Cómo el establishment de EE.UU. utilizó como «chivo expiatorio» al matrimonio Rosenberg, sacrificándolo en la silla eléctrica

Manuel Medina

¿Por que fueron escogidos Ethel y Julius Rosenberg como ejemplo en la persecucion anticomunista de la década de los cincuenta?

Ethel y Julius Rosenberg constituían un matrimonio «normal» estadounidense, si del concepto de «normalidad» omitimos que ambos eran además de judíos de pura cepa, una pareja de comunistas organizados. El 19 de junio de 1953, hace ahora 67 años, fueron electrocutados en la silla eléctrica de la prisión de Sing-Sing. Nuestro colaborador Manuel Medina relata en su artículo no sólo cómo se urdió el proceso y ejecución del matrimonio Rosenberg sino, igualmente, el Increíble clima de histeria anticomunista que llegó a dominar en la mayor parte de la sociedad estadounidense, con unas repercusiones todavía presentes en nuestros días.

Ethel tenía la vocación de llegar a ser cantante, pero ambicionaba también convertirse en una buena actriz. Julius, en cambia era un ingeniero eléctrico, que trabajaba para el Ejército estadounidense. Ambos eran dos jóvenes entusiastas e idealistas que militaban en las filas de las Juventudes del Partido Comunista de los Estados Unidos.

Las acusaciones contra el matrimonio Rosenberg se iniciaron a raíz de unas supuestas filtraciones de secretos nucleares que se habÍan producido desde la Universidad de Berkeley y del Centro de Investigaciones de Los Álamos.

En el proceso que se abrió en contra de la pareja el FBI, que entonces dirigía Edgar Hoover, del que hoy conocemos muchas de sus obscuras facetas pero que en aquellos años se ingnoraban, acusó a cientos de científicos, intelectuales y artistas de estar involucrados en una suerte de tupida red masiva de espionaje al servicio de los soviéticos, cuyos gigantescos tentáculos sólo se encontraba en la mente profundamente reaccionaria de los políticos estadounidenses de entonces. Esta prodigiosa red tentacular afectaba igualmente a todo el aparato administrativo estadounidense. De manera regular, el senador Joe Maccarthy, truculento muñidor aquel abracadabrante invento conspiranoico, convocaba a los medios de comunicación para anunciarles la primicia de que esa semana habia logrado descubrir a cuarenta o cincuenta filocomunistas emboscados en los entresijos de la Administración estatal norteamericana, prestando todo tipo de servicios de espionaje a los bolcheviques moscovitas.

Maccarthy tenia como habitual procedimiento distribuir a los gacetilleros de la Radio, Prensa y TV, una lista en la que figuraban los nombres de los supuestos espias. Los medias americanos, con el sensacionalismo correspondiente se encargaban de airearlos a lo largo y ancho de todo el país. A continuación, Edgar Hoover y su FBI procedian a la apertura de las pertinentes pesquisas sobre los acusados y, finalmente, el Congreso estadounidense creaba «Comisiones de investigación» procedian al interrogatorio de los presuntos agentes «made in Moscow».

Esta triple acción concertada entre Medios, FBI y Comisiones congresuales, en una labor conjunta, lograban «amortizar» socialmente a los inculpados, que en el mejor de los casos perdian sus trabajos y la consideración pública, y en el peor, terminaban dando con sus huesos en una prisión por no haber confesado su pertenencia al Partido Comunista estadounidense o denunciado a sus cómplices bolcheviques.

La lucha contra el comunismo en los Estados Unidos, durante la post Segunda Guerra Mundial, sirvió para abrir un extenso sendero de persecuciones contra civiles norteamericanos que hicieron historia en ese país. Hechos tales como, por ejemplo, haber participado como voluntario en las Brigadas Internacionales durante la Guerra civil española, eran más que suficientes para figurar en las listas negras de un FBI, que fue convertido en siniestro instrumento en manos de un corrupto Edgar Hoover que lo manejaba a su arbitrio, sin que pudiera estar sometido a ningún tipo de control público.

Hoy podemos tener una idea aproximada a través de la cinematografía sobre algunos aspectos de la persecución que la derecha americana montó contra conocidos actores de Hollywood y no pocos intelectuales. Pero el gran público, en general, desconoce todavia que hubo centenares de funcionarios, academicos, enseñantes y trabajadores que perdieron sus sus puestos de trabajo, fueron encarcelados o sometidos a una severa vigilancia, y que sufrieron en silencio una persecución similar, pero con repercusiones personales considerablemente más graves.

EL «GÓLGOTA» DE LOS ROSEMBERG

El 19 de junio de 1953, – estos dias se cumplieron 67 años- , un lustro despues de que la Unión Soviética hiciera estallar su primera bomba atómica, se cometió el atroz asesinato en la silla eléctrica de Ethel y Julius .

En la fechas precedentes, los Rosenberg formaban una pareja de ciudadanos norteamericanos que se encontraba a la espera de un indulto presidencial, tras ser acusados y condenados a muerte por traición a la patria, acusados de haber sido protagonistas de una supuesta entrega de secretos atómicos a la Unión Soviética.

Ethel Rosenberg realizó una solicitud de clemencia al presidente de los Estados Unidos, Eisenhower. En la carta que Ethel envió al primer mandatario norteamericano realizó un riguroso análisis de todo el curso del proceso y, también, señaló la endeblez de las pruebas presentadas en contra de ella y su esposo:

“Solicitamos las conmutaciones de unas sentencias que producirían la indecible tragedia de la destrucción de nuestra pequeña familia».

…»así como habrían de sentar un precedente para el abandono, en Norteamérica, de la apreciación civilizada del valor de la vida humana…”.

El presidente de los Estados Unidos de entonces, el general Dwight D. Eisenhower, se negó en redondo a conmutar la pena de muerte manifestando que:

“El crimen de la pareja es horrendo. Me mantengo al margen”.

La campaña anticomunista montada por una buena parte del establishment político estadounidense era de tal magnitud que el clima que los medios de comunicación habian logrado crear en la opinión pública estadounidense hacía extraordinariamente difícil organizar la defensa de un matrimonio que, además, reunía dos requisitos claramente «perseguibles» para la mentalidad de una buena parte de la sociedad americana: eran judíos y comunistas.

Eran aquellos los tiempos en los que Hollywood producía películas con títulos tan escandalosos como «Me casé con un comunista» o «La fuga del terror rojo». El objetivo final de aquella miserable campaña política no era otro que el de la fabricación de la imagen de un peligroso «enemigo» que permitiera a la Administración estadounidense justificar la inversión de cifras multimillonarias en armamento para así beneficiar a la gran industria bélica de ese pais. En aquellas campañas participaron no solamente el conocido senador Joe McCarty y otros personajes de su catadura a traves del «Comité de actividades antinorteamericanas». Lo hicieron, igualmente, otros políticos estadounidenses que décadas después llegarían a ocupar la presidencia de los Estados Unidos. En la «caza de brujas» participaron no sin entusiasmo, personajes políticos tan «respetables» y conocidos como Richard Nixon, John Fitzgerald Kennedy o Ronald Reagan. Este último llegó a testimoniar ante una Comisión del Congreso, acusando como «comunistas» a otros actores, compañeros suyos de profesión.

LA «EJECUCIÓN»

Julius Rosenberg, el esposo, recibió una sola descarga en la silla eléctrica. Ethel, en cambio, enjuta y frágil, tuvo que resistir tres descargas antes de fallecer. Según explicó el comisario de policía presente en la ejecución, aquellas sillas eléctricas estaban hechas para personas altas y de volumen, y esa fue – según precisó – la razón del fallo. Como correspondía a la televisión americana de entonces – y de ahora -, los programas informativos realizaron toda una suerte de animado «festival», en el que se inventaban chistes y cuentos sobre el fallo de la silla eléctrica, tratando de trivializar el asesinato legal del que habia sido victima el matrimonio Rosenberg.

Durante el curso de la ejecución, que tuvo lugar en la prisión de Sing-Sing, en Nueva York, el centro carcelario permaneció rodeado por cientos de policías. Un grupo del FBI permaneció en «línea directa» con Washington, esperando que el matrimonio Rosenberg «confesara» antes de morir. Simultáneamente, un pequeño grupo de manifestantes pedía desde el exterior de la prisión la liquidación física de los comunistas frente a la Casa Blanca, mientras que, en cambio, en Nueva York, una enorme multitud demandaba justicia para la pareja. El intelectual francés Jean Paul Sartre expresó aquel día que el asesinato del matrimonio Rosenberg había constituido “un linchamiento legal que mancha de sangre a todo un país”.

LO QUE LOS AÑOS CORROBORARON DESPUÉS

Años después, el testimonio del sargento David Greenglass, hermano de Ethel Rosenberg, confirmó que había sido él el que le había proporcionado información secreta a la URSS, confesando que había acusado a su hermana y a su esposo por una motivación estrictamente personal. Paradójicamente, al sargento Greenglass solo le hicieron cumplir diez años de prisión.

De igual modo, las notas de Ethel constituyeron una prueba de valor para el caso, confirmando que ellos no disponían de ninguna información técnicamente valiosa. Aun así, fueron condenados y ejecutados.

Cuando décadas más tarde fue posible acceder a la información desclasificada, la Asociación Americana de Abogados reconstruyó el proceso fase por fase, aportando pruebas que demostraban fehacientemente que ambos jóvenes eran totalmente inocentes de lo que se les había acusado. De igual manera, las condenas contra otros científicos y supuestos espías fueron desproporcionadas en relación con la condena a la máxima pena que se aplicó al matrimonio Rosenberg.

Los elementos aportados por la citada Asociación de Abogados mostraron al mundo las enormes lagunas legales que podian apreciarse en el injusto proceso contra el matrimonio Rosenberg. En la última carta que escribió, Ethel pidió a su abogado que cuidara de sus hijos afirmando:

“No me siento sola. Muero con honor y dignidad, sabiendo que mi esposo y yo seremos reivindicados por la historia”.

El asesinato de los esposos Rosenberg, y la posterior reivindicación de su memoria, pertrechada ésta con pruebas contundentes sobre su inocencia, es una muestra de cómo el sistema político y judicial norteamericano fue capaz de manipular y utilizar como chivo expiatorio un proceso amañado, temeroso del avance de las ideas comunistas en el mundo durante la Guerra Fría.

(*) Manuel Medina es profesor de Historia

Fuentes:

https://canarias-semanal.org/art/30855/como-el-establisment-de-eeuu-utilizo-como-chivo-expiatorio-al-matrimonio-rosenberg-sacrificandolo-en-la-silla-electrica