Roberto Casanova
La figura del ‘self-made man’ está vinculada, en realidad, a privilegios familiares, inyecciones de capital heredado, explotación laboral, evasión fiscal o incluso actividades ilegales.
En la cultura popular capitalista, el relato del emprendedor que comienza desde cero en un humilde garaje y construye un imperio multimillonario es casi un dogma. Historias como la de Steve Jobs y Steve Wozniak fundando Apple en el garaje de los padres de Jobs, o Bill Gates abandonando Harvard para crear Microsoft, se repiten una y otra vez como ejemplos inspiradores de que cualquiera, con una buena idea, esfuerzo y sacrificio, puede ascender a la cima de la riqueza. Esta figura del «self-made man» —el hombre hecho a sí mismo— se presenta como la encarnación del sueño americano. Sin embargo, este relato es en gran medida un mito que oculta las realidades estructurales del capitalismo, las ventajas iniciales y, a menudo, las prácticas poco éticas o ilegales que subyacen al éxito de estos supuestos genios emprendedores.
La verdad es que nadie se hace verdaderamente rico trabajando honradamente desde cero. Los casos conocidos de multimillonarios «self-made» suelen esconder privilegios familiares, inyecciones de capital heredado, explotación laboral, evasión fiscal o incluso actividades ilegales.
Los privilegios familiares
El mito del garaje ignora que la mayoría de estos emprendedores no partían de la pobreza absoluta, sino de entornos privilegiados que les proporcionaron redes, educación y capital inicial. Tomemos algunos ejemplos icónicos:
Bill Gates: A menudo retratado como un genio que dejó la universidad para fundar Microsoft en 1975, Gates provenía de una familia acomodada. Su padre era un abogado prominente y su madre formaba parte de juntas directivas de empresas importantes, lo que le abrió puertas a oportunidades educativas y contactos. De hecho, su acceso a computadoras en la escuela secundaria —un lujo en esa época— fue clave para su desarrollo temprano en programación.
Steve Jobs: Aunque adoptado y con una historia de «garaje» legendaria, Jobs creció en un barrio de clase media en Silicon Valley, rodeado de ingenieros de Hewlett-Packard. Su familia adoptiva le apoyó financieramente, y el primer inversor en Apple fue un ejecutivo de Intel que conocía a través de redes locales.
Jeff Bezos: El fundador de Amazon recibió una inversión inicial de 245.000 dólares de sus padres en 1995, una suma considerable que le permitió lanzar la empresa sin preocupaciones financieras inmediatas. Sus padres eran inversionistas y él mismo venía de una familia con conexiones en Wall Street.
Elon Musk: A menudo alabado por su «visión futurista», creció en una familia adinerada en Sudáfrica. Su padre era propietario de una mina de esmeraldas, lo que le proporcionó recursos para emigrar a Canadá y luego a EE.UU, donde estudió en universidades de élite. Su primer negocio, Zip2, se vendió por millones, pero el capital inicial vino de préstamos familiares y redes privilegiadas.
Estos ejemplos ilustran un patrón: según estudios, solo el 27% de los ultra-ricos en EE.UU son verdaderamente «self-made» desde un fondo de clase media o pobre sin herencia, mientras que el 46% tuvieron una ventaja inicial significativa y el 29% heredaron fortunas directamente. Globalmente, aunque el 67% de los multimillonarios se clasifican como «self-made» por Forbes, esta etiqueta a menudo ignora las ventajas sistémicas como educación privada, redes sociales y seguridad financiera familiar. En los últimos años, la riqueza heredada ha superado a la «autogenerada», con 150.800 millones de dólares heredados en 2023 frente a 140.700 millones creados por nuevos emprendedores.
Explotación laboral e ilegalidades: el lado oscuro del éxito
Incluso cuando no hay herencia directa, el ascenso a la riqueza extrema rara vez ocurre sin pisotear a otros. Muchos multimillonarios han construido sus imperios sobre explotación laboral, evasión fiscal o prácticas ilegales.
Empresas como Amazon han sido acusadas de condiciones laborales abusivas, con trabajadores en almacenes sufriendo lesiones, bajos salarios y vigilancia constante. Tesla, de Musk, ha enfrentado demandas por discriminación racial y acoso en fábricas, mientras que sus proveedores en minas de cobalto en África han sido vinculados a trabajo infantil. Históricamente, los «robber barons» del siglo XIX como John D. Rockefeller o Andrew Carnegie acumularon fortunas mediante monopolios y represión sindical violenta.
Numerosos multimillonarios han usado paraísos fiscales para evadir impuestos. Los Pandora Papers involucraron a figuras como Robert F. Smith y Robert T. Brockman. Bernard Arnault (LVMH), Richard Branson y Carlos Slim han sido criticados por evasión fiscal agresiva.
Expertos como Robert Reich argumentan que la mayoría de los multimillonarios no son «self-made», sino productos de herencias, subsidios gubernamentales, lagunas fiscales, explotación laboral y políticas favorables. Un estudio de Oxfam indica que el 60% de la riqueza de multimillonarios proviene de herencia, corrupción o monopolios.
Es cierto que hay raros casos de multimillonarios que partieron de la pobreza, sin embargo, estos son hechos aislados en un sistema donde la ascenso social es limitado. El relato del emprendedor en el garaje es propaganda que justifica la desigualdad, haciendo creer que la pobreza es culpa individual y no estructural. En realidad, acumular riqueza extrema requiere ventajas iniciales, explotación o atajos éticos dudosos. Nadie se hace rico trabajando honradamente en un sistema capitalista donde la élite acapara la mayoría de la riqueza a expensas de la mayoría trabajadora.
Fuentes: