Desmontando una falsificación histórica: ¿fueron las urnas las que llevaron a Hitler al poder?

Máximo Relti

Un mito que continúa manteniéndose 85 años después

No son pocos los comentaristas políticos, tertulianos, gacetilleros, e incluso gente que se reclama de izquierdas, los que continuan manteniendo que los nazis accedieron al poder a través de la voluntad popular del pueblo alemán expresada a través de las urnas.

Frecuentemente este supuesto se esgrime con el propósito de poner en duda la capacidad de los pueblos para decidir acertadamente sus propios destinos.

Entonces ¿cuál es, definitivamente, la verdad histórica acerca de cómo accedió al Gobierno Adolf Hitler y los suyos? ¿Llegaron los nazis al poder a través de las vías que ofrecía la democracia formal de la República de Weimar? ¿No se produjo ningún golpe de Estado que les franqueara el camino a los nazis para hacerse con el gobierno? ¿Fue el pueblo alemán el que colocó a Hitler en la jefatura de lo que ellos mismos demominarían como el III Reich?

Herwig Lerouge, es un conocido escritor y activista belga que mantiene con gran profusión de datos, que la llegada al poder de Hitler se produjo a través de un golpe de Estado, organizado con la complacencia de los partidos que en aquel momento se encontraban ya instalados en el gobierno de Alemania, así como con el apoyo resuelto de los grandes industriales alemanes.

«El 30 de enero de 1933, – escribe Herwig Lerouge – el presidente alemán Paul von Hindenburg nombra a Adolf Hitler, el líder del Partido Nacional-Socialista como Primer Ministro. El primer gobierno de Hitler sólo cuenta con tres nazis, entre ellos el propio Hitler. Ni siquiera se atreve a presentarse ante el Parlamento, porque se encuentra en minoría. En su lugar, le pidió a Hindenburg que disolviera el Parlamento y convocara nuevas elecciones, para el 5 de marzo. Ese plazo le da la oportunidad de gobernar cinco semanas sin control parlamentario. Se trata de un golpe legal, ya que la Constitución alemana de la época permite al presidente disolver el Parlamento o suspenderlo temporalmente».

«El 4 de febrero, Hindenburg -prosigue Lerouge toma una ordenanza de emergencia que prohíbe cualquier crítica al gobierno, suprime la libertad de reunión y de prensa para el Partido Comunista de Alemania, durante la campaña electoral, y de otras organizaciones de izquierda».

El 27 de febrero, el Reichstag, – el Parlamento alemán- , fue incendiado. De acuerdo con las autoridades nazis, el autor fue un anarquista holandés desequilibrado. Sin embargo, es abundante el número de historiadores dan como un hecho cierto que el incendio del Reichstag fue causado por las secciones de asalto (SA) nazis. Los acontecimientos que siguen confirman rotundamente esta tesis. Antes de que se inicie cualquier investigación, la radio afirma que los comunistas son los auténticos responsables del voraz incendio que acabó con el Reichstag. Esa misma noche, sobre la base de listas elaboradas por adelantado, más de 10.000 comunistas, socialistas y progresistas son detenidos. Toda la prensa comunista y varios periódicos socialistas quedan prohibidos. Las libertades de prensa y de reunión fueron suspendidas.

Sin embargo, a pesar de la fulminante represión a manos de la presidencia del viejo militar ultraconservador Hindenburg, las elecciones no dan una mayoría a los nazis, ni una mayoría de dos tercios al gobierno de coalición encabezado por Hitler.

Para lograr la mayoría, el gobierno acude al artilugio de excluir 81 mandatos del Partido Comunista Alemán, sin que ningún partido se atreva a rechistar. Una vez resuelto el «escollo», el Parlamento da, por fin, su confianza al gobierno de Hitler autorizándole a decretar leyes sin que tenga que contar con la ratificación de esa institución.

En realidad lo que hizo el Parlamento alemán fue autodisolverse. Los socialistas votaron en contra de la declaración del gobierno, pero sin embargo –¡oh la complacencia histórica de la socialdemocracia! – calificaron como democráticas las elecciones pese a la brutal represión, a la persecución, a las prohibiciones…

En apenas dos años, los nazis prohibirán todos los partidos políticos menos el suyo, asesinarán a más de 4.200 personas y detendrán a la friolera de 317.800 opositores, de los que 218.600 serían heridos o torturados. El 20 de marzo de 1933, el comisario nazi de la Policía de Múnich, Heinrich Himmler crea Dachau, Sería el primer campo de concentración destinado a los presos políticos. En el mismo año se crearían otros 40.

¿No fue esta operación realmente un golpe de Estado, aunque fuera ejecutado con la complicidad de aquellos que lo dirigieron? El golpe de Estado, protagonizado por los grandes industriales alemanes que ponen a Hitler a la cabeza del Estado, no fue una simple conjetura de diletantes. Es una evidencia histórica.

Como resulta, pues, evidente por los datos que propociona Herwig Lerouge, el acceso al poder por Hitler y su movimiento fascista no fue realizado a través de la vía democrática.

¿COMO SE URDIÓ EL GOLPE?

Pero ¿cuáles fueron los factores que provocaron la decisión de las clases sociales hegemónicas germanas de acabar con la democracia burguesa implantada después de la Primera Guerra Mundial en su país, y colocar a Hitler a la cabeza del gobierno alemán?

Hoy no caben dudas al respecto -Fue el impetuoso desarrollo del movimiento obrero, de los sindicatos y de las organizaciones de la izquierda el factor decisivo que generó el pánico en la clase dominante alemana. Necesitaban urdir con toda urgencia un plan que bloqueara drástica y radicalmente el crecimiento de un movimiento revolucionario que podía poner en tela de juicio su dominio como clase en la sociedad alemana.

Herwig Lerouge narra como la decisión de nombrar a Hitler canciller había sido tomada realmente unas semanas antes de que éste fuera nominado para tal cargo. La fecha fue el 3 de enero de 1933, en la mansión del banquero Kurt von Schröder.

«En varias ocasiones, -sigue relatando Herwig Lerouge entre 1918 y 1923, los círculos más a la derecha de la clase dirigente habían de hecho tratado, en particular con intentos de golpes de Estado, de deshacerse del sistema parlamentario y de eliminar los derechos importantes adquiridos por un movimiento obrero fuerte y unido».

Esos círculos empresariales contaban con el apoyo de una parte importante del Ejército, así como de las organizaciones políticas y sociales reaccionarias. No pocos industriales veían en aquellos dias en las Tropas de Asalto del Partido Nacional Socialista una organización a la que había que prestarle todo el apoyo que demandaran

Ya desde 1923, el patrón siderúrgico Hugo Stinnes había dicho al embajador de EE.UU. en Alemania:

«Hay que encontrar un dictador que tuviera el poder de hacer todo lo que sea necesario. Tal hombre debe hablar el lenguaje del pueblo y ser el mismo un civil. Tenemos a ese hombre.»

Cuando Alemania entró en barrena por el crack financiero de 1929, las clases hegemónicas de ese país tuvieron claro que era necesario apoyar de manera decidida a los nazis. Hitler no era un hombre que proviniera de las clases altas y aristocráticas de su país. Era un austriaco, hijo de un modesto funcionario, que como había dicho premonitoriamente hacia diez años el industrial Stinnes «hablaba el lenguaje del pueblo». Se llenaba la boca, asimismo, con promesas sociales demagógicas, que podían entusiasmar a las masas, como la nacionalización de la gran industria.

Hábilmente escogieron como objetivo de sus campañas antisemitas a los banqueros y comerciantes judíos, que en el imaginario popular sirvió para suplantar el amplio rechazo social que concitaba la burguesía financiera en la clase media y las clases populares. De esa forma, se trató de enturbiar con una cortina de humo el odio que suscitaba la explotación protagonizada por los industriales y banqueros arios.

Como sucedió en otros países europeos – Italia y España – la aguerrida vanguardia fascista alemana trató de mimetizarse formalmente con el lenguaje y las reivindicaciones de los partidos revolucionarios de la izquierda. No fue una casualidad que la extrema derecha germana bautizara a su organización política con una denominación tan confusa como sugerente: «Partido Nacional Socialista Obrero Alemán».

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/29386/desmontando-una-falsificacion-historica-fueron-las-urnas-las-que-llevaron-a-hitler-al-poder