Enfoque sobre Rojava

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Enfoque sobre Rojava

Las devastadoras consecuencias del mal menor y el antiimperialismo en los círculos anarquistas (II)

Mayo de 2024 / waragainstwar@subvertising.org / waragainstwar.noblogs.org

¿Por qué centrarse en Rojava en 2024? Por casualidad, en conversaciones, pero también porque la forma más extendida de mitología militar-revolucionaria sobre Rojava ha reaparecido como apoyo ideológico a un compromiso “anarquista” en la guerra de Ucrania, hasta el punto de valorar la trayectoria de personas que han pasado de una guerra a otra. En esta ocasión, el compromiso militar en Rojava se presenta “naturalmente” como una autoridad para justificar el alistamiento en las tropas ucranianas “en cualquier caso”, ya que la causa se considera izquierdista o “anarquista”.

Más allá de esta actualidad, el abanico de cuestiones que plantea el “apoyo a la Rojava revolucionaria” afecta a todos los aspectos esenciales de esta sociedad a los que se enfrenta más que nunca la aspiración revolucionaria, como las relaciones sociales capitalistas, la naturaleza del Estado y la tendencia general hacia la guerra.

El nudo de la cuestión de Rojava y todos sus desarrollos hay que buscarlo en su origen, por lo que resulta interesante volver a leer análisis de hace diez años. La suposición de muchos defensores de la “revolución en Rojava” es la mezcla de la contagiosa revuelta de la “Primavera Árabe” en Siria en 2011 con su entierro oficial, especialmente en el marco nacional kurdo. No, la “Administración Autónoma del Norte y Este de Siria” — denominación oficial de “Rojava” en la escena diplomática internacional desde 2018 — no es la emanación de una lucha emancipadora y revolucionaria con sus fortalezas y limitaciones, sino todo lo contrario: es lo que se ha organizado políticamente para retomar el control dentro del marco estatal y capitalista. Como subrayaron Gilles Dauvé y Tristan Leoni en 2015:

La llamada Revolución de julio de 2012 corresponde, de hecho, a la retirada de las tropas de Assad del Kurdistán. Tras desaparecer el anterior poder administrativo y de seguridad, se ha sustituido por un autogobierno denominado revolucionario que ha tomado las riendas. Pero, ¿en nombre de qué “autogobierno” actúa? [Y] ¿de qué revolución?1

Ya en 2005, el KCK2 había abandonado su objetivo de crear un Estado kurdo independiente y, en su lugar, abogaba por el famoso confederalismo democrático, promovido en los escritos del fundador del PKK, Abdullah Öcalan, condenado en 1999 por Turquía a cadena perpetua. Este plan se llevó a cabo en 2012, cuando el PYD tomó el control de gran parte del norte de Siria y firmó un acuerdo con el Gobierno sirio. El truco consiste en presentar esta transferencia de poder político y militar como el inicio de una revolución, cuando en realidad se trataba más bien de garantizar la continuidad del Estado, en contra de todas las aspiraciones revolucionarias. Le guste o no al romanticismo de izquierdas, todos los ingredientes progresistas, liberales, ecologistas y feministas con los que se adornó esta transferencia de poder estatal son más bien el signo de un funeral de primera clase que una expresión de la lucha que la precedió.

Se nos habla de una dinámica popular, ciertamente adormecida por la guerra, pero que podría resurgir más adelante, más tarde. Habría que mantener la esperanza y, sobre todo, creer que la humanidad (o el proletariado) se emancipará primero haciendo la guerra y solo después la revolución. Esto nos parece una locura. Sin embargo, esa es la opción que habría elegido el PYD y que se corresponde con el viejo esquema “revolucionario” (la clásica fase de transición se limita aquí a una “revolución política”). (…) En Rojava domina la guerra, una guerra popular si se quiere, pero una guerra al fin y al cabo.3

Por supuesto, hay que tener siempre en cuenta, tanto en aquella época como hoy en día, que esta recuperación del control, esta reconfiguración nacional, no ha erradicado todo atisbo de lucha, de emancipación más allá de los marcos impuestos. Prestar atención a esto significa, en primer lugar, negarse a considerar la reconstitución del Estado como la continuación de la lucha o, en otras palabras, que existieran intereses comunes, alguna convergencia posible entre ambos.

Mantener la confusión entre la lucha y su entierro con el pretexto del “deber de solidaridad” es, en realidad, lo peor que se puede hacer con respecto a cualquier atisbo de lucha que se mantenga o resurja precisamente a contracorriente. Esta matriz ideológica es tan antigua como nuestras derrotas — en particular desde el advenimiento de la socialdemocracia, nuestra principal sepulturera — y siempre ha necesitado patrias para encarnarse, desde la Rusia bolchevique hasta la China maoísta o la Cuba castrista, pasando por las luchas de liberación nacional bajo diversos emblemas.

La lucha en Chiapas desde los años 90 ha sido — y sigue siendo en cierta medida — un estandarte de esta matriz, sin que ello coincida con su realidad compleja y contradictoria, cuyo análisis serio ocuparía demasiado espacio aquí. En cualquier caso, los defensores del “la Rojava revolucionaria” suelen recurrir a una visión superficial y de izquierdas de Chiapas para apoyar sus tesis, especialmente en temas como la autonomía, el territorio, la sociedad civil, la democracia sin Estado, la gobernanza participativa, la lucha armada y el género. Todos estos elementos deben ser sometidos a un escrutinio crítico, pero la propia matriz ideológica los convierte en indiscutibles, en una formidable maquinaria que ha experimentado un auge considerable en relación con Rojava. En lugar de hablar del destino de la lucha insurreccional de 2011 y más allá, en lugar de ver el movimiento nacional kurdo como antagónico a esta lucha, nos engañan con el pueblo, el feminismo-militar, la economía participativa y la glorificación de la “sociedad civil”, como si esta no fuera el espacio por excelencia de la colaboración de clases, la otra cara del Estado, su garante y su pilar.

Las polémicas internacionales sobre estas cuestiones, sobre el carácter revolucionario o no de lo que está sucediendo en Rojava, sobre el sentido de una solidaridad que hay que activar con quién y con qué, contra qué, surgieron desde los primeros años después de 2011, especialmente en el ámbito anarquista (y más allá), y siguen vigentes en la actualidad, cuando el tema vuelve a estar sobre la mesa.

Resumiríamos los aspectos importantes en estos términos:

  • ¿Qué ha sido de la ola de lucha de principios de la década de 2010 frente a la constitución del Estado de Rojava (la “administración autónoma”), detrás de lo que se nos vende internacionalmente?
  • Del mismo modo, ¿cómo ha podido sobrevivir esta ola de lucha a su militarización bajo la égida internacional, en un contexto de aplastamiento, de trituración de las luchas en un profundo caos interimperialista, desde la represión de las luchas de 2011 en Siria hasta la reconfiguración militar internacional “contra el Daesh”, a costa de alianzas con los opresores internacionales?
  • ¿Qué contenido social, político y emancipador y qué perspectiva tiene esta “autonomía”, si es algo más que una restauración del Estado bajo una nueva forma (democracia popular, comunitaria…) y la llegada de nuevos gestores?
  • En otras palabras, ¿qué inicio de ataque — o incluso de crítica — de la relación social capitalista y del Estado hay en el proceso del que se habla en Rojava desde hace tantos años?

Las respuestas a estas preguntas se han documentado a lo largo de la última década y, lamentablemente, no van en la dirección que pretenden los defensores de la “revolución en Rojava”. Desde un punto de vista teórico, la evocación del “municipalismo libertario” de Murray Bookchin suele servir de garantía para los anarquistas, como si se diera por sentado que esta doctrina gestionista fuera revolucionaria y se pudiera firmar un cheque en blanco al fundador del PKK, Abdullah Öçalan, quien se convirtió a ella en prisión gracias a su correspondencia con el autor y de ella extrajo su propia doctrina, el confederalismo democrático. Este giro ideológico garantizaría que lo que se está haciendo en Rojava bajo los auspicios del PKK y su emanación más amplia, el KCK, ya no se inscribiría en la continuidad de la conquista clásica del Estado por un partido marxista-leninista, sino que se uniría, e incluso encarnaría, las aspiraciones emancipadoras del movimiento de 2011. Esto es lo que Gilles Dauvé y Tristan Leoni analizaban en 2015 detrás de ese barniz seductor:

El PKK no ha renunciado al objetivo natural de todo movimiento de liberación nacional. Aunque ahora evita una palabra que suena demasiado autoritaria, lo que persigue el PKK, hoy como ayer, es la creación de un aparato central de gestión y decisión política en un territorio; y no hay mejor palabra que Estado para designar esa cosa. La diferencia, además de la calificación administrativa, es que sería tan democrático, tan en manos de sus ciudadanos, que ya no merecería el nombre de Estado. Hasta aquí la ideología.

En Siria, el movimiento nacional kurdo (bajo la influencia del PKK) ha sustituido la reivindicación de un Estado de pleno derecho por un programa más modesto y más “baasista”: autonomía, confederalismo democrático, derechos humanos y de la mujer, etc. En lugar de la ideología de un socialismo dirigido por un partido único obrero-campesino que desarrolla la industria pesada, en lugar de las referencias “de clase” y “marxistas”, lo que se pone de relieve es la autogestión, la cooperativa, la comuna, la ecología, el antiproductivismo y, como bonus, el género.4

El confederalismo democrático de Abdullah Öçalan, aplicado por el PKK y sus avatares, encontró su primera transcripción política en enero de 2014 en la Carta del Contrato Social5, una verdadera constitución que define los principios y la arquitectura global de la organización social y política del territorio, es decir, del Estado en Rojava. Al repasar sus artículos, nos vemos obligados a constatar que, como cualquier constitución, se trata de un baluarte democrático contra cualquier emancipación fuera del marco estatal y capitalista y, por lo tanto, contra la revolución. En su elocuente preámbulo, el texto “reconoce la integridad territorial de Siria y aspira al mantenimiento de la paz interior e internacional”.

En relación con esta Carta del Contrato Social, citemos el texto “Rojava: fantasías y realidades” de Zafer Onat (2014)6:

En este punto, conviene examinar el Contrato del KCK que define el confederalismo democrático que constituye la base del sistema político de Rojava. Algunos puntos de la introducción escrita por Ocalan merecen nuestra atención:

Este sistema tiene en cuenta las diferencias étnicas, religiosas y de clase sobre una base social”. (…) “En el Kurdistán se aplicarán tres sistemas jurídicos: la legislación de la UE, la legislación del Estado unitario y la legislación confederal democrática”.

En resumen, se afirma que la sociedad de clases permanecerá y que habrá un sistema político federal compatible con el sistema mundial y el Estado-nación. En consonancia con ello, el artículo 8 del Contrato, titulado “Derechos y libertades políticas de la persona”, defiende la propiedad privada, y la sección C del artículo 10, titulada “Responsabilidades básicas”, define la base constitucional del servicio militar obligatorio al afirmar que “en caso de guerra en legítima defensa, como requisito de patriotismo, existe la responsabilidad de participar activamente en la defensa de la patria y de los derechos y libertades fundamentales”. Si bien el Contrato afirma que el objetivo no es el poder político, también entendemos que tampoco se pretende la destrucción del aparato estatal, lo que significa que el objetivo es la autonomía dentro de los Estados-nación existentes. Cuando se considera el Contrato en su totalidad, queda claro que el objetivo propuesto no va más allá de un sistema democrático burgués denominado confederalismo democrático. En resumen, aunque existe una similitud entre las fotos de dos mujeres con rifles, difundidas con frecuencia en las redes sociales, una tomada durante la guerra civil española y otra en Rojava, similitud en el sentido de que son mujeres que luchan por su libertad, está claro que las personas que luchan contra el EIIS en Rojava no tienen en este momento los mismos objetivos e ideales que los obreros y campesinos pobres que lucharon en el seno de la CNT-FAI para suprimir realmente el Estado y la propiedad privada.

De ahí a decir que la CNT, a partir de 1936, luchaba por “abolir el Estado y la propiedad privada”, hay un paso que no se puede dar históricamente, teniendo en cuenta su abandono del comunismo libertario, su compromiso con la República y su sumisión a la lógica de la guerra frente a la de la revolución. En lo que respecta a Rojava, al igual que ahora a Ucrania, en cuanto “la sociedad”, “el país”, “el pueblo” y sus variantes, como tribus, etnias, etc., se convierten en sujetos de pleno derecho en el discurso, es porque ya se ha aceptado renunciar a lo esencial, es decir, la demarcación de clases y la demarcación con el Estado. “La sociedad” y “el pueblo” son abstracciones con respecto a la relación social capitalista que los sustenta, a la lucha de clases, a la naturaleza opresiva del Estado, pero cobran cuerpo, se materializan como fuerza ideológica concreta a través de la paz social, la servidumbre ciudadana, la unión nacional…

Al analizar la propaganda a favor de la guerra bajo la bandera anarquista, da la impresión de que la guerra no se entiende en absoluto como lo que es, un paroxismo de nuestra derrota, sino como una circunstancia social como otra cualquiera en la que es posible participar “como anarquista”, o incluso como una prolongación de la lucha por otros medios, portadora de emancipación, a costa del sacrificio de nuestras vidas, pero no de nuestros principios. Desaparece la cuestión crucial de la insubordinación, del rechazo al servicio militar obligatorio y del derrotismo revolucionario, ya que, desde este punto de vista, ni siquiera se plantea, en una especie de inversión total de todo punto de vista subversivo. Una vez que “los camaradas” han decidido “ir como anarquistas”, debemos respetar su “libre albedrío” y apoyarlos, so pena de “falta de solidaridad”, de “falta de internacionalismo”. Ante el antagonismo real entre la guerra de clases y la guerra imperialista, entre luchar contra el Estado y las fronteras y luchar en las fronteras por el Estado, cualquier evasiva o vacilación abre así el campo libre al horizonte democrático burgués y sus no opciones entre la guerra y la paz, entre el compromiso militar y el pacifismo, entre una solidaridad desviada, incantatoria, y la resignación.

Para lograr la monstruosidad de justificar la guerra y la defensa nacional en nombre de la lucha y el anarquismo, hay que hacer notables contorsiones para ocultar tanto al Estado como lo que realmente sería una lucha contra la guerra, desde un punto de vista de clase, es decir, el derrotismo revolucionario, la guerra de clases contra los explotadores, contra la maquinaria bélica, en todos los bandos. Sin embargo, el hecho de que esta lucha no estalle automáticamente no justifica en absoluto alistarse en el frente. Tanto en Rojava como en Ucrania, se nos asegura que ningún camarada lucha por el Estado, ya sea porque este es prácticamente inexistente, como en Rojava, o porque se actúa “junto al Estado” y no “a su lado”, como en Ucrania, donde el Gobierno y la OTAN se acomodarían a la acción de grupos armados bajo bandera negra que no responden a las órdenes de ningún Estado Mayor. Así, en ambos casos se trataría de un vasto movimiento de “resistencia” y “autodefensa”. “Auto” tiende a indicar aquí que los compañeros lucharían directamente por sus propios intereses colectivos, sin la mediación del Estado. Sin embargo, este último está muy presente, ya que al luchar contra los ataques de los ejércitos vecinos o del Daesh bajo tal o cual bandera, los proletarios alistados luchan en realidad por una nueva gestión local del Capital. Hablábamos de flexibilidad táctica, y esta es necesaria en la medida del caos interimperialista, cuando la “autodefensa” debe acomodarse a alianzas militares con potencias imperialistas locales e internacionales.

Por lo tanto, hablar de “la lucha en tal región”, de “tal región en lucha” o, de manera más exaltada, de “la revolución en tal región” es totalmente ambiguo mientras no se aclare lo anterior. En octubre de 2014, durante el ataque a Kobane, el economista estadounidense de izquierda David Graeber declaró en una entrevista al periódico The Guardian que se trataba efectivamente de una revolución como la de España en 1936 y exhortó a la solidaridad internacional, reviviendo el modelo de las “brigadas internacionales” (en las que su padre se había alistado como voluntario en 1937), ocultando de paso que fueron organizadas por la contrainsurgencia estalinista, en paralelo a la fatal militarización de las milicias revolucionarias. Nada nuevo bajo el sol velado del Capital, entre la comunicación y la diplomacia paralela:

En diciembre de 2014, mientras funcionarios subalternos de Rojava se reunían con los activistas estadounidenses Janet Biehl y David Graeber, el alto responsable del PKK/PYD, Saleh Muslim, discutía la colaboración militar con el “neoconservador” estadounidense Zalmay Khalilzad.”7

A este respecto, tomemos lo siguiente de la “Carta a los amigos rojavistas8:

En lo que respecta al plano diplomático, las representantes de las YPG son enviadas regularmente a los países occidentales para establecer contactos. Atrás quedaron los tiempos en los que se las presentaba como totalmente aisladas, víctimas de su posicionamiento revolucionario (a pesar de que su comandante fue recibida en el Elíseo). Su presencia en las negociaciones de Ginebra fue impedida por los esfuerzos de Turquía, mientras que países como Rusia se mostraron favorables. El Gobierno de Rojava abrió una representación diplomática en Moscú el pasado mes de febrero, lo que dio lugar a una pequeña y agradable celebración (lo mismo ocurrió en Praga en abril).

Desde el punto de vista político, diplomático y militar, la dirección del PYD/YPG, cortejada tanto por Estados Unidos como por Rusia, ha sabido oportunistamente subir la apuesta y sacar provecho de la situación, es decir, reforzar su peso político obteniendo apoyo militar y un reconocimiento internacional casi total.

En cuanto al apoyo mediático, es muy generalizado y especialmente positivo. En Francia, los combatientes del YPG (y sobre todo las combatientes del YPJ) son presentados como paradigmas de valentía, feminismo, democracia y tolerancia. Es el caso de Arte, France 2 y LCP, lo mismo que en la radio, donde, desde Radio Libertaire hasta Radio Courtoisie, pasando por France Culture, se alaba a las combatientes de la libertad.

Si bien el PKK sigue siendo considerado una “organización terrorista” por las potencias mundiales, su avatar kurdo, el PYD, y sus ramas armadas, YPG y YPJ, tienen una presencia real en la escena diplomática y militar internacional. La razón es simple: más allá de los discursos, las potencias no buscan aliados en función de su grado de cumplimiento de la democracia liberal (y mucho menos “local” o “popular”), sino en función de su capacidad para controlar la región que cubren y disciplinar al proletariado. Ahora bien, a pesar de los tópicos que se difunden, no son las asambleas de barrio ni las cooperativas de producción las que representan la fuerza política en el Kurdistán (como mucho, sirven de espejo de ideologías engañosas), sino el PYD y sus ramas armadas, CQFD. En palabras de Gilles Dauvé y Tristan Leoni, “nunca se ha visto que el Estado se disuelva en la democracia local”.

Sin embargo, eso es lo que pretenden los defensores — especialmente los que se escudan en el anarquismo — de “la revolución en Rojava”, haciendo suyo lo que el líder encarcelado del PKK, Abdullah Öçalan, resumió en 2005:

El confederalismo democrático del Kurdistán no es un sistema estatal, es un sistema democrático de un pueblo sin Estado… Obtiene su poder del pueblo y adopta medidas para alcanzar la autosuficiencia en todos los ámbitos, incluida la economía.9

Hablar así de “democracia sin Estado” (una sutil contradicción) o de “sociedad sin Estado” en Rojava no se sostiene seriamente desde el punto de vista político, institucional y militar.

En Rojava existe un Estado “con un gobierno dirigido por el “partido único”, el PYD, ministerios, multitud de miniparlamentos, tribunales de justicia, una “Constitución” (denominada “Contrato social”), un ejército (las milicias YPG/YPJ, cada vez más militarizadas) y una policía (la Asayish) que impone el orden social interno (…).10

En términos más generales, como recuerda el otro texto incluido en el mismo folleto:

El Estado es también y principalmente el resultado de relaciones sociales específicas. Esto significa que se basa en la dinámica de la relación entre las clases sociales y su relación con la propiedad. Así, allí donde se preservan las clases y la propiedad privada, existe un Estado.11

También se denuncia el hecho de “abandonar la visión de una revolución social como proceso global y aferrarse a la idea de la revolución en un solo país”. Que en Rojava se trate de una democracia “popular”, asambleísta, consejista… no le quita nada a su carácter burgués, es decir, simplemente conservador de las relaciones sociales existentes. Aquí cobra sentido la cuestión de la radicalidad, que no es ni un título autoproclamado ni un juicio de valor. Si consideramos que la causa de nuestras miserias proviene de una falta de igualdad, de un déficit democrático en la gestión de los asuntos, de un problema de gobernanza, entonces cualquier proyecto burgués progresista puede pasar por una revolución. Si, por el contrario, consideramos que la causa de nuestras miserias es la propia relación social capitalista y no su modo de gestión, que el Estado y la política no son más que un apéndice y no una herramienta neutral de la que apoderarse… entonces ya será más difícil reclutarnos bajo esas banderas.

Algunos textos anarquistas solo mencionan Rojava desde el punto de vista de los logros locales, las asambleas de barrio, sin hablar prácticamente del PYD, del PKK, etc. Como si se tratara solo de acciones espontáneas. Es como si, para analizar una huelga general, solo se hablara de las asambleas generales de huelguistas, de los piquetes, sin ocuparse de los sindicatos locales, de las maniobras de sus mandos, de las negociaciones con el Estado y la patronal…

La revolución se ve cada vez más como una cuestión de comportamiento: la autoorganización, el interés por el género, la ecología, la creación de vínculos, el debate, los afectos. Si a esto le sumamos el desinterés y la indiferencia hacia el Estado y el poder político, es lógico ver una revolución, y por qué no, “una revolución de las mujeres” en Rojava. Dado que cada vez se habla menos de clases y de lucha de clases, ¿qué importa que esto también esté ausente del discurso del PKK-PYD?12

Este punto es muy interesante y merecería un desarrollo más amplio. La cuestión crucial de la afirmación de nuestra comunidad de lucha contra todas las falsas comunidades capitalistas (políticas, sociales, culturales, religiosas, “étnicas”…) incluye plenamente la dimensión de los afectos y los comportamientos (cuya aceptación colectiva está lejos de ser un hecho) y afirmarlo es poner de relieve lo que tenemos que reapropiarnos en este terreno devastado, reforzándonos y luchando juntos contra la alienación individual y relacional, contra la reproducción colectiva de todas las formas de alienación cuyas matrices son el racismo, el sexismo y el validismo.

El desvío violento de esta necesidad vital consiste, por el contrario, en hacer desaparecer la cuestión no menos crucial del contenido de la lucha utilizando la de los afectos, los comportamientos y los signos formales como sustituto, artificio, tapadera. Es el caso de Rojava, con una profusión de testimonios muy emotivos que contribuyen a esta empresa ideológica. No es que estos testimonios sean necesariamente falsos, pero están aislados de su dinámica general para hacernos olvidar que lo verdadero — el inicio de la liberación de ciertas ataduras sociales — puede ser un momento de lo falso, en este caso la supuesta “revolución en Rojava”. Como momento de lo falso, lo verdadero se realiza entonces en el cumplimiento igualitario del sacrificio patriótico. Decididamente, no se puede partir al asalto del cielo con plomo nacional en el ala.

A partir de ahí, creemos que habría que analizar el fenómeno de la jineología, la “ciencia de las mujeres” defendida como componente del confederalismo democrático en Rojava, como la otra cara del ampliamente promovido “feminismo marcial”.

Como recordaban acertadamente Gilles Dauvé y Tristan Leoni:

El carácter subversivo de un movimiento o una organización no se mide por el número de mujeres armadas. Tampoco su carácter feminista. Desde los años 60, en todos los continentes, la mayoría de las guerrillas han contado o cuentan con un gran número de combatientes, como por ejemplo en Colombia. Esto es aún más cierto en las guerrillas de inspiración maoísta (Nepal, Perú, Filipinas, etc.) que aplican la estrategia de la “guerra popular”: la igualdad entre hombres y mujeres debe contribuir a derribar los marcos tradicionales, feudales o tribales (siempre patriarcales). Es precisamente en los orígenes maoístas del PKK-PYD donde se encuentra el origen de lo que los especialistas denominan “feminismo marcial”.13

Añadamos que este confederalismo no se presenta en absoluto como una superación de las falsas comunidades capitalistas (y en particular “étnicas”), sino como su organización racional, en la negación organizada y sistemática de la contradicción de clases. En comparación, en Irán en 1979, incluso los líderes musulmanes de la oposición al régimen del Sha hablaban de lucha de clases, evidentemente para enterrar mejor el movimiento de lucha que comenzaba a tomar un cariz insurreccional.

En el amplio espectro del “apoyo a Rojava”, las organizaciones marxistas-leninistas como el Partido Socialista de Lucha y el Socorro Rojo desempeñan un papel activo. Esta última se rodea en Bruselas de aliados “libertarios” muy complacientes que le sirven de escaparate no dogmático y antiautoritario, y milita por el “apoyo a la lucha por la revolución de los pueblos de Rojava y otros lugares, contra los islamistas, los Estados Unidos, la OTAN y los Estados reaccionarios”, invitándonos implícitamente a cerrar los ojos — una manía históricamente probada entre los marxistas-leninistas — ante todas las alianzas militares y geoestratégicas que han desmentido esta bandera aglutinadora. Dejando a un lado las “viejas disensiones”, se recaudan fondos para vendajes y se difunde propaganda. Menos ingenuas que los “anarquistas” que apoyan la causa, estas organizaciones son perfectamente conscientes (e incluso se sienten tranquilas por ello) de que existe un Estado en Rojava, sobre todo con sus homólogos locales al mando. El oportunismo estratégico de estas organizaciones marxistas-leninistas se une naturalmente al del PKK, al que también consideran, junto con el PYD, “progresista”, en oposición a los “Estados reaccionarios” vecinos, vieja cantinela antiimperialista, al tiempo que ratifican el lavado de cara ecofeminista-libertario con aires de cambio de paradigma ideológico. Si rechazar las bases mismas de tal frente de apoyo es ser purista, como se oye a menudo, entonces sí, seamos decididamente puristas, más que nunca y hasta el final.

La cuestión es, como siempre, no dejarnos engañar por las promesas socialdemócratas, no dejarnos arrastrar a una campaña de apoyo a cualquier reestructuración estatal, económica e incluso social bajo el pretexto del internacionalismo revolucionario. En cuanto a Rojava y Ucrania, el argumento de que lo que se hace allí — y en particular por “camaradas” bajo “nuestra” bandera (¡miseria de la familia!) — tiene más valor que lo que podamos pensar aquí, o afirmar que allí se actúa mientras que aquí se teoriza, es la negación misma de la solidaridad internacionalista, su disolución en el mito del libre albedrío y el encierro en los campos nacionales. Toda entrada en guerra tiene el potencial de hacer estallar las contradicciones sociales, pero no hay ningún determinismo en ello y lo que predomina, al menos en un primer momento, es la obliteración de la lucha y la subyugación ideológica. La exposición a las esquirlas de los proyectiles no ofrece ningún plus de clarividencia.

Estos intentos de jerarquización, separación y atomización en nombre del estatus de “afectado” tienen, en realidad, un origen muy trivial. Cada vez que el anarquismo renuncia a ser revolucionario, se vacía de su esencia y se degrada a una variante entusiasta del izquierdismo, sin ser consciente de ello y volviendo a caer de cabeza en sus tópicos más trillados: autodeterminación de los pueblos, antiimperialismo, liberación nacional, lucha armada separada, programas mínimos (“realistas”) y máximos (retórica revolucionaria), apoyo en todo el mundo a todos los frentes de colaboración de clases.

Ahora bien, afirmar que el movimiento revolucionario es internacionalista es afirmar que “la crítica compañera debe circular en todas las direcciones para ser una parte constructiva del proceso de creación de una teoría y una práctica comunes14.

Una cosa es analizar y comprender la dinámica social que impulsa a reclamar o defender un modo de gestión (mercantil) “más cooperativo” frente a otro más directamente dictado por las exigencias del mercado mundial, es decir, una producción que permita un cierto margen de subsistencia frente a una economía que nos desarraiga por completo y nos encadena a la industria… Otra cosa es aceptarlo como un programa “revolucionario” o un “paso hacia la revolución”. Otra cosa es promover la transposición política de esta ilusión, mediante la defensa de una política más “participativa” y más preocupada por la paz social frente a una política más vertical y frontal. Y otra cosa es defender una unión nacional más completa como “autodefensa revolucionaria”… sin ver cómo el Estado y, por tanto, el capital siguen estando íntegramente al mando. Porque es precisamente así como se nos lleva eternamente al mismo atolladero catastrófico, al seno de la política; es así también como se niega fundamentalmente el carácter autoritario de la mercancía y del valor que reinan en nuestras vidas, así como cualquier perspectiva de emanciparnos radical y definitivamente de ellos. He aquí la mentira de la “revolución en Rojava” que se nos intenta hacer tragar, ya sea por oportunismo político o por necesidad de exotismo como paliativo de una pérdida total de sentido revolucionario.

También es importante ver que estos programas de “democracia popular”, directa, participativa o de “buena gobernanza” comunitaria desempeñan claramente un papel de movilización ideológica, de propaganda, como modelo pseudorrevolucionario que hay que defender para mantener con vida la matriz ideológica del socialismo en un solo país (actualizada con tintes ecológicos, feministas, inclusivos, antiautoritarios…), que una alternativa real significativa al capitalismo en lo que respecta al mantenimiento de la paz social en todo el mundo.

Tras esta breve aclaración, nos gustaría volver sobre una cuestión tan maltratada como vital: la solidaridad. Por muy válidos que sean nuestros argumentos, ¿no los hemos erigido como un muro entre nosotros y aquellos con quienes se nos pedía solidaridad? ¿Tenemos derecho a pedir, en cierto modo, que nos apartemos de una “experiencia” que, a pesar de sus debilidades y desviaciones ideológicas, necesitaría nuestro apoyo frente a sus enemigos, que no darán tregua? ¿No sería mejor unirnos a un frente de solidaridad un poco demasiado amplio que arriesgarnos a perder, como exhortaba David Graeber, una cita histórica con la necesidad de la solidaridad revolucionaria? Por muy sinceras que sean las intenciones, estas observaciones no dejan de ser una visión truncada y distorsionada de lo que debería ser nuestra solidaridad de lucha, de clase.

Que tengamos una cita con la Historia incluso en los acontecimientos más pequeños, aceptémoslo, pero todo depende de en qué corriente — o contracorriente — de la Historia queramos inscribirnos. Desde el punto de vista revolucionario, la alternativa a la que nos enfrenta esta cuestión de la solidaridad es la siguiente: o nos resignamos al encanto de los “frentes de lucha” y malgastamos nuestros principios, o partimos del contenido de la lucha y sus perspectivas, afirmando no solo con qué rupturas nos solidarizamos — ya se materialicen en acciones esporádicas o sean impulsadas por un movimiento más amplio —, sino también contra qué. Contrariamente a lo que destilan el relativismo y el cinismo imperantes, los principios, desde un punto de vista subversivo, no son lo que nos dispensa de pensar, sino, por el contrario, la forma en que pensamos nuestra propia lucha en la línea histórica de su antagonismo con todos los partidos del orden que se han sucedido a lo largo de la historia en todo el mundo, desde el comienzo de las sociedades de clases, esas sociedades de apropiación, explotación, dominación y alienación.

Hablábamos antes del resbaladizo deslizamiento de cierto anarquismo empobrecido y desorientado hacia el izquierdismo más caricaturesco; la cuestión de la solidaridad no escapa a ello. Desde un punto de vista internacionalista, la solidaridad con cualquier ruptura que se radicalice en cualquier parte del mundo se encarna ante todo en la lucha allí donde uno se encuentra, contra “sus propios” explotadores, contra “su propio” Estado, contra cualquier sacrificio. Sin embargo, en lo que respecta a Rojava, como al resto del mundo, la etapa suprema de la concepción y la práctica izquierdistas de la solidaridad se resume en el reclutamiento y el apoyo por poder: ponerse al servicio de “la causa” (aquí, o incluso in situ) y cosechar “apoyo” (recaudación de dinero y difusión de propaganda) tras haber aceptado previamente el frentismo, las banderas y el difuminado de las demarcaciones esenciales (clases, Estado).

Una cita cuyo alcance puede extenderse al resto del mundo nos ayudará a concluir:

(…) para que los acontecimientos en Rojava sean verdaderamente revolucionarios, es necesario ir más allá del contenido actual, que representa la autodefensa de las vidas, la cultura, la lengua, la etnia, el territorio, la economía local, los empleos, los derechos civiles y religiosos. Los acontecimientos deberían ir más allá. Hacia un contenido que represente una fase ofensiva. No se tratará de activismo cívico y simple gobernanza democrática, sino de lucha de clases proletaria.

“Más allá”, pero sobre todo en una dirección completamente diferente a la tomada en Rojava.

En la práctica, esto presupone manifestaciones de lucha que subvierten los pilares del Capital, como las clases, la propiedad, el intercambio, el trabajo, el dinero, el mercado, el Estado, y al mismo tiempo la creación no solo de diferentes formas organizativas, sino sobre todo de un contenido social diferente. Este no es aún el caso en Rojava. (…) No se trata de dar la espalda a Rojava, sino de no aceptar el apoyo acrítico a todo lo que allí ocurre. Ni rechazo, ni romanticismo. Mantengamos una visión lúcida y sin propaganda.15

Renovar la solidaridad de clase, de lucha, internacionalista, comienza por rechazar las imposiciones ideológicas y las no opciones que se nos presentan como inevitables, por romper con la complacencia hacia los frentes de apoyo indiscriminados para afrontar las cuestiones cruciales y delicadas, que a menudo son también “las cuestiones que molestan”, sobre todo cuando la crítica del contenido, de las posiciones, de las prácticas, se vive o se revierte como un “ataque” o como una “traición”. Poner de relieve e intentar contribuir a resolver los desvíos y contradicciones que se viven en nuestra comunidad de lucha forma parte de la lucha. Los objetivos de la crítica, detrás de todo esto, siguen siendo aquellos que nos utilizan deliberadamente en sus cálculos políticos “militantes” y, más allá de eso, el Estado y el orden social, que son los que se benefician en última instancia de esos cálculos.

Traducción al español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/01/23/enfoque-sobre-rojava/

1 Gilles Dauvé y Tristan Leoni, “Kurdistan?”, DDT21, 2015, https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2015/02/19/kurdistan/

2 Las siglas KCK designan al “Grupo de Comunidades del Kurdistán”, una estructura política emanada del PKK, que agrupa al PKK de Turquía, al PYD de Siria, al PJAK de Irán y al PÇDK de Irak, así como a una serie de organizaciones sociales más o menos vinculadas a estos partidos hermanos. El KCK está dirigido por una especie de parlamento llamado Kongra Gelê o “Congreso del Pueblo del Kurdistán”.

3 Extracto de la “Carta a los amigos rojavistas”, firmada por TKGV, iniciales de sus autores, en 2016, https://www.autistici.org/tridnivalka/carta-a-los-amigos-rojavistas/

4 Gilles Dauvé y Tristan Leoni, “Kurdistan?”, op. cit.

5 El Contrato puede leerse en francés aquí: https://serhildan.org/un-nouveau-contrat-social-pour-le-rojava/

6 Este texto crítico en inglés está extraído del desaparecido blog turco Servet Düşmani (“Enemigo de la riqueza”); ha sido traducido al francés por Třídní válka (“Guerra de clases”), y también está disponible en español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2015/04/01/rojava-fantasias-y-realidades/

7 “‘He visto el futuro,y funciona’–Preguntas críticas para los partidarios de la revolución en Rojava”. Preguntas críticas para los partidarios de la revolución en Rojava, publicación en inglés en Libcom, traducción al francés de Třídní válka (“Guerra de clases”), también disponible en español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/01/23/he-visto-el-futuro-y-funciona-preguntas-criticas-para-los-partidarios-de-la-revolucion-en-rojava/

8Carta a los amigos rojavistas”, op. cit.

9 Lea también: https://www.freeocalan.org/books/downloads/confederalismo-democratico.pdf

10¿‘Revolución en Rojava’? ¿‘Antiestatal’? ‘Anticapitalista’? ¿O una nueva mistificación?”, en Guerra de Clases 13/2021, https://www.autistici.org/tridnivalka/guerra-de-clases-13-2021-revolucion-en-rojava-antiestatal-anticapitalista-o-una-nueva-mistificacion/

11 “Una visión general de Rojava o la crítica como oportunidad de crecimiento y desarrollo”, en Guerra de Clases 13/2021, op. cit.

12 Gilles Dauvé y Tristan Leoni, “¿Kurdistán?”, op. cit.

13 Gilles Dauvé y Tristan Leoni, “¿Kurdistán?”, op. cit.

14Una visión general de Rojava o la crítica como oportunidad de crecimiento y desarrollo”, op. cit.

15Una visión general de Rojava o la crítica como oportunidad de crecimiento y desarrollo”, op. cit.

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