias estatales la retirada hacia el capitalismo de Estado había parado y una marcha definida hacia adelante al socialismo estaba en camino a finales de 1920, en el campo, el capitalismo estaba en plena eclosión.

Los trabajadores agrícolas y los campesinos pobres estaban siendo molidos hasta la miseria;

Los campesinos medios estaban siendo exprimidos, y los agricultores ricos capitalistas – los kulals – estaban acumulando grano y poder.

La arrogancia de los kulaks puede ser medida de una anécdota de Stalin reportada en abril de 1929 al comité central del Partido. En Kazajistán, rico en cereales, “uno de nuestros agitadores trató por dos horas de persuadir a los poseedores del grano para enviar grano para abastecer el país, y el kulak dio un paso al frente con una pipa en su boca y dijo, ‘Haznos un pequeño baile, jovencito, y te dejaré tomar algunos puds de grano.” (Obras Completas, Vol. 12, p. 95)

La cosecha había sido buena; y sin embargo el Estado era amenazado por una hambruna. La resistencia y – en muchas áreas – la rebelión armada de los kulaks amenazaba con revertir el progreso hacia el socialismo en las ciudades y socavar el poder del Estado soviético.

En esta emergencia, y después de una lucha acalorada dentro del partido contra la “izquierda” y la oposición derechista, el comité central, dirigido por Stalin, decidió lanzar una ofensiva total contra el último gran baluarte del capitalismo en la URSS: el capitalismo en la agricultura.

Esta era una campaña para la colectivización de la agricultura. Su objetivo era combinar los millones de parcelas pequeñas y medianas de los campesinos en decenas de miles de granjas colectivas (Koljós). En una granja colectiva, las parcelas individuales de tierra están unidas (aparte de pequeñas parcelas para el consumo familiar) en grandes extensiones de tierra de los cuales los granjeros cultivan colectivamente. Una parte de la cosecha es gravada por el Estado; pero el resto es propiedad del colectivo, para ser vendido por este en su mejor momento, con las ganancias divididas entre los granjeros colectivos en proporción a su trabajo.

(En las granjas estatales [sovkhoz] por el contrario, la cosecha entera se envía al Estado y los granjeros reciben un salario predeterminado, tal como en una fábrica. Ya había granjas estatales en la URSS en ese momento, fundadas principalmente sobre las fincas de grandes terratenientes expropiadas; pero la mayoría del campesinado no estaba listo para esta forma superior.)

En orden para lograr la colectivización de la agricultura, sin embargo, era necesario privar a las fuerzas capitalistas en el campo de sus elementos principales y más fuertes, los kulaks. Para este propósito el partido presentó el lema de “liquidar los kulaks como clase.” Esto significaba privarlos de su base económica, de su propiedad, de sus posibilidades de explotar los campesinos medianos y pequeños y los obreros y de resistir el Estado soviético.

La lucha que empezó en la agricultura en a finales de l928, durando unos cinco años, alcanzando a una segunda revolución Bolchevique. Era una revolución llevada en ambos desde arriba, por el Estado soviético incluyendo el Ejército Rojo, y desde abajo, por las masas de obreros agrícolas y campesinos pobres y medios.

Como todas las revoluciones genuinas, era “no una cena festiva, o escribir un ensayo, o pintar un cuadro,” no era tan “refinada, relajada y gentil, tan templada, amable, cortés, contenida y magnánima.” Era muy parecida al movimiento campesino en Hunan descrito por Mao Tsetung en 1927, “una insurrección, un acto de violencia en el que una clase derroca a otra.” (Obras Escogidas, Vol. I p. 28.) Por lo tanto, no careció de instancias en las que el campesinado fue “muy lejos,” y liquidó a los kulaks (como también a algunos que fueron confundidos por kulaks) no sólo económicamente pero también físicamente. Pero como el jefe de la crítica burguesa de esta revolución, el profesor M. Lewin, admitió, “En orden para entender este proceso de la deskulakización en masa, también es esencial tener en mente la miseria que los millones de bednyaks [campesinos pobres] vivían. Con demasiada frecuencia pasaban hambre, nunca habían tenido zapatos o remeras, ni ningún otro ‘artículo de lujo.’ La tensión que se había acumulado en el campo, y el afán de desahuciar a los kulaks, estaban en gran medida contribuías por la miseria de la condición de los bednvaks, y el odio del que fueron capaz de sentir en ocasiones por sus más afortunados vecinos, quienes los explotaron sin piedad todas veces que tenían la oportunidad de hacerlo.” (Lewin, Campesinos Rusos y Poder Soviético [Russian Peasants and Soviet Power], Evanston, 1968. p. 488.)

También se habían cometido excesos “desde arriba,” por parte de líderes del partido demasiado fervorosos, quienes eran a menudo miembros de la oposición interpartidista con la intención consciente o inconsciente de sabotear el proceso. La inexperiencia, la escasez de cuadros y los errores honestos jugados por su parte también. La oposición – a la que la prensa burguesa exterior le hacía eco – no perdió oportunidades para concentrarse en estos excesos y errores, para magnificarlos fuera de proporción y condenar la línea general de la revolución por sus torpezas tácticas. Pero no había en otra realidad alternativa alguna, y esos miembros de la oposición quienes estaban dedicados a la causa del poder soviético, como registra el profesor Lewin, pronto vieron la verdad. “Él hace el trabajo mal,” dijeron estos opositores arrepentidos de Stalin, pero termina.”  El “más inteligente cuadro,” estimado por Lewin por lo menos – es decir los más iluminados seguidores de León Trotsky y de Nikolái Bujarin, y la “izquierda” principal y los líderes de facto de la oposición derechista – se quejaron de la “mano de hierro” y de los “métodos despóticos” de Stalin, pero concedieron que “gracias a la voluntad indomable de este hombre, Rusia está siendo modernizada. A pesar de sus defectos, algunos años más de este esfuerzo terrible, casi superhumano traerá un incremento total de la prosperidad y la felicidad.”

Por los finales de 1933, el largo camino de la Nueva Economía Política (NEP) había sido completada. La retirada inicial hacia el capitalismo de Estado, la consolidación, y luego la ofensiva general hacia el socialismo se había ejecutado con éxito. Cerca de dos tercios de los campesinos estaban funcionando en las granjas colectivas; la industria privada casi había desaparecido; los principios socialistas en industrias estatales habían ganado la delantera y el primer plan quinquenal se había completado triunfalmente antes de tiempo, el desempleo fue abolido.

Después de 16 años de mandato político, el nuevo poder soviético había logrado remodelar la base económica capitalista que heredó creando la base apropiada para sí mismo – la base de una economía socialista.

En el 17avo congreso del partido en enero de 1934, Stalin – hablando por el comité central – fue capaz de hacer una declaración histórica que la formación económica socialista “ahora tiene un dominio indiscutible y es la única fuerza dominante en toda la economía nacional” (Obras Completas, Vol. 13, p. 316)

En el momento en el que entró la URSS en una nueva era en su desarrollo económico, el resto del mundo estaba sumergido en las profundidades de la Gran Depresión. Una editorial de portada por Pravda en 1931, en la ocasión del 14avo aniversario de la Revolución de Octubre, puso de relieve el contraste entre los logros del poder soviético y los sufrimientos en el mundo capitalista:

“¡Proletarios! ¡Trabajadores de todos los países!  Hoy en las plazas, en reuniones, demostraciones y mítines ustedes sintetizarán los resultados conseguidos por dos sistemas económicos – capitalismo y socialismo.

“Recuerden:

“En los países capitalistas –

“Las decenas de millones de desempleados. La crisis mundial profundizándose. Miles de quiebras, decenas de miles de empresas cerradas. Pobreza creciente, hambre y saqueo en las colonias. Preparaciones para nuevas guerras imperialistas.

“En el país donde el socialismo se está construyendo–

“Crecimiento poderoso de la industria. Sin desempleo. Creación a larga escala de producción agrícola mecanizada sobre la base del Estado y las granjas colectivas. Mejoramiento de las condiciones materiales de la clase trabajadora. La concentración de trabajadores alrededor del Partido Bolchevique y su comité central leninista.” (Citado por Borisova) et. al., Outline History of the Soviet Working Class, Moscow 1973, p. 168.)

Y de hecho la marcha triunfante del socialismo en la URSS en este nuevo periodo apareció como un faro entre la oscuridad del mundo capitalista. Era un período en el que frases que hoy pueden parecer tensas y trilladas – “gloriosa, triunfante, brillante, deslumbrante” y similares – vinieron naturalmente de los labios de aquellos que lo vivieron o lo vieron. Era como Marx había predicho: El tegumento de relaciones capitalistas estalló en pedazos, y los tremendos potenciales durmiendo en el regazo del trabajo social había comenzado a revolverse. Fuerzas productivas momentáneas que los capitalistas habían intentado durante décadas, en vano, para aparecer ahora en la vida súbitamente antes de encontrar liberación. Era como si el país hubiese explotado con energía productiva. No marchó hacia adelante; saltó, asaltó, voló hacia adelante. Dejo sus críticas en el polvo como muchos enanos criticones. ´Propagó terror dentro del mundo burgués, Se delineó por primera vez en la historia del magnífico futuro que abre antes de los oprimidos y pueblos explotados del mundo una vez que ellos hayan tomado el poder estatal.

Hoy todos estos logros están en peligro de ser lentamente olvidados. Los períodos de economía socialista en al URRS duraron sólo un poco más de dos décadas, desde comienzos de la década 1930 hasta mitades de 1950s. Las inversiones que ocurrieron en los últimos 20 años tendieron a oscurecer lo que existió durante ese período socialista, y borrar de la consciencia no sólo sus logros, sino su mismo carácter. ¿Qué es verdaderamente socialista? ¿Fue la URSS realmente socialista alguna vez? Sí fuera socialista, ¿Cómo pudo haberse convertido devuelta en capitalista después?

Para responder estas preguntas es necesario tener una mirada algo más cercana al socialismo soviético en la teoría y la práctica.

5 Economía Socialista

A comienzos de la década de 1930 el Partido Comunista Soviético proclamó que la URSS había entrado en un período de desarrollo económico socialista.

El país podría llamarse ahora a sí mismo la “Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas” y no en el sentido de futuro que Lenin había empleado cuando dijo en 1921, que el nombre “implica la determinación del poder soviético para lograr la transición al socialismo, y no que el sistema económico existente es reconocido como un orden socialista.” En cambio, era ahora socialista, en el sentido actual.

¿Cuáles eran las bases teóricas y prácticas para reconocer el orden económico de la década de 1930 como socialista?

Aunque Marx y Engels, como es bien conocido, se abstuvieron de elaborar planos para la nueva sociedad, elaboraron ciertas deducciones básicas de su análisis de la vieja sociedad que han servido a los Marxistas desde su tiempo como reglas generales.

Lo que comenzó en la URSS de la década de 1930 no era comunismo total, una sociedad sin clases y sin Estado en la que la antítesis entre ciudad y campo, del trabajo manual y mental había sido superada. Estaba muy lejos de eso. Era más bien lo que Marx llamó “la etapa inferior de la sociedad comunista,” un largo período de transición entre el fin del capitalismo y el comienzo del comunismo completo. Contuvo entonces las dos semillas del futuro distante y los rastros del reciente pasado capitalista. Por uso común de los Marxistas desde Marx, la primera etapa es definida como socialismo y el término comunismo es reservado para la sociedad sin clases.

De acuerdo con la «Crítica del Programa de Gotha», de Marx que le sirvió a Lenin como texto para capítulo cinco de su obra «Estado y Revolución», —los escritos clave en esta cuestión— la clase trabajadora durante el periodo de socialismo no puede prescindir ni del Estado, como órgano de represión de una clase contra otra, ni de ciertas relaciones económicas y legales tomadas de la vieja sociedad burguesa.

En lo que respecta al Estado soviético, esto era y permaneció en el período, una dictadura del proletariado. Después de las batallas de 1917, del período de la guerra civil, de la NEP y la colectivización de la agricultura, ya no había ninguna duda sobre eso. Los muchos cientos de miles, tal vez algunos millones, de ex kulaks derrotados, expropiados y amargados, NEPmen:

Funcionarios no reconciliados del antiguo régimen, administradores e intelectuales privilegiados con sus familias, descendientes y parásitos que permanecieron en el país nada les habría gustado más que la implementación de la demanda de Trotsky, expresada desde el exilio en el extranjero, para la “libertad” para formar partidos políticos. rivalizando con el PCUS. Pero el partido no tenía intención de permitir el Estado “se marchitara” como fuerza represiva de esta forma.

“La democracia para la vasta mayoría del pueblo, y la supresión por la fuerza, es decir la exclusión de la democracia, de los explotadores y los opresores del pueblo”, este era el papel que Lenin, siguiendo a Marx, planteó para el Estado proletario en el periodo del socialismo, y el partido se mantuvo en ese programa, pero no sin hacer algunos errores políticos que demostraron ser muy costosos a largo plazo.

En cuanto a las relaciones económicas, Marx y Lenin, en los textos anteriormente mencionados, habían establecido claramente que el lema de la distribución socialista no podría ser todavía “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.” Esto era para el futuro comunista, donde el progreso de las fuerzas productivas permite la abolición de la escasez, y cuando la consciencia social, el deseo arraigado y la pura fuerza del hábito dirija a todos los trabajadores a participar voluntariamente de acuerdo a su habilidad en la producción diaria, para que la distribución de artículos de consumo pueda ser cuestión de que cada uno pueda tomar libremente de los almacenes públicos de acuerdo a sus necesidades.

El lema, más bien, era “… a cada uno de acuerdo a la cantidad de trabajo realizado.” Esto no significaba tomar libremente, sino pagar dinero a cambio de mercancías; y ser pagado en el trabajo no de acuerdo a la necesidad sino de acuerdo a la productividad. Era un intercambio directo de mercancía-dinero, como el que existió no sólo en el capitalismo sino hasta anteriormente. Esto resultó necesariamente en salarios desiguales entre trabajadores de diferentes tipos y rangos de trabajos, y entre los trabajadores rápidos y lentos en el mismo trabajo. La brecha entre los salarios más bajos y altos incluso aumentaron durante la década de 1930, cuando una enorme afluencia de reclutas nuevos del campo triplicó con creces las filas del proletariado industrial entre 1929 y 1940. Sin embargo, mientras un crecimiento de la desigualdad de salarios era incompatible con el avance hacia el comunismo, la desigualdad salarial – y las relaciones de intercambio mercantil de la distribución de bienes consumibles en la que descansaba – no estaban en sí mismas en violación de la teoría del socialismo. Marx y Lenin fueron ampliamente claros en este punto. El socialismo, como Lenin señaló, acaba con la injusticia que consiste en que los medios de producción sean poseídos por propietarios privados, pero “no es capaz de destruir enseguida la injusticia adicional que consiste en la distribución de artículos de consumo ‘según el trabajo realizado’ (y no según la necesidad).” El orden socialista de la sociedad, a diferencia del orden comunista superior, “no elimina los defectos de distribución y la desigualdad del ‘derecho burgués’ que seguirá imperando mientras los productos se dividan según el trabajo realizado.” (Estado y Revolución, Cap. 5, Sec. 3.)

Por lo que respecta a la distribución de los bienes de consumo, el progreso hecho por el socialismo sobre el capitalismo no reside, por lo tanto, en la abolición de las desigualdades salariales. Lo que suprime es más bien la clase de consumidores que está muy por encima incluso de los trabajadores mejores pagados, que obtienen ingresos estratosféricos no derivados de los salarios sino del as ganancias, es decir no de su propio trabajo sino del trabajo de otros. Semejante capa social no existía bajo el socialismo soviético;

Reapareció hoy, sin embargo, como se mostrará.

Había entonces una amplia esfera de relaciones de intercambio de mercancía en la URSS, abarcando no sólo la producción de las fábricas estatales de bienes de consumo, sino también gran parte de los alimentos producidos por las granjas colectivas. Todo esto era objetivamente un caldo de cultivo para lo que Marx y Lenin llamaron “el derecho burgués [interés propio estrecho] que compele a uno a calcular con la frialdad de un usurero si uno no ha trabajado media hora más que otro, si  uno va a ser pagado menos que otro…” para citar el Estado y la Revolución. Estos fueron algunos de los rastros que quedaron del pasado, obstáculos en el camino hacia el comunismo, núcleos potenciales, entre otros, de una restauración del capitalismo. Pero, a pesar de todo, la economía soviética durante este período no fue capitalista, fue socialista.

Marx, al analizar y comparar diferentes formas históricas de producción para identificar las características específicas que definen el capitalismo, señaló que el dinero y la mercancía existía en muchas otras formas de la sociedad, en diversos grados, sin que surgiera el capitalismo. “Las condiciones históricas de su existencia no son de ninguna manera dadas con una mera circulación de dinero y mercancías. Este [el capitalismo] puede cobrar vida sólo cuando el propietario de los medios de producción y subsistencia se encuentra en el mercado con trabajadores libres vendiendo su fuerza de trabajo.” (Capital, Vol. I. International de., p. 170)

O como Marx escribe posteriormente en el mismo trabajo, “En sí mismos el dinero y las mercancías no son más capital que los medios de producción y de subsistencia. Quieren transformarse en capital. Pero esta transformación sólo puede tomar lugar bajo ciertas circunstancias que se centran en esto, a saber que dos tipos muy diferentes de poseedores de mercancía deben encontrarse cara a cara y en contacto; Por un lado, los poseedores del dinero, los medios de producción, los medios de subsistencia, que están ansiosos por aumentar la suma de valores que poseen, comprando la fuerza de trabajo de otros; por otro lado, los trabajadores libres, los vendedores de su propia fuerza de trabajo y por lo tanto los vendedores de trabajo… Con esta polarización del mercado de mercancías, se dan las condiciones fundamentales de la producción capitalista. El sistema capitalista presupone la separación completa de los trabajadores de toda propiedad en los medios en los cuales pueden realizar su trabajo. Tan pronto como la producción capitalista está en sus propias piernas, no sólo mantiene su separación, sino que reproduce en una escala que se extiende continuamente.” (Capital, p. 714.)

Lenin igualmente, en su estudio de el “Desarrollo del Capitalismo en Rusia”, mostró que sólo “la separación del productor directo de los medios de producción, es decir, su expropiación, [significa] la transición de una producción simple de mercancías a una producción capitalista (y [constituía] la necesaria condición para esta transición) …. El mercado interior… se propaga con la extensión de la producción de mercancías desde productos hasta la fuerza de trabajo, y sólo en proporción en el que este último se transforma en mercancía, logra el capitalismo abarcar toda la producción del país, desarrollándose principalmente debido a los medios de producción…” (Obras Escogidas, Vol. 3, pp. 68-69.)

Así en orden para demostrar que una sociedad dada era capitalista, en el sentido científico del término, sería necesario mostrar no meramente que los artículos de consumo eran mercancías (que era verdadero, pero prueba poco), sino que también y principalmente que el intercambio mercantil, basado en la expropiación de los productores directos, abarque y gobierne los medios de producción y la fuerza de trabajo. Si los productores directos, los trabajadores, no son divorciados de los medios de producción, y si consecuentemente ni estos medios ni la fuerza de trabajo funciona como mercancías, entonces ningún superviviente del “derecho burgués”, ni cualquier cantidad de otras desigualdades e injusticias, puede permitir que una sociedad así sea debidamente denominada capitalista.

Inversamente, si los productores directos habían sido separados de los medios de producción y consecuentemente la fuerza de trabajo y los medios de producción, ambos eran intercambiados como mercancías, entonces ninguna cantidad de beneficios de bienestar social, ni ninguna nacionalización, ni sin restricciones legales al exceso de especulación, ni sin medidas de mejoramiento cualquiera pueden encubrir o modificar el carácter capitalista de una sociedad así. Es importante mantener estas elementales pero necesarias y suficientes características del capitalismo firmemente en la mente en orden para comprender la derecha y la izquierda, el avance y el retroceso del desarrollo soviético. Existe una enorme abundancia de definiciones superficiales, medias verdades y nociones irrelevantes en la literatura de lo que es el capitalismo y de lo que es el socialismo, todas las cuales, ya sea inocentemente o premeditadamente, sirven para mistificar o para distorsionar el proceso histórico y la situación presente.

6 Nuevos Brotes

La historia de la URSS durante la década de 1920 y la de 1930 fue como una larga marcha para reunir a los trabajadores con los medios de producción.

Fue una lucha compleja y prolongada que para revocar el gran divorcio histórico que surgía en los albores del capitalismo. Entre el campesino y la tierra, entre el el tejedor y el telar. Este cisma, constantemente reproducido y universalizado por el orden capitalista, crea y recrea, por un lado, los millones de trabajadores con las manos vacías y, por otro, el relativo puñado de propietarios de los medios de producción. En esta separación se fundan los mercados gemelos de mercancías que caracterizan al orden capitalista y lo distinguen de todos los demás: el mercado de la fuerza de trabajo entre el capitalista y el trabajador, con los trabajadores siempre como vendedores y el capitalista en el papel de comprador, y el mercado de los medios de producción, con los capitalistas comprando y vendiendo unos a otros. Una vez que se suspende el cisma básico, estos mercados pierden su razón de ser; la fuerza de trabajo y los medios de producción se deshacen de su carácter mercantil y se transforman paso a paso en propiedad social. Tal en líneas generales, fue el camino del desarrollo soviético hacia el socialismo y en el período socialista.

¿Cuáles fueron algunos de los pasos específicos que fueron tomados por el poder soviético para reunir a la clase trabajadora con los medios de producción? Ciertamente, la nacionalización de los medios de producción por parte del Estado obrero fue la base política de todo el proceso. Pero si el proceso hubiera cesado con la firma de los papeles de nacionalización, habría sudo un “socialismo” de papel. De hecho, los decretos de nacionalización en muchos casos sólo legalizaron las tomas de fábricas realizadas por trabajadores por iniciativa propia; y de ahí en adelante ola tras ola de iniciativas y movimientos de masas impulsaron la transformación socialista de la sociedad soviética y le dieron vida.

Uno de los primeros movimientos de masas innovadores promovidos por la clase trabajadora soviética fue la práctica de los subbotniks, o “Sábados Comunistas”.  La primera fue organizada por iniciativa propia de los trabajadores del taller de reparaciones principal del ferrocarril Moscú-Kazán en mayo de 1919. Trabajando voluntariamente y sin paga después de que el turno regular terminó, los trabajadores trabajaron sólo por inspiración política, con el fin de salvar y fortalecer el poder soviético contra sus enemigos durante la Guerra Civil. A pesar de la fatiga del fin de semana, la productividad de los trabajadores durante los subbotniks regularmente era dos o tres veces mayor que durante las horas regulares.

“Los subbotniks comunistas son extraordinariamente valiosos como el comienzo real del comunismo”, escribió Lenin, identificando a los subbotniks como uno de los “nuevos brotes” que apuntan por delante de la etapa entonces existente de desarrollo social hacia el objetivo final de una sociedad sin clases. Siguiendo las primeras iniciativas locales, el partido organizó subbotniks a nivel nacional con excelentes resultados durante todo el período de la Guerra Civil, y la práctica fue revivida una y otra vez. A fines de la década de 1920, surgió una nueva forma de subbotnik, el voskresnik – trabajo voluntario de horas extra para recaudar fondos para la gran campaña de industrialización proyectada por el primer plan plan quinquenal. Al igual que los subbotniks, estas iniciativas también fueron popularizadas rápidamente por la prensa del partido y del gobierno, y movilizaron a millones de trabajadores.

El movimiento del “equipo de trabajo de choque”, iniciado en 1926 por el mismo taller ferroviario que había iniciado los subbotniks, fue en parte un impulso para llevar el espíritu subbotnik a las horas de trabajo regulares. Puso énfasis al mismo tiempo en reorganizar el trabajo, descartando los viejos patrones de división de trabajo heredados del capitalismo e inventando otros nuevos que promovieran una mayor productividad. Dirigido por el activista de la Komsomol (Liga Juvenil Comunista) Nikolai Nekrasov, el movimiento produjo no solo una mayor producción, sino un entusiasmo mucho mayor por parte de los trabajadores al participar en las reuniones de producción, donde todos los aspectos de los métodos de trabajo existentes fueron criticados y remodelados para sacar a relucir la iniciativa de los trabajadores. (Borisova et al., Outline History of the Soviet Working Class, pp. 121-124-)

El movimiento Stajanovita, que comenzó en 1935, fue el sucesor de los equipos de trabajo de choque. Al igual que este último, enfatizó la reorganización de la división del trabajo y el desarrollo del trabajo en equipo para lograr una mayor producción. Pero contribuyó también a hacer hincapié en la calidad de los resultados y, sobre todo, en la mejora de la técnica y la tecnología del trabajo. El rediseño y la innovación de la maquinaria y los procesos de la máquina por parte de los propios trabajadores – frecuentemente, como señaló Stalin en su “Problemas Económicos del Socialismo” (1952, p. 28), a pesar de las objeciones de los ingenieros y técnicos conservadores – era lo fundamental de este movimiento. Un académico estadounidense burgués, David Granick, en su estudio “The Red Executive” (1960), defendió el movimiento contra las acusaciones occidentales de que era principalmente una forma de aceleración. “Principalmente, tenía como objetivo motivar a los trabajadores a utilizar técnicas mejoradas en el trabajo”, escribió, “e innovar con otras nuevas. Su énfasis era completamente moderno, puesto en la racionalización en lugar de en sudar”. (p. 213.) También fue popularizado por el partido, no sin oposición de ingenieros y gerentes, y difundido en grandes proporciones de la industria, la minería y el transporte.

Tal Iniciativa masiva provocó incrementos extremadamente rápidos en la productividad laboral. Durante el primer plan quinquenal, que comenzó en 1929, la productividad laboral había aumentado en un 41 por ciento; durante el segundo plan, cuando comenzó el movimiento Stajanovita, saltó al 82 por ciento; y creció otro 33 por ciento sobre esta base más alta durante el período del tercer plan. (Borisova, p. 206.) Para entonces, el desempleo, el principal acicate para un mayor esfuerzo obrero (aceleración) bajo el capitalismo, y también el resultado principal bajo el capitalismo de la “racionalización” tecnológica, había dejado de existir en la URSS.

Una forma ingeniosa y reveladora de iniciativa de masas fue la que surgió durante el período del primer plan que se denominó “remolcador público”. Según el relato de Borsisova, “comenzó en la Cuenca del Donets por iniciativa de los trabajadores de la mina de Artem. En una de las reuniones de producción, la discusión se centró en una mina vecina cuyos trabajadores fallaron sistemáticamente en realizar el plan. Un trabajador veterano racionalizador encontró una manera de ayudarlos. Habiendo servido una vez en la marina, recordó que a veces era necesario remolcar barcos y barcazas que no podían navegar por sus propios medios, y propuso hacer lo mismo con los trabajadores de la mina vecina….

“Su propuesta fue aprobada y poco después del primer ‘equipo de remolcadores’ llegó a la mina atrasada, sólo para recibir una bienvenida hostil: ‘No tienen por qué estar aquí. Podemos arreglárnoslas sin su ayuda. Así que den la vuelta y diríjanse a sus casas.’

“No hemos venido aquí para charlar, sino para brindar una ayuda de camaradería’, respondieron los mineros de Artem. ‘Y nos quedaremos aquí hasta que hayamos cumplido nuestra tarea.’

“Con la ayuda de la organización del partido, agruparon a los trabajadores más destacados en torno a sí mismos y pusieron en marcha la competencia socialista. En poco tiempo, la mina atrasada se puso al día con el plan. Al final del período del plan quinquenal, los ‘equipos de remolcadores’ públicos operaban en muchas empresas industriales”. (pág. 148).

Una forma más profunda de iniciativa de masas fue la participación de los trabajadores en la crítica del plan quinquenal y en la elaboración de sus planes revisados propios. A esto se le llamó “contraplanificación”. Borisova escribe que “fue presentado por primera vez en el verano de 1930 por los trabajadores de choque de KarlMarx Works en Leningrado. Esto se hizo en respuesta al discurso de los trabajadores de choque de la fábrica Znamya Truda a los trabajadores de choque Leningrado. El discurso fue publicado en el Leningradskaya Pravda el 9 de abril de 1930 bajo el título ‘Znamya Truda Shock Workers Are Drawing Up an Extended Counter Industrial and Financial Plan [Los trabajadores de choque de Znamya Truda están elaborando un plan opuesto, financiero, industrial y ampliado]’. En ese momento, los trabajadores de la fábnrica Elektrozavod de Moscú estaban ideando planes opuestos para la empresa en su conjunto y para cada uno de sus talleres y tornos. Muchos de ellos adquirieron una inclinación por la planificación y se matricularon en instituciones de educación superior que ofrecían formación especializada en este campo”. (p. 147).

La contraplanificación, incluso más que el movimiento Stajanovita, frecuentemente molestaba a los ingenieros y gerentes que habían conservado o adquirido una perspectiva básicamente burguesa. Muchos de ellos huyeron a los países capitalistas, donde los servicios de inteligencia y los académicos los sonsacarían en busca de información privilegiada sobre las condiciones soviéticas. Uno de esos eruditos, Joseph Berliner, dio la siguiente transcripción (en su estudio de 1957, “Factory and Manager in the URSS” [Fábrica y Gerente en la URSS”) de reporte sobre la contraplanificación de un gerente de planta renegado:

“Todos los trabajadores, todos son convocados a la conferencia de producción. Y luego empieza la llamada ‘contraplanificación’, de una forma muy cruda, que rápidamente termina en un fiasco. Ellos leen el plan. Aquí nuestra administración principal nos ha dado tal o cual información, tal o cual índices, por supuesto que tenemos que cumplirlos, todos entendemos que esto tiene que hacerse. Por lo tanto, la agitación continúa. Esto tenemos que hacer, tenemos que cumplir y sobrecumplir. ‘Espero que algunos de los trabajadores – esto lo dice algún ingenieron o un reperesentante de la organización del partido – presenten contrapropuestas’. Ahora todo el mundo quiere manifestar su ‘actividad’. Alguna ‘mariposa’, alguna lechera se levanta de su lugar y dice ‘Creo que deberíamos prometerle al camarada Stalin que se sobrecumplirá al cien por ciento.’ Sin tener en cuenta los materiales, sin tener en cuenta el suministro. Luego, otro sepone de pie y dice “Todos deberíamos prometer el 100 por ciento y yo personamente prometo el 150 por ciento”. En resumen, se amontona más y más, y los ingenieros y los economistas se rascan la cabeza. Sin embargo, a esto se le llama ‘contraplanificación’, una manifestación de la nueva moral socialista y de un mayor entusiasmo socialista. Todo esto llega a la cima y allí como comprenderan, hay confusión, confusión llana, un completo embrollo”. (pág. 275).

Rebosante de chovinismo, desprecio y sarcasmo, un director de fábrica como el que proporcionó este relato, naturalmente, vio el entusiasmo de los trabajadores como contradictorio con la “eficiencia” y la “racionalidad”. ¿Qué pasa con los materiales, y el suministro? A tales mentes burguesas no se les ocurrió que, si el entusiasmo se extendiera a las otras fábricas que producen los materiales y suministros para esta fábrica, y así sucesivamente en una reacción en cadena, entonces podría bien lograrse un salto adelante en la producción en todas partes.

Este estrecho espíritu burocrático también tenía sus partidarios en la oficina del Gosplan, la oficina central de la planificación del Estado, como relata el sovietólogo burgués M. Lewin, en su “Russian Peasants and Soviet Power [Campesinos Rusos y Poder Soviético]” de 1968.  “Al principio”, escribió Lewin, “el Gosplan en bloque trató de detener la avalancha de demandas irrazonables…” que les llegaban desde las fábricas de abajo y del Comité Central desde arriba – demandas para un aumento enorme de la producción. Pero la dirección del partido tenía poca tolerancia con esta reluctancia. Se creó una “atmósfera” dentro del Gosplan, relata Lewin, “tal que habría sido un acto de ‘valentía cívica’ por parte de los planificadores en insistir que había sectores en los que se debería aplicar un freno…. Los planificadores eran conscientes de los riesgos que entrañaba discutir demasiado o plantear objeciones por motivos técnicos o de otro tipo. En la privacidad de sus propias oficinas, comentaron que era ‘mejor cumplir con la demanda de tasas de crecimiento rápidas que ir a prisión por haber abogado por demandas más moderadas.” (p. 346.)

La dirección del partido, al purgar del Gosplan al más franco de estos “guardafrenos”, se puso del lado de las llamadas “mariposas” y “lecheras” que estaban comprometidas a la contraplanificación en el punto de producción. Cuando el equipo de trabajadores de choque en una fábrica de Lugansk, exponiendo las implicaciones de la contraplanificación para toda la economía, hizo un llamamiento para “terminar el plan quinquenal en cuatro años”, el Comité Central lo recogió y lo difundió por todo el país.

Gracias a semejantes iniciativas obreras, generalizadas y popularizadas por la dirección del partido, se logró en cuatro años y tres meses el desarrollo fenomenal de las fuerzas productivas que proyectaba el primer plan quinquenal. Fue un triunfo que todavía tiene a los economistas políticos y a los historiadores burgueses rascándose las cabezas, y fue seguido por más logros, casi igualmente espectaculares.

Pero realmente no había ningún misterio al respecto. Tales logros en el desarrollo de las fuerzas de producción social fueron el fruto del reencuentro entre la clase obrera y los medios de producción. Las iniciativas y los movimientos de las masas reflejaron y profundizaron esta relación de producción profundamente nueva, cuya condición política previa era la dictadura del proletariado.

Sin embargo, no todos los elementos de la sociedad soviética estaban tan animados y complacidos por los triunfos del socialismo como sí lo estaban, según todos los informes, la gran mayoría de los trabajadores y los cuadros del partido.

7 Derecho Burgués

La Unión Soviética a los mediados de la década de 1930 fue predominantemente un escenario de triunfo y unidad.

Sus características elementales eran que el poder estatal estaba sólidamente en las manos de la clase trabajadora; los principales bloques de oposición dentro del partido habían sido expuestos y derrotados y la unidad del partido era fuerte; la alianza entre la clase obrera y el campesinado había sido cimentada por la colectivización de la agricultura; se han sentado las bases de la economía socialista; y se estaban dando pasos gigantescos sobre esta base.

Fue este espíritu triunfante el que animó al XVII Congreso del partido de 1934, inspiró la adopción de la histórica constitución soviética de 1936 y proporcionó el contexto para amplias medidas de democratización en el aparato del gobierno soviético en 1937 y el fortalecimiento de la democracia y el centralismo en ek partido en el Congreso XVII de 1939.

No había nada falso o hueco en la base del espíritu predominante de la época. Las victorias en el área de la construcción política, económica, social y cultural logradas por el poder soviético fueron tan reales y tangibles como las victorias que están siendo logradas en nuestros días por las luchas de liberación nacional de los pueblos de Indochina. No había ni hay ningún motivo legítimo para una actitud cínica o pesimista respecto a ellos.

Y, sin embargo, unos 20 años después de la histórica adopción de la constitución soviética de 1936, las características elementales de la sociedad soviética habían sufrido un cambio completo de carácter. El poder del Estado pasó a manos de una clase burguesa; el partido cambió de naturaleza; la alianza obrero-campesina fue atacada; los cimientos de la economía socialista se pusieron bajo el mazo y la bola de demolición; y la parte inferior de la estructura comenzó a caer por debajo de los avances en el desarrollo de la producción social.

Entender que la URSS fue una vez socialista no es difícil en sí mismo. Tampoco es tan difícil ver, cómo se mostrará, que es hoy capitalista. Sin embargo, no es tan fácil captar estos dos estados opuestos y contradictorios en su interconexión y como un proceso, ver las semillas del último en el primero y marcar el punto donde una acumulación de cambios cuantitativos graduales e insignificantes produjo un abrupto giro en todo el carácter de la sociedad.

En esta conexión, recientemente ha aparecido una contribución muy importante en la revista teórica china Red Flag. Aunque se dirige principalmente a cuestiones actuales en el Partido Comunista de China, también tiene una referencia directa y clara a las discusiones en curso entre los Marxistas-Leninistas de todo el mundo sobre las transformaciones que tuvieron lugar en la Unión Soviética. Titulado “Sobre la Base Social de la Camarilla Antipartido de Lin Piao [On the Social Basis of the Lin Piao Anti-Party Clique]”, de Yao Wen-yuan, el artículo es una crítica de las interpretaciones superficiales, idealistas y vulgares de la restauración capitalista soviética y merece una cita extensa en el contexto del presente estudio.

“Está bastante claro”, escribe Yao, un comunista veterano y líder en la revolución cultural, “que Lin Piao y la camarilla antipartido representa los intereses de los terratenientes derrocados y las clases burguesas y el deseo de los reaccionarios derrocados de tumbar la dictadura del proletariado y restaurar la dictadura de la burguesía.

“La camarilla antipartido de Lin Piao se opuso a la gran revolución cultural proletaria y tenía un odio inveterado por el sistema socialista bajo la dictadura del proletariado en nuestro país, calificándolo de ‘autocracia feudal’ …. “

Jruschov, como se recordará, al tomar el mando del Partido Comunista Soviético en 1956, empleó injurias similares contra la dictadura del proletariado de la URSS bajo Stalin.

Luego, Yao recuerda las maquinaciones e intrigas intrapartidistas de la facción Lin Piao que culminaron en el “Proyecto 571”, un intento de golpe militar, que fracasó y le costó la vida a su autor durante su apresurada huida para escapar a la URSS en 1971. “Todo esto refleja la lucha de vida y muerte entre el proletariado y la burguesía, las dos grandes clases antagónicas, bajo la dictadura del proletariado, una lucha que durará por un largo período.

“Mientras existan las clases reaccionarias derrocadas, queda la posibilidad de que surjan en el partido (y en la sociedad) representantes de la burguesía que intentarán convertir su esperanza de restauración en intentos de restauración. Por lo tanto, debemos aumentar nuestra vigilancia, protegernos contra y aplastar todo complot de los reaccionarios y en el extranjero y no permitir que nuestra vigilancia disminuya”.

Hasta ahora, el artículo de Yao se desarrolla en un terreno familiar. Sin embargo, comienza a profundizar más con lo siguiente:

“Pero ver este tanto”, – es decir, ver que los restos de la vieja burguesía representan un peligro – “es todavía no comprender el problema en su totalidad.

“La camarilla antipartido de Lin Piao representaba no sólo la esperanza de los terratenientes y la burguesía derrocados para la restauración, sino [también] de los elementos burgueses engendrados recientemente en la sociedad socialista por usurpar el poder. Ellos mismos tenían algunas características de los elementos burgueses engendrados recientemente y algunos de ellos eran de hecho tales elementos. Y algunas de sus consignas reunieron y reflejaron las necesidades de desarrollar el capitalismo de los elementos burgueses y de quienes quieren tomar el camino capitalista. Es precisamente este aspecto de la cuestión que merece un análisis más detallado.

“El presidente Mao señala: “Lenin dijo, ‘la pequeña producción engendra el capitalismo y a la burguesía de forma continua, diaria, horaria, espontánea y a escala masiva’. Esto también ocurre entre una sección de los trabajadores y una sección de los miembros del partido. Tanto dentro de las filas del proletariado como entre el personal de los órganos estatales hay personas que siguen el estilo de vida burgués”.

“La existencia de la influencia burguesa y la influencia del imperialismo internacional y el revisionismo son la fuente política e ideológica de nuevos elementos burgueses, mientras que la existencia del derecho burgués proporciona la base económica vital para su surgimiento”.

El término “derecho burgués” se toma de la “Crítica del Programa de Gotha” de Marx y se refiere a relaciones que son iguales y libres en forma, pero no libres y desiguales en esencia.

Así, “de cada uno según sus capacidades, a cada uno según la cantidad de trabajo realizado” es una relación de aparente igualdad, pero en realidad genera desigualdad porque diferentes individuos realizan diferentes cantidades de trabajo. De manera similar, el lema “los últimos contratados, los primeros despedidos”, que subyace al antiguo sistema sindical capitalista, promueve la equidad formal y la igualdad de oportunidades, pero en esencia refuerza y reproduce la discriminación y la desigualdad en la contratación.

Luego, Yao cita tanto a Lenin como a Mao Tsetung sobre la supervivencia de las relaciones burguesas en partes de la base económica de la sociedad socialista. (Véase el quinto artículo de esta serie.) Es el énfasis en la base económica lo que es crucial aquí; porque sería idealista suponer que una nueva burguesía puede generarse dentro de una sociedad socialista únicamente sobre la base de las viejas ideas que sobreviven en la mente de la gente. La conciencia de las personas, sostenía Marx, es un reflejo de su ser social. Esto también sigue siendo cierto en la sociedad socialista. Si las ideas burguesas no sólo sobreviven, sino que se reproducen y toman nuevas formas en la sociedad socialista, es porque tienen una base en el ser social. El programa propuesto por la camarilla de Lin Piao, escribe Yao, “ni cayó de los cielos ni fue innato en las mentes de aquellos que decían ser ‘supergenios’; era un reflejo del ser social”.

“Los análisis hechos tanto por Lenin como por el presidente Mao nos dicen que el derecho burgués está obligado a existir en materia de distribución e intercambio bajo el sistema capitalista debe ser restringido bajo la dictadura del proletariado para que en el largo transcurso de la revolución socialista, las tres grandes diferencias entre obreros y campesinos, entre ciudad y campo y entre trabajo manual y mental vayan reduciéndose gradualmente y las discrepancias entre los grados [salariales] se reduzcan gradualmente y las condiciones materiales e ideológicas para cerrar esas brechas se crearán gradualmente”.

Si se hace lo contrario, dice Yao, “el resultado inevitable será la polarización, es decir, un pequeño número de personas adquirirá en el transcurso de la distribución cantidades cada vez mayores de mercancías y dinero a través de ciertos canales legales y de numerosos ilegales; las ideas capitalistas de amasar fortunas y anhelar la fama y las ganancias personales, estimuladas por esos “incentivos materiales”, se difundirán sin control; la propiedad pública se convertirá en propiedad privada y aumentará la especulación, el soborno y la corrupción, el robo y el soborno; el principio capitalista del intercambio de mercancías se abrirá paso en la vida política e incluso en la vida de partido, socavará la economía planificada socialista y dará lugar a actos de explotación capitalista como la conversión de mercancías y dinero en capital y la fuerza de trabajo en mercancía; habrá un cambio en la naturaleza del sistema de propiedad en ciertos departamentos y unidades que siguen la línea revisionista; y se volverán a producir instancias de opresión y explotación de los trabajadores.

“Como resultado, un pequeño número de nuevos elementos burgueses y advenedizos que han traicionado totalmente al proletariado y al pueblo trabajador surgirá entre los miembros del partido, los trabajadores, los campesinos acomodados y el personal de los órganos estatales.

“Nuestros camaradas obreros lo han dicho bien: ‘si el derecho burgués no es restringido, frenará el desarrollo del socialismo y ayudará al crecimiento del capitalismo’.

“Cuando la fuerza económica de la burguesía crezca hasta cierto punto, sus agentes exigirán el dominio político, el derrocamiento de la dictadura del proletariado y del sistema socialista y un cambio completo de la propiedad socialista, y restaurar abiertamente y desarrollar el sistema capitalista…”

Yao también toma nota de las particularidades que conlleva un intento de restauración por parte de los elementos burgueses recién engendrados, a diferencia de los restos de la vieja burguesía:

“Los nuevos elementos burgueses que surgen como resultado del a erosión de las ideas burguesas y la existencia del derecho burgués generalmente comparten los rasgos políticos de traidores y de arribistas. En orden para realizar las actividades capitalistas bajo la dictadura del proletariado, siempre pusieron un cierto letrero socialista; dado que sus actividades restauracionistas no apuntan a arrebatar ningún medio de producción de los que hayan sido desposeídos, sino a apoderarse de los medios de producción que nunca han poseído, son especialmente codiciosos, ansiosos por tragar de un tirón la riqueza perteneciente a todo el pueblo o al colectivo y ponerlo bajo su propiedad privada”.

En orden para evitar tal restauración, Yao concluye, que es necesario en la práctica “extraer la tierra que alimenta a la burguesía y al capitalismo” y, a conciencia, “poder calar a tiempo a la nueva burguesía… como aparezca o como tome forma”.

Aquí, en pocas palabras, Yao ha ubicado el error cardinal cometido por el partido comunista soviético durante el período en que Stalin era su líder. No extrajeron con suficiente rapidez la “tierra” política económica-social que engendraba una nueva burguesía y no percibieron el peligro que suponía hasta que la iniciativa ya se les había escapado de las manos. Es necesario examinar más de cerca estos problemas.

8 Suelo Viejo

La aparición y maduración gradual de una nueva burguesía potencial dentro del redil de la sociedad socialista soviética fue un proceso secreto y silencioso que solo hoy puede ser dilucidado por encima.

Hay un escaso número de datos disponibles que dan información sobre la situación económica cotidiana, la base material, por la cual se engendró la burguesía que posteriormente tomó el poder. Pero el proceso por el cual gradualmente se organizó a sí misma como clase, construyendo sus propias asociaciones y adquiriendo autoconsciencia colectiva anterior a su ascenso al poder es casi totalmente desconocido.

Y tuvo que ser así. Para que esta burguesía en potencia emergiera en condiciones de dictadura del proletariado cualquier adhesión abierta o defensa intencional de las metas capitalistas era imposible. Una eficiente policía secreta hizo que la conspiración –históricamente el modo favorito de la burguesía para organizarse– fuera extremadamente peligrosa. No es muy probable que los futuros historiadores desentierren algún registro fiable de lo que pasó por las cabezas de la naciente burguesía soviética mientras fue una clase oprimida. El contenido de estas ideas y conversaciones secretas solo puede ser deducido ex post facto: del contenido, por ejemplo, del Discurso Secreto de Khruschev de 1956 y, sobre todo, del carácter de las medidas que se tomaron tras su ascenso al poder.

Lo que los registros hacen es enseñar claramente que los residuos de la vieja sociedad – la burguesía pre-1917 y los kulaks y “hombres de la NEP” * que aparecieron al final de los años 20 y principios de los 30 – no jugaron un rol de liderazgo en la transformación ocurrida tras la muerte de Stalin en 1953. Biológicamente muchos de estos individuos, en tanto que siguieron en el país, seguían siendo lo suficientemente jóvenes y vigorosos para haber jugado algún papel político a mediados de los 50. Pero las condiciones bajo la dictadura del proletariado jugaban en contra de esta posibilidad. Un origen burgués era un hándicap para conseguir la membresía del partido y un descalificador absoluto para el liderazgo de este.

La oligarquía financiera de los EEUU y el diplomático W. Averell Harriman señalaron esto de manera irónica en un libro donde se contaba su viaje a la URSS en el año 1959 (“Peace With Russia?” New York, 1959, p.17), donde se reunió con el Partido y los líderes de gobierno. Harriman cita a Khruschev:

“Yo mismo fui un humilde trabajador”, dijo. “Empecé mi vida como un pastor, después me ascendieron a vaquero y finalmente conseguí un trabajo en las minas, donde estuve hasta la Revolución.”

“Como si no pudiera ser superado,” Harriman continúa con la anécdota, “el Viceprimer Ministro Anastas Mikoyan, quien junto al Viceprimer Minsitro Frol Kozlov y el Ministro de Asuntos Exteriores Andrei Gromyyko se unió a la discusión, dijeron: ‘Yo era el hijo de un zapatero.’ dijo Kozlov, ‘Y yo era un huérfano sin techo.’ Incluso Gromyko, quien se había mantenido en un sombrío silencio durante toda la conversación, intervino: ‘Y yo era el hijo de un indigente.’ Les dije que parecían políticos americanos alardeando de sus orígenes…”

La toma del poder después de Stalin, en resumidas cuentas, no fue una restauración de la vieja burguesía expropiada. Fue el ascenso de una nueva burguesía engendrada dentro del socialismo bajo la dictadura del proletariado. Pero, ¿dónde y cómo fue esta burguesía engendrada?

El reconocido clásicamente como terreno propicio para el surgimiento de capitalistas bajo el socialismo es la agricultura, en concreto en las granjas colectivas. A pesar de que las granjas colectivas soviéticas ya no estaban caracterizadas por la producción a pequeña escala que, en palabras de Lenin, “engendra capitalismo y burguesía continuamente, diariamente, cada hora, espontáneamente y a gran escala,” había todavía suficiente terreno para que pudiese constituir un peligro.

No fueron solo las parcelas domésticas privadas. Más problemática fue la forma de propiedad de la granja colectiva en sí. Era propiedad socialista en el sentido de que el Estado proletario tenía la propiedad tanto de la totalidad de la tierra como de la mayor parte de la maquinaria agrícola (tractores, cosechadoras y similares) usados por los agricultores colectivos. Pero a parte de estas restricciones primarias y algunas secundarias (como el control de los precios), cada granja colectiva operaba, en relación con las otras granjas y del Estado, casi como una empresa privada centrada en la producción de beneficios. A pesar de que varios miles de personas podrían pertenecer a una sola granja colectiva, cada una de estas granjas todavía conformaba un tipo de producción relativamente pequeño y anárquico comparado a la escala e integración planificada del sector estatal, en concreto del de la industria.

En el último escrito publicado de Stalin, “Economic Problems of Socialism” (1952), hay advertencias claras concernientes a las granjas colectivas y sobre las relaciones de intercambio de mercancías envueltos en esta forma. “Sería imperdonable la ceguera de no ver esto al mismo tiempo”, escribe Stalin, “que estos factores ya están empezando a obstaculizar nuestro poderoso desarrollo de las fuerzas productivas, puesto que estos crean obstáculos a la extensión total de la planificación del gobierno a toda la economía nacional, especialmente la agricultura. No hay duda de que estos factores estorbarán el continuo desarrollo de las fuerzas productivas de nuestro país cada vez más y más a medida que el tiempo avanza. La tarea, por lo tanto, es eliminar estas contradicciones mediante la conversión gradual de la propiedad de granja-colectiva en propiedad pública y mediante la introducción – también gradual – de intercambio de productos en lugar de la circulación de mercancías.” (Pekín, Foreign Languages Press ed., p. 70).

Conocemos por eventos posteriores que los elementos burgueses dentro de la URSS y su partido comunista no estaban de acuerdo con estas apreciaciones de Stalin. Tampoco estaban de acuerdo con su estricto mandato (también en este mismo trabajo) contra la idea de vender las máquinas y tractores a las granjas colectivas, una propuesta que llevaría, en palabras de Stalin, “a la reaparición del capitalismo.” (p. 96) (Unos años más tarde, Jruschov implementó esta propuesta, junto a otras que también fueron criticadas por Stalin en esta obra). Es significativo que, aun así, ni Jruschov ni ningún otro alto mando del partido se mostrará en su momento a favor de la propuesta, que fue propuesta en cartas dirigidas a Stalin por dos individuos oscuros llamados Sanina y Venzher. Una discusión pública del libro de Stalin fue organizada y el partido entero fue ordenado a participar, pero si Jruschov ya hubiera estado de acuerdo en 1952 con Sanina y Venzher y sus camaradas, lo mantuvo en secreto. En público él y sus aliados se mostraron a favor de las ideas de Stalin de manera entusiasta –y poco después hicieron lo contrario. Estos métodos eran característicos de la burguesía soviética en ascenso.

A pesar de la tremenda importancia del desarrollo de la agricultura durante y después del periodo socialista soviético, no obstante, las fuerzas dirigentes detrás de los eventos de mediados de los 50 no solo venían de este sector, el más obviamente y bien reconocido como terreno fértil del capitalismo. La agricultura fue una de las especialidades de Jruschov. Pero otros líderes de estas nuevas fuerzas burguesas que tomaron el poder tras la muerte de Stalin hicieron carrera en el partido involucrándose de forma más activa en los asuntos relacionados con la ingeniería y la industria.

La posición del Soviet de ingeniería y gestión del personal, particularmente el de los directores de empresa, era contradictoria durante el periodo socialista. Tenían grandes responsabilidades, más grandes incluso que aquellas de los gerentes de la sociedad capitalista, pero menos poderes que estos.

El Soviet del director de empresa (o director de planta) bajo el socialismo era encargado y responsable de la organización del proceso de producción en su forma humana, técnica y de contaduría. La responsabilidad estaba concentrada en el individuo, de acuerdo al principio de la “administración de un solo hombre” defendido a principio de los años 20 por Lenin junto a otras medidas desarrolladas en las primeras etapas de la NEP. Fue un principio diseñado para superar la confusión, evasión de responsabilidades y caídas de la producción que eran muy frecuentes en el periodo temprano de la toma de las fábricas y la primitiva autogestión de los trabajadores y se mantuvo e incluso se reforzó durante el periodo de la economía planificada. La responsabilidad del director bajo este sistema fue, de hecho, todavía más grande que la del director de planta bajo el capitalismo, porque el director soviético estaba ligado tanto técnicamente como legalmente al plan económico cuyas ordenanzas describían con considerable detalle qué debe ser producido y cuándo. Como Stalin recalcó en su discurso al 15vo Congreso del Partido en 1927, “Nuestros planes no son previsiones, no son conjeturas, pero planes dirigidos que vinculan a nuestros órganos dirigentes…” (Works, Vol. 10 p. 335). Esto significó que el director que fallara en completar un plan estaba rompiendo la ley y podía ser llevado a juicio, ser condenado como culpable de maldad consciente y condenado a muerte como saboteador.

Al mismo tiempo que portaban grandes y estrictas responsabilidades, los gerentes soviéticos gozaban de mucho menos poder sobre los trabajadores que sus contrapartes capitalistas. Tenían una fuerte autoridad, sobre todo durante el gran influjo de campesinos en el impulso de industrialización llevado a cabo a principios de los años 30, de asignar a los obreros diferentes papeles en la división interna del trabajo, castigar la impuntualidad y el absentismo con multas y, por otra parte, “manejar el cotarro” – aunque incluso esta autoridad podía ser desafiada con éxito. Pero no tenían el poder más importante del que sí gozaban sus contrapartes capitalistas, este es, el del poder despedir a los obreros a voluntad. No podían amenazar a los trabajadores con el desempleo y el hambre.

Esto era una materialización de que la fuerza del trabajo en la USS no era ya una mercancía que podía ser vendida y comprada como cualquier otra: su precio (sueldos) ya no se veía reducido por la existencia de un exceso de desempleados y el inalienable derecho de los compradores de mercancía de negarse a comprar – el derecho a no contratar y suspender de empleo – no estaba reconocido. Excepto durante los tiempos de guerra, los obreros eran libres de abandonar su trabajo; pero los gerentes no podían despedirlos a menos que probaran algún crimen contra ellos. Así, a falta de látigo, los gerentes eran débiles.

Es más, los trabajadores tenían más de una vía por la cual podían atacar a los directores que abusaran de la autoridad de la que poseían. Como el erudito burgués británico Mary McAuley escribe (en “Labour Disputes in the Soviet Union,” Oxford 1969), había tribunales especiales para mediar en disputas industriales a los que solo los obreros tenían acceso; el personal de gerencia solo podía aparecer como acusados y tenían prohibido el acceso a casos recién iniciados pp. 54-55). Incluso antes de que los problemas llegaran a juicio, había formas de que los trabajadores en el taller pudieran hacer ver a un director problemático saber quién era el jefe. Uno de estos mecanismos, la reunión de producción, es descrita por el erudito burgués David Granick en su libro, “The Red Executive”:

“La gerencia opera bajo severos hándicaps ideológicos y prácticos en su esfuerzo de mantener baja la crítica de los obreros. Un director de fábrica… Dejó caer que las reuniones de producción eran un verdadero reto para él. Pero a la pregunta de si los obreros se atrevían a criticarlo abiertamente, él dijo, “Cualquier director que persiga las críticas será severamente castigado. No solo será despedido, sino que también será denunciado”. (new York, 1960, p. 230)

La combinación de enormes responsabilidades, pero tener relativamente poco poder en manos de los directores de empresa no era, a largo plazo, algo saludable. El camino a seguir hubiera sido transferir progresivamente cada vez más de las responsabilidades del director a los propios trabajadores, para igualar su poder. Pero como la cuestión dentro del partido se mantuvo estática, los propios directores llevaron la iniciativa. Por un lado, se apropiaron por sí mismos de parte del poder que tenían los obreros y al mismo tiempo se deshicieron de las responsabilidades que se les imponían en el plan. Estas dos tendencias por parte de los directores, derivadas de un impulso capitalista, se mantuvieron a raya y fueron contenidas en la vida de Stalin. Pero su fuente no fue erradicada. Tras su muerte, una vez que el nuevo liderazgo del partido consolidó su control sobre el partido, las otrora reprimidas quejas de los directores por su impotencia y la onerosa carga que les asignaba el plan tuvieron libertad de acción en la prensa y las exigencias implícitas en estas quejas fueron totalmente satisfechas.

9 En el Balance

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la muerte de Stalin en 1953, el PCUS y el gobierno parecían fuertes desde fuera e inquebrantables como nunca. Detrás de esta apariencia fuerte, sin embargo, había procesos en movimiento que permitieron que este bastión del socialismo – la encarnación de lo que en su tiempo fue defendido por el Marxismo-Leninismo – fuera tomado de manera indolora, a medida que avanzaban los cambios históricos, por un grupo de líderes con un programa contrarrevolucionario, antimarxista y antileninista.

La tarea es entender cómo ese cambio radical fue posible. Es una empresa complicada. Hay pocos modelos mentales en los que apoyarse. La mayor parte de los documentos claves que arrojarían luz sobre ciertos eventos particulares no están disponibles. Mucho fue hecho secreto. No obstante, mediante la observación del desarrollo a grandes rasgos, es posible identificar cuatro causas principales que trajeron este gran retroceso.

El primero de estos ya ha sido tratado anteriormente, este es, el reflejo en los círculos más poderosos del partido y del gobierno de los vestigios de las relaciones burguesas de producción que existían dentro de la base de la sociedad socialista. En la estructura de las granjas colectivas, como ha sido señalado antes, permanecieron ciertas bases objetivas para el comportamiento estrecho, egocéntrico, usurero y anárquico que caracteriza al capitalismo. En cuanto a la producción en la industria, igualmente, una excesiva concentración de responsabilidades en las manos de directores individuales e ingenieros engendraron entre los últimos sentimientos de superioridad y deseo de acumular el poder también entre sus manos. En ambas de estas ramas de la producción social, los dirigentes en la base operaban con un dedo, o incluso un pie, en el terreno capitalista o semicapitalista. La aspiración de avanzar en esta dirección, en lugar de hacerlo hacia el comunismo, no podía no brotar en sus cabezas en alguna u otra forma. Mientras en la cabeza de la mayoría esta noción – al menos en su faceta más obvia – era indudablemente reprimida, era de esperar que estas ideas camufladas ejercerían una influencia significante sobre muchos y convertirse en el impulso dominante en la cabeza de unos pocos.

Todo esto es inevitable en cualquier sociedad socialista – en cuanto sociedad que emerge del capitalismo, trayendo consigo no solo las viejas ideas sino también parte de las viejas estructuras. Incluso la clase trabajadora en el socialismo está ligada a ser movida en su conciencia por los resquicios de lo que Marx llamaba “derecho burgués” ; porque las desigualdades en la escala de salarios, complementadas con frecuencia en la URSS por bonificaciones y primas individuales, debieron actuar brillantemente contra el espíritu del entusiasmo colectivo y la nueva actitud respecto al trabajo que la clase trabajadora soviética mostraba por excelencia.

Es igualmente inevitable que estos resquicios de las relaciones capitalistas de producción en la base de una sociedad socialista se filtren a los estamentos altos del partido y el gobierno, como también a otras instituciones. Es parte del trabajo de las altas instancias del partido el mantenerse en contacto todo lo posible con las condiciones abajo. En las innumerables reuniones, visitas y conferencias donde los cuadros del partido de diferentes niveles se codeaban diariamente, los aspectos atrasados en la realidad y el pensamiento de la base estaban destinados a ser transmitidos hacia arriba junto a los progresivos. El gerente de la granja colectiva cuyos motivos subyacentes no eran muy diferentes de los de un kulak, el director de fábrica sediento de sostener el látigo contra los trabajadores, el ingeniero que desarrolla desvaríos de genialidad, los cuadros de nivel bajo del partido que quieren privilegios – todos están destinados, tarde o temprano, a encontrar un oído comprensivo en los niveles más altos, un líder que supiera encubrir tanto como avanzar sus intereses. Estafadores, arribistas y, en última instancia, saboteadores como Krushchev, se convirtieron en los productos naturales del lado más oscuro de la sociedad socialista, tanto como los grandes constructores del socialismo, líderes de la clase obrera y profesores del Marxismo-Leninismo como Stalin fueron los productos de la brillante corriente socialista.

La presencia de individuos de dos caras, con ganas de hacer carreras y oportunistas en los círculos altos del partido y el gobierno de la URSS fue históricamente inevitable y una condición recurrente. Tan pronto como la sociedad se mantenga en el estadio socialista de desarrollo tales personas subirán o intentarán subir en la jerarquía, tal como hacen en los partidos comunistas en las sociedades capitalistas. La exposición y expulsión de uno o dos de ellos no desalienta a los otros, solo les enseña cómo ser más listos. Este fue el primer motivo de porqué la toma de poder burguesa fue posible en la URSS.

Además de estas condiciones más o menos constante, estaban las condiciones históricas de la URSS durante este periodo en particular, compuesto de elementos tanto objetivos como subjetivos, que hicieron el trabajo de las manzanas podridas en el seno del partido más fácilmente y decantaron la balanza a su favor.

El Partido y el gobierno a finales de los 40 y principios de los años 50 alcanzó una fuerte y triunfante posición sin precedentes tanto externamente como internamente. Habiendo mantenido alejada, rechazada y destruida la invasión fascista alemana durante la guerra, la URSS en 1950 no era ya un Estado socialista aislado, sino el centro del campo de los países socialistas que abarcaba la mayor parte de Eurasia con casi un tercio de la población mundial.

En lo interno, hubo una rápida reconversión y reconstrucción de una economía destruida por la guerra, una modernización tecnológica y una expansión que trajo avances significativos a la producción hasta ponerla por encima del estándar de antes de la guerra en un periodo relativamente corto de tiempo, todo esto sin los ataques de desempleos que marcaron la reconstrucción de posguerra en los países capitalistas. A pesar de que había mucho por hacer, el PCUS y el gobierno tenían motivos para una celebración. Sus logros fueron espectaculares.

Esta coyuntura histórica, sin embargo, dio inevitablemente lugar a un ascenso de un cierto sentimiento de autosatisfacción entre muchos de los cuadros líderes que estuvieron involucrados en estos logros. Había un sentimiento entre cuadros totalmente honestos y comprometidos de que podían dormirse en los laureles mientras mantenían su posición.  Una aguda descripción del desarrollo de este fenómeno durante los últimos años del mandato de Stalin fue publicada en 1968 por el periódico del partido en Albania Zeri i Popullit:

“Los miembros del Partido Bolchevique, que fueron guiados por Lenin y Stalin a legendarias batallas, eran cuadros con un origen de clase y vigor revolucionario, templados en la revolución, en las luchas, en la construcción del socialismo, en batallas contra el trotskismo, contra los desviacionistas y otros traidores. Estaban templados política e ideológicamente y tenían una firme y legítima confianza en su glorioso Partido Bolchevique, en Lenin y Stalin, en la línea correcta y en las normas que habían proyectado.

“Para ellos el partido lo era todo, era su corazón, cerebro y ojos, fue por eso por lo que lo defendieron, fueron educados por este y por su gran líder. Pero mientras intentaban llevar a cabo la correcta línea y normas del partido y de Stalin los cuadros soviéticos, al principio no todos ellos y no de una forma clara sino gradual, se volvieron susceptibles a un sentimiento de estabilidad al que no estaban acostumbrados, en el sentido revolucionario, al desarrollo… Los éxitos en el trabajo nutrieron los sentimientos de autocomplacencia y, en paralelo con estos sucesos, los cuadros soviéticos empezaron a perder su simplicidad proletaria, alzaron reclamaciones injustas, que ellos consideraban ‘políticamente legítimas’ porque esta gente había trabajado y luchado. Con su ascenso a la responsabilidad iba tomando forma en ellos un sentimiento de tranquilidad y complacencia y se infectaron todavía más por el burocratismo, intelectualismo y el tecnocratismo… Muchos cuadros dejaron de escuchar, como habían hecho antes, a la voz de las masas. Entre ellos el pensamiento de que sabían todo empezó a prevalecer, que ellos eran expertos en todo, que se encontraban por encima de las masas, por encima de la clase obrera políticamente e ideológicamente y que podían ver más allá que estos. La autoridad y prestigio que los bolcheviques y Stalin gozaban entre las masas del pueblo soviético y la clase obrera fue confundida por estos cuadros con su autoridad personal y prestigio. Todas estas características antiproletarias deformaron las ideas revolucionarias entre estos cuadros. Como esto también afectaba a la línea del partido y su implementación, las normas revolucionarias del partido se mantuvieron en la mera formalidad, la vida del partido en sí mismo y su organización al igual que toda la administración del Estado soviético estaban entrando en retroceso… ” (The Party of Labor of Albania in Battle with Modern Revisionism, Tirana 1972, pp. 419-421.)

En resumen, los problemas dentro del PCUS eran más importantes que la presencia de unos pocos oportunistas. Hubo un entorpecimiento del filo de la vigilancia revolucionaria que habría desenmascarado a estos oportunistas y habría causado su caída. Los cuadros proletarios, dedicados y sinceros fallaron al desenmascarar a los elementos burgueses entre ellos, e incluso se unieron a ellos hasta cierto punto porque hasta ellos mismos se infectaron de mentalidad burguesa.

Estas condiciones por sí solas, aun así, sin embargo, una más o menos constante y la otra debida a las circunstancias históricas, no habrían podido por sí solas haber asegurado la toma del poder por el revisionismo si no hubiera sido por los serios errores políticos y teóricos cometidos por el liderazgo del partido, encabezado por Stalin, casi dos décadas antes y que nunca fueron corregidos. Esta fue la tesis, hecha pública por Stalin ya en 1936, de que la URSS se había convertido en una “sociedad socialista sin clases”” (History of the CPSU, Short Course, New York 1939, p. 329.) Stalin mantuvo consecuentemente “… está libre de conflictos de clase…” (Report to the 18th Party Congress, 1939) y que por tanto no había peligro, de hecho, ninguna posibilidad de una regeneración de las fuerzas de la burguesía una restauración capitalista desde dentro de la sociedad soviética. El peligro de la restauración provenía exclusivamente de fuera vía una invasión extranjera (Letter to Ivanov, New York, 1938). Incluso en su último escrito, “Economic Problems of Socialism” (1952), Stalin se corrige a sí mismo solo en la medida en que “… Incluso bajo el socialismo habrá fuerzas inertes, reaccionarias que no reconocerán la necesidad de cambiar las relaciones de producción,” pero todavía mantiene que no puede haber un peligro real porque “la sociedad socialista… no incluye clases anticuadas que puedan organizar resistencia.” (Peking 1972, p. 52)

Por este gran error en el análisis de Stalin la larga serie de campañas de educación, medidas de purificación cultural y las discusiones teóricas dentro del partido llevadas a cabo bajo su dirección después de la guerra no pudieron despertar y movilizar al partido y el pueblo de forma suficiente para sacudirse de los complacientes. Las campañas se mantuvieron en gran parte como meras formalidades, ejercicios sin vida porque no estaban enfocadas contra la raíz del problema. El desarrollo teórico de Stalin en esta cuestión vital se quedó por detrás de las demandas del movimiento práctico y no dio el liderazgo revolucionario que era necesario. Este fue el tercer gran motivo por el que el revisionismo triunfó.

Todo esto, sin embargo, no hubiera sido suficiente para asegurar una victoria revisionista si hubiera habido entre los asociados más cercanos de Stalin en el partido un líder de talla y habilidad comparable a la suya. Tanto como Stalin se mantuvo vivo, las recientemente engendradas fuerzas de la burguesía en la sociedad soviética y sus representantes de incógnito dentro del partido y el gobierno no se atrevieron a dar el paso decisivo. Los progresos se hicieron como mucho por centímetros. Podían insinuar en su programa pequeños detalles por aquí o por allá, reclamar y recibir algún que otro pequeño privilegio que no significaba nada y sondear muy de vez en cuando la opinión pública. Pero hubo grandes límites. Aunque Stalin no reconociese a esta nueva burguesía en proceso como una clase en su teoría, esto no le impidió en la práctica tomar medidas fuertes contra el programa burgués y sus impulsores.

Solo un ejemplo entre muchos: a principios de 1949, el poderoso presidente del Gosplan, N.A. Voznesensky, emprendió aparentemente por cuenta propia una reorganización modesta pero significativa del aparato de planificación y una revisión al alza de los precios en el sector estatal. Era un paso dentro de lo que Krushchev hizo posteriormente y que tenía como efecto otorgar un mayor alcance a las relaciones de intercambio mercancía-dinero y a la operación de la ley del valor. Voznesensky no llegó muy lejos. Fue rápidamente arrestado, juzgado como saboteador y fusilado. (See Felker, Soviet Economic Controversies, Cambridge 1966, Kaser, Comecon, 2nd ed. Oxford 1967) Y no fue el único que intentó algo similar y acabó sufriendo el mismo destino.

Por supuesto a largo plazo este método de restringir las aspiraciones de la burguesía no podía tener éxito. Era un método dañino usado a gran escala y fue usado demasiado frecuentemente por Stalin y sus subordinados cuando medidas más suaves hubieran sido más productivas. Pero mientras se mantuvo con vida, una cosa era cierta: la nueva burguesía y los caminantes de la vía capitalista sabían sin lugar a dudas que estaban viviendo bajo una dictadura del proletariado. Podían tener cierto estatus y algunos pequeños beneficios materiales, podrían hacerse ver en actos de celebración del partido con elogios a su trabajo bien hecho — pero en el momento en el que diesen un paso fuera de la línea estaban acabados. No alcanzaron (ni podían lo podían hacer) lo más importante, el poder político.

10 Después de Stalin

A finales de octubre de 1952, unos meses antes de morir, Stalin propuso duplicar con creces el número de miembros de los órganos más altos del partido, de los que seguramente se sacaría un sucesor de su dirección.

Su plan fue aprobado por el comité central, y la lista de nominados de Stalin para el presidio ampliado del partido y para la nueva secretaría fue aceptada en su totalidad. Fue un movimiento que puso nervioso a Jruschov, si hay que creer en sus supuestas memorias sobre este punto. No le habían consultado. ¿Se estaba preparando Stalin para expulsarlo? Varios kremlinólogos occidentales así lo pensaron. Pero nadie podía estar seguro.

Cualquiera haya sido la intención de Stalin, no vivió para llevarla a cabo. En el punto de su muerte había unas tres docenas de personas, miembros del presidio y del secretariado, que técnicamente podían calificar como su sucesor. La mayoría de ellos eran probablemente buenos Marxistas-Leninistas. Pero claramente no hubo ninguno -ni siquiera el mejor de ellos, el ministro de asuntos exteriores V. M. Molotov – con la habilidad de ser imponente, la energía impulsora y un prestigio incluso remotamente acercándose al de Stalin.

En medio del crecimiento de la complacencia y el oportunismo dentro del partido, en medio de la incesante y silenciosa erosión de las estructuras y los principios socialistas por parte de la burguesía recién engendrada, había un sólo hombre en ese momento, en la dirección, que tenía el poder de salvar la situación. Y ese hombre, el propio Stalin, murió el 5 de marzo de 1953.

Su muerte fue llorada por millones de trabajadores de un extremo a otro de la tierra y por ninguno más profundamente que por los trabajadores de la URSS. Había dirigido el partido comunista soviético y el país durante tres décadas llenas de logros históricos. Había librado batallas titánicas contra las facciones “izquierdistas” y derechistas que habían tratado de desviar al poder soviético del camino de la construcción socialista. Las luchas que dirigió por la colectivización y la industrialización sentaron las bases materiales para la gran victoria del pueblo soviético sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Cualesquiera que fueran sus errores y límites, él había sido un digno sucesor de Lenin. Defendió el Marxismo-Leninismo y el internacionalismo proletario. Con él como líder, el partido bolchevique condujo a la clase obrera soviética y al campesinado del caos, el atraso y el aislamiento a la construcción de un Estado socialista moderno en el centro de un creciente campo socialista internacional. A pesar de la montaña de calumnias acumuladas en su memoria por el payaso siniestro que tomó el poder después de Stalin, las palabras de Molotov en el funeral de Stalin en la Plaza Roja de 9 de marzo todavía expresan el juicio de los Marxistas-Leninistas:

“El nombre inmortal de Stalin vivirá para siempre en nuestros corazones, en el corazón del pueblo soviético y de toda la humanidad progresiva. La gloria de sus grandes hazañas para el bienestar y la felicidad de nuestro pueblo y el pueblo trabajador de todo el mundo vivirá a través de los siglos.”

Incluso antes de que el cuerpo del difunto líder fuera colocado en su ataúd, sin embargo, una lucha estalló entre sus sucesores potenciales que iba a transformar la URSS en el transcurso de la próxima generación tan profundamente como había cambiado entre 1917 y 1937, pero en la dirección política opuesta:

De la dictadura proletaria a la dictadura de la burguesía, del socialismo al capitalismo de Estado monopolista, del internacionalismo proletario al socio-imperialismo. Aunque en esencia, una lucha entre dos clases diferentes, tomó la forma al principio de una rivalidad por el poder entre diferentes líderes. Rápidamente se convirtió en una lucha dentro y entre los liderazgos de las principales instituciones del país – partido, gobierno y ejército – y finalmente se extendió por casi toda la superestructura de la sociedad soviética.

Aquí sólo se puede dar una la más breve descripción del camino extraordinariamente complejo y retorcido de la lucha por el poder que empezó con a muerte de Stalin y que concluyó con la derrota del “grupo antipartidario” y la consolidación del poder de Jruschov en junio de 1957.

Políticamente, el curso general de los acontecimientos fue el siguiente: Jruschov creció en poder e influencia al hacerse pasar como el heredero y el defensor de Stalin y de la ideología marxista-leninista durante más de dos años. Su poder se redujo drásticamente cuando de repente se volvió contra Stalin abiertamente en el XX Congreso en 1956. Fue rescatado de derrocamiento seguro en 1957 sólo por la intervención del Estado Mayor del ejército y la fuerza aérea.

Los hechos clave en la lucha fueron estos: el golpe de Estado de Beria del 7 de marzo de 1953; la lucha entre Jruschov y Malenkov durante el 1953 hasta 1955, el XX Congreso en 1956 y el incruento golpe de Estado Jruschov-Zhukov del junio de 1957.

El más oscuro de estos puntos de inflexión es lo que sucedió en la noche en la que murió Stalin. Al amanecer del 6 de marzo, los comandantes de las unidades del ejército que custodiaban Moscú estaban arrestados y sus tropas confinadas en cuarteles por unidades paramilitares de la policía de seguridad estatal bajo el mando de L. P. Beria.

Los hombres de Beria tenían el control total de la ciudad y del Kremlin. Esa noche, el secretario privado de Stalin, el general Poskrebyshev – el único que pudo haber conocido las intenciones de Stalin con respecto a la sucesión – desapareció misteriosamente y nunca más se supo de él. Al final del día, cinco de los 10 miembros de la secretaría del partido y 22 de los 36 miembros y candidatos del presidium elegidos por el comité central en octubre de 1952 habían sido destituidos de sus cargos. De los 52 ministerios gubernamentales, 27 fueron abolidos. En la nueva lista de líderes, la posición de Beria se había disparado al rango de primer viceprimer ministro, justo detrás de G. M. Malenkov. Malenkov también fue nombrado primer secretario del partido, el puesto más alto; Jruschov estaba justo detrás de él. El mariscal G. K. Zhukov emergió de la oscuridad para convertirse en co-viceministro de Defensa.

No hay relatos ni explicaciones fiables de cómo se alcanzaron estas drásticas decisiones. El sovietólogo británico Edward Crankshaw escribió que las tropas de Beria “habían sido esenciales para la ejecución del golpe; no hay otra palabra para la destrucción del presidio de Stalin”. (Khrushchev – A career, New York 1966, p. 188) Cualquiera que haya sido el caso, el liderazgo superviviente decidió en junio de ese año deshacerse de Beria.

Según el relato de las supuestas memorias de Jruschov, los miembros del presidio convocaron a Beria para que compareciera. Lo acusaron de ser un arribista que se había infiltrado en el partido. Se presionó un botón secreto; la puerta se abrió y el mariscal Zhukov entró desde la habitación contigua diciendo “! manos arriba!” y arrestó a Beria. (Khrushchev Remembers, Nueva York 1970, págs. 364-366) Más tarde le dispararon a Beria. El control de la policía de seguridad del Estado recayó en un compinche de Jruschov.

Malenkov emergió después de la muerte de Stalin como el evidente sucesor, ocupando tanto el los puestos más altos del partido y del gobierno. Sin embargo, dentro de dos semanas renunció a la dirección del partido, dejando a Jruschov con el control efectivo de la estructura del partido. En agosto, Malenkov, todavía primer ministro, lanzó su política de “Nuevo Curso”.

Prometió aumentos bruscos y rápidos en la oferta de bienes de consumo; en efecto hizo campaña en una plataforma de “un pollo en cada olla”.

Había dos debilidades principales en este programa. Una es que implicó mejorar la industria ligera a expensas de la industria pesada y la producción de defensa; la segunda es que se anunció sin aprobación previa del partido. Jruschov aprovechó hábilmente estas debilidades. Se hizo pasar por el campeón de la industria pesada, tradicionalmente el sector líder en la construcción socialista; como defensor de la preparación militar del país contra el cerco capitalista de la Guerra Fría; y sobre todo como defensor del papel del liderazgo del Partido Comunista sobre los ministerios del gobierno donde Malenkov tenía su base. En febrero de 1955, con sus ministerios dirigiendo abiertamente un rumbo diferente al del partido, Izvestia, el periódico del gobierno, defendía la prioridad de los bienes de consumo; Pravda, el órgano del partido, defendió la industria pesada: Malenkov se vio obligado a renunciar al cargo de primer ministro. Fue durante esta contienda que Jruschov logró colocar la etiqueta de “grupo antipartido” en Malenkov y sus seguidores.

Jruschov triunfó sobre Malenkov al parecer defender la antigua dirección, la dirección de Stalin, contra las desviaciones derechistas de Malenkov. Usó la victoria para sacar del partido a un gran número de partidarios de Malenkov e instalar a su propia gente en su lugar. Así con su posición fortificada, Jruschov enfrentó a Molotov y la política exterior.

Aquí la situación era diferente. El ministro de Relaciones Exteriores no se había embarcado en un “nuevo rumbo” ni en otras desviaciones en asuntos exteriores. Se movió de lleno a lo largo de las líneas establecidas por Stalin. Molotov tampoco se sentiría provocado por insultos calculados como su exclusión de las negociaciones con China en diciembre de 1954 y de las visitas de Estado a India, Birmania y Afganistán un años después y su degradación en las conversaciones de Ginebra de cuatro potencias en ese invierno.

Contra este viejo bolchevique implacable, Jruschov tuvo que revelarse ideológicamente: era él, no su oponente quién debía emprender un “nuevo rumbo”. En mayo de 1955 se dio el primer paso, a pesar de las vigorosas objeciones de Molotov, con la visita de Jruschov a Yugoslavia, donde bendijo al régimen burgués del mariscal Tito como “socialista”. Luego vino el halago de Jruschov al Nehru de la India, el enemigo jurado de la revolución china; e, inmediatamente después de la cumbre de las cuatro potencias en Ginebra a fines de 1955, Jruschov presentó su nueva teoría general de la “coexistencia pacífica” entre los Estados socialistas e imperialistas.

Pero hasta ahora no había dicho nada en público contra Stalin.

Cuáles fueron exactamente las fuerzas y los procesos que hicieron que Jruschov al final del XX Congreso en febrero de 1956 lanzara su “discurso secreto” sigue siendo hoy una cuestión de especulación. En su informe general en la sesión inaugural, que Jruschov entregó en nombre del comité central en su calidad de primer secretario (cargo que había asumido formalmente en septiembre de 1953), no hubo más que elogios para el líder fallecido.

Según el relato en las supuestas memorias de Jruschov, Jruschov propuso al presidio mientras el congreso estaba sentado que se hiciera un discurso sobre los “abusos de Stalin”. Molotov, Kaganovich, Voroshilov protestaron. Fue una sesión tormentosa. Finalmente, Jruschov lanzó un ultimátum: “Permítanme recordarles que todo miembro del presidio tiene derecho a hablar en el congreso y expresar su punto de vista, incluso si no coincide con la línea establecida por el informe general”. (Khrushchev Remembers, p. 381)

Los demás tuvieron que ceder. Por lo tanto, si hay que creer en las memorias, se organizó una sesión especial a puerta cerrada en la que Jruschov pronunció el “discurso secreto”.

En palabras del editor reaccionario William Randolph Hearst Jr., que debería saber: “Nada de lo que los escritores anticomunitas hayan dicho jamás sobre Joseph Stalin igualaba las acusaciones formuladas contra él esa noche por su sucesor.” (Ask Me Anything – Our Adventures With Khrushchev, New York 1960, p. 85)

Hay poca probabilidad de que todo el presidio del partido haya visto el texto completo de Jruschov o conociera de antemano todo el alcance de su intención.

A consecuencia de esta bomba, cualquier discusión sobre las tesis de Jruschov sobre la “coexistencia pacífica”, la “competencia pacífica” y la “transición pacífica”, adelantadas con cautela en el informe general al Congreso, se vio eclipsada por la agitación interna del partido sobre la cuestión de Stalin.

De repente, todos aquellos miembros del partido que habían estado asociados con Stalin de una forma u otra, directa o indirectamente – ¿y quiénes no? – fueron puestos a la defensiva por acusaciones de complicidad en presuntos crímenes y atrocidades indecibles. Jruschov, controlando los archivos de la policía secreta, selectivamente liberó o amenazó con entregar “pruebas” para “implicar a sus rivales”. Ya no importaba si un cuadro defendía el Marxismo-Leninismo o la “transición pacífica”, que el partido estuviese en una senda proletaria o burguesa. Lo que se convirtió en la principal preocupación fue si este o aquel individuo, en 1934, 1937 o en algún otro momento, había jugado un papel en los juicios políticos de la década de 1930, donde los acusados podrían o no haber sido tratados injustamente. En lugar de cuestiones de línea política, las cuestiones de culpa moral se volvieron primordiales; la lucha política se convirtió en una obra de moralidad; y todos aquellos que estaban “implicados” de una forma u otra – ¿y quiénes no? – fueron alentados, siguiendo el propio ejemplo de Jruschov, para cargar la responsabilidad sobre el cadáver de Stalin.

Sin embargo, no funcionó del todo según el guion. La mayor parte de los cuadros del Partido Comunista Soviético no fueron derrotados tan fácilmente. Durante el resto de 1956, mientras el discurso resonaba y reverberaba en el campo socialista y en todo el mundo, la posición de Jruschov se volvió cada vez más inestable. Su nueva línea provocó una serie de desastres.

Hacia finales del año se encontraba en plena retirada y se vio obligado a pronunciar discursos a favor de Stalin. A principios de 1957 estaba casi acabado. El 18 de junio de 1957, el presidio votó para expulsarlo de la dirección del partido. Pero el 22 de junio, el mariscal Zhukov y la fuerza aérea acudieron en su ayuda.

11 Golpe de Jruschov

En junio de 1957, 16 meses después del XX Congreso del PCUS, la tormenta desatada por el discurso anti-Stalin de Jruschov alcanzó un clímax dramático, un enfrentamiento final entre los partidarios y los opositores de la línea de Jruschov dentro del liderazgo.

En un período de dos semanas, Jruschov fue expulsado del liderazgo del partido y despojado de su poder, para después volver a ocupar el liderazgo a expensas de sus oponentes. La historia de este enfrentamiento y del papel desempeñado en él por la jerarquía militar soviética arroja luz sobre el carácter de la sociedad soviética actual.

Prácticamente todo este conflicto se desarrolló en un círculo bastante estrecho de personas situadas en lo más alto de la superestructura soviética. Si bien los opositores de Jruschov nunca consideraron llevas los problemas a las masas del pueblo soviético – este fue, sin duda, su mayor error – los partidarios de Jruschov, por su parte, hicieron todo lo que estuviera en su mano para mantener al pueblo soviético en la oscuridad.

Incluso la mayoría de los miembros del partido fueron mantenidos al margen desde el principio. De acuerdo con la transcripción filtrada del “discurso secreto”, los delegados al XX Congreso del PCUS en febrero de 1956 recibieron la diatriba de 20.000 palabras de Jruschov contra Stalin con “aplausos tumultuosos y prolongados que terminaron en ovación. Todos se levantaron”. Pero, si la descripción es acertada, ese entusiasmo fue evidentemente mayor en los niveles más altos del partido que en los niveles bajos, porque por primera vez en la historia del PCUS, se decidió mantener un discurso de un Congreso del alto funcionariado del partido oculto a los miembros del partido en general.

Lo que la prensa del partido publicó para que todos lo vieran después del congreso fue un documento aparentemente inofensivo que formó la última media docena de párrafos del maratónico discurso de Jruschov: tres tesis que llamaba a poner fin al “culto a la personalidad” y para revisar “visiones erróneas” no especificadas conectadas a él. Fue un documento con una muy moderada redacción, que no contenía indicio alguno de las invectivas venenosas – la “traición” fue una de las más suaves – lanzadas a Stalin durante la sesión a puerta cerrada del Congreso. Su nombre [el de Stalin] no fue siquiera mencionado.

Del texto original de Jruschov sólo fueron distribuidas 6.000 copias en toda la Unión Soviética, todas a cuadros de alto rango del partido (Paloczi-Horvath, Khrushchev: Making of a Dictator, Boston 1960, p. 211.) El partido por aquel entonces contaba con cerca de ocho millones de miembros. Por lo tanto, tan sólo una minoría, menos de un miembro de cada mil, tenía el documento. Fue suficiente para hacer que el veneno goteara en las arterias del partido, para generar rumores e historias de terror interminables y en aumento, para crear sospecha, confusión y caos, para socavar la unidad y envenenar la atmósfera, pero no lo suficiente como para dar a la gran mayoría de cuadros, que había aprendido a respetar y defender a Joseph Stalin, un blanco claro y visible al que disparar.

Entre las figuras que sí tenían una copia del texto completo, y cuyas propias opiniones en su campo de especialidad se reflejaban en gran medida en él, estaba el entonces ministro de Defensa de la URSS, el mariscal GK Zhukov. Zhukov había sido uno de los principales comandantes del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial y había dirigido varias de las victorias más brillantes del Ejército. Sin embargo, el éxito parecía haberlo vuelto vanidoso y arrogante hacia los superiores y subordinados; así, después de la guerra, Stalin lo relegó a roles secundarios. El resentimiento aparentemente albergado por Zhukov debido a este trato lo llevó a aliarse con Jruschov. Ascendido a viceministro de Defensa en 1953, Zhukov fue nombrado ministro de Defensa en pleno en el momento de la destitución de Malenkov por Jruschov en 1955. Fue el primer profesional militar en ocupar ese puesto en la URSS. Jruschov aprovechó la oportunidad y nombró casi una docena de nuevos mariscales, el rango más alto del ejército.

Aunque Jruschov se hizo pasar por el campeón de la supremacía del partido sobre el gobierno y otras instituciones, alentó y recompensó en su propio beneficio las actitudes descaradamente antipartidistas del mariscal Zhukov. A penas una semana antes de la apertura del XX Congreso, Zhukov había publicado en el órgano oficial del ejército el siguiente consejo inequívoco para que el partido dejara de decirle a los generales qué hacer:

“Se han hecho ciertos esfuerzos en el distrito para someter la actividad oficial de los comandantes a críticas en las reuniones del partido. Estos esfuerzos son reprobables. Nuestra tarea es el fortalecimiento integral de la autoridad de los comandantes, dar apoyo a los oficiales y generales exigentes”. (Citado por Paloczi-Horvath, p 190.)

El 23 de febrero, mientras el congreso acababa con su sesión regular, en la víspera del “discurso secreto” de Jruschov, Zhukov expresó sentimientos similares, esta vez con una más clara tendencia anti-Stalin al dirigirse a una reunión de altos funcionarios en Moscú sobre el 38 aniversario del Ejército Rojo. Una semana más tarde Zhukov era ascendido a candidato a miembro del presidium del partido, un avance extraordinario para un militar.

Tiempo después Jruschov diría de Zhukov (en el segundo volumen de Recuerdos de Khrushchev, pág. 14) que el mariscal tenía tendencias bonapartistas y tenía planeada “una toma militar al estilo sudamericano en nuestro país”. Eso no es inverosímil desde la evidencia. Se metió en la política y claramente tenía ambiciones personales de poder. Pero esto se ve que incordió a Jruschov algo más tarde. Mientras, Zhukov resultaba demasiado útil en los propios planes de Jruschov.

Lo que las masas de trabajadores y agricultores colectivos soviéticos promedio pensaban y estaban haciendo políticamente durante los primeros meses posteriores al discurso de Jruschov es difícil de saber con certeza. De acuerdo con el relato de un grupo clandestino de Marxista-Leninistas que operó brevemente en la URSS antes de ser reprimido a principios de 1970, los miembros de base del partido “pidieron que el comité central hiciera un análisis objetivo de la contribución de Stalin.

Fue tan insistente esta demanda de los miembros que los líderes oportunistas del PCUS se vio forzada a recurrir a ataques y persecuciones contra muchos miembros del partido y a desmantelar bastantes organizaciones del partido conocidas por su militancia”. (Programa y principios de los comunistas revolucionarios soviéticos [bolcheviques], Nueva York 1967, pág. 4)

En cuanto a las masas ajenas al partido, ni siquiera estas indicaciones están disponibles. Pero, a juzgar por la serie de pequeñas migajas económicas que se les arrojaron durante este período – Jruschov tomó prestado libremente del programa de “nuevo curso” de Malenkov que había denunciado anteriormente – debió haber habido una cierta medida de insatisfacción. Paloczi-Horvath habla de un malestar considerable, de manifestaciones y huelgas espontáneas, aunque no toda esta actividad puede haber sido progresiva. Un gran número de personas detenidas por la dictadura del proletariado años antes, entre ellas acérrimos reaccionarios de todo tipo, habían sido puestas en libertad en virtud de una amnistía general decretada por Jruschov y se movían activamente. En cualquier caso, en el otoño de 1956, escribe Paloczi-Horvath, las fuerzas armadas y los servicios de seguridad del Estado soviético realizaron sus maniobras anuales más cerca de lo normal de las ciudades y pueblos, como precaución y advertencia. (Paloczi-Horvath, pág.219)

Pero las explosiones que casi destruyeron a Jruschov no procedían del interior de la URSS sino de sus aliados de Europa del Este. En el verano y el otoño de 1956 se produjo el levantamiento obrero polaco y el intento de contrarrevolución en Hungría. Ambos eventos fueron ampliamente achacados a la línea anti-Stalin de Jruschov y su predicación de “coexistencia pacífica”. Su manejo de estas crisis le trajo más críticas. A finales del otoño estaba en un grave problema; en “peligro inminente de ser derrocado”, según Crankshaw (Khrushchev: A Career, p. 239). Su posición “era sumamente insegura”, según Paloczi-Horvath (p. 246). Ya casi nunca se le veía en público ese invierno; y cuando hizo un discurso ocasional, fue para hacerse pasar una vez más como un discípulo leal de Stalin y alabar a Stalin a los cielos. Parecía haber abandonado el tema principal de su discurso en el congreso.

Aislado tanto en la opinión pública como en el presídium del partido, Jruschov lanzó en febrero de 1957 su más audaz y, salvo por Zhukov, probablemente su último plan de contraataque. Propuso al comité central, que había llenado con sus propios seguidores tiempo atrás, un paquete drástico de “descentralización” económica que en realidad era mucho más que eso. Entre sus medidas, que se analizarán más adelante, estaba la propuesta de vender las Estaciones de Máquinas y Tractores estatales a las granjas colectivas, otorgando así a las granjas colectivas la distinción única en la sociedad socialista de poseer sus propios medios de producción. En la esfera industrial, el plan preveía la abolición de un plumazo de los ministerios centrales de planificación económica cuidadosamente construidos por Lenin y Stalin con esfuerzo durante años.

Incluso el comité central de Jruschov, leal a este, no aceptaría este ataque total contra la propiedad socialista y las instituciones de planificación socialistas. Lo mejor que pudo conseguir Jruschov, después de semanas de lucha, fue publicar la propuesta en la prensa para su discusión pública. Esto tuvo lugar en la primavera de 1957. Jruschov, tal vez sabiendo que era su última oportunidad, recorrió todo el país para conseguir apoyo. Crankshaw dice que Jruschov, en su campaña, “ofreció a hombres clave de todo tipo en las provincias la promesa de un avance jamás soñado, mayor alcance y promoción para decenas de miles” de funcionarios locales y regionales, una vez que la “burocracia de Moscú” fuera abolida. (pág.247).

Los oponentes de Jruschov en el presidium del partido mientras tanto – Malenkov, Molotov y Kaganovich, el aliado de Molotov, todavía tenían sus puestos allí – guardaron total silencio sobre el tema de la propuesta. Es probable que esperaran ganar sin una pelea abierta. El programa fue manifiestamente impopular, escribe Paloczi-Horvath; incluso la prensa del partido, controlada por Jruschov, publicó numerosas críticas al mismo. (pág.246). Pero el plan tenía al menos un partidario prominente, que lo respaldó por motivos de “seguridad nacional” – de esto último nunca quedó demasiado claro a qué se refería-, el mariscal Zhukov. Crankshaw especula que el apoyo de Zhukov se dio porque Zhukov creía que el ejército tendría menos oposición de los consejos económicos regionales dispersos que de los poderosos ministerios centralizados. (pág.248).

El esquema de descentralización, ya fuera intencional o no, fue diseñado de manera única para provocar un enfrentamiento. Porque, por un lado, reunió en un solo paquete prácticamente todas las demandas más “avanzadas” de las fuerzas burguesas en la URSS en su etapa de desarrollo en ese momento; y por otro lado se unieron contra Jruschov no sólo los Marxista-Leninistas, sino todos aquellos que, M-Ls o no, estaban en contra de su poder y privilegios no despreciables de su conexión con los ministerios económicos centrales.

Así fue como una mayoría del presídium a mediados de junio de 1957 convocó a Jruschov después de un viaje a Finlandia para una reunión especial convocada de acuerdo con los estatutos del partido. Cuando Jruschov llegó, atendiendo la versión de Crankshaw del evento, “se encontró aislado. Fue atacado salvajemente… votado fuera del primer secretariado por una gran mayoría del presídium, [pero] luego confundió a los vencedores al negarse a dimitir hasta que este veredicto haya sido confirmado por el comité central en sesión. “Pero nosotros somos siete y ustedes cuatro”, exclamó Bulganin, a lo que Jruschov replicó: “Ciertamente en aritmética dos y dos son cuatro. Pero la política no es aritmética. Es algo diferente’”(págs. 249-50).

El relato de John Dornberg, un biógrafo de Brezhnev, da el detalle adicional de que la mayoría del presídium “acusó a Jruschov de perseguir políticas oportunistas y trotskistas”. (Dornberg, Brezhnev, Nueva York 1974, p. 152) Independientemente de lo que se dijera específicamente, Jruschov exigió una reunión inmediata del comité central. Una larga batalla se desató en el presídium durante el procedimiento. Mientras tanto, para volver al relato de Crankshaw (aquí el de Dornberg es menos detallado, aunque todos los relatos coinciden en los pasos básicos), mientras la discusión se tornaba más y más rabiosa, “la facción de Jruschov organizó una operación espectacular. Con la ayuda del mariscal Zhukov y los aviones de transporte del ejército, los partidarios de Jruschov fueron llevados a Moscú desde las provincias más remotas, mientras que los que ya estaban allí protagonizaron un filibustero (o lo que es lo mismo, obstruyeron los procesos legislativos) hasta que la mayoría a favor de Jruschov estuviera asegurada…

“Y luego”, continúa Crankshaw, “según informes de la prensa polaca, Zhukov fue un paso más allá: atacó directamente a Molotov, Kaganovich y Malenkov por su comportamiento durante los años de la gran purga y dijo que, si no llevaban cuidado, demostraría su punto publicando documentos relevantes de la época…”

La intervención de Zhukov en nombre de Jruschov sacó a relucir su importancia no solo por la provisión de transporte oportuno para los partidarios de Jruschov y por la amenaza de producir “documentos”. Zhukov, como ministro de Defensa, habló en nombre de todo el aparato militar soviético. Sus discursos tenían más peso que el ordinario. Implicaban la clara advertencia de que las fuerzas armadas no apoyarían a un gobierno de “grupo antipartido” Molotov-Malenkov-Kaganovich.

En recompensa por sus servicios cuando todo terminó – Molotov fue exiliado como embajador en Mongolia, Malenkov acabó dirigiendo una central eléctrica en Siberia, los demás fueron destinados a un olvido similar – Zhukov fue ascendido a miembro de pleno derecho del presidium. Tres meses más tarde, cuando el golpe de Estado de Zhukov ya no le fue útil a Jruschov, se le tendió una trampa y fue despedido.

Después de junio, los aliados y simpatizantes de Molotov-Malenkov-Kaganovich fueron uno tras otro despedidos de los puestos de liderazgo o expulsados ​​por completo del partido y el gobierno, mientras que Jruschov y su grupo colocaron a sus seguidores en todas las posiciones relevantes. La lucha había terminado, el programa de Jruschov había triunfado.

Aunque no se derramó sangre entre los antagonistas en el enfrentamiento final de junio de 1957, Molotov, Malenkov y Kaganovich y sus aliados quedaron fuera del poder, fundamentalmente, por la intervención militar. La toma de posesión fue incruenta y completamente “legal” según las reglas del partido; pero, sin embargo, fue en esencia un golpe militar de derecha lo que aseguró la victoria de Jruschov. Sin duda, su poder surgió del cañón de un arma, no sólo del arma de los soldados y campesinos revolucionarios, sino del arma de un cuerpo de oficiales burgueses.

12 Consolidación

El golpe de “palacio” de junio de 1957 expulsó de la timonera del Estado soviético al único grupo dirigente (Molotov, Kaganovich, Malenkov) que tenía cierto potencial, en ese momento, para tomar el timón y regresar a un curso marxista-leninista.

Hoy en día, es fácil, con el beneficio de la retrospectiva, sentarse en la silla y dar consejos sobre lo que Molotov y sus aliados deberían haber hecho para evitar su derrota. Sin duda, no deberían haber permitido que la lucha se encerrara principalmente en los círculos más altos de la superestructura. Deberían haberlo llevado audazmente a las masas. Como registra un sovietólogo, durante los meses inmediatamente posteriores al XX Congreso (febrero de 1956), “hubo tormentosas reuniones en las fábricas en las que incluso los miembros del presídium fueron aullados como representantes de los nuevos ricos ‘Ellos’” (Robert Conquest, Industrial Workers in the USSR, Nueva York 1967, p. 11.) Si Molotov y sus aliados se hubieran vinculado con esta tormenta en las fábricas, y unido a las denuncias de los “nuevos ‘Ellos’ ricos” y se hubiesen colocado a la cabeza de este movimiento de masas, el resultado bien podría haber sido diferente.

Es bueno tener en cuenta, sin embargo, cuando uno se involucra en este tipo de cuestionamientos de la historia, que Molotov o cualquier otra figura destacada que pudiera haber tratado de actuar de esta manera habría tenido que enfrentar y derrotar no solo a discursos y maniobras políticas de Jruschov, pero también el poder militar del Ejército Rojo comandado por el ministro de Defensa Zhukov, por no hablar de la policía de seguridad del Estado, también bajo el control de Jruschov. La expulsión del grupo de Jruschov habría requerido ya en 1956-57 el riesgo muy real de una guerra civil. ¿Las tropas habrían abierto fuego contra los trabajadores? ¿Qué divisiones habrían permanecido leales a Zhukov-Jruschov, cuáles habrían respaldado a Molotov?

Evidentemente, nadie puede dar una respuesta a este tipo de preguntas. Sin embargo, precisamente este tipo de cuestión habría estado en la parte superior de la agenda de cualquier liderazgo que intentara en 1956-57 liderar un movimiento de masas contra el grupo de Jruschov. Luego también la situación internacional tendría que haberse considerado: ¿Cuál habría sido el efecto de una nueva guerra civil en la URSS sobre los aliados de Europa del Este? ¿No habría fomentado tal desarrollo nuevos intentos de retorno contrarrevolucionario, como en Hungría? ¿No existía un peligro real, dado el clima de la Guerra Fría, de una intervención imperialista?

En definitiva, cuando uno mira la situación histórica de manera más concreta, surgen decenas de preguntas muy difíciles y complejas que rápidamente se burlan de cualquiera que hoy en día intente, como un mariscal de campo de sillón, decirle a Molotov y sus aliados “lo que debieron haber hecho”.

Lo que podría haber sucedido “si” es un tema de especulación. Pero lo que sucedió una vez que el grupo de Jruschov consolidó su posición en los órganos más altos del partido es un asunto histórico. Al respecto, el sovietólogo británico Crankshaw, ya citado anteriormente, ha convertido una frase que merece repetirse aquí. Jruschov, dijo, “retrocedió hacia el futuro”. (Khrushchev: A Career, p. 270.) Si bien Crankshaw lo entendió principalmente como una descripción del estilo jrushcheviano, se aplica aún más a las políticas y programas concretos que fueron puestos en práctica por el Estado soviético una vez que su grupo se afianzó su agarre del timón.

Así como Jruschov liberó y / o rehabilitó a miles de individuos a los que la dictadura del proletariado había reprimido anteriormente como contrarrevolucionarios, así también comenzó a resucitar, pieza a pieza, la línea política contrarrevolucionaria que tenía el partido bolchevique en varios momentos de su historia., combatido y derrotado. Ésta era la lógica interna de su ataque a Stalin, y necesariamente así. Porque no había nada sustancialmente nuevo en el programa Jruschovita excepto la retórica. Sus elementos concretos, su contenido, habían sido presentados antes por otros líderes o posibles líderes, la mayoría de cuyos nombres e ideas podrían ser consultados por cualquier ciudadano soviético en la ampliamente disponible “Historia del PCUS (B) Breve Curso “escrito bajo la supervisión de Stalin, o en cualquier número de otros documentos. (No es sorprendente que uno de los primeros puntos del programa de Jruschov fuera el descrédito y la supresión de ese libro y la sustitución en 1961-62 de la historia revisionista del partido).

Por lo tanto, para resucitar un programa que antes había sido derrotado, Jruschov tuvo que rehabilitar a la persona que lo había presentado, y viceversa, la rehabilitación de la persona sirvió de acompañamiento a la reintroducción de la política. Así, por ejemplo, no fue una coincidencia que la abolición de Jruschov de los ministerios centrales de planificación económica en 1957 fuera de la mano de una lujosa campaña de prensa en honor a Voznesensky, el ex director de planificación cuyos propios pasos mucho más tímidos en la misma dirección habían sido recortados. brevemente por arresto y ejecución en 1949-50 (ver la parte nueve de esta serie). Y fue sólo el sentimiento de que había ciertos límites más allá de los cuales no podía ir en público lo que impidió a Jruschov en 1956, como relata en sus memorias, rehabilitar abiertamente a Zinoviev, Bujarin, Rykov “y otros líderes del pueblo” que se habían opuesto a la colectivización de la agricultura a principios de la década de 1930 y defendido los intereses de los kulaks (véase la cuarta parte de esta serie. (Khrushchev Remembers, Boston 1970, p. 385.) Inconfundibles también en el oratorio de Jruschov de 1957 contra la “burocracia de Moscú” son los ecos de la demagogia anterior de Trotsky desde el exilio; y el silencio en las memorias de Jruschov con respecto a Trotsky es notable.

Para llevar a cabo su programa, Jruschov tenía, en primer lugar, que obtener una victoria completa dentro del Partido Comunista. Incluso después de la expulsión de Molotov, Kaganovich y Malenkov de los principales órganos del partido, este grupo conservó una serie de simpatizantes y aliados incluso en el Presídium y en el Comité Central, que formaron focos de resistencia y retrasos en el curso Jruschovita. Durante el resto de 1957, hasta el 21º Congreso en enero de 1959 y el 22º Congreso en octubre de 1961, Jruschov y su grupo emprendieron una campaña ininterrumpida de polémica y difamación contra el llamado “grupo antipartidista” de Molotov y todos los asociados con él. Hubo una remoción y reemplazo total de los miembros líderes del partido durante esta lucha. Según las publicaciones de los partidos chino y albanés, que estaban en condiciones de conocer la lista completa del Comité Central del Partido Soviético (los sovietólogos occidentales tuvieron que hacer algunas conjeturas ya que la lista completa no siempre se publicaba), “casi el 70 por ciento de los miembros del Comité Central del PCUS que fueron elegidos en su 19 ° Congreso en 1952 fueron depurados en el transcurso de los 20 ° y 22 ° Congresos celebrados respectivamente en 1956 y 1961. Y casi el 50 por ciento de los miembros del comité central que fueron elegidos en el 20º Congreso fueron purgados en el momento del 22º Congreso “. A nivel regional y local hubo una rotación similar. (Sobre el Falso Comunismo de Jruschov, Pekín 1964 p. 29; también el Partido del Trabajo de Albania en la Batalla con el Revisionismo Moderno, Tirana 1972, p. 258). En el nivel de base, el folleto clandestino marxista-leninista citado anteriormente informó que en 1957 en las reuniones del partido “todos aquellos que eran conocidos por ser críticos con las decisiones del 20 ° Congreso” – es decir, de la línea de Jruschov – “se vieron obligados a retractarse”. No se dispone de cifras sobre el volumen de negocios en la base.

El objetivo de estos cambios cuantitativos era producir un cambio en el carácter del partido. El cuadro que sabía que la teoría de Jruschov de la “transición pacífica al socialismo” era contraria al marxismo-leninismo, por ejemplo, tuvo que ceder el paso a otros cuadros que la respaldaban. La línea general de Jruschov de “coexistencia pacífica” y “competencia pacífica” con el imperialismo, para convertirse en la línea de todo el partido, tuvo que imponerse expulsando a los miembros del partido que habían leído la crítica de Lenin a Kautsky (en “Imperialism, the Highest Stage of Capitalism “) y se ponían del lado de Lenin en la discusión, más que de Kautsky, cuyas opiniones Jruschov estaba exhumando bajo una nueva apariencia. De esta manera, a través de una serie de cambios de dirección de gran alcance en la membresía del partido, su carácter ideológico se transformó de un partido marxista-leninista en un partido revisionista.

Pero Jruschov fue más allá de estas transformaciones ideológicas. En 1961 declaró que desde que ya no existían clases hostiles en la URSS (aquí estaba construyendo sobre el error de Stalin), ya no había necesidad de la dictadura del proletariado sobre la burguesía. En consecuencia, el Estado soviético se reformuló como un “Estado de todo el pueblo”. Como corolario, el Partido Comunista Soviético fue declarado “partido de todo el pueblo”, en lugar de partido del proletariado. En lo que se refiere a la composición de clases del partido, el significado de la nueva doctrina era eliminar de los estatutos del partido cualquier impedimento efectivo a la entrada de personas de origen burgués o posición burguesa actual. Como no había clases, la posición de la clase de un candidato no importaba, así decía el razonamiento oficial. Como señalan varios escritores occidentales sobre esta “reforma” del partido, el efecto fue abrir de par en par las puertas del partido a gerentes, ingenieros, administradores, académicos de alto rango y otros con posiciones muy alejadas de la vida cotidiana ordinaria del proletariado soviético. La pertenencia al partido, escribió el historiador John Hazard, se convirtió “como el título de caballero británico”, un honor otorgado a administradores e ingenieros exitosos independientemente de su ideología y capacidad de liderazgo. (The Politics of Soviet Economic Reform, en Balinsky, ed., Planning and the Market in the USSR: The 1960s, New Brunswick 1967.)

Junto con la nueva composición de clases sociales del partido, se introdujo una nueva definición del papel del partido: lo que Jruschov llamó el “principio de producción”. Basándose en parte en citas tomadas fuera de contexto de los escritos de Lenin en la fase inicial de la Nueva Política Económica (véase la tercera parte de esta serie), Jruschov decretó que los cuadros del partido deben dar prioridad a la tarea de la gestión económica y la promoción de la producción sobre liderazgo político o debate ideológico. (Véase, por ejemplo, Carl A. Linden, Khrushchev and the Soviet Leadership 1957-64, Baltimore 1966, pp. 149-52.) El partido se convirtió así explícitamente, incluso demasiado explícitamente en aras de la apariencia, en un partido de los gerentes, cuyos propios poderes (ver más abajo) mientras tanto habían sido incrementados considerablemente. Para llevar el “principio de producción” a sus conclusiones lógicas, Jruschov luego dividió el partido en ramas industriales y agrícolas unidas solo en la parte superior, y propuso que los salarios de los funcionarios locales del partido estuvieran vinculados a los “indicadores de éxito económico” de las granjas. y fábricas bajo su autoridad. (Alec Nove, Economic Rationality and Soviet Politics, Nueva York, 1964, p. 93) Esto significaba, en pocas palabras, que los miembros del partido debían recibir un pago de acuerdo con la ganancia que obtengan sus empresas.

Además de su efecto obvio en la composición de clases del partido, la “reforma” del partido de Jruschov también tuvo otra consecuencia, a saber, la ruptura de la alianza entre obreros y campesinos, la base de la política estatal soviética bajo Lenin y Stalin. Dividir el partido en ramas agrícolas e industriales significaba que los cuadros del partido a nivel local y regional ya no podían hacer que la preservación y el fortalecimiento de las relaciones obrero-campesino y ciudad-campo fueran parte de su negocio. Eran uno o el otro, divididos y contrapuestos a los compañeros de la rama opuesta.

Todas estas y otras medidas en política y economía se adelantaron al amparo de un aluvión constante de ataques contra el “dogmatismo” de Molotov y sus aliados, y con renovadas campañas de difamación contra Stalin, que culminaron con el retiro del cuerpo de Stalin, en 1961, de su lugar de descanso en el mausoleo de la Plaza Roja. A medida que el programa jrushcheviano avanzaba en su curso, hay cada vez más indicios de malestar y resistencia por parte de la clase trabajadora soviética. El sovietólogo Conquest, ya citado -de ninguna manera es un partidario de Stalin- afirma categóricamente que “cada relajación” (es decir, cada nueva campaña contra Stalin lanzada por la dirección) ha estado marcada por huelgas y otras protestas de la clase trabajadora, incluyendo casos como “disturbios importantes” como el de Novocherkass en 1962. (Industrial Workers in the USSR, p. 11.) Tales actos de resistencia, de los que se sabe muy poco, fueron muy probablemente una de las razones por las que la dirección después de cada campaña contra Stalin se retiró un poco, le hizo cumplidos a Stalin y se retiró de algunas de sus propias propuestas, aunque sin cambiar su dirección básica.

Sobre la vida interior del “nuevo” partido comunista soviético, después de su conversión en un partido de las fuerzas burguesas recién engendradas, es difícil encontrar mucha información. Podemos deducir de la historia que hubo y hay luchas, luchas de facciones y desacuerdos de todo tipo, en particular el derrocamiento del propio Jruschov en 1964 y los acontecimientos posteriores. Pero no parece, al menos desde principios de la década de 1960, que ningún líder o grupo público del partido se haya mantenido en una oposición estratégica y básica a la línea lanzada por Jruschov. Los desacuerdos de alto nivel que han salido a la luz, o que pueden inferirse plausiblemente, no han sido entre revisionistas y marxista-leninistas, sino entre una y otra facción burguesa.

Cómo es la vida en los niveles inferiores, especialmente para los trabajadores y campesinos que siguen siendo miembros de ella por cualquier motivo, solo se puede imaginar. Una publicación del partido albanés describió la vida interior de los partidos revisionistas soviéticos y de Europa del Este en 1968 como una cruel caricatura del leninismo:

“En estos partidos se habla en voz alta de centralismo democrático, pero eso ya no es leninista. Hablan de crítica y autocrítica ‘bolcheviques’, pero ya no son bolcheviques. Hablan de disciplina partidaria, pero ya no es leninista sino fascista; de moral proletaria, pero la moral es burguesa, antiproletaria, antimarxista; de libre expresión de opiniones en el partido, sobre todo y todos, pero la expresión de pensamientos en el espíritu de partido, en el espíritu proletario, en los países revisionistas conduce a la cárcel y a los campos de concentración “. (El Partido del Trabajo de Albania en Batalla …, p. 415.) Es aproximadamente en esta época, a principios de la década de 1960, bajo Jruschov, a juzgar por los comentarios en el panfleto clandestino antes citado, que los primeros grupillos clandestinos marxistas-leninistas comenzaron a tomar forma, necesariamente en extremo secreto y aislamiento unos de otros.

13 Expropiación

Después de la victoria decisiva del grupo de Jruschov en la batalla por el poder del Estado (1956-57), se produjo una situación históricamente sin precedentes en la Unión Soviética: un grupo gobernante que representaba a las fuerzas burguesas recién engendradas estaba al mando de un sistema económico en el que los socialistas, proletarios las relaciones de producción tenían la ventaja.

La superestructura de la sociedad soviética, en otras palabras, estaba ahora, al menos en sus puntos decisivos, en manos de las fuerzas burguesas. Pero los centros clave de la infraestructura o base continuaron funcionando y operando más o menos como antes en la forma socialista establecida.

En lo que respecta a las relaciones elementales de propiedad en la sociedad soviética, la toma del poder estatal por las fuerzas de Jruschov ya constituía, en sí misma, la expropiación del proletariado soviético y el fin del período socialista de la historia soviética. Los principales medios de producción siguieron siendo propiedad del Estado, pero el Estado mismo ya no era “propiedad” de la clase trabajadora. Las fuerzas burguesas, en el mismo acto de conquistar el poder estatal, usurparon el título de propiedad de los medios de producción.
El grupo de Jruschov reintrodujo así el gran divorcio entre la clase obrera y los medios de producción que el partido comunista soviético bajo Lenin y Stalin había luchado incesantemente por superar y eliminar. La gran reconciliación, unificación, entre la clase obrera y sus herramientas, lograda durante el período socialista, volvió a romperse. La toma del poder estatal de Jruschov en la URSS fue la “acumulación primitiva de capital” de la burguesía soviética recién engendrada descrita por Karl Marx en “El capital”:

“El proceso … que abre el camino al sistema capitalista no puede ser otro que el proceso que le quita al trabajador la posesión de sus medios de producción; un proceso que transforma, por un lado, los medios sociales de subsistencia. y de la producción en capital, por el otro, los productores inmediatos en asalariados. La llamada acumulación primitiva, por tanto, no es otra cosa que el proceso histórico de divorcio del productor de los medios de producción “. (Capital, I, ed. Internacional, p. 714)

Como la “acumulación primitiva” del capitalismo sobre la base del feudalismo, que Marx analiza, el nuevo (o “segundo”) desarrollo del capitalismo en Rusia, esta vez fuera de la base socialista, fue en esencia un proceso violento. Como lo demuestra el papel desempeñado en la toma por parte de la dirección aburguesada del ejército soviético (ver el artículo 11 de esta serie), los “métodos de acumulación primitiva son todo menos idílicos”, como correctamente señaló Marx. La fuerza jugó el papel principal. (Capital, íbid.)

La URSS, en suma, dejó de ser un país socialista en el sentido pleno y completo del término ya en 1956-57, con la expropiación del proletariado. En el mismo sentido, la Unión Soviética poco después de su nacimiento en 1917, con la expropiación formal de la tierra, los bancos y las principales industrias por parte del proletariado como clase dominante, dejó de ser plenamente capitalista. La propiedad de los medios de producción fue asumida por la clase trabajadora.

(El hecho de que las expropiaciones de 1917 se proclamaran abierta, orgullosa y desafiante, mientras que su revocación 40 años después se produjo de forma tan encubierta que nadie pudo establecer clara y firmemente que había tenido lugar hasta años después, cuando surgieron las consecuencias no afecta, por supuesto, al fondo del asunto. A diferencia del proletariado, la burguesía históricamente —véase de nuevo a Marx— ha ocultado los caminos de sus grandes robos bajo diversas formas, incluso cuando expropió a los feudalistas. Más aún cuando expropia al proletariado.)

Al mismo tiempo, sin embargo, la transferencia de propiedad de los medios de producción de una clase a otra, tanto en 1917 como en el caso inverso de mediados de la década de 1950, no produjo en sí misma ningún cambio profundo en las relaciones reales de producción operativa en la base económica de la sociedad. Como se señaló en las partes 2, 3 y 4 de esta serie, la base económica de la URSS en 1917 seguía siendo predominantemente capitalista y, además, pequeño-capitalista. El nuevo poder soviético tuvo que emprender una larga lucha, llena de giros y vueltas, para transformar la base económica y sentar las bases de la economía socialista. Tenía que aislar, restringir, luego atacar y destruir, las áreas clave de la vida económica donde prevalecían los principios capitalistas, y establecer relaciones de producción socialistas en su lugar.

El grupo de Jruschov tuvo el problema inverso. Al tomar el poder estatal, obtuvieron el título legal de propiedad sobre los medios de producción. Pero la transformación de las relaciones de producción reales en la infraestructura, el aislamiento, la restricción, la destrucción de los baluartes clave de las relaciones socialistas y su reemplazo por relaciones capitalistas aún estaban por venir.

Los principales golpes que Jruschov y sus seguidores dieron en el campo económico se mencionaron anteriormente (partes 8, 11 y 12): la abolición de los ministerios de planificación central y la venta de las estaciones de máquinas y tractores a las granjas colectivas, y algunos detalles sobre ahora se pueden dar para completar la imagen.

La abolición de los ministerios industriales centrales en Moscú, como han sugerido varios escritores de la época, fue en parte un movimiento puramente táctico por parte de Jruschov, motivado por las necesidades inmediatas de su lucha entre facciones contra el llamado “grupo antipartido”. Pues sus principales oponentes en el liderazgo (Malenkov, Kaganovich y figuras menores; también, después de su renuncia como ministro de Relaciones Exteriores en junio de 1956, Molotov) tenían posiciones poderosas y estrechos vínculos con los ministerios. Al abolir los ministerios, privó a sus oponentes de bases de poder clave. (Ver, por ejemplo, Pistrak, Khrushchev, Grand Tactician, Nueva York 1959, p. 247; Crankshaw, Khrushchev – A Career, p. 246)

Estas motivaciones tácticas a corto plazo explican por qué el propio Jruschov en 1962 y 1963, y más aún sus sucesores en 1965, pudieron dar la vuelta y restablecer los ministerios industriales centrales hasta cierto punto. Los ministerios restablecidos, como se verá, tenían un personal diferente y el tipo de “planificación” que iban a hacer no tenía nada que ver con el socialismo. De esto, más adelante. Mientras tanto, el golpe de Jruschov a los ministerios centralizados de planificación socialista – sus funciones fueron asumidas por 105 consejos económicos regionales (‘sovnarkhozy’) – tuvo el efecto inmediato de un resurgimiento y expansión generalizados de la esfera de las relaciones de intercambio de bienes y dinero.

“El ministro en Moscú”, señaló correctamente un escritor burgués de la época, “puede haber tenido sus puntos de vista distorsionados por un departamentalismo estrecho, pero al menos pudo ver las cosas a escala nacional. El presidente del ‘sovnarkhoz’ en Omsk no puede ver más allá de los confines de la provincia de Omsk. Siempre que tiene que tomar decisiones, no puede, [incluso] con la mejor voluntad del mundo, tener debidamente en cuenta el interés nacional “. (Alec Nove, Economic Rationality …, Nueva York 1964, p. 59) Un resultado inmediato de la abolición de los ministerios, por lo tanto, fue crear en el proceso de toma de decisiones económicas un fuerte elemento de localismo estrecho: cada pequeña región por sí misma.

Pero, mientras que la planificación podría fragmentarse en 100 piezas, el proceso de producción de materiales no. La industria avanzada a gran escala extrae sus materiales y envía su producción a muchas regiones diferentes de todo el país. Por lo tanto, los planificadores regionales soviéticos, y los directores de empresas aún más, se encontraron bajo el nuevo sistema frente a un enorme dolor de cabeza al adquirir materias primas y suministros esenciales y distribuir su producción fuera del área inmediata de planificación regional. Los órganos centrales de coordinación y previsión que quedaban eran de poca ayuda, como atestiguaban numerosas quejas en la prensa. (Nove. p. 104) Se vieron obligados por la configuración a confiar en su propia “iniciativa” e “ingenio”.

Así surgió lo que otro escritor describe como “una red no oficial de relaciones interempresariales” en la que “blat” (influencia personal) y “tolkachi” (intermediarios, “reparadores”) crearon los vínculos nacionales que antes proporcionaba la planificación central. Un director de empresa que necesitaba materiales llamó a un compinche de otra región que los tenía o se puso en contacto con un corredor que sabía dónde conseguirlos; y todo este sistema de acuerdos se trabajó “fuera de los libros”, de manera informal, bajo diversas cubiertas, a través de negociaciones de persona a persona. “Un verdadero ejército de ‘tolkachi’ … ayudó a los industriales a lidiar con su problema más difícil, el de asegurar los suministros. Estos intermediarios especializados se ocuparon de saber dónde se podían obtener equipos y materiales de todo tipo en el ubicuo ‘libre mercado’” (M. Miller, Rise of the Russian Consumer, Londres 1965, p. 33)

De hecho, esto todavía no era un mercado libre, de ahí las comillas. Era un mercado ilegal, y tanto los gerentes como los corredores especializados podrían ser severamente castigados bajo la ley soviética existente si se les descubría haciendo negocios fuera del plan. Pero este mercado negro era tan necesario bajo el sistema, y los enjuiciamientos tan pocos, que debería llamarse con más propiedad un mercado “gris”.

Es fácil reconocer en las figuras de los “tolkachi” la reencarnación de los hombres de la NEP de los años veinte. (Véase la parte 3 de la serie) De la misma forma, los propios tratos ínter-empresariales de los gerentes fuera del plan revivieron una relación que era legal en las primeras fases de la Nueva Política Económica de Lenin, cuando las empresas podían comprarse y venderse entre sí por su cuenta. (Véase, por ejemplo, Maurice Dobb, Soviet Economic Development, Nueva York 1966, págs. 131-148) Pero lo que era temporalmente legal en los primeros tiempos de la NEP, como parte de la retirada limitada del capitalismo de Estado en ese momento, fue ilegalizado y de hecho eliminado. cuando terminó la década de 1920. Todo lo contrario con Jruschov. Allí, los derechos y poderes de los administradores de empresas se expandieron gradualmente.

Un paso clave aquí fue la abolición de la ley sobre sabotaje económico, que había hecho que los directores estuvieran sujetos a cargos criminales por incumplimiento del plan; las nuevas regulaciones, escribe Granick, son “mucho menos severas que antes”. Jruschov, observó este estudiante de ejecutivos soviéticos, “avanzó en gran medida hacia la eliminación del trauma previamente incrustado en los puestos ejecutivos soviéticos”. (Ejecutivo Rojo, p. 43, 136) No lo hizo dando mayores responsabilidades de coordinación de la producción a los propios trabajadores, sino potenciando los poderes y legalizando muchas de las prácticas ilegales de los directores de empresa. El informe general de Jruschov al 22º Congreso del PCUS en 1961, un documento que pretende trazar el avance hacia el comunismo en la URSS para 1980, incluyó la “ampliación gradual de los poderes de gestión” en el programa del partido, para no dejar dudas sobre esta puntuación. (Documentos, Vol. 11, Nueva York 1961, p. 98)

Aproximadamente en este momento también, hubo una serie de casos judiciales en muchas áreas de la URSS donde los trabajadores protestaron porque los gerentes los habían despedido de sus trabajos ilegalmente. (Conquest, Industrial Workers, p. 20) La mayoría fueron readmitidos en ese momento; los gerentes se habían apresurado demasiado. Más tarde, después de Jruschov, los gerentes lograron el poder de despedir virtualmente a su voluntad y se legalizaron sus negocios privados, como se mostrará.

Así, las principales “reformas” de Jruschov en la organización industrial revelan un patrón general definido. Paso a paso amplían el ámbito en el que las relaciones de intercambio entre mercancías y dinero, caldo de cultivo del capitalismo, gobiernan el comportamiento económico. Al principio, esta extensión se produce en las sombras; gradualmente se legaliza; y la demanda de una mayor extensión se escribe en el programa del partido.

En agricultura, el ataque de Jruschov a los baluartes de las relaciones de producción socialistas fue, en todo caso, más directo y completo que en la industria. Durante 1957-58, como ya se mencionó, el Estado soviético bajo Jruschov vendió a las granjas colectivas las Estaciones de Máquinas y Tractores (EMT). Fue un caso en el que el Estado se expropió a sí mismo para “beneficio” de las granjas colectivas, la única manipulación declarada y abierta de las relaciones de propiedad socialistas en la que Jruschov y sus sucesores participaron. La medida dio a los colectivos, como había dicho Stalin, el ” estatus excepcional … no compartido por ninguna otra empresa en nuestro país “, de poseer instrumentos básicos de producción (Economic Problems of Socialism, p. 95), pero este análisis, junto con la advertencia de Stalin de que conduciría a la regeneración del capitalismo, fue atacado y descartado por Jruschov como “dogmatismo” relacionado con el “culto a la personalidad”. (Linden, Jruschov y el liderazgo soviético, Baltimore 1966, p. 61).

Junto con la liquidación, Jruschov abolió los objetivos del plan (cuotas de producción) a los que habían sido sometidas las granjas colectivas. Por lo tanto, las granjas estaban, más que cualquier otro tipo de empresa en ese momento, “por sí mismas”, con pocas relaciones, aparte de las relaciones de intercambio de mercancías, para vincularlas con las ciudades. Poco tiempo después, debido en parte al costo de tener que mantener su propia maquinaria, en parte al espíritu de lucro que se apoderó de las granjas, los precios controlados pagados a las granjas colectivas por el Estado tuvieron que ser aumentado en varias líneas de productos. En 1962, como resultado directo de la nueva configuración, los precios al consumidor de la carne y los productos lácteos aumentaron un 30 y un 20 por ciento, respectivamente. (Miller, op. Cit. P. 235)

El impacto político de la venta masiva también fue considerable. Los EMT no solo habían sido la columna vertebral mecánica de las granjas colectivas, sino que también desempeñaban el papel de puestos avanzados del proletariado industrial entre el campesinado. Sus acciones en la ejecución de la política estatal necesariamente ejercieron una enorme influencia en las granjas colectivas; y entre los trabajadores de cada EMT había una rama del partido cuyo papel era participar en la dirección agrícola colectiva y orientarla en una dirección proletaria. Con la venta de las estaciones, estos roles colapsaron y un gran número de células del partido en las granjas colectivas dejaron de existir. (Nove, op. Cit. Pág. 65)

Todas estas y otras medidas jruschovianas, sin embargo, aún no equivalían a una restauración del capitalismo. Cuando se celebró el 22º Congreso en 1961, el tejido socialista de las relaciones de producción estaba muy delgado y lleno de agujeros, pero los principales hilos aún se mantenían. Se requirió una nueva ofensiva burguesa, cuatro años más de demagogia, destrozos y purgas, antes de que estallaran.

14 El ‘debate’

Si alguna vez se escribe una historia de las grandes hipocresías del siglo XX, especialmente las que se perpetúan en la política, un capítulo debe dedicarse a describir el programa para “avanzar hacia el comunismo” presentado por Nikita Jruschov en el 22º Congreso de octubre de 1961 del Partido Soviético.

Fue un período de desorden y confusión en la URSS, especialmente en la esfera económica. El viejo sistema, destruido y parcialmente vendido por Jruschov antes, ya no funcionaba como solía hacerlo; sin embargo, los contornos de lo que iba a reemplazarlo aún no se habían cristalizado. Como para dar sentido y dirección a esta turbia transición, Jruschov intervino con la declaración de que la URSS sería una sociedad completamente comunista y sin clases para el año 1980 y que el período de construcción del comunismo había comenzado.

Esta declaración pareció dar coherencia y legitimidad a las tesis políticas de Jruschov sobre la abolición de la dictadura proletaria (a favor del “Estado de todo el pueblo”) y del carácter político proletario del Partido Comunista (a favor de un “partido de todo el pueblo “). Porque si el comunismo estuviera a la vuelta de la esquina, si las distinciones de clases hubieran desaparecido, si todos fueran proletarios, entonces “¿con respecto a qué clase puede haber una dictadura? No existe tal clase”, argumentó Jruschov. (Documentos del 22º Congreso del PCUS, Nueva York 1961, Vol. 2, p. 157)

Pero, por otro lado, incluso esta apariencia superficial de coherencia formal desapareció cuando se trató de la cuestión de las propuestas de Jruschov en el ámbito de la reorganización político-económica. Aquellos que escogieron cuidadosamente la sopa de la retórica general de Jruschov en busca de la carne de propuestas específicas con respecto a la economía encontraron un peculiar choque de sabores.

Bajo el título retórico, por ejemplo, de la necesidad de “aprovechar la iniciativa creativa de las masas y darle un alcance cada vez mayor”, se explica que “esto exige una mayor extensión gradual de los poderes de gestión y de la responsabilidad de organismos y empresas locales “. (Documentos Vol. 2, p. 98)

Esto es puro doble discurso, donde “masas” realmente significa gerentes y directores, y liberar “iniciativa creativa” significa aumentar los poderes represivos de los directores. El mismo corte de lógica marca el enfoque de Jruschov de las categorías económicas:

“En el curso de la construcción comunista es nuestra tarea hacer un uso aún mayor y mejorar las palancas financieras y crediticias, el control financiero, los precios y las ganancias. Debemos elevar la importancia de las ganancias y la rentabilidad”. (ibíd. Pág. 99)

El “avance hacia el comunismo”, en otras palabras, no se logra degradando y eliminando gradualmente la ganancia y la rentabilidad como impulsos que regulan el comportamiento económico, sino todo lo contrario extendiéndolos y fortaleciéndolos. Para ilustrar más claramente lo que quiso decir, Jruschov observó:

“No haría ningún daño si también aprendiéramos de los principales modelos capitalistas cómo acelerar la construcción, iniciar y administrar nuevas empresas … No debemos despreciar la experiencia extranjera útil, y debemos adoptar críticamente todos los puntos valiosos desde el punto de vista técnico y organizativo disponible en Occidente, incluido el campo de acelerar la rotación de fondos y obtener mayores rendimientos de las inversiones de capital “. (p. 96, énfasis agregado)

Pedir prestado a Occidente no solo la tecnología, decía Jruschov, sino también los secretos de su organización económica, que permiten a sus corporaciones obtener las máximas ganancias con la máxima velocidad.

Estos pasajes, sin duda, estaban envueltos en tantas capas de garantías y promesas “comunistas” que un lector desatento podría perder por completo su significado. Sin embargo, el hecho de que estos pasajes contenían la esencia del programa de Jruschov, mientras que todo lo demás era basura, quedó claro en el transcurso del gran “debate económico” que se inició directamente después del congreso y duró hasta principios de 1964, poco antes de la propia destitución de Jruschov.

El “debate” fue en esencia una lucha de facciones, llevada a cabo – hasta donde llegaba su parte visible – en las páginas de las revistas económicas y Pravda (el órgano del partido), entre dos campos principales dentro de las fuerzas burguesas recién emergidas dentro de la sociedad soviética. En términos muy generales, un lado defendió los intereses de la burocracia de planificación económica, o lo que quedaba de ella, por encima y en contra del poder de los directores y gerentes de empresas; mientras que el otro luchaba por la supremacía de las empresas sobre los remanentes de las estructuras de planificación económica.

Es significativo que ninguna de las partes luchó —o se le permitió, en las páginas de la prensa revisionista controlada por el partido, salir— por el resurgimiento de la “contraplanificación” u otras formas de participación directa de las masas en el proceso de planificación. (Para la contraplanificación, véase la parte 6 de esta serie.) En la medida en que los puntos de vista marxista-leninistas ocasionalmente se infiltraban en el debate, estaban del lado de los “planificadores”, pero esta maquinaria de planificación se había alejado tanto de la actividad de la clase trabajadora en el punto de producción que representaba, en el momento del debate, sólo otra forma de hegemonía burguesa.

Los partidarios de la “planificación” impulsaron un esquema conocido como VNP, siglas de Valor Normativo del Procesamiento, una forma levemente novedosa de llevar las cuentas de las empresas y evaluar su desempeño según el plan. Básicamente fue una adaptación menor de la vieja maquinaria; y se dijo que obligaba a los gerentes a ser más económicos en el uso de materias primas e insumos. Debido a que la intención de la nueva arruga era mantener las viejas formas de planificación básicamente intactas, los VNPeros fueron calificados de “conservadores” en el debate.

Por otro lado, llamándose a sí mismos “liberales”, estaba una coalición flexible de economistas cuyo portavoz más conocido era Yevsei Liberman, profesor en un instituto de administración de empresas en la ciudad ucraniana de Jarkov. Aunque había muchas diferencias entre ellos, y con frecuencia cambiaban su énfasis a medida que soplaban los vientos del debate, los puntos principales en su caso eran fortalecer el papel de las ganancias y mejorar la autonomía de las empresas del plan.

En lo que respecta a las ganancias, la escuela “liberal” negó, al estilo de Jruschov, que hubiera algo contradictorio entre el socialismo y un papel más destacado para la maximización de las ganancias en la conducción de las empresas. Después de todo, argumentó Liberman, la sociedad en su conjunto debe mostrar un “beneficio” – y un exceso de producción sobre el consumo – y “lo que es bueno para la sociedad es bueno para todas las empresas”. (Véase E. Zaleski, Planning Reforms in the Soviet Union, Chapel Hill 1967, pág.79)

Pero si bien el papel de las ganancias fue un centro de tormenta clave en el debate, Liberman y muchos de sus partidarios enfatizaron que este no era el tema fundamental para ellos. “Nos parece extraño”, escribió Liberman, “cuando la gente discute: ¿qué es mejor: el costo de procesamiento normativo [VNP], por ejemplo, o las ganancias?” Lo que proponían, subrayó Liberman, no era simplemente una “revisión de los índices, sino … una reforma de las relaciones de la empresa con la economía nacional”. Era, dijo, “todo el sistema de relaciones” lo que requería un cambio. (Felker, Controversias económicas soviéticas, Cambridge, 1966, p. 87)

Hay pocas dudas de que las propuestas de la escuela Liberman se hicieron eco de los puntos de vista principalmente de los directores y gerentes de empresas que querían reunir en sus manos no solo más poder sobre los trabajadores, en esto ambos bandos estaban de acuerdo, sino también más poder en relación con los planificadores. Lo que los ideólogos “liberales” insinuaron o explicaron de diversas maneras fue que la dirección de la empresa, para poder obtener el máximo beneficio, debe liberarse de las restricciones impuestas desde arriba y permitirle decidir más o menos dónde comprar los suministros. y dónde vender su producción ya qué precio. Desde las “reformas” de Jruschov de 1957-58, ya lo habían estado haciendo en gran medida, pero a la sombra de la ilegalidad. (Véase la parte 12 de esta serie.) El eslogan “nuevas relaciones entre las empresas y la economía nacional” pretendía legalizarlo. Básicamente, estos gerentes y directores querían erigirse en empresarios capitalistas clásicos. Liberman, con sus sofismas tomados de Adam Smith – “lo que es bueno para la sociedad es bueno para toda empresa” es casi literalmente Adam Smith – fue su profeta.

Sin embargo, durante los dos primeros años del debate, según varias versiones, los “liberales” tenían lo peor en la prensa. Los partidarios del VNP la fuerza del hábito y la familiaridad de su lado; y su nueva arruga, el índice VNP en sí, había sido probado experimentalmente en las regiones de Tatar, Donetsk y Lituania. Se habían obtenido buenos resultados. Lo que los liberales defendían, por el contrario, era pura especulación teórica no probada; e incluso como teoría, era dudosa para muchos, porque su énfasis en las ganancias olía a capitalismo y significaba una obvia degradación del plan. Cuando comenzó 1964, los “liberales” se pusieron a la defensiva y se volvieron cada vez más silenciosos. Una nota de triunfo se coló en los pronunciamientos de los partidarios del VNP. Fue entonces, a principios de 1964, que Jruschov intervino personalmente, haciendo una fuerte declaración oficial a favor de las ganancias, que arrojó el peso de la dirección del partido detrás de la escuela Liberman.

En verano llegó el golpe de gracia contra los VNPeros. En una serie de artículos que aparecieron en Pravda, prominentes jruschovistas dirigidos por el académico L. Leontyiev (que no debe confundirse con el más viejo, marxista-leninista A. Leontiev) acusaron a la escuela “anti-lucro” de “estalinismo”.

“El problema al que nos enfrentamos ahora para determinar si la ganancia debería ser el índice básico para juzgar el trabajo de la empresa”, escribió Leontyiev, “puede atribuirse en gran medida a la falta de consideración de la ley inmutable de la construcción económica durante La era de Stalin. Esta ley inmutable, independientemente del sistema bajo el cual opera, es universal; una economía debe producir más de lo que se gasta en producción; y es este principio, sin importar cuán ignorado haya sido en el pasado, el que teóricamente proporciona la base por la aceptación de los beneficios hoy en la Unión Soviética “. (Citado en Felker, págs. 77-78)

¡Este impresionante descaro, como si no hubiera habido crecimiento económico en la URSS bajo el liderazgo de Stalin! – y de la metafísica (“ley inmutable”) sirvió como una señal de advertencia para los defensores del VNP de que, si persistían, seguirían el camino del llamado “grupo antipartido” hacia el olvido. En estas circunstancias, los “liberales” salieron triunfantes. Se les concedió una prueba experimental de algunas de sus ideas en una serie de empresas industriales ligeras que producían para el mercado de consumo (los experimentos Bolshevichka-Mayak), mientras que los experimentos de sus oponentes se interrumpieron.

Nikita Jruschov, sin embargo, no permaneció en el poder el tiempo suficiente para cuidar los frutos de lo que había sembrado. En octubre de 1964 fue derrotado y depuesto por sus colegas, encabezados por Leonid Brezhnev y Alexei Kosygin. Una cosecha fallida debido en gran parte al plan de “tierras vírgenes” de Jruschov, la inviabilidad de algunas de sus tácticas, como dividir al partido en regiones agrícolas e industriales, sus errores en la política exterior con respecto a Yugoslavia, Cuba, China y Albania, y en gran medida, la vulgaridad de su estilo —en particular, golpearse con el zapato en el podio de las Naciones Unidas— había convertido a Jruschov en una figura de desprecio y burla que amenazaba con desacreditar a la clase que representaba.

Sus sucesores lo criticaron por “subjetivismo” y por “avanzar demasiado rápido”; e hizo una serie de pequeños ajustes de fondo y estilo en la política soviética, interna y externa. Pero se apresuraron a anunciar, a principios de noviembre, que su reorganización económica continuaría y se extendería en las mismas líneas básicas. (Linden, Jruschov and the Soviet Leadership, Baltimore 1966, p. 225) A finales de año ampliaron el alcance de los experimentos Bolchevichka-Mayak, inyectando el nuevo sistema por primera vez también en la industria pesada. (Felker, pág.51)

Entonces las cosas empezaron a moverse muy rápido. En marzo, una reunión plenaria del Comité Central del partido declaró que era hora de “comenzar a idear medidas para mejorar la racionalidad del sistema”. En junio, se celebró una importante conferencia en Moscú, que reunió a economistas, directores de empresas y planificadores de todas las partes de la URSS, para “idear medidas”. El consenso de la reunión, según el informe de Pravda, fue que “había llegado el momento … de disminuir la planificación detallada desde arriba y reducir la cantidad de índices asignados a las empresas y, al hacerlo, proporcionar las condiciones para la operación independencia y para desarrollar una iniciativa económica sana por parte de la empresa “.

También había llegado el momento “en que el papel de los beneficios en la valoración de las operaciones empresariales podría elevarse a una posición más destacada entre el conjunto de indicadores y que los beneficios mismos deberían proporcionar las principales fuentes para la formación de fondos empresariales …” También coinciden en que ha llegado el momento de abordar lo que se denominó “el problema del mercado”, que, según Pravda, “existe no solo para los bienes de consumo sino también para los medios de producción. No hay fin de trabajo en este ámbito”.(Citado en Felker, págs. 91-92)

Hacia fines de septiembre de 1965, el Comité Central se reunió nuevamente. Al final, el primer ministro Kosygin, en un largo discurso, anunció una serie de “reformas” económicas, que un escritor calificó correctamente como “sin duda las [medidas] más destacadas en la esfera económica desde … las reformas de Stalin en 1928 que terminaron NEP “. (Felker, p.93) Estas medidas, sin embargo, fueron clara y llanamente en la dirección opuesta. En lugar de someter a las empresas a la planificación, sometieron virtualmente (y finalmente, por completo) la planificación a las empresas; en lugar de eliminar el mercado de medios de producción y fuerza de trabajo, lo expandieron, legalizaron y fortalecieron; en lugar de eliminar el lucro, lo elevaron a un principio; en resumen, en lugar de construir el socialismo, las reformas de Kosygin restauraron el capitalismo.

15 Ralentización

La velocidad con la que la dirección del partido soviético se movió en 1965 para reorganizar la economía fue dictada principalmente por una preocupante desaceleración de la productividad industrial.

Al presentar las propuestas del partido en septiembre de ese año, el primer ministro Alexei Kosygin tuvo cuidado de poner el acento en el lado positivo. Recitó una puntuación de estadísticas que mostraban aumentos en la producción durante el período del plan de siete años que acababa de finalizar.

Pero también había una nube en el lado positivo, agregó; y fue esto lo que le llevó al tema propiamente dicho de las propuestas:

“Cabe decir que en los últimos años el volumen de la renta nacional y la producción industrial por rublo de activos fijos ha disminuido algo. Las tasas de crecimiento de la productividad laboral en la industria, que constituyen un índice importante de la eficiencia de la producción social, se han desacelerado un poco en los últimos años “.

No iría más allá de estas vagas indicaciones; y no indagó más profundamente en las causas probables de la desaceleración. Sin embargo, finalmente se hicieron públicas estadísticas bastante detalladas más de cinco años después; y antes de examinar las propuestas de Kosygin, vale la pena examinar estos datos para tener una idea más clara de la situación en la que se encontraba la dirección soviética.

El principal especialista de la URSS en asuntos de lo que se denomina “eficiencia de la inversión” es el académico Tigran Khachaturov. “El indicador más general de la eficiencia de las inversiones en la economía nacional en su conjunto”, según Khachaturov, es la relación entre el ingreso nacional y la suma de activos fijos y circulantes en la economía nacional. Esta relación se expresa como un cierto número de kopeks de ingresos por rublo de activos. (100 kopeks = 1 rublo). Si el número de kopeks de ingresos obtenidos por rublo de activos está aumentando, entonces la “eficiencia” en la economía está aumentando y esto es bueno; y, en opinión de Khachaturov, lo contrario también es cierto. Así, en una sola proporción fue posible estimar “cuán racionalmente se formula el plan y cuán plenamente se utilizan los recursos disponibles”.

Khachaturov presenta la siguiente tendencia en este índice general:

1959 62.6
1960 61.6
1961 60.5
1962 58.2
1963 55.0
1964 54.7
1965 53.2

(T. Khachaturov, “La reforma económica y la eficiencia de las inversiones”, en Reforma Económica Soviética: Progreso y Problemas, Moscú 1972, p. 159)

Por lo tanto, el indicador general de “eficiencia económica” mostró una disminución constante de año en año, terminando el período casi 10 kopeks por rublo por debajo del punto de partida. Como dijo Khachaturov: “Un declive de este indicador durante el período de siete años (1959-1965) habla de la existencia de fenómenos desfavorables en la economía soviética…”

¿Cuáles fueron estos fenómenos, más precisamente? En el artículo que se acaba de citar, Khachaturov hace hincapié en “razones subjetivas que dependían de las deficiencias en la planificación y la gestión”. Ésta es una referencia cautelosa pero clara al sistema de planificación de Jruschov a través de consejos económicos regionales (ver la parte 13 de esta serie), que, bajo las reformas de 1965, fue descartado por no ser razonable.

Pero en un artículo posterior que profundiza en el asunto, Khachaturov retira tácitamente esta línea de explicación, sin ofrecer, sin embargo, un sustituto. Aquí compara la tasa de aumento en la cantidad de capital por trabajador industrial con la tasa de aumento en la cantidad de producción por trabajador industrial.

Incremento 1950-1955 Incremento 1955-1960  Incremento 1960-1965
Capital por trabajador 50% 44% 43%
Producción por trabajador 49% 37% 26%
Diferencia -1% -7% -17%

(T. Khachaturov, “Improving the Methods of Determining the Effectiveness of Capital Investments”, Voprosy Ekonomiki [Problemas Económicos] 1973, No. 3; traducido en Problems of Economics, septiembre de 1973, p. 21.)

Así, como se muestra en la línea superior del cuadro, hubo una desaceleración en la tasa de crecimiento del capital por trabajador. Las deficiencias en la planificación y en la coordinación de la producción bien podrían explicar esto. A pesar de que estaba obstaculizado por el localismo inherente a la planificación regional, se podría argumentar de manera plausible, la administración no pudo poner medios de producción y materiales adicionales en las fábricas al ritmo tormentoso del período anterior. Se podría invocar el mismo razonamiento para explicar por qué la producción por trabajador (línea 2 de la tabla) también se desaceleró.

Sin embargo, el punto delicado es explicar por qué este último se desaceleró mucho más abruptamente que el primero.

Durante el período 1950-1955, un aumento del 50 por ciento en el capital por trabajador produjo un aumento prácticamente equivalente (49 por ciento) en la producción por trabajador. Esto es lo que uno esperaría: darle al trabajador más maquinaria, obtener correspondientemente más producción. Pero en el siguiente período de cinco años, la producción por trabajador aumentó un 7 por ciento menos que el capital por trabajador; y durante 1960-65, los años inmediatamente previos al plan de “reforma” de Kosygin, la brecha entre el crecimiento del capital y el crecimiento de la producción se amplió a un alarmante 17 por ciento.

¡Cada vez se arrojaban más medios de producción a los trabajadores, pero proporcionalmente salían cada vez menos!

Khachaturov ni siquiera intenta interpretar estos datos que invitan a la reflexión y esto no es sorprendente. Porque, aparte de la hipótesis refutable de que la nueva maquinaria era mucho menos eficiente que la antigua, los datos apuntan directamente a la incómoda conclusión de que a la clase trabajadora industrial soviética ya no le importaba un comino la productividad y se estaba saliendo con la suya.

A pesar del hecho de que Jruschov había ordenado un reajuste de los trabajos industriales en todo el país, que establecía objetivos de producción significativamente más altos para los operarios de máquinas, los trabajadores simplemente no estaban poniendo en su trabajo la misma medida de energía y entusiasmo que habían mostrado, a menudo con resultados deslumbrantes y heroicos., durante el período de la construcción socialista. (Véase la parte 6 de esta serie.) (Sobre el reajuste del tiempo del trabajo de Jruschov, véase Mary McAuley, Labor Disputes in Soviet Russia [Disputas laborales en la Rusia Soviética] 1957-65, Oxford.1969, p. 89)

En lugar de hacer todo lo posible para producir más, mejor y más rápido, los trabajadores industriales cambiaron su estrategia en la batalla por la producción a la resistencia pasiva. La potencia de los medios de producción a los que se enfrentaban los trabajadores en el taller siguió aumentando. Pero los trabajadores aplicaron su energía e ingenio ahora no a la realización y desarrollo de ese potencial, sino a su frustración.

La nueva actitud negativa hacia el trabajo que se refleja en las estadísticas del período de Jruschov se derivó principalmente del desarrollo discutido al comienzo de la parte 13 de esta serie, a saber, la expropiación de la clase trabajadora tras la toma revisionista del poder estatal en 1956- 57. Quizás muy pocos trabajadores resumieron la situación en ese momento en términos de expropiación y trazaron el paralelo con la “expropiación de la masa del pueblo por unos pocos usurpadores” en los albores del orden capitalista que Marx describió tan vívidamente en El capital. (Vol. I, p. 764) Sin embargo, el cambio, como quiera que lo formulen, difícilmente podría escapar incluso al trabajador moderadamente consciente.

– Bajo Stalin, el partido había sido el arma de los trabajadores contra los directores de fábrica que se extralimitaron en su autoridad. (Ver la parte 8 de esta serie.) ¿Podría escapar a la atención de los trabajadores que, después de la toma del poder de Jruschov, el partido cambió su posición de clase y llamó a fortalecer a los directores contra los trabajadores? (Ver partes 13 y 14).

– ¿Podría escapar a la atención de los trabajadores que los directores que no cumplieron con el plan y que violaron las reglas sobre la velocidad, la organización y las condiciones de trabajo, fueron – bajo Jruschov – casi nunca castigados o destituidos de sus puestos? (McAuley, pág. 83)

– ¿Es posible que los trabajadores no se den cuenta del hecho de que dichos directores no solo eran miembros, sino que a menudo también eran dirigentes de los sindicatos de la planta? (McAuley, pág. 67)

Estos y otros cambios similares en el poder, perceptibles al menos para un gran número de trabajadores, fueron bastante suficientes para comunicar la esencia de la nueva relación de propiedad y generar en respuesta a la nueva actitud hacia la productividad descrita por Marx hace un siglo: Desde “el trabajador encuentra que los instrumentos de trabajo existen independientemente de él como propiedad de otro hombre, la economía en su uso … no le concierne “(El Capital, vol. I, pág. 325) [Aquí economía (Ökonomie) se refiere al uso racional de los instrumentos de trabajo, que se traduce en Siglo XXI como ahorro:  “las condiciones de trabajo se contraponen al obrero de manera autónoma, también el ahorro de las mismas se presenta como operación especial, la que para nada le incumbe y que por tanto está disociada de los procedimientos que acrecientan su productividad personal.].

Sin embargo, el hecho realmente sorprendente sobre la desaceleración de los trabajadores soviéticos, y sin duda el aspecto más preocupante desde el punto de vista de la dirección del partido en 1965, fue que los trabajadores se estaban saliendo con la suya.

Esto se debió a la extraña situación de transición en la sociedad soviética en ese momento. Los trabajadores habían sido expropiados. Ya no ostentaban el poder estatal ni poseían los medios de producción. Por lo tanto, resistieron en el punto de producción disminuyendo la velocidad.

Pero la burguesía, aunque poseía los medios de producción y tenía el poder estatal, todavía tenía las manos atadas por muchas de las viejas relaciones de producción socialistas. Aún no tenía en sus manos el arsenal completo de armas para acelerar a los trabajadores.

La última de estas armas, como se mencionó anteriormente (parte 8 de esta serie) es el poder de despedir trabajadores, para despedirlos por “razones económicas”. Este poder implica que la fuerza de trabajo es una mercancía que se compra y vende como cualquier otra; o, para decirlo al revés, donde la fuerza de trabajo tiene el carácter de una mercancía, el propietario de los medios de producción tiene derecho a echar a los trabajadores a la calle.

El compañero y acompañante necesario para este derecho es el derecho del propietario a vender (o comprar) medios de producción también como cualquier otro producto, por ejemplo, cerrando divisiones no rentables, descontinuando un tipo de producción en favor de otro, etc.

Un momento de reflexión mostrará que estos dos poderes no pueden sobrevivir por separado el uno del otro. El ejercicio de uno requiere el ejercicio del otro.

Sin embargo, es precisamente el ejercicio de estos dos poderes -como se señaló al final de la parte 5 de esta serie- lo que convierte al propietario de los medios de producción en un capitalista y convierte las relaciones de producción de una sociedad en relaciones de producción de una sociedad. carácter capitalista. (Ver Guardian*, 19 de marzo)

En una sociedad plenamente capitalista, los trabajadores soviéticos no podrían haber continuado su desaceleración durante tanto tiempo y con tanta eficacia como lo hicieron. Mucho antes de que la brecha entre inversión y productividad alcanzara las dimensiones que alcanzó bajo Jruschov, la inversión se habría detenido y una espiral de despidos habría “estimulado” a los que permanecían en las fábricas a realizar mayores esfuerzos.

El efecto “estimulante” de las relaciones capitalistas de producción se puede observar en las etapas avanzadas de cada crisis económica, como la actual. A medida que las filas de desempleados se extienden fuera de las fábricas hacia el horizonte, el régimen de aceleración, sudoración y humillación en el interior alcanza sus extremos más brutales.

De esta manera se producen las “eficiencias de inversión” y las estrechas correlaciones y breves desfases entre capital por trabajador y producción por trabajador que el académico Khachaturov y Jruschov antes que él, miraron con tanta envidia.

Es una falacia suponer que la transición hacia atrás, del socialismo al capitalismo, en las relaciones de producción básicas y determinantes puede ocupar un período de tiempo muy largo. La toma del poder estatal por parte de una burguesía y, por tanto, la expropiación de la clase obrera, provoca necesariamente entre la clase obrera un movimiento de resistencia al aumento de la producción. El avance de este movimiento arroja con bastante rapidez a los expropiadores a una posición económica insostenible, una crisis de subproducción generalizada que no es menos real por estar encubierta.

Las formas más activas de resistencia – huelgas, rebeliones, disturbios – pueden ser reprimidas y tratadas a punta de pistola. Varios fueron, como se mencionó anteriormente. Pero la bayoneta es una estimulación notoriamente ineficaz y poco práctica en la rutina diaria de la producción industrial. La burguesía no puede colocar un soldado detrás de cada tres trabajadores en cada fábrica sin provocar una guerra abierta. Para romper la resistencia pasiva de los trabajadores en el punto de producción, la burguesía necesita armas de otro orden. Estas son las armas inherentes a las relaciones capitalistas de producción. La burguesía no puede perder el tiempo en aplicarlos. Por mucho que vacile en convertir los medios de producción y la fuerza de trabajo en mercancías con todas sus consecuencias, debe vencer sus escrúpulos, si los tiene, y marchar a toda máquina hacia el orden capitalista.

Este fue el trasfondo de la declaración de Alexei Kosygin, destacando las propuestas de “reforma” de septiembre de 1965, de que “las formas existentes de gestión, planificación y estímulos en la industria ya no se ajustan a las condiciones técnico-económicas modernas y al nivel actual de las fuerzas productivas.”

16 El ‘Nuevo Sistema’

“Se está proponiendo un sistema completo de medidas”, dijo el primer ministro soviético Alexi Kosygin en su discurso de septiembre de 1965, “con el fin de ampliar la independencia económica y la iniciativa de las empresas y asociaciones y aumentar la importancia de la empresa como la principal unidad económica en nuestra economía “.

Presentadas por Kosygin en nombre del comité central del partido y los órganos supremos del gobierno, las “propuestas” se promulgaron formalmente en poco tiempo. La conversión de las entonces más de 50.000 empresas no agrícolas al nuevo sistema, una tarea compleja y exigente debido a la amplitud de las medidas, se llevó a cabo en una serie de pasos que requirieron varios años. A fines de 1968, el nuevo sistema abarcaba empresas industriales que producían alrededor del 72 por ciento de toda la producción industrial y contribuían con alrededor del 80 por ciento de las ganancias totales obtenidas en la industria. A fines de 1970, las cifras se situaban en alrededor del 92 por ciento y más del 95 por ciento, respectivamente; en otras palabras, las medidas se implementaron de manera completa e íntegra (NY Drogichinsky, “The Economic Reform in Action,” in Soviet Economic Reform: Progress and Problems [“La Reforma Económica en Acción”, en Reforma Económica Soviética: Avances y Problemas], Moscú, 1972, pp. 200, 202. Drogichinsky es director del Departamento de Nuevos Métodos de Planificación del Comité Estatal de Planificación de la URSS.)

¿Cuáles fueron exactamente las características del nuevo sistema? A riesgo de cansar al lector con citas, aquí hay un breve resumen de las principales propuestas específicas en palabras de Kosygin:

“Con el fin de ampliar el incentivo económico de las empresas, se propone reducir el número de índices que se asignan desde arriba”, es decir, por los órganos de planificación.

“Para orientar a la empresa hacia una mayor eficiencia es mejor utilizar el índice de ganancias, el índice de rentabilidad. El tamaño de las ganancias caracteriza, en gran medida, la contribución de una empresa a los ingresos netos del país”.

De esta manera, se “alentará” a las empresas a “buscar formas de aumentar la productividad laboral”.

Debe ponerse fin al sistema por el que prácticamente todos los beneficios empresariales van al Estado. En cambio, “es necesario dejar a las empresas una mayor parte de sus beneficios… en proporción directa a la eficacia con la que utilizan los activos fijos que se les asignan”.

También se debe poner fin a la situación en la que “los logros de la empresa en cuanto al aumento de los beneficios y la rentabilidad de la producción no tienen ningún efecto directo sobre los ingresos del personal de la empresa”. Para ello, se debe crear un conjunto de nuevos “fondos” en cada empresa, incluyendo un “fondo de incentivos materiales” y un “fondo para el desarrollo de la producción”, orientados a la rentabilidad empresarial.

Además, “las empresas disfrutarán de poderes más amplios en el uso de sus activos circulantes, asignaciones por depreciación y también el dinero de la venta de equipo excedente y otros valores materiales…

“Las empresas gozarán de poderes más amplios en el uso del dinero ahorrado en el fondo salarial durante el año …”

A este respecto, un ejemplo positivo es la cosechadora de Transporte de Moscú, donde el nuevo sistema se introdujo a modo de experimento piloto el año anterior, mostró ganancias considerables en la productividad después de que “… vendió camiones y equipos superfluos y descontinuó el empleo de personal superfluo “.

En sus relaciones con otras empresas, se potenciará la “responsabilidad económica” de cada empresa. “Los contactos directos entre las empresas manufactureras y las empresas consumidoras deberían desarrollarse más ampliamente en la esfera del suministro de materiales”.

En cuanto a los precios, “la transición a nuevas formas y métodos de estimulación económica de la producción industrial exige la mejora del sistema de formación de precios. Los precios deben reflejar cada vez más los desembolsos de trabajo socialmente necesarios y deben cubrir los desembolsos de producción y volumen de negocios y asegurar una ganancia para cada empresa que funciona normalmente “.

Las relaciones financieras entre las empresas y el Estado también deben colocarse en una base diferente: “Las donaciones financieras otorgadas por el Estado a las empresas para la inversión de capital deben restringirse y el uso de créditos debe expandirse”.

Por último, en lugar de los consejos económicos regionales (creados por Jruschov), habrá nuevamente ministerios centrales para cada rama industrial importante; y al mismo tiempo, en estrecha colaboración con los ministerios, habrá “una nueva forma de organización: las fusiones de ramas que operan bajo el principio de contabilidad de costos”, a las que los ministerios deben ceder “muchas funciones operativas”. Los nuevos ministerios “trabajarán en condiciones completamente diferentes” a las de los antiguos; y pensar “que se está sugiriendo un mero regreso a los antiguos ministerios … significa ignorar una serie de factores nuevos y equivocarse”.

Demasiado para lo básico de las nuevas medidas, en la medida en que las formulaciones menos que lúcidas de Kosygin dejan que se vean. (Las citas son de Izvestia, 28 de septiembre de 1965, traducidas en la revista Problems of Economics [Problemas de Economía], octubre de 1965, págs. 3-28)

Qué estupendo habría sido si Kosygin, al resumirlo todo, hubiera tenido el ingenio de decir: “En resumen, amigos y camaradas, lo que todo esto significa es que estamos estableciendo el capitalismo; y una adecuada puesta a punto”. será el capitalismo de fecha, con fideicomisos y monopolios y todos los adornos, tan rápido como podamos arreglarlo “. Habría ahorrado enormes esfuerzos a todos los marxista-leninistas del mundo.

¡Un sueño vano! En lugar de un final tan refrescante, Kosygin concluye con un aire de total convicción de que las nuevas medidas son una parte esencial del proceso por el cual “la propiedad socialista en la URSS se está convirtiendo en propiedad comunista”. No solo eso, sino que la característica central de las nuevas medidas económicas supuestamente lleva el respaldo del gran maestro revolucionario, el propio Lenin:

“V.I. Lenin señaló”, declaró Kosygin, “que cada empresa debe funcionar sobre una base rentable, es decir, debe cubrir completamente sus gastos con sus ingresos y debe obtener ganancias”.

En resumen, cualquiera que se resista a marchar en la dirección indicada por la dirección soviética no solo bloquea el camino hacia el comunismo – y por lo tanto es un anticomunista en el sentido más literal – sino que también presume de intentar dar lecciones de economía política a Lenin. !

Es un comentario revelador sobre el clima político en la tierra de Lenin en 1965 que la prensa supuestamente leninista no corrió las palabras reales de Lenin y las usó para ridiculizar a Kosygin y a toda la dirección desde la mañana hasta la medianoche. (La prensa, por supuesto, estaba controlada por esa misma dirección). Esto es lo que Lenin había dicho sobre las ganancias empresariales:

“La conversión de las empresas estatales a lo que se llama la base de la ganancia está inevitable e inseparablemente relacionada con la Nueva Política Económica; en un futuro cercano, esto seguramente se convertirá en la forma predominante, si no la única, de empresa estatal. En realidad, esto significa que con el libre mercado ahora permitido y en desarrollo, las empresas estatales en gran medida se colocarán sobre una base comercial capitalista. Esta circunstancia, en vista de la urgente necesidad de aumentar la productividad del trabajo y hacer que cada empresa estatal pague su parte y muestre ganancias y en vista del inevitable surgimiento de intereses departamentales estrechos y celo departamental excesivo, está destinado a crear un cierto conflicto de intereses entre las masas de trabajadores y los directores y gerentes de las empresas estatales o los departamentos gubernamentales a cargo de ellas Por lo tanto, es indudablemente el deber de los sindicatos, también en lo que respecta a las empresas estatales, proteger los intereses de clase del proletariado y de la las masas trabajadoras contra sus empleadores “. (Obras completas, vol. 42, p. 376.)

Lenin, hablando en nombre de un Estado proletario que se ve obligado por los estragos de la guerra y el hambre a recurrir temporalmente y de manera limitada a las relaciones capitalistas de producción, no duda en llamar a estas relaciones por su nombre. Insiste, además, en dejar al descubierto el “antagonismo de los intereses de clase entre el trabajo y el capital” ligado a estas relaciones, y pide a las organizaciones de masas de trabajadores que “pongan abiertamente en primer plano” la protección de “los intereses de clase del proletariado en su lucha contra el capital “.

¿Y Kosygin? Este portavoz de un Estado burgués, obligado por la resistencia de los trabajadores a intentar imponer las relaciones capitalistas de manera plena y sin límite de tiempo, hace la más ridícula pretensión sobre el carácter “comunista” de sus medidas, niega cualquier fundamento para los antagonismos de clase o incluso “conflictos de intereses”, ¡y además tiene el descaro de invocar la autoridad de Lenin! Sería ridículo, excepto que este tipo de técnica de la Gran Mentira domina el poder estatal, disfruta de un monopolio indiviso de todos los medios legales, controla el sistema educativo y está respaldado por todo el aparato de represión: policía, tribunales y similares.

Las condiciones que prevalecían en el momento en que Lenin propuso la NEP – el pasaje que se acaba de citar data de enero de 1922 – se han esbozado anteriormente (partes 2 y 3 de esta serie) y no hay necesidad de ampliar este tema. Una vez que estas condiciones fueron superadas y las relaciones socialistas de producción se volvieron predominantes, el papel de las ganancias empresariales naturalmente experimentó un cambio fundamental.

Bajo el socialismo, no solo ciertas unidades de producción individuales, sino incluso ramas industriales enteras se administraron deliberadamente, por períodos de tiempo más cortos o más largos, (en algunos casos permanentemente) con una “pérdida planificada”, es decir, de tal manera que sus libros de contabilidad , incluso con el mejor de los esfuerzos de los trabajadores y el personal, no es posible que muestre un exceso de ingresos sobre los costos, o cualquier otra medida monetaria de “ganancia”.

Así, para dar un ejemplo de la historia soviética, el precio del algodón en rama podría fijarse deliberadamente bastante alto para alentar a los agricultores colectivos a producir más algodón; mientras que el precio de los textiles de algodón se fijaría bastante bajo para poner la ropa en la espalda de los trabajadores y agricultores. La industria textil, encargada de convertir el algodón en tela, necesariamente mostró una pérdida en sus libros de contabilidad. La diferencia se compensó transfiriendo a la industria textil una parte de los fondos generados en otras ramas que mostraban ganancias.

Dado que todas las ganancias generadas en cualquier parte del sector estatal (excepto una fracción insignificante) estaban directamente centralizadas en el Estado, su redistribución de las sucursales y unidades “rentables” a las “no rentables” estaba regulada por el plan. El plan, a su vez, reflejaba el orden de prioridades decidido por el partido político de la clase trabajadora, el Partido Bolchevique. De esta manera, el objetivo de ganancias inmediatas en la industria textil se subordinó al objetivo superior inmediato de poner comida en la boca de los algodoneros y ropa en la espalda de los trabajadores. O, para decirlo de otra manera, las “ganancias” de la industria textil no se realizaron en forma monetaria, sino en forma de satisfacción de las necesidades de la gente. Más tarde, a medida que la industria textil se modernizó, también comenzó a generar ingresos para su uso en otros lugares.

De esta manera también se podría dar el peso adecuado a los objetivos a largo plazo de la clase trabajadora en relación con los objetivos a corto plazo. La producción de medios de producción, para dar el ejemplo más importante, generalmente requiere un período de tiempo más largo y es menos urgente inmediatamente – y mucho menos rentable inmediatamente – que la producción de bienes de consumo. Sin embargo, este último depende para su expansión del primero. Es más, el objetivo a largo plazo de facilitar y acortar la mano de obra, de hacer menos oneroso el proceso de trabajo físico y reducir la jornada laboral. Depende en gran medida de la expansión de las ramas industriales productoras de medios de producción. (Véase, por ejemplo, Stalin, Obras, vol. 13, p. 195.)** ¿Y el empleo? ¿Se debería despedir a los trabajadores de las plantas que fabrican productos socialmente necesarios, pero no rentables, y transferirlos a otras más rentables que produzcan lujos, o simplemente arrojarlos a la calle?

A estas y otras preguntas relacionadas, la burguesía ha respondido desde los albores de su conciencia con un conjunto de argumentos; los pensadores proletarios con otro. “la rentabilidad desde el punto de vista de una empresa o rama de la producción no puede compararse en modo alguno con la rentabilidad de tipo superior que nos da la producción socialista al librarnos de las crisis de superproducción y aseguramos el continuo incremento de la producción. ”- esta era la respuesta socialista soviética. (Stalin, Economic Problems of Socialism [Problemas Economicos del Socialismo], p. 57.) La opinión de Liberman de que “lo que es bueno para la sociedad es bueno para cada empresa”, incorporada en las medidas de 1965, es su opuesto directo y su contradicción. Es simplemente una forma más “elegante”, realmente evasiva, de afirmar que “lo que es bueno para General Motors es bueno para la economía”.

17 Fuerza de trabajo

Como ciertas tribus del Antiguo Testamento que temblaban al pronunciar el nombre del Omnipotente, los defensores del nuevo sistema soviético se niegan a considerar la fuerza de trabajo como una mercancía.

En la literatura oficial soviética se habla libremente de otras categorías y relaciones económicas, como ganancias, intereses y rentas, entre otras; de hecho, habla de poco más. También es bastante permisible, incluso obligatorio, elogiar en términos generales las virtudes de las relaciones mercancía-dinero en la economía “socialista”. Pero cuando se trata de la categoría de fuerza de trabajo (y también de medios de producción, de los cuales hablaremos más adelante), los economistas soviéticos se vuelven extrañamente mudos; y la retórica de los voceros políticos, generalmente tan planos, se pone de puntillas para eludir al Innombrable.

No hay ningún tablón en la plataforma Kosygin de 1965, por ejemplo, que exija transformar la fuerza de trabajo en una mercancía. Ni siquiera existe la exigencia explícita de que los directores de empresa tengan el poder de contratar y despedir trabajadores por razones económicas. Sólo existe una referencia indirecta a otorgar a las empresas “poderes más amplios en el uso del dinero ahorrado en el fondo de salarios durante el año”. Para aquellos en su audiencia demasiado densa para comprender cómo se puede ahorrar dinero del fondo salarial, Kosygin hace un dibujo: el proyecto piloto de las cinco empresas de transporte, que prosperaron cuando “vendieron camiones y equipos superfluos y dejaron de emplear personal superfluo.”

Una descripción más detallada de este proyecto piloto en la revisión Voprosy Ekonomiki [Problemas Económicos] (12 de noviembre de 1965) da el desglose detallado. “Los costos se redujeron al despedir a varios empleados. En la Cosechadora de Vehículos Motorizados No. 1 se eliminó el grupo central de garaje y construcción y se transfirieron sus funciones …, dando de baja a 100 empleados. En el Departamento No. 5, el mantenimiento y reparación de vehículos fue centralizado, reduciendo el número de reparadores y mecánicos… El Departamento No. 9 despidió a 101 trabajadores…” y así sucesivamente.

De manera similar, cuando el nuevo sistema económico se irradió desde las plantas piloto en Moscú y Leningrado para afianzarse a lo largo y ancho del vasto territorio de la URSS, la seguridad del empleo de los trabajadores soviéticos, todo lo que les quedaba de las relaciones socialistas de producción – se rompió. Fueron reducidos una vez más a la condición de jornaleros, esclavos asalariados sin nada que vender más que su fuerza de trabajo, como sus colegas del Occidente capitalista.

“El nuevo sistema de planificación y estimulación económica”, comentó Kosygin cínicamente en su resumen de los resultados del piloto, “aumentó el interés de los trabajadores en los resultados de su trabajo” (énfasis agregado). “Se logró un aumento del 31 por ciento en la producción por trabajador”, observó con satisfacción, “y las ganancias empresariales se duplicaron con creces”. Los resultados a más largo plazo a escala nacional, cuando los datos se recopilaron unos años más tarde, no estuvieron a la altura de estas primeras cifras, pero la tendencia básica fue la misma.

El especialista en “eficiencia de la inversión”, académico Khachaturov, observó en 1973 que la brecha cada vez mayor entre los aumentos de capital por trabajador y la producción por trabajador durante el período 1955-65 se redujo nuevamente a un estrecho 2% durante el período de cinco años después de la introducción del nuevo sistema. (Véase la parte 15 de esta serie.) El latigazo de las relaciones capitalistas de producción había roto la resistencia pasiva de los trabajadores. La ralentización había terminado. La aceleración se había afianzado.

Cuando se conocieron los primeros resultados, un sector de la burguesía soviética encontró que su apetito solo se avivó y comenzó a experimentar con métodos de sobrealimentación del nuevo motor económico. El más importante de estos experimentos se inició en 1967 en la Planta Química Shchekino.

“La liberación intensiva de personal está prevista en las empresas que participan en el experimento de Shchekino”, escribe la economista T. Baranenkova en una descripción general del diseño de Shchekino. En promedio, cada una de las empresas participantes “liberó” entre el 10 y el 15% de su fuerza laboral. Entre una quinta y dos terceras partes de los despidos, según la empresa, fueron posibles, informa, mediante los métodos de “combinar ocupaciones” o aumentar el “volumen de trabajo realizado” por los trabajadores restantes.

En compensación, y se decía que este era el lado novedoso del método Shchekino, los trabajadores que quedaban recibían como “bonificación” una parte de los fondos “ahorrados” en salarios al despedir a sus colegas. Como resultado, el ausentismo disminuyó notablemente. “Trabajar en las condiciones del experimento ha permitido a las empresas lograr resultados positivos en su actividad productiva en poco tiempo”. (“Technical Progress and the Movement of Personnel in Industry”, Voprosy Ekonomiki, 1970, No. 2, traducido en Problems of Economics [Problemas de Economía], septiembre de 1970)

En resumen, los métodos capitalistas estándar de conducción de esclavos (acelerar el paso, hacer que un trabajador hiciera el trabajo de dos) se complementaron con el toque caníbal de arrojar a los trabajadores supervivientes algunos trozos de la “carne” de sus camaradas difuntos. Pero solo sobras; Baranenkova dice que las “bonificaciones” recibidas por los supervivientes fueron una “cantidad insignificante”. Otro escritor, el ferviente Shchekinita E. Manevich, dice que las “bonificaciones” en la mayoría de las plantas bajo el experimento son “muy pequeñas”. (“Ways of Improving the Utilization of Manpower”, Voprosy Ekonomiki, 1973, núm. 12, Problems of Economics, junio de 1974, pág. 18) El resto de los “ahorros” se destina como “bonificación” a las ganancias.

La originalidad del sistema Shchekino, la evidencia tiende a indicar, no radica en la capa de endulzar de las “bonificaciones”, sino en la dosis más fuerte de despidos y aceleración. Un total de 1000 trabajadores fueron despedidos en el juicio original en la propia Planta Shchekino, lo que indica que se trata de más de un poco de “poda” de la fuerza laboral. Los principios de Shchekino fueron respaldados por el Comité Central del PCUS en octubre de 1969, y hacia fines de 1973 se habían extendido a aproximadamente 700 empresas. (Manevich, ibid.) Los directores de empresas adicionales que crean que es de su interés pueden “volverse Shchekino” en cualquier momento.

La mayoría de las empresas que recurren al sistema Shchekino, dice Baranenkova, están ubicadas en las ciudades más grandes, donde escasean los grados de trabajadores calificados. Por tanto, tienen una buena posición negociadora. El objetivo económico de las empresas al adoptar el método, muy conscientemente, es convertir la escasez en una sobreoferta (reserva).

Manevich cita a un director de empresa de la ciudad de Kirov, V. Zonov, quien informa con tono de triunfo: “Antes, no teníamos suficientes conductores, metalúrgicos, torneros, mecánicos … Bueno, hemos estado trabajando un año y medio bajo el sistema Shchekino y ya sabes, estamos llegando a la conclusión de que en muchos casos la escasez de trabajadores era artificial. Habiendo recibido el derecho a pagar más a un trabajador si asume parcialmente los deberes de su vecino, estamos, por así decirlo, descubridores de una nueva reserva de mano de obra. Resulta que el problema no radica en la escasez de personas, sino en la organización de la producción y en la capacidad de utilizar las palancas económicas “. (ibíd, p. 17)

No hace falta decir que el trabajador al que al principio se le “paga más” por “asumir parcialmente los deberes de su vecino” puede entonces, una vez que se crea una reserva, ser reemplazado por un nuevo empleado que hará el mismo trabajo por menos. Como dijo Marx, un siglo antes de Shchekino, “El trabajo excesivo de la parte ocupada de la clase obrera engruesa las filas de su reserva, y, a la inversa, la presión redoblada que esta última, con su competencia, ejerce sobre el sector ocupado de la clase obrera, obliga a éste a trabajar excesivamente y a someterse a los dictados del capital. La condena de una parte de la clase obrera al ocio forzoso mediante el exceso de trabajo impuesto a la otra parte, y viceversa, se convierte en medio de enriquecimiento del capitalista singular”… o directores de empresas como puede darse el caso. (El Capital, vol. I, pág. 636).

Los nuevos pensadores soviéticos, mientras están ocupados ideando nuevos métodos para crear un ejército de reserva de mano de obra a corto plazo, tampoco están perdiendo de vista la perspectiva a largo plazo. K. Vermishev, entre otros, aboga por la “liberación de un promedio de 1 millón de madres” de la “producción social” para permitirles concentrarse en producir bebés. (“La estimulación del crecimiento de la población”, Planovoe Khoziaistvo [Economía Planificada], 1972, núm. 12, Problems of Economics, junio de 1973, pág. 3)

Los trabajadores soviéticos despedidos pertenecen a una categoría que no tiene existencia oficial. El sovietólogo burgués Marshall Goldman escribió en 1971, en un tono sarcástico: “Mientras rebuscaban en la bolsa de herramientas capitalista para encontrar formas de acelerar la productividad laboral, los rusos han ideado todavía otro dispositivo: la compensación por desempleo. Hasta febrero de 1970, los rusos se mantuvieron firmes negando que hubiera desempleo en la URSS. Y dado que el desempleo no existía, no había necesidad de tener una compensación por desempleo. Sin embargo, este razonamiento fue de poco consuelo para quienes se encontraban sin trabajo… “(Harvard Business Review, julio-agosto de 1971, p. 160)

Es cierto, pero el profesor parece estar equivocado acerca de la compensación por desempleo. Ya en 1969, el Manevich citado anteriormente escribió: “Para que las liberaciones relacionadas con el progreso técnico [el eufemismo de aceleración] no afecten el nivel de vida de los trabajadores y sus familias, se debe discutir la cuestión de establecer algún apoyo material del gobierno. ” (ibídem.)

Al año siguiente, Baranenkova enfatizó que “El experimento de Shchekino confirma una vez más la necesidad de implementación práctica de la propuesta previamente avanzada sobre el apoyo material de los trabajadores (incluido el pago de estipendios) durante el tiempo que están entre trabajos”. Pero a fines de 1973, tres años después de que supuestamente se instituyó la compensación por desempleo, Manevich, nuevamente escribe, esta vez con insistencia: “Para asegurar la liberación de mano de obra y lograr la utilización racional de la mano de obra es esencial ejecutar una serie de otras medidas económicas y legales. Por ejemplo, la solución de un problema urgente de larga data – el problema del apoyo material para el personal liberado – es extremadamente importante “. (Voprosy Ekonomiki, 1973, No. 12; énfasis agregado).

Parece claro que los desempleados en la URSS, como en cualquier país capitalista, no recibirán la compensación por desempleo como un regalo de la burguesía, ni siquiera si un “liberal” culpable como Manevich lo pide. La posición de los trabajadores soviéticos es incluso peor que la de sus colegas en Occidente en algunos aspectos, debido a que su posición real no está oficialmente reconocida.

La posición oficial se mantiene firme: no hay desempleados como tales, porque bajo el “socialismo” la fuerza de trabajo no es una mercancía. Así, los desempleados están obligados a pagar materialmente por la hipocresía oficial. Un aspecto aún más amargo de su situación es que todos los despidos realizados por los directores de empresas por razones económicas son estrictamente contrarios a la ley soviética, tal como se expresa en la Constitución de 1936, la Constitución de Stalin. Las empresas no tienen fundamento legal para el régimen de aceleración y terrorismo económico que han impuesto a los trabajadores. Pero la dirección del partido revisionista y del Estado trata la Constitución soviética con desprecio. Escribir una nueva, como han dicho durante casi una década que harían, sin embargo, parece presentar algunos problemas; la constitución revisada se ha pospuesto varias veces y ahora se dará a conocer en 1976. Mientras tanto, la ley de trabajadores es letra muerta.

El trabajador promedio pasa entre 25 y 30 días entre trabajos, dice Manevich en el artículo de 1973 citado anteriormente. Sin embargo, ese promedio está compuesto tanto por los calificados, que tienen una demanda relativamente alta y les resulta más fácil encontrar un nuevo lugar, como por los no calificados, de los cuales hay una “reserva” mucho mayor. Su número se ve aumentado por la afluencia del campo, donde la restauración paralela del capitalismo los ha vuelto “superfluos”. Entre 1959 y 1970, más de 16 millones de personas se trasladaron a ciudades desde el campo soviético, 13 millones de ellos en edad laboral. Una de las otras razones de esto, el erudito Iu. Eusiukov observa, es que “algunas empresas y organizaciones reclutan mano de obra en las zonas rurales”, es decir, las ciudades asaltan el campo de su gente, como en la época zarista descrita por Lenin en su “Desarrollo del capitalismo en Rusia” (1899). (“Migración de la población del campo a la ciudad”, Planovoe Khoziaistvo, 1972, n. ° 12, en Problems of Economics, junio de 1973, pág. 14)

Además, esta migración no termina necesariamente en un patrón de asentamiento estable; por el contrario, hay movimientos de población continuos y aparentemente impredecibles entre diferentes puntos. Los escritores soviéticos llaman a esto “migración variable”. “Últimamente la escala de la migración variable ha aumentado con cada vez mayor intensidad en la URSS”, dice el demógrafo L. Lugovskaia (Planovoe Khoziaistvo, 1972, núm. 8, en Problems of Economics, mayo de 1973, p. 96).

Esto atestigua que los trabajadores y los agricultores colectivos, reconociendo que su fuerza de trabajo se ha convertido en una mercancía, se mueven activamente de un lugar a otro en busca de mejores condiciones, o al menos opresivas, para su venta. Si deben llevar sus pieles al mercado, al menos pretenden obtener el mejor precio. No hace falta decir que, desde el punto de vista de la producción perdida por esta itinerancia y flotación, el costo social de esta inestabilidad es alto. El tiempo perdido por los trabajadores “flotantes” en la industria durante 1972, según una estimación en Planovoe Khoziaistvo [Economía Planificada] (citado por Peking Review el 24 de septiembre de 1974), ascendió a unos 4 mil millones de rublos.

La conversión de la fuerza de trabajo en una mercancía ha traído así un mercado de trabajo a gran escala de un extremo al otro del país, con una alta tasa de “intercambios”. El primer estudio publicado que ha intentado obtener una estimación de cuántos trabajadores cambian de empleo con qué frecuencia ha encontrado que en el transcurso de un año el 59,1% de todo el personal de la economía nacional cambia de posición. El tiempo medio que un trabajador pasa en la misma empresa es de solo 3,3 años y, en promedio, cada 12-15 años un trabajador migra de una región a otra. “Cada año en la economía nacional varias decenas de millones de personas realizan transferencias”, estima el autor de este estudio; “su número total supera los 100 millones. Cálculos aproximados muestran que no más de la mitad de este movimiento está asociado a los intereses del desarrollo de la producción y de la fuerza de trabajo”. (V.S. Nemchenko, “Mobility of Labor Resources”, Vestnik Moskovskogo universiteta, Ekonomika [“Movilidad de los recursos laborales”, Boletín de la Universidad de Moscú], 1974, No. 1; en Problems of Economics, octubre de 1974, págs. 80-88)

En resumen, aunque ni los economistas ni los portavoces políticos admitirán que la fuerza de trabajo en la URSS se ha convertido en una mercancía, la realidad es bastante clara. Los propios trabajadores, a juzgar por las recientes encuestas sociológicas soviéticas, no se hacen ilusiones de ser los “dueños de la sociedad” que pinta la propaganda oficial.

En una encuesta de 1974 en Yaroslavl, el 78% de los padres de clase trabajadora que fueron interrogados dijeron que no querían que sus hijos fueran trabajadores de fábricas. En las familias donde solo uno de los padres era trabajador de una fábrica, el 96% no quería que sus hijos entraran en esa vida. Una encuesta de estudiantes de secundaria clasificó la ocupación de trabajador siderúrgico en el lugar 28 en su preferencia; tornero, puesto 39; conductor de tractor, puesto 51 y carpintero, puesto 68. (Citado en Christian Science Monitor, 11 de septiembre de 1974).

Otra encuesta de trabajadores, de 18 a 25 años de una gran planta de locomotoras en Voroshilovgrad en Ucrania, encontró que el 66% dijo que no estaba satisfecho con su salario, el 71% no estaba satisfecho con el equipo y el 70% con las condiciones sanitarias de la planta. La tasa de insatisfacción fue un 18% más alta, según el índice de la encuesta, que cinco años antes. Los trabajadores fueron particularmente críticos con el llamado sistema de “emulación socialista”. “Existe sólo en papel”; dijo un trabajador. “Es sólo ficción”, dijo otro. Qué emulación, preguntó un tercero: “Simplemente hay una cuota que hay que cumplir”. (Citado en New York Times, 2 de diciembre de 1973).

Notas del traductor:

* The Guardian fue un periódico semanal, establecido en 1948, que para la época del texto había adoptado abiertamente el marxismo-leninismo, aunque Nicolaus un año después los acusaría de “centrismo” entre el marxismo-leninismo y el revisionismo.

** Dice Stalin en el Volumen 13 de sus Obras Completas: “Se dice que los koljóses y los sovjóses no son suficientemente rentables, que absorben enormes recursos, que no hay razón alguna para sostener semejantes empresas, que sería más conveniente liquidarlas, dejando sólo las rentables. Pero de este modo pueden hablar sólo los que no entienden nada de cuestiones de la economía nacional, de cuestiones económicas. Hace algunos años, más de la mitad de las fábricas textiles no rendían beneficios. Algunos de nuestros camaradas nos proponían cerrar estas fábricas. ¿Qué hubiera sido de nosotros, si les hubiésemos hecho caso? Hubiéramos cometido el mayor de los crímenes ante el país, ante la clase obrera, pues habríamos arruinado nuestra industria en vías de desarrollo. ¿Y cómo procedimos en aquel entonces? Al cabo de poco más de un año de espera logramos que toda la industria textil fuera rentable. ¿Y qué debemos hacer con nuestra fábrica de automóviles de Gorki? Porque tampoco es rentable por ahora. ¿Os parece que la cerremos? Y nuestra siderurgia, que tampoco es de momento rentable, ¿hay que cerrarla también camaradas? Si entendiéramos así la rentabilidad, sólo deberíamos desarrollar plenamente algunas ramas industriales que producen los más altos beneficios, como, por ejemplo, la industria de confitería, la harinera, la de perfumería, la de géneros de punto, la de juguetes,etc. No tengo, por supuesto, nada en contra del desarrollo de esas ramas industriales. Al contrario, deben ser desarrolladas, puesto que también son necesarias para la población. Pero, en primer lugar, no pueden ser desarrolladas sin la maquinaria y sin el combustible que les suministra la industria pesada. En segundo lugar, es imposible basar en ellas la industrialización. En esto estriba el problema, camaradas. No se debe considerar la rentabilidad de un modo mercantilista, desde el punto de vista del momento. La rentabilidad debe ser considerada desde el punto de vista de la economía nacional en su conjunto y con una perspectiva de algunos años. Sólo tal punto de vista puede ser denominado realmente leninista, realmente marxista. Y este punto de vista no es obligado únicamente en lo que respecta a la industria, sino, y en grado mayor, en lo que concierne a los koljóses y sovjóses.”

18 Medios de Producción (I)

Existe la creencia generalizada de que la URSS de hoy, independientemente de lo que se pueda decir al respecto, sigue siendo fundamentalmente una economía planificada, en contraposición a una economía regida por la anarquía de la producción.

Este tema es recitado siete días a la semana por todos los órganos de propaganda de masas disponibles para las autoridades soviéticas, y ningún manual revisionista para el consumo “popular” falla en declararlo como una de las ventajas más importantes del sistema “socialista” soviético actual. Millones de personas toman esta afirmación como buena moneda, incluyendo a muchos que son críticos del gobierno revisionista soviético en otros aspectos. Incluso algunas personas que se propusieron “exponer” cómo se ha restaurado el capitalismo en la URSS se hacen eco del estribillo de que bajo las “reformas” de 1965 la planificación centralizada – sin comillas – se mantuvo.

Sin embargo, esto es una falacia. Entre los que saben por experiencia práctica que la planificación fundamental de la “nueva” economía soviética es un mito se encuentran no sólo los trabajadores soviéticos que la conocen más concretamente, sino también los directores de las empresas soviéticas, economistas soviéticos especializados en el estudio del proceso de planificación y los propios “planificadores” soviéticos más responsables y autorizados.

Escribiendo en las páginas aisladas de publicaciones académicas o profesionales especializadas, detrás de una pantalla protectora de jerga – con otros economistas y “planificadores” como audiencia – los escritores soviéticos están más o menos obligados de vez en cuando a interrumpir sus declamaciones de generalidades que inducen al sueño con comentarios que tocan importantes problemas prácticos que surgen en el trabajo de su cofradía. En esos momentos la charla es muy diferente.

En el curso de un monótono relato del “progreso” de las “reformas” de 1965, por ejemplo, el jefe del Departamento de Nuevos Métodos de Planificación del Comité Estatal de Planificación de la URSS (Gosplan), Y. N. Drogichinsky, no puede evitar tocar, aunque sea a la ligera, sobre el hecho – no es un secreto para su audiencia principal – que el octavo Plan Quinquenal (1966-70) desafortunadamente no salió de los tableros de dibujo antes de que el período “planificado” ya hubiera finalizado:

“El trabajo de elaboración de planes quinquenales, desde la empresa hasta el Gosplan de la URSS, no se completó en los últimos cinco años y, por lo tanto, las empresas no tenían tales planes con un desglose de las asignaciones por años”. Un poco más adelante pide “la conversión del plan quinquenal en un programa de trabajo de cada empresa”. (“The Economic Reform in Action”, en Soviet Economic Reform: Progress and Problems, Moscú, 1972, págs. 211, 224.)

¿Qué es un plan si no es un programa de trabajo?

O de nuevo, en el curso de una discusión sobre el tema de la relación entre planificación y precios, el vicepresidente del Comité Estatal de Precios del Consejo de Ministros de la URSS, A. Komin, expresa la queja de que, debido al frecuente cambio de precios que se han convertido en la práctica, “es prácticamente imposible elaborar un plan quinquenal”, ya que el “potencial de la metodología moderna” no puede mantenerse al día con las fluctuaciones de precios. (“Problems in the Methodology and Practice of Planned Price Formation,” Planovoe Khoziaistvo, 1972, No. 9, translated in Problems of Economics, May 1973, p. 48)

Hablando sobre el mismo tema, el subdirector del departamento de Gosplan, V. Kotov, admite que “de hecho, la planificación de la distribución nunca alcanza una forma completa. Al fusionarse con la gestión operativa de la producción, se completa solo con el final del período planificado”. En una “considerable y en constante crecimiento” porción de la economía, admite que ni siquiera hay un intento de planificación, sino más bien “el cese real de la planificación”; y en esta situación el plan “esencialmente pierde su significado” y “una evaluación objetiva del cumplimiento del plan es imposible”. (“Prices: the Instrument of National Economic Planning and the Basis of the Value Indices of the Plan,” same source as above, pp. 62, 64, 69, 61.)

Más admisiones de anarquía se citarán más adelante. Aparecen, cabe señalar, no en un medio de circulación masiva, sino en la revista de planificadores profesionales, cuyo nombre significa irónicamente “Economía planificada”. Es como si el caos hubiera estallado en la industria de la construcción de un país donde la arquitectura es la religión del Estado: los políticos hablan con entusiasmo, como antes, de las glorias del diseño nacional, encubriendo; pero los arquitectos, entre ellos, de alguna manera deben enfrentarse a hechos obstinados como el fallo de no completar los planos antes de que los edificios estén terminados, la necesidad de convertir los cronogramas de construcción en “programas de trabajo” para los contratistas, la tendencia de los redactores a diseñar uno cosa y constructores para construir otra y así sucesivamente. Una de las quejas más frecuentes de los “planificadores” soviéticos, de hecho, es que ni siquiera pueden saber lo que realmente está sucediendo en la economía, mucho menos prever lo que sucederá, ni hablar de imponer un diseño coherente.

¿Cómo llegó la economía soviética a este estado? La respuesta, en una palabra, recae en la conversión de los medios de producción en mercancías. Ya se ha demostrado (en la parte 17 de esta serie) que las “reformas” de 1965 convirtieron la fuerza de trabajo de los trabajadores soviéticos en una mercancía. Es decir, que la relación entre los trabajadores y “sus” empresas se puso sobre una base puramente comercial: produce ganancia o sal de aquí. El tema ahora está del lado de las medidas de 1965 que impusieron el mismo carácter social a los medios de producción y crearon la misma base comercial para las relaciones entre una empresa estatal y otra.

El punto de vista socialista sobre esta cuestión fue presentado sucintamente por Stalin en 1952:

“¿Pueden los medios de producción ser considerados mercancías en nuestro sistema socialista? En mi opinión, ciertamente no.

“Una mercancía es un producto que puede venderse a cualquier comprador, y cuando su propietario lo vende, pierde la propiedad y el comprador se convierte en propietario de la mercancía, que puede revender, pignorar o permitir que se pudra. ¿Los medios de producción entran dentro de esta categoría? Evidentemente no. En primer lugar, los medios de producción no se “venden” a ningún comprador, no se “venden” ni siquiera a las granjas colectivas, sólo los asigna el Estado a sus empresas. En segundo lugar, al transferir medios de producción a cualquier empresa, su propietario – el Estado – no pierde en absoluto la propiedad de los mismos, al contrario, la retiene en su totalidad. En tercer lugar, los directores de empresas que reciben medios de producción del Estado soviético, lejos de convertirse en sus propietarios, se consideran los agentes del Estado en la utilización de los medios de producción de acuerdo con los planes establecidos por el Estado.

“Se verá, entonces que, bajo nuestro sistema, los medios de producción ciertamente no pueden clasificarse en la categoría de mercancías”. (Economic Problems of Socialism, p. 53.)

A esto debe agregarse el hecho de que, en la práctica socialista soviética, las empresas difícilmente podrían haber “comprado” medios de producción incluso si hubieran tenido el derecho de hacerlo. La empresa no tenía fondos a su disposición para tal fin, ni siquiera fondos de depreciación para reemplazar el equipo gastado. Cuando llegó el momento de reemplazar o agregar equipamiento, o cuando la maquinaria se transfirió de una planta a otra, – siempre en las ordines del plan – se asignaron o transfirieron las sumas de dinero correspondientes desde el centro como una operación de contabilidad. (Véase, por ejemplo, Dobb, Soviet Economic Development Since 1917, New York, 1966, Ch. 15.)

(Por “medios de producción” se entiende aquí principalmente la maquinaria y el equipamiento de la industria, específicamente en la industria de propiedad estatal; las herramientas e implementos menores, las materias primas agrícolas, la tierra y el comercio exterior son cuestiones separadas que aquí se dejan de lado).

Cuando llegamos a las “reformas” de 1965, los principios que Stalin delineó en 1952 ya habían sufrido grandes modificaciones durante los años de Jruschov. Como se mostró anteriormente, el Estado bajo Jruschov vendió las estaciones de máquinas y tractores a las granjas colectivas, convirtiendo estos medios de producción en mercancías. Además, se abolieron los ministerios industriales centrales, junto con gran parte del carácter obligatorio de la planificación que quedaba.

Como resultado, surgió un “mercado gris” generalizado, en el que los directores de empresas comerciaban ilegalmente entre sí con medios de producción y otros bienes. (Véase la parte 13 de esta serie) Así, la conversión de los medios de producción en mercancías – la restauración de una básica relación capitalista de producción – ya estaba bastante avanzada durante los años de Jruschov.

Se hizo referencia anteriormente también a la conferencia de Moscú de junio de 1965, que concluyó que “el problema del mercado existe no sólo para los bienes de consumo sino también para los medios de producción”. (parte 14) Una semana más tarde se produjo lo que el sovietólogo Felker denominó “una desviación importante de los controles centralizados tradicionales sobre la industria pesada. Se anunció que se permitiría a varias empresas soviéticas de herramientas-máquina entablar relaciones comerciales directas con sus clientes; además, el rendimiento de las plantas se evaluaría en el futuro sobre la base de las ganancias en lugar del cumplimiento de objetivos ajenos al plan “. (Felker, Soviet Economic Controversies, p. 92.)

En ese momento, sin embargo, las empresas que deseaban adquirir estas herramientas máquina y establecer vínculos directos con las empresas productoras para tal fin, no tenían aún fondos (al menos no legalmente) con los que realizar el pago; por lo tanto, se requirió una acción administrativa especial para crear una demanda efectiva (clientes de pago) para las empresas productoras en el experimento. Tampoco existía todavía un mercado líder en los medios de producción de segunda mano, ya que los directores de empresas aún no estaban autorizados a vender la propiedad estatal que se les había confiado. Estas limitaciones en el mercado de los medios de producción, empero, no duraron mucho. En septiembre llegaron las “reformas”.

El resumen de Alexi Kosygin de la experiencia de las plantas piloto de Transporte de Moscú ya ha sido citado. Estas empresas prosperaron, dijo, cuando “vendieron camiones y equipos superfluos y dejaron de emplear al personal superfluo”. El derecho explícito de vender los medios de producción según su propio juicio de lo que constituye equipo “excedente” fue garantizado a los directores de empresas en los términos del nuevo Estatuto de las Empresas de Producción del Estado Socialista, aprobado por el Consejo de Ministros de la URSS en octubre 4. La nueva ley también establece que “las sumas obtenidas de la venta de valores materiales que representen activos fijos permanecerán a disposición de la empresa y se utilizarán para inversiones de capital que excedan el plan anual”. (El estatuto está traducido en Problems of Economics, enero de 1966, p. 11.)

Incluso más importante que poner fondos a disposición del director de la empresa fue la provisión de la “reforma” que permitió a las empresas retener una parte sustancial de las ganancias que generaban. (En el pasado, prácticamente todos los beneficios, si los hubiere, iban directamente al centro). En el primer año de la operación de “reformas”, las empresas retuvieron el 26%, en promedio, de “sus” ganancias; en 1968 esto había aumentado al 33% y en 1969 al 40%. (Drogichinsky, trabajo citado anteriormente, p. 207.)

La porción más grande y de más rápido crecimiento de estas ganancias retenidas se destinó a un “fondo de desarrollo de la producción”, destinado a la inversión de capital por parte de la empresa. Además, la ley permitía a las empresas retener sus propios fondos de depreciación para la “renovación completa de los activos fijos” y decidir cuándo debía “amortizarse” el equipo existente y comprar equipo nuevo. Finalmente, se otorgó a las empresas el derecho a solicitar préstamos del banco estatal para financiar la compra de medios de producción.

De esta manera, las empresas, que habían sido “mendigos” financieros bajo las reglas del período soviético socialista, se volvieron rápidamente inundadas de activos líquidos. Sus tesorerías aumentaron particularmente después de la “reforma” de los precios al por mayor de 1966-67, que se llevó a cabo – según las líneas establecidas por Kosygin en su discurso – para permitir que todas las empresas que “funcionan normalmente” operen con ganancias. ¡Y qué ganancia! Al elevar los precios al por mayor en toda la industria un promedio del 8% y los precios en la industria pesada (principalmente la producción de medios de producción) un promedio del 15%, la “reforma” de precios elevó la rentabilidad empresarial promedio a una tasa del 20%, mientras que varias ramas de la industria pesada, principalmente la construcción de maquinaria, estableció tasas de beneficio superiores al 40%. (L. Maizenberg, “Improvements in the Wholesale Price System,” Voprosy Ekonomiki, 1970, No. 6. in Problems of Economics, Feb. 1971, p. 49.)

El flujo resultante de ingresos en los fondos de empresa, aunque algo por debajo de la realización del “principio de autofinanciamiento total” que se decía que era el objetivo, estuvo bastante cerca. (N. Fedorenko, “On the Elaboration of a System of Optimal Functioning of the Socialist Economy,” Voprosy Ekonomiki, 1972, No. 6, in Problems of Economics, Jan. 1973, p. 21.)

En 1969-70, alrededor del 80% de la inversión total de capital dentro de la URSS, presumiblemente excluyendo el sector militar, se clasificó como “centralizado” y el 20% como “descentralizado”. Este último representa inversiones de capital de empresas ajenas al “plan” y se deriva en su totalidad de los fondos “propios”. De las llamadas inversiones “centralizadas” – es decir, las inversiones que se clasifican como incluidas en el “plan” central, a pesar de que no se logró elaborar el plan central antes de que terminara el período – aproximadamente el 73,5% (o el 58,8% del total de la inversión de la URSS) también provino de los fondos “propios” de las empresas.

Otro 23,5% de la inversión “centralizada” (o el 18,8% de la inversión total de la URSS) se centralizó en un sentido genuino, lo que representa subvenciones del presupuesto nacional para el establecimiento de nuevas industrias (principalmente automóviles, aviones y nuevas ramas de la industria química). y el “desarrollo” de nuevas regiones (principalmente el Lejano Oriente y Siberia). El 3% restante de la inversión “centralizada” (o el 2,4% de la inversión total) fue en forma de préstamos a largo plazo con intereses por el banco de inversión estatal (Stroibank).

Así, la inversión financiada con los fondos “propios” de las empresas ascendió al 78,8% de la inversión total (no militar) en la URSS. (I. Sher, “Long-Term Credit for Industry,” Voprosy Ekonomiki, 1970, No. 6, in Problems of Economics, Dec. 1970, p. 46, and T. S. Khachaturov, “The Economic Reform and Efficiency of Investments,” in Soviet Economic Reform…. pp. 156, 164.)

No es de extrañar, entonces, que una de las consecuencias tan discutidas de la “reforma” de 1965 haya sido el fracaso de los préstamos bancarios para crecer más allá de lo que el economista V. N. Kulikov denomina un papel “insignificante” en la inversión de capital. En la parte superior de la lista de “razones básicas” generalmente conocidas de esta situación, Kulikov cita “la alta rentabilidad de la mayoría de las empresas existentes, lo que permite realizar inversiones de capital con sus propios recursos”. (“Some Problems of Long-Term Crediting of Centralized Capital Investments,” Finansy SSR, 1974, No. 5, Problems of Economics, Feb. 1975, p. 61) En la literatura soviética, dicho sea de paso, la palabra “poseer” en este el contexto no se suele poner entre comillas.

Las medidas de 1965, en suma, eliminaron las barreras legales y financieras que habían mantenido al mercado emergente de medios de producción bajo tierra durante los años de Jruschov. El intercambio de medios de producción como mercancías – difícil de financiar; ilegal, pero generalizado, bajo Jruschov – se volvió respetable, universal y ampliamente provisto de liquidez. Tan bien abastecido, de hecho, que algunas empresas no pueden colocar de manera rentable todos “sus” fondos, pero acumulan lo que se llama un “remanente de ganancias gratis”, en cuyo caso “tienen derecho a ofrecer préstamos a Gosbank [el centro comercial y el banco central] por un cierto interés fijado por el gobierno “. (Manevich, “Ways of Improving…” Voprosy Ekonomiki, 1973, No. 12, Problems of Economics, June 1974, p. 11)

Dentro de las empresas, todo el poder para disponer de los fondos de la empresa se concentra en manos del director. Excepto por el dinero gastado con fines “socioculturales”, donde los dirigentes sindicales deben ser consultados, el director de la empresa, según la nueva ley, no admite injerencias internas en las decisiones sobre cuánto invertir, cuándo, dónde y para qué. Aquí no hay pretensión de “gestión de los trabajadores” o “coparticipación de los trabajadores” en las decisiones de inversión, como en las variantes yugoslava y de Alemania Occidental, respectivamente.

Evidentemente, el “nuevo sistema económico” ha traído grandes cambios en el papel de los directores de empresa. Atrás quedó el director de la empresa del período anterior, que no podía despedir a los trabajadores ni reprimir sus críticas; que corría el riesgo de ir a la cárcel o algo peor si no se cumplía el plan. Atrás quedó el mero “agente del Estado” que no podía “revender, pignorar ni permitir que se pudran” los activos de la empresa y que apenas podía conseguir más fondos de inversión que un ratón de iglesia. El antiguo director de la empresa era poco más que el director de una orquesta contratado.

Bajo Jruschov, muchas de estas personas – voluntaria o involuntariamente – se convirtieron en mercaderes negros, malversadores y otras variedades de estafadores. Las circunstancias dejaron pocas alternativas. Pero esta fue solo una etapa de transición en el proceso de metamorfosis. Con las “reformas” de 1965 emergieron como directores de empresa un nuevo tipo. Se convirtieron no solo en dictadores del proceso productivo industriales de puño de hierro, sino también en gestores de importantes sumas de dinero, que deben tener el ojo de águila de los inversores para triunfar.

¿Cuál es el carácter político-económico de estos directores? Esto puede verse trazando brevemente el ciclo de su actividad. El ciclo comienza con el dinero, con un determinado fondo salarial y un determinado fondo “para el desarrollo de la producción”.

La actividad del director comienza con la compra de las mercancías correspondientes – fuerza de trabajo y medios de producción. Su tarea, entonces, es combinar y consumir estos elementos del proceso productivo de tal manera que, con la venta del producto, el dinero gastado al principio se vuelva expandido y multiplicado. Cómo los directores organizan el proceso de producción para lograr esto, se han dado algunos atisbos en la parte 17.

La tarea de un director, en una palabra, es hacer que los elementos del proceso de producción funcionen para él como partes componentes del capital, como valor que engendra valor. Si alguna parte de estos elementos dejara de desempeñar esta función para él, el director, como se ha visto, “vende el equipo superfluo y suspende el empleo del personal superfluo”.

El mayor beneficio para la sociedad, o incluso una alta tasa de beneficio constante, como la que podría asignarse a una determinada empresa en el marco de un plan social, no interesa a este tipo de director. Como observa muy justamente Kotov, “las empresas no están interesadas en los beneficios elevados en general, sino en el aumento de los beneficios aportados a sus fondos”. (Artículo “Prices…” citado anteriormente, p. 60) No solo ganancias altas y constantes, sino más ganancias, ganancias ilimitadas – y, sobre todo, ganancias para ellos. Después, con los fondos de la empresa una vez más reabastecidos (el director personalmente, por supuesto, recibe una “participación”), el ciclo comienza de nuevo.

En palabras de Khachaturov, “una empresa tiene que decidir por sí misma qué inversiones es aconsejable hacer para expandir y mejorar técnicamente la producción…. De todas las alternativas, una empresa elegirá la que proporcione el mayor aumento de rentabilidad”. (“The Economic Reform and Efficiency of Investments” in Soviet Economic Reform…, p. 156)

¿Cuál es el carácter político-económico del director de tal empresa? Marx lo señaló hace un siglo: “La expansión del valor … se convierte en su objetivo subjetivo” y es “el único motivo de sus operaciones”. “Sólo el inquieto e interminable proceso de obtención de ganancias es lo que busca”. Por tanto, “funciona como capitalista, es decir, como capital personificado y dotado de conciencia y voluntad”. (Capital I, p. 152, énfasis agregado).

El hecho de que el director sea nombrado y removido de arriba y ocupe un lugar definido en una burocracia no altera el carácter de su función. Es un capitalista-burocrático, pero es puesto en su lugar para funcionar como capitalista y, si fracasa en este papel, la burocracia lo releva de sus funciones. Su lado capitalista es el elemento decisivo y primordial de su carácter, del que depende el otro lado. Sin embargo, la prueba de esto no reside en un razonamiento abstracto, ni siquiera simplemente en las comparaciones del “nuevo” director soviético con sus gemelos en las corporaciones estatales y privadas occidentales; reside más bien en los jirones y jirones a los que los directores soviéticos, como capitalistas, han reducido el poder de la burocracia que se supone que “armoniza” sus esfuerzos: la maquinaria de planificación central.

19 Medios de Producción (II)

“La esencia de la reforma,” escribe el prominente académico Soviético A. Rumyantsev, “consiste en concentrar toda la planificación centralizada en formular formulando las más generales indicaciones del desarrollo económico nacional, extendiendo la independencia de las empresas, otorgando mayor estímulo material al aumento de la eficiencia de la producción y el desarrollo de la contabilización de costes.” (“Management of the Soviet Economy Today: Basic Principles,” in Soviet Economic Reform. . ., p. 16) Su esencia, se podría decir en otras palabras, consiste en dar a los planificadores centrales la tarea de mantener la economía como un todo en equilibrio mientras cada unidad particular funciona incontroladamente en la búsqueda de su máximo beneficio.

La nueva ley de empresas de 1965, citada anteriormente, otorga a los directores de empresa soviéticos (al igual que a los directores de las combinaciones de empresas o “asociaciones de producción”) protección escrita contra el cambio de sus objetivos de plan por una autoridad superior. “Los objetivos del plan fijados por la empresa”, dice el estatuto, “solo podrán ser cambiados en casos excepcionales…”

El resultado de esta disposición es que la “planificación” no solo empieza cuando el director de empresa prepara su plan de empresa, sino que prácticamente acaba ahí también. Incluso si los planificadores centrales fueran capaces de percibir el “Interés general de la sociedad” solo podrían imponer este interés contra el plan de optimización de beneficios de la empresa con dificultades y en casos excepcionales. Este es uno de los principales motivos por los que los planes de 1966-70 preparados por las empresas y enviados al Gosplan (Buró Central de Planificación) no bajaron en la forma de programas revisados para las empresas, o incluso para los ministerios.

En la literatura soviética esto se acuña como “planificación desde abajo”, aunque esto no significa, eso seguro, planificación por los trabajadores. En cualquier sistema donde la fuerza de trabajo es una mercancía y donde los trabajadores no tengan el poder estatal, no pueden participar en la planificación en un sentido auténtico. Significa planificación por los directores de empresa, que están, técnicamente hablando, por debajo de la planificación central, al igual que los directores de las “asociaciones de producción” y los directores de los nuevos “ministerios” — “ministerios” que operan bajo el principio de la maximización de beneficios, como veremos más adelante.

Bajo este sistema, como el teórico socialista francés Charles Bettelheim observa acertadamente, el plan central acaba funcionando simplemente junto al camino elegido por las empresas y las agrupaciones en busca del máximo beneficio. “En el caso extremo”, escribe, “el desarrollo de las relaciones de mercancía acaba en el resultado de que los órganos de planificación dejan a las empresas “libres” (formalmente o verdaderamente, esto importa poco) para trabajar las líneas principales de sus planes por ellas mismas… En este caso, “la capacidad de mando del dinero” (“controle par la monnaie”) alcanza su máximo desarrollo y el plan se convierte en nada más que un “acompañamiento” (‘accompagnateur’) a las relaciones de mercancía. Es esta dirección la que ha sido tomada en la Unión Soviética desde 1965.” (Calcul economique et formes de propriete, Paris 1970, p. 89). En otras palabras, el plan sigue hacia donde le llevan las pequeñas unidades buscando la maximización del beneficio.

Una ilustración gráfica de lo que significa para el día a día nos es dada por un economista radical estadounidense que viajó a la URSS en junio de 1974 como miembro de una delegación organizada por el revisionista PCUSA. “En nuestra discusión con los gerentes de las empresas,” relata el visitante, “dos importantes características del proceso de planificación surgieron. Primero, todos los planes se originan a nivel de empresa, y son después enviados a las autoridades superiores para revisión. En ningún caso se nos dio un ejemplo donde las autoridades editaran el plan enviado en algún aspecto importante. Segundo, las empresas tienen permitido mantener un tercio de sus ingresos tras el pago de impuestos para reinvertirlos fuera del plan; esto es, los gerentes son libres de invertir los beneficios en expandir la capacidad o comprar otras plantas en la misma rama industrial… En cualquier forma que parezca lo más provechoso posible. Cualquier capacidad productiva construida o comprada es después incorporada al plan para la producción, pero estos planes se vuelven a originar dentro de la empresa.” (“Report of a Recent Visit to the USSR,” in Red Papers 7, How Capitalism Has Been Restored in the Soviet Union and What This Means for the World Struggle, by Revolutionary Union, Chicago 1974, p. 141; emphasis in original)

Este ejemplo muestra la vacuidad de la categoría de las “inversiones centralizadas”, que fue mencionada con anterioridad. A parte de las verdaderas inversiones centrales llevadas a cabo directamente por el Estado, de sus fondos, la mayor parte de las inversiones “centralizadas” provenientes de los fondos de las empresas no son nada más que sus inversiones fuera del plan de los años anteriores. Las inversiones fuera de plan de este año en búsquedas de maximizar el beneficio serán meramente renombradas al año siguiente como “parte del plan” y por consiguiente “centralizadas”. De forma brillante incluso la planificación de espíritu más socialista se corrompería en unos pocos años en un registro de oportunismo socialmente inútil. Como Stalin tuvo ocasión de decir sobre una propuesta de “planificación” similar de parte del ala oportunista de derecha del partido en 1929, es “no un plan quinquenal sino una basura quinquenal.” (Works, Vol. 12, p. 84; negritas añadidas.)

La actual falta de planificación en la economía soviética y, es más, el uso de la “planificación” por las empresas y Kombinat más grandes y poderosos contra el resto, se muestra con especial claridad en el mercado soviético de los medios de producción. En cualquier sociedad, la manera en la que los medios de producción están distribuidos refleja tanto como moldea el curso del desarrollo económico. Esto es por qué en el periodo soviético socialista, como Dobb ciertamente observa, se le dio especial atención a la planificación de la distribución de los medios de producción, puesto que “forma la arteria principal de la cual las otras ramas dependen.” (Soviet Economic Development . . . , p. 368)

En la opinión de Pavel Bunich, un miembro de la Academia Soviética de Ciencias, la “reforma” de 1965 se distingue por su “uniformidad” o “enfoque uniforme”, bajo la cual, por ejemplo, a todas las empresas sin distinción se les garantiza “iguales derechos… a comprar medios de producción mediante el cierre de contratos detallados con los proveedores, en centros mayoristas y en tiendas.” (“Methods of Planning and Stimulation,” in Soviet Economic Reform . . ., p. 36) A lo que se refiere es que la esfera del “derecho burgués”, la cual bajo el socialismo todavía opera en la distribución de artículos de consumo personal (ver la parte 7 de este libro), ha sido extendida por la “reforma” a la esfera de la distribución de medios de producción. Él se olvida de mencionar que mientras las empresas pueden entrar en el mercado de los medios de producción con igualdad de derechos, no lo hacen con igualdad de recursos. Veamos.

“Podemos afirmar sin lugar a dudas,” escribe el economista V. Budagarin, “que el actual mercado y sistema de suministro técnico-material en la URSS está usando de manera más extensa el mecanismo dinero-mercancía de circulación de los medios de producción.” Budagarin considera que “el mercado en los medios de producción” –término suyo– contabilizado en 1970 como más o menos dos tercios del volumen de negocio al mayorista total (volumen de ventas) de la nación. (“The Price Mechanism and Circulation of the Means of Production,” Ekonomicheskie nauki 1971, No. 11, in Problems of Economics, July 1972, p. 78)

Tan grande como este mercado es, sin embargo, en realidad no hay lugar en él para “igualdad de derechos” para todas las empresas. Algunas son “más iguales” que otras. Budagarin continúa: “En el presente el cliente no puede participar activamente en el establecimiento de un límite superior para el precio de las nuevas herramientas u objetos del trabajo u oponerse a los frecuentes esfuerzos para la subida de precios arbitraria por la cual se venden los medios de producción.

“El productor dicta el precio, especialmente en el establecimiento de precios únicos y temporales en los productos recientemente desarrollados, y frecuentemente usa la existente escasez de algún tipo de recursos para añadir presión al cliente.” (p. 83, negritas añadidas).

Lo que Budagarin describe aquí es el ejercicio elemental del poder de mercado capitalista de monopolio, esto puede ser observado como una característica de casi cualquier mercado mayorista industrial en el Oeste. (Ver por ejemplo el completo estudio de John Blair’s, Economic Concentration, New York 1972, Chs. 16-20) En vista de esto, la observación de Budagarin de que estas prácticas tienen lugar en “una base indispensablemente planificada” (p.78) parecen casi un intento de humor o un saludo formal a la retórica dominante. Pero, como veremos, es verdad de una forma perversa: los “planificadores” entran en juego y sancionan estas tácticas de mercado con la etiqueta de “planificado”.

“Un lugar especial en el desarrollo del intercambio al por mayor y su aplicación en el mecanismo de precios,” desarrolla Budagarin, eligiendo cuidadosamente sus frases, “pertenece a las asociaciones económicas — empresas modernas integradas que se ajustan a las dimensiones actuales del mercado de los medios de producción. Por un lado, como grandes productores y clientes, estas asociaciones tienen una mayor base económica para desarrollar relaciones directas permanentes y para ejercer una mayor influencia en todo el proceso de formación de precios. Por el otro, poseen unas condiciones económicas para influenciar en la producción a través del sistema contractual y basado económicamente de precios contables.” (p. 81)

Una mirada más atenta a estas “asociaciones económicas” (son lo mismo que las “asociaciones de producción”, también llamadas trusts y combinados [Kombinats] por los escritores soviéticos más francos) será realizada más adelante. Lo que las distingue aquí, les da un lugar especial, como dice Budagarin, es su mejor habilidad para establecer relaciones directas con otras empresas o Kombinat, su poder para “influenciar todo el proceso de formación de precios” y para “influenciar en la producción” de la sociedad en general.

Así la regla de la “igualdad de derechos” en el mercado de los medios de producción lleva directamente a la conquista y ocupación de un “lugar especial” para las instituciones más grandes en cuanto a maximización de beneficios, aquellas cuyo tamaño y diversidad conforman, como diría Budagarin, “a las presentes dimensiones del mercado de los medios de producción”.

Otros síntomas de la distribución anárquica de los medios de producción –distribución hecha acorde a los dictados del incremento de beneficio para una u otra empresa o combinado– son elaborados por el prominente ideólogo revisionista N. Fedorenko. Él invita a los economistas soviéticos a “elaborar propuestas concretas para una mayor mejora del sistema entero de circulación de los medios de producción en la economía nacional. Cierta forma de la distribución existente de los medios de producción lleva frecuentemente a una escasez artificial y a la formación de un inventario excesivo en algunos sectores de la economía y escasez en otros y no sirve para mejorar la calidad de la producción.” (“Current Tasks of Economic Science,” Voprosy ekonomiki, 1974, No. 2, in Problems of Economics, Dec. 1974, p. 24)

El sistema de distribución de los medios de producción como mercancías, en otras palabras, trae con él también el hecho de que los medios de producción “están permitidos que se pudran” en forma de “exceso de inventario” que nadie quiere o puede permitirse comprar. Al mismo tiempo, la escasez artificial es creada, la cual las empresas productoras, como ha sido señalado antes, explotan para dictar precios más altos y presionar a las empresas compradoras. Ambos, Budagarin y Fedorenko, señalan que este fenómeno no es excepcional sino “frecuente”.

“Nuestra experiencia señala la existencia de una tendencia peligrosa a la subida arbitraria de precios” informa el economista L. Maizenberg. (“Improvements in the Wholesale Price System,” Voprosy ekonomiki, 1970, No. 6, in Problems of Economics, Feb. 1971, p. 64 emphasis added.)

Una dura lección contra las empresas que incrementan sus beneficios  “mediante el incremento arbitrario de los precios del nuevo equipamiento” viene también dada por el economista M. Rubinshtein. Enseña en la base de la estadística comparativa que esta tendencia es la principal causa del “bajo ratio de producción de nuevos objetos” en la industria de construcción de máquinas soviética, un fenómeno visto de forma alarmante en la literatura soviética. (“Scientific and Technical Progress and Planned Price Formation,” Dengi i kredit 1972 No. 9, Problems of Economics, July 1973, p.22) Él omite, sin embargo, extenderse a una comparación con los países occidentales, cosa que le habría mostrado como la resistencia a la modernización tecnológica y el bajo ritmo de introducción de nueva maquinaria son características estándar en las ramas de la industria occidental donde el monopolio está asentado.

Los ingenieros occidentales de mentalidad progresista, consultores industriales y economistas han señalado la excesiva edad y retraso del stock existente de los medios de producción en los Estados Unidos (Ver por ejemplo Blair’s Economic Concentration, Chs. 9-10; Seymour Melman’s Pentagon Capitalism, New York 1970 pp. 184-191; Baran y Sweezy, Monopoly Capital, New York 1966, pp. 93-97 y otros. El fenómeno y sus raíces también han sido mencionados por Lenin en su Imperialismo, Ch. 8.)

Tanto en occidente como en la URSS del presente, la ideología oficial defiende, por supuesto, un rápido progreso tecnológico; pero las actuales relaciones económicas, basadas en la producción de medios de producción como una mercancía para mercados dominados por el monopolio, desafía la ideología y dicta las restricciones del desarrollo de las fuerzas productivas.

Un patético esfuerzo para probar la planificación del mercado soviético de los medios de producción ha sido hecho de manera reciente por el jefe del Departamento de Nuevos Métodos de Planificación del Gosplan, Y. N. Drogichinsky. Él sufre para demostrar que la mayor parte del intercambio de medios de producción no es “libre comercio no restringido” porque no hay (y remarca, no habrá) “una elección libre de proveedores y clientes.”

Parece ser inconsciente de que, en los países occidentales también, la actual “libre elección de proveedores y clientes” y “libre comercio” ha sido restringida desde hace tiempo cada día se reduce más por las corporaciones monopolistas, precisamente en esta base de relaciones mercancía-dinero. El dueño “independiente” de una gasolinera, por ejemplo, difícilmente puede tener una libre elección de proveedores de gasolina; y el llamado “libre comercio” lleva tiempo sin existir en la mayoría de mercados industriales.

La literatura antimonopolista occidental está llena con ejemplos de de tratos exclusivos y los llamados “lazos de reciprocidad” entre las grandes corporaciones en las diferentes ramas, por los cuales cualquier “libre elección” de proveedores y clientes es excluida. En 1965 una encuesta realizada por la revista “Fortune”, por ejemplo, se encontró que todas las grandes empresas de industria pesada de los EEUU, y un 78% de las pequeñas corporaciones industriales, generalmente, tenían este tipo de relación exclusiva con al menos parte de sus proveedores y clientes, normalmente con aquellos de mayor importancia para ellos. (Citado en Fitch y Oppenheimer, “Who Rules the Corporations — III” in Socialist Revolution, Nov.-Dec. 1970, p. 84; ver también el estudio de Blair’s, Ch. 14) La mera restricción o ausencia del “libre intercambio” o “libre elección de socios” está lejos de ser una prueba de la presencia de planificación socialista.

La única muestra de Drogichinsky de la “planificación” en el mercado de los medios de producción, significativamente, se extrae de la industria automovilística soviética, la cual –siendo una industria novedosa con un capital inicial suministrado directamente y completamente del presupuesto estatal– ocupa una posición excepcional, como los nuevos centros industriales implementados artificialmente en el Lejano Oriente o Siberia. La “planificación” entera de las relaciones proveedor-cliente en el ejemplo de Drogichinsky se reduce por sí misma en la profundidad de que los combinados de automóviles no son “libres” de comprar acero rolado a, por ejemplo, la empresa pesquera o destilerías de vodka, pero debe comprarlo a un combinado de acero. Incluso a este nivel, el ejemplo de Drogichinsky muestra que, aun así, el plan de suministro entre la industria automovilística y la del acero no está confirmado hasta después de que estos planes entre las empresas involucradas hayan sido tomados en cuenta — significando en este contexto, después de que las metas de maximización de beneficios en todos los bandos hayan tomado forma en un “plan”.

Es verdaderamente cómico el intento de Drogichinsky de afirmar la validez general de su caso. Algún 70% del mercado en los medios de producción, dice, consiste en “un montón de intercambio al por mayor dirigido directamente entre proveedores y clientes.” Este intercambio, admite directamente “está basado en un plan quinquenal para la producción y envío de productos con una distribución anual de objetivos del plan quinquenal.” Después traza un elaborado diagrama de flujo con largas explicaciones suplementarias para mostrar como el “nuevo sistema de planificación” funciona. Al final, aun así, viene una pequeña decepción. La experiencia del periodo del plan de 1966-70, parece que, desgraciadamente mostró que había algunos “problemas”, como    — “el hecho de que no había planes quinquenales de ministerios, asociaciones y empresas con objetivos desglosados por años “ Esto es pegarse un tiro en el pie. (“On Wholesale Trade in the Means of Production,” Voprosy ekonomiki, 1974, No. 4, in Problems of Economics, Oct. 1974, pp. 89-107, negritas añadidas…)

20 Precios

Cuando los planificadores del Soviet central buscaron las razones para su incapacidad para planificar, ellos apuntaron principalmente a la inestabilidad de los precios.

Los precios que cargaban las empresas estatales, bajo las condiciones del “nuevo sistema económico” establecido en 1965, cambiaban bastante frecuentemente. Éstos son los precios o tarifas mayoristas, y los cambios pueden o no afectar directamente el precio minorista. Pero ya sea si ellos lo hacen o no, la frecuencia de cambio de los precios mayoristas son un “nuevo” fenómeno en la nueva economía soviética, un fenómeno que fue el último golpe de gracia a los esfuerzos de los planificadores.

“También hubo ajustes de precios en el pasado, incluso si fueron considerablemente menos frecuentes”, escribe V. Kotov, subdirector de Gosplan, en un artículo citado anteriormente. Se refiere aquí al período socialista de la economía soviética. “Pero con la centralización integral de la administración, las relaciones económicas menos desarrolladas, los precios estables y una actitud formal hacia la contabilidad de costos, este problema [de los cambios de precios] era menos urgente”.

Es decir, durante el período en que existía una verdadera planificación centralizada y dirección de la economía, cuando las relaciones entre la mercancía y el dinero estaban restringidas y subordinadas a las prioridades políticas de la dictadura proletaria y cuando las empresas no buscaban el máximo beneficio para sí mismas, entonces los precios eran estables y rara vez tenían que cambiarse.
Es diferente desde la “reforma”, continúa Kotov. “Ahora que se ha descentralizado parcialmente una gestión más complicada y se ha elevado el papel de las relaciones mercancía-monetaria (incluido su elemento más importante, los precios) en los incentivos económicos, su importancia [la importancia del problema de los cambios de precios] ha aumentado considerablemente . “

Y esto no es de extrañar. Dado que el objetivo o “incentivo” de cada empresa o combinación de empresas es aumentar sus ganancias, existe una presión incorporada en el sistema para cada empresa, para hacer subir sus precios de venta y / o hacer bajar los precios a los que compra a otras empresas. Como compradores y vendedores de productos básicos, las empresas estatales se enfrentan entre sí como contendientes en un tira y afloja económico. Aquellos en una posición más fuerte imponen el precio a los más débiles; pero las fuerzas relativas de los combatientes cambian constantemente, como atestiguan las fluctuaciones de los precios.

Al comienzo de la “reforma” de 1965, escribe Kotov, se previó que los precios en el comercio entre empresas se revisarían aproximadamente una vez cada cinco años. Incluso esto le parece a Kotov demasiado frecuente desde el punto de vista de los “planificadores” centrales. Pero en la práctica, los precios al por mayor se han cambiado “oficialmente” anualmente, y extraoficialmente con más frecuencia que eso, señala Kotov, entre otros.

¿Qué sucede en tales condiciones con la “planificación” central? Kotov, dice: “Los planes generalmente se diseñan a precios actuales. Con la introducción de nuevos precios tras la confirmación del plan, se desarrollan disparidades entre sus objetivos para los índices de valor y los precios que están realmente en vigor. Como resultado, una evaluación objetiva del cumplimiento del plan es imposible y el nivel y efectividad de la gestión planificada y el incentivo económico se reducen “. (“Precios: el instrumento de planificación económica nacional y la base de los índices de valor del plan”. Planovoe khoziaistvo, 1972, núm. 9, en Problems of Economics, mayo de 1973, p. 61, énfasis agregado).

Otro economista revisionista soviético, el especialista en planificación I. Usatov, explica en tono de disculpa que “en las condiciones actuales, en un momento en que las relaciones entre las mercancías y la moneda y su atributo más importante, los precios, se están utilizando ampliamente para estimular económicamente la producción en rápido crecimiento La importancia de su influencia en la calidad del plan ha aumentado sustancialmente. Como resultado de la práctica de realizar cambios parciales en el precio, una práctica que se ha establecido en los últimos años, los órganos económicos de nivel superior no pudieron planificar y ejercitar correctamente control efectivo sobre el cumplimiento de planes o hacer mayores exigencias a sus empresas … “(” La elaboración de planes y el sistema de precios “, Ekonomicheskie nauki, 1972, núm. 9, en Problems of Economics, marzo de 1973, p. 54, énfasis agregado).

En palabras más sencillas, en una economía en la que prevalecen las relaciones monetarias de mercancías entre empresas, la planificación centralizada es imposible. Kotov dice lo mismo en diferentes términos cuando se queja de que el actual sistema central soviético de fijación de precios “está prácticamente divorciado de la planificación de la producción”. (mismo artículo, p. 65) Su colega A. Komin, que es vicepresidente del comité estatal de precios, escribe que “es prácticamente imposible compilar un plan de cinco años mientras se revisan simultáneamente los precios al por mayor y se tienen en cuenta los cambios en precios.” Para Komin y otros, el problema ya no es cómo fijar precios y planificar su evolución, sino cómo pronosticarlos. (“Problemas en la metodología y la práctica de la formación de precios planificada”, Planovoe khoziaistvo 1972 No. 9, Problemas de economía mayo de 1973 p. 48).

La URSS posee, por supuesto, un extenso aparato que se supone que controla los precios de todo tipo, incluidos especialmente los corrientes en el comercio entre empresas estatales. Sin embargo, una mirada más cercana a la actividad de estos órganos muestra que su efectividad es apenas mucho mayor que la del “Consejo del Costo de la Vida” establecido bajo la Nueva Política Económica de Nixon en 1971. Todos los grandes Estados capitalistas del siglo XX han recurrido en un momento u otro a controles de precios; pero ninguno ha logrado durante mucho tiempo alcanzar los objetivos proclamados.

¿Qué están haciendo los cuerpos de precios soviéticos con respecto a la inestabilidad de los precios, un fenómeno cuya mera existencia viola los principios de planificación y control centralizados?

En primer lugar, están trabajando intensamente en la elaboración de cuestionarios y encuestas, que envían a las empresas estatales con el fin de “obtener precios medios de los suministros y artículos que se gastan en la producción de las distintas ramas”, como informa el estadístico Eidelman. En otras palabras, las oficinas centrales que se ocupan de los precios, están tratando de averiguar qué precios están realmente vigentes en toda la economía. Ellos no saben. Desde 1959 (el año después de que Jruschov destripara la planificación central) las oficinas centrales de estadística han estado enviando cuestionarios al final de cada período del plan, informa Eidelman, y agrega con orgullo que en 1972, por primera vez, todas las empresas en algunas ramas industriales (en lugar de simplemente una muestra) recibirán los cuestionarios.

De esta manera, la administración central de estadística (donde Eidelman ocupa el cargo de “jefe de la administración del equilibrio de la economía nacional”) espera “suscitar las más importantes interrelaciones y proporciones en la economía nacional que determinan el desarrollo de la economía en el noveno plan quinquenal y que reviste gran importancia para el análisis y la planificación económicos “. (“The New Ex-Post Interbranch Balance …” Vestnik statistiki, 1972, No. 6, en Problems of Economics, mayo de 1973, p. 23).

Por supuesto, no sería razonable que los planificadores centrales controlaran o incluso tuvieran información actualizada sobre los precios y las cantidades vendidas de cada pequeño artículo y servicio en cada rincón de una economía tan vasta como la de la URSS. Pero la ignorancia de los “planificadores” soviéticos no se limita a estos asuntos marginales. El desarrollo no sólo de los detalles, sino, como testificó Eidelman, incluso de las principales proporciones de toda la economía, procede independientemente de su voluntad y conocimiento previo.

Un resultado necesario, como se verá en un momento, es que las proporciones principales se desarrollan “desproporcionadamente”.

¿Cómo pueden los organismos de control de precios mantener la pretensión de que están controlando los precios cuando ni siquiera tienen suficiente información actual de precios para determinar las principales líneas de desarrollo? La respuesta es lo que los “planificadores” soviéticos llaman el “método normativo” de fijación de precios. Como explica Komin (del comité central de precios), debido a todos los cambios de precios “hay un aumento anual en el volumen de trabajo involucrado en el confirming de precios”. Las oficinas centrales no pueden mantener el ritmo.

Por esta razón, escribe Komin, “es esencial incorporar ampliamente el método normativo para establecer precios … La esencia de este método es la confirmación centralizada de los precios base y sus normas, y los márgenes o descuentos por los órganos de formación de precios y establecimiento de precios concretos por las propias empresas o asociaciones “. (artículo citado anteriormente, p. 47).

¡Un método “fino” de control de precios, es este! Los órganos centrales establecen los precios teóricos y establecen los precios en abstracto; pero en cuanto a los precios concretos, las empresas y las combinadas los establecen por su cuenta. Este método reduce a los “controladores” de precios al papel de dispensar fórmulas generales para guiar a las empresas y las combina para determinar cuánto deberían cobrar.

El contenido de estas fórmulas, sin embargo, no podría ser más conveniente desde el punto de vista de las empresas. Porque, como explica Komin, “los gastos de producción socialmente necesarios son la base económica de los precios en una economía socialista”. En otras palabras, “el contenido real del proceso de acercar los precios a los gastos de trabajo socialmente necesarios es la coordinación de los precios con los costos de producción social en términos monetarios. Por esta razón, en términos prácticos, la sustanciación económica de los precios equivale a la definición del costo de producción de la empresa y de la magnitud del producto excedente (beneficio, impuesto sobre el volumen de negocios, renta) “. (artículo citado, págs.37, 39).

Lo que Komin realmente ha definido aquí no es otra cosa que la teoría elemental de los precios en una economía capitalista, tal como la establece Marx en “El capital” y otras obras. Es el método básico por el cual las empresas capitalistas que buscan maximizar sus ganancias establecen sus precios de venta. No contiene ni una pizca de socialismo.

Las únicas modificaciones de este método capitalista elemental que se han introducido en la URSS son los métodos capitalistas monopolistas de fijar precios sobre la base del costo de producción más beneficio de la empresa menos eficiente en una industria y de elevar los precios de una determinada industria. productos básicos al nivel de sustitutos más costosos. Como informa el colega de Komin, Kotov, a modo de ejemplo, “los precios de la industria del petróleo y el gas se establecen para elevar los precios bajos de estos productos al nivel de los precios altos del carbón”. Además, escribe, en algunas ramas existe “la necesidad de construir precios sobre la base de empresas ‘marginales’ y cobrar una renta diferencial”. (artículo citado, págs. 52, 58) Si estos son principios de fijación de precios socialistas, entonces General Motors, EE. UU.

En resumen, el papel de los organismos de “control” de precios soviéticos parece ser, al menos en parte, el de hacer cumplir los precios de monopolio capitalista que prevalecen en ciertas industrias, especialmente en las ramas de extracción de materias primas. Que esto no es del todo una coincidencia puede verse en una observación del economista Kuligin, quien señaló ya en 1969 que los organismos de control de precios estaban siendo infiltrados por aquellos a quienes se suponía que debían controlar. “Cada vez con mayor frecuencia”, escribe Kuligin, “los elementos económicos individuales o sus órganos representativos que tienen un interés directo en el nivel de precios están comenzando a participar en trabajos relacionados con la formación centralizada de precios”. (“Mejoramiento de la formación de precios bajo la reforma económica”, Ekonomicheskie nauki, 1969, No. 4, Problemas de economía, Octubre de 1969, pág. 32) Los zorros, en otras palabras, están participando cada vez más en la gestión del gallinero.

Kuligin advierte que la continuación de esta tendencia podría conducir a “precios desbocados”, como se ha experimentado (dice) en Polonia, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana. Sin embargo, es ingenuo en su creencia de que la toma gradual del aparato de control por parte de los controladores es una aberración en el “nuevo sistema”. El diseño básico de las “reformas” de 1965, como se mostrará, es promover precisamente esa toma de control, y en la escala más grande.

Lo que Kuligin está señalando tiene, por supuesto, sus innumerables paralelos con el capitalismo monopolista estadounidense actual. La literatura antimonopolio en los Estados Unidos muestra un caso tras otro en el que las “agencias reguladoras” federales están integradas por representantes de la industria que se supone que regulan. El Estado burgués con todas sus ramas no es más que un instrumento para servir a los sectores más poderosos entre los capitalistas. No es diferente en sustancia en la actual URSS. Imaginar que el aparato estatal central soviético hoy planifica y controla genuinamente la economía soviética independientemente e incluso contra las empresas y las empresas combinadas es, como muestran los hechos, una noción errónea.

Las crisis cíclicas, el patrón capitalista de “auge y caída” en la economía, es una característica del gobierno revisionista en la Unión Soviética que ahora insinúan los propios economistas soviéticos.

Después de examinar las razones de la ausencia de una planificación genuina detrás del llamado “Plan” Octavo Quinquenal (1966-70), el subjefe de Gosplan, Kotov, hace la siguiente observación sombría con respecto a la novena edición, que fue proyectada sobre la base de 1971 precios:

“Incluso los nuevos precios difícilmente mantendrán su estabilidad durante el nuevo plan quinquenal. Como ha demostrado la experiencia, no es aconsejable una revisión amplia de precios durante el período de vigencia de un plan quinquenal, ya que provoca cambios en las proporciones económicas nacionales y normas, perturba las interrelaciones y la continuidad de los planes y dificulta el cumplimiento. En tal caso, el plan quinquenal en términos de índices de valor esencialmente pierde su significado … “

Como había previsto Kotov, a principios de 1973 se llevó a cabo una nueva revisión general de los precios, una vez más mezclando todos los cálculos iniciales.

Aún más alargada es la mirada de Kotov hacia un futuro un poco más distante, y con razón. Para los “planificadores”, la incapacidad de controlar las principales proporciones e interrelaciones de la economía nacional en su conjunto significa un curso inestable y desequilibrado del desarrollo económico. Kotov admite precisamente eso, aunque de manera indirecta, diciendo:

“La experiencia en la elaboración del desarrollo prospectivo de la economía nacional hasta 1980, y de planes quinquenales en los precios existentes (en el momento de su elaboración), ha demostrado que las revisiones de precios posteriores no logran mantener la continuidad de los precios a largo plazo y planes actuales no sólo con respecto a las metas en términos de índices de valor, sino también con respecto a las proporciones generales del valor “(p. 68, énfasis agregado)

Es decir, en tantas palabras, que las propiedades económicas básicas como (por ejemplo) la relación entre la producción de medios de producción y la producción de bienes de consumo o la relación entre la producción de bienes de consumo y la demanda efectiva de los mismos, desarrollan a la economía soviética de una manera errática, no planificada y básicamente incontrolada. Sin embargo, el desarrollo de desequilibrios en proporciones de valor tan generales es precisamente la causa precipitante de las crisis generales en cualquier economía capitalista. La conclusión es inevitable de que las presiones que provocan la alternancia del auge y la caída, de la llamada “prosperidad” y la depresión general, están integradas en la estructura básica de la economía soviética. Queda por verse claramente hasta qué punto el Estado soviético, como sus homólogos occidentales, sean capaces de ocultarlo.

Los economistas soviéticos hasta ahora no hablan directamente sobre el tema de los ciclos económicos en la economía soviética, como tampoco se refieren abiertamente a la fuerza de trabajo como una mercancía. Sin embargo, la literatura muestra una gran preocupación cautelosa acerca de las fluctuaciones en la tasa de crecimiento económico soviético, que los revisionistas generalmente atribuyen a los efectos del clima en la cosecha.

También hay una serie de artículos sobre el tema de la “indeterminación” económica. Los economistas Babynin y Belousov, por ejemplo, exploran métodos para predecir el curso incierto de las tendencias de los precios soviéticos. (“Forecasting Wholesale Prices”, Voprosy ekonomiki, 1972, No. 4, en Problems of Economics, septiembre de 1972) Komin dice que “los problemas de la predicción de precios no se han resuelto todavía en términos teóricos o prácticos” – una queja en el que se le uniría el cuerpo principal de economistas burgueses occidentales. (artículo citado, p. 49) El economista matemático Veger intenta construir una fórmula para predecir las tasas de ganancia sobre la base de tendencias de precios desconocidas (“Calculating Economic Effectiveness Under conditions of Indeterminacy”, Voprosy ekonomiki, 1972, No. 2, Problemas, agosto de 1972).

El académico Rumyantsev, finalmente, observa, de manera verdaderamente académica, que “la planificación centralizada en condiciones de amplia independencia de las empresas también se enfrenta a la necesidad de elaborar métodos de gestión de una economía marcada por la creciente indeterminación, probabilidad (estocástica) de sus procesos”. (“Gestión de la economía soviética hoy – Principios básicos”, en Reforma económica soviética … p. 32.)

Indeterminación, probabilidad, estocástico: todas estas son formas meramente evasivas de decir que la economía soviética actual se caracteriza por la anarquía de la producción.

21 Finanzas

¿Dónde están las alturas dominantes de la “nueva” economía soviética? Una cosa debería quedar clara de lo que se ha dicho hasta ahora: buscar el puesto de mando superior o incluso el instrumento clave del poder económico en las oficinas centrales de “planificación” soviéticas es emprender una búsqueda inútil.

Los “planificadores” soviéticos no saben lo que sucedió, lo que está sucediendo o lo que sucederá en el desarrollo económico soviético, y no hay mucho que puedan hacer al respecto en cualquier caso. Para tener una idea más completa de cómo está organizada la “nueva” economía soviética, también es necesario examinar más de cerca el papel que desempeña en ella el banco estatal soviético.

En apariencia, el sistema bancario estatal soviético ha cambiado poco desde el período socialista. Ahora como entonces, hay un único banco monopolista estatal que combina dentro de sus diversos departamentos la mayoría de las diferentes funciones bancarias que generalmente se mantienen al menos formalmente separadas en Occidente.

Sin embargo, la naturaleza de sus operaciones, especialmente en relación con las empresas industriales y las Combinadas, ha cambiado profundamente como resultado de las medidas de “reforma” de 1965. Kosygin se refirió explícitamente a una característica clave de este cambio cuando pidió restringir el sistema de concesión de subvenciones sin intereses y expandir, en su lugar, el papel del crédito, es decir, el préstamo a interés. (Véase la parte 16 de esta serie.) Antes de la “reforma”, la regla general era que las empresas industriales recibían lo que necesitaban en forma de fondos a corto plazo (“capital de trabajo”) y fondos a largo plazo para la expansión de producción (“capital de inversión”) de los respectivos departamentos del banco estatal sin intereses y sin reembolso. Esto no quería decir que se hubiera producido la utopía de los sueños capitalistas: una economía donde el banco regala dinero gratis.

De lo contrario. También estaba la otra cara de que cualquier fondo inactivo en la cuenta de la empresa pasó instantáneamente bajo el control del banco, no de la empresa; y, como se señaló anteriormente, prácticamente el 100% de todas las ganancias empresariales, si las hubiera, estaban directamente centralizadas en el Estado.

Así, el sistema de financiación no reembolsable sin intereses no “benefició” a la empresa (en el sentido capitalista) en lo más mínimo. Tampoco Gosbank (el banco estatal; también el nombre de su departamento de financiamiento a corto plazo) ni Stroibank (el departamento de financiamiento a largo plazo) obtuvieron ganancias en sus operaciones monetarias. Otro aspecto del sistema bancario socialista soviético también lo distingue esencialmente de la banca capitalista. Se trataba de que el banco estatal soviético con todos sus departamentos estaba legal y en la práctica subordinado al plan central, que expresaba la política político-económica de la dictadura proletaria dirigida por el Partido Bolchevique.

El banco sirvió al plan central asignando y transfiriendo fondos hacia, desde y entre empresas según lo establecido en el plan, llevando y equilibrando las cuentas nacionales y realizando auditorías sobre cómo las empresas estaban utilizando los fondos asignados a ellas. Ésta es la razón por la que el banco estatal socialista soviético se llamó con frecuencia “oficina de correos” o “servicio de mensajería” para el plan. Es evidente que un sistema bancario así no podría sobrevivir inalterado en las condiciones económicas creadas y consolidadas por las medidas de 1965.

En primer lugar, en ausencia de un plan central directivo elaborado de manera exhaustiva, el banco, si no hubiera cambiado, habría fracasado sin rumbo fijo. En segundo lugar, se habría despojado rápidamente de todos sus fondos si hubiera continuado emitiéndolos sin cargo. Por ahora que a las empresas se les permitió retener una gran parte de “sus” ganancias y sus directores tenían un incentivo personal en la maximización de las ganancias, nada podría haber sido más idílico desde el punto de vista de los directores de empresa que obtener “dinero gratis” del banco. Habría significado beneficios “gratuitos” e ilimitados mientras duró el sorteo. La vieja charlatanería económica de un sistema capitalista con “crédito gratuito” (interés cero), adelantada ya por Proudhon en la época de Marx, y tan persistente en el pensamiento pequeñoburgués como la mala hierba, se habría realizado por primera y última vez en historia.

En suma, una vez que los fondos dejados a disposición de la empresa adquirieron el carácter social de capital, los fondos a disposición del banco también tuvieron que sufrir esta transformación. La conversión de unidades de producción socialistas en empresas capitalistas no fue posible sin la transformación del banco monopolista estatal socialista en un banco monopolista estatal capitalista. Comenzando con un 2 a 3% nominal, la tasa de interés básica en la URSS se elevó después de 1967 a un 6% más casi comercial. Un observador burgués occidental de este desarrollo, corresponsal del Financial Times de Londres, comentó en 1971 que aún era relativamente barato, pero que “representa un gran avance en comparación con los devastadores créditos sin intereses o la financiación del presupuesto estatal de unos pocos hace años que.” (A. H. Hermann, “East-West Finance”, en The Banker, agosto de 1971, p. 872.)

En armonía con estos sentimientos y con el aplauso del mundo bancario capitalista occidental, la literatura económica soviética ha dedicado un amplio espacio a los argumentos de que la tasa de interés debería elevarse aún más. (por ejemplo, I. Mamonovax, “La tasa de interés y su diferenciación”, Dengi i kredit, No. 3, 1972, en Problemas de economía, noviembre de 1972; Iu. Shur, “Algunos problemas en la construcción de modelos de interés”, mismo fuente.) Esto bien puede haber ocurrido.

Las acrobacias ideológicas mediante las cuales los “teóricos” económicos revisionistas soviéticos intentaron reconciliar el principio de una carga de interés sustancial con los principios del marxismo constituyen un capítulo a veces divertido, pero más a menudo repulsivo del debate económico soviético, que llevaría demasiado tiempo seguir en detalle aquí. Aparte de los raros golpes de descaro, como la declaración abierta del ultra-revisionista Leontyev de que “una carga de capital fija la naturaleza mercantil de los activos de capital”, y que esto es “bueno”, la discusión está marcada por una conspiración general. de silencio sobre el análisis claro y completo del interés que se encuentra en El capital de Marx (por ejemplo, Vol. III, Capítulos XXI-XXIV), así como sobre la declaración explícita de Marx de que “en el caso de la producción socializada, el capital-dinero es eliminado . ” (Vol. II, p. 358.) (Leontyev citado por Feiwel, libro citado anteriormente, p. 223.).

A falta de este fundamento firme y materialista -de hecho, evadiéndolo como la peste-, los contendientes soviéticos sólo lograron enredarse en un nudo gordiano de sofisterías, que fue cortado, como en el debate relacionado con las ganancias, por la espada de un decreto de partido.

Como dice el economista E. G. Efimova:

“La proclamación de los principios de la reforma económica por el Pleno de Septiembre (1965) del Comité Central del PCUS puso fin a la discusión sobre la conveniencia de introducir gravámenes al capital productivo … La cuestión ya no es si la El principio real de las cargas corresponde a los principios de la gestión socialista, pero más bien se refiere a la obtención del contenido económico específico de la categoría de cargas de capital y, sobre esta base, a la elaboración del procedimiento para determinar el tamaño de las cargas y la reglas para recolectarlos “. (“On the Economic Content of Capital Charges”, Seriia obshchestvennykh nauk, 1971, núm. 1, en Problems of Economics, abril de 1972, pág. 49).

En otras palabras, la cuestión no es si el dinero debe convertirse en capital. , pero con qué terminología se debe disfrazar esta conversión y qué tan altas deben ser las tarifas. Está prohibido discutir los principios básicos. Un problema complicado para los ideólogos soviéticos ha sido cómo definir la relación económica entre las empresas y el Estado. Además de pagar intereses al banco estatal, las empresas pagan los llamados “cargos de capital” al presupuesto estatal. Originalmente, se consideró que los dos tipos de pagos tenían el mismo contenido; la distinción entre intereses y “cargas de capital” se consideró en términos generales idéntica a la distinción entre intereses sobre préstamos a corto y largo plazo. Sin embargo, a medida que avanzaba la “reforma”, las nuevas inversiones a largo plazo para ampliar la capacidad de las empresas existentes prácticamente dejaron de financiarse con cargo al presupuesto estatal. La base material de la afirmación de que las “cargas de capital” eran pagos por capital prestado se evaporó. Sin embargo, las empresas siguen siendo responsables del pago que se calcula como la tasa de interés básica sobre su capital “fijo” total, ajustado por la tasa de ganancia.

El resultado fue mucha experimentación infructuosa entre los “teóricos” de las etiquetas sustitutas. Los revisionistas más lógicamente consistentes en los últimos años han estado proponiendo que este pago, junto con todas las otras deducciones estatales diversas y diversas de las ganancias empresariales, se agrupen y se recauden bajo el título único de: impuesto sobre la renta. (E. Manevich, “Ways of Improving the Utilization of Manpower”, Voprosy ekonomiki, 1973, No. 12, en Problems of Economics, junio de 1974, p. 11.) ¿Con qué recursos sofistas se reconciliará esta categoría con la doctrina de que el Estado es propietario de las empresas (¿cómo puede gravar su propia propiedad?).

El banco estatal soviético, en suma, ha sido convertido por la “reforma” para operar en líneas capitalistas, particularmente en sus relaciones con las empresas industriales estatales y combinadas. Dado que el banco ahora exige intereses sobre sus préstamos, y este interés, por supuesto, no es más que una parte de los beneficios empresariales, la propia rentabilidad del banco depende directamente de la rentabilidad de las empresas.

El banco se convierte en una palanca auxiliar que impulsa al director de la empresa a realizar mayores esfuerzos para extraer plusvalía del trabajo de los trabajadores. El espíritu de esta relación fue expresado con bastante claridad por M. Sveshnikov, presidente del banco estatal soviético, en un artículo publicado en la revista bancaria de Londres, The Banker. “El banco está promoviendo activamente el crecimiento acelerado de la productividad laboral”, escribe Sveshnikov. “Al acreditar empresas y organizaciones, es esencial que mejoren la eficiencia del capital, reduzcan los costos de producción, aumenten la rentabilidad de la producción y eliminen la operación con pérdidas”. (“USSR State Bank After 50 Years”, The Banker, diciembre de 1971, p. 1479.) Estos principios de política bancaria podrían haber sido pronunciados igualmente, cuchillo en mano, por un Rockefeller o un Morgan.

Sin embargo, sería una grave interpretación errónea de los hechos suponer que el banco estatal soviético hoy, en virtud de su control del capital bancario, ejerce una especie de dictadura general sobre las empresas industriales estatales y las empresas combinadas. La imagen del banco capitalista de Estado soviético como un pulpo gigante que domina la escena industrial, que a veces se evoca, es producto más de fantasía que de investigación. Absolutamente ridícula es la opinión que a veces se plantea de que en esta supuesta dictadura del banco estatal sobre el “capital industrial” se encuentra uno de los paralelos clave entre la organización actual del capitalismo soviético y la organización del capitalismo durante el período nazi en Alemania. Estos paralelos son realmente sorprendentes, pero se encuentran en lo opuesto a la relación imaginada.

El poder de los bancos capitalistas sobre la industria capitalista varía, se acepta en general, con el grado en que las empresas industriales dependen de los bancos como fuente de capital. ¿Qué tan grande es esta dependencia en la URSS? Como ya se indicó (en la parte 18 de esta serie), las empresas industriales y combinadas soviéticas establecidas dependen muy poco del crédito bancario, especialmente del crédito bancario para inversiones de capital a largo plazo, el tipo que otorga a los bancos su mayor apalancamiento.

Sólo el 3,3% del total de las inversiones a largo plazo en la industria soviética en 1972 se financió con créditos bancarios, porcentaje que los propios economistas soviéticos consideran, con razón, “insignificante”. En cuanto a los préstamos a corto plazo para “capital de trabajo” – generalmente préstamos de 30 a 90 días para cubrir envíos, nóminas, inventarios y similares – el banco suministró en 1970 alrededor del 44% de las necesidades industriales, una proporción no muy imponente. (VN Kukikov, “Some Problems of Long-Term Crediting …”, Finansy SSR, 1974, No. 5, en Problems of Economics, febrero de 1975, p. 61; Iu. Shur, “Some Problems in Building Models of Interés, “Dengi i kredit, No. 3, id ídem, noviembre de 1972, p. 73.)Así, la base material para hablar de una “dictadura del capital bancario” sobre las empresas industriales en la URSS en la actualidad apenas existe, al menos no en lo que respecta a las empresas que obtienen una tasa media de ganancia de los trabajadores.

Menos aún hay motivos para hablar de algún tipo de tiranía de los bancos estatales sobre las denominadas asociaciones o combinadas de producción. Estos se autofinancian casi en su totalidad. Además de los escritores ya citados anteriormente sobre este tema, aquí está el economista Boris Gubin:

“Cualquiera que sea la estructura de las asociaciones industriales, los ingresos que obtienen de la comercialización de sus productos son suficientes, en la mayoría de los casos, no solo para cubrir los costos de producción actuales, sino también para cubrir los costos de investigación, diseño y otras operaciones relacionadas con el progreso tecnológico. También cubre en gran medida las inversiones de capital necesarias para expandir la producción … En las asociaciones, se da la máxima expresión al principio de autosuficiencia financiera como el principio básico de la contabilidad de costos “. (Aumento de la eficiencia de la gestión socialista, Moscú, 1973, p. 105.)

La “autosuficiencia” financiera, por supuesto, que suena bastante bien en abstracto, significa en este contexto que cada combinación obtiene ganancias tan altas de la explotación de sus trabajadores que no depende del banco o del presupuesto estatal para el capital con que ampliar el alcance de su explotación. En ningún otro país capitalista importante hay hoy en día las empresas industriales, incluidos los monopolios más grandes, tan independientes del capital bancario para los fondos de inversión como en la URSS.

En los EE.UU., Por ejemplo, en los últimos años las corporaciones han obtenido aproximadamente un tercio de su capital de inversión de los bancos, y esta dependencia está aumentando, mientras que en los Estados de Europa occidental la dependencia de los bancos es generalmente superior al 50%, y en Japón más del 70%. %. Hay que remontarse a la historia para encontrar un caso de autofinanciamiento tan extremo por parte de las Combinadas industriales como es la regla general en la URSS actual. Precisamente aquí, y no en alguna dictadura bancaria imaginaria, se encuentra uno de los paralelos entre la organización del capitalismo en la URSS actual y en Alemania durante el período de hegemonía nazi.

Antes del ascenso nazi, es cierto, gran parte del capital monopolista industrial alemán tenía motivos para quejarse de una aplastante carga de deuda con los bancos; pero la política nazi “resolvió” este problema. A través de una serie de medidas políticas y económicas, el partido nazi diseñó un aumento en la tasa de ganancias en la industria monopolizada hasta el punto en que las Combinadas se emanciparon de la dependencia bancaria.

En consecuencia, como señaló Franz Neumann en su estudio de 1944 sobre la política económica nazi, la industria alemana “ya no está en deuda con los bancos”. Ha habido “una victoria del financiamiento interno sobre el endeudamiento de los bancos”, estableciendo así “la primacía del autofinanciamiento sobre el endeudamiento”. Neumann observa astutamente que el autofinanciamiento”roba impuestos a las oficinas de impuestos y hace imposible un control integral de las inversiones”. (Behemoth, the Structure and Practice of National Socialism, Nueva York 1944, págs. 319, 318.) De esta forma, como señala Neumann, los propios grandes bancos alemanes se salvaron de la ruina que les esperaba en caso de que las Combinadas, debido a la falta de beneficios suficientes, se habían declarasen en quiebra.

“Autofinanciamiento” bajo el capitalismo significa que las grandes empresas industriales son sus propios bancos de inversión. El capital bancario como tal también florece; pero la banca juega el papel de colaborador y socio de las Combinadas establecidas, no de su amo. La base material de este sistema de financiación es una tasa muy alta de beneficios de monopolio industrial. La industria alemana en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial no poseía grandes inversiones extranjeras de las que sacar superbeneficios y evitar la dependencia bancaria, o retrasarla. Por supuesto, tampoco lo hizo la industria soviética antes de 1965.

El programa nazi, si bien apuntaba a la guerra y la conquista de la riqueza extranjera, tenía por tanto que inicialmente impulsar las ganancias a través de medidas principalmente internas. Otorgó, por ejemplo, enormes concesiones fiscales que permitieron a las grandes Combinadas industriales retener una mayor proporción de sus beneficios. Promovió activamente la formación y consolidación de diversas formas de asociaciones de monopolio industrial (fideicomisos, cárteles, asociaciones, participaciones y similares) y ayudó a las asociaciones más grandes a devorar a las más pequeñas.

La más básica de todas las medidas nazis, por supuesto, fue la negación violenta de los derechos democráticos elementales a la clase trabajadora. Las huelgas fueron prohibidas, al igual que todos los sindicatos no controlados por el frente laboral estatal fascista. El terror abierto se utilizó en un esfuerzo por aplastar toda la resistencia de los trabajadores, todas las protestas de cualquier fuente o clase, especialmente si tenía un carácter marxista-leninista.

Con estos métodos, las grandes empresas capitalistas se “autofinanciaron”. Una de las funciones del banco estatal soviético, cuando era un banco socialista al servicio de una economía socialista, era redistribuir los ingresos de las empresas y sucursales que generaban ganancias a otros dedicados a la producción socialmente necesaria pero no rentable.

Bajo el “nuevo sistema económico”, el banco estatal soviético ayuda a canalizar las ganancias en la dirección opuesta, de las empresas que no tienen a las que están bien dotadas. “Durante la operación en las nuevas condiciones”, escribe Drogichinsky, “algunas empresas, y en ocasiones incluso los ministerios, con frecuencia plantean la cuestión de que el fondo de desarrollo de la producción, establecido de acuerdo con las normas operativas, no puede utilizarse racionalmente porque una empresa no lo hace, no lo necesita en tal escala “. (“La reforma económica en acción, en la reforma económica soviética …, p. 218.)

En otras palabras, no se trata simplemente de que las ganancias sean bastante altas. En algunas empresas y ramas son tan altas que hay una falta de oportunidades para invertirlos de acuerdo con la lógica de maximización de beneficios.

Por supuesto, no faltan oportunidades en la sociedad soviética actual para gastar fondos en servir a la gente, por ejemplo mejorando las miserables condiciones de la agricultura o revirtiendo la decadencia de los servicios públicos gratuitos, de lo cual hablaremos más adelante.

Pero colocar el dinero de esta manera no les reporta a las empresas ningún aumento en sus ganancias. Según la lógica del sistema, esos gastos son “irracionales”.Así, las presiones económicas derivadas de una sobreabundancia de capital (en relación con las oportunidades existentes para invertir a la tasa de ganancia actual o mejor) y, por lo tanto, la presión para exportar capital al exterior, están muy presentes en el “nuevo” sistema soviético. (Véase Imperialismo de Lenin, la etapa más alta del capitalismo, edición de Pekín, p. 73.)

Al mismo tiempo, hay otras empresas, como señala Drogichinsky, que no obtienen suficientes beneficios ni siquiera para seguir funcionando a un nivel adecuado. ¿El banco estatal soviético en este caso viene en su ayuda?

Apenas. El economista Kulikov, en un artículo citado anteriormente, llama la atención sobre la existencia de “restricciones a la concesión de crédito a empresas existentes … que son relativamente poco rentables”. El especialista bancario Shur dice que las empresas relativamente poco rentables deben ser “reconstruidas” para que puedan pagar intereses al banco; esto generalmente significa fusionarlos con empresas más grandes. (“Financial Problems in Capital Construction”, Finansy SSR, 1972, No. 2, en Problems of Economics, octubre de 1972, p. 75.)

El economista Pessel ha elogiado el “procedimiento especial para otorgar préstamos a empresas con mal funcionamiento y el otorgamiento de préstamos en forma preferencial a empresas que funcionan bien”, pero aún no está satisfecho con los resultados. “Las empresas que funcionan mal deberían estar sometidas a restricciones crediticias aún más estrictas para que puedan eliminar las deficiencias en su trabajo con mayor rapidez”. (“El crédito y su desarrollo …” Ekonomicheskie nauki, 1972, núm. 9, en Problems of Economics, marzo de 1973, pág. 90.)Estos escritores no hacen distinción entre empresas de las que se puede decir que funcionan mal debido a la incompetencia administrativa y aquellas cuya situación económica, por muy bien que estén administradas, no les permitirá alcanzar el estándar de rentabilidad.

Con la rara excepción de las empresas que reciben un subsidio estatal (menos del 3% de la producción total se produce de esta manera, según Maizenberg), el mero hecho de que una empresa obtenga un beneficio inferior al estándar es suficiente para calificarla de “funcionamiento deficiente”.

Estas empresas tienen más dificultades para obtener préstamos y deben pagar una tasa más alta; mientras que las empresas más grandes y rentables, que son las que menos necesitan del crédito bancario, lo obtienen de forma preferencial. Así, el banco estatal soviético, como cualquier otro banco capitalista, sirve para “intensificar y acelerar el proceso de concentración del capital”, como señaló Lenin en su “Imperialismo” (p. 39), y Marx antes que él en El capital (Vol. III, pág.439). Tomar de lo pequeño y dar a lo grande: esta es también la filosofía de la banca soviética.

22 Formación de Trusts

La industria rusa, incluso antes de la revolución bolchevique, era la más concentrada del mundo. “Ningún otro país”, dice Podkolzin, “tenía un porcentaje tan alto de trabajadores empleados en grandes empresas industriales”. (Breve historia económica de la URSS, Moscú, 1968, pág. 59.) Esta situación, creada por la concentración de capital en la Rusia zarista y contribuyendo a ella, fue sin duda una de las razones por las que el proletariado ruso, a pesar del enorme atraso en todos los demás sectores de la vida económica, supo desempeñar un papel revolucionario de vanguardia no solo en referencia a Rusia, sino también para el mundo entero.

La concentración de trabajadores acelera el desarrollo de la conciencia de clase, facilita la organización y aumenta el poder de los trabajadores para actuar en sus intereses económicos y políticos. Sin embargo, desde el punto de vista de los pequeños capitalistas, la concentración de capital es una amenaza constante. Las quejas del pequeño capital contra el gran capital, de la pequeña burguesía contra la gran burguesía, del no monopolio contra el capital monopolista, son un tema perdurable de este orden social. Con la restauración integral del capitalismo en la URSS en 1965, este tema ha vuelto a surgir. Cuando la “reforma” convirtió a los directores de empresas soviéticas en capitalistas de pleno derecho, entregó “licencias para practicar el capitalismo” a todos los directores por igual, al menos en teoría. Pero las empresas son de diferentes tamaños.

Así, por ejemplo, como dice Drogichinsky, en la industria soviética en su conjunto, más del 50% de las empresas a fines de la década de 1960 eran relativamente pequeñas, cada una con menos de 200 trabajadores. Esto significa que más de la mitad de los directores de empresas se convirtieron en pequeños capitalistas. (“La Reforma Económica en Acción”, en Reforma Económica Soviética …, p. 219.).

Las reglas básicas de la “reforma” se han apilado desde el principio contra estos pequeños alevines en favor de los más grandes. Ya la forma en que se manejó la conversión al “nuevo sistema” puso en desventaja a la pequeña burguesía, ya que a las empresas y combinadas más grandes se les permitió entrar primero en los nuevos pastos.

Las reglas básicas de la “reforma” se han apilado desde el principio contra estos pequeños alevines en favor de los más grandes. Ya la forma en que se manejó la conversión al “nuevo sistema” puso en desventaja a la pequeña burguesía, ya que a las empresas y cosechadoras más grandes se les permitió entrar primero en los nuevos pastos. A finales de 1967, como relata Drogichinsky, unas 7200 de las empresas más grandes, productivas y rentables de la URSS estaban operando de la “nueva forma”.

Al año siguiente, se “transfirió al nuevo sistema” un lote de 19.650 empresas, cuya producción y ganancias totales como grupo era algo menor que la producción y las ganancias totales de las primeras 7200 juntas. Durante el año siguiente, 1969, surgió otro lote de 9000 empresas, cuya producción como grupo totalizó menos de un tercio, y ganancias menos de un cuarto del primer grupo de 7200. El número transferido en último lugar, en 1970, probablemente no fue menos de 10.000 – Drogichinsky, curiosamente, no da una cifra precisa – pero estos, en conjunto, representaron una parte insignificante de la producción industrial total y las ganancias. (Misma fuente, págs. 197, 200, 202.).

Para cuando llegaron a la nueva depresión económica, es decir, las empresas medianas y pequeñas encontraron a los grandes cerdos ya ahí, atiborrándose, y tuvieron que arreglárselas con las sobras.

Por tanto, no es de extrañar que tengan problemas para sobrevivir, como admite Drogichinsky. (Misma fuente, p. 217.) Si bien él y otros escritores prefieren pintar estas dificultades en términos del proceso de producción físico (unidades de producción más grandes trabajan de manera más eficiente y argumentos similares), no obstante, está ampliamente claro que la fuente real de sus problemas es el pequeño tamaño de su capital.

Así Drogichinsky concede, sin rodeos:”Las pequeñas empresas enfrentan dificultades. Dado que sus fondos de estímulo económico no son grandes, no siempre pueden construir establecimientos y viviendas culturales y de servicios y también tomar medidas para el desarrollo de la producción porque el tamaño de los fondos no les permite para hacerlo en uno o dos años, tienen que acumular recursos durante varios años, con el resultado de que en ocasiones las medidas contempladas pierden su sentido ”. (pág.217.).

Es decir, los trabajadores de las pequeñas empresas tienden a tener viviendas aún peores, menos servicios y menos acceso a la cultura que los trabajadores de las plantas más grandes. En cuanto a los capitalistas, no tienen suerte y todos sus sueños de escatimar y salvar su capital y convertirse algún día en un pez gordo “pierden su sentido”.

Lo que Drogichinsky describe en sus frases cautelosas es el sustrato de talleres clandestinos y otras pequeñas empresas que existen al lado y debajo de los monopolios en todos los condados capitalistas actuales. Según la ideología oficial soviética, no es posible que una “empresa estatal socialista” vaya a la quiebra. En la práctica, sin embargo, es diferente. La nueva ley de 1965 sobre las empresas, citada anteriormente, declara que las empresas que no pueden pagar sus deudas (con otras empresas o con el banco) no pueden esperar que el Estado las rescate:”El Estado no es responsable de las obligaciones de la empresa y la empresa no es responsable de las obligaciones del Estado”. (párr. 9).

Esto suena como un decreto de divorcio y es difícil de conciliar con la doctrina de que el Estado es el dueño de las empresas. Sea como sea, las empresas que se meten en problemas están solas. La ley prevé procedimientos para su fusión con otras empresas, o en caso de no liquidación. En este último caso, todos los acreedores deberán ser debidamente notificados y “se atenderán las reclamaciones contra la empresa en liquidación de su propiedad sobre la que, por ley, se podrá imponer ejecución”. (Párr. 110.) A pesar de la ideología oficial, este procedimiento tiene un parecido sorprendente con la bancarrota capitalista.

Las fuentes soviéticas disponibles no ofrecen datos claros sobre el número total de empresas existentes antes de las medidas de 1965 y en los años posteriores. Por tanto, no es posible determinar cuántas de las unidades de producción más pequeñas convertidas en empresas capitalistas por la “reforma” han sido liquidadas mientras tanto. El número probablemente sea de varios miles. En ningún otro país capitalista de hoy hay tanta promoción y protección abiertas del monopolio en todas sus formas como en la URSS desde 1965. En todos los países capitalistas, sin duda, domina el capital monopolista en una u otra forma.

La medida en que esto se reconoce pública y oficialmente varía de un país a otro, al igual que la forma particular que asume el capitalismo monopolista. En todas partes de Occidente actualmente, sin embargo, existe al menos la pretensión de que la monopolización (o ciertas formas de la misma) es ilegal y será castigada y existe la ficción de que la burocracia estatal, por ejemplo a través de agencias reguladoras, forma un poder compensatorio para capital monopolista.

Hay que remontarse un poco a la historia para ubicar un país donde el capitalismo monopolista disfruta de un poder tan directo, absoluto y desenfrenado como en la actual URSS. Las dos características clave de las “reformas” de 1965 a este respecto son la formación de “asociaciones de producción” y, en segundo lugar, el restablecimiento de los “ministerios” de la rama industrial central, pero sobre la base de maximizar los beneficios.

Además de lo que se ha dicho de pasada sobre estos desarrollos, ahora debe agregarse lo siguiente. La formación de las “asociaciones de producción” de “nuevo” estilo en la URSS comenzó de forma experimental en Ucrania (la base de Jruschov) en 1961. La velocidad con la que se desarrollaron puede medirse por el hecho de que en 1970 había unos 1400 de estas asociaciones en funcionamiento, incorporando más de 14.000 empresas industriales.

Un decreto histórico de abril de 1973 hizo obligatorio que todas las empresas se afiliaran. Actualmente existen alrededor de 5000 “asociaciones de producción” de diferentes tipos. (Gubin, “Aumento de la eficiencia …” p. 86.)

El economista soviético Boris Gubin describe los principales tipos de “asociaciones” con estas palabras: “Las asociaciones soviéticas del tipo ‘fideicomiso’ incorporan, por regla general, empresas que fabrican productos del mismo tipo y que tienen un aparato de gestión aislado de las empresas … En el marco de una asociación del tipo ‘fideicomiso’, se han introducido varias modificaciones posible en la composición de las empresas, su distribución territorial y organización.

A pesar de las diferencias en el nivel de centralización de la producción y la gestión, el principio en el que se basan las asociaciones del tipo “confianza” es el mismo. Las asociaciones del tipo ‘combinado’ incorporan empresas conectadas por la secuencia de operaciones en el procesamiento de materias primas y productos de fabricación. A diferencia de ellos, una asociación del tipo “empresa” incorpora, por regla general, empresas de una industria conectadas por relaciones de cooperación en la fabricación de productos del mismo tipo. Dentro de una empresa, el aparato de gestión de la empresa central más grande gestiona el funcionamiento de la asociación en su conjunto …

“Además de varios tipos básicos de asociaciones industriales, en la economía nacional soviética se están creando complejos agrario-industrial, científico-industrial e industrial-comercial”. (Gubin, pág.90).

El establecimiento de estas amalgamaciones, debe enfatizarse, no tocó en modo alguno el carácter capitalista de las relaciones de producción. Como antes, los trabajadores son contratados y despedidos, los medios de producción se compran y venden y la explotación del trabajo de los trabajadores continúa con la maximización de las ganancias como objetivo. Lo que logran los fideicomisos, los conjuntos y las empresas es simplemente la concentración y centralización del capital, la reproducción de las relaciones capitalistas a mayor escala. En casi todos los casos, como admiten fácilmente los escritores soviéticos, una empresa que entra en uno u otro tipo de combinación sacrifica parte de su independencia real de acción.

El grado en que lo haga puede variar de un caso a otro. El director de la empresa individual puede perder el control sobre la comercialización de la producción o el suministro de materias primas a la sede del fideicomiso, pero puede mantener un cierto margen de maniobra sobre las decisiones de inversión. En muchos casos, sin embargo, el puesto de director de empresa individual se suprime por completo, junto con el personal de gestión y de oficina. En este caso, la empresa capitalista anteriormente autónoma se convierte en una mera planta sucursal, y el director se reduce a un mero gerente o superintendente contratado.

Los oficinistas son arrojados a la calle. Entre varios ejemplos, Gubin cita como loables los siguientes:

“Se lograron grandes ahorros gracias a la organización de asociaciones en la industria del refino de petróleo. Como resultado de la creación de la asociación ‘Kuibyshevneft’, las oficinas administrativas de siete empresas de extracción de petróleo, 11 yacimientos de petróleo y 51 de extracción y extracción de petróleo Se abolieron las secciones. Esto permitió la liberación de más de 1000 trabajadores y un ahorro de 1,3 millones de rublos en el fondo de remuneración laboral anual “. (pág.108).

Incluso en los casos en que las empresas conservan cierta autonomía dentro de su “asociación”, sin embargo, la sede del fideicomiso se apropia de una parte de sus ganancias y fondos de depreciación que de otra manera permanecerían a disposición del director de la empresa. En todos los casos, los jefes de las “asociaciones” disponen de fondos centrales. (Gubin, p. 104.)

La pertenencia a una “asociación” de ninguna manera garantiza una empresa determinada contra la liquidación. Al igual que lo hace el banco, señala Kulikov, la sede del fideicomiso con frecuencia utiliza sus fondos centralizados para favorecer a las empresas más rentables. (“Algunos problemas de acreditación a largo plazo …” p. 61.)

Todos los poderes y recursos perdidos por los directores de las empresas miembro son asumidos, como señala Gubin, por la sede del fideicomiso, combinado o “firma”. Normalmente, esta sede es la empresa individual más poderosa de la industria o el territorio. Los poderes y recursos de los capitalistas pequeños y medianos, incluso de algunos bastante grandes, se concentran en manos de los más grandes en el campo dado.

En sí mismo, este tipo de cosas no es excepcional en la práctica capitalista actual. En los EE.UU., Por ejemplo, prácticamente toda la industria del acero ha estado controlada durante mucho tiempo por la empresa más grande, U.S. Steel, que por lo tanto encabeza el fideicomiso informal del acero. (Véase, por ejemplo, Blari, Economic Concentration, págs. 500-505.)

De manera similar, General Motors encabeza el fideicomiso de facto del automóvil y Exxon, el bien organizado cartel del petróleo. En la mayoría de los países de Europa occidental y Japón existen acuerdos similares, generalmente menos ocultos. En ningún otro país capitalista, sin embargo, todas las empresas de una industria determinada están obligadas por ley a unirse al fideicomiso o cartel; y en ningún otro lugar están obligados por ley a seguir las órdenes de su “liderazgo” dominante.

La inconformista empresa siderúrgica de Estados Unidos, por ejemplo, que se atreve a desobedecer el “liderazgo” de U.S. Steel tiene todo el derecho legal a intentarlo. No es así en la organización del capitalismo soviético. Una vez que ingresa en una asociación de producción, y desde 1973, como ya se señaló, todas las empresas se han visto obligadas a hacerlo, se subordina formalmente (legalmente) a la empresa principal y pierde toda autonomía legal.

En la práctica, como señala Drogichinsky, las empresas individuales con frecuencia conservan considerables derechos y funciones de facto, pero al estar “formalmente privadas de autonomía legal”, ejercen su libertad de acción sólo con la tolerancia del fideicomiso o la combinación. (“On Wholesale Trade …” Voprosy ekonomiki, 1974, No. 4, en Problems of Economics, octubre de 1974, p. 107.).

En la Unión Soviética de hoy, los cárteles monopolistas, dirigidos sobre la base de las ganancias al mando, dominan directamente el Estado y obligan legalmente a las empresas más pequeñas a unirse a sus combinaciones. ¿Cuál es el precedente de esta práctica? Si bien es cierto que forma parte del arsenal económico de la burguesía en todos los países, no se aplica en todo momento y lugar. Hay que remontarse más de 40 años en la historia del capitalismo para encontrar casos en los que, de manera similar, la pertenencia a cárteles sea legalmente obligatoria y donde las empresas más grandes disfruten de autoridad legal para apuntalar su poder económico sobre las demás en el .         “Japón en abril de 1931, Italia en junio de 1932 y Alemania en julio de 1933 aprobaron decretos de cartelización obligatoria similares. Franz Neumann comenta sobre el propósito de las medidas alemanas: “El decreto de cartelización obligatoria está nuevamente dirigido principalmente contra los pequeños y medianos empresarios, que a menudo son reacios a unirse voluntariamente al cartel y, por lo tanto, ahora están completamente subordinados a las demandas de las poderosas empresas”. (Behemoth, p. 266.)

Otro escritor antifascista agrega que el decreto obligatorio, junto con la red de controles necesarios para hacer cumplir, sirvió “para realzar el poder de las grandes cosechadoras al redondear y complementar los controles que requieren para plena instrumentación de sus intereses monopolísticos “. (Brady, Business as a System of Power, Nueva York 1943, p. 43.).

La Alemania nazi también, por supuesto, tenía “controles de precios”. Sin embargo, se basaban en el principio, como registra Neumann, de que “los acuerdos de precios deben asegurar suficientes ganancias para las plantas económicamente necesarias”. (p. 307.)

¿No te suena familiar? Kosygin también dijo: “Los precios deben … asegurar una ganancia para cada empresa que funcione normalmente”. Además, existe el mismo reconocimiento de la “ganancia diferencial inherente a cada estructura de cártel, la llamada renta de cártel” (Neumann, p. 307) o, en palabras del subjefe de Gosplan, Kotov, “la necesidad de construir precios sobre el base de empresas ‘marginales’ y cobrar una renta diferencial “. (“Precios …” p. 58.)

Este sistema es una fuente de enormes superbeneficios para las empresas más grandes y poderosas. La formación de las “asociaciones de producción” soviéticas significó la organización de trusts y otras fusiones capitalistas en diferentes regiones y partes de ramas industriales. Con la formación de la combinación de petróleo de Kuibyshevneft, por ejemplo, las empresas petroleras anteriormente separadas en el área de Kuibyshev se formaron en un único monopolio de maximización de ganancias. Pero todavía existe la asociación Grozneft, que agrupa a las empresas petroleras de la región de Grozny, la combinación Tatneft, la Bashneft y otras.

Con la fusión de todas las centrales petroleras de todo el país en un solo fondo petrolero capitalista de la URSS llegamos al contenido económico real de los “ministerios” industriales centrales que fueron “restaurados” por las medidas de 1965.Estos ministerios, se recordará (parte 13), fueron abolidos por Jruschov; y este acto fue uno de los muchos problemas que provocaron el enfrentamiento de junio de 1957 entre su minoría del Politburó y la mayoría. (Véase la parte 11). La decisión de 1965 de establecer nuevamente los ministerios centrales, anunciada por Kosygin, pareció así a los observadores superficiales como una “concesión al estalinismo” o incluso un retorno parcial a la planificación socialista. Nada mas lejos de la verdad.

El propio Kosygin fue bastante explícito, una vez que se decodificaron sus frases. “Puede parecer a primera vista”, dijo en su discurso de 1965, “que se está sugiriendo un simple regreso a los antiguos ministerios. Pensar así, sin embargo, significa ignorar una serie de nuevos factores y cometer un error. Los nuevos ministerios trabajarán en condiciones completamente diferentes, en las que las funciones de gestión administrativa de la industria se combinan con una aplicación considerablemente mayor de métodos de contabilidad de costos e incentivos económicos, y los derechos económicos y la iniciativa de las empresas se amplían sustancialmente. Se está estableciendo una red de fusiones de contabilidad de costos que ejercerán la gestión directa de sus respectivas empresas … Los ministerios se basarán en su trabajo en las fusiones de contabilidad de costos, entregándoles muchas funciones operativas.

Además, dentro de los ministerios … muchas de sus administraciones centrales también deben operar sobre el principio de contabilidad de costos. Los ministerios se concentrarán en las principales tendencias del progreso desarrollo sivo de sus respectivas ramas “.La frase “fusiones de contabilidad de costos” aquí significa fideicomisos o combinaciones que maximizan las ganancias; y las “condiciones completamente diferentes” bajo las cuales los nuevos “ministerios” van a trabajar son las condiciones del capitalismo. A estos fideicomisos y combinados, los “ministerios” deben ceder “muchas funciones operativas” y, además, en última instancia, los “ministerios” mismos deben operar sobre la base de maximizar las ganancias, es decir, convertirse en fideicomisos capitalistas. Lo que expresan estas frases, en otras palabras, es el principio de la toma directa del Estado de sus órganos político-administrativos, por parte de las mayores fusiones capitalistas. Es lo que Franz Neumann, en referencia a la tendencia predominante en Alemania durante la década de 1930, llamó “la entrega de los órganos políticos a los cárteles”. (“Behemoth”, pág. 270.).

Los propios economistas soviéticos expresan claramente el carácter capitalista de estos llamados ministerios, aunque, por supuesto, no utilizan ese término. LM Gatovsky, por ejemplo, al señalar la importancia de factores como “el aumento de la masa de ganancia, el nivel de rentabilidad” en la toma de decisiones de inversión, observa que “es natural que los ministerios también tengan que considerar esta circunstancia en la determinación de inversiones en nuevos equipos. Este factor se vuelve particularmente importante con la transferencia de las juntas centrales de ministerios a la contabilidad de costos, su conversión en organizaciones de contabilidad de grandes costos “. (“La reforma económica y la estimulación del progreso tecnológico”, en Reforma económica soviética …, pág. 173.)

Komin, el subjefe de precios, declara que “en la práctica de la formación de precios, uno de los problemas más urgentes es el problema de la rentabilidad. Mientras que en el pasado el índice de rentabilidad se veía sólo desde el punto de vista de la empresa, … en en la actualidad el índice de rentabilidad interesa a asociaciones y ministerios … la extensión de este principio a todos los ministerios requerirá un aumento en las normas de rentabilidad y conducirá a un aumento en el nivel de precios mayoristas en la industria “. (“Problemas …”, pág. 41.)

Gubin da un ejemplo gráfico de ilustrar la “efectividad” de los nuevos principios para el funcionamiento de los ministerios en el caso del Ministerio de Máquina-Herramienta y Fabricación de Instrumentos, uno de los primeros en ser reconstruido. “Sólo durante el período 1969-70, el ministerio liberó a más de 12.000 empleados del aparato administrativo y redujo el gasto administrativo anual en 24,5 millones de rublos”. Los beneficios aumentaron. (Aumento de la eficiencia …, p. 107.).

A continuación, se muestran dos ejemplos de la industria ligera que trabaja directamente para el mercado de consumo. En esta rama, los “ministerios” se organizan por república, es decir, cada una de las “repúblicas federadas” de la URSS tiene la suya propia: “El Ministerio de la Industria de la Carne y los Lácteos de la República Socialista Soviética de Tadjik [una zona minoritaria nacional], en la búsqueda de altos beneficios para sus empresas, en 1970 y 1971 redujo la producción de productos baratos que tenían una demanda estable entre la población y aumentó injustificadamente la producción de productos más caros. Como resultado, las empresas de este ministerio obtuvieron millones de rublos de ganancias por encima del plan “. (Starostin y Emdin, “El plan quinquenal y la forma de vida soviética”, Planovoe khoziaistvo, 1972, núm. 6, Problemas de economía, febrero de 1973.)

El comportamiento del “Ministerio” de Industria Ligera en la República Federativa Socialista Soviética de Rusia (RSFS), el más grande, se rige por los mismos principios, como testifica otro escritor: “Otro factor que con frecuencia subyace al incumplimiento de los pedidos presentados por el comercio es el bajo nivel de los precios al por mayor de los artículos pedidos, que no proporciona a las empresas industriales el beneficio necesario. En tales casos, las empresas industriales tratan de reducir la producción de productos relativamente no rentables y especialmente artículos totalmente no rentables a pesar de que gozan de una gran demanda por parte de los consumidores.

Por ejemplo, las empresas de la industria ligera de la RSFSR cumplieron solo el 70% de los pedidos presentados por el comercio de chaquetas hechas de un determinado tejido para la segunda mitad de 1971, mientras que ofrecieron un cantidad 2,3 veces mayor que la demandada de impermeables para hombres del mismo tejido, un artículo que tiene una demanda limitada “. (“Incentivos económicos para satisfacer la demanda del consumidor”, Voprosy ekonomiki, 1972, núm. 4, en Problems of Economics, octubre de 1972).

Sería posible multiplicar tales citas e ilustraciones. Estos llamados ministerios no representan más que la concentración de capital y la consolidación del monopolio capitalista, en una escala cada vez mayor. Este desarrollo va mucho más allá de la infiltración gradual de las agencias estatales por parte de empresas y combinadas, que el economista soviético Maizenberg, citado anteriormente, observó ingenuamente en 1969 (ver parte 21). Es la toma total, directa y oficial del Estado. órganos de gestión por los monopolios capitalistas, la reconstrucción de las burocracias estatales sobre líneas capitalistas monopolistas.

La restauración de los ministerios en 1965, por lo tanto, fue todo menos un paso hacia una “regulación” estatal más estrecha del capitalismo, como sueña el pensamiento burgués “liberal”. Fue la realización, más bien, del diseño capitalista más reaccionario, implementado por la burguesía generalmente solo en tiempos de la emergencia histórica más terrible, cuando su supervivencia misma está en juego: la regulación directa y abierta del Estado por el monopolio más poderoso. combinadas capitalistas. En cada país capitalista en el momento presente, por supuesto, el Estado en su conjunto, y todas sus partes, es el instrumento de la clase capitalista monopolista. Todos sus organismos económicos-reguladores sirven en última instancia a los mismos “intereses especiales” que se supone que controlan. O son infiltrados, corrompidos y sobornados, o bien se les restringen sus poderes y se reducen sus presupuestos. (Véase, por ejemplo, Blair, págs. 372-402.)

De esta manera, los intereses monopolistas los someten a su voluntad o los vuelven ornamentales. Es ridículo esperar que cualquier órgano del Estado burgués actúe de otra manera. En los Estados democrático burgueses, sin embargo, el dominio de los monopolios se ejerce indirectamente y se mantiene una fachada de imparcialidad.

Los monopolios usan el Estado, usan la ley; en las configuraciones fascistas y soviéticas actuales, son la ley, son el Estado. Tomar al presidente de la US Steel Corp. y nombrarlo ministro de metalurgia ferrosa, con pleno poder para dirigir la industria del hierro y el acero; tomar a los presidentes de Con Edison, Pacific Gas & Electric y los otros dos o tres monopolios de energía más grandes y convertirlos en la junta directiva del ministerio de poder; otorgar al presidente de Exxon el título de ministro de petróleo, petroquímicos, carbón y energía atómica con autoridad legal para fijar precios, establecer cuotas, asignar mercados y cosas por el estilo, y ahí está la organización político-económica no solo del fascismo sino también de la economía soviética actual.”La completa subyugación del Estado por parte de los gobernantes industriales”, dice Neumann, “sólo podía llevarse a cabo en una organización política en la que no había control desde abajo, que carecía de organizaciones de masas autónomas y libertad de crítica.

Era una de las funciones del nacionalsocialismo para suprimir y eliminar la libertad política y económica por medio de las nuevas garantías auxiliares de la propiedad, por el mando, por el acto administrativo, forzando así toda la actividad económica de Alemania en la red de combinaciones industriales dirigidas por los magnates industriales . ” (pág. 261.).

23 ¿Quién se beneficia?

¿Quién se beneficia de este “nuevo sistema económico”? A la vista de todo lo dicho, la respuesta no será sorprendente. La “nueva” configuración no es, y no puede ser, otra cosa que una gigantesca maquinaria para generar extremos de riqueza por un lado, en manos de unos pocos, y extremos de pobreza por el otro, entre muchos.

En un “testamento” escrito poco antes de su muerte y publicado posteriormente en el extranjero, el destacado académico revisionista soviético E. Varga deploró “el contraste entre el excesivo bienestar material de la aristocracia gobernante y los salarios extremadamente bajos de la mayoría de los trabajadores, empleados y agricultores colectivos “. Sermoneó a la “aristocracia burocrática” por su “arrogancia” y su “presunción”, que la llevan a “vender [el francés es ‘brader’ – literalmente, celebrar una venta de garaje o en la acera] y apropiarse de la propiedad del Estado, para satisfacer pasiones desenfrenadas que a veces las conducen al crimen … “

Al mismo tiempo, Varga observó que “la precaria situación material de los trabajadores … da lugar a todo tipo de fenómenos reprensibles: borracheras, malos tratos a cónyuges e hijos, riñas domésticas, negativa a trabajar, delincuencia y en ocasiones delitos de desesperación”. . ” (Le Monde, 12-13, septiembre de 1971, citado en “Sur la restauration du capitalisme en USSR” por Andre Pommier en Communisme, París, septiembre-octubre de 1974, págs. 56, 77.)

Para este revisionista, que en su lecho de muerte es presa de escrúpulos morales, la clase obrera existe solo en el papel de víctima del sistema. No ve su resistencia, su espíritu de lucha, las numerosas huelgas y otros actos de rebelión. Así pinta una imagen de la URSS que recuerda las representaciones de los novelistas burgueses de la vieja Rusia, la Rusia bajo los zares, con la codicia desenfrenada y la corrupción ilimitada de los grandes funcionarios en la cima y un vasto panorama de sufrimiento, frustración y desesperación abajo. Precisamente en este paralelo, sin embargo, se encuentra el núcleo de la verdad en la confesión en el lecho de muerte de Varga.

“Hay en la URSS unos 13.000 millonarios, es decir, altos jefes cuyas cuentas bancarias ascienden a sumas de siete dígitos”, según una estimación, necesariamente imprecisa, de Roy Medvedev, uno de los miembros más destacados del “disidente” pequeñoburguesa círculos, cuyas frustraciones adoptan una forma a veces de “izquierda”, pero más frecuentemente una forma archirreaccionaria como en el caso de Solzhenitsyn. (Citado por Zev Katz, “Insights From Emigres and Sociological Studies on the Soviet Economy”, en Perspectivas económicas soviéticas para los años setenta, Comité Económico Conjunto del Congreso de los Estados Unidos).

¿Está creciendo la brecha entre ricos y pobres en la Unión Soviética hoy, como en otros países capitalistas, o se está restringiendo, como en los países socialistas?

Sobre la base de un estudio de encuestas sociológicas soviéticas, así como de entrevistas con emigrados soviéticos, el sociólogo burgués estadounidense Katz llega al siguiente resumen:

“La administración Brezhnev-Kosygin … ofrece varios incentivos materiales de alto costo para quienes pueden pagarlos (o tener acceso a ellos): automóviles privados, bienes importados, viajes turísticos al extranjero, instalaciones de entretenimiento de lujo en el hogar, condominios (cooperativas) pisos, servicios modernos de alto costo (restaurantes, hoteles). Disponible ahora solo para una pequeña minoría, estos artículos se convierten en una marca de estatus, un equivalente soviético del consumo conspicuo … Algunas medidas, como la reforma económica, incentivos para la tecnología los avances, la campaña para la mejora de la gestión empresarial, la creación de fideicomisos y empresas, así como el ‘experimento Shchekino’, las nuevas políticas en materia de agricultura, aparentemente refuerzan el diferencial de ingresos, beneficiando ante todo a quienes ya tienen altos ingresos y mejores condiciones de trabajo.”(Katz, artículo citado, p. 112.)

¿Una evaluación prejuiciosa, tal vez, de una fuente con un evidente hacha para moler? Quizás. Pero los propios economistas soviéticos, sin duda, en un lenguaje más cauteloso, subrayan y confirman esta conclusión en todos los puntos. A pesar de las afirmaciones oficiales de una “igualación progresiva”, la evidencia apunta clara y abrumadoramente al aumento y la agudización de la polarización entre riqueza y pobreza.

Tomemos, por ejemplo, la cuestión del consumo conspicuo – puro desperdicio de los ricos – que el economista Thorsten Veblen, hace décadas, satirizó como un rasgo de las nuevas riquezas. Por supuesto, toda la burguesía soviética, como clase, es de este tipo. Al respecto, el economista soviético N. Buzliakov escribe:

“En la actualidad, las familias con ingresos máximos per cápita están consumiendo ciertos tipos de productos alimenticios y no alimenticios al nivel recomendado por las normas racionales o incluso a un nivel superior. No hay duda … de que con un aumento adicional de los ingresos, el consumo de tales familias crecerá cuantitativa y cualitativamente en los próximos 15 años, y con respecto a una serie de bienes y servicios superará significativamente las normas racionales. En tal caso, ¿puede haber una discusión sobre el ‘consumo irracional’? ” (“Rational Long-Range Income and Consumption Norms”, Planovoe khoziaistvo, 1974, No. 6, en Problems of Economics, noviembre de 1974, p. 84.)

Es difícil decir qué es más sorprendente en este testimonio: la tímida indagación de si, o en qué medida, la vida pueblerina de los ricos puede ser discutida en publicaciones legales o la admisión de que el consumo de productos alimenticios y no alimenticios “en un nivel recomendado por normas “es posible en la actual URSS sólo para” familias con ingresos máximos per cápita “. El resto evidentemente está restringido al consumo en niveles sub-“racionales”.

Los extremos crecientes de pobreza y riqueza son un tema delicado para los escritores revisionistas soviéticos, por razones obvias. Al igual que el desempleo y la anarquía de la producción, se supone que esto no existe y, por lo tanto, no se puede discutir legalmente de manera directa y sencilla. Al mismo tiempo, sin embargo, el trabajo práctico de ciertas instituciones no puede continuar si no se reconoce y se tiene en cuenta la existencia de esta realidad. Este es el caso en particular de la gestión de la cantidad y la velocidad de la circulación monetaria en la economía nacional, que en la URSS como en los países occidentales es responsabilidad del banco estatal.

Los pobres gastan el dinero tan rápido como lo obtienen; no tienen elección. Los estratos más ricos tienden a gastar solo una parte de sus ingresos inmediatamente y a poner el resto en el banco como ahorros para gastarlos más tarde. La velocidad de la circulación monetaria es más lenta en su caso que en los pobres. Así, en cualquier economía donde la polarización de las rentas alcance un grado considerable, las autoridades bancarias encargadas de administrar la cantidad de dinero en circulación deben tener en cuenta este hecho, sin importar lo que diga la ideología oficial.

Y de hecho esto es lo que los administradores de dinero soviéticos han tenido que empezar a hacer. Ya en 1964 aparecieron varios artículos en los que se destacaba la necesidad de conocer la diferenciación de ingresos para el desempeño de funciones de banco central. (Por ejemplo: O. Rogova, “The Effect of the Level and Differentiation of the Population’s Incomes on Money Circulation”, Dengi i kredit, 1964, No. 11, en Problems of Economics, mayo de 1965; A. Remmenik, “The Material Condiciones de vida familiar, “Ekonomicheskie nauki, 1964, No. 5, en el mismo; y otros.)

Tras la implementación completa de la “reforma”, el problema se volvió más urgente. Así, en una lista de “mejoras” exigidas en el sistema de “planificación”, los economistas P. Koylov y M. Chistiakov escriben: “Hasta hace poco, el nivel de vida estaba planificado para dos grupos básicos: para trabajadores, empleados y colectivos. agricultores. Hoy también es necesario calcular el aumento del nivel de vida de los grupos de población con diferentes niveles de ingresos “. (“Problems in Improving the Methods of National Economic Planning”, Planovoe khoziaistvo, 1972, núm. 1, en Problems of Economics, agosto de 1972, pág. 33.) Esta es una admisión cautelosa, o un pálido reflejo, de la creciente polarización de los ingresos, consecuencia necesaria de la restauración del capitalismo.

Aquí hay una admisión directa, aunque desde un ángulo oblicuo, de la brecha cada vez mayor entre las clases altas y bajas: “El análisis mostró que en grupos de población que difieren en términos de nivel de ingresos, las normas de ahorro (frente a los ingresos) no son uniformes. Por regla general, esta norma es más importante en los grupos de población más acomodados. El análisis de las tendencias en el desarrollo de la economía soviética indica un cambio gradual en el carácter de la diferenciación de la población con respecto al nivel de ingresos. un aumento en la proporción de aquellos grupos que tienen ingresos relativamente altos. Al mismo tiempo, hay una reducción en la proporción de familias para las que es característica una norma de ahorro comparativamente baja “. (T. Ivensen, “Problems in Forecasting the Monetary Savings of the Population”, Ekonomicheskie nauki, 1973, núm. 11, en Problems of Economics, junio de 1974, p. 66, énfasis agregado).

En otras palabras, la desigualdad está creciendo; han surgido ricos y pobres y los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres.

Aquí hay algunos datos complementarios sobre la situación económica de los trabajadores soviéticos, recopilados de fuentes soviéticas por un número reciente de Peking Review:

“Los jefes revisionistas y sus revistas tienen que admitir que hay un número considerable de ‘familias en dificultades económicas’ en la Unión Soviética hoy. La revista soviética Socialist Labor interpreta el término ‘familias en dificultades económicas’ como aquellas cuyos ingresos per cápita son por debajo del nivel requerido para ‘asegurar el nivel mínimo de vida’. Estas ‘familias en dificultades económicas’ ‘involucraban a 25 millones de personas’, reveló Tass en noviembre pasado. Se puede suponer que la cifra está muy diluida y que, de hecho, la situación es mucho más grave. Los informes de la prensa soviética estiman que esas familias constituyen aproximadamente una quinta parte de la población urbana. El nivel de vida de un gran número de “granjas colectivas”

“La inflación y el aumento de los precios han traído más dificultades a los trabajadores de la categoría de ingresos más bajos. Según las cifras obviamente subestimadas de los anuarios de estadísticas económicas nacionales soviéticas, los precios minoristas estatales de la carne y las aves de corral aumentaron un 29% en el período 1960-73. Aceites animales 28% y vegetales 23%. En este período, el precio minorista de la harina subió un 48% en las tiendas estatales de Moscú, la carne de vacuno un 33% y la col 66%. También hay aumentos ocultos en los precios de muchos productos … .

“Los precios en el mercado libre se dispararon aún más rápido. Los precios de los alimentos al por menor en el mercado libre eran un 35% más altos que en el mercado estatal en 1960 y un 63% más altos en 1972.

Las repúblicas de Azerbaiyán y Tayikistán eran menos del 60% de las de la República Federada de Rusia. El número de médicos por cada 10.000 habitantes en las repúblicas de Asia central era un tercio menos que en la República Federada de Rusia “. (” La difícil situación de los trabajadores soviéticos bajo la regla de la camarilla revisionista “, Peking Review, 16 de mayo de 1975, pág. 19. )

Estos datos son totalmente coherentes con la tendencia general de creciente polarización. Siguiendo la vieja máxima de “divide y vencerás”, la burguesía capitalista monopolista estatal soviética ha hecho todo lo posible para tratar de romper la unidad de las diferentes nacionalidades, particularmente entre la pluralidad gran-rusa y las minorías y ha concentrado sus fuerzas de opresión y explotación con fuerza especial contra estos últimos para intentar privar a los trabajadores rusos de sus aliados más cercanos.

La táctica de “divide y vencerás”, de poner a un trabajador contra otro, de hecho, se aplica de manera bastante consciente, en todos los “nuevos” métodos de gestión. Esto no solo está implícito en el poder arbitrario del director de la empresa para contratar, despedir, promover y degradar a los trabajadores, lo que abre todas las oportunidades para jugar favoritos y practicar la discriminación. Se eleva al nivel explícito de la teoría en la política soviética para distribuir las insignificantes “bonificaciones” que los trabajadores reciben por capricho del director. El “especialista en eficiencia” Gubin revela toda la filosofía escribiendo:

“La eficiencia de cualquier sistema de incentivos depende en gran medida de la diferenciación entre los trabajadores alentados. Por lo tanto, el factor decisivo no es el tamaño absoluto de los fondos de incentivos sino el tamaño relativo por trabajador”. (Aumento de la eficiencia …, p. 79.)

En otras palabras, la “eficiencia” se logra no pagando a todos los trabajadores por igual un rublo más, sino dispensando 10 kopeks (centavos) como “bonificación” a este individuo, siete kopeks a otro, 12 kopeks a un tercio y ningún kopeks a el resto, con la esperanza de despertar celos mutuos y evitar que los trabajadores se unan en una resistencia común. Ésta es la esencia de la “eficiencia”, desde el punto de vista capitalista.

Sería un error imaginar que la creciente polarización entre riqueza y pobreza en la URSS surge principalmente de este tipo de “bonificaciones” o de la desigualdad de salarios entre diferentes grados o niveles de calificación de los trabajadores. Su fuente principal, más bien, radica en la brecha entre los salarios de los trabajadores, por un lado, y los ingresos que reciben los no trabajadores, ingresos que no son salarios, por el otro. Esto también se disfraza en forma de “bonificaciones”, pero al menos los escritores revisionistas soviéticos ya no pretenden que las bonificaciones pagadas a los directores y sus subordinados inmediatos sean una forma de salario. El hecho de que sean una parte de los beneficios se admite habitualmente; de hecho, fue proclamado como un principio en el discurso de Kosygin de 1965.

¿Quién recibe las “bonificaciones”? Desde los primeros comienzos de las “reformas” de 1965, la mayor parte de estos ingresos, coinciden todas las fuentes, se ha destinado a un puñado de personal de alto nivel en cada empresa o combinación. En el experimento de Transporte de Moscú, el proyecto piloto mencionado anteriormente, ya se admitió que surgieron “diferenciales no equitativos” en los pagos, con “grandes aumentos para la alta dirección”. (Kaledinova & Tomsky, en Voprosy ekonomiki, 1965, No. 12, citado por Feiwel, The Soviet Quest …, p. 243). Tan grandes fueron los aumentos para los directores que se generó una especie de escándalo y las autoridades habían prometer actuar con moderación, como informa Feiwel.

En otro grupo temprano de empresas transferidas al “nuevo sistema”, según la misma fuente, se encontró que el 46,6% del “fondo de incentivos materiales” se destinó a primas de gestión mensuales, el 15,5% a primas de trabajadores mensuales y el resto a distribuidos como “bonificaciones” de fin de año. Los directores y su personal inmediato recibieron bonificaciones del “fondo de incentivos materiales” que ascienden al 22,7% de sus salarios base.

La misma fuente señala también que el tamaño de las bonificaciones de este fondo se ajusta directamente a los salarios base; cuanto mayor sea el salario base, mayor será la bonificación.

Así, en resumen, el ingreso promedio de los trabajadores industriales en una muestra de las primeras empresas bajo el “nuevo sistema” aumentó en una miseria de 4.7%, considerablemente menos que su aumento de productividad bajo el impacto de los nuevos métodos de aceleración. Las bonificaciones de gestión del “fondo de incentivos materiales” aumentaron un 35%. (Feiwel, págs. 298, 300, 313.)

Drogichinsky da las siguientes cifras para todas las empresas que pasaron al “nuevo sistema” en 1966. El fondo de incentivos materiales se dividió casi exactamente “en partes iguales” entre los trabajadores y los clasificados como “ingenieros, técnicos y otros empleados”, obteniendo el primero 50,7% y este último 49,3% de este fondo. Sin embargo, los trabajadores constituían al menos el 85% del personal total de las empresas. Por tanto, una división “equitativa” del fondo de incentivos materiales ya es una gran inequidad.

Si el alcance se reduce a la categoría de “bonificaciones actuales”, es decir, pagos adicionales semanales y mensuales, el desglose es el siguiente: 15,7 millones de rublos fueron para los trabajadores y 72,7 millones de rublos para los ingenieros, técnicos y “otros”. ” De las bonificaciones propiamente dichas, en otras palabras, el 18% fue para el 85% de la mayoría de los trabajadores, mientras que la minoría del 15% del personal superior tomó el 82% del dinero. (“Economic Reform in Action”, en Soviet Economic Reform …, p. 194.)

Sin embargo, para completar la discusión sobre el papel de las bonificaciones, debe tenerse en cuenta que el fondo de incentivos materiales en cada empresa es simplemente una de las muchas fuentes de bonificaciones que, como resultado de las “reformas Kosygin” de 1965, está controlado por los directores.

Según Manevich, quien como shchekinoíta tiene un interés especial en el tema, el fondo de incentivos materiales ni siquiera es la más importante de las fuentes de bonificación. En un artículo de 1973, escribe:

“En la mayoría de las empresas, el fondo de incentivos materiales aún no se ha convertido en la fuente básica de bonificaciones para el personal, ya que hay más de 30 sistemas de bonificaciones en funcionamiento simultáneamente. Con frecuencia, las llamadas bonificaciones especiales son considerablemente más altas que las bonificaciones totales que el personal recibe sobre el desempeño general de la empresa, es decir, del fondo de incentivos materiales “. (Formas de mejorar … “, p. 13.)

Desafortunadamente, después de las primeras etapas de la transferencia al “nuevo sistema”, la literatura económica legal soviética simplemente se detiene en el asunto de estadísticas más o menos exactas de quién se apropia de la cantidad de ganancias que quedan en las empresas y las cosechadoras. Incluso las sugerencias generales, como las de Manevich, son poco frecuentes. Es como si se hubiera puesto una tapa de censura sobre la cuestión, quizás por razones de seguridad del Estado. Con las sucesivas oleadas de concentración de capital y de trustificación, las “bonificaciones” que se embolsaron en lo más alto los jefes de los distintos imperios industriales-financieros debieron elevarse a dimensiones verdaderamente obscenas, cuya publicación bien podría constituir una incitación a la revuelta.

Para completar este breve repaso de la distribución de la renta en el “nuevo sistema económico”, es necesario observar las principales tendencias en el ámbito de los servicios sociales, en la medida en que pueden representar una forma de renta que se consume de forma colectiva y no individualmente.

Las comparaciones estáticas sobre esta cuestión, por ejemplo la comparación de la disponibilidad de atención médica en la URSS y en los Estados Unidos hoy, no prueban nada. El nivel y el alcance de los servicios públicos existentes en la URSS es en gran medida una herencia asumida por la burguesía soviética de la era socialista anterior, durante la cual la clase obrera soviética, dirigida por el Partido Bolchevique, construyó el mejor y más completo sistema de servicio en el mundo en ese momento.

Las comparaciones estáticas también pueden resultar contraproducentes para quienes las presionan. Aquellos que argumentan, por ejemplo, que la existencia de un sistema integral de atención médica gratuita es una prueba de que un país es socialista, por lo tanto, asumen la carga de demostrar que la Inglaterra contemporánea, por ejemplo, es un país socialista. Obviamente, no es nada por el estilo, a pesar de la gran superioridad del sistema de atención médica pública británica al de los Estados Unidos. El nivel y alcance de los servicios públicos en un país capitalista refleja principalmente la historia de la lucha organizada de la clase trabajadora en ese país y es un fruto de esa lucha, aunque no siempre el fruto al que se apuntaba, pero más a menudo un “hueso” arrojado al movimiento para retrasar su avance hacia el poder político.

¿Qué ha hecho la nueva burguesía soviética con la magnífica herencia de servicios sociales que usurpó?

Dos tendencias principales se destacan claramente de la literatura soviética sobre el tema. Son:

Uno: los “servicios” que generan beneficios se están desarrollando intensamente. Dos: los servicios gratuitos, aquellos que no muestran beneficios, están siendo descuidados y se dejan pasar.

Los escritores revisionistas soviéticos siempre distinguen entre los servicios “pagados” y los “gratuitos”, es decir, aquellos por los que el usuario no paga directamente. Entre los servicios “gratuitos” se encuentran la educación y la cultura, que sin embargo sirven a la burguesía soviética como arma de adoctrinamiento en las ideas reaccionarias, así como los servicios de salud, médicos y físicos y los subsidios para la construcción y el mantenimiento de viviendas.

La importancia relativa asignada a los servicios “gratuitos” por la burguesía soviética se puede leer claramente en las siguientes cifras sobre el crecimiento de los fondos empresariales 1966-70, proporcionadas por Drogichinsky:

Los fondos empresariales “para el desarrollo de la producción”, es decir, fondos para inversión de capital, para aumentar la intensidad y ampliar el alcance de la explotación de la clase obrera, se multiplicaron por seis. El “fondo de incentivos materiales”, es decir, el fondo elemental para el enriquecimiento personal de los directores y sus cohortes, se cuadruplicó. El fondo para servicios gratuitos, titulado “medidas socioculturales y construcción de viviendas” (que incluye hospitales construidos en fábricas, instalaciones de cuidado infantil y otros servicios similares, se multiplicó por dos) (“The Economic Reform in Action”, en Soviet Economic Reforma …, p. 207.)

La distribución de los ingresos empresariales, en otras palabras, muestra una marcada evolución desigual en detrimento de los servicios gratuitos. Una proporción cada vez mayor de los beneficios de la empresa se está desviando para rellenar los bolsillos personales del director y el personal superior, y para asegurar un mayor flujo de beneficios en sus bolsillos en los próximos años. Una proporción cada vez menor de los beneficios de la empresa sirve a las necesidades de los trabajadores.

El retraso en el desarrollo de los servicios gratuitos se reconoce claramente en la literatura soviética y se espera que continúe. (B. Khomelianskii, “La esfera de los servicios sociales y económicos y la reproducción de la fuerza de trabajo agregada”, Ekonomicheskie nauki, 1972, núm. 4, Problemas de economía, junio de 1973, pág. 55.) El “plan” 1972-1975 en las palabras eufemísticas del economista Komarov “pide una tasa de crecimiento relativamente más rápida de los servicios pagados”.

Los servicios de pago incluyen transporte de pasajeros y comunicaciones, entretenimiento, recreación organizada, turismo y otros. La razón por la que su “desarrollo” avanza a paso rápido puede deducirse fácilmente de la observación de Komarov de que “por regla general, todas las ramas básicas de los servicios de pago … son muy rentables y hay un rápido retorno de la inversión en su desarrollo. ” Son para el Estado y sus directores, “una fuente adicional de acumulación”. (“La esfera de servicio y su estructura”, Voprosy ekonomiki, 1973, núm. 3, en Problems of Economics, julio de 1973, p. 9.)

En otras palabras: ¡Beneficios al mando! – incluso en el ámbito de los “servicios”. Estos “servicios”, sin embargo, no son más que medios adicionales para sacar la plusvalía de los trabajadores. Son “servicios” que sobre todo sirven a la burguesía para enriquecerse.

Una novedad significativa dentro del ámbito de los servicios en general es la aparición de nuevas instalaciones “pagadas” paralelas al rezagado sector libre. El economista Rutgaizer, en este sentido, apunta al crecimiento de “policlínicos pagados que operan sobre una base de contabilidad de costos”, es decir, hospitales que cobran tarifas y sobre esta base obtienen ganancias. Rutgaizer no entra en detalles; pero estos solo pueden ser hospitales que atiendan a pacientes burgueses. Los trabajadores no podían pagarlos. (“Un plan integral para el desarrollo del sector de servicios”. Planovoe khoziaistvo, 1973, núm. 2, en Problems of Economics, septiembre de 1973, pág. 49.)

Por tanto, en la URSS surge definitivamente la “medicina de clase”, un sistema de salud para la burguesía y otro para los trabajadores. Dado que el número de médicos y otro personal y equipo médico es limitado, el establecimiento de un hospital para servir a la burguesía equivale a una reducción relativa de los servicios médicos para la población. Es otra forma de robar a la clase trabajadora.

Al ver esta tendencia, que caracteriza el desarrollo de los servicios en la URSS en su conjunto bajo el “nuevo sistema”, Rutgaizer se sorprende, aunque vagamente, por la inequidad que representa:

“La reducción de la esfera de los servicios gratuitos y la satisfacción de la creciente gama de necesidades de las personas en forma remunerada son posibles sólo hasta cierto límite, más allá del cual la indeseable diferenciación del disfrute de los servicios por grupos individuales de la población con puede producirse un nivel diferente de renta per cápita en la familia “. (pág.49)

Esta pálida y enfermiza ansiedad por “la indeseable diferenciación” que “puede tener lugar” -cuando ha tenido lugar y es cada vez más evidente- es todo lo que queda, dentro del pensamiento autorizado de la URSS, de los grandes principios del socialismo científico.

24 Conclusión

Hay mucho más que se podría decir, pero es momento de resumirlo todo y concluir esta serie de artículos sobre el desarrollo reciente en la URSS.

Un punto general emerge de la investigación: un cambio retrógrado en carácter, de progresista a reaccionario, puede tener lugar no solo en los individuos pero también en los sistemas sociales de países enteros, por lo menos durante un tiempo. A largo plazo la emancipación de las clases oprimidas y las naciones es inevitable, pero a corto plazo hay límites por ser superados y reveses.

Las observaciones de Friedrich Engels sobre el final de la Edad Media en Alemania son esclarecedoras sobre este punto. Sobre los siglos XIII y XIV, Engels escribe, los campesinos alemanes se habían despojado casi por completo de su esclavitud y servidumbre y se convirtieron en “hombres libres.” Pero después de la mitad del siglo XV sufrieron un retroceso. Vino “el surgimiento de una segunda servidumbre.” “La servidumbre apareció en una segunda edición,” Escribió Engels, añadiendo que esta “nueva servidumbre” no era de ninguna manera más débil que la anterior. Solo después los campesinos volvieron a reemanciparse.  (Letters to Marx, Dec. 15 & 16, 1882, quoted in Pre-Capitalist Economic Formations, E. J. Hobsbawm, ed., pp. 145-147.)
En esta conexión Engels criticó al historiador burgués Maurer por aferrarse al “… prejuicio de que desde la oscura Edad Media un constante progreso hacia cosas mejores ha debido ocurrir – esto le impide ver no solo el carácter antagonista del progreso real, pero también los retrocesos individuales.” Hoy de manera similar, la visión de que la historia soviética desde octubre de 1917 ha sido un progreso constante hacia cosas mejores -una postura que falla en ver los retrocesos recientes – debe ser criticada sin reservas como un mero prejuicio, no un juicio científico.

La clase obrera soviética, parece indicar la evidencia que se ha presentado aquí, no vive ya bajo el socialismo, sino bajo una segunda edición del capitalismo de monopolio estatal, casi como en los días de los zares. Claramente, la historia no se repite a sí misma literalmente. No deberíamos esperar ver a las autoridades actuales paseando con túnicas de brocado y celebrando procesos judiciales entre nubes de incienso. Los disfraces y las formas han cambiado, y no solo ellos. El proletariado soviético es hoy inmensamente más fuerte en números absolutos y relativos, en concentración y en nivel cultural, que lo que era en el cambio de siglo. Esta subyugación, pero también su resistencia y su desarrollo revolucionario se hace sobre una base superior.

Sin embargo, cuando todas estas diferencias se ponderan y se dejan de lado, la igualdad es clara. El proletariado soviético ha vuelto a ser una clase gobernada en vez de gobernante. Se le ha privado de la propiedad de los medios de producción como antes de la revolución socialista. Otra vez el fruto de su trabajo se utiliza principalmente para engrosar un ejército de oficiales y funcionarios parásitos, cuya contingencia principal es indistinguible de la “personificación del Capital” que describió Marx.

¿Significa esto que los casi 40 años durante los cuales el proletariado mantuvo el poder estatal en la URSS fueron una ilusión, o un error o una pérdida de tiempo? Al contrario. Para estar seguro el periodo tuvo sus ilusiones y sus errores. ¿Cómo podría haber sido de otra manera siendo pionero en una empresa de este tipo? Las luchas de este periodo trajeron un progreso inmenso al pueblo soviético e hicieron contribuciones inconmensurables a la lucha global contra el imperialismo y toda reacción. Los trabajadores y campesinos soviéticos, liderados por el Partido Comunista, iluminaron el camino de todos los oprimidos y explotados del mundo. Esto jamás podrá ser despreciado u olvidado.

Las autoridades soviéticas actuales dicen ser sucesoras y herederas de los logros revolucionarios del pueblo soviético. Cualquier examen cuidadoso de esta declaración enseñará, no obstante, que la única continuidad se encuentra en algunas de las palabras o frases que los revisionistas repiten. En los hechos han realizado una ruptura total con la línea de desarrollo revolucionaria y han atacado una y otra vez sus principales fortalezas y logros. Comenzando con despiadadas calumnias hacia el mandato de Stalin, los revisionistas fueron a por la propiedad estatal soviética para ponerla a subasta, destruyeron la coordinación central de las oficinas de industria, purgaron marxistas-leninistas del partido, destrozaron las enseñanzas centrales del marxismo, destruyeron la unidedad del campo socialista y otras acciones de un carácter anti socialista y anticomunista. El linaje político de Krushchev y Brezhnev no se remonta hasta Lenin y Stalin, sino a los líderes de las facciones oportunistas de derecha e izquierda que fueron derrotadas por el partido y se convirtieron en renegados y vendidos.

El verdadero carácter de clase de los revisionistas soviéticos aparece con mayor claridad en las medidas que introducen para transformar las relaciones de producción de la economía soviética. Hemos visto cómo los líderes revisionistas hipócritamente llaman a este “nuevo sistema económico” suyo un “avance hacia el comunismo”, y como dan la vuelta a Lenin en un esfuerzo para justificar sus cambios. (parte 16).

¿Cuáles son las características básicas de este “nuevo sistema económico”? La fuerza de trabajo de los trabajadores soviéticos se vuelve a transformar en una mercancía; el tormento del desempleo es reintroducido; hay una intensificación irrestricta del trabajo  y la aceleración.

Esto no es ningún avance hacia el comunismo. No tiene nada en común con las relaciones socialistas de producción. ES la restauración de las relaciones de producción básicas que definen el sistema capitalista y le da su carácter como un sistema de la esclavitud asalariada y la explotación.

Junto con eso, los revisionistas convirtieron otra vez los medios de producción principales en la industria de propiedad social a mercancía. En lugar de una asignación planificada de los medios de producción en concordancia con las prioridades políticas de la clase obrera y sus aliados, hay un comercio de los medios de producción caótico, anárquico a escala nacional  según los estrechos y conflictivos intereses de los compradores y los vendedores. Esto no es nada más que una segunda edición de la línea principal del desarrollo original del capitalismo en Rusia, que Lenin analizó por primera vez alrededor de 1899.

Estos cambios fundamentales dieron manga ancha a la dirección de cada empresa para incrementar “sus” beneficios al máximo. Los dirigentes revisionistas de la URSS se deshicieron de todos los motivos e incentivos socialistas y entronizaron la maximización de beneficios como el incentivo y la más alta meta de la producción, distribución, inversión y provisión de servicios.

No es de extrañar que el “nuevo sistema económico” revisionista esté plagado por crisis, no es de extrañar que el futuro les aparezca como imprevisible e indeterminado, no es de extrañar que su “plan” económico nacional se haya convertido en letra muerta, ¡cómo ellos mismos se han visto forzados a admitir! No es de extrañar como los monopolios capitalistas toman por completo todas las áreas de la vida económica sin importar hasta que punto el Estado capitalista se fusiona con ellos –¡y en ningún otro lugar del mundo el capitalismo de monopolio de Estado está más completamente desarrollado que en la URSS!– el sistema se mantiene en el capitalismo completamente y no puede conquistar la anarquía de la producción; solo puede reproducir el caos a un nivel más alto.

Estas características básicas del “nuevo sistema económico” de los revisionistas no fueron formulados por sus arquitectos como una retirada táctica temporal requerida por las circunstancias, como fue el caso con la primera fase de la NEP de Lenin. Están pensados, al contrario, para ser permanentes. Ni estas “nuevas” relaciones se encuentran en un pequeño sector aislado y estrictamente limitado de la vida económico, por lo cual podrían ser caracterizadas de atípicas. Al contrario: son las líneas principales del sistema entero que fue impuesto a conciencia y con previsión en toda la URSS, y cuya implementación era más del 70% ya a finales de 1958 –el año, no por coincidencia, de la invasión soviética de Checoslovaquia. El capitalismo ha sido restaurado totalmente; no hay lugar a dudas para ello.

La nueva burguesía soviética, quienes son enriquecidos por el sistema a costa de los trabajadores, no cayó del cielo. Surgió por los  vestigios objetivos del capitalismo –”derecho burgués”– dentro de la sociedad socialista. Tomó forma bajo las condiciones de la dictadura del proletariado y en apariencia fue completamente asimilada por su entorno. Durante décadas esta burguesía no tenía ni poder ni propiedad, pero, por lo tanto, fue más hambrienta y despiadada al perseguirlos. Cómo los diferentes elementos se encontraron, cómo se organizaron y evolucionaron hacia una conciencia común y un programa son problemas de los que sabemos muy poco. Incluso  sin estar al tanto de los detalles de las conspiraciones contra el gobierno revolucionario, sin embargo, podemos obtener información de sus características particulares a través de su vida e historia como clase.

La burguesía de todos los países miente, hace trampa y engaña. Esta es la “segunda naturaleza” de esta clase. La burguesía soviética, sin embargo, sobrepasa a casi todas las demás porque además miente sobre su propia identidad básica como clase. La ideología imperialista de los EE.UU, en comparación,  incrustada en el engaño como está, normalmente contiene al menos confesiones de que los capitalistas manejan un sistema capitalista. Pero la burguesía soviética, habiendo crecido bajo las condiciones de una dictadura del proletariado, ha negado desde el principio su propio nombre. En esto imita los desesperados disfraces adoptados por la secta más reaccionaria de la burguesía alemana e italiana hace 40 años, que al igual que ellos pretendían no ser capitalistas sino “socialistas” para intentar engañar a las masas.

Tal demagogia no es solo una “segunda naturaleza” para la presente burguesía soviética, ha sido su naturaleza desde el principio. En su vocabulario capitalismo es “comunismo”, revisionismo es “leninismo”, invasión imperialista es “solidaridad”, explotación es “ayuda”, acoso es “hacer la paz”, lacayos y compradores son “patriotas” siguiendo una “política independiente”, los derechistas son “izquierdistas”, el fascismo es “democracia” y la reacción es “progreso”. No hay hipocresía más repugnante en el mundo que la inversión sistemática de los principios básicos del marxismo-leninismo que hacen los revisionistas soviéticos.

Un segundo punto se sigue directamente. Las enmiendas básicas que los revisionistas soviéticos, liderados por Jruschov introdujeron en la teoría marxista-leninista tienen todas un timbre fluido y armonioso. Está el “Estado de todo el pueblo” y el “partido de todo el pueblo”, como si la sociedad de clases fuera una gran familia feliz; y las tres “pacíficas” de Jruschov (coexistencia pacífica, competición pacífica, transición pacífica) tocan la misma melodía. Pero esto no previno a este mismo Jruschov en junio de 1964, cuando la mayoría del liderazgo del “partido de todo el pueblo” votó por su expulsión, de recurrir a las clásicas tácticas de gorila de una intervención militar. Este mandato revisionista se impuso por la fuerza y se mantiene por la fuerza. Entender que las “nuevas” teorías sobre el Estado soviético y las de sus relaciones internacionales son falsas, anti-marxistas, social-paficistas y revisionistas es solo ver la mitad de la imagen, y perderse la parte esencial. Las “armoniosas” y “pacíficas” falacias de los revisionistas soviéticos son solo una fachada para cubrir a una clase que emplea la violencia para avanzar en sus intereses reaccionarios, tanto internamente como en el exterior, tan libremente como cualquier otra clase de su tipo. Tiene una imagen menos sanguinaria que la del imperialismo estadounidense en la actualidad en parte porque se oculta a sí misma de manera más efectiva, en parte porque solo ha aparecido más recientemente en escena.

A pesar de su inexperiencia en el tablero capitalista, sin embargo, la burguesía financiera-capitalista soviética ya no es una clase “joven”, en el sentido de que joven conlleva un espíritu revolucionario nuevo y esperanzas de futuro. Cierto es que el imperialismo de discurso socialista soviético (socialimperialismo, para abreviar) está ganando terreno e influencia en numerosas áreas del mundo mientras el imperialismo estadounidense se debilita y  disminuye. El socialimperialismo soviético se encuentra en una ofensiva estratégica, mientras el imperialismo estadounidense se retira. Las violentas palizas del imperialismo estadounidense son las de un endurecido asesino en masa en su lecho de muerte. Pero los dirigentes soviéticos del presente representan a una clase que ya estaba muerta y desechada por el pueblo revolucionario soviético hace casi 70 años y que se ha levantado de su pretendida tumba para establecer un segundo imperio sobre los vivos.

A diferencia de las burguesías que ahora gobiernan en otros países, que comenzaron su reinado usualmente por una revuelta contra una clase más reaccionaria, el gobierno de la burguesía soviética nunca ha tenido contenido progresista. Habiendo usurpado el poder de una clase más progresista –en efecto de la clase más revolucionaria en la historia mundial– la burguesía soviética actual no es más que un obstáculo al progreso; es un salto hacia atrás, un reverso histórico trascendental. Su gobierno inspira esperanza solo a las secciones más moribundas de las otras burguesías del mundo, que rezan y planean cómo obtendrán de manera similar una nueva oportunidad en la vida. Es más “avanzado” que el imperialismo estadounidense solo en el sentido ultrareaccionario en el que Hitler y Mussolini representaron un estadio más “avanzado” del imperialismo, deterioro del capitalismo de monopolio estatal y desesperación.

Cuáles serán las consecuencias de este retroceso en la URSS para la situación mundial es una pregunta de la que no es momento ni lugar explorar. Una cosa es segura, sin embargo, si la historia enseña algo. Esto es que de alguna forma u otra, más tarde o temprano, la monstruosa resurrección de la esclavitud asalariada y la tiranía imperialista que se ha asentado en la URSS será eliminada otra vez por una segunda edición de la gran Revolución de Octubre. La restauración del orden capitalista en esta era del proletariado revolucionario no puede ser más sólida y permanente que el esfuerzo de restaurar un “Reich milenario” en Alemania.

“Hasta la lucha final” — así empieza la primera línea del coro de la Internacional. Si se interpreta de un modo estrecho, literal, esta idea aplicada a las tomas del poder estatal por el proletariado en este siglo, es prematura. Como la experiencia soviética ha demostrado tan cruda y trágicamente, el conflicto entre las dos clases antagonistas continúa a través del periodo socialista y no se arreglará durante un largo periodo de tiempo. Ninguna tragedia, ningún contratiempo, ningún episodio de restauración, sin embargo, puede atenuar la verdad literal y el poder de las líneas climáticas del himno de la clase trabajadora de Eugene Pottier:

“¡Qué cada uno ocupe su lugar! ¡La clase obrera internacional será la raza humana!”

 

Nota del traductor: Puede ser necesario o sólo interesante aportar la contestación al texto que dio la propia organización de Martin Nicolaus que fue confrontado por esta y echado. Se adjuntará un extracto traducido de “Martin Nicolaus Expelled from OL”:

El revisionismo de Nicolaus también fue evidente en su ampliamente conocido libro “La Restauración del Capitalismo en la URSS”. Este libro ha sido objeto de críticas internas durante bastante tiempo, pero Nicolaus quien consideraba este tema como su propio campo de especialización personal, se negó a aceptar las críticas del libro por parte de las bases o del Comité Central.

El libro fue un ataque a la dictadura del proletariado, afirmando que durante más de una década bajo el gobierno de los revisionistas de Jruschov, no hubo “cambios profundos en las relaciones reales de producción que operan en la base económica de la sociedad”. En otras palabras, la sociedad a la que Mao Tsetung se refirió como una dictadura del tipo de Hitler” en 1964 era, para Nicolaus, todavía “socialista” en su esencia.

Nicolaus también encubrió la fuente de la regeneración de la nueva burguesía soviética en el partido y la derecha burguesa de estado. La desigualdad en forma de derecha burguesa permanece durante todo el período del socialismo. Sólo se puede restringir pero no eliminar por completo. Al expandir la derecha burguesa en la URSS, los seguidores de la vía capitalista pudieron hacerse ricos y poderosos y sentarse sobre las espaldas del pueblo trabajador.

Para proteger sus intereses de clase, esta nueva burguesía encabezada por Jruschov y su banda trabajaron activamente contra la dictadura del proletariado y finalmente lograron restaurar el dominio de la burguesía después de la muerte de Stalin.

Pero Nicolaus afirmó que la derecha burguesa era “irrelevante” y que los seguidores de la vía capitalista sólo recibían “uno u otro pequeño privilegio que no significaba nada…”. Afirmó que los representantes de los capitalistas dentro del estado y el partido sólo tenían “beneficios materiales menores” y ningún “poder político”.

De esta manera, Nicolaus cubrió la amenaza de restauración del capitalismo y mistificó sus causas.

Aunque hizo una o dos afirmaciones correctas sobre la derecha burguesa, la gran mayoría del libro contradice estos fragmentos de verdad, En esencia, repitió como un loro la misma línea de los revisionistas que intentaron expandir la derecha burguesa en China sin éxito.

Nicolaus, como todos los revisionistas, también calumnió a Stalin por su represión de la burguesía dentro del partido. Nicolaus calificó los ataques de Stalin contra elementos burgueses como demasiado severos y afirmó que “medidas más suaves habrían sido más productivas”.

Mientras alababa a Stalin hasta los cielos en un minuto, afirmando que era un genio y el único hombre que podía salvar al socialismo, Nicolaus se dio la vuelta al minuto siguiente y repitió las mentiras de la burguesía sobre Stalin “el tirano”.

Es cierto que Stalin cometió algunos errores importantes en su defensa del socialismo, pero no los errores que afirmó Nicolaus.

Stalin fue un gran marxista-leninista que defendió el marxismo-leninismo contra los trotskistas y los revisionistas y sus intentos de restaurar el capitalismo en la URSS. El llamado de Nicolaus para “medidas más suaves” en la lucha contra la burguesía reveló su propia posición de clase podrida. Es un representante de la burguesía dentro de las filas del movimiento comunista.

Fuentes:

Restauración del Capitalismo en la URSS

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