El expolio de los pueblos indígenas
¿Quiénes son los pueblos tribales?
Los pueblos indígenas son aquellos que han vivido en sociedades tribales durante muchas generaciones; suelen ser los habitantes originarios de los lugares en los que viven, o al menos, en los que han vivido durante cientos, si no miles de años. Normalmente son autosuficientes, y viven de los recursos de la tierra mediante la caza, la pesca, la recolección, el cultivo de vegetales o la crianza de animales. Suelen mantener también un vínculo cultural, emocional y espiritual muy fuerte con su tierra.
Los pueblos tribales no son necesariamente iguales a los pueblos indígenas. Los “pueblos indígenas” son los habitantes originarios de un país, pero los “pueblos tribales” son sólo aquellos que viven en sociedades distintivamente tribales. Por ejemplo, los aborígenes de Australia son “indígenas”, pero sólo algunos viven aún en sociedades tribales y se ven a sí mismos como comunidades tribales.

¿Cuántos pueblos tribales existen en el mundo?
Existen pueblos tribales en 60 países en todo el mundo y suman más de 150 millones de personas. Ésta es una cifra altísima, que equivale a más de la mitad de la población de Estados Unidos.
Survival calcula que existen más de 100 pueblos no contactados en la actualidad. La gran mayoría viven en la Amazonia, pero también hay muchos en Papúa. En muchos casos, es posible que hayan tenido contacto con foráneos en el pasado, y que también actualmente tengan un contacto reducido con otras tribus cercanas.
¿Cuál es el problema más grande a que se enfrentan los pueblos tribales?
La pérdida de su tierra. Invadida por colonos, empresas petrolíferas, mineras o madereras, por haciendas ganaderas, u otras empresas, como por ejemplo las diferentes iglesias, que consideren de interés económico los territorios de propiedad indígena. Reconocidos como propiedad de los indígenas por el Derecho Internacional, pero igual de reconocido, podríamos decir, que la vulneración de ello. Incluso se ven afectados por los proyectos de “desarrollo” gubernamentales o privados como la construcción de carreteras y presas, o para crear reservas naturales y reservas de caza. Estas invasiones normalmente se ven seguidas por el padecimiento de numerosas enfermedades, al no tener el sistema inmunológico preparado para tal batacazo bacteriológico del hombre blanco.
La pérdida de su tierra también dificulta a los pueblos indígenas el alimentarse por sí mismos, y llevar una vida saludable. Esta recolocación forzosa suele realizarse sobre terrenos que nada tienen que ver con la calidad ecológica a la que acostumbraban antes. Pierden esa autosuficiencia original, y no es que esto les afecte al orgullo, que puede, sino que el modo en el que llevaban años tras años y más años abasteciéndose ya no les sirve para nada en el nuevo medio en que les han cercado. Este oprobio suele verse seguido por la adopción de conductas antisociales como venganza, y roles marginales en su nuevo marco social. La pérdida de identidad y el impacto cultural les suele abocar al alcoholismo y la prostitución, entre el robo y el tráfico de drogas.
Este terrorismo encubierto empresarial y gubernamental, en casos extremos se ha llevado a cabo mediante el asesinato de los líderes indígenas. En casos extremos, matizamos, tal vez en la actualidad, porque nadie olvida, o eso deseamos, el holocausto indígena al que le sometieron nuestros antepasados. Algo nos sigue por las venas de todo aquello, parece suceder.

Parece inevitable tomar conciencia y eliminar nuestro salvaje etnocentrismo, que nos permite considerar otras experiencias culturales y sociales como “primitivas” o “atrasadas”. Juzgando siempre míseramente las manifestaciones sociales y las técnicas cotidianas de otras tribus diferentes a la nuestra.
Survival, en su publicación El progreso puede matar, (www.survival.es/elprogresopuedematar) nos acerca la situación de los jarawa de las islas Andamán. Estos habitan sus tierras desde hace unos 60000 años: cinco veces más tiempo del que los antepasados de los británicos llevan en Gran Bretaña. Los jarawa han vivido aislados y de forma autosuficiente, y siguen gozando de buena salud. Su supervivencia hoy se ve amenazada por una carretera que atraviesa sus tierras, y trae consigo cazadores furtivos y nuevas enfermedades como el sarampión. “El sarampión se propagó gradualmente por toda Gran Andamán… La mitad, por no decir dos tercios, del total de los andamaneses…murieron a causa de sus efectos…Esta epidemia fue el mayor desastre que han sufrido, y como consecuencia, nuestro trato hacia ellos experimentó un cambio; se abandonaron todos los intentos de forzarles a sedentarizarse a adoptar una vida agrícola…” (M.V. Portman, funcionario responsable de los andamaneses, 1899). El tribunal Supremo de India ha ordenado su cierre, pero la administración local se ha negado a acatar la orden, y la carretera sigue abierta.
En 2005, la mayoría de los niños guaraní mbyá de Iguazú, Argentina, padecía malnutrición. Al año siguiente, 20 niños murieron de inanición en sólo tres meses. Estos indígenas pierden anualmente el 10% de sus tierras, y no pueden cultivar alimentos suficientes. Al otro lado de la frontera se encuentra una de las regiones más ricas de Brasil, donde viven unos 11000 indígenas guaraní, hacinados en un área que apenas puede mantener a 300. Sus hijos están muriendo de hambre. Casi ningún otro pueblo ha logrado sobrevivir a una pérdida tan extrema de tierras. La selva, de donde los guaraní obtenían su alimento, está siendo talada para crear haciendas de ganado y plantaciones de soja y caña de azúcar. La respuesta gubernamental consiste en repartir aceite, arroz y harina, pero los indígenas ya ni siquiera encuentran la leña necesaria para cocinar. Los guaraní necesitan recuperar sus tierras, o de lo contrario, no sobrevivirán. En 1995, 56 indígenas se quitaron la vida; más de un suicidio por semana.
Un tercio de los niños innu inhala gasolina. Muchos comienzan con sólo cinco años de edad. “Me llamo Philip. Soy esnifador (de gasolina). Esnifo gasolina con mis amigos. En invierno, robamos motos de nieve y robamos gasolina… no voy a casa porque esnifo gasolina. Y esnifo gasolina porque mis dos padres beben y eso me saca de quicio… Hubo un momento en que Charles corrió hacia mí cuando estaba ardiendo, pero como yo estaba esnifando gasolina y mis vapores eran muy fuertes, salí corriendo. Tenía miedo de prenderme fuego yo también.” (Niño innu que presenció muerte de su amigo Charles Rich).
Los indígenas que viven en libertad en su propia tierra y toman decisiones sobre sus propias vidas, disfrutan de una salud mucho mejor que aquellos a quienes se ha desarraigado y se les ha impuesto el “progreso”. Es de sentido común, pero el principal obstáculo al que hacen frente los pueblos indígenas es a la arcaica idea, que sostienen muchas organizaciones de ayuda y gobiernos, de que su principal problema es la falta de progreso. No lo es.
“Los que vienen de fuera siempre dicen que traen el progreso. Pero todo cuanto traen son promesas vacías. Por lo que realmente luchamos es por nuestra tierra, por encima de cualquier cosa, es lo que necesitamos.” (Arau, hombre penan, Sarawak, Malasia, 2007)
La labor de Survival consiste en apoyar a los pueblos indígenas, les ayuda a defender sus vidas, proteger sus tierras y decidir su propio futuro. Survival es la única organización internacional que apoya a los pueblos indígenas de todo el mundo. Fue fundada en 1969 tras la publicación de un artículo de Norman Lewis en el diario británico Sunday Times, en el que se exponían las masacres, el robo de tierras y el genocidio que se estaban produciendo en la Amazonia brasileña. Al igual que muchas de las atrocidades que se cometen hoy, la opresión racista de los indígenas de Brasil se llevaba a cabo en nombre del “crecimiento económico”. Survival también desarrolla un papel fundamental en lograr que los proyectos humanitarios, de auto-ayuda, educación y sanidad reciban adecuada financiación. Un buen ejemplo es el fondo sanitario yanomami, que logró erradicar prácticamente la malaria en algunas áreas indígenas.
En la actualidad, Survival cuenta con simpatizantes en 82 países. Su trabajo de apoyo a los pueblos indígenas adopta tres facetas complementarias: trabajo educativo, de mediación y campañas. También ofrecen a los propios indígenas una plataforma desde la que dirigirse al mundo. Colaboran estrechamente con organizaciones indígenas locales, centrándose en aquellos pueblos que tienen más que perder, y que son normalmente los que han entrado más recientemente en contacto con el mundo exterior. La opinión pública es la fuerza más eficaz para el cambio. Su poder hará que cada vez sea más difícil, o incluso que llegue a ser imposible, que los gobiernos y compañías continúen su opresión contra los pueblos indígenas.
Survival ha persuadido a los gobiernos para que reconocieran la propiedad indígena de la tierra (por ejemplo, de la tierra de los nukak en Colombia), ha forzado a compañías a abandonar proyectos perjudiciales en tierra indígena (por ejemplo, las compañías madereras en la tierra de los udege, en Siberia) y ha contribuido a que haya un mayor reconocimiento de la situación de los pueblos indígenas y de sus derechos en todo el mundo. Pero aún queda mucho por hacer.
En este 40 Aniversario de Survival, continúan con numerosas campañas por los derechos de los indígenas. En la página web, se pueden encontrar las acciones en las que se haya inmersa la organización y en las que podéis colaborar mediante envío de cartas, mails, en el grupo de seguimiento de prensa electrónica. También, tienen colgadas publicaciones y videos para conocer más de cerca el estado de la lucha indigenista a favor de la tierra.
El universo de los pueblos indígenas es el símbolo por excelencia de la diversidad cultural de nuestro planeta.
“Estos lugares (campos de reasentamiento) han convertido a nuestra gente en ladrones, mendigos y borrachos. Yo no quiero esta vida, primero nos hacen indigentes al quitarnos nuestras tierras. Luego dicen que no somos nada porque somos indigentes.” (Jumanda Gakelebone, bosquimano, Botsuana, 2007)
(Las voces del desierto, Marlo Morgan)

Abril 15th, 2009 at 6:15
Recordaros que todos somos indígenas. Estamos perdiendo nuestra identidad autóctona por lo que nos venden de ciudadanía del mundo. Pero tener unos patrones culturales determinados de un territorio no es sinónimo de infravaloración del resto.
POr el contrario la tendencia que seguimos de aculturación occidental si atenta contra la diversidad natural de la tierra.
La lucha indígena es sinónimo de anticapitalismo, sinónimo de altermundismo y solidaridad y apoyo mutuo entre pueblos y personas, así como respeto a la tierra, a la que tanto estamos destruyendo, significando su fin, nuestro fin. Tal vez, alivio para otras especies…
Julio 2nd, 2009 at 9:21
[...] http://www.autistici.org/ateneo_argumentando/?p=12863 [...]
Julio 2nd, 2009 at 9:34
He colgado una poesía de mi autoría, y que tiene mucho que ver con este tema, en uno de mis sitios, “te vi…poesía social y digerible lentamente.” (http://participacion.elpais.com.uy/tevipoesasocial/2009/07/02/culpas%E2%80%A6/)
Buscando una imagen para acompañarla encontré su nota, entonces me atreví a usar una de sus imágenes. Como no quiero dilatar más en el tiempo la edición , y me parece la imagen justa, no esperé su respuesta.
Al pie de mi poema recomiendo visiten este sitio, porque me parece ésta una nota exepcional y un llamador a la conciencia. He leído Las voces del desierto de Marlo Morgan, y me parece un maravilloso libro.
Si considera que no puedo usar la imagen, me lo hace saber y la retiro.
gracias.
Sandra Gutiérrez
Seda