VOTAR ES UN ACTO DE PEREZA, ya que delegas todas las decisiones sociales en otros. Dentro de poco va a haber elecciones municipales, y otra vez los partidos políticos llenarán nuestro día a día de panfletos, carteles y mítines para convencernos que su partido es el único bueno, el único honrado, el que nos salvará del paro, de la droga, del terrorismo y del cambio climático. Parecerá poco a poco que dejaran de arrellanarse en su sillón pensando en su poder, o quizá de llenar sus maletines de billetes de quinientos, y de golpe y porrazo sintiesen la necesidad de explicarnos qué necesarios son para nuestras vidas. Toda una avalancha de mensajes, acusaciones, cifras, siglas, musiquillas y logotipos con el único objetivo de que vayamos y metamos un papel con el nombre de su partido, de su lista cerrada de salvadores elegidos. Se nos presentan como superhombres entregados a la sacrificada tarea de mejorar nuestras vidas, porque ellos creen saber lo que nosotros, los de abajo, ignorantes y caóticos, necesitamos. Bueno, no todos, muchos simplemente tienen vocación de ladrón de guante blanco, pero el rasgo común de todos los políticos es el afán de poder, el creerse con la capacidad de organizar la vida de todo el mundo, y de hacer uso de la policía si alguien no acepta sus decisiones por las buenas. Nos vienen a decir que solo ellos, tal o cual sigla, saben qué necesita el pueblo, a pesar de que todos sus antecedentes sin excepción han decepcionado al pueblo (tanto en democracia, como en dictadura, como con republica, como con monarquía, como con…) El político afirma que el sí, que el es de verdad honrado, incorruptible e inmune a la célebres frases que decimos los de abajo: “el poder corrompe”, o “son el mismo perro con diferente collar”.
Afortunadamente no hace falta ser anarquista (y por tanto creer que se puede funcionar sin políticos, sin elecciones y sin jerarquía) para no votar, mucha gente simplemente se da cuenta de que le toman el pelo y no se rebaja a meter un papel en una urna. Si a esto le sumamos la inestimable ayuda de los perezosos, los inmigrantes que no pueden votar, los menores de edad,… la abstención siempre “gana” indiscutiblemente. Ningún partido se acerca nunca al 50% de apoyo de la población real ni por asomo, solo cuenta con el beneplácito de una pequeña minoría. Cualquier político se asusta cuando hay alta abstención, y sus medios de comunicación antes de la elecciones se esfuerzan por llamar vagos a quienes no participan de la farsa, y después ignorar olímpicamente los datos de abstención en el resultado final.
Hay gente que piensa también que todos son iguales, que el problema es el sistema en si, y no se abstiene, crea partidos que no pretenden gobernar, sino concienciar de algún problema en particular (como el partido por la legalización de la marihuana) o deslegitimar el sistema dejando escaños vacíos. Otros apostamos por la abstención activa, o sea, en vez de meter un papel en una caja cada cuatro años y después dejar que te gobiernen, no votamos, e intentamos mejorar nuestro entorno cotidiano, nuestros barrios y pueblos. Porque hay mucho que hacer fuera del pasteleo electoral y los partidos. Cuando una sociedad tiene una amplia red de asociaciones barriales, colectivos ecologistas, sindicatos combativos (no me refiero precisamente a CCOO ni a UGT, como imaginará el lector), ateneos y agrupaciones culturales, solidaridad entre vecinos, … Cuando esto pasa el poder, sea del partido que sea, tiene mucho mas difícil el hacer lo que le venga en gana, y la gente de los barrios empieza a ganar batallas, o por lo menos a no permitir algunas injusticias.
Lo que quiero decir con todo esto es que frente a la corrupción política, a que hagan lo que les parece, a que se preocupen por sus cuentas corrientes en vez de nosotros, la solución para quitar las antenas de telefonía, de que no aparezcan peleas, bandas, drogadicción y que cada uno pase de su vecino (como pasa en barrios desestructurados donde todo el mundo va a su bola), la solución no es votar, que sirve de bien poco, sino crear una amplia red vecinal, que nos defienda de los que estén arriba y nos permita mejorar nosotros mismos nuestras vidas sin esperar inútilmente que los de arriba hagan algo. Ese es un camino real para mejorarnos, de disfrutar de la vida social, de pasar buenos ratos, y de cambiar nuestro entorno. Algunas personas creemos que vale la pena luchar por la solidaridad entre vecinos, por la vida barrial amistosa, respetuosa, alegre y combativa. Muchos creemos que es la manera de escapar del TRABAJAR-CONSUMIR-DORMIR que es el modelo de vida que nos impone el sistema capitalista. La sociedad está diseñada para educarnos en los valores de la competitividad, el trabajo y el consumo. Intentemos pues nosotros crear ambientes donde lo que nos mueva sea únicamente la solidaridad, la libertad, el respeto al diferente, el apoyo mutuo, la cultura barrial, la asamblea, la palabra y la igualdad.
Le invito al lector a participar y asociarse (en colectivos asamblearios, horizontales y no manejados por ningún partido ni persona, por supuesto), ya verá como es mucho mas satisfactorio que votar, y mucho mas enriquecedor y también (por que no) divertido.
Macarrón