Eduardo Montagut
Esa era la pregunta que se lanzaba en el segundo número de Transporte (1926) de la Unión General de Obreros del Transporte.
Una sociedad de resistencia (sindicato) no sería una hucha donde se depositarían monedas para que cuando ocurriese un accidente que nos impidiera seguir trabajando, tengamos un dinero con que mitigar el problema. No sería un conglomerado de miembros para imponerse de forma grosera al patrono o pretender evadirse de responsabilidades cometidas en el ejercicio de la profesión. No sería un montepío de socorros ni un banco donde por una cuota se abría una especie de cuenta corriente que la directiva administra y hace que cada uno tuviese derechos inusitados.
Pero, entonces, ¿qué sería una sociedad de resistencia?
1. Un valladar ante la prepotencia capitalista o un dique al despotismo patronal, así como hacia la tiranía del Estado. Sería una especie de baluarte ofensivo contra la burguesía.
2. Sería y debería ser la acción y la idea puesta en práctica constantemente. La ideología se convertiría en fundamental porque los objetivos de la organización obrera serían grandes.
3. La organización obrera sería la escuela de vida donde se modularía con hechos la conciencia social, un factor fundamental para la destrucción del orden actual de cosas que para vergüenza de la sociedad subsistía debido al letargo de las masas productoras, que seguían en su “modorra” siendo explotadas, tiranizadas y vilipendiadas.
4. La organización lo sería todo porque en la misma los trabajadores de forma solidaria unían sus esfuerzos y sus pensamientos. Entonces su mensaje se convertía en arrollador y no habría poder alguno para detenerlo. Sería para destruir el injusto mundo existente pero también para construir un nuevo régimen social armonioso y fraternal.
5. La organización sindical sería un arma de lucha y un arma constructiva de trabajo porque encerraría en su seno las fuerzas vivas de la creación. La organización obrera lucharía por destruir las bases que aprisionaban el trabajo para redimirlo, para liberarlo y para que su poder constructivo pudiera desarrollarse de forma libre.
6. Debía ser la expresión personificada de la solidaridad humana porque llevaba en su interior grandes anhelos de liberación, y deseos de renovación total para el bienestar de toda la humanidad, sin egoísmos, todo con generosidad y nobleza.
7. Personificaría también la libertad y la justicia. Sería conciencia social y concreta de los trabajadores unidos y solidarios. Como en el bien general se hallaría el verdadero bien particular, defendiendo las grandes causas, las organizaciones entendían que defendían también las causas particulares de todos los oprimidos.
8. La organización estaría llena de idealismo, de nobleza, y sus ideales serían los de la liberación social, de la humana, no de individuos, grupos o clases. Aunque era una organización de clase, la organización sindical sería eminentemente social y humana, lucharía por el bien general.
9. En la sociedad presente reinaría una moral impura, un individualismo suicida, convirtiéndose la lucha por la vida en una guerra entre humanos contra humanos, arrebatándose mutuamente el botín de la riqueza social, que al ser objeto de codicia individual y no de pertenencia colectiva, producía el caos. Los capitalistas no comprendían que únicamente en la solidaridad social y en la comunidad de intereses se hallaba la solución al problema.
10. Pero los albores de los nuevos días se empezaban a vislumbrar. La organización sindical se presentaba como una nueva fuerza determinante, juvenil, pletórica de vitalidad, cuyas filas se acrecentaban, penetrando en la estructura capitalista, destruyendo sus prejuicios con su fuerza arrolladora, por su evidente razón y justicia, convirtiéndose en la sucesora obligada del capitalismo y del feroz individualismo.
11. La verdad, la realidad y la vida estaban representadas en la organización sindical, contra la mentira, la ficción y la muerte. Todas las instituciones sociales de raigambre burguesa hacían sombra a la organización sindical y contra ellas se lanzaba para destruirlas y suplantarlas porque serían arcaicas, viejas y reaccionarias.
12. La organización tendría en su espíritu creativo la idea de Marx, que habría ennoblecido la unión de los desposeídos.
13. Por todo eso, porque la organización era y tenía que ser el anhelo justo del mañana y el medio ideológico, único que animaría en el presente, todos los obreros debían aprender y sentir la vida orgánica.
14. A medida que todos los trabajadores fueran despertando del letargo y engrosaran los organismos obreros de lucha, se comprendería lo que valía la solidaridad de los trabajadores y el poder que encerraba la organización cuando estaba bien orientada.
Fuentes: