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Última actualización: 17/10/2020

  • Contra la pandemia del capital ¡Revolución social!
  • El contagio de la revuelta se extiende… ¡Luchas por doquier!

| Français |

  • Contre la pandémie du capital, révolution sociale !
  • La contagion de la révolte s’étend !

| English |

  • Against the pandemic of capital, social revolution!
  • The contagion of revolt spreads… Revolts everywhere!

| Nederlands |

  • Tegen de pandemie van het kapitaal, sociale revolutie!

| Deutsch |

  • Gegen die Pandemie des Kapitals, soziale Revolution!

| العربية |

  • الثورة الاجتماعیة ضد وباء الراسمالية !

Contra la pandemia del capital ¡Revolución social!

El capitalismo está instalando el terror y la represión en todo el mundo en una operación sin parangón en la historia de la humanidad. Confinamiento de regiones, ciudades y países enteros, confinamiento masivo de seres humanos que son obligados a permanecer encarcelados en sus propias viviendas, suspensión de los miserables derechos ciudadanos, vigilancia, seguimiento y procesamiento de los movimientos de la población a través de todo tipo de tecnologías (smartphones, big data, inteligencia artificial…), despidos masivos, aplicación de Estados de emergencia, de alarma, de sitio, etc. Por todo el globo vemos extenderse una militarización de las calles para controlar y reprimir todo movimiento no autorizado. También vemos multiplicarse los ojos del Estado por medio de ciudadanos sumisos y atemorizados que vigilan cualquier pequeño incumplimiento o cuestionamiento de los decretos del mismo. (1)

Para apuntalar este escenario, los voceros del Estado nos ahogan con datos sobre la expansión de lo que la OMS ha denominado como “Pandemia del COVID–19”. La retransmisión de las cifras de infectados, hospitalizados y muertos, así como de las tasas de mortalidad y de las previsiones de contagio, acompañadas de imágenes de hospitales saturados y caravanas de coches fúnebres haciendo cola en la morgue, se suceden frenéticamente ante nuestros ojos con todo lujo de detalles mientras un constante desfile de políticos, científicos, milicos y periodistas nos introducen en una guerra contra un enemigo externo llamado coronavirus, presentado como el gran mal de la humanidad, como una pandemia que pone en peligro la vida de los seres humanos.

Queremos dejar claro que con esto no tratamos de decir que lo que se denomina COVID–19 no exista o sea una pura creación ideológica del Estado. Lo que tratamos de explicar a lo largo del texto es que la pandemia está siendo utilizada como herramienta contrainsurreccional y de reestructuración del capitalismo, que lo que nos venden por solución es mucho peor que el problema. En este sentido, si bien es evidente la incidencia social de esta pandemia como resultado del despliegue terrorista desarrollado por los Estados, no tenemos elementos sobre los que valorar aún la incidencia directa del COVID–19 a nivel biológico sobre nuestra salud. Los datos que manejamos son los que ofrecen los diversos aparatos del capitalismo mundial (OMS, Estados, organismos científicos…), que evidentemente para nosotros no tienen ninguna fiabilidad pues tal o cual Estado puede inflar o tapar sus estadísticas. Claro que también los proletarios de residencias de ancianos, cárceles, psiquiátricos… denuncian que esos centros se están convirtiendo, más que nunca, en centros de exterminio. Ahora bien, la cuestión fundamental a tener en cuenta es que el capitalismo mundial nunca tomó semejantes medidas pese a la catástrofe generalizada que materializa y se expresa en miles de terrenos (pandemias, enfermedades, hambrunas, catástrofe ecológica…). (2)

Para nosotros no hay nada de humanitario en las medidas contra el coronavirus. El Estado siembra el miedo y la impotencia entre una población atomizada para presentarse a sí mismo como el protector omnipotente de la humanidad. Llama a la unidad de todos para asumir juntos la lucha contra ese enemigo, a realizar los sacrificios necesarios, a colaborar con todo lo que las autoridades dicten, a someterse a las directrices y órdenes de los distintos aparatos del Estado.

Todo este despliegue espectacular crea una cobertura imprescindible. No cuela el cuento de la defensa de la salud. Sabemos que la muerte y catástrofe generalizadas son la esencia de este modo de producción y reproducción, donde la vida humana y el planeta son meros medios para la valorización, y al capital le importa un carajo su bienestar. Aunque las diferentes formas de gestión burguesas diseñan límites para no destruir totalmente el sostén material de la valorización, la depredación de esos medios, su deterioro y destrucción acaban franqueando todo límite, pues esa es la forma natural bajo la que se desarrolla la vida en el capitalismo. La destrucción del planeta y sus habitantes, la muerte imparable, y en crecimiento, de millones de humanos por hambre, por guerras, por pandemias, por la toxicidad, por el trabajo, por inanición, por suicidios y un largo etcétera, nunca han sido un problema a solucionar para el capitalismo, sino daños colaterales o, mejor dicho, su modo específico de desarrollarse.

Las campañas de “solidaridad”, la investigación y el desarrollo científico–médico o alguna que otra medida legislativa, son las formas como el capital aplica las “soluciones” a todas las preocupaciones que generan esos grandes problemas que sufre la humanidad bajo la tiranía del valor. Incluso si utilizamos el mismo criterio restringido y tramposo que utiliza la ciencia para justificar las medidas tomadas hoy de forma generalizada, (3) es decir, la existencia de un virus que amenaza la salud de la sociedad, sabemos que en todos y cada uno de los países donde se despliegan esas “medidas de contención del coronavirus” la existencia, según los propios datos oficiales, de otros virus con una gran incidencia para la salud nunca ha sido motivo de gran preocupación. Eso no quiere decir que el Estado no se vea obligado a intervenir con motivo de alguna catástrofe concreta, como ha hecho en diversas ocasiones, lo que aprovecha siempre para introducir medidas que en otro momento supondrían resistencias y revueltas.

Por consiguiente, para nosotros es claro que todas las medidas que el capital está desplegando para “luchar contra la pandemia del coronavirus” no tienen como objeto nuestra salud, nuestro cuidado y bienestar. Cabe preguntarse por qué el capitalismo ha creado este estado de guerra en este caso concreto y, más importante aún, qué hacemos como proletarios y revolucionarios en esta situación.

No tenemos dudas. La guerra contra el coronavirus es una guerra contra el proletariado mundial. Las medidas estatales justificadas por la pandemia del coronavirus son un salto cualitativo decisivo y homogéneo en la contrainsurrección mundial y en las tentativas burguesas por tratar de iniciar un nuevo ciclo de acumulación de capital. Y frente a esa guerra el proletariado sólo tiene dos caminos: o sacrificar su vida en ella o contraponerse a la misma para defender sus necesidades humanas.

Es cierto que vivimos en un sistema social acostumbrado a confinar. A confinar los alimentos, las necesidades básicas, a confinarnos en pisos, en coches, en centros comerciales, en centros de domesticación para los niños, en centros de trabajo, en centros de mayores (geriátricos), en centros de salud, en centros carcelarios, en centros de ocio o vacacionales… y estas medidas dan una vuelta de tuerca más a este sistema de aislamiento y privatización, transformando el mundo en un gran campo de concentración. (4) Pero no se puede obviar que todo esto sucede precisamente cuando la catástrofe capitalista alcanza nuevas cumbres, cuando el antagonismo entre la vida y el capital llega a niveles todavía más insostenibles que en el pasado. La destrucción de la Tierra, la depredación de sus recursos, el envenenamiento de todo lo que existe, la agudización de todos los mecanismos de explotación y expoliación del ser humano y todo el medio natural, que son aspectos inherentes a este modo de producción de la especie determinado por la economía, están alcanzado niveles insoportables para la mera existencia de seres vivos. La propia dinámica de valorización del capital, en la que éste tiene cada vez más dificultades para renovar sus ciclos reproductivos por la creciente desvalorización que le es congénita, está llevando las contradicciones de este sistema social a sus límites. Caminamos hacia una desvalorización sin precedentes. El desplome del capital ficticio, que sostenía con alfileres los ciclos de reproducción capitalistas, se prefigura en el horizonte. La crisis financiera de los últimos años, cuya primera gran explosión se desarrolló en el año 2008, expresa el agotamiento del mecanismo de respiración artificial que mantenía con vida la economía mundial. Hoy, cuando todo el capital se sostiene en base a la reproducción incesante de capital ficticio, de toneladas de deudas y toda clase de inyecciones financieras que permiten que el capital siga succionando la sangre del proletariado mundial, la burguesía comienza a ser consciente que la ficción no puede escapar a la propia lógica sobre la que se ha edificado, no puede desembarazarse de la ley del valor y toda esa gigantesca acumulación de capital se precipita hacia su desmoronamiento.

Claro que, ante todo, no podemos obviar otra cuestión todavía más decisiva. Toda esta “guerra contra el coronavirus” sucede precisamente cuando la catástrofe que la burguesía hacía cargar sobre las espaldas del proletariado proyectaba grandes sacudidas auguradas ya por las oleadas de luchas que confluyeron en el año 2019 y principios de 2020 en decenas de países. (5) El desencadenamiento de un incendio que arrase con todo el orden capitalista es un problema que vuelve a estar al orden del día en los círculos de la burguesía y una esperanza que vuelve a los corazones de los proletarios.

De ahí que desde hace años las operaciones contrainsurreccionales se multipliquen por el mundo. Si bien, todo manual contra la insurrección tiene como fundamento destruir la autonomía del proletariado, las formas como se ha materializado a lo largo de la historia han sido múltiples. La guerra imperialista, que no ha dejado de desarrollarse, siempre ha sido el recurso por excelencia para transformar el antagonismo de clases en una pelea entre fracciones burguesas, restableciendo la unidad nacional frente a un enemigo exterior, destruyendo a los irreductibles, dando una vuelta de tuerca más a las condiciones miserables del proletariado —imponiendo sacrificios bélicos y posbélicos— y generando una destrucción, material y humana, lo suficientemente amplia para dinamizar el proceso de reproducción capitalista abriendo una nueva fase de expansión.

La pandemia del coronavirus presenta todas las características propias de la guerra imperialista: el enemigo exterior, la unidad nacional, la economía de guerra, los sacrificios por la patria o el “bien común”, los colaboradores, las muertes, la reestructuración económica, etc. (6)

Como toda guerra imperialista supone pérdidas generales a corto plazo (aunque ciertos sectores disparen sus beneficios), pero contiene las bases materiales para generar una nueva fase de acumulación. El proceso de reanimación del moribundo capital, que está aplicándose bajo la cobertura de la guerra al coronavirus y que implica el ataque a las condiciones de vida del proletariado, conlleva el impulso de una nueva fase de acumulación que sólo puede desarrollarse sobre una destrucción de capital de dimensiones y consecuencias inéditas y desconocidas. Claro que en una dinámica donde el capital ficticio representa el eje donde se sustenta la acumulación, la destrucción partirá de ese terreno. La actual paralización parcial y temporal de la producción y circulación de mercancías requiere cantidades insólitas de capital ficticio para mantener el tejido social, además de centralizar gran parte del capital en los sectores militar y sanitario. Sin embargo, esa inundación de ficción para aliviar la parálisis del mercado, que ya contenía una sobreacumulación insostenible de capital ficticio pero que circulaba en gran parte exclusivamente por los mercados financieros, implica volcar masas enormes de ficción desde esos mercados financieros al intercambio mercantil efectivo, lo que expone todo ese capital a su destrucción por la corrección coercitiva que, más pronto que tarde, realizará el mercado respecto al signo de valor. Es decir, la devaluación de la moneda, la imposición despótica de una ley que la burguesía creía haber burlado, creará una desvalorización sin precedentes que implicará la quiebra generalizada de empresas, de Estados, la cancelación masiva de deudas y, por supuesto, la tentativa burguesa de reestructuración global de todo el capital (centralizándose en nuevas esferas, purgándose otras, consolidando nuevos mecanismos de circulación…), tratando de reemprender un nuevo ciclo de acumulación.

Claro que, sobre todo y ante todo, este contexto sólo puede desarrollarse haciendo tragar al proletariado un sacrificio que le invitará a reventar masivamente, que generalizará en todas partes unas condiciones cada vez más imposibles para la supervivencia. Por otro lado, también le empujará a rebelarse, a defender sus necesidades frente a la catástrofe del capital. Ese es el futuro que nos reserva a la humanidad el capitalismo mundial: agudización de la catástrofe o revolución. (7)

En ese contexto se comprenden mejor el accionar de todos los Estados, se comprende el confinamiento, la salida del ejército a las calles, el control, la vigilancia de la población, el ajuste de cinturones de todos los proletarios y el anuncio de los Estados de peores sacrificios a venir. El Estado evalúa cómo reacciona el proletariado ante estados de emergencia y consigue replegar momentáneamente protestas y revueltas en desarrollo como en Francia, Irán, Irak, Líbano, Argelia, Hong–Kong, Chile, etc. En Chile, antes de que los números oficiales del Estado aporten si quiera una sola muerte, y antes de que se implemente alguna medida sanitaria, el Estado ha declarado el estado de emergencia. De esa forma los Estados utilizan la pandemia para recuperar la paz social en zonas con protestas y revueltas estos últimos años, a la par que despliegan en otras partes un entorno propicio para la represión de las protestas a las medidas de empeoramiento que se preparan, comprobando la capacidad de control social que posee sobre su territorio, dónde se concentran los focos rebeldes, qué aspectos mejorar para asegurar la vigilancia y el dominio del territorio, etc.

A lo largo de la historia del capitalismo, a medida que éste iba imponiendo nuevos ajustes y vueltas de tuercas a la explotación, se fueron sucediendo resistencias más o menos colectivas, revueltas e insurrecciones. Por eso fue sorprendente, en un primer momento, la masiva aceptación del proletariado a las medidas aplicadas por los Estados, facilitada, sin duda, por la situación novedosa en que se encontraba y la fuerza mediática de los aparatos del Estado. Sin embargo, algunos proletarios anuncian por medio de sus primeras contestaciones a todas estas medidas, su rechazo a seguir el sonido de las trompetas del Estado, a someterse al régimen de terror y a aceptar el empeoramiento de sus condiciones de vida. Poco a poco vemos como los gestos, gritos, movilizaciones y protestas comienzan a reproducirse.

Pese a las difíciles condiciones que impone el Estado a través del confinamiento y el aislamiento, nuestra clase trata de organizar su respuesta al ataque lanzado por el Estado. No sólo se reproducen pequeños actos de desobediencia, que el Estado reprime con multas, detenciones y acusaciones de insolidarios (como los ancianos que se pasean con la barra de pan, los padres que juntan a niños en casa de los que tienen el jardín más grande, los jóvenes que pasean por los bosques con la excusa de buscar leña, los que cuestionan la versión oficial en cuanto a temas de salud, los que avisan dónde hay controles y señalan a los soplones, los que inventan todo tipo de tretas y artimañas… actos todos que expresan nuestra necesidad más humana de romper el encarcelamiento e invitan a romper el aislamiento), sino que también se suceden protestas y enfrentamientos en las calles.

La provincia de Hubei, primer lugar a ser sometido al estado de emergencia, está viviendo protestas y enfrentamientos en diversas ciudades. En Filipinas se desafía el confinamiento realizando manifestaciones que reclaman alimentos y otros productos básicos. En Argelia, los proletarios se niegan a suspender manifestaciones que se encadenan una tras otra desde antes del confinamiento. En la India, los trabajadores inmigrantes se enfrentan a la policía. En Italia se organizan acciones al grito de “¡Noi! A recuperar lo que nos quitan”. Los motines en las cárceles y en los centros de detención de inmigrantes ilegales viajan de país en país. Los saqueos y el llamado a no pagar alquileres, junto a las huelgas de los que siguen trabajando comienza también a instalarse en algunos lugares. Como las redes de apoyo mutuo y cajas de resistencia.

Los diversos Estados nacionales tratan de zanjar o contener estas protestas utilizando las ventajas que les permite el estado de emergencia. El presidente de Filipinas fue claro al respecto al afirmar que se ejecutará a todo el que se salte el confinamiento. Por otro lado, anuncian pequeñas concesiones como la liberación temporal de 100.000 presos en Irán, o la creación de bonos sociales para la alimentación en Italia. Otros Estados, intentando anticiparse a las protestas, lanzan miserables zanahorias que estamos convencidos que no servirán para aplacar ni el hambre ni las amplias necesidades reprimidas durante siglos por un capitalismo a las que hoy se les da una nueva vuelta de tuerca.

Estas primeras escaramuzas que se organizan contra el estado de emergencia mundial avanzan que el proletariado no se quedará encerrado en su casa viendo cómo le llevan al matadero ni aceptará sacrificarse por la economía. Pero necesitamos organizar internacionalmente toda esa contestación y profundizarla hasta atravesar el corazón de la bestia capitalista. Cambiar el miedo de lado, que el pánico se traslade para el lado de la burguesía. Que el miedo por la pandemia del coronavirus se transforme en miedo por la pandemia de la revolución.

¡La guerra contra el coronavirus es una guerra contra el proletariado mundial!

¡Impongamos nuestras necesidades humanas a las necesidades del capitalismo mundial!

2 de abril de 2020
Proletarios Internacionalistas

1. Aclaremos que a pesar del estado de emergencia y el confinamiento, declarado en decenas de países en el mundo, el capital sigue manteniendo en funcionamiento los sectores productivos que considera necesarios, obligando a los proletarios de esos sectores a ir a trabajar y recluyéndolos en su vivienda en cuanto termina. Incluso en los países de mayor parálisis de producción y circulación, el decreto de “sólo trabajos imprescindibles”, creando la apariencia de que son para nuestras necesidades humanas, es tan ambiguo y flexible justamente para no obstaculizar las necesidades del capital.

2. No creemos relevante profundizar en este texto en cuestiones relacionadas con el origen concreto del COVID–19. En primer lugar, porque no podemos afirmar nada con claridad al no tener los elementos suficientes para hacerlo, y en segundo, porque lo más importante es comprender que la producción y difusión de las pandemias actuales son un resultado del modo de producción y circulación capitalista. Ver al respecto: Contagio social, del grupo Chuang (https://lazoediciones.blogspot.com/2020/03/chuang-contagio-social-guerra-de-clases.html) y Las pandemias del Capital (http://barbaria.net/2020/03/20/las-pandemias-del-capital/) del Grupo Barbaria.

3. Queremos aclarar, aunque no podamos profundizar en este pequeño texto, que no sólo negamos que la curación de una enfermedad sea un acto médico, como el sistema de salud del capital y la medicina “oficial” nos quieren hacer creer, sino que nuestra concepción de lo que es una enfermedad, un virus y, más en general, nuestra concepción de lo que es el cuidado de la salud, están en las antípodas de la ciencia. Desde luego, la ciencia, si está para algo, es para desarrollar las condiciones necesarias para que el capitalismo siga funcionando, siga aniquilando y aplastando todo, saltando obstáculos, sobrepasando límites, etc. Sus distintas articulaciones permiten al capital la adaptación y la fagocitosis.

Esto no quiere decir que avalemos o propongamos un sistema o enfoque “alternativo”. El sistema tecnocientífico condena rápidamente a sus críticos bajo el rótulo de “seudociencia”, pero nuestra crítica del sistema dominante y totalitario de conocimiento bajo la sociedad capitalista también apunta a los fenómenos catalogados de esa forma. Además, estas “terapias alternativas” cada vez actúan más como válvulas de escape y técnicas que complementan a la “medicina oficial”.

4. Claro que ese gran campo de concentración no es igual para todos. No sólo se refleja en aspectos como decíamos en una nota anterior en relación con el trabajo, sino que también el propio confinamiento se vive totalmente diferente. Recordemos la campaña “yo me quedo en casa”, impulsada por medio de vídeos en los que algunos famosos arengaban desde sus “pequeños jardines” o el interior de sus “modestos palacetes” a quedarse en casa, y que fue mimetizada por miles de ciudadanos desde las cajas de cerillas en las que viven.

5. Ver nuestro texto Revuelta internacional contra el capitalismo mundial en proletariosinternacionalistas.org.

6. No sólo nos referimos a las muertes asociadas por los Estados al COVID–19, sino que incluimos las generadas por el Estado con sus medidas. Entre algunos compañeros se discute si caracterizarla también como una guerra química directa contra el proletariado (lo que no implica hablar de premeditación —aunque sepamos que nuestro enemigo ya la usó en el pasado y no ha dejado de desarrollar la investigación en ese campo— sino de su efecto objetivo), en concreto contra los sectores que el capital considera improductivos y que suponen fuertes cargas a las arcas de los Estados y que es precisamente donde está golpeando el coronavirus: ancianos, presos, inmunodeficientes…

7. No estamos afirmando que este proceso se desarrolle inmediatamente, pero sí afirmamos que bajo “la pandemia del coronavirus” ese proceso ha iniciado un salto cualitativo hacia su desenvolvimiento.

Fuente: http://www.es.proletariosinternacionalistas.org/contra-la-pandemia-del-capital/

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El contagio de la revuelta se extiende… ¡Luchas por doquier!

Desde que publicamos nuestro anterior texto a finales de marzo, (1) el desarrollo de los acontecimientos no ha hecho sino confirmar lo que allí denunciábamos: la guerra contra el coronavirus es una guerra contra el proletariado mundial. La declaración de pandemia fue el chivo expiatorio, una excelente oportunidad y cobertura para ir imponiendo toda una serie de brutales medidas que exige despóticamente la dictadura de la ganancia. Se trata de enchufar al proletariado toda clase de medidas de austeridad, imponer a una parte jornadas de trabajo aún más intensas y extensas a cambio de salarios cada vez más precarios, facilitar los despidos de otra parte, exterminar a las enormes franjas sobrantes de la población, asegurar su implantación por medio del control y el terror, y frenar la oleada de revueltas de 2019 reiniciando un nuevo ciclo de acumulación.

El aislamiento que intenta imponer el capital representa la negación del proletariado como clase revolucionaria, la alienación de su comunidad de lucha, para destruir no sólo su proceso actual de asociacionismo, sino su potencia futura (que ya se evidencia en las luchas actuales). Ese es el verdadero objeto del estado de alarma: (2) concretar las necesidades intrínsecas a la relación social capitalista.

Pese a que, en un primer momento, toda esta guerra consiguió paralizar al proletariado, lo cierto es que nuestra clase pronto comprendió en sus carnes de qué trataba la cosa: las condiciones materiales aún peores que sufría por todas partes no eran con motivo de la “pandemia”, (3) sino con motivo de las necesidades de valorización del capital.

Los primeros signos de que el proletariado comprendía esta realidad quedaron patentes en las expresiones de lucha que saludábamos en nuestro texto anterior. Los motines y revueltas en las cárceles de numerosos países, las protestas en Hubei, los saqueos y conflictos en Italia o Panamá, la extensión de actos de desobediencia a las medidas del Estado de alarma y confinamiento… Eran las escaramuzas que anunciaban que el proletariado se disponía a retomar la oleada de luchas contra el capitalismo iniciadas en 2019.

Decíamos también que las toneladas de capital ficticio que mantenían, con una importancia cada vez más decisiva, los flujos de capital desde hace décadas, y que ahora se inyectaban masivamente en el intercambio mercantil efectivo, con una creación masiva de signos de valor si ningún respaldo ni límite, crearían una desvalorización sin precedentes, una destrucción de capital de consecuencias imprevisibles que llevarían al proletariado al límite. Líbano, el primer país que vio extenderse en su territorio una revuelta contra el estado de alarma, fue al mismo tiempo el primero que vio cómo su moneda tocaba fondo. El Estado libanés, que se había declarado en quiebra y declarado el impago de la deuda, veía cómo el aumento impresionante de los precios de las mercancías expresaba una drástica reducción del valor que dice representar la moneda (hasta dos tercios). Los proletarios que todavía disponían de algunos miserables billetes con los que podían cubrir parte de sus necesidades básicas (pues la gran mayoría ni eso) veían cómo éstos se evaporaban.

Confinados en sus casas, con la prohibición de todo tipo de reunión y con los milicos recorriendo las calles, la situación se tornó dramática. La perspectiva era agachar la cabeza y aceptar confinados el funeral que le preparaban o apostar por la vida. Una vez más, el proletariado apostó por la vida saliendo masivamente a las calles. Desde entonces, la llama de la revuelta vuelve a iluminar la oscuridad de este mundo, extendiéndose por diversas regiones, rompiendo el confinamiento, las prohibiciones de reuniones y movilizaciones, la represión y todo el paquete de medidas del estado de emergencia. En Irak, Irán, Panamá, Francia, Colombia, Venezuela, EE.UU, etc., se retoma la oleada de luchas iniciadas en 2019 poniendo en cuestión los planes de reestructuración de la burguesía y planteando con fuerza otra “nueva normalidad” a la que la burguesía mundial quiere imponer.

De Líbano a EE.UU…

La “noche de los molotovs” fue el primer revés serio que el capitalismo mundial recibió en su “guerra al coronavirus”. A mediados de abril, las principales ciudades de Líbano experimentaron protestas y enfrentamientos que fueron respondidas con la brutalidad habitual por parte de los milicos. El 26 de abril se baleaba una manifestación, asesinando al joven Fawaz Fouad e hiriendo a treinta manifestantes. Esa misma noche se desató una respuesta imponente del proletariado, en lo que se denominó la noche de los molotovs. Los milicos se vieron desbordados por la ruptura generalizada del estado de emergencia y por la lluvia de cócteles molotovs que reemplazaban a las piedras. Desde entonces, bancos, milicos, comisarías y otras expresiones del capital sufren con cotidianidad el calor de los molotovs mientras desde las ventanas los gritos y las caceroladas apoyan cada incendio y manifestación de nuestra clase.

Pese a que el gobierno trató de desviar la atención anunciando un plan en cinco fases para salir del confinamiento, proclamando el éxito sanitario, (4) los proletarios no han dejado de intensificar la revuelta, denunciando que la miserable vida bajo el capital es la verdadera pandemia. El Estado no puede ofrecer otra cosa que balazos, muertos, amputaciones, torturas y miseria, que son respondidos con la extensión de las capuchas y los molotovs, organizando al mismo tiempo expropiaciones y redes de apoyo para el reparto de alimentos y productos básicos.

Pero si en Líbano tuvo lugar la primera revuelta contra el estado de alarma mundial, esta no era más que la cristalización en ese territorio de la lucha internacional del proletariado contra las condiciones de vida que impone el capital. (5) Si bien nuestra lucha siempre ha partido de esa realidad, de que independientemente dónde se desarrolle, la misma forma parte de una misma lucha mundial, por las mismas necesidades y contra un mismo enemigo, es cierto que la burguesía despliega todo tipo de recursos e ideologías para aislar, sectorizar, particularizar, nacionalizar, y presentar como diferentes las diversas expresiones de la misma lucha, como si fueran expresiones independientes, como si fuesen ajenas unas de otras y de naturaleza u orígenes diferentes. Pero el desarrollo de la catástrofe capitalista no ha dejado de homogenizar de forma cada vez más brutal las miserables condiciones de existencia del proletariado dificultando las maniobras de la burguesía.

Con la imposición del estado de alarma mundial, el capital daba otro salto cualitativo en esa homogenización. En todas partes las mismas medidas, los mismos sacrificios, el mismo ataque terrorista. La pandemia era la cobertura adecuada para tratar de ocultar la generalización de ese ataque capitalista contra el proletariado, (6) la homogenización brutal de nuestras condiciones de vida a nivel internacional.

Ha sido la lucha del proletariado la que ha desenmascarado a la burguesía mundial y ha reconocido a la pandemia como la tapadera para hacerle la guerra, para imponer las necesidades económicas que demanda el capital por encima de las necesidades humanas más básicas. Los proletarios en lucha expresan sin tapujos que las muertes que el capital adjudica al COVID–19 son una anécdota al lado de la masacre diaria en la vida capitalista, y que las condiciones implantadas con el estado de alarma no han hecho más que agudizar. Si, como decimos, en Líbano se cristalizó la primera revuelta desde la imposición del estado de alarma, sintetizando y amplificando las protestas, oposiciones y tentativas que se dieron anteriormente de diversas formas por todo el mundo (en las cárceles, con huelgas —también internacionales como la de Glovo o Amazon—, con saqueos, manifestaciones…), su cristalización en otros muchos lugares expresa el desarrollo de la lucha internacional de nuestra clase.

Sin duda, Irak es otro de los lugares donde la lucha ha asumido niveles formidables. Recordemos que esa región ha sido uno de los bastiones de la lucha en los meses pasados. Tras un primer impasse provocado por el estado de alarma y ciertas concesiones del Estado (puesta en libertad de presos, investigación de abusos policiales…), las protestas se reanudaron a principios de abril. En esas fechas, varias localidades de la región comenzaron a desafiar el estado de alarma. Bagdad, Diwaniya, Basora, Nasirya y Kut fueron algunas de las ciudades donde se desarrollaron duros enfrentamientos con la policía. Pronto las protestas se tornaron revueltas en todo el territorio, colocándose en el punto donde se habían abandonado antes de la imposición del estado de emergencia. La plaza Tahrir de Bagdad volvió a ser uno de los centros de organización de la lucha en la región. Los intentos de asalto a la “zona Verde” (lugar estratégico de la burguesía), las barricadas en los accesos a la zona puente (al–Jumhuriyah), las piedras y los molotovs sobrevolando las cabezas de los milicos y explosionando en bancos, residencias de burgueses, etc., volvieron a preocupar a la burguesía.

Como le preocupa que en Francia se hayan extendido también las protestas, en especial en los suburbios. En Oise, Amiens, Yvelines, Elbeuf, Compiègne…, los proletarios se enfrentan a la policía con barricadas, molotovs y bengalas. En Mulhouse se tomó la calle después de que los antimotines hirieran a un joven de dieciséis años. Como en Ile–de–France, donde se desató la rabia porque un coche policial atropelló y mató a un joven de dieciocho. En otros lugares como Seine–Saint-Denis organizaron emboscadas a los policías y atacaron símbolos del capital. Para tratar de calmar los ánimos, el Estado francés decidió retirar temporalmente a la policía de los suburbios más calientes.

Pero no solo los suburbios viven jornadas de lucha. Las huelgas se suceden en diversos sectores y empresas (Amazon, Nancy, Deliveroo, basureros, trabajadores sanitarios…), algunas expropiaciones se reproducen en Marsella y Lille, y las prisiones y los centros de detención de migrantes sufren protestas y motines, como Uzerche, en Rennes o Correze, donde los prisioneros destruyeron y quemaron distintas partes de la cárcel y se subieron al tejado.

Hasta en Mayotte (departamento francés en el océano Índico), donde los proletarios se niegan al aislamiento y el encierro y rompen el toque queda, los policías enviados a hacer cumplir el confinamiento son recibidos constantemente con barricadas y piedras. En Bélgica, el Estado se ensaña en los suburbios para frenar la rabia del proletariado, especialmente tras los disturbios por la muerte de un joven en un control policial.

Con la llegada de la revuelta a EE.UU, la lucha internacional ha adquirido nuevos bríos. El asesinato de George Floyd el 26 de mayo por la policía de Minneapolis fue la gota que colmó el vaso. Como un volcán en erupción, los proletarios desataron la furia contenida y saciaron las necesidades que les reprime el capital. Al grito de “¡No puedo respirar!”, nuestra clase se hacía eco de las palabras de Floyd, a la vez que expresaba la imposibilidad de vivir bajo las condiciones sociales que impone el capital. Lo que comenzó en Minneapolis pronto se extendió a todo el territorio de EE.UU y más allá de sus fronteras. Ataques a la policía, incendio y asalto de varias comisarías, saqueos, destrucción de bancos y otras entidades del capital… Conocidos símbolos y estatuas de personajes de la clase dominante fueron golpeados, como estatuas de Churchill, de Cristobal Colón, etc., destruidas o decapitadas en numerosas ciudades, no sólo en EE.UU sino en regiones como Reino Unido o Bélgica. En esta última las protestas y manifestaciones se extendieron a ciudades como Bruselas y Lieja, dejando destruidos y decapitados monumentos históricos en honor al rey Leopoldo II.

La revuelta en EE.UU adquirió rápidamente tal magnitud que hay que retroceder varias décadas para recordar en ese territorio una afirmación semejante del proletariado contra el capital. El Estado tuvo que declarar toques de queda en numerosas ciudades y se movilizó a los soldados de la Guardia Nacional para intervenir. La cantidad de heridos y muertos por la represión sigue avanzando, como en Atlanta, donde la policía acribilló por la espalda a Rayshard Brooks, pero los proletarios lejos de retroceder responden con decisión a cada golpe del Estado.

pasando por todas partes

Hoy podemos decir, pese a que todavía en numerosas regiones nuestra clase sigue aturdida y sometida a toda la paranoia del miedo difundida por los diversos aparatos del Estado, que las luchas que los proletarios estamos desarrollando de un lugar a otro retoman la confrontación internacional iniciada antes de la imposición del estado de alarma mundial. El proletariado defiende sus necesidades contra las del capital contraponiéndose a sus medidas: enfrentando al estado de alarma, a sus medidas excepcionales, al confinamiento, a los “ajustes”, a lo que la burguesía llama en algunas regiones la “nueva normalidad”, (7) etc.

Si bien hemos querido subrayar algunos de los lugares donde la revuelta del proletariado está siendo especialmente importante, ni mucho menos queremos restar importancia a cómo el proletariado está expresando la lucha en otros lugares, tratando de generalizar la revuelta.

Por ejemplo, en Venezuela o Colombia el proletariado expresa su rechazo a sacrificarse a las necesidades del capital mediante la extensión de las protestas, los cortes de calles y los saqueos a mercados o camiones de alimentos, los ataques a las oficinas bancarias… En Panamá, las barricadas y los incendios se enfrentan al ejército en las calles. En Chile, los proletarios retoman poco a poco la lucha que había refluido mediante disturbios como el de Antofagasta o Valparaiso. En Italia, las expropiaciones se han reproducido hasta el punto de que la policía patrulla los supermercados. Grupos de proletarios organizados expropian y reivindican las expropiaciones porque “el dinero para comprar se ha ido”. Las huelgas también se suceden, como la reciente en Whirpool, Nápoles. Así como las manifestaciones en solidaridad con los presos y en contra de las políticas carcelarias. En Alemania, las protestas y manifestaciones contra las medidas implantadas se han venido sucediendo desde finales de marzo, como en Irán y gran parte de Oriente Medio. En Uruguay ha habido manifestaciones durante y contra el confinamiento, como la gran manifestación frente al Palacio Legislativo, y toda clase de resistencia desde diversos barrios acompañada de consignas “¡No nos quieren sanos, nos quieren esclavos!”. O en México, donde se suceden los disturbios, tras la muerte (otra más) de Giovanni López, un joven que un mes antes había sido detenido por no llevar barbijo y asesinado a golpes por la policía en la localidad de Ixtlahuacán de los Membrillos. Las protestas comenzaron el 4 de junio en Jalisco y se extendieron a la capital y otras partes de la región incendiando patrullas, comisarías, el Palacio de Gobierno de Guadalajara y otras expresiones del capital al grito de “¡No murió, lo mataron!”.

Así podríamos seguir, subrayando cómo el proletariado busca afirmar las mismas necesidades, los mismos intereses, frente a un mismo enemigo, frente a una misma condición. La lucha internacional del proletariado está asumiendo diversos niveles de cristalización y fuerza, diversas formas y lugares donde materializarse. En esta situación, y con la perspectiva de consolidación e intensificación de la guerra de clases, uno de los aspectos fundamentales para el avance del proyecto comunista de abolición del capitalismo, del Estado, de las clases sociales, el trabajo y el dinero, es derribar las fuerzas que frenan desde el interior el desarrollo de la perspectiva revolucionaria.

Nos estamos refiriendo a las fuerzas que, ataviadas con falsos ropajes de lucha, nos distraen de nuestros objetivos conduciéndonos por caminos que perpetúan este mundo de muerte, canalizando nuestra potencia. Esas fuerzas se consolidan y desarrollan en base a nuestras propias debilidades, a los propios límites que las luchas contienen. Criticar, denunciar y superar esos límites es una condición imprescindible para la afirmación revolucionaria. No es este el lugar donde profundizar y desarrollar en todos estos límites, que por otro lado hemos ido abordando diversos compañeros y minorías revolucionarias en los últimos años, expresándolos en numerosos materiales, pero sí creemos necesario referirnos brevemente a algunos de los que ostentan protagonismo en la actualidad.

Algunos límites de las luchas actuales

Si bien queremos por un lado difundir la lucha que los voceros del capital tratan de ocultar por todos los medios, (8) también queremos subrayar algunas de las debilidades que esta contiene. El objeto no es otro que fortalecer la dirección revolucionaria que contiene nuestra lucha, defender la autonomía de clase respecto a todos los intentos de encuadramiento, división y frentismo. Solo llevando hasta las últimas consecuencias las luchas en proceso, tumbando todos los elementos de contención, no solo los más evidentes, tales como la acción represiva del Estado, sino las más sibilinas y peligrosas, como las ideologías que posibilitan el encuadramiento y la neutralización burguesa, podremos avanzar hacia la destrucción del capitalismo.

La presencia de ideologías parcializadoras que enfocan los problemas sociales como aspectos parciales que pueden solucionarse al margen de la totalidad que los genera y necesita, que crean movimientos específicos para abordarlos, sigue siendo uno de los lastres del proletariado. Haciendo bascular la lucha hacia aspectos parciales, todas esas ideologías son un sostén del capitalismo al alejar la lucha de la raíz del problema. El antirracismo, el feminismo o el ecologismo son algunas de las ideologías parcializadoras más importantes. Todas ellas trasladan la lucha hacia cuestiones interclasistas. Sin embargo, para muchos proletarios representan una lucha y un sentimiento compartido, sea contra el racismo, contra el sexismo o contra la destrucción del planeta. Porque parten de una problemática existente, pero de manera aislada, sin comprender que es el capital quien organiza y gestiona dichas cuestiones. Si bien el machismo, el racismo o la destrucción de un bosque no son el objetivo de ningún burgués, son elementos inherentes a la tasa de ganancia y por tanto necesarios para el capital, y para esos burgueses en su conjunto. (9)

La falta de demarcación de clase ha sido y es un problema para superar el estado actual de cosas y también para dejar atrás estos movimientos parcializadores y reformistas que solo ven en el Capital, a lo sumo, un problema como los otros. Por tanto, no es necesario agregar la crítica anticapitalista a estas parcializaciones, no se trata de unir lo separado, sino de advertir la dimensión total de la sociedad capitalista en la que vivimos.

Cuando criticamos tal o cual ideología habrá muchos compañeros que se sientan atacados, que no comprendan que lo que estamos atacando es toda una concepción alienante de la lucha. En su propia lucha, el proletariado expresa sus propias debilidades a través de estas cuestiones ideológicas, interclasistas e inmediatistas. Pero de esa misma lucha saca lecciones y directivas, de la cual nuestra crítica no es más que una expresión. Es el proceso por el cual el proletariado se delimita de su enemigo histórico y de las ideologías que la propia vida capitalista afirma, es su proceso de constitución en clase.

Claro que la fuerza de estas ideologías no se constata a nivel individual, sino en el movimiento mismo. Los propios proletarios que luchan contra el capital salen impulsados por sus propias condiciones materiales y en la mayoría de las veces presos de diversas ideologías. Lo decisivo en la lucha es si esas ideologías acaban dominando y canalizando el movimiento o son tumbadas en su propio desarrollo.

En EE.UU hemos sufrido esa ideología parcializadora en forma de antirracismo, tratando de llevar la lucha hacia una cuestión de razas. Pero todo cuestionamiento del racismo que no ataque la base del capital no conduce más que a su reforzamiento, porque no se puede combatir el racismo —ni comprender cómo opera— si no se parte de la crítica profunda al capital. El proletariado en EE.UU ha hecho tambalear esa ideología cuando proletarios de todas las razas han salido a la calle a cuestionar el capital, a imponer sus necesidades, a decirle al capital que no se puede respirar bajo su bota. Sin embargo, la fuerza de esta ideología sigue presente.

Tentativas de repolarización burguesa

La burguesía siempre busca encuadrar la lucha del proletariado en dos bandos que no aspiren más que a metas burguesas y reformistas. No solo le sirve a tal o cual fracción para torcer la lucha del proletariado en favor de sus intereses particulares, sino al capital en general para neutralizar la lucha revolucionaria. El gancho por excelencia siempre ha sido la falsa disyuntiva fascismo–antifascismo. La región española en los años treinta del siglo pasado, nos dio la lección más clara de esta polarización cuando el proletariado revolucionario, que puso en cuestión todas las formas que adoptó el Estado, fue finalmente encorsetado en esa tramposa dicotomía, y acribillado entre (y por) los dos bandos. La llamada segunda guerra mundial fue el corolario de ese encuadramiento aportando dinamismo al capital con el sacrificio de las vidas de millones de proletarios. Hoy, en EE.UU, el Estado vuelve a tratar de canalizar la lucha bajo esos rótulos, al definir a “Antifa” como una organización terrorista. Trata de encuadrar a los manifestantes en esta vieja polarización con ropajes modernos, a la vez que criminalizarlos. Aunque el nombre “Antifa” no refiera a ninguna organización formal determinada y el antifascismo como movimiento es en la actualidad una expresión parcial y minoritaria de los proletarios en lucha, no podemos dejar de apuntar esta tentativa de encuadramiento del Estado burgués.

Pero la polarización que con mayor influencia se está constituyendo en el horizonte, y a la que nos empuja la burguesía de todos los países, es la puja entre las fracciones del capital exacerbándose, con la guerra comercial de fondo, principalmente entre el Estado de EE.UU y el de China. Se intenta encuadrar al proletariado en alguno de los campos burgueses: el Estado chino y ruso se definen contra el poder de los financieros occidentales; los Estados occidentales denuncian a China como la que elaboró el coronavirus, etc.

Se trata de hacernos creer desde un lado que la producción material capitalista se realiza para nuestras necesidades y que hay que defenderla del parasitismo de las finanzas que la oprime, de los bancos, de la élite, del 1%; desde el otro, se nos intenta vender que la producción material de nuestras necesidades necesita del dinero de las finanzas, que el dinero es una herramienta que puede utilizarse para las necesidades humanas. Pero los dos lados son meras alternancias burguesas. Ambas fracciones (que por otro lado están interconectadas) no son más que dos expresiones del capital, dos formas bajo las que el capital transita en su existencia.

Nosotros tenemos claro que el capital no es solo el banco o el dinero, Rockefeller o Bill Gates, de la misma forma que no es solo la fábrica, la empresa o la mercancía, el gran patrón o el pequeño. Creer que alguna de sus expresiones, por más centrales que sean en coyunturas determinadas o por más poder y presión que puedan ejercer a las otras, son la personificación exclusiva del capital, nos saca del terreno revolucionario al considerar que el capitalismo se suprimiría eliminando simplemente a los patrones, o a las “grandes familias” o inclusive a toda la actual élite financiera mundial. Por supuesto que hay que enfrentarse a todos ellos, pero su poder social viene del capital, que es una relación social, más aún, un sujeto que domina y subsume toda la actividad humana y se materializa y personifica de múltiples formas y niveles. Por eso, el comunismo es un movimiento de transformación social, de supresión y superación de las condiciones existentes.

Perspectiva y necesidad de estructuración internacional

En la situación actual que sufrimos y que el capital nos ha preparado, y la que se viene, uno de los grandes límites que tenemos es la debilidad para estructurarnos y centralizar internacionalmente el combate, organizando y extendiendo el asociacionismo proletario, y sobre todo organizando el poder de la revolución que tiene que oponerse y quebrar el poder del capital. Ese aspecto central de la lucha proletaria, supone ya, ahora más que nunca, nuestra máxima necesidad y su afirmación contiene la cristalización de nuestra potencia revolucionaria.

El capital se está organizando, estructurando, no solo para conseguir el máximo beneficio extrayéndonos hasta la última gota de aliento de nuestras vidas, sino también preparando los mecanismos, legales, policiales, sociales, etc., para reprimir nuestra furia y nuestras luchas. La dictadura democrática del capital se presenta hoy con una transparencia extraordinaria que evidencia, una vez más, la crítica que los revolucionarios siempre hemos realizado y profundizado. (10)

La única alternativa al presente y al futuro que nos ofrece la burguesía es la respuesta internacional y revolucionaria que el proletariado intenta materializar, pero la misma necesita afirmarse como fuerza organizada unitaria que se contraponga al poder burgués.

Pese a las diferencias existentes en nuestra comunidad de lucha, pese a la heterogeneidad existente en diversos aspectos de la lucha, la base de nuestro accionar es la lucha contra las condiciones que impone el capital, contra el estado de alarma, contra las necesidades de su economía, de sus bancos, de sus empresas… Es en ese terreno donde las diversas heterogeneidades pueden y necesitan tratarse, discutirse, confrontarse. Y es ahí, en el enfrentamiento al orden existente, donde el proletariado traza su unidad, donde la comunidad de lucha tiene el ecosistema desde el que se desarrolla y potencia. Hay muchas formas de expresar las posiciones de clase, y también formas diferentes de percibir los momentos históricos y nuestro papel en ellos, pero como siempre, lo fundamental y de lo que partimos para la organización es lo que hacemos, es la práctica que llevamos adelante. Partimos de la lucha contra las condiciones a las que nos someten, contra las medidas del Estado represor y chupóptero, partimos de la negación, del enfrentamiento directo al capital.

Hoy, podemos ver un nítido ejemplo de todo esto en la lucha que el proletariado está cristalizando contra el estado de alarma mundial y las diferencias en torno a la importancia que se le da al virus entre las distintas expresiones que luchan. Vemos expresiones en lucha de nuestra clase que ponen de relieve los datos que nos da el Estado y denuncian que es un aspecto central de la catástrofe capitalista y del empeoramiento de nuestras condiciones materiales —dando también mucha relevancia al origen del virus—, pero que no los lleva a negar al verdadero objeto que determina el estado de alarma. (11) Vemos a otras expresiones que denuncian que todo eso es una exageración del Estado (12) para imponer una nueva vuelta de tuerca del capital, que el eje debe estar puesto en las medidas que se amparan tras la declaración de la pandemia y no en la pandemia en sí. Pero más allá de las diferencias, lo importante es que las posiciones se plantean desde la lucha, desde las necesidades, desde la contraposición al capital, desde el enfrentamiento al estado de alarma, al confinamiento y a todas las medidas desplegadas por el capital. Porque es necesario asumir que el estado de alarma (confinamiento y demás medidas) es un estado de guerra contra el proletariado. Independientemente de esas diferencias, esas expresiones comprenden, en forma más o menos clara, que todo lo que han montado los Estados es para las necesidades de valorización y hay que contraponerse a ello.

Por eso, nos encontramos juntos luchando en la calle, conspirando, rompiendo el confinamiento, desobedeciendo, discutiendo, poniendo en cuestión las necesidades de la economía y tratando de imponer las humanas. Es en ese terreno donde siempre el proletariado se organizó y desarrolló su lucha, pero también las necesarias polémicas y discusiones. Tal y como hoy tratamos de hacer pese a las numerosas dificultades existentes. Es en ese terreno donde el proletariado vuelve a sentar las bases para afirmarse como clase revolucionaria a nivel internacional. Seamos consecuentes con ello e impulsemos a todos los niveles la estructuración internacional del proletariado para abolir este viejo mundo.

¡Luchas por doquier… que esa sea la nueva normalidad!

Contra el estado de alarma, contra el confinamiento, contra la nueva normalidad, contra el capital y el estado.

¡Impongamos nuestras necesidades humanas!

Proletarios Internacionalistas.
28 de junio de 2020.

1 Ver “Contra la pandemia del capital, ¡revolución social!” en nuestro sitio.

2 Bajo el rótulo de estado de alarma, de emergencia, etc. nos referimos, claro está, a todas las medidas desplegadas por el Estado: confinamiento, despidos, ajustes, desahucios, terror médico y científico, mascarillas, vacunas, multas, detenciones, disparos, desapariciones, encarcelamientos, inyecciones de capital…

3 Queremos precisar que el término “pandemia” es ya toda una trampa. Es parte del lenguaje científico y tiene su fundamento en tomar un aspecto biológico, como la existencia de un virus, como el factor esencial de una enfermedad. La ciencia, desde su lógica de la separación, ve el virus como una amenaza sobre el ser humano, los animales y su entorno. Su comprensión del mundo, que parte de la racionalidad capitalista, no puede percibir el ecosistema como un todo orgánico, sino como seres aislados que actúan por su cuenta. Pero un virus estudiado en un laboratorio no tiene nada que ver con ese mismo virus en tal o cual ciudad. Un virus desarrollándose y conviviendo como parte equilibrada de una sociedad no tiene nada que ver con lo que haría ese virus en otro lugar, en otra sociedad… Bajo la lupa científica se difuminan elementos mucho más decisivos que el virus, como la forma en la que viven y se relacionan los seres humanos. Teniendo eso en cuenta, en nuestros materiales utilizamos indistintamente el término pandemia con o sin entrecomillado, con o sin matiz. No se trata de entrar en el terreno científico para discutir el uso correcto de esa terminología, cuestionar los criterios científicos que se usan para definir algo como pandemia, sino comprender que el término mismo es una interpretación burguesa de la realidad. En la historia, se ha utilizado esa terminología para dar responsabilidad exclusiva a un virus de tal o cual mal que aquejó a la humanidad ocultando los verdaderos factores decisivos.

4 El Estado libanés ha oficializado apenas una treintena de muertes asociadas a la COVID–19, dato que además deja en claro lo insostenible que es justificar en algunos lugares todas las medidas terroristas de alarma bajo la excusa de la pandemia.

5 Recordemos que Líbano ya había sido uno de los lugares donde la revuelta proletaria de otoño 2019 actuó con más fuerza. La revuelta se contrapuso tanto a Hezbolá, que salió a reprimir, como a la canalización bélica y religiosa que el proletariado de la zona sufre desde hace décadas.

6 Hay Estados como Filipinas que apenas guardan las apariencias. En ese Estado se acaba de aprobar una ley antiterrorista donde toda persona con una simple sospecha por parte de una autoridad policial o militar de estar involucrada en actividades terroristas puede permanecer detenida durante dos meses sin una orden de arresto, y puede ser vigilada otros dos meses a nivel digital y telefónico, lo que significa que cualquier dispositivo conectado a internet, un teléfono, una computadora… son inspeccionados. La formulación legal es de tal magnitud que todo lo que hagan los sospechosos puede considerarse un “acto terrorista” y estará sujeto a las formas y los medios extrajudiciales del Estado.

7 Como si alguna vez hubiéramos abandonado la normalidad capitalista por la irrupción del estado de alarma, cuando en realidad no hemos vivido más que una nueva vuelta de tuerca de la dictadura de la economía contra nuestras vidas. Por su parte, la “nueva normalidad” representa el desarrollo consecuente del estado de alarma que lejos de mejorar las condiciones materiales de vida son el resultado directo de todo lo que está implicando la guerra al coronavirus. Es decir, aún peores condiciones materiales de supervivencia para los proletarios de todo el mundo. Todo se presenta como el lógico desarrollo capitalista de la “vieja normalidad” que la ideología del mal menor añora, presentando como realidades a elegir lo que no son más que momentos de una misma existencia miserable.

8 El ocultamiento de nuestra lucha por parte de los medios no solo consiste en tratar de no mencionar tal o cual revuelta, también consiste, particularmente cuando esa revuelta o protesta no puede ser ignorada por su repercusión, en distorsionarla, fragmentarla, tapar su raíz común.

9 La esclavitud y el tráfico de esclavos tiene por objeto la ganancia, pero el racismo es un elemento inherente para materializarlos. La destrucción del planeta tampoco es un objetivo en sí, pero la maximización de la ganancia solo puede realizarse por ese medio. El sexismo tampoco es una meta per se, sino la forma como el capital consigue reproducirse de manera eficaz. Que todas esas realidades se desarrollen como aspectos de la vida del capital conlleva evidentemente que las mismas se materialicen, expandan y expresen en todas las relaciones humanas de muy diversas maneras. Lo crucial es que la crítica no se quede solo en algunas de esas materializaciones, sino que llegue a la fuente, a la raíz, que sea radical.

10 La democracia no es una forma política, es la forma de vida propia del mundo mercantil generalizado y su esencia es la dictadura del capital, independientemente de que a nivel político se cristalice como gobierno militar, república, monarquía, etc. Recomendamos la lectura del libro de Miriam Qarmat “Contra la democracia”.

11 Es decir, que son parte de la verdadera comunidad de lucha que pelea contra el capital, contra el Estado, contra sus medidas. Queremos aclarar este punto pues nos contraponemos y denunciamos a todos aquellos seudorrevolucionarios que no solo reproducen en su ser el pánico que siembra el Estado, sino que colaboran con él o realizan un apoyo crítico, extendiendo el terror del Estado y favoreciendo la represión. Reivindicándose del comunismo o de la anarquía, esos seudorrevolucionarios siguen al pie de la letra los dictados de Estado, defienden el confinamiento y las otras medidas de control, mirando como sospechosos a los proletarios que se niegan a someterse, a los que se reúnen para luchar, a los que desobedecen al Estado.

12 Lo cual evidencia nuestra imposibilidad de corroborar o refutar estas cuestiones, y muestra cómo nuestras vidas se nos escapan de las manos.

Fuente: https://es.proletariosinternacionalistas.org/el-contagio-de-la-revuelta-se-extiende/

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Tegen de pandemie van het kapitaal, sociale revolutie!

Het kapitalisme legt overal ter wereld terreur en repressie op in een operatie die zijn weerga in de geschiedenis van de mensheid niet kent. Het afsluiting van regio’s, steden en hele landen, massale opsluiting van mensen die gedwongen worden in hun eigen huis te blijven, opschorting van de al ellendige burgerrechten, bewaking, monitoring en verwerking van verplaatsingen van mensenmassa’s via allerlei technologieën (smartphones, big data, kunstmatige intelligentie…), massaontslagen, toepassing van noodtoestanden, alarmering, belegering, enz. Over de hele wereld zien we een militarisering op straat met het doel om elke ongeoorloofde beweging te controleren en te onderdrukken. We zien ook dat de ogen van de staat zich vermenigvuldigen door onderdanige en bange burgers die waken over elke kleine overtreding of het in vraag stellen van de decreten van de staat. (1)

Om dit scenario te onderbouwen, verdrinken staatswoordvoerders ons in gegevens over de uitbreiding van wat de WHO de “COVID-19 Pandemie” heeft genoemd. De berichtgeving over de aantallen geïnfecteerden, ziekenhuisopnamen en doden, evenals de sterftecijfers en infectievoorspellingen, vergezeld van beelden van overvolle ziekenhuizen en uitvaartkaravanen die in de rij staan bij het lijkenhuis, volgen elkaar voor onze ogen op. We zien in alle details een voortdurende parade van politici, wetenschappers, militairen en journalisten die ons in aanraking brengen met een oorlog tegen een externe vijand die het coronavirus wordt genoemd en die wordt voorgesteld als het grote kwaad voor de mensheid, als een pandemie die het leven van de mensheid in gevaar brengt.

Laten we voorop stellen dat we hiermee niet willen zeggen dat wat COVID-19 heet, niet bestaat of een puur ideologische constructie van de staat is. Wat we in deze tekst proberen uit te leggen is dat de pandemie wordt gebruikt als een tegenreactie en als een kapitalistisch instrument voor herstructurering, dat wat ons als oplossing wordt verkocht, veel erger is dan het probleem. Hoewel de sociale effecten van deze pandemie als gevolg van de door de staten ontwikkelde terroristische inzet duidelijk zijn, beschikken we in dit opzicht nog niet over elementen om de directe gevolgen van de COVID-19 op biologisch niveau voor onze gezondheid te beoordelen. De gegevens die we gebruiken zijn die van de verschillende apparaten van het wereldkapitalisme (WHO, staten, wetenschappelijke instanties…), die voor ons uiteraard niet betrouwbaar zijn omdat deze of gene staat zijn statistieken kan opblazen of verdoezelen. Natuurlijk, zelfs de proletariërs in bejaardentehuizen, gevangenissen, psychiatrische ziekenhuizen… stellen aan de kaak dat deze centra meer dan ooit plaatsen van vernietiging worden. De fundamentele vraag waarmee we rekening moeten houden, is dat het wereldkapitalisme nooit eerder dergelijke maatregelen heeft genomen tegenover de wijdverspreide catastrofe die zich op duizenden gebieden voordoet (pandemieën, ziekten, hongersnood, milieucatastrofes…). (2)

Voor ons is er niets humanitair aan de maatregelen tegen het coronavirus. De Staat zaait angst en onmacht onder een geatomiseerde bevolking om zich te presenteren als de almachtige beschermer van de mensheid. Hij roept de eenheid van allen op om samen de strijd tegen deze vijand aan te gaan, de nodige offers te brengen, samen te werken met alles wat de autoriteiten voorschrijven, zich te onderwerpen aan de richtlijnen en bevelen van de verschillende staatsapparaten.

Al deze spectaculaire inzet zorgt voor een onmisbare dekmantel. Het verhaal van de verdediging van de gezondheid klopt niet. We weten dat wijdverbreide dood en catastrofes de essentie zijn van deze wijze van productie en reproductie, waarbij het menselijk leven en de aarde slechts een middel tot [meer]waardecreatie zijn en het kapitaal geen moer geeft om het welzijn. Hoewel de verschillende vormen van burgerlijk management grenzen stellen om de materiële grondslag van de waardecreatie niet volledig te vernietigen, overschrijden de uitputting van deze middelen, hun achteruitgang en vernietiging, uiteindelijk elke grens, aangezien dat de natuurlijke vorm is waaronder het leven zich in het kapitalisme ontwikkelt. De vernietiging van de aarde en haar bewoners, de onstuitbare en toenemende dood van miljoenen mensen door honger, oorlogen, pandemieën, vergiftiging, werk, honger, zelfmoord et cetera, zijn voor het kapitalisme nooit een op te lossen probleem geweest, maar eerder bijkomende schade of, beter gezegd, de specifieke manier waarop het zich heeft ontwikkeld.

De “solidariteitscampagnes”, het wetenschappelijk en medisch onderzoek en ontwikkeling, of nog andere wetgevende maatregelen, zijn de manieren waarop het kapitaal “oplossingen” toepast op alle zorgen die veroorzaakt worden door deze grote problemen waaronder de mensheid gebukt gaat onder de tirannie van de waarde. Zelfs als we hetzelfde beperkte en lastige criterium gebruiken dat door de wetenschap wordt gebruikt om de maatregelen die vandaag de dag worden genomen op een algemene manier te rechtvaardigen (3), dat wil zeggen het bestaan van een virus dat de gezondheid van de maatschappij bedreigt, weten we dat in elk land waar deze “maatregelen ter inperking van het coronavirus” worden ingezet, het bestaan, volgens officiële gegevens, van andere virussen [en microben] met een grote impact op de gezondheid nooit een kwestie van grote zorg is geweest. Dit betekent niet dat de staat niet verplicht is om in te grijpen in geval van een specifieke ramp, zoals hij bij verschillende gelegenheden heeft gedaan, waarvan hij altijd gebruik maakt om maatregelen in te voeren die anders tot verzet en opstand zouden leiden.

Het is voor ons dan ook duidelijk dat alle maatregelen die het kapitaal inzet om “de pandemie van het coronavirus te bestrijden” niet gericht zijn op onze gezondheid, onze zorg en ons welzijn. Het is de moeite waard om ons af te vragen waarom het kapitalisme in dit specifieke geval deze staat van oorlog heeft gecreëerd en, nog belangrijker, wat wij als proletariërs en revolutionairen in deze situatie doen.

We hebben geen twijfels. De oorlog tegen het coronavirus is een oorlog tegen het wereldproletariaat. De overheidsmaatregelen die door de coronaviruspandemie worden gerechtvaardigd, betekenen overal ter wereld een beslissende en homogene kwalitatieve stap tegen de opstand. Tevens wordt in de bourgeoisie getracht een nieuwe cyclus van kapitaalaccumulatie op gang te brengen. En in het licht van deze oorlog heeft het proletariaat slechts twee wegen: ofwel offert het zijn leven op, ofwel verzet het zich tegen de oorlog om zijn menselijke behoeften te verdedigen.

Het is waar dat we in een sociaal systeem leven dat gewend is aan opsluiting. Om het voedsel, de basisbehoeften te beperken, om ons op te sluiten in flats, in auto’s, in winkelcentra, het africhten van kinderen, in arbeidscentra, in centra voor ouderen (geriatrie), in gezondheidscentra, in gevangenissen, in vrijetijds- of vakantiekampen… en deze maatregelen geven een nieuwe wending aan dit systeem van isolement en privatisering, waardoor de wereld wordt omgevormd tot een groot concentratiekamp. (4) Maar het kan niet genegeerd worden dat dit alles juist gebeurt wanneer de kapitalistische catastrofe nieuwe hoogten bereikt, wanneer het antagonisme tussen leven en kapitaal een nog onhoudbaarder niveau bereikt dan in het verleden. De vernietiging van de Aarde, de ontginning van haar grondstoffen, de vergiftiging van alles wat bestaat, de verscherping van alle mechanismen van uitbuiting en plundering van de mens en van elke natuurlijke omgeving, die inherent zijn aan deze productiewijze waarin de economie bepaalt welke soorten planten en dieren mogen voortbestaan, bereiken een ondraaglijk niveau voor het loutere bestaan van de levende wezens. De eigen dynamiek van de vorming van de meerwaarde van het kapitaal, waarin deze steeds meer moeite heeft om zijn reproductiecycli te vernieuwen door de toenemende waardevermindering die erdoor wordt veroorzaakt, brengt de tegenstrijdigheden van dit sociale systeem tot het uiterste. We stevenen af op een ongekende waardevermindering. De ineenstorting van het fictieve kapitaal, dat met punaises en elastiekjes de kapitalistische reproductiecycli in stand hield, wordt in de toekomst voorgeprogrammeerd. De financiële crisis van de afgelopen jaren, waarvan de eerste grote explosie plaatsvond in 2008, drukt de uitputting uit van de kunstmatige beademing die de wereldeconomie in leven hield. Vandaag de dag, wanneer al het kapitaal in stand wordt gehouden op basis van de onophoudelijke reproductie van fictief kapitaal, van tonnen schulden en allerlei financiële injecties die het kapitaal in staat stellen het bloed van het wereldproletariaat te blijven zuigen, begint de bourgeoisie te beseffen dat deze fictie niet kan ontsnappen aan de eigenlijke logica waarop ze is gebouwd, dat ze zich niet kan ontdoen van de wet van de waarde en dat al die gigantische accumulatie van kapitaal naar haar ondergang snelt.

Natuurlijk kunnen we vooral niet voorbijgaan aan een andere, nog beslissender vraag. Deze hele “oorlog tegen het coronavirus” vindt plaats juist op het moment dat de catastrofe die de bourgeoisie op de schouders van het proletariaat liet wegen, grote schokken teweegbracht die al werden voorspeld door de golven van strijd die in 2019 en begin 2020 in tientallen landen samenkwamen. (5) Het ontketenen van een vuur dat de hele kapitalistische orde zal wegvagen, is een probleem dat in burgerlijke kringen weer op de agenda staat en een hoop die in de harten van de proletariërs terugkeert.

Dit is de reden waarom het aantal anti-oproeroperaties in de hele wereld al jaren toeneemt. Hoewel elk anti-oproerhandboek de vernietiging van de autonomie van het proletariaat als basis heeft, zijn de manieren waarop dit in de loop van de geschiedenis tot stand is gekomen, veelzijdig geweest. De imperialistische oorlog, die niet is opgehouden zich te ontwikkelen, is altijd het middel bij uitstek geweest om het klassenantagonisme om te zetten in een strijd tussen burgerlijke fracties, om de nationale eenheid te herstellen tegenover een externe vijand, om het ontembare te vernietigen, om een nieuwe draai te geven aan de ellendige omstandigheden van het proletariaat – het opleggen van oorlog en naoorlogse offers – en om een vernietiging te veroorzaken, materieel en menselijk, die breed genoeg is om het proces van kapitalistische reproductie nieuw leven in te blazen door het openen van een nieuwe fase van expansie.

De coronaviruspandemie vertoont alle kenmerken van de imperialistische oorlog: de externe vijand, de nationale eenheid, de oorlogseconomie, de offers voor het vaderland of het “algemeen belang”, de collaborateurs, de doden, de economische herstructurering, enz. (6)

Zoals elke imperialistische oorlog brengt deze algemene verliezen op korte termijn met zich mee (ook al schieten in bepaalde sectoren de winsten omhoog). Maar de oorlog bevat de materiële basis voor het genereren van een nieuwe fase van accumulatie. Het proces van reanimatie van het stervende kapitaal, dat wordt toegepast onder de dekmantel van de oorlog tegen het coronavirus en dat de aanval op de levensomstandigheden van het proletariaat impliceert, brengt de impuls met zich mee van een nieuwe fase van accumulatie die alleen kan worden ontwikkeld op een vernietiging van het kapitaal van ongekende en onbekende dimensies en gevolgen. Natuurlijk, in een dynamiek waarin fictief kapitaal de as vertegenwoordigt waar de accumulatie in stand wordt gehouden, zal de vernietiging vanaf dat terrein beginnen. De huidige gedeeltelijke en tijdelijke verlamming van de productie en het verkeer van goederen vereist ongewone hoeveelheden fictief kapitaal om het sociale weefsel in stand te houden, naast het centraliseren van een groot deel van het kapitaal in de militaire en gezondheidssector. Deze stortvloed van fictief kapitaal om de verlamming van de markt te verzachten, die al een onhoudbare overaccumulatie van fictief kapitaal bevatte, maar dat grotendeels uitsluitend op de financiële markten circuleerden, betekent echter dat enorme massa’s fictief kapitaal van die financiële markten in de effectieve handel wordt gedumpt, waardoor al dat kapitaal wordt vernietigd door de dwangmatige correctie die de markt eerder vroeg dan laat zal maken ten aanzien van het symbool van de waarde. Dat wil zeggen, de devaluatie van de munt, het despotisch opleggen van een wet die de bourgeoisie dacht te hebben omzeild, zal een ongekende devaluatie veroorzaken die het algemene faillissement van bedrijven, van staten, de massale kwijtschelding van schulden en, natuurlijk, de bourgeoispoging tot globale herstructurering van alle kapitaal (het centraliseren van zichzelf in nieuwe sferen, het zuiveren van zichzelf van derden, het consolideren van nieuwe circulatiemechanismen…) zal impliceren, in een poging om een nieuwe cyclus van accumulatie weer op gang te brengen.

Natuurlijk kan deze context in de eerste plaats alleen worden ontwikkeld door het proletariaat een offer te laten slikken, waardoor de omstandigheden die steeds moeilijker te overleven zijn, overal zullen veralgemenen, en dat het proletariaat zal uitnodigen om massaal tot een uitbarsting te komen. Aan de andere kant zal het proletariaat ook in opstand komen, om zijn behoeften te verdedigen tegenover de catastrofe van het kapitaal. Dit is de toekomst die het wereldkapitalisme voor de mensheid voorhoudt: de verergering van de catastrofe, of de revolutie. (7)

Het is in deze context dat de acties van alle staten beter worden begrepen, met inbegrip van de quarantaine, het loslaten van de soldateska in de straten, de controle, het toezicht op de bevolking, het aanhalen van de buikriem van alle proletariërs en de aankondiging van de ergste offers die de staten zullen eisen. De staat evalueert hoe het proletariaat reageert op de noodtoestanden en slaagt erin de zich ontwikkelende protesten en opstanden zoals in Frankrijk, Iran, Irak, Libanon, Algerije, Hongkong, Chili, enz. kortstondig de kop in te drukken. In Chili heeft de staat de noodtoestand afgekondigd voordat de officiële cijfers van de staat zelfs maar één sterfgeval aangaven en voordat er ook maar enige gezondheidsmaatregel werd getroffen. Zo gebruiken de staten de pandemie om de sociale vrede te herstellen in gebieden waar de afgelopen jaren protesten en opstanden hebben plaatsgevonden, terwijl ze elders een klimaat creëren dat bevorderlijk is voor de onderdrukking van de protesten tegen de verslechterende maatregelen die worden voorbereid, waarbij ze controleren of ze de sociale controle over hun grondgebied kunnen uitoefenen, waar de rebellengroepen zijn geconcentreerd, welke aspecten ze kunnen verbeteren om het toezicht en de controle op het grondgebied te waarborgen, enz.

Gedurende de hele geschiedenis van het kapitalisme, toen het nieuwe aanpassingen en wijzigingen invoerde in de uitbuiting, waren er min of meer collectieve praktijken van verzet, opstand en revoltes. Daarom was het aanvankelijk verrassend dat het proletariaat de maatregelen van de staten massaal aanvaardde, wat ongetwijfeld vergemakkelijkt werd door de nieuwe situatie waarin het zich bevond en de mediamacht van het staatsapparaat. Sommige proletariërs kondigden echter in hun eerste reacties op al deze maatregelen aan dat ze weigerden het tromgeroffel van de staat te volgen, zich te onderwerpen aan het regime van de terreur en de verslechtering van hun levensomstandigheden te accepteren. Beetje bij beetje zien we hoe de acties, oproepen, mobilisaties en protesten zich beginnen te vermenigvuldigen.

Ondanks de moeilijke omstandigheden die door de staat worden opgelegd door opsluiting en isolement, probeert onze klasse haar reactie op de aanval door de staat te organiseren. Niet alleen worden kleine daden van ongehoorzaamheid overgenomen, die de staat met boetes, arrestaties en beschuldigingen van gebrek aan solidariteit onderdrukt (zoals de oude mannen die brood bezorgen, de ouders die kinderen verzamelen in de huizen van degenen die de grootste tuin hebben, de jongeren die door het bos lopen met het excuus van het zoeken naar brandhout, degenen die de officiële versie over gezondheidskwesties in twijfel trekken, degenen die waarschuwen waar er controles zijn en wijzen op de informanten, degenen die allerlei trucs en listen verzinnen… handelingen die allemaal onze meest humane behoefte uitdrukken om het isolement te doorbreken), maar er zijn ook protesten en confrontaties in de straten.

De provincie Hubei, die als eerste aan de noodtoestand is onderworpen, heeft te maken met protesten en confrontaties in verschillende steden. In de Filippijnen wordt de afzondering aangevochten door demonstraties die voedsel en andere basisproducten eisen. In Algerije weigeren de proletariërs de demonstraties te stoppen die al voor de opsluiting elkaar opvolgden. In India worden migratie-arbeiders geconfronteerd met de politie. In Italië worden acties georganiseerd tot de kreet “Noi! Terugnemen wat ze van ons afpakken”. Rellen in gevangenissen en in detentiecentra voor illegale immigranten verplaatsen zich van land tot land. Het plunderen en de oproep om geen huur te betalen, samen met stakingen door degenen die moeten blijven werken, beginnen op sommige plaatsen ook toe te slaan. Zoals wederzijdse ondersteuningsnetwerken en weerstandskassen.

De verschillende natiestaten proberen deze protesten te beslechten of in te dammen door gebruik te maken van de voordelen die de noodtoestand hen biedt. De president van de Filippijnen was op dit punt duidelijk toen hij verklaarde dat iedereen die zijn opsluiting verbreekt, zal worden geëxecuteerd. Aan de andere kant kondigen ze kleine concessies aan, zoals de tijdelijke vrijlating van 100.000 gevangenen in Iran, of het creëren van sociale voedselbonnen in Italië. Andere staten, die proberen te anticiperen op de protesten, houden ons een worst voor die naar onze overtuiging niet zal dienen om de honger te stillen of om de enorme behoeften te stillen die eeuwenlang zijn onderdrukt door een kapitalisme dat vandaag de dag een nieuwe wending krijgt.

Deze eerste schermutselingen georganiseerd tegen de wereldwijde noodtoestand voorspellen dat het proletariaat niet opgesloten zal blijven in zijn huis, of om machteloos toe te zien hoe het naar het slachthuis wordt geleid, noch zal het accepteren om zichzelf op te offeren voor de economie. Maar we moeten dit hele antwoord internationaal organiseren en verdiepen tot in het hart van het kapitalistische beest. Schuif de angst opzij, laat de paniek naar de kant van de bourgeoisie verschuiven. Laat de angst voor de coronaviruspandemie veranderen in angst voor de pandemie van de revolutie.

De oorlog tegen het coronavirus is een oorlog tegen het wereldproletariaat!

Laten we onze menselijke behoeften opleggen aan de behoeften van het wereldkapitalisme!

2 april 2020,
Internationalistische Proletariërs

(1) Laten we vaststellen dat ondanks de noodtoestand en de opsluiting, die in tientallen landen in de wereld is afgekondigd, het kapitaal de productieve sectoren die het noodzakelijk acht in bedrijf houdt en de proletariërs in die sectoren dwingt om te gaan werken en ze na afloop dwingt tot isolement in hun woningen. Zelfs in de landen met de grootste verlamming van de productie en het verkeer, is het decreet van “alleen essentiële werkzaamheden”, dat de schijn wekt dat ze voor onze menselijke behoeften bestemd zijn, terwijl het dubbelzinnig en flexibel genoeg is om de behoeften van het kapitaal niet te hinderen.

(2) Wij vinden het niet relevant om in deze tekst in detail in te gaan op vragen met betrekking tot de concrete oorsprong van de COVID-19. Ten eerste omdat we niets duidelijk kunnen zeggen, omdat we daarvoor niet genoeg elementen hebben, en ten tweede omdat het belangrijkste is te begrijpen dat de productie en verspreiding van de huidige pandemieën het gevolg zijn van de kapitalistische wijze van productie en circulatie. Zie in dit verband: Sociale besmetting, van de Chuâng groep (http://chuangcn.org/2020/02/social-contagion/) en The Pandemics of Capital (http://barbaria.net/2020/03/20/las-pandemias-del-capital/) van de Barbaria Groep.

(3) We willen graag verduidelijken, hoewel we in deze korte tekst niet in detail kunnen treden, dat we niet alleen ontkennen dat het genezen van een ziekte een medische handeling is, zoals het gezondheidssysteem van het kapitaal en de “officiële” geneeskunde ons wil doen geloven, maar dat onze opvatting over wat een ziekte, een virus en, meer in het algemeen, onze opvatting over wat gezondheidszorg is, aan de tegenpolen van de wetenschap liggen. Natuurlijk is wetenschap, als het voor iets is, voor het ontwikkelen van de voorwaarden die nodig zijn om het kapitalisme te laten functioneren, om alles te blijven vernietigen en verpletteren, om over obstakels heen te springen, om over grenzen heen te gaan, enzovoorts. De verschillende geledingen van de wetenschap zorgen ervoor dat het kapitaal zich kan aanpassen en fagocytose kan toepassen.

Dit betekent niet dat we een “alternatief” systeem of een alternatieve aanpak goedkeuren of voorstellen. Het technisch-wetenschappelijk systeem veroordeelt zijn critici al snel onder het mom van “pseudowetenschap”, maar onze kritiek op het dominante en totalitaire kennissysteem onder de kapitalistische maatschappij wijst ook op fenomenen die op deze manier gelabeld worden. Bovendien fungeren deze “alternatieve therapieën” in toenemende mate als uitlaatklep en technieken die de “officiële geneeskunde” ‘complementeren’.

(4) Natuurlijk is dit grote concentratiekamp niet voor iedereen hetzelfde. Het komt niet alleen tot uiting in aspecten zoals we in een eerdere beschouwing over arbeid hebben gezegd, maar ook de opsluiting zelf wordt op een heel andere manier ervaren. Laten we de “Ik blijf thuis” campagne niet vergeten, gepromoot door middel van video’s waarin enkele beroemde mensen uit hun “kleine tuinen” of het interieur van hun “bescheiden paleizen” oproepen om thuis te blijven, en die door duizenden burgers werd nagebootst in de luciferdoosjes waarin ze wonen.

(5) Zie onze tekst Revuelta internacional contra el capitalismo mundial op http://www.proletariosinternacionalistas.org.

(6) We verwijzen niet alleen naar de sterfgevallen die staten in verband brengen met de COVID-19, maar we nemen ook de sterfgevallen op die door de staat met zijn maatregelen worden veroorzaakt. Sommige kameraden discussiëren over de vraag of we het ook moeten karakteriseren als een directe chemische oorlog tegen het proletariaat (wat niet betekent dat we het hebben over voorbedachte rade – ook al weten we dat onze vijand er in het verleden al gebruik van heeft gemaakt en niet is gestopt met het ontwikkelen van onderzoek op dat gebied – maar eerder over het objectieve effect ervan), met name tegen de sectoren die het kapitaal als onproductief beschouwt en die de schatkist van de staten zwaar belasten en dat is precies waar het coronavirus toeslaat: de ouderen, de gevangenen, degenen die lijden aan immuundeficiëntie…

(7) We beweren niet dat dit proces zich onmiddellijk ontwikkelt, maar we beweren wel dat dit proces onder “de coronaviruspandemie” een kwalitatieve sprong in de richting van zijn ontwikkeling heeft gemaakt.

Bron: https://arbeidersstemmen.wordpress.com/2020/04/10/tegen-de-pandemie-van-het-kapitaal-sociale-revolutie/

Tegen de pandemie van het kapitaal, sociale revolutie! [PDF]
Tegen de pandemie van het kapitaal, sociale revolutie! Booklet-A3 [PDF]

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Gegen die Pandemie des Kapitals, soziale Revolution!

Der Kapitalismus setzt überall auf der Welt Terror und Unterdrückung in einer Operation ein, die in der Geschichte der Menschheit beispiellos ist. Isolation von Regionen, Städten und ganzen Ländern, massive Einkerkerung von Menschen, die gezwungen sind, in ihren eigenen Häusern eingesperrt zu bleiben, Aussetzung der miserablen Menschenrechte, Überwachung, Verfolgung und Verarbeitung aller Bevölkerungsbewegungen mittels aller Arten von Technologien (Smartphones, große Datenmengen, künstliche Intelligenz…), Massenentlassungen, Anwendung von Ausnahme-, Alarm- und Belagerungszuständen usw.

Überall auf der Welt erleben wir eine Militarisierung der Straßen, die sich ausbreitet um alle unautorisierten Bewegungen zu kontrollieren und zu unterdrücken. Wir sehen auch, wie sich die Augen des Staates durch unterwürfige und verängstigte Bürger vervielfältigen, die auf jede Art von kleinen Verstößen oder Infragestellung der erlassenen Dekrete achten. (1)

Um dieses Szenario zu untermauern, erdrücken uns die Sprecher des Staates mit Details über die Ausbreitung dessen, was die WHO als „COVID-19-Pandemie“ bezeichnet hat.

Die Weiterverbreitung der Zahl der Infizierten, der Krankenhausaufenthalte und der Toten sowie die Sterblichkeitsraten und die Prognosen für die Ansteckung, begleitet von Bildern von überfüllten Krankenhäusern und Karawanen von Bestattungswagen, die sich im Leichenschauhaus anstellen, laufen vor unseren Augen frenetisch und in allen Einzelheiten ab, während eine ständige Prozession von Politikern, Wissenschaftlern, Militärs und Journalisten uns in einen Krieg gegen einen äußeren Feind namens Coronavirus stürzt, der als der größte Feind der Menschheit dargestellt wird, als eine Pandemie, die alles menschliche Leben in Gefahr bringt.

Wir möchten klarstellen, dass wir damit nicht sagen wollen, dass es das so genannte COVID-19 nicht gibt oder dass es sich um eine rein ideologische Schöpfung des Staates handelt. Was wir in diesem Text zu erklären versuchen, ist, dass die Pandemie als Instrument zur Aufstandsbekämpfung und zur Umstrukturierung des Kapitalismus benutzt wird, und dass das, was sie uns als Lösung verkaufen wollen, viel schlimmer ist als das Problem. In diesem Sinne haben wir, obwohl das soziale Ausmaß dieser Pandemie als Folge des terroristischen Einsatzes des Staates in der Tat offensichtlich ist, noch keine Elemente, anhand derer wir die direkte Auswirkung von COVID-19 auf unsere Gesundheit auf biologischer Ebene bewerten könnten. Die Einzelheiten, über die wir verfügen, sind diejenigen, die von den verschiedenen Apparaten des globalen Kapitalismus (WHO, Staaten, wissenschaftliche Organe…) vorgelegt werden, die für uns offensichtlich nicht zuverlässig sind, da jeder Staat seine Statistiken aufblähen oder verschleiern kann. Offensichtlich prangern auch die Proletarier in Altersheimen, Gefängnissen, psychiatrischen Anstalten… an, dass sich diese Zentren mehr denn je in Vernichtungszentren verwandeln.

Die grundlegende Frage, die es jedoch zu berücksichtigen gilt, ist, dass der globale Kapitalismus trotz der weit verbreiteten Katastrophe, die sich auf Tausenden von Terrains abzeichnet und äußert (Pandemien, Krankheiten, Hungersnöte, Umweltkatastrophen…) (2), niemals ähnliche Maßnahmen ergriffen hat, denn für uns haben die Maßnahmen gegen das Coronavirus nichts Humanitäres an sich. Der Staat sät die Angst und die Ohnmacht in einer atomisierten Bevölkerung, um sich als allmächtiger Beschützer der Menschheit zu präsentieren. Er ruft alle auf, sich zu vereinen, um gemeinsam den Kampf gegen diesen Feind aufzunehmen, die notwendigen Opfer zu bringen, mit allem zusammenzuarbeiten, was die Behörden diktieren, sich den Richtlinien und Befehlen der verschiedenen Staatsapparate zu unterwerfen.

Dieses ganze spektakuläre Schauspiel schafft eine unverzichtbare Verschleierung. Die Geschichte über die Verteidigung der Gesundheit stimmt nicht. Wir wissen, dass der Tod und die weit verbreitete Katastrophe das Wesen dieser Produktions- und Reproduktionsweise sind, bei der das menschliche Leben und der Planet nur Mittel zur Verwertung sind und das Kapital sich einen Dreck um das menschliche Wohlergehen schert – auch wenn die verschiedenen Formen der bürgerlichen Verwaltung Grenzen setzen, um die materielle Grundlage der Verwertung nicht völlig zu zerstören, so wird durch die Plünderung dieser Hilfsmittel, ihren Verfall und ihre Zerstörung am Ende jede Hürde genommen, da dies die natürliche Form ist, unter der sich das Leben im Kapitalismus entwickelt. Die Zerstörung des Planeten und seiner Bewohner, der unaufhaltsame und zunehmende Tod von Millionen von Menschen durch Hunger, Krieg, Pandemien, Toxizität, Arbeit, Hungersnot, Selbstmord und vieles mehr war für den Kapitalismus nie ein zu lösendes Problem, sondern nur ein Kollateralschaden, oder besser gesagt, seine spezifische Entwicklungsweise.

Die „Solidaritäts“-Kampagnen, die Untersuchung und die wissenschaftlich-medizinische Entwicklung oder jede Art von gesetzgeberischen Maßnahmen sind die Formen, in denen das Kapital seine „Lösungen“ auf all die Sorgen anwendet, die durch diese großen Probleme entstehen, unter denen die Menschheit unter der Tyrannei des Wertes leidet. Selbst wenn wir die gleichen eingeschränkten und trügerischen Kriterien anwenden, die die Wissenschaft zur Rechtfertigung der heute allgemein ergriffenen Massnahmen (3) anwendet, d.h. die Existenz eines Virus, das die Gesundheit der Gesellschaft bedroht, wissen wir, dass in jedem einzelnen der Länder, in denen diese „Massnahmen zur Eindämmung des Coronavirus“ eingeführt werden, die Existenz anderer Viren [und Mikroben; Übersetzer] mit grossen Auswirkungen auf die Gesundheit nach den offiziellen Angaben selbst nie ein Anlass zu grosser Sorge war. Das heißt nicht, dass der Staat nicht verpflichtet gewesen wäre, aufgrund einer bestimmten Katastrophe einzugreifen, wie er es bei verschiedenen Gelegenheiten getan hat, bei denen er immer die Gelegenheit nutzt, Maßnahmen einzuführen, die zu anderen Zeiten Widerstand und Aufstände verursacht hätten. Für uns ist daher klar, dass alle Maßnahmen, die der Kapitalismus zur „Bekämpfung der Coronavirus-Pandemie“ ergreift, nicht das Ziel unserer Gesundheit, unserer Fürsorge und unseres Wohlergehens im Auge haben. Es ist angebracht zu fragen, warum der Kapitalismus in diesem konkreten Fall diesen Kriegszustand geschaffen hat und, was noch wichtiger ist, was wir als Proletarier und Revolutionäre in dieser Situation tun müssen.

Wir haben keinen Zweifel. Der Krieg gegen das Coronavirus ist ein Krieg gegen das weltweite Proletariat. Die durch das Coronavirus gerechtfertigten staatlichen Maßnahmen sind ein entscheidender und homogener Qualitätssprung in der globalen Aufstandsbekämpfung und in den bürgerlichen Absichten, einen neuen Zyklus der Kapitalakkumulation in Gang setzen zu wollen. Und angesichts dieses Krieges hat das Proletariat nur zwei Wege: sein Leben in ihm zu opfern oder sich ihm entgegenzustellen, um seine menschlichen Bedürfnisse zu verteidigen.

Es ist sicher, dass wir in einem Gesellschaftssystem leben, das an die Einsperrung gewöhnt ist. Nahrung und Grundbedürfnisse einzuschränken, uns in Wohnungen, in Autos, in Einkaufszentren, in Zentren der Domestizierung von Kindern, in Arbeitszentren, in Altenheimen, in Gesundheitszentren, in Haftanstalten, in Erholungs- oder Urlaubszentren einzusperren… und diese Maßnahmen drehen die Schraube in diesem System der Isolation und der Privatisierung wieder an und verwandeln die Welt in ein großes Konzentrationslager. (4) Aber es kann nicht ignoriert werden, dass all dies genau dann geschieht, wenn die kapitalistische Katastrophe neue Höhen erreicht, wenn der Antagonismus zwischen Leben und Kapital ein Niveau erreicht hat, das noch unhaltbarer ist als in der Vergangenheit. Die Zerstörung der Erde, die Plünderung ihrer Ressourcen, die Vergiftung all dessen, was existiert, die Verschärfung aller Mechanismen der Ausbeutung und Ausplünderung des Menschen und der gesamten Natur, die Aspekte sind, die dieser Produktionsweise der Spezies, die von der Wirtschaft bestimmt wird, innewohnen, erreichen für die bloße Existenz der Lebewesen unerträgliche Grenzen. Gerade die Dynamik der Verwertung des Kapitals, in der es wegen der ihm angeborenen zunehmenden Entwertung immer mehr Schwierigkeiten hat, seine Reproduktionszyklen zu erneuern, bringt die Widersprüche dieses Systems an seine Grenzen. Wir sind auf dem Weg zu einer Devalorisierung ohne Beispiel. Der Sturzflug des fiktiven Kapitals, das die Zyklen der kapitalistischen Produktion künstlich aufrechterhielt, kündigt sich am Horizont an. Die Finanzkrise der letzten Jahre, deren erste Explosion sich 2008 entwickelte, drückt die Erschöpfung des Mechanismus der künstlichen Beatmung aus, der die Weltwirtschaft am Leben hielt. Heute, da das gesamte Kapital auf der Grundlage der unaufhörlichen Reproduktion des fiktiven Kapitals, der Tonnen von Schulden und aller Arten von Finanzspritzen aufrechterhalten wird, die es dem Kapital erlauben, dem weltweiten Proletariat weiterhin das Blut auszusaugen, beginnt sich die Bourgeoisie bewusst zu werden, dass die Fiktion nicht der Logik entkommen kann, auf der sie aufgebaut wurde, sie kann sich nicht vom Gesetz des Wertes befreien, und all diese gigantische Anhäufung von Kapital führt zu ihrem Zusammenbruch.

Es ist klar, dass wir zunächst einmal eine andere, noch entscheidendere Frage nicht ignorieren können. Dieser ganze „Krieg gegen das Coronavirus“ findet genau zu dem Zeitpunkt statt, da die Katastrophe, die die Bourgeoisie dem Proletariat auf den Rücken gelegt hat, große Umwälzungen vorausgesagt hat, die durch die Welle der Kämpfe, die sich 2019 und Anfang 2020 in Dutzenden von Ländern zusammenschlossen, bereits versprochen wurden. (5) Die Entfesselung eines Flächenbrandes, der die gesamte kapitalistische Ordnung auslöschen würde, ist ein Problem, das in Kreisen der Bourgeoisie wieder zum Thema des Tages wird, und eine Hoffnung, die in die Herzen der Proletarier zurückkehrt.

Deshalb haben sich seit Jahren die Operationen zur Aufstandsbekämpfung in der ganzen Welt vervielfacht. Obwohl in der Tat jedes Handbuch gegen den Aufstand die Zerstörung der Autonomie des Proletariats als Grundlage hat, sind die Formen, in denen sich diese im Laufe der Geschichte materialisiert hat, vielfältig gewesen. Der imperialistische Krieg, der nie aufgehört hat, sich zu entwickeln, war immer der Rückgriff schlechthin, um den Antagonismus zwischen den Klassen in einen Kampf zwischen den bürgerlichen Fraktionen zu verwandeln, die nationale Einheit gegen einen äußeren Feind wiederherzustellen, die Unbezähmbaren zu vernichten, die Schraube an den miserablen Bedingungen des Proletariats wieder anzuziehen – Krieg und Nachkriegsopfer zu fordern – und eine materielle und menschliche Zerstörung zu erzeugen, die ausreichend groß ist, um den Prozess der kapitalistischen Reproduktion zu beleben und eine neue Phase der Expansion einzuleiten.

Die Coronavirus-Pandemie weist alle Merkmale des imperialistischen Krieges auf: den äußeren Feind, die nationale Einheit, die Kriegsökonomie, die Opfer für das Vaterland oder das „Gemeinwohl“, die Kollaborateure, die Toten, die wirtschaftliche Umstrukturierung usw. (6) Wie jeder imperialistische Krieg setzt sie kurzfristige Verluste voraus (obwohl bestimmte Sektoren ihre Profite in die Höhe schießen sehen), aber sie enthält die materielle Grundlage, um eine neue Phase der Akkumulation zu erzeugen. Dieser Prozess der Wiederbelebung des sterbenden Kapitals, der sich unter dem Deckmantel des Krieges gegen das Coronavirus vollzieht und der den Angriff auf die Lebensbedingungen des Proletariats impliziert, bringt den Antrieb einer neuen Phase der Akkumulation mit sich, die nur durch eine Zerstörung des Kapitals von ungewöhnlichen und unbekannten Dimensionen und Folgen entwickelt werden kann. Es ist klar, dass in einer Dynamik, in der das fiktive Kapital die Achse darstellt, auf der die Akkumulation aufrechterhalten wird, die Zerstörung von diesem Terrain aus beginnen wird. Die gegenwärtige teilweise und vorübergehende Lähmung der Warenproduktion und -zirkulation erfordert außerordentliche Mengen an fiktivem Kapital, um das soziale Gefüge aufrechtzuerhalten, zusätzlich zur Zentralisierung eines großen Teils des Kapitals im Militär- und Gesundheitssektor. Dennoch impliziert diese Flut von Fiktion, um die Lähmung des Marktes zu lindern, der bereits eine unhaltbare Überakkumulation von Fiktivkapital enthielt, das aber zu einem großen Teil ausschließlich über die Finanzmärkte zirkulierte, ein Dumping riesiger Massen von Fiktion aus diesen Finanzmärkten in den tatsächlichen Marktaustausch, wodurch all dieses Kapital seiner Zerstörung durch die Zwangskorrektur ausgesetzt wird, die der Markt früher oder später in Bezug auf den symbolischen Wert realisieren wird. Das heißt, die Abwertung der Münze, die despotische Auferlegung eines Gesetzes, von dem die Bourgeoisie glaubte, es umgangen zu haben, wird eine Abwertung ohne Präzedenzfälle schaffen, die die allgemeine Zahlungsunfähigkeit der Unternehmen, der Staaten, den massiven Schuldenerlaß und natürlich das bürgerliche Bestreben nach einer globalen Umstrukturierung des Kapitals (Zentralisierung in neuen Bereichen, Säuberung anderer, Konsolidierung neuer Umlaufmechanismen…) impliziert, das versucht, einen neuen Zyklus der Akkumulation wieder aufzunehmen. Es liegt auf der Hand, dass dieser Kontext vor und vor allem nur entwickelt werden kann, wenn dem Proletariat ein Opfer abverlangt wird, das es zu einem massiven Zusammenbruch veranlasst, der überall Bedingungen ausweiten wird, die das Überleben immer unmöglicher machen. Auf der anderen Seite wird sie das Proletariat auch zur Rebellion drängen, zur Verteidigung seiner Interessen gegen die Katastrophe des Kapitals. Dies ist die Zukunft, die der weltweite Kapitalismus der Menschheit vorbehalten hat: eine Verschärfung der Katastrophe oder Revolution. (7)

In diesem Zusammenhang versteht man besser die Aktionen aller Staaten, die Einkerkerung, das Aufstellen der Armee auf der Straße, die Überwachung der Bevölkerung, die Straffung des Gürtels aller Proletarier und die Ankündigung des Staates, härtere Opfer zu bringen. Der Staat evaluiert, wie das Proletariat angesichts der Ausnahmezustände reagiert, und hat es geschafft, die sich entwickelnden Proteste und Revolten wie die in Frankreich, Iran, Irak, Libanon, Algerien, Hongkong, Chile usw. vorübergehend zum Rückzug zu bringen.

In Chile rief der Staat den Ausnahmezustand aus, bevor die zahlreichen Staatsbeamten auch nur einen Todesfall vorweisen konnten und bevor irgendeine Gesundheitsmaßnahme durchgeführt wurde. Auf diese Weise nutzen die Staaten die Pandemie, um den sozialen Frieden in den Zonen wiederherzustellen, in denen in den letzten Jahren Proteste und Aufstände stattgefunden haben, und um an anderen Orten ein günstiges Umfeld für die Unterdrückung von Protesten gegen die ärgerlichen Maßnahmen zu schaffen, die derzeit vorbereitet werden, indem sie die Fähigkeit zur sozialen Kontrolle ermitteln, die sie über ihr Territorium haben, wo sich die Knotenpunkte der Rebellion konzentrieren, welche Aspekte verbessert werden müssen, um die Überwachung und die Herrschaft über das Territorium besser zu gewährleisten, usw. In dem Maße, in dem der Kapitalismus in seiner Geschichte dazu gekommen ist, der Ausbeutung neue Anpassungen und Drehungen der Schraube aufzuzwingen, kam es im Laufe der Geschichte zu mehr oder weniger kollektivem Widerstand, Aufständen und Revolten. Deshalb war es zunächst überraschend, die massive Akzeptanz der von den Staaten angewandten Maßnahme seitens des Proletariats zu sehen, zweifellos erleichtert durch die neue Situation, in der sie sich befanden, und die vermittelnde Kraft des Staatsapparats. Dennoch kündigten einige Proletarier durch ihre ersten Widerlegungen all dieser Maßnahmen an, dass sie sich weigerten, den Fanfaren des Staates zu folgen, sich dem Terrorregime zu unterwerfen und die Verschlechterung ihrer Lebensbedingungen zu akzeptieren. Nach und nach sehen wir, wie sich die Gesten, Schreie, Mobilisierungen und Proteste zu reproduzieren beginnen.

Trotz der schwierigen Bedingungen, die der Staat durch die Einsperrung und Isolation auferlegt, versucht unsere Klasse, ihre Antwort auf den Angriff des Staates zu organisieren. Es werden nicht nur kleine Akte des Ungehorsams reproduziert, die der Staat mit Geldstrafen, Verhaftungen und Vorwürfen mangelnder Solidarität unterdrückt (wie die Alten, die mit einem Laib Brot herumlaufen, die Eltern, die ihre Kinder in dem Haushalt mit dem größten Garten versammeln, die Jugendlichen, die die Wälder unter dem Vorwand durchqueren, Brennholz zu suchen, diejenigen, die die offizielle Version in Bezug auf Gesundheitsfragen in Frage stellen, diejenigen, die davor warnen, wo es Kontrollpunkte gibt, und auf die Spitzel hinweisen, diejenigen, die alle möglichen Tricks und Kniffe erfinden… alle Handlungen, die unser menschlichstes Bedürfnis zum Ausdruck bringen, die Inhaftierung zu durchbrechen und uns dazu auffordern, die Isolation zu durchbrechen), aber auch Proteste und Konfrontationen auf der Straße finden statt. In der Provinz Hubei, dem ersten Ort, an dem der Ausnahmezustand verhängt wurde, kommt es in vielen Städten zu Protesten und Konfrontationen. Auf den Philippinen wurde die Abriegelung durch Demonstrationen in Frage gestellt, bei denen Lebensmittel und andere Grundprodukte gefordert wurden. In Algerien weigerten sich die Proletarier, die Demonstrationen, die sich vor der Blockade nacheinander aufgebaut hatten, einzustellen. In Indien konfrontierten die eingewanderten Arbeiter die Polizei. In Italien wurden Aktionen nach dem Motto „Wir müssen gemeinsam zurücknehmen, was sie uns wegnehmen“ organisiert. Die Unruhen in den Gefängnissen und den Haftanstalten für illegale Einwanderer bewegen sich von Land zu Land. Die Plünderungen und der Aufruf, keine Miete zu zahlen, sowie die Streiks derer, die weiter arbeiten, beginnen an einigen Orten. Auch die Netzwerke der gegenseitigen Hilfe und die Finanzierungspools für den Widerstand.

Die verschiedenen Nationalstaaten versuchen, diese Proteste beizulegen oder einzudämmen, indem sie die Vorteile nutzen, die ihnen der Ausnahmezustand bietet. Der philippinische Präsident hat klar zum Ausdruck gebracht, dass er jeden töten wird, der sich der Isolation entzieht. Andererseits hat sie kleine Zugeständnisse angekündigt, wie die vorübergehende Freilassung von 100.000 Gefangenen im Iran oder die Schaffung von Sozialgutscheinen für Lebensmittel in Italien. Andere Staaten, die versuchen, den Protesten vorzugreifen, werfen miserable Karotten, von denen wir überzeugt sind, dass sie weder dazu dienen werden, den Hunger noch die Bedürfnisse zu stillen, die jahrhundertelang von einem Kapitalismus unterdrückt wurden, der heute die Schraube neu anzieht.

Diese ersten Scharmützel, die sich gegen den weltweiten Ausnahmezustand organisieren, fördern die Vorstellung, dass das Proletariat nicht in seinen Wohnungen eingeschlossen bleiben wird, um zuzusehen, wie es zum Schlachthof verschleppt wird, noch wird es akzeptieren, für die Wirtschaft geopfert zu werden. Aber wir müssen diese ganze Widerlegung international organisieren und vorantreiben, bis sie das Herz der kapitalistischen Bestie durchbohrt hat. Die Angst auf die andere Seite bringen, so dass die Panik in den Reihen der Bourgeoisie weitergeht. Möge sich die Furcht vor der Coronavirus-Pandemie in Furcht vor der Pandemie der Revolution verwandeln.

Der Krieg gegen das Coronavirus ist ein Krieg gegen das weltweite Proletariat!

Lasst uns unsere menschlichen Bedürfnisse durchsetzen gegen die Bedürfnisse des globalen Kapitalismus!

2. April 2020,
Internationalistische Proletarier

(1) Um klarzustellen, dass das Kapital trotz des Ausnahmezustands und der Isolation, die in Dutzenden von Ländern auf der ganzen Welt verhängt wurden, weiterhin die produktiven Sektoren, die es für notwendig erachtet, in Funktion hält, indem es die Proletarier dieser Sektoren zwingt, zur Arbeit zu gehen, und sie nach deren Beendigung in ihre Häuser zurückzwingt. Sogar in den Ländern mit der größten Lähmung der Produktion und des Verkehrs ist das Dekret der „nur wesentlichen Arbeit“, das den Anschein erweckt, sie sei nur für unsere menschlichen Bedürfnisse bestimmt, so zweideutig und flexibel, gerade um kein Hindernis für die Bedürfnisse des Kapitals zu schaffen.

(2) Wir glauben nicht, dass es in diesem Text relevant ist, näher auf Fragen einzugehen, die sich auf den konkreten Ursprung von COVID-19 beziehen. Erstens, weil wir nichts mit Klarheit bejahen können, weil wir nicht über genügend Elemente verfügen, um dies zu tun, und zweitens, weil das Wichtigste ist, zu verstehen, dass die Produktion und Verbreitung der gegenwärtigen Pandemien ein Ergebnis der kapitalistischen Produktions- und Zirkulationsweise ist. Siehe: Soziale Ansteckung. Mikrobiologischer Klassenkampf in China, von Chuang (Orginal: chuangcn.org/2020/02/social-contagion/) und The Pandemics of Capital (barbaria.net/2020/03/29/the-pandemics-of-capital/) von Grupo Barbaria.

(3) Wir wollen klarstellen, auch wenn wir in diesem kleinen Text nicht weiter ins Detail gehen können, dass wir nicht nur ablehnen, dass die Heilung einer Krankheit ein medizinischer Akt ist, wie das Gesundheitssystem und das kapitalistische System uns glauben machen wollen, sondern dass unsere Vorstellung davon, was eine Krankheit, ein Virus, und allgemeiner gesagt, unsere Vorstellung davon, was die Sorge um die Gesundheit ist, an den Antipoden der Wissenschaft liegt. Sicherlich ist die Wissenschaft, wenn überhaupt, dazu da, die notwendigen Bedingungen für das weitere Funktionieren des Kapitalismus zu entwickeln, weiterhin alles zu vernichten und zu zerschlagen, Hindernisse zu überwinden, Grenzen zu überschreiten usw. Ihre verschiedenen Artikulationen erlauben die Anpassung des Kapitals und die Phagozytose.

Das soll nicht heißen, dass wir ein „alternatives“ System oder einen „alternativen“ Ansatz befürworten oder vorschlagen. Das technisch-wissenschaftliche System verurteilt seine Kritiker rasch unter dem Etikett der „Pseduowissenschaft“, aber unsere Kritik am dominanten und totalitären Wissenssystem des Kapitalismus weist auch auf die Phänomene hin, die auf diese Weise katalogisiert werden. Darüber hinaus fungieren diese „alternativen Therapien“ zunehmend mehr als Fluchtventile und Techniken, die die „offizielle Medizin“ komplementieren.

(4) Offensichtlich ist dieses große Konzentrationslager nicht für alle gleich. Es spiegelt sich nicht nur in Aspekten wider, die wir in einer früheren Notiz in Bezug auf die Arbeit kommentiert haben, sondern auch die Gefangenschaft selbst wird auf ganz andere Weise erlebt. Erinnern wir uns an die Kampagne „Ich bleibe zu Hause“, die durch Videos beworben wurde, in denen einige Prominente aus ihren „kleinen Gärten“ oder dem Inneren ihrer „bescheidenen Villen“ davon sprachen, zu Hause zu bleiben, und die von Tausenden von Bürgern in den Streichholzschachteln, in denen sie leben, nachgeahmt wurde.

(5) Siehe unseren Text „Internationale Revolte gegen den globalen Kapitalismus“ unter http://www.en.proletariosinternacionalistas.org/international-revolt-2/

(6) Wir beziehen uns nicht nur auf die Todesfälle, die von den Staaten mit COVID-19 in Verbindung gebracht werden, sondern wir beziehen auch diejenigen mit ein, die der Staat mit seinen Maßnahmen verursacht hat. Unter einigen Genossen wird diskutiert, ob man es auch als einen chemischen Krieg direkt gegen das Proletariat bezeichnen soll (was nicht bedeutet, dass man von Absicht spricht – obwohl wir wissen, dass unser Feind ihn bereits in der Vergangenheit eingesetzt hat und nicht aufgehört hat, Untersuchungen auf diesem Gebiet zu entwickeln -, sondern von seiner objektiven Wirkung), konkret gegen die Sektoren, die das Kapital als unproduktiv betrachtet und die die Staatskassen schwer belasten, und genau diese Sektoren sind es, in denen das Coronavirus zuschlägt: ältere Menschen, Gefangene, Menschen mit Immunschwäche…

(7) Wir behaupten nicht, dass sich dieser Prozess unmittelbar entwickelt, aber wir behaupten in der Tat, dass dieser Prozess unter „der Coronavirus-Pandemie“ einen qualitativen Sprung zu seiner Entfaltung eingeleitet hat.

Quelle: https://arbeiterstimmen.wordpress.com/2020/04/13/gegen-die-pandemie-des-kapitals-soziale-revolution/

Gegen die Pandemie des Kapitals, soziale Revolution! [PDF]
Gegen die Pandemie des Kapitals, soziale Revolution! (Booklet A3) [PDF]

 

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