EDUCACION - REPRESION
Cualquiera sabe que la mejor manera para dominar a un pueblo es educarles en los valores que los dirigentes desean. No es de extrañar, por tanto, que un sistema violento y asesino como el nuestro trate de perpetuarse en sus cachorros y que los educadores se conviertan en los fieles “voceros” del amo.
La escuela no enseña solo a ser violento sino que ella misma es violenta en sus principios. Es violenta y genera violencia cuando excluye al que no puede o al que no sabe: el médico que cura solo al sano y olvida al enfermo eso es un colegio. Al alumno que es capaz de responder a las expectativas, se le premia, al que no es capaz se le castiga. Al alumno que tiene todos los medios para llegar a los objetivos ( libros en casa, cultura, incentivos…) se le premia para que no abandone; al que no ( el que tiene que colaborar económicamente, el que no tiene acceso a la cultura, el que estudiar es un castigo…) se le castiga y se le abandona. Y sin embargo, el maestro se puede permitir el lujo de que eso pase sin que reciba ninguna crítica ( él no es castigado). No me imagino a un mecánico cobrando lo mismo por un coche que ha arreglado que por uno que no ha podido. Me imagino la cara de estupor del cliente ante el mecánico que, lavándose las manos contesta: son 120 pero la avería sigue ahí. El maestro cobra igual por un suspenso que por un aprobado ( incluso tiene más prestigio el que suspende que el que no).

La escuela es violenta y genera violencia cuando impone un sistema de premios y castigos tan arbitrarios: un niño que quiera prosperar en la escuela tendrá que aprender a hacer frases que nunca va a utilizar, a superar exámenes que no sirven para su vida, a resolver problemas que nunca se podrán plantear en un mundo como el nuestro. Mientras, si en alguna ocasión se plantea poner en duda la autoridad de un maestro, la validez de un método o la veracidad de una teoría (hay libros que definen la pobreza en el mundo como un problema de superpoblación, o de origen científico) será duramente reprimido. El premiado, el que se acomoda, el castigado el que lucha y resiste: el que se pregunta, el que se mueve, el que cuestiona… ese es el impertinente y es violentamente reprimido.
La escuela es violenta cuan nos opone: todo se hace en oposición y no en cooperación. Poniendo un número cerrado de alumnos que pueden entrar en la universidad, poniendo un número cerrado de becas, de matrículas de honor… consigues que los alumnos no crean conveniente ayudarse porque el otro es mi enemigo: si él triunfa, a mi me quita posibilidades. La propia estructura de los centros es de mera oposición: de mi compañero solo veo el cogote y de mi profesor (un gran ojo vigilante) veo todo. Las competiciones entre cursos, clases y ningún espacio reservado para el encuentro o la asamblea, para el debate, para la autogestión (no es una mera participación descafeinada y desilusionante). El timbre que marca la entrada a la fábrica, la producción en cadena que nos va dando las piezas necesarias y el timbre a la salida. La fábrica de carnaza.
La escuela es la mejor herramienta de este sistema. Los maestros cumplimos a rajatabla el programa planteado y los alumnos superan con creces las previsiones: chicos violentos, desesperanzados y con ganas de perpetuar un sistema que les ha hecho así. Los programas de estudios, las reformas educativas, las directrices europeas… todas ellas has sido consensuadas en las mesas de los empresarios: ¿Cómo van a querer ellos, los asesinos, que aprendamos a pensar? ¿Cómo van a permitir que nos guste colaborar y que queramos autogestionar nuestra educación? ¿Cómo van a permitir que enseñemos solidaridad? La educación se presenta como una profesión poco valorada que son los profesionales los que se han prostituido para gustar al patrón. Son ellos los primeros que desean mantener un estatus superior con respecto a sus alumnos; son ellos los que no han querido preocuparse de hacer pensar: no vaya a se que los alumnos se den cuenta de que son más y más fuertes.
Álvaro Muñoz
Profesor de filosofía y letras.
(Extraído del CD de SIN DIOS “Recortes de libertad” y “solidaridad”)
Enero 23rd, 2007 at 3:28
Yo creo que la educacion, como la familia, como tantas cosas, es una herramienta para hacernos seres sumisos,obedientes, que creamos en el futuro. Estudia para tener futuro, trabaja y sube posiciones, comprate un coche, ten una hipoteca, lucha sin descanso, todo por el futuro que nunca llega. La escuela es la adoctrinacion en el futuro: estate horas y horas sentado aprendiendo cosas que no te valen para nada,solo por tu “futuro”.
Anda y que se vayan a la mierda! El futuro no existe, soloo es la muerte diaria. Y asi nos tienen, muertos en vida, trabajando, estudiando por el futuro que nunca llega! No son tontos ,no, muertos en vida, enfermnos de futuro, aborregados y sumisos trtabajadores, asi nosa quieren. NOS QUIEREN MUERTOS aunque sea en vida, como zombis de la cama al trabajo, del trabajo al centro comercial, del centro comercial a la cama.
CAGONTÓ!!!!!!!!!
vIVA LA ANARQUIA, ES LA UNICA SOLUCION PA ESTE CIRCULO VICIOSO
Enero 25th, 2007 at 7:08
joer, ke radikalismo, salud
Febrero 10th, 2007 at 11:55
Yo creo que que lo mejor son las escuelas libres, que los profesores de los colegios publicos, por lo menos en mi caso no enseñan nada si no eres es más listo/a te ponen en la ultima fila y pasan de ti. Ademas fomentan la competividad en fin un asco salud y ANARKIA
Marzo 22nd, 2007 at 13:01
Las escuelas libres es la solución, es necesario una pedagogía y educación libertaria. Es lo más seno y hace que los crios desarrollen toda su pontencialidad. La esencia es que crezcan a nivel personal, y tengan una formación academica a su medida (y no del mercado laboral).
salud
Enero 10th, 2009 at 9:27
Tenéis bastante razón en general, pero hay muchos/as maestros/as que están haciendo otra labor.Parece que algunos de vosotros han ido al colegio en los años cincuenta.La única forma de cambiar la sociedad es a través de la cultura.Hay centros de enseñanza en los que se permite la crítica y se transmiten valores universales y por supuesto sin tufos religiosos.