¡Contra la guerra capitalista! (es, nl, pt)

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Última actualización: 21/06/2022 – Español y traducciones del inglés y del francés

  • ¡Contra la guerra capitalista! (La Oveja Negra)
  • Reflexiones a propósito de la carnicería capitalista en curso (Rusia-Ucrania) (Vamos hacia la vida)
  • ¡El enemigo principal está en el propio país! (Esclavo Asalariado Internacionalista)
  • KRAS-AIT acerca de la guerra en Ucrania (Grupo Moiras)
  • Otra vez sobre “anarquistas” que olvidan los principios (KRAS)
  • Lo que significa realmente el derrotismo internacionalista revolucionario en la guerra “ucraniana” (Fredo Corvo y Anibal)

Traducción del inglés:

  • ¡No luches por “tu” país! (Internationalist Perspective)

Traducción del francés:

  • ¡Contra la guerra, guerra de clases! (A$AP Révolution)

¡Contra la guerra capitalista!

Fuente: https://boletinlaovejanegra.blogspot.com/2022/03/contra-la-guerra-capitalista.html

Ninguna guerra es fácil de comprender, ninguna situación “geopolítica” es simple de captar. Y, menos aún, cuando se supone que en el mundo no hay clases sociales: sólo quedan países, líderes e ideologías políticas. Así hay quienes apoyan y justifican las masacres y el horror de la guerra. Son quienes olvidan o quieren hacer olvidar que las guerras se hacen por dinero. Tal como señalan compañeros en Rusia en estos momentos, detrás de la guerra sólo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar: “Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El asedio de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.”

La guerra explicita el horror de una sociedad basada en la acumulación y la ganancia. Es la paz capitalista por otros medios. La que acontece en Ucrania se suma a las guerras e invasiones que lamentablemente ya no reportan novedad alguna (Palestina, Yemen, Siria) y a los millones de muertos por el hambre, la miseria, el trabajo, las enfermedades prevenibles o el suicidio.

En las zonas en conflicto se agregan las muertes y penurias por los bombardeos, la falta de agua, comida, medicamentos, abrigo y energía. Así como también ocurre en los campos de refugiados, en las cárceles, en el frente. Reclutan a proletarios de distintos países para masacrarse por los intereses de sus explotadores y gobernantes, ¡por los intereses de la burguesía! Encarcelan a quienes en Rusia se oponen a la guerra y lo manifiestan pública y colectivamente. Militarizan y aumentan la intensidad del trabajo mientras agudizan los ajustes. ¡Eso es una guerra! ¡Estas son las guerras contra el proletariado!

La guerra es la esfera de lo destructivo controlado, del desastre premeditado, de la gestión y administración de la muerte y la miseria. Esta competencia es inherente al Capital. Proletarios luchan, mueren y sufren el estado de guerra en nombre de uno u otro bloque, cuando los proletarios no tenemos patria ni nación que defender. Como señalaba Marx: “El obrero no es ni francés, ni inglés, ni alemán, pues su nacionalidad es el trabajo, la esclavitud libre, la venta de sí mismo y del propio trabajo. No está gobernado por Francia, Inglaterra ni Alemania, sino por el capital. El aire de su tierra no es ni francés, ni inglés, ni alemán, sino el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, sino aquella que se encuentra a unos pocos metros bajo tierra. Al interior de un país, el dinero es la patria del industrial.”

Pese a todo hay a quienes, empecinados en pertenecer o identificarse con algún bando capitalista, es decir asesino, justifican una u otra guerra, uno u otro ataque, uno u otro Estado. Con argumentos rancios, sean estos estalinistas o liberales, fascistas o antifascistas, incluso antiimperialistas, todos se concentran en apuntalar la explotación y la opresión: el capitalismo.

Claro que existen diferencias, que sean todos una mierda no significa que sean la misma mierda: Zelenski, Biden, Putin, la OTAN, los neonazis ucranianos, los neonazis rusos. Los dirigentes de Estados, sus conflictos y alianzas, sus paces y guerras, sus desarrollos y destrucciones, sus ciencias y religiones, sus ayudas humanitarias y controles de seguridad ¡todos sirven a un solo interés!: el mantener el dominio de la paz social, que no es más que la paz de los cementerios.

No existe, ni existió, ni existirán “buenos” o “malos” dirigentes burgueses, “buenos” o “malos” partidos burgueses; ni tampoco tiene sentido hablar de “buenas” o “malas” naciones o Estados. Ayer, hoy y mañana, el interés de la clase burguesa se encuentra y se encontrará siempre en guerra contra el proletariado. El trabajo, la explotación, la miseria y la guerra son las formas concretas de ese interés.

En la guerra y en la paz nos ajustan “por los intereses del país”. Pero como decimos desde hace décadas y décadas en todos los continentes: el enemigo también se encuentra “en nuestro propio país”, es “nuestra” burguesía.

La fuerza revolucionaria del proletariado depende de su capacidad para luchar contra las diferentes fracciones burguesas, contra las diferentes formas de dominación que el Capital despliega. Es en este sentido que frente a toda guerra burguesa los revolucionarios se solidarizan con sus pares de las otras regiones y, así como lo han hecho en el pasado, hoy levantan y levantarán siempre una consigna internacionalista y revolucionaria contra la guerra. Puede que estas consignas no tengan actualmente la fuerza necesaria para ser una práctica masiva del proletariado, pero no por ello dejan de ser una dirección y perspectiva.

En la pacífica y mortuoria Argentina los gobiernos nos ajustan por el bien del país, los falsos críticos nos dicen que el problema no es la burguesía local sino el FMI. Nos hablan de “pueblo” como si en esta tierra solo hubiese intereses nacionales y no de clase. Así, nos quieren amansar en la paz y nos preparan para condiciones aún peores, o incluso para la guerra. En Ucrania se ha decretado ley marcial para reprimir todo tipo de acciones consideradas antipatrióticas, desatando a su vez una violenta campaña contra las personas que roban en tiendas o participan en saqueos. En el resto del mundo, el empeoramiento de las condiciones de vida a causa de la guerra ya ha comenzado. Tanto en los países directamente implicados, en sus vecinos de Europa, como en el resto del mundo, quien pagará los costos será el proletariado. Cuando la “guerra” al virus parecía terminar, otra ha comenzado. Una nueva justificación para ajustarnos los cinturones. En Argentina, durante la primera semana de marzo la harina aumentó el 52% en cuatro días. Desde el comienzo del conflicto se dispararon los precios de la materia prima base de la deficiente alimentación de esta región. Y aún hay quienes piensan que deciden el rumbo del país porque votan cada algunos años.

Reflexiones a propósito de la carnicería capitalista en curso (Rusia-Ucrania)

Fuente: https://hacialavida.noblogs.org/reflexiones-a-proposito-de-la-carniceria-capitalista-en-curso-rusa-ucrania/

“Lo absurdo de una lucha antifascista que escogiera la guerra como medio de acción aparece así claramente. No solo significaría combatir una opresión salvaje aplastando los pueblos bajo el peso de una masacre todavía más salvaje, sino también extender bajo una fórmula distinta el régimen que se pretendía suprimir. Es ingenuo pensar que un aparato de Estado que se ha vuelto poderoso por medio de una guerra victoriosa dulcificaría la opresión que ejerce sobre su propio pueblo el aparato de Estado enemigo, todavía sería más ingenuo pensar que dejaría que surgiera una revolución proletaria entre el pueblo, aprovechando la derrota sin ahogarla en el mismo momento en la sangre (…) principalmente en caso de guerra hay que escoger entre dificultar el funcionamiento de la máquina militar de la que uno mismo es un engranaje, o bien colaborar con esta máquina a segar ciegamente vidas humanas”.

Simone Weil, Reflexiones sobre la guerra, 1933.

La actual etapa del desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas −que no son más que sus fuerzas destructivas −, trae consigo acontecimientos que se suceden uno tras otro, como una espiral siempre creciente de su crisis generalizada, en donde convergen la crisis del trabajo –que se manifiesta en la expulsión de seres humanos del proceso productivo mismo–, devastaciones ambientales –de las que la pandemia del Covid-19 y el cambio climático son consecuencias directas–, grandes flujos migratorios, entre otras catástrofes que se han vuelto cotidianas. La guerra y el militarismo son inseparables de esta irracional dinámica propia del capitalismo: hoy nos vemos enfrentados a la que se dice es la mayor movilización bélica desde la Segunda Guerra Mundial, con la invasión de la Federación Rusa a Ucrania, bajo la excusa presunta, de enfrentar la “nazificación” y defender la zona separatista del Donbás.

Como si la catástrofe capitalista y las fuerzas de la contrarrevolución que ésta moviliza no fueran suficientes, vemos a grupos que se autodefinen como anticapitalistas defender abiertamente, o de manera solapada, el avance y bombardeo de las tropas rusas sobre las ciudades ucranianas. Un@s por una especie de rusofilia relativa a alguna nostalgia por la URSS, otr@s porque consideran a las fuerzas políticas y militares de occidente con las que se enfrenta Rusia como la encarnación del mal absoluto, y algun@s debido a que consideran que la ofensiva rusa sí tiene realmente como objetivo la defensa de la República Popular de Donetsk y de la República Popular de Lugansk, en Donbás y, que por lo tanto, constituye alguna forma de combate o de apoyo contra el “fascismo” de Ucrania. Así, sectores que van desde el leninismo-estalinismo hasta el anarquismo, no han tardado en encuadrarse a favor de una invasión militar por parte del Estado de una superpotencia mundial y su clase dominante, desechando el internacionalismo y cualquier perspectiva revolucionaria, relativizando las motivaciones y las consecuencias sangrientas de esta guerra imperialista. La experiencia histórica anticapitalista nos ilustra que las guerras imperialistas no son sino la forma en que el capital se reestructura a partir de una disputa bélica entre las distintas facciones de la burguesía internacional, en donde el proletariado es usado como carne de cañón, y la conciencia de que ningún Estado jamás movilizará sus tropas por motivos e intereses que no sean los de su clase dominante, se hacen agua ante la tentación de defender un proyecto de autonomía territorial −en forma de república, por cierto− ante la ofensiva “fascista” que el Estado ucraniano y las milicias irregulares neonazis mantienen contra la región del Donbás. El sinsentido de estas posiciones no resiste un análisis crítico mínimo, ni en su propia lógica −la motivación antifascista− una vez enfrentadas a la realidad, ni tampoco ante una práctica anticapitalista y revolucionaria coherente: el desarrollo y el resultado de la guerra lo confirmarán.

Desde su auge hasta la fecha, la civilización capitalista ha asentado su poderío, entre otras formas, a través de la guerra, que no es más que la continuación de la economía por otros medios. Es decir, una continuación de la perpetua competencia entre distintas facciones de la burguesía por apropiarse de la mayor parte posible de la masa de plusvalía social, la cual por cierto, se encuentra en constante declive, debido al límite de acumulación interno con el cual está chocando el capital. El conflicto bélico ha fomentado, en gran medida, el desarrollo y la innovación industrial, lo que a su vez, posibilitó el desarrollo de las fuerzas productivas aplicadas en el “progreso” técnico, científico e industrial de la máquina militar, con vista a la conquista de recursos naturales, materias primas, regiones, ventajas competitivas en relación a otros Estados y mercados que permitan continuar con la reproducción, cada vez más acrecentada del capital y del poder de la clase capitalista. Si el capital es, ante todo, una forma de organización social que pone a la humanidad y a todo lo que habita en la tierra a merced de una explotación desenfrenada con el único propósito de echar a andar la economía y perpetuar a la clase dominante cuyo poderío depende de ésta, se desprende entonces, que las guerras no tienen otro propósito que perpetuar esta forma específica de reproducción y su consecuente dominación social. Así, las facciones del capital enfrentadas en la obtención de esta base material para asegurar su posición, más o menos hegemónica en la dominación capitalista, deben asegurar este poderío en el plano militar.

En el caso de este conflicto esta dinámica es particularmente ilustrativa: la invasión sobre Ucrania es un movimiento estratégico del imperialismo ruso frente al avance del bloque occidental OTAN-EE.UU. En décadas recientes, el desarrollo tecnológico y científico de la industria armamentista ha hecho posible el desarrollo de armas hipersónicas que podrían, entre otras cosas, tener alcances de potencia atómica. Esto implica que aquel Estado que logre la supremacía en esta área del desarrollo tecnológico contaría con la garantía de su supremacía en el área militar, pues esto brinda la posibilidad de acabar con la infraestructura crítica de la potencia enemiga inmovilizando en poco tiempo su capacidad de respuesta, anulando el riesgo de una represalia de la misma magnitud, superando así el esquema militar de la “Destrucción Mutua Asegurada” (Mutually Assures Destruction o MAD en inglés) que primó y garantizó la paz relativa entre las potencias imperialistas durante la Guerra Fría, en base al equilibrado poder de destrucción atómica de aquel entonces. Así, la posible entrada de Ucrania en el bloque militar de la OTAN y el posterior despliegue armamentístico en su territorio, pone en peligro la “seguridad” del área de influencia de Rusia: esta es la verdadera razón inmediata que provocó el conflicto.

En este mismo sentido, Rusia no pretende prolongar la ocupación territorial y militar sobre Ucrania, sino que mediante la invasión pretende imponer por la fuerza la “neutralidad” del Estado ucraniano ante la OTAN, evitando su adhesión a esta coalición. Y para lograr este fin, Rusia negociará un compromiso con Ucrania, y sí es necesario, derrocará a la actual administración y pondrá un gobierno títere que siga los dictados del Kremlin.

Mientras Putin y el Estado ruso afirman el carácter presuntamente humanitario de su invasión, asegurando que protegen la vida de l@s separatistas del Donbás, l@s líderes de la Unión Europea lloran lágrimas de cocodrilo por l@s civiles que son masacrados en los combates –que ya huyen por cientos de miles de sus hogares–, pero en realidad, les asusta la idea de una guerra que genere un punto de no retorno, que perjudique sus negocios y su dependencia energética. La verdad no se encuentra en las declaraciones públicas de ninguna de las potencias implicadas, sino que en el movimiento de sus fuerzas materiales –económicas, políticas, militares– que constituyen la base real de este conflicto.

Defensa antifascista de la guerra imperialista

Como ya se sabe, las dos autoproclamadas repúblicas de la región del Donbás, Donetsk y Lugansk, han sido asediadas por el ejército ucraniano y por milicias desde hace 8 años, al ser derrocado el gobierno pro-ruso a partir del Euromaidán. El carácter pro-OTAN del gobierno ucraniano desde el 2014 y, en particular, la presencia de fascistas en sus fuerzas armadas y la existencia de bandas armadas irregulares de neonazis que se hicieron visibles en las protestas del Euromaidán y luego en la guerra en el Donbás, más el carácter  “autónomo” y “popular” de las regiones separatistas, movilizó el apoyo de ciertos sectores de la izquierda internacional. Son numerosas las milicias que se componen de voluntari@s antifascistas, marxistas-leninistas y anarquistas. Pero es principalmente lo que se considera por much@s como un combate contra el fascismo el que moviliza la mayoría de estas simpatías. No obstante, lo que ocurre en la zona controlada por l@s separatistas, es mucho más complejo y disímil de lo que much@s creen ver.

Lo cierto es que en la defensa del Donbás no solo luchan contra Ucrania antifascistas e izquierdistas. Las milicias que luchan y han luchado en la defensa de la autonomía de esa región cubren todo el espectro político, incluyendo a voluntari@s de ideologías antagónicas a las de l@s milician@s antifascistas, como lo son algunas agrupaciones de la extrema derecha rusa, por ejemplo, el Movimiento Imperial Ruso y l@s neonazis de Unidad Nacional Rusa –entre muchas otras–, quienes han enviado combatientes desde el inicio del conflicto [1]. Queda claro que las agrupaciones que combaten a favor de la autonomía del Donbás son heterogéneas, ya que sus motivaciones van desde la defensa del experimento de la república autónoma, la protección de los habitantes de la región que sufren las constantes agresiones de Kiev, ciertas formas de nacionalismo pro-ruso, etc., pero, incluso sin la necesidad de un análisis exhaustivo sobre la composición política del frente de la defensa del Donbás, es evidente que está lejos de ser un frente unitario y esencialmente antifascista –con todos los límites que posee esta perspectiva: defensa de la democracia y del Estado, apoyo a una burguesía liberal, interclasismo, etc.–. Claro que esto último bajo ningún caso quiere decir que la región del Donbás no viva una crisis de carácter humanitario a causa de los constantes ataques que el ejército ucraniano y otras fuerzas irregulares realizan contra ésta.

Por otra parte: ¿Representa la “forma” República una posibilidad de emancipación social de las relaciones sociales capitalistas [2]? ¿Puede un Estado, como el ruso, garantizar la autonomía territorial en una región que hoy usa como justificación para dar comienzo a una guerra imperialista? Si de lo que se trata es de la defensa de la vida de los seres humanos que habitan en el Donbás contra los crímenes del Estado ucraniano y sus aliados ¿Cómo es que el ataque de una superpotencia sobre ciudades en las que las que reside población civil, y la crisis que esto supone para millones de personas en el territorio ucraniano, no representa para quienes sostienen esta perspectiva una barbarie similar, un agravamiento considerable de la miseria humana en medio la guerra entre las potencias económicas, entre las distintas facciones del capital?

Además, los crímenes perpetrados por un Estado y por las salvajes milicias neonazis, no vuelven automáticamente a toda la población que habita Ucrania en criminales, ni tampoco, en neonazis. Solo alguien cegado por la ideología podría afirmar que los seres humanos que habitan bajo el dominio de una clase dominante y de su Estado, son solo simples extensiones de esa clase dominante y ese Estado. La relativización o simple omisión de algunos sectores de la izquierda y del antifascismo con respecto a esto último es apabullante. La sinrazón y el desprecio por la vida humana que engendra la lógica capitalista permea incluso a quienes dicen oponerse a los efectos de esta socialización enfermiza. Incluso aunque quisiéramos pensar que la clase dominante en Ucrania es un reflejo de sus habitantes, o si quisiéramos creer que “en Ucrania son tod@s nazis”, como dice estúpidamente la propaganda pro-rusa, esta mistificación se cae apenas intentamos comprender su origen: los movimientos de extrema derecha y neonazis realmente existentes en Ucrania, y en particular el Batallón Azov, agrupación que se hizo conocido en el 2014 al combatir a las milicias de la República Popular de Donetsk, que más tarde pasó a formar parte de la guardia civil ucraniana, y que hoy cuenta con cientos de miembros activos. Esto último ha contribuido a la caracterización de los gobiernos posteriores al Euromaidán como “neonazis”, caracterización a la que ha contribuido enormemente la propaganda rusa. Pero, si bien es cierto que la democracia es donde las distintas facciones políticas de la burguesía se disputan la gestión del capital a través del Estado, también es cierto que durante las últimas elecciones presidenciales en Ucrania del 2019, Svoboda [3] –“Libertad”–, el partido que concentra la adhesión del electorado de extrema derecha, solo obtuvo el 1.62% de los votos. Esto debería bastar para poner en cuestión la caracterización, bastante imprecisa por lo demás, de Ucrania como una nación “nazi” o “ultraderechista”, sobre todo en lo que respecta a su población civil.

Desde que empezó la guerra hemos escuchado y leído afirmaciones del tipo, “todo es útil en la lucha contra el fascismo”, que justifican la invasión de Rusia o la relativizan. Incluso, como nos dicen, si el combate contra el fascismo tiene como objetivo evitar el advenimiento de la barbarie y posibilitar espacios para la emancipación social ¿Cómo es que el afianzamiento político, económico y militar de una potencia capitalista –en desmedro de otra– podría traernos algo distinto de aquello que se pretende evitar? ¿Qué les hace pensar que una facción de la burguesía en un periodo de crisis va a garantizar un menor grado de barbarie que el de sus contrincantes ideológicos? El fascismo implementó de la mano de Hitler, Franco o Mussolini, las medidas que el capital les exigía en su época, las que no fueron fundamentalmente distintas a las que Stalin impuso sobre el proletariado en distintos territorios [4]. Si nuevamente la tesis del antifascismo resulta inviable en lo abstracto, querer revivirla 100 años más tarde se demuestra completamente anacrónico. Para l@s revolucionari@s, y particularmente para l@s anarquistas, la trágica experiencia en la España del ’36, debería bastar para no hacerse ninguna ilusión en torno al antifascismo, que no es más que la defensa de las formas democráticas de gestión capitalista, la conciliación entre clases, la opción por “el mal menor” y el abandono del horizonte revolucionario [5].

De todo lo expuesto en torno a la dinámica capitalista y las guerras que ésta engendra, y también de las observaciones sobre el terreno en el que se desenvuelve este particular conflicto, resulta difícil que pueda surgir la posibilidad de algún tipo de emancipación social en medio de una carnicería encauzada precisamente para perpetuar la dominación de uno de los bloques en disputa, que no significa otra cosa que el recrudecimiento de la dominación capitalista, de la dictadura de la economía por sobre todo lo viviente. Y esto difícilmente puede refutarse: dos guerras mundiales, el genocidio y la desaparición de pueblos enteros, la destrucción psíquica de los individuos bajo su dominio y la destrucción de la biósfera ya han demostrado de sobremanera que la burguesía internacional ya ha hecho su elección desde hace mucho tiempo, y que no dudará en seguir expandiendo sus fuerzas destructivas hasta puntos inimaginables con tal de seguir haciendo funcionar su máquina productiva a sabiendas de que la “torta” cada vez es más pequeña y se reparte en menos partes. Esta guerra imperialista no traerá otra cosa que una restructuración global capitalista en medio de una crisis que no deja de profundizarse. Por lo tanto, se desprende que quienes defienden un bando en esta guerra no hacen sino, a pesar de sus intenciones, posicionarse del lado de la defensa del orden existente.

Crisis de la conciencia y conciencia de la crisis

Las distintas fases de desarrollo capitalista engendran sus propias formas de socialización y con ello los límites correspondientes de su conciencia. En la génesis del movimiento obrero, las guerras imperialistas se encontraron con una oposición consciente de algunos sectores movilizados del proletariado. El estado rudimentario de la sociedad capitalista de aquel entonces contrapuesta a la actividad desarrollada por el proletariado, por lo menos, desde medio siglo antes, permitió el surgimiento de un temprano internacionalismo para luchar contra la guerra y el capital. La conciencia de la necesidad de una perspectiva internacional y la conclusión de que ésta no puede sino afirmarse oponiéndose a la totalidad de las fuerzas burguesas enfrentadas en la guerra es la premisa lógica para un movimiento de emancipación global. Es en medio de este panorama que los sectores más consecuentes del proletariado opusieron en 1914 a la guerra imperialista –pese a la deriva chovinista y patriotera de la mayoría– la consigna del derrotismo revolucionario: abatir en el propio territorio a todas las facciones de su propia burguesía. Aun así, esta posición solo hizo eco en miles de proletarios movilizados en los frentes, al volverse la guerra una carga insostenible para las condiciones de vida de la clase trabajadora en general. En el actual conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, si bien puede que no tenga resultados inmediatos llamar al derrotismo revolucionario [6], es importante señalar la perspectiva internacionalista, sobre todo, por la constatación de ciclos de revuelta a nivel mundial que se han vivido en los últimos años: la crisis de la conciencia se revela de forma trágica como la conciencia de la crisis.

Hoy, sin embargo, las condiciones materiales han cambiado y suman una multiplicidad de elementos a tomar en consideración. En este contexto presenciamos la proliferación y la agudización de viejas tendencias nacionalistas y reaccionarias: los ataques xenófobos en el norte de la región chilena, el surgimiento de nuevos nacionalismos y hasta el conservadurismo del islamismo radical, son síntomas de esto. Este desarrollo tiene una dinámica paradójica pues mientras más entra en crisis el capital, que es el fundamento empírico del Estado-nación, más se exacerban las tendencias conservadoras como respuesta a esta crisis, como formas de preservar por la fuerza una normalidad que se desmorona por todos lados. Con motivaciones distintas, la exacerbación de las tendencias reaccionarias que achacan a “chivos expiatorios” la degradación de nuestra existencia, expresan una crítica superficial, parcial y truncada al sistema, caldo de cultivo para las maniobras de un neopopulismo que se muestra “rebelde” y “refractario”. Lamentablemente, esta visión fragmentada también golpea a l@s revolucionari@s. Aun así, el desarrollo del capital, la reestructuración de la relación capital/trabajo y la profundización de las relaciones basadas en la mercancía, en tanto sistema social global e interdependiente, han creado y exigen una nueva base sobre la cual plantear la necesidad de una comunidad humana liberada de mediaciones que mantienen su dominación: el Estado y el Capital.

Lo que llaman el reordenamiento “geopolítico”, no es más que la vieja disputa interburguesa, agravada por la profunda crisis de valorización que viene azotándonos desde el 2008. La barbarie capitalista está presente desde sus inicios y en su devenir ha superado varios límites a costa de la sangre y miseria del proletariado: hoy vemos como sigue intentando superar su contradicción fundamental acelerando las transformaciones del modo de producción capitalista y reorganizando por la fuerza  de las armas a los capitales dominantes, lo cual sólo puede profundizar la crisis –aniquilando literalmente población sobrante, expulsando el trabajo humano del proceso de producción y destruyendo la tierra para intentar valorizarse–. La guerra entre Rusia y Ucrania es consecuencia directa de esta crisis que obliga a los capitales y a sus Estados a las ya clásicas disputas por recursos, mercados y territorios, pero con una capacidad destructiva de un alcance nunca antes visto: la carrera armamentística así lo testifica. La confusión que genera entre sectores radicales no puede ser obviada, es ante esto que se hace necesario defender los principios revolucionarios indicando la naturaleza de la guerra en el actual contexto y la descomposición social en esa zona geográfica desde la caída de la URSS. El proletariado está recién levantando cabeza luego de la última derrota que sufrió tras el ciclo de luchas 60-70, y expresa que las necesidades materiales de nuestra existencia no solo ya no pueden ser resueltas por las relaciones sociales capitalistas, sino que éstas últimas han instaurado el riesgo de extinción [7]. Estamos, por tanto, en una situación histórica cualitativamente distinta, donde no existe nada parecido a la vieja clase obrera ni a su movimiento internacional organizado: hay que asumir de una buena vez que estas condiciones no volverán. Las promesas de seguridad y bienestar que el capitalismo publicitó por décadas, se diluyen por todas partes, y en su lugar acecha el estado de excepción permanente y una degradación creciente, sin precedentes, de nuestras condiciones de vida. Sin embargo, son las mismas condiciones que ha impuesto la disolución de estas antiguas formas de socialización y la crisis del capital las que han creado la base para un internacionalismo de nuevo tipo: al poner a todo el mundo en la misma situación catastrófica, la crisis estructural que padecemos, nos empuja a la alianza entre l@s explotad@s del mundo como una respuesta necesaria ante la crisis, ante la devastación del planeta y la amenaza constante de guerra, única solución realista contra la destrucción impuesta por la irracionalidad capitalista y su efecto sobre los seres humanos que padecen su socialización. Cada vez se vuelve más claro que solo hay dos opciones: comunidad humana internacional o apocalipsis capitalista.

Vamos Hacia la Vida, marzo de 2022

[1] Ver: “Antifascismo y extrema derecha: compañeros de armas en el Donbáss”: https://politikon.es/2014/11/14/antifascismo-y-extrema-derecha-companeros-de-armas-en-el-donbass/

[2] Ni siquiera la aplicación de la estrategia leninista del “derecho a la autodeterminación de las naciones” resiste análisis alguno; a principios del siglo XX, cuando aún los regímenes de algunas colonias no habían desintegrado totalmente las relaciones comunitarias, ya fue denunciada como contrarrevolucionaria por compañer@s como Rosa Luxemburg y las distintas izquierdas comunistas: “no hicieron otra cosa que prestar a la burguesía de todos los países limítrofes el mejor de los pretextos, y hasta la bandera para sus aspiraciones contrarrevolucionarias”. Hoy, un siglo después, esta propuesta demuestra ser una excusa y bandera para el imperialismo de la Federación Rusa. Por otra parte, el concepto de pueblo para referirse a la población de un país no tiene sentido alguno frente a una sociedad dividida en clases a nivel mundial.

[3] Que defiende el antisemitismo, la implantación de un único idioma nacional, el militarismo, el etnocentrismo, el criptoracismo, la homofobia, el antiabortismo, y la nacionalización de empresas.

[4] Estado hipercentralizado, aparato represivo omnipresente, conservadurismo valórico, chovinismo, militarización del trabajo, campos de concentración, persecución a la disidencia, etc.

[5] En este sentido recomendamos: “Fascismo / Antifascismo” de Gilles Dauvé; “Resumen de las Tesis de Amadeo Bordiga sobre el fascismo en 1921-1922” de Agustín Guillamón.

[6] A pesar de lo anteriormente señalado, es necesario que las minorías revolucionarias denuncien la guerra imperialista sin tapujos, frente a tanta desorientación y seguidismo programático burgués en que cae la izquierda, pero también sectores del anarquismo, frente a conflictos bélicos como éste. La agitación y la propaganda por el derrotismo revolucionario, el sabotaje y la deserción, aunque no sea efectiva en lo inmediato, es necesaria como perspectiva revolucionaria. En este sentido recomendamos leer los siguientes textos –entre muchos otros–: “Algunas posiciones fundamentales del internacionalismo proletario” del grupo Barbaria (https://barbaria.net/2022/02/26/algunas-posiciones-fundamentales-del-internacionalismo-proletario/); “¡Proletarios en Rusia y en Ucrania! En el frente de producción y en el frente militar… ¡Camaradas!” de Třídní Válka (https://www.autistici.org/tridnivalka/proletarios-en-rusia-y-en-ucrania-en-el-frente-de-produccion-y-en-el-frente-militar-camaradas/); “La guerra ha comenzado” del KRAS-AIT (https://www.iwa-ait.org/es/content/kras-ait-contra-la-guerra).

[7] Veáse: Camatte, Jacques (2021) Instauración del riesgo de extinción. Santiago: Vamos hacia la vida.

¡El enemigo principal está en el propio país!

Fuente: https://panfletossubversivos.blogspot.com/2022/03/el-enemigo-principal-esta-en-el-propio.html

Sin entrar aquí en los detalles de las causas del enfrentamiento entre Rusia y el bloque occidental dominado por los Estados Unidos y que ha desembocado en la guerra en territorio ucranio, el lavado de cerebro del capitalismo que impera como dueño absoluto en todas las latitudes es idéntico al de hace más de un siglo, el mismo que en 1914, el mismo que en 1939, el mismo que en todas la guerras que han estallado desde entonces en el mundo. En efecto, los conflictos bélicos no han cesado jamás. La guerra es intrínseca al capital.

Y, frente a esa situación, nuestra respuesta ha de ser la misma que la de los revolucionarios, necesariamente internacionalistas, de antaño.

Frente a la agresión rusa, los Estados capitalistas que se oponen a esta no paran de insistir en las atrocidades del imperialismo ruso, dentro de sus fronteras y fuera de las mismas. ¡Como si estos Estados muy democráticos y civilizados no tuvieran las manos llenas de sangre, como si estos Estados sólo desearan el bienestar de sus esclavos llamados, de vez en cuando, a elegir a través de las urnas a quienes gestionarán los frutos de su explotación!

Así pues, estos Estados insisten una y otra vez con la resistencia de la población ucrania frente a la invasión de “su” territorio por parte de las fuerzas militares rusas. Asimismo, no paran de ensalzar, aplaudir y venerar la defensa de la patria. No obstante, no puede obviarse que centenares de miles de ucranianos intentan huir de “su” territorio y que los hombres de entre 18 y 60 años tienen prohibido salir del país. Además, les regalan, ¡como no!, un espléndido fusil Kalashnikov para que puedan apuntar y disparar a los soldados rusos y puedan morir defendiendo la independencia de “su” país.

En cuanto a los soldados rusos también pueden remontarse a la Edad Media y reivindicar, por qué no, al Estado eslavo oriental de la Rus de Kiev, la entidad común en la historia de los tres Estados eslavos actuales: Bielorrusia, Rusia y Ucrania; y también pueden reivindicar a la Gran Rusia que incluía a Ucrania bajo el dominio de los zares, o bajo el dominio de Stalin, entonces llamada falazmente URSS, cuando no tenía nada ni de soviética ni de socialista. Rusia, enviando a sus tropas y a sus medios de destrucción pretende recuperar esta tierra que era suya, dice, tanto más que para ella, jamás de los jamases Ucrania puede formar parte de la OTAN, ese bloque imperialista enemigo de siempre.

La clase de los esclavos asalariados, la clase de los proletarios, mercancías con dos patas que el capitalismo mundial utiliza a su conveniencia y arroja a la basura cuando ya no las necesita, esta clase que es la nuestra, nada tiene que defender en todo ello. No ha de servir de carne de cañón. En tiempos de paz como en tiempos de guerra siempre es ella la que paga el pato.

Que esta clase, la nuestra, no se olvide que cuando protesta, cuando se subleva, las potencias capitalistas que se enfrentan entre ellas en pro de sus propios intereses y de sus beneficios, así como las diferentes fracciones capitalistas de un mismo país que se enfrentan entre ellas por idénticas razones, siempre SE UNEN, como por arte de magia, para aplastar el movimiento de subversión social donde quiera que se manifieste.

Esos fusiles kalashnikov que el poder ucranio está dispuesto a distribuir, incluso a imponer a su población civil de entre 18 y 60 años, la clase de los explotados debería dirigirlos contra él para detener la guerra fraternizando a la vez con los soldados rusos que deberían, ellos también, dirigir sus armas contra sus oficiales y su propio Estado.

¡Sepamos proletarios que el sistema que nos explota como meras mercancías desechables creadoras de valor, no es nada sin nosotros! Por muy lejos que estemos actualmente de actuar como clase unida y solidaria, la única solución consiste en acabar mundialmente con el capitalismo bajo todas sus formas políticas. Es la única forma de erradicar una vez por todas las causas de las guerras imperialistas!

Ni una sola gota más de sangre en defensa de la patria!

Como bien dijo Karl Liebknecht cuando la primera Guerra Mundial, “el enemigo principal está en el propio país”.

¡Proletarios de todos los países, unámonos, suprimamos los ejércitos, las policías, la producción de guerra, las fronteras, el trabajo asalariado!

¡Por una sociedad sin clases!

2 de marzo de 2022, España.

Esclavo Asalariado Internacionalista

KRAS-AIT acerca de la guerra en Ucrania

Fuente: https://grupomoiras.noblogs.org/post/2022/03/13/kras-ait-acerca-de-la-guerra-en-ucrania

Ante la velocidad con que avanzan los acontecimientos de la guerra en Ucrania y lo fragmentario, confuso y sesgado de las informaciones que nos llegan por los diferentes medios informativos, el grupo Moiras decidió enviar esta semana unas preguntas a la sección rusa de la AIT, con el fin de obtener una perspectiva libertaria acerca del conflicto que nos ayude a posicionarnos y a tomar decisiones en base a un conocimiento ampliado. En el texto que viene a continuación se recogen estas preguntas junto a las respuestas enviadas por KRAS, a quienes desde aquí agradecemos su rápida y clarificadora contestación.

Moiras: En vuestro comunicado a la AIT acerca de la guerra en Ucrania, apuntáis a los mercados del gas como motivo principal del conflicto. Querríamos que nos explicaseis más acerca de cuáles son los intereses capitalistas concretos tras esta guerra, tanto del lado ruso como del de los países pro-OTAN, y que nos contaseis acerca de la evolución reciente de la política de vuestra zona, en función de estos mercados y su influencia en la economía de los países occidentales. Estas informaciones suelen quedar en un segundo plano en la versión de los medios de comunicación aquí, muy centrados en la actualidad diaria, pero donde hay poco análisis.

KRAS: En primer lugar, es necesario comprender que existen diferentes niveles de conflicto y diferentes niveles de contradicciones intercapitalistas. A nivel regional, la guerra de hoy es solo una continuación de la lucha entre las castas gobernantes de los estados postsoviéticos por la redivisión del espacio postsoviético. Contrariamente al mito popular, la Unión Soviética se derrumbó no como resultado de los movimientos de liberación popular, sino como resultado de las acciones de una parte de la nomenklatura gobernante, que dividió territorios y zonas de influencia entre ellos, cuando los métodos habituales y establecidos de su dominio estaba en crisis. Desde esa división inicial, que se basó en el equilibrio de poder de entonces, se ha desarrollado una lucha constante por la redistribución de territorios y recursos, lo que lleva a guerras constantes en toda la región postsoviética. Al mismo tiempo, las clases dominantes de todos los estados postsoviéticos (todos ellos, en un grado u otro, provienen de la nomenklatura soviética o de sus sucesores) han adoptado el nacionalismo militante en la ideología, el neoliberalismo en la economía y métodos autoritarios de gestión en la política.

El segundo nivel de conflicto es la lucha por la hegemonía en el espacio postsoviético entre el Estado más fuerte de la región, Rusia, que se dice potencia regional y considera a todo el espacio postsoviético como una zona de sus intereses hegemónicos, y los estados del bloque occidental (aunque aquí, también, los intereses y aspiraciones de los Estados Unidos y los estados europeos individuales de la OTAN y la UE pueden no ser exactamente los mismos). Ambas partes buscan establecer su control económico y político sobre los países de la antigua Unión Soviética. De ahí el choque entre la expansión de la OTAN hacia el Este y el deseo de Rusia de asegurar estos países bajo su influencia.

El tercer nivel de contradicciones es de carácter económico-estratégico. No es coincidencia que la Rusia moderna se llame “un apéndice del gasoducto y el oleoducto”. Rusia juega hoy en el mercado mundial, en primer lugar, el papel de proveedor de recursos energéticos, gas y petróleo. La clase dominante depredadora y completamente corrupta, puramente parasitaria en su esencia, no comenzó a invertir en la diversificación de la estructura económica, contentándose con las superganancias de los suministros de gas y petróleo. Mientras tanto, el capital y los estados occidentales están iniciando la transición hacia una nueva estructura energética, la llamada “energía verde”, encaminada a reducir el consumo de gas y petróleo en el futuro. Para el capital ruso y su economía, esto significará el mismo colapso estratégico que la caída de los precios del petróleo provocó en su momento para la economía soviética. Por lo tanto, el Kremlin busca evitar este vuelco energético, o ralentizarlo, o al menos lograr condiciones más favorables para sí mismo en la redistribución del mercado energético. Por ejemplo, buscar contratos de suministro a largo plazo y mejores precios, apartar a los competidores, etc. Si es necesario, esto puede implicar una presión directa sobre Occidente de diversas formas.

Finalmente, el cuarto nivel (global) son las contradicciones entre las principales superpotencias capitalistas, los Estados Unidos en retirada y China en el avance, alrededor de los cuales se están formando bloques de aliados, vasallos y satélites. Ambos países se disputan hoy la hegemonía mundial. Para China, con su estrategia de “un cinturón, un camino”, la conquista gradual de las economías de Asia, África, América Latina y la penetración en Europa, Rusia es un importante socio menor. La respuesta de Estados Unidos y sus aliados en el Occidente es la expansión de la OTAN hacia el Este, acercándose a través de Ucrania y Georgia al Cercano y Medio Oriente y sus recursos. Este es también un tipo de proyecto de “cinturón”. Encuentra la resistencia de los rivales imperialistas: China y Rusia, que dependen cada vez más de él.

Al mismo tiempo, no debe pasarse por alto el aspecto político interno. La crisis del Covid ha expuesto la profunda inestabilidad interna de la estructura política, económica y social de todos los países del mundo. Esto también se aplica a los estados de Occidente, Rusia, Ucrania, etc. El deterioro de las condiciones de vida, el crecimiento de los precios y la desigualdad social, la indignación masiva de la población con medidas y prohibiciones coercitivas y dictatoriales dieron lugar a un descontento generalizado en la sociedad. Y en tales situaciones, las clases dominantes siempre han recurrido a métodos probados para restaurar la notoria “unidad nacional” y la confianza de la población en el poder: creando la imagen de un enemigo y azuzando la histeria militar, hasta una “pequeña guerra victoriosa”.

Moiras: En los países de la Unión Europea los medios de comunicación, haciendo eco de los gobiernos, nos repiten continuamente que Putin es el único responsable de esta guerra. Conociendo el historial de la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, pensamos que esto no es así. ¿Cómo explicar esto a nuestras poblaciones sin que parezca que estamos justificando el ataque ruso y que nos ponemos del lado del gobierno Putin?

KRAS: Desafortunadamente, la conciencia pública masiva tiende a buscar respuestas simples y crudas a las preguntas. No tenemos motivos para simpatizar con el dueño del Kremlin y su administración. Sus políticas neoliberales han llevado a un verdadero colapso de los sistemas de salud, educación, a la pobreza de los jubilados y trabajadores del sector público de la provincia. Los salarios en el país son monstruosamente bajos, el movimiento obrero está realmente paralizado… Pero, independientemente de esto, entendemos que todo esto es producto de cierto sistema basado en el Estado y el Capital. No vivimos en el siglo XVII, no en la era de las monarquías absolutistas. Considerar todo lo que sucede en el mundo como obra de unos pocos “héroes” o “antihéroes” individuales es cuando menos ingenuo, pero de hecho es una de las formas de la misma teoría de la conspiración. Esto fue perdonable en el siglo XIX por el romántico Carlyle o el escritor Alexandre Dumas. Pero en nuestro tiempo ya vale la pena entender que el mundo es mucho más complicado, y que el capitalismo, como sistema social, funciona de otra manera. Por lo tanto, nuestra tarea es explicar a las personas la condicionalidad sistémica de los problemas que sacuden al mundo de hoy. Incluyendo las guerras de este mundo. Y que la única forma de resolver estos problemas es destruir el sistema social que los crea.

Moiras: Se están reproduciendo los esquemas de la Guerra Fría, de forma que parece que si criticas un lado es porque estás con el otro. Esto a los anarquistas les resulta muy problemático, sobre todo cuando no tenemos fuerza social. Queremos actuar, pero tememos vernos arrastrados y utilizados por los ejércitos de los estados. En las manifestaciones que están teniendo lugar en nuestras ciudades se está mezclando la proclama de “no a la guerra” con las peticiones de intervención de la OTAN. El periodismo afecto al gobierno del partido socialista español, el PSOE, nos presenta la necesidad de intervenir, a veces trazando un paralelo histórico con la guerra civil española y las consecuencias de no intervención de los países europeos, o la participación de los exiliados españoles en Francia, muchos anarquistas, en el ejército francés en contra de los nazis. ¿Qué hacer? ¿Pacifismo y no intervención, como fue la postura mayoritaria del anarquismo frente a la I Guerra Mundial, o apoyar a la resistencia ucraniana contra la invasión de las tropas rusas? ¿Podría considerarse esta segunda opción como acción internacionalista contra el imperialismo?

KRAS: Desde nuestro punto de vista, no hay comparación con la situación de la guerra civil en España y no puede serlo. Los anarquistas españoles propugnaban una revolución social. Del mismo modo, no puede haber comparación entre, por ejemplo, el movimiento makhnovista en Ucrania y la defensa del Estado ucraniano moderno. Sí, Makhno luchó contra los invasores extranjeros, austro-alemanes, y contra los nacionalistas ucranianos, y contra los blancos y, al final, contra los rojos. Pero los partisanos makhnovistas lucharon no por la independencia política de Ucrania (que, de hecho, les era indiferente), sino en defensa de sus logros sociales revolucionarios: por la tierra campesina y la gestión obrera de la industria, por soviets libres. En la guerra actual, estamos hablando exclusivamente del enfrentamiento entre dos estados, dos grupos de capitalistas, dos nacionalismos. No corresponde a los anarquistas elegir el “mal menor” entre ellos. No queremos la victoria ni para uno ni para otro. Toda nuestra simpatía va para los trabajadores comunes y corrientes que mueren hoy bajo proyectiles, cohetes y bombas.

Al mismo tiempo, vale la pena recordar que la posición de la mayoría de los anarquistas en la Primera Guerra Mundial no es simplemente pacifista. Esto, como se afirma en el manifiesto contra la guerra de 1915, es un camino para convertir la guerra imperialista en una revolución social. Cualesquiera que sean las posibilidades de lograr esto en el momento presente, los anarquistas, en nuestra opinión, deberían formular y propagar constantemente tal perspectiva.

Moiras: Por otro lado, nos llegan por internet imágenes de grupos armados que se presentan como batallón anarquista en el ejército ucraniano, ¿sabéis si realmente son anarquistas y cuál es su manera de ver el conflicto? Y en cuanto a la dependencia de las armas occidentales para combatir el ataque ruso, ¿eso no condiciona demasiado la posibilidad de batallones libertarios en el ejército o de una guerrilla anarquista ucraniana independiente? ¿Sabéis qué ha quedado de la majnovichina, la revolución anarquista de hace un siglo, en la memoria del pueblo ucraniano? ¿Existe un movimiento anarquista en Ucrania hoy?

KRAS: En 2014, el movimiento anarquista ucraniano se dividió entre quienes apoyaron la protesta liberal-nacionalista en Maidan y luego ayudaron al nuevo gobierno contra los separatistas de Donbass y quienes intentaron adoptar una posición más internacionalista. Desafortunadamente, el segundo fue menos, pero lo fueron. Ahora la situación es similar, pero aún más aguda. A grandes rasgos, hay tres posiciones. Algunos grupos (como “Nihilista” y “Acción Revolucionaria” en Kiev) consideran lo que está sucediendo como una guerra contra el imperialismo ruso y la dictadura de Putin. Apoyan plenamente al estado nacionalista ucraniano y sus esfuerzos militares en esta guerra. La infame foto de los combatientes “anarquistas” en uniforme muestra exactamente a los representantes de esta tendencia: muestra específicamente a los fanáticos del club de fútbol “antifascista” Arsenal y a los participantes de la “Acción Revolucionaria”. Estos “antifascistas” ni siquiera se avergüenzan por el hecho de que formaciones armadas abiertamente profascistas, como Azov, se encuentran entre las tropas ucranianas.

La segunda posición está representada, por ejemplo, por el grupo “Estandarte Negro” de Kiev y Lvov. Antes de la guerra, fue una dura crítica del estado ucraniano, la clase dominante, sus políticas neoliberales y el nacionalismo. Con el estallido de la guerra, el grupo declaró que el capitalismo y los gobernantes de ambos lados tenían la culpa de la guerra, pero al mismo tiempo llamó a unirse a las fuerzas de las llamadas “autodefensas territoriales” – unidades militares voluntarias de infantería ligera, que se forman sobre una base territorial, sobre el terreno –.

La tercera posición es expresada por el grupo “Asamblea” en Kharkov. También condena a ambos lados del conflicto, aunque considera al estado del Kremlin como la fuerza más peligrosa y reaccionaria. No llama a unirse a formaciones armadas. Los activistas del grupo ahora están organizando la asistencia a la población civil y las víctimas de los bombardeos del ejército ruso.

La participación de anarquistas en esta guerra como parte de las formaciones armadas que operan en Ucrania, la consideramos una ruptura con la idea y causa del anarquismo. Estas formaciones no son independientes, están subordinadas al ejército ucraniano y llevan a cabo las tareas establecidas por las autoridades. En ellos no se plantean programas ni demandas sociales. Las esperanzas de llevar a cabo una agitación anarquista entre ellos son dudosas. No hay revolución social que deba ser defendida en Ucrania. En otras palabras, esas personas que se autodenominan anarquistas son simplemente enviadas a “defender la patria” y el Estado, haciendo el papel de carne de cañón del Capital y fortaleciendo los sentimientos nacionalistas y militaristas entre las masas.

Moiras: En nuestros pueblos las comunidades de trabajadores migrantes ucranianos, con la colaboración de organizaciones humanitarias y ayuntamientos, están organizando la recogida y envío a Ucrania de alimentos, ropa de abrigo, medicamentos…La población española es muy solidaria pero ni la guerra ni la pandemia del covid parecen haber servido a nuestras sociedades para cuestionarse las dependencias de recursos energéticos y materias primas, dependencias que sostienen el neocolonialismo y destrozan el equilibrio natural del planeta. Ante la escasez de recursos, se prevé una vuelta al carbón y un impulso a las nucleares. ¿Quizá la sociedad rusa es más consciente de los peligros y de la necesidad de alternativas? ¿Existe algún plan de acción en este sentido desde los movimientos sociales? ¿Qué se plantea la KRAS y la AIT acerca de esto?

KRAS: Desafortunadamente, el estado de los movimientos sociales en la Rusia moderna es deplorable. Es cierto que, incluso en los últimos años, ha habido varias protestas ambientales activas y persistentes a nivel local: contra los basureros, los incineradores de desechos o la destrucción ambiental por parte de la industria minera, incluida la minería del carbón. Pero nunca resultaron en un movimiento poderoso a nivel de país como un todo. En cuanto a la lucha contra la energía atómica y las plantas de energía nuclear, que alcanzó su punto máximo en la Unión Soviética y Rusia a fines de los años 80 y 90, prácticamente no hay tales levantamientos ahora.

Moiras: Las manifestaciones de rusos contra la guerra, ayudan a comprender a los pueblos europeos que no son los rusos los que atacan Ucrania, sino el ejército del estado que gobierna Rusia. Esto lo están reflejando los medios de comunicación en nuestros países, y sabemos que son miles de detenidos allí en Rusia a raíz de las demostraciones, ¿cómo está afectando esto al anarquismo ruso? ¿qué va a suponer para vuestra libertad de expresión y de acción en vuestro país?

KRAS: Las manifestaciones y otras acciones diversas contra la guerra no han cesado todos los días desde el primer día. Miles de personas participan en ellos. Las autoridades prohíben su celebración bajo el pretexto de “restricciones anticovid” y los dispersan brutalmente. En total, hasta el 8 de marzo, unas 11 mil personas fueron detenidas durante manifestaciones en más de 100 ciudades del país. La mayoría se enfrenta a multas de 10.000 a 20.000 rublos por realizar una protesta “no autorizada”. Sin embargo, ya hay acusaciones más crueles: 28 personas ya fueron acusadas de vandalismo, extremismo, violencia contra los autoridades, etc., por lo que enfrentan penas de hasta muchos años de prisión. Las autoridades claramente están usando la guerra como una oportunidad para “apretar los tornillos” dentro del país. Los medios de comunicación críticos están cerrados o bloqueados. Se está librando una histérica campaña de guerra en los medios oficiales. Se ha aprobado una ley según la cual la difusión de “información falsa” sobre las actividades del ejército y el “descrédito del ejército”, así como la resistencia a la policía, se castigan con hasta 15 años de prisión. Incluso se ha presentado un proyecto de ley al parlamento que permitiría enviar al frente a los opositores a la guerra arrestados. Las personas son despedidas de sus trabajos, los estudiantes son expulsados de las universidades por discursos contra la guerra. Se introdujo la censura militar.

En esta situación, el pequeño y dividido movimiento anarquista en Rusia está haciendo lo que puede. Algunos participan en manifestaciones de protesta. Entonces, dos de nuestros compañeros también fueron detenidos y multados. Otros son críticos con estas manifestaciones, ya que los llamados a ellas a menudo provienen de la oposición liberal de derecha y, a menudo, no son tanto contra la guerra como pro-ucranianos (y, a veces, incluso pro-OTAN). Queda la posibilidad de ir a las manifestaciones con sus consignas y carteles (algunos anarquistas lo hacen), o de emprender pequeñas acciones independientes y descentralizadas. Los anarquistas escriben consignas contra la guerra en las paredes, pintan grafitis, pegan calcomanías y folletos, cuelgan pancartas contra la guerra. Es importante transmitir al pueblo nuestra posición especial e independiente, al mismo tiempo antibelicista, anticapitalista, antiautoritario e internacionalista.

Otra vez sobre “anarquistas” que olvidan los principios

Fuente: https://www.aitrus.info/node/5974/

La sección de la Asociación Internacional de Trabajadores en la región de Rusia llama a boicotear a los provocadores y estafadores que se esconden detrás del nombre de “anarquistas” y denuncian a los activistas de nuestra organización.

Nuestra posición contra la guerra librada por las oligarquías capitalistas por la repartición del “espacio postsoviético” es recibida con comprensión y apoyo por parte de anarquistas internacionalistas en Ucrania, Moldavia y Lituania, con quienes mantenemos contactos.

Pero desde el comienzo mismo de la guerra ruso-ucraniana, los llamados “anarquistas”, que abandonaron la tradicional posición anarquista internacionalista de derrotar a todos los estados y naciones y apoyan a una de las partes en conflicto, lanzaron una campaña de calumnias contra nuestra organización.

Por ejemplo, los ex anarquistas Anatoly Dubovik y Oleksandr Kolchenko que viven en Ucrania han publicado los nombres y direcciones de nuestros activistas en Internet abierto. El primero de ellos escribió el texto correspondiente, y el segundo le dio su cuenta de Facebook para que lo publicara y lo aprobara. El pretexto fue que nuestra organización adopta una posición internacionalista consecuente y condena tanto la invasión rusa de Ucrania como el nacionalismo ucraniano y la política expansionista del bloque de la OTAN.

Los Sres. Dubovik y Kolchenko intentaron desvergonzadamente y con desfachatez calumniar a la nuestra sección de la AIT, sin ninguna razón tratando de atribuirnos una posición en defensa del Kremlin. Al mismo tiempo, admiten que estamos pidiendo a los soldados ucranianos y rusos que se nieguen a luchar.

¡Esto último significa que estos anarquistas imaginarios, al publicar las direcciones de los activistas contra la guerra ubicados en Rusia, están incitando directamente a los servicios secretos rusos y a los matones nacionalistas contra ellos, como oponentes a la guerra, para tratar con ellos con sus manos! En las condiciones de hostigamiento, despidos, amenazas y represalias físicas constantes contra personas de mentalidad antimilitarista en Rusia, tales acciones equivalen a una denuncia real con una indicación directa de a quién deben dirigir su atención las fuerzas represivas.

Una vez más, los nacionalistas de ambos lados del frente, siguiendo la lógica de “quien no está con nosotros está contra nosotros”, están listos para destruir juntos a sus principales oponentes: los internacionalistas que se niegan a elegir entre los estados en guerra y las camarillas burguesas, entre la peste y el cólera.

¡Los anarquistas de todo el mundo deberían ser conscientes de los actos vergonzosos de los provocadores-informantes y negarse de una vez por todas a tener nada que ver con ellos, echándolos para siempre del entorno anarquista y enviándolos a sus patrocinadores y amos de los servicios secretas y la policía secreta!

La declaración fue aprobada en referéndum de los militantes de la KRAS-AIT

Lo que significa realmente el derrotismo internacionalista revolucionario en la guerra “ucraniana”

Fuente: https://inter-rev.foroactivo.com/t10985-lo-que-significa-realmente-el-derrotismo-internacionalista-revolucionario-en-la-guerra-ucraniana-fredo-corvo-y-anibal/

Para nosotros, no sólo vemos al proletariado tal como es ahora
lo que cree y cómo actúa ahora,
sino como lo que se verá obligado a hacer. O mejor,
lo que puede llegar a hacer cuando se le somete a la prueba de la historia.

(Parafraseando a Marx)

Al principio de la guerra en Ucrania, aparecieron algunas posiciones que reivindicaban -de palabra- el internacionalismo y la lucha revolucionaria contra el capital. Pero en realidad, proponían la participación en la guerra del lado de Ucrania. Lo hemos visto en el Reino Unido, en Alemania y en España. Los argumentos utilizados son en parte idénticos a los de algunos trotskistas, el autonomismo a la italiana, o los anarquistas que participan en la guerra del lado de Ucrania. Como algunas de estas posiciones provienen de grupos e individuos hasta ahora pro revolución proletaria, nos pareció urgente discutir con ellos. Descubrimos que su impaciencia queriendo “hacer algo ahora” es la contrapartida perdida de una estrategia basada en el derrotismo revolucionario internacionalista. [1]

Falta de autonomía de clase

Los que se han deslizado hacia la participación en la guerra reconocen generalmente que la guerra tiene un carácter interimperialista y capitalista. Pero insisten una y otra vez en que la causa de la resistencia ucraniana merece consideración ya que el proletariado, carente de autonomía de clase, participa en esta resistencia para defenderse de la invasión rusa.

Por supuesto, el proletariado en las dos partes en que se ha dividido Ucrania muestra una peligrosa falta de autonomía de clase. Lo mismo ocurre con el proletariado de Rusia y el de “Occidente” (EEUU, países de OTAN, AUKUS y U.E., etc.). En resumen, el proletariado mundial carece de autonomía de clase, aunque ésta sea entendida de forma limitada, como conciencia de tener intereses diferentes a los de la clase capitalista y como la lucha por defender su situación de vida frente a los crecientes ataques del capital. La guerra en Ucrania en realidad no es un problema ucraniano. La guerra en sí no es una guerra nacional o una guerra ucraniana, ni siquiera una guerra de “liberación nacional”. Si esto último fuera cierto, deberíamos preguntarnos si la guerra está “justificada” desde el lado de Kiev, o de las repúblicas del Donbás, o incluso ambos. Esta guerra, por ser una guerra interimperialista, como todas las guerras desde principios del siglo XX, es un problema para el proletariado de todos los países. El proletariado internacional ya está pagando su precio en un deterioro de su situación de vida y de trabajo, en una amenaza de destrucción nuclear y medioambiental total. Por lo tanto, es un error centrarse en los acontecimientos actuales en Ucrania que nos llegan filtrados por la propaganda de guerra de ambos bandos, pero sobre todo de “nuestro” lado burgués. Esto es aún más cierto si nos damos cuenta de que el derrotismo es lo más difícil en el campo de batalla, tanto para soldados como para los civiles en la zona de guerra. Como vemos con las mínimas manifestaciones de los “ciudadanos” en Rusia, en el “frente interno”, hay más posibilidades que podrían culminar en acciones de masas industriales a gran escala contra la guerra y sus consecuencias para los trabajadores.

Estas son algunas de las razones que justifican la necesidad de una estrategia revolucionaria que no se limite a unas pegadizas consignas.

a. Comienzo de la invasión rusa

Al principio de la guerra (o de la guerra que asola Ucrania desde 2014, y que se agrava con la invasión rusa de 2022), la voluntad de hacer algo inmediatamente llevó a muchos a defender la causa burguesa ucraniana de resistencia armada nacional-popular, y en particular a sus facciones democráticas, defendiendo el suministro de armas para la defensa ucraniana contra Rusia y su ejército, es decir, lo que la OTAN y el “propio” gobierno “occidental” están haciendo. Esto se entendió falsamente como una “acción positiva” desde la “comprensión” de lo que los ucranianos están haciendo ante la invasión rusa. En ese período, no escuchamos mucho sobre el internacionalismo proletario de estos partidarios de la guerra.

Nuestra comprensión del carácter interimperialista de la guerra, del carácter imperialista tanto de la de la fracción pro-occidental de la burguesía de Ucrania, como la de su fracción pro-rusa, fue considerada como “sin sentido”, e incluso la retórica sobre un nuevo tipo de “antiimperialismo ultra-rojo”, como una condena moral y política de los proletarios que toman las armas para defenderse de la invasión. Tirando a la basura las lecciones que la izquierda comunista aprendió de las anteriores guerras interimperialistas, los reflejos trotskistas dominaron la “acción”.

Este apoyo real al imperialismo ucraniano se presentó como un apoyo al proletariado. La clase obrera ucraniana estaba sometida a una situación en la que no podía “autonomizarse militarmente”, pero todavía necesitaba defender sus condiciones de vida. Este apoyo sería “crítico”, totalmente al estilo trotskista, ayudando al proletariado militarizado a diferenciarse políticamente como condición previa para autonomizarse. Lo concretaron en la idea de dar un apoyo “crítico” a aquellas fuerzas que sirvieran para el establecimiento de un régimen político, “tan democrático como sea posible” [como puede ser en la guerra imperialista, tan democrático como el de Kerenski en 1917] y, por tanto, ayudarles a derrotar a las fuerzas que se oponen a esa forma de régimen político. En medio de una campaña de guerra occidental que presenta al gobierno de Zelenski como defensor de la “democracia” contra el “totalitarismo”, nuestros participantes en la guerra se presentaron con los ropajes anticuados del democratismo ultra rojo, siguiendo el ejemplo de la CNT-FAI en la España de los años 30 y de los adeptos a la Rojava en nuestros tiempos.

b. El asedio de las ciudades

Ante el asedio ruso a las ciudades, y la separación de los hombres reclutados de sus familias que huyen al extranjero para escapar de los horrores de la guerra, nuestros partidarios de la guerra declararon: “Cuanta más gente se une a las milicias más imposible es que estén controladas ‘verticalmente’ o sujetas a un mando externo (aunque dependan de quien controla el suministro de armas, provisiones y todo lo demás)”. En ese mismo momento, la propaganda de guerra occidental logró desarrollar y emplear campañas de recolección de dinero y bienes para la población en Ucrania y los fugitivos (“las mujeres y los niños primero”) para sugerir el envío de armas. Nuestros participantes en la guerra tomaron la delantera insistiendo en la necesidad de proporcionar al proletariado ucraniano los medios para defenderse de la invasión rusa, “que son las armas, pero no sólo eso, todo tipo de suministros para poder resistir”.

Consideraron que esto no era incompatible con la promoción de lo más elemental del derrotismo proletario. Lo “más elemental” resultó ser, de forma muy realista, llamar a los proletarios organizados en las milicias existentes a intentar organizarse en ellas, democratizarlas y autonomizarlas del ejército en la medida de lo posible.

El objetivo final, inventado para la participación en la guerra, sería derrocar la autocracia rusa ayudando a a los ucranianos a derrotar la invasión y establecer un régimen liberal-democrático. Mientras tanto, Biden ha revelado por un lapsus su objetivo de apoyar esta masacre del proletariado ucraniano y ruso: la sustitución de Putin por un “demócrata”. Afortunadamente, nuestros pequeños Trotskys nos aseguran que este nuevo régimen en Rusia debe ser “lo más democratizado posible en favor de la actividad civil y política del proletariado”. Los que, como nosotros, defendían el internacionalismo proletario fueron calumniados como colaboradores prácticos para facilitar la victoria del ejército y el gobierno rusos.

Sin embargo, está claro que la supuesta “autonomización” como “objetivo mínimo razonable” era sólo una ilusión, no algo que correspondiera a una posibilidad de acción obrera. No se ha producido y, por el contrario, sectores de la izquierda burguesa, en particular los anarquistas, se han integrado al servicio de las milicias nacionalistas, es decir, ha ocurrido lo contrario de lo que se imaginaba posible.

c. El estancamiento

En el momento en que se hizo evidente que la imaginada “autonomización”, incluso en su pervertida forma militar y democrática “realista”, no tuvo lugar en el mundo real de la guerra, las fuerzas ucranianas derrotando la invasión rusa resultaron ser también una ilusión. Al mismo tiempo, el ejército ruso estaba atascado alrededor de Kiev en el norte y no logró conquistar Mariupol en el sureste, obstaculizando la conquista de todo el territorio considerado como propio por las repúblicas del Donbás y, por supuesto, la costa estratégicamente esencial del Mar Negro. Este verdadero estancamiento, esta larga y agotadora guerra, era precisamente el objetivo táctico de EEUU para debilitar a Rusia y socavar la alianza chino-rusa. Rusia decidió sustituir sus tropas de los alrededores de Kiev para conquistar el este de Ucrania y -si es posible- las costas del Mar Negro. La propaganda de guerra cambió. También lo hizo el discurso “comunista” de los partidarios del imperialismo ucraniano.

De repente nos dijeron que era incorrecto unirse a las milicias interclasistas, por no hablar de las milicias controladas por el Estado con comandantes militares profesionales. Aparentemente, era el momento de hablar de la autonomización de clase dentro de las milicias, de la solidaridad civil y de las organizaciones de ayuda, creando redes de ayuda para preparar el terreno para volver las armas contra el gobierno ucraniano. Y, por supuesto, se nos acusó de proponer no hacer nada.

Al principio de la guerra, apenas se hablaba de derrotismo. Pero en esta fase de la guerra, la población de Ucrania, especialmente los trabajadores, se está cansando de una guerra que sigue y sigue con miseria inconmensurable. Ahora los participantes “comunistas” en la guerra presentan un futuro volviendo las armas contra el gobierno ucraniano, lo que sería un derrotismo revolucionario. Pero de nuevo, una consigna internacionalista es pervertida en sentido contrario al presentar la participación en la guerra como una forma de acabar con ella.

Contra estas deformaciones, dijimos “Seguís diciendo ‘no’ al derrotismo, pero tratáis de concretarlo… con ambigüedad. Aquí nadie dice que no haya que hacer nada, sino que hay que hacerlo sobre una base adecuada, fuera del marco burgués y sus estructuras”. En lugar de “estar en el ahora”, deberíamos actuar sobre una base de clase proletaria adecuada, con una estrategia que comprenda qué desarrollos futuros son posibles.

Niveles de derrotismo revolucionario

La forma en que los revolucionarios plantean el derrotismo revolucionario depende de varias situaciones. Consignas históricas como El enemigo está en nuestro propio país, La guerra contra la guerra de la burguesía, propias del derrotismo revolucionario, etc., ofrecen nuestras líneas generales en pocas palabras. Estas se concretarán en función de dónde estemos: en las trincheras, en la industria (de armamento), entre los proletarios de los barrios o entre los fugitivos. ¿Estos lugares están en guerra abierta o no? ¿Cuál es el equilibrio de fuerzas entre las clases, y cómo es la influencia de la propaganda de guerra? Y debemos comprender cómo en estas situaciones, los sentimientos, la conciencia y las posibilidades de acción pueden cambiar. Por ejemplo, en nuestra discusión con los participantes en la guerra de ultraizquierda, diferenciamos entre los distintos niveles de resistencia contra la guerra.

Si en el movimiento real de clases no hay una resistencia efectiva a gran escala del proletariado, los acontecimientos son dictados por la relación de fuerzas entre los dos bandos imperialistas en la guerra. En tal situación ante un derrotismo revolucionario internacionalista de bajo nivel, habrá muchas represalias, detenciones, torturas, asesinatos de sus defensores, que lógicamente buscarán huir o camuflarse. Después de un desastre tal las fuerzas burguesas ganarían.

Sin embargo, si existe lo que se puede llamar un nivel medio de derrotismo revolucionario internacionalista, puede ocurrir que los burgueses más lúcidos intenten detener la guerra y derribar el gobierno, como en Rusia en 1917 y aún más en Alemania en 1918. Estas fuerzas burguesas quieren, al mismo tiempo, una “paz” negociada, “paz” con otros imperialismos, y ofrecer una salida a los sentimientos de rabia, odio y venganza, especialmente entre los trabajadores que han iniciado huelgas y marchas del hambre. Esta salida es un cambio de régimen; el zar, el káiser tuvieron que irse, y la democracia y la izquierda burguesa llegaron al poder del Estado. Este futuro cambio de régimen abriría la cuestión de quién manda y qué se negocia para detener la guerra, creando numerosas tensiones en la burguesía y varias posiciones en el proletariado ante ello.

Cuando tenemos que darnos cuenta de la inexistencia de un proletariado independiente y revolucionario, podemos entender como ciertos proletarios y burgueses ucranianos son “ciudadanos” que ven las destrucciones y asesinatos en masa desde un punto de vista racional, y como “ciudadanos”, actuarían sobre bases burguesas. Adoptarían entonces consignas pacifistas como “la paz mediante la negociación”. Por supuesto, incluso esta posición pacifista burguesa no puede ser tolerada por la facción pro-estadounidense que gobierna en Kiev ni por la facción pro-rusa que gobierna las Repúblicas del Donbás, que prefieren derramar más sangre como exigen sus amos occidentales y rusos. En esta situación desesperada, es probable que los trabajadores que quieren poner fin a la guerra, luchen por una “paz” negociada. Sin embargo, nuestros participantes en la guerra ultra-roja en ese momento correrán el riesgo de defender la participación en milicias nacionalistas, que sólo pueden defender al gobierno por un lado y a la burguesía prorrusa por el otro.

La tarea de los revolucionarios comunistas en tales situaciones es -como en el pasado- denunciar a las fuerzas burguesas pacifistas burgueses como “pacifistas sociales”, que defienden la paz social, la paz entre el proletariado y la burguesía. Nos oponemos a esto estimulando las luchas proletarias para defender condiciones de trabajo y de vida, para intentar propiciar que el desarrollo de esta guerra de clases conduzca a una revolución. [2]

Sin embargo, no se entendió nuestro análisis de varias situaciones, mezclando la realidad con el qué hacer: “En otras palabras, propones una diplomacia ‘popular’ por razones humanitarias y da una importante victoria política victoria al régimen putinista”.

No se nos entendió cuando respondimos que, como revolucionarios, no podemos hacer de nuestro papel un llamamiento a los bandos capitalistas para negociar. Aun así, debemos seguir mostrando que el único camino es el revolucionario, con el derrotismo internacionalista revolucionario, y que ha de conducir a la revolución mundial.

Al aplicar el derrotismo revolucionario internacionalista, llamamos al proletariado a utilizar cualquier situación en guerra para llevar a cabo acciones de boicot, agrupándose para defender sus intereses, seguridad y necesidades inmediatas y futuras. A estas acciones les damos una orientación revolucionaria, que no se limita a presionar por reformas políticas, económicas o militares, acciones que no se limitan a obtener paliativos. Decimos que, en ambos lados de la guerra, esto debe hacerse. Corresponde a los directamente implicados determinar la manera concreta.

Si hoy los grupos de proletarios y de personas con conciencia pro-revolucionaria intentan algo así en Ucrania finalmente tendrán que tomar las armas contra su ejército y las direcciones de las milicias, deberán romper con ellos y oponerse a los organismos controlados por el Estado ucraniano. Sabemos que tal lucha en el frente de guerra es complicada. Por esta razón, ya mostramos que la mayoría de las posibilidades están en el frente interno. Lo mismo es válido en el lado ruso. Sin embargo, la participación de la ultraizquierda en la guerra trató de hacer algo “concreto”: o bien formulaciones vagas o con lo que sirvió a la resistencia nacional-popular ucraniana, es decir, el estado ucraniano y el ejército, financieramente y con armas suministradas por el bando de la OTAN en la guerra. Ahora buscan desarrollar más matices. Pero antes decían lo que se expone en resumen más arriba. Han distorsionado lo que es el derrotismo revolucionario internacionalista, convirtiéndolo en una caricatura y acusándonos de que, como no podemos hacer nada directo y concreto, sólo somos repetidores de frases sectarias de revolucionarios que no quieren ensuciarse. Sin embargo, ensuciarse era defender la resistencia nacional ucraniana, que, al contrario de lo que dicen, utiliza al proletariado como carne de cañón y masa de maniobra, como en toda causa capitalista no pueden dejar de hacer. Su interés por ajustarse a lo posible les ha llevado a errar de palabra para defender una causa burguesa.

Estrategias posibles e imposibles

Veamos concretamente y en términos de posible/imposible: No hay hechos que nos digan que grupos de proletarios puedan desprenderse de las milicias y luchar contra ellas y el Estado. Por lo tanto, la famosa “autonomización” presentada como “concretización”, no se basa en lo posible, sino en lo necesario, como hacen los revolucionarios que defienden la aplicación del derrotismo revolucionario internacionalista. Las frases sobre la “autonomización” no dicen nada de lo que significaría esa autonomización dentro de las milicias; no son nada concretas. Podemos entenderlas como que se organizan específicamente las secciones proletarias dentro de dichas milicias o cuerpos civiles de solidaridad y apoyo. Sin embargo, la burguesía no es estúpida; asegura que el proletariado sigue el culo del nacionalismo militarista ucraniano, que se impone asimismo con el terror estatal de la ley. ¿O acaso la autonomización significa separarse y por tanto chocar con estas estructuras, que obviamente reaccionarán con dureza y nacionalismo, protegidas por la estructura estatal que les da vida? Este discurso sobre la autonomización es demasiado retórico y poco concreto, evitando nombrar lo que significa hacer lo que se dice.

En España -como en todos los países occidentales- la burguesía está apoyando al bando ucraniano, y está aumentando la explotación y el saqueo del proletariado. En lugar de denunciar lo que es la participación de la guerra por parte de “nuestra” burguesía, por parte del enemigo en casa, que es el aliado de la burguesía ucraniana (o, en el caso de China y otros, el aliado de la burguesía rusa), nuestros participantes en la guerra de ultraizquierda dejan de lado incluso mencionar el frente interno. Pero para los revolucionarios comunistas, la lucha contra nuestra propia burguesía es una parte sustancial y esencial de la aplicación del derrotismo revolucionario internacionalista. En todas partes la burguesía está forzando el paso, aumentando el nivel de explotación en las empresas privadas, colectivas y estatales. Sus fuerzas políticas y sindicales fomentan el aislamiento de los trabajadores. Sus Estados exigen mansedumbre social y el fervor nacionalista. Las tensiones del mercado hacen estragos en las economías menores y mayores y se transmiten en todas las direcciones. El imperialismo tiene que financiar y aumentar el militarismo, mientras la inflación aumenta en las principales economías capitalistas y se extiende por todas partes. Como resultado, los salarios ven erosionarse su poder adquisitivo, la inseguridad existencial de los trabajadores aumenta, y el desempleo y el subempleo también aumentan. En muchos países aparecen repercusiones que antes eran masivamente impensables y se creían lejanas. Los gobiernos exigen más dinero para armamento y ejércitos. Todos difunden coartadas y cinismo, y son astutos. Quieren ser excusados y apoyados ya que supuestamente están luchando por causas que dicen son favorables para la clase explotada. En realidad, los principales beneficiarios son la clase capitalista y su civilización del beneficio, la competencia y el saqueo, que genera guerras en todas partes. Las relaciones internacionales de la economía capitalista son necesariamente contradictorias y catastróficas para la clase explotada y el medio ambiente.

En todas partes el medio ambiente natural se degrada a un ritmo cada vez más acelerado. La guerra demuestra ser una excusa para seguir utilizando combustibles fósiles -incluso es “aceptable” utilizar más carbón-, para utilizar pesticidas y otros productos químicos nocivos para la política de “alimentos baratos”. Al mismo tiempo, las catástrofes resultantes de la contaminación y el calentamiento global continúan y prometen devastar regiones enteras con huracanes, inundaciones, sequías y un calor insoportable, con sus repercusiones variadas.

Sus organismos económicos y financieros centrales hablan de una próxima recesión y de problemas para mantener la presión fiscal, de las deudas y de los problemas en las “cadenas de suministro y valor”. Los debates sobre la política monetaria y sus orientaciones traducen la disminución de sus capacidades y el consiguiente estrechamiento de los márgenes de maniobra. El capital se vuelve cada vez más agresivo entre sí mediante una enorme competencia, y contra el proletariado, del que necesita extraer más plusvalía (trabajo efectuado, pero no pagado), y lo quiere con el más notable consenso social favorable a los intereses capitalistas.

Hay abundantes manifestaciones de malestar social, y en algunos casos hay protestas y huelgas, como ahora mismo en Sri Lanka atacando la sede del gobierno, en Kazajistán con huelgas a pesar de la reciente represión dirigida por Rusia y la OTSC, con nuevas marchas del hambre en Argentina durante las renegociaciones de la deuda con un préstamo del FMI. Las catástrofes de las inundaciones en Sudáfrica generan muertes y miseria en una clase trabajadora ya empobrecida. La guerra en Yemen se cobra numerosas vidas y agrava la escasez de alimentos y de atención sanitaria, al igual que en Mozambique, Malí, Tigray (Etiopía). En Myanmar, la sangrienta junta militar libra una guerra interna, con el apoyo de China, que recibió un revés en Pakistán con el golpe de Estado orquestado por la CIA, en sustitución del presidente que se retiró del Parlamento. Y en su territorio, China experimenta una creciente resistencia de la población de Shanghái, cansada del terror estatal y de las deficientes medidas ante el Covid.

Hay un hilo conductor entre todo. Por un lado, la presión económica sobre el proletariado tanto en los países en guerra abierta, como en los que apoyan las guerras indirectamente. Por otro lado, los repetidos enfrentamientos y rivalidades entre los Estados del capitalismo imperialista. Es tarea de los revolucionarios demostrar que esta presión económica sobre el proletariado resulta de la participación imperialista del enemigo interno en estas guerras. Por lo tanto, los ataques económicos son, de hecho, ataques políticos, ya que la lucha del proletariado contra estos ataques, es también una lucha política de clase. Probablemente, el volverlas contra la propia burguesía será el resultado de las luchas de masas en casa contra el capital y sus exigencias, contra la degradación de las condiciones de vida y de trabajo.

Todos los capitales nacionales están necesariamente enfrentados entre sí. La dinámica inherente al capitalismo globalizado se basa en las disputas por los mercados, los territorios, el control militar estratégico, las fuentes de materias primas y energía, y el control del flujo de trabajo. La guerra imperialista no se libra en beneficio del proletariado. El capital y el dinero para todas estas guerras provienen de nuestro trabajo. No puede haber paz en la sociedad capitalista, nunca la ha habido y nunca la habrá. La acción revolucionaria internacionalista debe ser radical, mostrando las raíces de la guerra y la crisis, proponiendo reivindicaciones que puedan ampliar y unificar las luchas proletarias, mostrar las consecuencias de no luchar independientemente contra el capital y la necesidad de hacerlo, sabiendo que hay numerosas y peligrosas dificultades por delante, pero conscientes de que el capitalismo necesariamente engendra estas dinámicas y otras guerras, aún más dramáticas.

Aníbal y Fredo Corvo, 16-04-2022

Notas

[1] La mayoría de los argumentos y propuestas de participación en la guerra que se mencionan en este artículo fueron planteados en España, pero no son únicos.

Con respecto a las posiciones que criticamos, el caso donde más polémica ha habido ha sido con Roi Ferreiro (RF) en el marco del grupo de Facebook “Comunismo de consejos y autonomía de clase”. A la discusión con RF pertenecen esas citas entrecomilladas. Ahora RF nos acusa de distorsionar sus posiciones, de descontextualizarlas sectariamente y sin ética.
Como lo importante es la claridad en lo que respecta a las posiciones en liza, hemos editado un texto (ver a continuación) donde aparecen una gran cantidad de las mismas:
Crítica al intervencionismo a favor de un bando en la guerra capitalista imperialista. (Fredo Corvo y Aníbal)
y no tenemos problema alguno en informar que el propio RF ha presentado un dosier en Pdf con lo que considera pertinente. Le hemos recordado que en este dosier faltaban algunas partes especialmente significativas, lo ha rehecho y ahora se puede ver en:
Roi Ferreiro. Algunas reflexiones y comentarios sobre política de clase, con respecto a la guerra en Ucrania y los planteamientos del ultraizquierdismo. 20 abril. 2022

[2] El papel de los social-pacifistas históricos en las revoluciones de Rusia y Alemania es bien conocido y una advertencia para futuro Kerenskis y Noskes, como lo es el de aventureros menos conocidos que en la Primera Guerra Mundial se ofrecieron como voluntarios para el frente, como Erich Kuttner.

¡No luches por “tu” país!

Fuente en inglés: https://internationalistperspective.org/dont-fight-for-your-country/

Todo el mundo odia la guerra. Sobre todo, las personas que envían a otras personas a morir en el campo de batalla. Afirman que lo aborrecen, pero por desgracia, el otro lado los obliga a hacerlo. El otro lado, que está invadiendo nuestros cotos de caza tradicionales. El otro lado, que está invadiendo una nación “soberana”. ¡No tenemos otra opción! Debemos defendernos… ¿De qué “nosotros” eres parte? La propaganda implacable en ambos lados empuja a todos a elegir un bando, a convertirse en un participante activo o animador en la guerra. Porque el otro lado es realmente horrible. Y siempre lo es.

El ejército ruso está acusado de crímenes de guerra. Un término extraño, “crimen de guerra”. Uno término redundante, en realidad, porque la guerra es por definición un crimen, el mayor de todos los crímenes. Cualquiera que sea el objetivo, los medios son siempre el asesinato en masa y la destrucción. No hay guerra sin masacres atroces. El término sugiere que hay dos formas de hacer la guerra: una civilizada y una criminal. Si alguna vez hubo una diferencia entre las dos, fue borrada por los avances en la tecnología militar. Desde principios del siglo 20, el porcentaje de víctimas civiles en las guerras ha crecido constantemente. En la Guerra Civil Americana del siglo XIX, el personal militar todavía representaba más del 90% del total de muertes de guerra. En la Primera Guerra Mundial, las bajas civiles fueron el 59% del total. En la segunda subió al 63%, y en la guerra de Vietnam al 67%. En las diversas guerras de la década de 1980 subió al 74% y en el siglo XXI al 90%. Desde la Segunda Guerra Mundial, no se ha desplazado a tantas personas por la guerra. La diferencia entre combatientes y no combatientes, entre objetivos militares y no militares, ha desaparecido en gran medida en la guerra contemporánea. Cuanto mayor sea la fuerza destructiva que despliegue cada bando, mayores serán los “daños colaterales” en la población civil. Cuanto más se intensifica la guerra en Ucrania, más se destruyen las vidas de los ucranianos comunes, más se convierte el país en una ruina.

Lo que constituye o no un crimen de guerra se convierte entonces en una cuestión de opinión. Al igual que el “terrorismo”, que se ha convertido en una palabrota barata que todos lanzan al oponente en cada conflicto, es una excusa disfrazada de acusación. Porque el “terrorismo”, habiendo sido definido por los medios de comunicación y los políticos como el mayor de todos los males, implica que todos los medios son buenos para suprimirlo y, por lo tanto, es la excusa corta y seca para usar el terror uno mismo. Del mismo modo, la acusación de “crímenes de guerra” justifica los crímenes que comete “nuestro” lado, que “nuestros” medios apenas mencionan, o a veces no mencionan en absoluto. Pensá en Yemen, por ejemplo, donde las fuerzas saudíes han bombardeado y matado de hambre a civiles mucho peor de lo que el ejército ruso lo ha hecho hasta ahora en Ucrania. La fuerza aérea saudí difícilmente habría durado una semana sin el apoyo técnico/militar británico y estadounidense y el suministro de armas. ¿Es eso también “una guerra por la democracia”? Esta atrocidad es continua, fuera de los focos de los medios de comunicación. Seguí para adelante, acá no hay que ver. No hay crímenes de guerra acá.

Guerra moderna

A menudo se ha observado que en tiempos de guerra la línea entre la propaganda y la información se vuelve difícil de percibir. Cuando el ejército ruso lleva a cabo un ataque con misiles (fallido) contra la torre de televisión en Kiev, los medios occidentales lo llaman un crimen de guerra. Pero cuando la OTAN bombardeó (con éxito) la torre de radio y televisión de Belgrado en 1999, fue “un objetivo militar legítimo”.

Que las “operaciones militares especiales” del ejército ruso son criminales se ha demostrado abundantemente en Grozny y Alepo, por nombrar solo los ejemplos recientes más extremos de ciudades que fueron reducidas a escombros. En Ucrania todavía no han llegado tan lejos, tal vez porque el pretexto para la invasión era que los ucranianos son un pueblo hermano que debe ser liberado. Pero para lograr sus objetivos militares, Rusia debe intensificar la guerra y abrumar a ese “pueblo hermano” con su poder superior de destrucción. La lógica de la guerra conduce a la invasión rusa hacia una escalada de devastación.

No pretendamos que se trata de un fenómeno ruso. Durante las Guerras del Golfo, los aviones estadounidenses bombardearon refugios (con bombas diseñadas para aplastar búnkeres) en Bagdad, lo que resultó en cientos de muertes de civiles. Muchos más murieron cuando los soldados que huían fueron masacrados desde el aire en la “carretera de la muerte” en 1991. En las guerras que Occidente libró en Irak y Afganistán, murieron más de 380.000 civiles. Los innumerables ataques con aviones no tripulados (drones) que el ejército estadounidense ha llevado a cabo desde entonces tampoco muestran respeto por la diferencia entre combatientes y no combatientes. Sin mencionar lo que el vasallo más leal de Washington, Israel, ha hecho en Gaza. Todos son capaces de ello. Esta es la guerra moderna.

La guerra es el marco ideal para reforzar el control del Estado sobre sus ciudadanos. Eso está muy claro ahora en Rusia, donde se arriesga a 15 años de prisión si se llama a la guerra una guerra, donde las protestas contra la guerra son brutalmente reprimidas, donde todos los medios que no son portavoces del Kremlin son silenciados. Pero apunta a la debilidad del régimen que necesita esta represión desnuda. En Ucrania no es así. Allí, todos están detrás de Zelensky. Es decir, hasta donde se nos permite saber. En las muchas entrevistas con ucranianos en los medios de comunicación occidentales, nunca se escucha a alguien expresar oposición o incluso dudas sobre la guerra, aunque sabemos, por las redes sociales y nuestras propias fuentes, que existen. Pero según los medios de comunicación, todos están dispuestos a morir por la nación. Sin embargo, Zelensky consideró necesario prohibir que todos los hombres de 18 a 60 años de edad salieran del país. Todos deben permanecer disponibles como carne de cañón para la patria. También consideró necesario prohibir a los partidos de la oposición y obligar a todos los canales de noticias de televisión a combinarse en “una única plataforma de información de comunicación estratégica” llamada “United News”. Todo eso en nombre de la defensa de la libertad. Por supuesto, los medios de comunicación que piden a los ucranianos que maten a tantas “cucarachas rusas” como sea posible pueden continuar arrojando su veneno. Muchos medios occidentales, incluso periódicos como el New York Times, optaron por no informar sobre las medidas autoritarias de Zelensky. El famoso lema del Times dice “todas las noticias que son aptas para imprimir”, y este tipo de noticias no encajan en la historia de que esta es una guerra por la democracia.

Mentirosos

Los gobiernos ruso y ucraniano afirman que la censura es necesaria para proteger a la población de la desinformación. Esa es otra palabra resbaladiza. Al igual que el “crimen de guerra” y el “terrorismo”, está “en el ojo del espectador”. Por supuesto, los medios sociales y de otro tipo están repletos desinformación. Pero, ¿quién decide qué es qué? En Rusia, el Estado decide quien puede hablar y quien debe permanecer en silencio. En Occidente, esa tarea se subcontrata en gran medida al sector privado, las empresas que controlan los medios de comunicación y las plataformas de redes sociales. Pero ellos también están siendo presionados por el gobierno. “Prohibiremos la maquinaria mediática del Kremlin en la UE. Ya no se debe permitir que las empresas estatales Russia Today y Sputnik y sus subsidiarias difundan sus mentiras que justifican la guerra de Putin. Estamos desarrollando instrumentos para prohibir su desinformación tóxica y dañina en Europa”, dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Y, de hecho, los canales de noticias rusos leales y otras fuentes que no siguen la línea pro-occidental ya no son accesibles en Facebook y otros medios de comunicación social importantes. Pero no lo llames censura, eso es lo que hace el enemigo.

Los rusos y los occidentales obtienen una imagen muy diferente de la guerra. Se les está mintiendo, especialmente por lo que sus medios eligen mostrar o no mostrar. Por ejemplo, el espectador ruso ve una y otra vez imágenes de ucranianos diciéndoles que fueron golpeados y amenazados por ultranacionalistas porque hablaban ruso y el espectador occidental ve una y otra vez a madres despidiéndose, con lágrimas en los ojos, de sus maridos que dicen que están dispuestos a morir por Ucrania. Ambos tipos de imágenes son presumiblemente reales, pero cada lado elige mostrar lo que encaja en su narrativa de propaganda.

En Occidente, la historia trata sobre un valeroso desvalido que se defiende valientemente contra un matón vicioso. Por supuesto que animamos a los héroes, por supuesto que los ayudamos, por supuesto ondeamos la bandera azul amarilla. Es tan simple como eso.

La historia de Rusia no es muy sofisticada, es una captura de acusaciones al estilo grosero de la antigua URSS. Ucrania está sufriendo bajo un régimen corrupto, neonazi y genocida. No estamos librando una guerra contra Ucrania, solo estamos evitando que se convierta en un puesto de avanzada de la OTAN, una amenaza para nuestra patria. Estamos luchando por un mundo sin nazis. Con el mismo tipo de pretextos transparentes, los tanques rusos llegaron a Budapest y Praga en su momento. Como en toda historia de propaganda, hay un grano de verdad. El empuje de la OTAN es real. Hay una corriente ultranacionalista en Ucrania. Hay grupos fascistas como Svoboda y el Batallón Azov (ahora integrado en el ejército ucraniano) que atacan a gays, feministas, romaníes y rusoparlantes. Por supuesto, Ucrania está lejos de ser el único país donde la extrema derecha está levantando su fea cabeza. No significa que el sistema político en Ucrania sea fascista. Menos que en Rusia por lo menos. ¿Y genocida? Lo que hicieron los militares rusos en Siria y Chechenia fue inconmensurablemente peor.

Aquellos que quieren golpear a un perro siempre encontrarán un palo. Todos los Estados mienten cuando salen sus ejércitos. Tanto Estados Unidos como Rusia. Pensá en las inexistentes “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein y sus inexistentes vínculos con Al Qaeda que fueron los pretextos para la invasión estadounidense de Irak.

La verdadera historia

La verdadera historia se llama inter-imperialismo. Por muy global que se haya vuelto el mundo, es un mundo basado en la competencia. Competencia comercial que se convierte en competencia militar, guerra fría y caliente, según lo requieran las circunstancias. Circunstancias como pérdida de poder, pérdida o ganancias potenciales de los mercados, crisis económica. Vivimos en un sistema que choca brutalmente con las necesidades de la humanidad. Un sistema en guerra con el planeta, en guerra con la vida misma. Contraatacar, derrotar al sistema capitalista, es la única guerra que tiene sentido. La guerra fría no terminó. A lo sumo, hubo una pausa. El Pacto de Varsovia desapareció, pero la OTAN no. Yeltsin sugirió que Rusia también debería convertirse en miembro de ella, pero, por supuesto, eso no fue posible: la razón de ser de la OTAN era someter a Rusia. Se produjo una feroz discusión sobre si la OTAN todavía era necesaria ahora que Rusia también se había convertido en un país democrático capitalista. La pregunta fue respondida afirmativamente en la práctica. La OTAN avanzó hasta las fronteras de Rusia, rompiendo promesas anteriores. Catorce países del antiguo pacto de Varsovia se integraron en la alianza anti-rusa. Se instalaron bases de misiles estadounidenses en Polonia y Rumania. La captura de Ucrania fue la última fase de esa ofensiva. Con fines de lucro, pero aún más para contener a Rusia. Ucrania aún no se convirtió en miembro de la OTAN, pero comenzó a cooperar militarmente con Occidente.

La expansión de la OTAN significó una gran expansión del mercado para la industria armamentista estadounidense (y otros occidentales) porque se requiere que los nuevos miembros hagan que sus arsenales se ajusten a los estándares de la OTAN. Para cumplir con estas normas, el gasto militar de Polonia aumentó con un 60% del 2011 al 2020 y el de Hungría con un 133% del 2014 al 2020. La caja registradora estaba sonando. Pero la expansión de la OTAN también fue impulsada por la comprensión de que Rusia, con su poderío militar y especialmente su arsenal nuclear, seguía siendo una amenaza potencial para la pax americana. Sigue siendo el único país contra el que Estados Unidos no puede librar una guerra sin arriesgarse a una destrucción casi total. Al igual que durante la guerra fría. La cual así no terminó. La estrategia de Washington ha seguido siendo la misma: contención. Contener a Rusia y reducir su esfera de influencia, debilitar su poder sin entrar en conflicto directo con ella. Durante la Guerra Fría, este conflicto se libró con golpes de Estado y movimientos de liberación nacional. Ahora Ucrania es el voluntario ansioso por morir por el “occidente libre”, liderado por el actor y millonario “simpático” Zelensky que es tan belicoso que, como el Che Guevara durante la crisis de los misiles cubanos, quiere escalar el conflicto a una guerra mundial si es necesario. Ese sería el riesgo si se concediera su demanda de una “zona de exclusión aérea”, una guerra aérea entre la OTAN y Rusia. Al igual que el Che, no se saldrá con la suya. La confrontación directa sigue siendo tabú. Esa es una de las razones por las que establecer paralelismos con las guerras pre-nucleares puede ser engañoso.

El enemigo ya no puede ser retratado como el “peligro comunista”, pero eso no hace de Rusia un país capitalista ordinario como el nuestro. Los ricos allí no son capitalistas como los nuestros, sino “oligarcas”. ¿Quiénes son, estos oligarcas? Multimillonarios que se enriquecieron gracias a la corrupción, la explotación y la especulación y a los que les gusta presumir de su fortuna en el ostentoso consumo de lujo. En otras palabras, capitalistas. El adagio “Detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen” no fue inventado en Rusia. Pero allí “el gran crimen” todavía está bastante fresco. La nueva clase capitalista en Rusia consiste en gran parte de miembros de la vieja clase capitalista, personas que eran directores de fábricas, jefes de partido, burócratas en la URSS pseudo-comunista, y ganaron fortunas cuando se privatizaron los activos estatales. La clase privilegiada siguió siendo la clase privilegiada, ahora como propietarios de capital privado. Pero como gestores del Estado también. Los intereses de los capitalistas privados están entrelazados y sujetos al aparato estatal que Putin parece tener firmemente en su mano por ahora.

La disolución de la antigua URSS y la privatización de la economía capitalista de Estado de “comando central” fue el resultado de una crisis causada en primer lugar por el costo aplastante de mantener un imperio y la falta de voluntad de la clase obrera para trabajar más duro por menos. Pero el deseo de los miembros de la clase dominante de ser no sólo administradores del capital, sino también propietarios privados del capital, con acceso a todo el mundo del capital, también fue un factor importante.

Saquearon la economía mientras el nivel de vida promedio se hundía como una piedra. El PIB de Rusia en 1998 era sólo un poco más de un tercio de lo que era en el último año de la URSS. La producción industrial había disminuido un 60%. Pero a partir de 1999 los precios del principal producto de exportación de Rusia, el petróleo y el gas, comenzaron a subir. Esto impulsó una recuperación que mejoró las condiciones de vida. El Estado se consolidó, con el aparato de seguridad en el centro del poder. Con Putin, un ex coronel de la KGB, a la cabeza, Rusia comenzó a reafirmarse. El ejército fue reconstruido hasta tal punto que la industria militar (que emplea a más de 2,5 millones de rusos) sufrió de sobreproducción. Ese ejército restauró sangrientamente el “orden” en el interior (Chechenia) en los Estados fronterizos (Georgia, Kazajstán) y fuera (Siria).

Pero en 2015 la producción industrial todavía estaba por debajo del nivel de 1990. Sólo el sector del petróleo y el gas superó los niveles de producción anteriores a la privatización. Pero ese año, el precio del petróleo comenzó a caer de nuevo y también lo hizo la economía rusa. El PIB cayó de $ 2.29 billones en 2013 a $ 1.48 billones en 2020, menos que el de Texas.

Así que el desafío para el capital ruso fue múltiple:

– defender la posición de mercado de su principal industria exportadora, el petróleo y el gas;

– reducir su dependencia de ella: con sus oscilaciones de precios salvajes y su futuro incierto, es una muleta poco fiable para una economía discapacitada;

– reducir su industria militar en exceso o aumentar el uso de sus productos;

– ocultar el hecho de que no tiene nada que ofrecer a la clase obrera, distraer a los proletarios de sus miserables condiciones, involucrándolos en una campaña de orgullo nacional contra un enemigo extranjero que es el culpable del deterioro de las condiciones de supervivencia.

Es una receta para la agresión imperialista.

Ucrania es un botín atractivo. Cuenta con las mayores reservas de mineral de hierro, gas y otros recursos minerales del mundo, excelentes tierras de cultivo, industria, construcción naval, puertos… también tiene una industria de armas moderna, rival de Rusia, que es una de las razones por las que Moscú insiste en que Ucrania sea “desmilitarizada”. Y luego están los oleoductos que transportan el gas y el petróleo rusos a través de Ucrania a Europa occidental. Por supuesto, Rusia quiere controlarlos.

Rusia proporciona el 45% de las importaciones europeas de gas a través de esos gasoductos, pero en los últimos años Estados Unidos ha mordisqueado su mercado. Rusia es el tercer mayor productor de gas natural del mundo. Estados Unidos es el más grande, y su industria del gas ha conocido un crecimiento prodigioso, gracias a las nuevas, y ecológicamente dañinas, formas de extraerlo (fracking). Sin embargo, últimamente ha estado luchando con el exceso de capacidad y buscando agresivamente nuevos mercados. Desde 2018, su exportación a la mayoría de los países de la UE y al Reino Unido ha crecido rápidamente. La excepción fue Alemania, la terminal del nuevo gasoducto Nordstream 2, que pasa a través de Ucrania y bajo el mar Báltico. Todavía no está en uso, y tal como se ven las cosas ahora, es posible que nunca se use en absoluto. Era la esperanza del capital alemán de un suministro de energía estable y rentable y la expansión de las relaciones comerciales con Rusia en general. Ahora Alemania está de vuelta en el redil, invirtiendo en nuevas terminales para recibir gas licuado de los Estados Unidos. Las centrales eléctricas de carbón altamente contaminantes están recibiendo una nueva oportunidad de vida. La comisión de la UE anunció un plan para reducir las importaciones de gas ruso en dos tercios para el próximo invierno y ponerles fin para 2027. A pesar de que ese objetivo puede no alcanzarse por completo, la dirección es clara. En la medida en que la guerra en Ucrania es una guerra por el mercado energético europeo, y eso es claramente parte del panorama, Estados Unidos ya ha ganado.

La guerra actual no sale de la nada. La lucha por Ucrania ha estado ocurriendo desde 2008. En 2014, esa lucha se convirtió en una guerra. Desde entonces, ucranianos y rusos han sido inundados con propaganda de guerra patriótica. Los ucranianos tienen la desgracia de vivir en el país que ni Moscú ni Washington quieren cederse mutuamente. Es una reminiscencia del juicio del rey Salomón: dos mujeres reclamaron la maternidad de un bebé. Salomón dijo: entonces cortaré al bebé en dos y les daré una mitad a cada una. A lo que la verdadera madre dijo: no, dáselo a ella intacto. Pero en el caso del bebé Ucrania ambas mujeres dicen: cortalo.

¡Desierto!

Las noticias falsas y las noticias reales están ahora tan mezcladas que es difícil entender qué está sucediendo exactamente en Ucrania y Rusia. Por ejemplo, el 27 de febrero nos dijeron que trece soldados ucranianos en “Snake Island” habían elegido morir por la patria. “Andate a la mierda”, es como habrían respondido a la demanda a rendirse de un buque de guerra ruso. En los medios de comunicación ucranianos y occidentales su heroísmo fue elogiado hasta los cielos. Su estatua ya estaba siendo ordenada, por así decirlo. Era difícil de creer. ¿Estaban esos soldados tan intoxicados por la propaganda que abrazaron una muerte inútil? Al igual que los terroristas suicidas, ¿esperaban ser recompensados en la otra vida? Nadie se beneficiaría de sus muertes. No deben ser celebrados como héroes, sino llorados como víctimas de la locura patriótica.

Afortunadamente, resultó ser bastante rápido que los soldados se habían rendido sabiamente después de todo. Uh. Incluso después de que se mostraron vivos y bien en la televisión rusa, muchos medios de comunicación en Occidente no lo informaron.

Luchar por la patria no es de interés para la gran mayoría de la población de Ucrania. Cualesquiera que sean las ventajas de vivir en un país integrado en la OTAN y la UE, no superan las desventajas de la guerra. Cuando, en pocas semanas, meses o años, las armas se queden en silencio y el humo sobre las ciudades bombardeadas se disipe, los ucranianos tendrán un país envenenado lleno de ruinas y fosas comunes. Y los países occidentales probablemente serán menos generosos con el dinero para la reconstrucción de lo que lo son ahora con las armas.

Supongamos que Ucrania “gane” la guerra, ¿qué habrá ganado la gente allí? ¿El “honor de la nación”? ¿Libertad? Después de que termine la guerra, Zelensky y los propios “oligarcas” de Ucrania seguirán siendo ricos, pero solo una profunda miseria espera a los ucranianos “comunes”.

La mejor noticia que hemos escuchado sobre la guerra es que algunos soldados rusos están saboteando su propio equipo y están desertando. No está claro cuantos. Solo podemos esperar que la deserción se vuelva masiva. De ambos lados. Que los soldados rusos y ucranianos confraternicen y vuelvan sus armas contra sus líderes que los enviaron a la muerte. Que los trabajadores rusos y ucranianos se rebelen contra la guerra. Las manifestaciones por la paz por sí solas no pueden detener la guerra si la población continúa soportando la guerra y todas sus consecuencias. Sólo es posible cuando la gran masa, la clase obrera, se vuelve contra la guerra. La Primera Guerra Mundial fue detenida por la revuelta de la clase obrera contra la guerra, primero en Rusia en 1917 y un año después en Alemania. Pero eso fue hace tiempo. Hoy en día no hay una atmósfera de rebelión masiva en Rusia, pero las desastrosas consecuencias de la guerra pueden despertar a un gigante dormido.

Tanto en Rusia como en Ucrania, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado considerablemente. En ambos países, los “oligarcas” (Putin y Zelensky incluidos) esconden fortunas en paraísos fiscales en el extranjero y pagan poco o ningún impuesto. Mientras tanto, los salarios medios reales en Ucrania no se han elevado en doce años, mientras que los precios han aumentado considerablemente. El gasto social ha sido recortado por los sucesivos gobiernos ucranianos del 20% del presupuesto en 2014 al 13% en la actualidad. La gran mayoría de la población ucraniana ya era pobre y será mucho más pobre después de la guerra. Sus intereses y los de la clase dominante no son los mismos. Al igual que en Rusia. En Ucrania, los soldados rusos y ucranianos se están matando entre sí por intereses que son antagónicos a los suyos.

¿Una coincidencia?

No sabemos cómo terminará esta guerra. Tal vez haya algún tipo de compromiso que permita a ambos bandos afirmar que han ganado y que, de hecho, es solo un respiro en anticipación de la próxima guerra.

Desde la “Gran Recesión” del 2008, la economía mundial ha estado en una profunda crisis. La rentabilidad mundial cayó a cerca de mínimos históricos. El colapso solo se evitó creando cantidades gigantescas de dinero y pidiendo prestado, en gran medida, al futuro. A principios de siglo, la deuda mundial era de 84 billones de dólares. Cuando comenzó la crisis del 2008, el medidor se situaba en 173 billones. Desde entonces, ha aumentado un 71% a 296 billones en el 2021. ¡Eso es el 353% del ingreso anual total de todos los países combinados!

La inflación se está disparando y no hay ningún plan, ninguna perspectiva de salir del agujero por ningún medio “normal”. Aumentar o reducir impuestos, estimular o controlar el gasto, reducir o expandir la oferta monetaria, nada funciona contra la crisis del sistema que depende del crecimiento, de la acumulación de valor, pero que es cada vez más incapaz de lograrlo. La restauración de condiciones favorables para la acumulación de valor requiere una devaluación del capital existente, una eliminación de la “madera muerta” a gran escala.

¿Es una coincidencia que en el mismo período de creciente inseguridad económica y crisis desesperada, el gasto militar mundial haya aumentado año tras año y el número de conflictos militares haya aumentado considerablemente?

Las guerras están haciendo estragos y las tensiones están aumentando en casi todos los continentes. Estados Unidos y China aceleraron sus esfuerzos de armamento entre sí como justificación. El gasto mundial en armas ha aumentado un 9,3% (en dólares constantes) durante la última década y ahora supera los 2 billones de dólares anuales. El mayor gastador, con mucho, es Estados Unidos (778 mil millones en 2020, un aumento anual del 4,4%) empequeñeciendo a todos los demás, incluida Rusia (61 mil millones en 2020, un aumento del 2,5%). El gasto militar total en Europa en 2020 fue un 16% más alto que en el 2011. Incluso la recesión provocada por la pandemia no frenó la tendencia. En 2020, mientras que el PIB mundial se contrajo un 4,4%, el gasto mundial en armas aumentó un 3,9% y en el 2021 un 3,4%. La guerra en Ucrania está acelerando el proceso. Los negocios para los productores de armas se dispararán en los próximos años.

Europa es una vez más el lugar de una posible conflagración mundial. Pero hay diferencias importantes con respecto a momentos comparables en la historia del siglo pasado. Primero: El factor nuclear está frenando la escalada. Segunda diferencia: la economía es más global que nunca. Los intereses están entrelazados. No puedes castigar económicamente a tu enemigo sin cortar tu propia carne. Rusia es solo la undécima economía más grande y su principal exportación, petróleo y gas, se salvó en gran medida de las sanciones por ahora. Mientras Europa envía armas en masa a Ucrania para luchar contra Rusia, el petróleo y el gas rusos continúan fluyendo a Europa a través de Ucrania. La dependencia mutua limita la escalada.

Pero ambos frenos a la escalada no son una garantía férrea. La línea roja que se supone que las potencias militares no deben cruzar puede convertirse en una cuestión de interpretación, especialmente para el bando perdedor. Rusia hizo pública en el 2020 una nueva directiva presidencial sobre disuasión nuclear que reduce el umbral nuclear “para evitar la escalada de acciones militares y la terminación de tales acciones en condiciones que son inaceptables para Rusia y sus aliados”. El umbral puede reducirse mediante el uso de “bombas sucias” (que combinan explosivos convencionales con material radiactivo), armas químicas o biológicas. A partir de ahí, una escalada hacia las armas nucleares tácticas puede no parecer un gran paso. Y así sucesivamente. Confiar en la cordura de la clase dominante para evitar tal curso sería una tontería.

El entrelazamiento de intereses económicos tampoco es una garantía. Esto es lo que el momento presente deja claro. La guerra es desastrosa para las economías de Rusia y Ucrania. La clase capitalista en ambos países obtendrá menos ganancias como resultado. La economía mundial en su conjunto también sufrirá. Sobre todo, por las sanciones económicas, que han sorprendido en su severidad. Todo es malo para las ganancias y, sin embargo, la búsqueda de ganancias es lo que lo pone en movimiento. La guerra y las sanciones acelerarán y profundizarán la recesión que se avecinaba y que de todos modos se estaba volviendo inevitable. Ahora se puede culpar a la guerra por ello. Biden lo llamará “la recesión de Putin”. Putin culpará a la guerra económica de Occidente contra Rusia.

El endurecimiento del régimen de sanciones después de la guerra significaría una preparación para futuros conflictos. Significaría que, en la dinámica actual del capitalismo, las ganancias se sacrifican en aras de ganar la guerra. Al ser proteccionistas, las sanciones van en contra de la tendencia globalizadora de la búsqueda de ganancias. Las relaciones comerciales se rompen, los lazos logísticos se cortan. Pero en la economía de guerra se reorganizarían. Los objetivos de las sanciones -Rusia, Irán, Corea del Norte y en el futuro posiblemente China- pueden unirse contra el enemigo común. Las implicaciones geoestratégicas de la guerra serán el tema de otro artículo. El punto aquí es que no podemos confiar en la globalización para protegernos de la guerra global.

Pero hay una tercera diferencia crucial con los momentos anteriores a la guerra mundial del pasado. Se trata de la conciencia. Lo que cualquier clase dominante necesita para someter a su propia población a un esfuerzo de guerra total, es la destrucción de la conciencia de clase, la atomización de los individuos y su unificación en la falsa comunidad de la nación. Putin aún no está allí. No tiene al pueblo ruso en el bolsillo como Hitler tenía a los alemanes. Es cierto que a pesar de las numerosas protestas en Rusia contra la guerra, la resistencia contra ella siguió siendo limitada por ahora. Pero las manifestaciones patrióticas de apoyo a Putin no se veían por ninguna parte, aparte de una reunión masiva en la que muchos fueron presionados por el Estado para participar. Putin, aparte de sus capacidades militares, no puede escalar la guerra como Hitler podía hacerlo, porque su control ideológico es demasiado débil. Por otro lado, por eso debe escalar: sin una victoria, corre el riesgo de caerse de su pedestal como la junta argentina después de la derrota de las Malvinas.

Del mismo modo, en la mayoría de los otros países con una tradición de lucha social, el control ideológico es demasiado débil para arrastrar a la población a una guerra a gran escala. Pero se está trabajando en ello. Estamos siendo moldeados. Estamos aprendiendo a reverenciar a los soldados como héroes de nuevo, estamos aprendiendo a animar las victorias en el campo de batalla de nuevo, estamos aprendiendo a aceptar que debemos hacer sacrificios por el esfuerzo de guerra. Y si bien no hay soluciones nacionales a ninguno de nuestros problemas (crisis económica, alteración del clima, pandemias, empobrecimiento, etc.), estamos aprendiendo que no hay nada más hermoso que luchar por las fronteras, morir por la patria.

No dejes que te formateen. Como Karl Liebknecht concluyó su llamamiento al derrotismo revolucionario en 1915: “¡Ya basta y más que basta de matanza! ¡Abajo los instigadores de la guerra aquí y en el extranjero! ¡Fin al genocidio!”

Sanderr

3/23/2022

Fuentes de datos militares: Sipri, IISS, Ruth Leger Sivard. Datos económicos: FMI, Banco Mundial, Bloomberg News, Macrotendencias.

Traducción en español: https://internationalistperspective.org/no-luches-por-tu-pais/

¡Contra la guerra, guerra de clases!

Fuente en francés: https://asaprevolution.net/index.php/2022/04/09/contre-la-guerre-guerre-de-classe/

En Ucrania, la guerra iniciada por la invasión del país por parte del ejército ruso sigue en su apogeo. Algunos quieren presentarnos esta guerra como la gloriosa resistencia de todo el pueblo ucraniano contra el fascismo ruso, otros como la respuesta legítima de Rusia al imperialismo de la OTAN.

La verdad es que en la guerra siempre es la misma gente la que muere; aquellos que son demasiado pobres para huir, que no tienen el dinero ni las conexiones para escapar del alistamiento forzoso, obligados hoy a ir a las trincheras para defender los intereses de los explotadores de ayer, que volverán a utilizarlos mañana. En fin los proletarios, los que como nosotros, ustedes, ustedes, no tienen otra opción para vivir que ir todos los días a vender su tiempo y su cuerpo para enriquecer a los patrones de todos los países. La guerra ruge más allá de las fronteras, los que no mueran por las bombas sufrirán el hambre causada por las sanciones y las repercusiones económicas, incluso a miles de kilómetros de la línea del frente.

Si bien parte del aparato estatal ruso parece decidido a continuar la guerra a pesar de las pérdidas humanas, los capitalistas gobernantes en Ucrania han declarado la ley marcial. Los que se ayudan a sí mismos en las tiendas, para comer o para mejorar lo ordinario son severamente castigados, humillados, a veces ejecutados. Los que todavía trabajan bajo los caparazones ven sus salarios reducidos a la nada en nombre del esfuerzo patriótico. Los capitalistas rusos envían soldados rusos, bielorrusos, osetios o chechenos a morir y matar por sus ganancias. Algunos de los soldados son reclutas, alistados por la fuerza y enviados a luchar.

Ante esta situación, en Rusia se han realizado numerosas y periódicas manifestaciones. Los trabajadores ferroviarios bielorrusos sabotearon las líneas ferroviarias para evitar el suministro logístico al frente. Los trabajadores del aeropuerto de Pisa, Italia, se negaron a cargar armas con destino a Ucrania. A pesar de la feroz represión, los proletarios se levantan contra esta guerra que no es la suya.

Los países occidentales y los de la OTAN, que después de haber saqueado, invadido, bombardeado casi todo el globo en nombre del progreso y luego de la democracia, pueden volver a hacerse pasar por el campo de la paz y la razón.

El Estado ruso, a la zaga de la economía capitalista, se embarca en una guerra de expansión: ¡una situación dramática para los que mueren bajo las bombas, pero una oportunidad para los capitalistas! Ahora es necesaria una reorganización del mercado mundial de la energía en el contexto de una economía verde. Un plan forzado pero bienvenido para los capitalistas europeos y norteamericanos, ya que las inversiones y las ganancias potenciales son colosales.

Esta reorganización irá mucho más allá del tema energético, los bloques se reconfiguran, el llamado a la nacionalidad o a la soberanía es sólo un señuelo para la necesaria competencia renovada entre los Estados amenazados de recesión pero sobre todo entre los trabajadores.

El barniz ideológico nacionalista busca galvanizar a las multitudes para que el trabajo sea aún más y menos costoso para apoyar el esfuerzo bélico y hacer que los trabajadores olviden que sus intereses son los mismos que los de la trinchera opuesta.

Los inmigrantes ucranianos supuestamente se distribuyen cálidamente por país y según su calificación. En realidad, se trata de una carpa de la Cruz Roja que será su área de espera antes de su redistribución a una nueva finca.

“Estamos en guerra”, es con esta frase que Macron abrió la secuencia Covid antes de erigir la resiliencia como consigna de la nación. En línea con el discurso militarista producido por Estados de todo el mundo desde el inicio de la pandemia, para hacernos aceptar un nuevo ajuste de cinturón. ¡Aquí, como en todas partes, los precios suben, suben, EXPLOTAN! Esta subida de precios, ya en marcha mucho antes del inicio del conflicto, encuentra una justificación de sobra en los enfrentamientos que tienen lugar en Ucrania. A los que nos mandan, ¡bajar la calefacción, reducir el consumo de tal o cual cosa, seguir afanándonos pagando dos euros el litro de gasolina!

No olvidemos que la guerra de Estados es la paz capitalista por otros medios. No estamos pidiendo la paz, que sólo es querida por los demócratas porque permite la acumulación. ¡Contra el horror de esta sociedad donde todo se basa en el lucro, queremos la guerra de clases!

Contra el sonido mortífero de las bombas, y la algarabía mediática que nos quiere llevar a las urnas, afilemos los cuchillos, salgamos a la calle, al paro, a los bloqueos: ¡a la ofensiva contra la explotación!

A$AP Révolution

Traducción en español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2022/04/14/contra-la-guerra-guerra-de-clases/

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