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Última actualización: 20/07/2021 | Deutsch | Português |

  • Por qué lucha el proletariado en Colombia (Barbaría)
  • Solidaridad con la revuelta en Colombia: Abajo el genocidio estatal (Vamos hacia la vida)
  • Correspondencia desde Colombia (Biblioteca Alberto Ghiraldo)
  • Colombia arde contra el gobierno fascista de Iván Duque (Valladolor Internacionalista)

Por qué lucha el proletariado en Colombia

En las últimas semanas, la clase trabajadora colombiana se ha enfrentado con firmeza a los nuevos ataques de la burguesía, concretados esta última vez en una reforma fiscal del gobierno que busca incrementar la extracción de plusvalía por nuevas vías. El proletariado colombiano viene sufriendo agresiones continuas por parte de la burguesía, que se expresan en un deterioro progresivo de las condiciones de vida, fuertes desigualdades sociales y el empleo contundente de la violencia (militar y paramilitar) contra la movilización obrera y campesina. Los acuerdos de paz con la guerrilla han representado simplemente un mecanismo de integración de sus aparatos políticos contrarrevolucionarios en las instituciones democráticas del capital, habiéndose extendido por todo el país los ajustes de cuentas contra los líderes de las protestas populares, mientras la burguesía terrateniente relanza su ofensiva contra el proletariado rural. Las circunstancias generadas por la nueva pandemia del capital, el covid-19, han agravado todavía más la situación, en términos de desempleo, miseria y mayores impuestos. En realidad, esta reforma fiscal ha sido la gota que ha colmado el vaso para que se produjese un estallido social de enormes proporciones.

Pero nos equivocaríamos si intentásemos comprender este estallido social en términos exclusivamente nacionales. Todo lo contrario. La respuesta de la clase trabajadora colombiana a los planes de hambre y miseria de su burguesía es parte de la recomposición del proletariado mundial (y latinoamericano), en su lucha por sobrevivir a un capitalismo que ha agotado sus posibilidades de desarrollo orgánico. La radicalidad de las formas de lucha en las calles de las principales ciudades colombianas son una respuesta desde abajo a un capital mundial que es incapaz de articular el valor como relación social, que huye hacia adelante bajo expresiones cada vez más ficticias, extrayendo plusvalía a través de todo tipo de mecanismos imaginables y mediante el uso de la fuerza y la violencia de manera creciente.

A nivel mundial, estamos observando cómo el proletariado viene enfrentándose al capital desde los comienzos de la crisis de 2008. Al principio, como ocurrió con las revoluciones árabes de 2011 o el 15-M en España, con muchas ilusiones democráticas y ciudadanistas, de regeneración del sistema. En estas movilizaciones sociales, la clase media y sus guerras culturales posmodernas jugaban un rol hegemónico. Pero, con el paso del tiempo, la clase trabajadora ha radicalizado sus luchas, enfrentando más directamente las condiciones materiales que imponen los planes de explotación del capital. En 2019, los estallidos sociales en Chile, que tuvo como detonante la subida de los precios del transporte urbano, y en Ecuador, que también fue desencadenado por un agresivo ajuste fiscal, representaron un cambio de escenario en la lucha de clases en el subcontinente latinoamericano. Abrieron una fase de mayor radicalización en las luchas obreras, produciéndose un enfrentamiento más directo con el capital y sus gobiernos. Lo que está sucediendo en Colombia en las últimas semanas no puede entenderse sin aludir a este marco más global de mayor radicalización social.

Como sucedió anteriormente en Chile y en Ecuador, el proletariado colombiano ha dado muestras de enorme valentía y radicalidad en las calles, enfrentándose incluso a grupos paramilitares que han disparado fuego real, sin contemplaciones, a los manifestantes. En Cali, epicentro de las protestas, las comunas (los barrios) de la periferia de la ciudad se han organizado colectivamente no solamente para enfrentar la violencia de los cuerpos represivos. Además, han tenido que organizar el aprovisionamiento de víveres, la protección frente a los agentes infiltrados, el transporte colectivo, el cuidado de los heridos, etc., ya que el gobierno ha intentado rendirlos por hambre y cancelación de los servicios básicos. La respuesta de estas comunas, como Puerto Resistencia, es una muestra de la capacidad de nuestra clase para construir relaciones sociales al margen de las impuestas por el capital y sus Estados, donde a la par que se reorganizan las condiciones materiales de vida, se produce una revolución en los valores y en las relaciones humanas. El mundo deja de estar invertido, como sucede en el capitalismo, y las necesidades sociales pasan a ser prioritarias respecto a cualquier otro criterio (como la acumulación de capital sin límites) en las decisiones que las comunas toman en los usos de los recursos disponibles y en los esfuerzos que se dedican a lograrlos. Todo se da la vuelta, deja de estar al revés. Así, por ejemplo, una activista de las luchas medioambientales, que hasta entonces necesitaba escolta ante las múltiples amenazas y asesinatos cometidos por los paramilitares, ahora camina libre, sin miedo, entre sus vecinos. La movilización proletaria le ha devuelto su seguridad, ha frenado la violencia del capital en aquellos espacios donde nuestra clase ha impuesto su lógica de vida (frente la lógica de muerte del capital).

Son atisbos de una sociedad nueva, son destellos de comunismo, son los balbuceos, los comienzos, de la constitución revolucionaria de una clase que se resiste a sucumbir junto a un capitalismo moribundo. El comunismo no surgirá de la cabeza de ningún genio, ni de las directrices exógenas de ninguna vanguardia esclarecida. Es un movimiento histórico que emana de las entrañas de la sociedad, que surge en el fragor de las luchas del proletariado por garantizar sus condiciones de existencia, cuando el capital, en su intento desesperado por seguir incrementando sus beneficios, no le deja otra opción a nuestra clase que organizarse socialmente de una manera alternativa para garantizar sus condiciones de vida. Ciertamente, es todavía insuficiente lo que estamos viendo en las comunas de Cali o de Medellín, o en los barrios de Santiago en Chile, estas nuevas relaciones sociales solamente pueden imponerse a la lógica del capital a nivel mundial. Pero, sin duda, muestran el camino a seguir, son experiencias donde nuestra clase va aprendiendo a combatir al capitalismo en un plano real, material, no conformándose con las ilusiones culturales, democráticas, que le susurra la izquierda posmoderna.

Pero, como decimos, estamos en el comienzo de un proceso que es enormemente complejo, cargado de peligros. La propia izquierda colombiana, tanto a nivel político como sindical, está intentando desviar las luchas al terreno electoral y al de la negociación con el gobierno, enredando al proletariado en el laberinto tecnocrático de las reformas cosméticas de un capital que solamente puede ofrecer la catástrofe y una mayor explotación. Las falsas esperanzas de la socialdemocracia, expresadas en Colombia en la candidatura presidencial de Gustavo Petro o en la alcaldesa de Bogotá Claudia López, representan el mayor peligro para nuestra clase en su lucha por una vida mejor. La socialdemocracia, en su intento de gestionar la crisis del capital, en su burdo intento de conformar un capitalismo amable o inclusivo termina irremediablemente por convertirse en un títere más de la lógica del valor. Si el capital se encuentra en peligro por la movilización proletaria, sin ninguna duda estos personajes de la socialdemocracia colombiana no tendrán ningún remordimiento en actuar con la violencia y la misma contundencia con las que hoy actúa el presidente Iván Duque. En Colombia, como en el resto del mundo, el proletariado revolucionario buscará su vía independiente, como Karl Marx advirtió en el Manifesto comunista de 1848. El proletariado es la única clase social que dispone de las condiciones materiales para construir una sociedad por fuera de la lógica del valor. Es necesario combatir con todas las energías a la socialdemocracia, a las ilusiones democráticas que prometen una gestión benévola del capital, a las corrientes oportunistas que pretenden colocar a nuestra clase en la disyuntiva de elegir (con especial empeño en el terreno electoral) entre las formas más progresistas y más reaccionarias del capital. Es una falsa elección. Del capital en sus diferentes formas solamente podemos esperar miseria y desolación. Los trabajadores y las trabajadoras de las comunas colombianas nos indican un camino alternativo, real: el de la autodeterminación proletaria mediante la lucha de clases.

Fuente: http://barbaria.net/2021/05/30/por-que-lucha-el-proletariado-en-colombia/

Solidaridad con la revuelta en Colombia: Abajo el genocidio estatal

¡Proletarixs del mundo, uníos!

Colombia es, desde hace cuatro días, escenario de una revuelta proletaria con características similares a la que sacudió a la región chilena durante las jornadas de octubre-noviembre del 2019. La continuación del ciclo de lucha abierto por las revueltas en Ecuador y Chile es un síntoma de que el capital, en su reestructuración postpandemia, está en una crisis de magnitudes históricas.

El impulso que volcó a las multitudes a la calle es una reforma tributaria (impuesto a la renta e IVA), que el proletariado colombiano comprendió, en una lúcida crítica práctica, como un modo de dirigir el costo de la catástrofe hacia la población.

La crisis del capital, que la pandemia sólo ha acelerado, es un proceso que se manifiesta de diversas formas, siendo las reformas tributarias una de ellas, que se suma a la destrucción acelerada y extendida de la naturaleza y a la expulsión de grandes masas de asalariados fuera del proceso productivo – con la creación de población descartable para el capital – y sus secuelas encarnadas en oleadas migratorias y un creciente crimen organizado alimentado por la miseria, entre otras manifestaciones que se harán cada vez más cotidianas. En este sentido, es prioritario comprender que cualquier intento de reforma es sólo un mecanismo para eternizar a este verdadero zombi que es el capital, perpetuando la relación social fetichista, superponiendo la producción de valor por sobre las necesidades humanas, en síntesis, destruyendo en el altar del capital todo a su paso.

La respuesta del Estado colombiano – como también ha sido la del Estado chileno, y la de todos los Estados del mundo – no puede ser otra que la represión sangrienta contra nuestr@s herman@s: al momento de escribir estas palabras de solidaridad ya van más de 20 muert@s, much@s compañer@s pres@s y herid@s, además de inmigrantes expulsad@s por participar activamente de las protestas.

Cali, una de las ciudades más grande de Colombia, ha sido militarizada el 30 de abril. Se han desplegado 3.000 policías: un verdadero déjà vu del 19 de octubre en Santiago de Chile. El problema no es solo Iván Duque, es el sistema productor de mercancías, que se ha mostrado tal y como es, evidenciando que el verdadero rostro de la democracia no es más que la forma que asume el capital para imponer su dominación, criminalizando y dejando sentir toda su brutalidad sobre quienes luchan por la liberación de esta forma nefasta de relación social.

La necesidad de articular la lucha a nivel internacional, de vislumbrarla contra todas las separaciones que se nos ha impuesto como humanidad con la irracionalidad genocida, es una realidad que nos explota en las manos: urge generar lazos de apoyo y continuar la lucha en los territorios para superar este mundo. El movimiento del capital sólo seguirá produciendo miseria y, frente a esto, la lucha de clases estalla, y seguirá estallando, en distintos tiempos y espacios producto de este movimiento: sólo el proletariado es capaz de frenar este sinsentido en que se ha convertido este mundo.

¡Sólo la revolución comunista internacional nos hará libres!

Fuente: https://hacialavida.noblogs.org/solidaridad-con-la-revuelta-en-colombia-abajo-el-genocidio-estatal/

Correspondencia desde Colombia

Anónimo. Recibido y publicado por Biblioteca Alberto Ghiraldo, Rosario, Argentina. Primer semana de mayo de 2021

La olas de protestas actuales inicia desde el 28 de abril donde se inició el paro en ocasión a una reforma tributaria con la intención de tapar el hueco fiscal del Estado y evitar que la deuda externa del país tenga más puntos en las calificadoras de riesgo, lo cual subiría la inflación. De lo que no se habla es de que la deuda del país pertenece a los grupos empresariales, banqueros, empresas de infraestructura, lo cual se reduce a los ricos del país, que son quienes no pagan impuestos.

Esta reforma buscaba gravar con el IVA del 19% un producto de uso básico y servicios básicos en un país donde el 43% de la población sobrevive con menos de un sueldo mínimo y come entre una o dos veces al día; donde el gobierno ha gastado dinero en 23 camionetas para su esquema de seguridad 9.600 millones de pesos, 18 tanquetas para las fuerzas represivas por 12.000 millones de pesos, 24 aviones de guerra F16 por 14 billones de pesos; donde el programa periodístico que el presidente emite todos los días para lavar su imagen cuesta 3.200 millones de pesos. Todo esto sin contar los robos por sobrecostos en la compra de mercados por parte de alcaldías y gobernaciones en muchas partes del país para la asistencia a las familias en crisis; sin contar con el pago de los auxilios de pandemia a personas inexistentes y muertxs; con el dinero destinado a la salud que se queda en las arcas de las empresas privadas, en un país donde 50 billones de pesos anuales se pierden en corrupción. Esto lo hace el segundo país más desigual de la región después de Haití.

Por esto inicia la protesta en la actualidad y se sale a las calles masivamente. No es sólo la reforma tributaria; es la reforma al sistema de salud que fortalece el sistema privado de salud, la tercerización de los trabajadores de salud, la crisis en el sistema pensional, el asesinato de defensores y activistas de derechos campesinos, indígenas, afros, ambientalistas, desplazados, mujeres (630) y excombatientes firmantes del acuerdo de paz (272), el asesinato el 4 de marzo de 14 menores víctimas de reclutamiento forzado por parte del bloque 1 (no desmobilizado) de la extintas FARC por bombardeo del ejército encubierto por el gobierno, el asesinato de 7 menores también en un bombardeo del ejército en Caquetá el 2 de septiembre del año pasado, la denominada “Masacre de Bogota”, la noche de protestas del 9 de septiembre en Bogotá con el asesinato de 12 jóvenes a raíz del asesinato de José Ordoñez por parte de la policía, la masacre de la cárcel La Modelo, donde fueron asesinados a manos de la guardia penal y el ejército 24 presos y donde hubo 80 heridos entre el 21 y el 22 de marzo de 2020 (protestas iniciadas por la falta de garantías de atención médica en ocasión de la pandemia, lo cual generó una crisis en todas las cárceles del país), el desplazamiento forzado de 27.431 personas en lo que va del 2021 por cuenta de actores armados legales e ilegales asociados al narcotráfico, la reanudación de la fumigación con glifosato en la zonas rurales del país, el imcumplimiento de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC y un largo etcétera. Todo esto es lo que exacerba la protesta, consecuencia de la medida inoperancia del gobierno que mantiene los intereses de una clase política que se ha valido del paramilitarismo y el narcotráfico para posicionarse en el poder desde la llegada de Uribe Velez en el 2001 y sus candidatos presidentes. Eso representa el partido del gobierno de ultraderecha: una mafia narco-paramilitar, funcional a los intereses del capitalismo, de los terratenientes y banqueros, quienes se han beneficiado de los últimos 70 años de guerra interna.

El trato de guerra a la protesta obedece al miedo que ejerce el pueblo a los que controlan los privilegios, el crecimiento de la pobreza y la urbanidad de la población, resultado del empobrecimiento generado por los intereses de los ricos, y evidencia el postulado principal del escrito de “el ejército en las calles”. Lo vemos con el trabajo de exterminio coordinado entre los comandos de operaciones especiales de la policía (GOES), el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) y los grupos de operaciones urbanas del ejército. El fin es controlar a los pobres de manera sistemática porque los ricos tienen miedo, y el control se ejerce de la única manera que saben: construyendo terror a través de masacrar al pueblo. Ya sabemos quién dio la orden de masacrar la protesta desde Twitter: fue Uribe, al decir que se debía apoyar el derecho de policías y soldados de utilizar armas contra el terrorismo y el vandalismo.

Inmediatamente su títere Duque decretó la “asistencia militar” en las ciudades. Desde el día 3 de mayo se militarizó Cali, la ciudad más empobrecida en esta pandemia, y que presentó enfrentamientos en diferentes sectores populares de la ciudad. El mando de la ciudad fue tomado por el general Zapateiro, el aeropuerto es manejado por militares y la acción genocida inicia desde ese día principalmente en los barrios Siloe (histórico barrio popular habitado en su mayoría por población afro que ha venido desplazada desde el Pacífico por la guerra) y el barrio Puerto Resistencia (Puerto Rellena), al sur de Cali. Se ha cortado el suministro eléctrico en la noche, se ha bloqueado la señal de Internet para que la gente no pueda mostrar la masacre continua que se está realizando. Al 4 de mayo son 31 lxs asesinadxs por armas de fuego en todo el país, 814 detenciones arbitrarias, 10 víctimas de violencia sexual, 21 víctimas de agresión en los ojos, 216 víctimas de violencia física. Estos son datos que han logrado verificar las organizaciones de DDHH, las cuales también han sido perseguidas y tiroteadas por la policía.

La militarización durante la protesta es más evidente al día de hoy, 5 de mayo, en las ciudades más grandes al suroeste de Bogotá. El ejército utilizó helicópteros para movilizar tropas en Bosa, Kennedy. Se creó un centro de detención y tortura en el Portal de las Américas (terminal de transporte de TransMilenio). Al igual que en Cali, cortaron la luz eléctrica y empezaron a disparar contra la población. Se están bloqueando los medios de comunicación de las organizaciones de DDHH y de víctimas para ocultar lo que está  pasando, y se inicia la persecución sistemática de todxs.

En Medellín el sector de extrema derecha está llamando a marchar en contra de la protesta y a favor de defender al ejército y la policía. Hay llamamientos de activistas de ultraderecha a salir armados a las calles para “defender la democracia”.

El tema es que ya nadie se come el cuento. En todos los rincones del país hay movilización. Desde Leticia en el punto más sur de la Amazonía hasta la Guajira en el Caribe. Todxs salimos a protestar. Poco a poco se van organizando los comités de apoyo y de protesta. Hemos visto en estos días que la esperanza está en las calles y la hacemos entre todxs.

Es necesario que poco a poco se geste una discusión desde la movilización sobre qué se quiere con el paro, pues el problema es estructural y no se resolverá con el cambio de politicas, ni de títeres de la burguesia. La gran mayoría que está en las calles comprende que el problema es el capitalismo. ¿Pero hasta qué punto asumimos esta lucha?

Con una juventud sin futuro y siendo esta “patria” una fosa común oculta por más de 200 años bajo la máscara de la democracia, es necesario desenmascarar totalmente al poder, para trascender mas allá de la protesta en una sociedad dominada por la ultraderecha y construida por la guerra.

Más que nunca, es en este momento urgente la solidaridad, la movilización y la denuncia de lo que está pasando actualmente. Por esto lxs invitamos a movilizarse en solidaridad con la protesta en Colombia y a evidenciar la masacre ordenada por Álvaro Uribe.

En Colombia todas las noches son la Noche de los Lápices.

Fuente: http://panfletossubversivos.blogspot.com/2021/05/correspondencia-desde-colombia.html

Colombia arde contra el gobierno fascista de Iván Duque

El pasado miércoles 28 de abril las movilizaciones contra la reforma tributaria han tornado a las calles de nuevo, en formato de paro nacional. Tras la muerte de una persona en Calí a manos de la policía, las calles -en diversas ciudades además de Calí, como Medellín y Bogotá – cuestionaron el monopolio de la violencia del Estado colombiano en forma de incendios de medios de transporte y saqueos de bancos, entre otros. La reacción de las autoridades gubernamentales se materializó en el despliegue de fuerzas policiales y militares bajo el toque de queda. Y en una creciente represión que no ha cesado desde entonces.

El conflicto ha seguido agudizándose estos días hasta ayer, cuando el presidente Iván Duque (mismo partido, línea de gobierno y apoyo que el ex-presidente Álvaro Uribe, mismas manos manchadas de sangre) aprobó la “Asistencia militar”, un eufemismo para militarizar las ciudades del país. Esto ha generado una represión aún más bárbara para intentar acallar la protesta social con el lenguaje de la pistola, a sangre y fuego.

Las fuerzas represoras han confirmado 10 muertes, aunque diversos reportes hablan de 35 muertes confirmadas. Todas ellas asesinatos a manos de la policía y militares. Causas: fuego real y palizas de muerte. Ocurren detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas, defensores de derechos humanos han sido secuestrados y torturados. Se han denunciado casos de violaciones a mujeres por parte de las fuerzas armadas colombianas.

El actual presidente está instando por redes sociales a las fuerzas armadas a que disparen FUEGO REAL contra la población civil. Acusan a los y las manifestantes  de vándalos y terroristas, obviando el crimen que el gobierno comete con su terrorismo de estado, contra un movimiento que pide pan, techo, dignidad por una vida que merezca ser vivida.

Por parte de las compañeras y compañeros de allá, han hablado de paro indefinido para todo el territorio nacional. Los pueblos indígenas van a realizar la minga indígena -unión de las etnias indígenas para marchar allá donde se encuentre el gobierno. Las movilizaciones siguen haciéndose notar en las carreteras de entradas y salidas del país con bloqueos, quema de peajes, toma de carreteras, enfrentamientos directos…. Y llegará a la capital, Bogotá, pronto.

Fuente: http://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2021/05/colombia-arde.html

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